Disclaimer: Solo la narración me pertenece... qué triste.
Novia imperfecta
por MissKaro
Capítulo 4
No siempre eres lo que pareces
Naoki le dirigió una mirada interrogante a Kotoko en el desayuno, que sentada frente a él permanecía en silencio, sumida en pensamientos que la hacían tomar sus alimentos con una lentitud que les haría retrasarse para ir a clases, y él nunca llegaba tarde.
—Mamá, no me diste los calcetines iguales a los de onii-chan —llegó exclamando Yuuki, agitando el par de calcetines blancos que tenía en su mano, opuestos a los negros que él ocupaba con normalidad, un color neutro que no llamaba la atención e iba bien con todo. —¡Yo quiero estar como onii-chan!
¿Qué pasaba ese día con su hermano? Nunca hacía esa clase de escenas, sabía que lo admiraba, pero no se ponía en una actitud pueril como aquella, exigiendo cumplir una ridícula petición. A menos que la presencia de su novia en casa hiciera aflorar aquel lado al menor, para obtener su atención y no ser menospreciado por culpa de la chica.
Si supiera la verdad, no tendría ni por qué preocuparse.
Kotoko era tan imperfecta que no tomaría mucho de su interés, más que lo adecuado frente a sus padres y para que ella pudiese mantener la imagen que él esperaba. Claro estaba, tendría que moldearla un poco para que encajara con el estándar de vida de alguien como él.
Yuuki refunfuñó por lo bajo y se ubicó en el asiento de su lado, mientras que su madre lo hizo en el que estaba junto a la pelirroja ensimismada.
—¿Has dormido bien, Kotoko-chan? —cuestionó su madre en tono animoso, atenta al rostro de su nuera, que finalmente dejó de estar en la luna y sonrió levemente.
—Sí, muchas gracias por procurar que esté cómoda.
—¿Te has instalado bien? —preguntó su padre, sonriéndole a Kotoko, satisfecho con la respuesta otorgada. Al menos ella había tenido una buena aceptación de parte de ambos, si incluso pondría las manos en el fuego afirmando que estaban más a gusto con ella, que con él.
Hablaba más por su madre, fascinada con tener una "hija".
—Sí, Irie-san, todo ha sido perfecto.
—Hasta Ai-chan ha disfrutado, ¿verdad?, porque no ha venido a desayunar —comentó su padre.
Kotoko se sonrojó, avergonzada. —Me disculpo por él.
—No hay por qué, después de todo es chef y tiene turno hasta altas horas de la noche —replicó su padre con una risa, aligerando el bochorno de la pelirroja.
—¿Kotoko, has terminado? —intervino él, cuando finalizó su desayuno, poniéndose de pie. —Que aprovechen.
Kotoko brincó en su asiento, apurando la última parte de su comida para seguirle el paso. Engulló todo el arroz como si no hubiese mañana.
Él, disgustado por la escena, se dirigió a la puerta principal y comenzó a colocarse los zapatos.
—Gracias por la comida. Que su día esté lleno de éxitos —escuchó decir a Kotoko; frunció el ceño escuchando su andar en la casa y esperando que no se retrasara más.
¿Acaso ella tenía un trastorno de personalidad? Antes toda calma y ahora como un remolino. Qué fastidioso.
—¡Yo también quiero irme con mi onii-chan! —exclamó Yuuki corriendo detrás de Kotoko.
Él tomó sus cosas ignorándolos a los dos.
—Yuuki, ¡todavía tienes tiempo! —reprobó su madre llegando al menor, a quien alzó en brazos para detenerlo—. Deja que ellos se vayan solos, querrán privacidad —agregó guiñándole un ojo a él, que lo disgustó sobremanera.
Abrió la puerta de entrada de su casa y salió a paso sosegado, dejando a Kotoko colocándose su calzado. Esperaba que no se le hiciera rutina tardar, porque no pretendía perder su tiempo por ella, incluso si le dejaba mal ante sus padres.
Lo que sí sería tedioso era que el día a día en su hogar se tornara escandaloso como ese momento; Yuuki queriendo acapararlo, Kotoko siendo efusiva, su madre actuando como una verdadera celestina entrometida.
Siguió andando hasta escuchar los pasos de la pelirroja detrás de él.
—Kotoko —llamó cuando se acercaban a la estación de metro.
Miró sobre su hombro, hallándola con la misma expresión perdida de la mañana, que no le habría irritado si se tratara de otro momento. Se detuvo y extendió su índice para detenerla con el dedo en la frente.
Ella pestañeó e inclinó su cabeza hacia la derecha. —Eh, ¿qué pasa?
Él resopló porque ni siquiera era capaz de disimular lo despistada que era. Otra de sus virtudes.
—Estate atenta del camino, por si en alguna ocasión no andamos juntos —dijo en tono cansino antes de continuar su rumbo a la estación. —No te distraigas.
—Sí, Naoki-kun —contestó ella, y casi se la imaginó llevando su mano derecha a su cabeza, como si él se tratara de un general.
El pensamiento le hizo gracia y su boca se elevó ligeramente.
[…]
Su llegada al instituto no tuvo más incidentes que el que ella fuese arrastrada por una multitud de personas, debido a su pequeño tamaño y la equivocada posición que ocupó al entrar al vagón. Se vio en la obligación de sujetarla y regresarla al transporte antes de que las puertas comenzaran a cerrarse, interrumpiendo su lectura.
Ella se evitó la reprimenda de su parte al reconocer su error, con la mirada que le dirigió antes de devolver la atención a su libro.
Cuando atravesó las puertas del instituto, fue que el tedio comenzó. Cada alumno y alumna parecía tener algo que decir, para bien o para mal. Era impresionante la cantidad de barbaridades que podía abandonar la boca de pubertos y adolescentes con excesiva producción de hormonas, que de algún modo entorpecían la oxigenación de su cerebro, siendo consecuente la muerte de sus neuronas y la imposibilidad de sinapsis entre ellas, y con ello las tonterías y ridiculeces que creaban a manera de rumor. No importaba si pertenecían a la Clase A o la F, eran igual de estúpidas las asunciones a las que llegaban; estar rodeado de parásitos como esos, aun en la actualidad, era impresionante.
Ni se molestaba en repetir en su cabeza el contenido de los comentarios que rondaban por la escuela, estaba bien que no fuese a olvidarlos, pero de ahí a traerlos a colación había una brecha amplia.
Lo peor del caso era que podían llegar a interrumpir la siempre calmada clase donde estudiaba, incluso a dos semanas de los exámenes de mitad de trimestre. Más de una vez había visto a sus compañeras de curso intercambiar papeles entre ellas, que al leerlos ocasionaban miradas en su dirección.
Todo porque el mejor estudiante de todo Japón tenía una relación con una chica tonta.
Se imaginaba una respuesta descomunal, pero no aquella; aunque bien atribuía un poco de ello a su interpretación frente al instituto.
Bien, lo que opinaran le traía sin cuidado, ante sus padres todo había ido como la seda, y el estorbo idiota del F había sido eliminado.
Esperaba que después de los dos primeros días, muriera toda esa atención indeseada, que irrumpía su calma.
Concluyó el problema matemático y extrajo su libro esperando el final de la clase antes del almuerzo; vio que Watanabe —el único que valía la pena entre todos ellos— finalizó su problema y se puso a hacer un repaso.
Suspiró, era habitual para los demás estudiar antes de las pruebas, mientras que para él aquello no le era necesario. No tenía ni que esforzarse cuando tenía un examen enfrente, lo respondía como si nada, cuando todos los demás batallaban, aun siendo de la Clase A.
Ni siquiera las inminentes pruebas le sacaban de su monótona vida. Por lo menos, tendría una pequeña modificación a partir de ahora, si había de interesarse en lo que haría acabada la escuela preparatoria. Todo se le daba demasiado bien, tal vez ni cursaría la universidad, era más probable que por su cuenta aprendiera un número mayor de cosas, que en los cuatro años normales que implicaba el estudio superior.
El toque del timbre lo hizo abandonar, de momento, ese tema, así que extrajo su almuerzo y abandonó el salón en compañía de Watanabe. Era costumbre antes de exámenes, que el otro se reuniera con él para hablar sobre los contenidos.
De camino a la cafetería, su compañero rubio le hizo detenerse a mitad del pasillo.
—¿Qué esa no es Aihara-san? —inquirió el otro, obligándole a prestar atención a aquello que quisiera mostrarle.
Sólo esperaba que no pretendiera preguntarle sobre la relación entre ambos, dictaminó reprimiendo un suspiro de fastidio.
Volvió la cabeza y, en efecto, encontró al final del corredor a su derecha, la cabellera imperdible de Kotoko, con ella acorralada contra la pared, intimidada por cinco chicas.
Entrecerró los ojos. —¿No estarán causando problemas, verdad? —musitó Watanabe ajustando sus lentes en el puente de su nariz.
Ambos prestaron su atención a lo que transcurría a unos pasos de ellos. Subrepticiamente, se encontró con la mirada de odio del idiota del F, que lo vio de pies a cabeza, observó a Kotoko y volvió su atención a él, como esperando cuándo se interponía entre las chicas y ella.
Sinceramente, Naoki no veía por qué debía meterse en aquel asunto, si no ocurría cosa grave, las chicas estaban preguntando sobre su relación con él. Ni siquiera tenía idea si eran amigas de la pelirroja. Algunas mujeres, entre amigas, tenían la costumbre de intimidar a otra del grupo para obtener todos los "jugosos detalles", bien podía ser el caso.
Watanabe, como él, se convenció de que era un interrogatorio común y se encogió de hombros; dispuestos estaban a irse, cuando las palabras de las interlocutoras de Kotoko subieron de tono.
—¡Tú no mereces salir con él, chica del F! —profirió una, secundada por los asentimientos de las demás.
—¡Sí, solo te querrá para una cosa, porque eres una tonta! —dijo otra, para después reírse con sus compañeras. —Irie-san es demasiado para una poca cosa como tú, una idiota.
¿Aquellas imbéciles se atrevían a insinuar que él era un sinvergüenza? Su párpado tembló y supo por la mirada de Watanabe que esperaba una reacción de su parte por lo que hacían esas estúpidas. Más porque Kotoko no hacía amago de defenderse de los insultos.
¿Acaso no sabía que encogiéndose como lo hacía les estaba dando la razón? Algo bueno debía enseñarle a esa chica.
—¡La mayor de las tontas en esta escuela! —Admitió que tenían un punto a favor con el argumento, pero sólo si se trataba de él, esas chicas estúpidas no eran nadie para cuestionar la inteligencia de Kotoko, si daban clara muestra que estaban a su bajo nivel.
—Mira que pensar que durará contigo.
—¡Eres tan tonta, chica del F!
Cuando se disponía a dar un paso en dirección de ellas, la postura de Kotoko cambió, tomándolos por sorpresa a todos los que la veían. Algo en la última frase de la chica que le molestaba le hizo elevar la cabeza y enfrentar a las cinco de forma retadora.
—Se equivocan, no soy ninguna tonta —manifestó Kotoko en tono fuerte, que lo asombró, aunque no lo dejó entrever, interesado por sus intenciones.
—¿Ah, no? —Las chicas rieron por el sarcasmo; callaron al ver que la actitud de su agredida no titubeó.
—Se los demostraré, y a todos los que piensan que lo soy.
Por un momento, sus propias palabras le golpearon de lleno. En verdad no pensé que fueras tan tonta, le dijo la noche anterior, y parecía que el desafío de Kotoko iba dirigido precisamente a él, aunque no le estaba prestando su atención. Sin embargo, no entendía qué tenía de especial lo que dijo, si él sólo expresó la verdad.
—¿Y cómo lo harás? ¿Lo proclamarás a gritos?
—No, verán mi nombre en la lista de los cincuenta mejores.
Durante un momento, ninguna supo qué decir, y hasta a él le tomó un instante notar que su seriedad no era fingida, Kotoko hablaba en serio.
¿De verdad era así de estúpida?
No podía resolver unos simples kanjis de primaria y pensaba que accedería a la lista de los alumnos sobresalientes. Si era un asombro que hubiese alcanzado su actual nivel de estudios.
Finalmente, las cinco chicas se soltaron a reír.
—Eres mucho más que una tonta, tu ingenuidad te lleva a pensar que podrás alcanzar aquel sitio. Sólo alumnos de la Clas acceden a la lista, ¿qué te hace pensar que lo hará una del F? —habló una con un claro deje de burla.
—Te humillarás a ti misma, y no olvidarás tus palabras. Nos encargaremos que todos lo sepan.
Kotoko, ignorándolas, dando muestra de más clase que ellas, se abrió paso y se perdió escaleras abajo.
Sintió la vista de Watanabe y el idiota, atentas a sus movimientos y lo que respondería, pero él únicamente continuó su camino, pensando en realidad que Kotoko solo tenía una cosa de perfecta.
Era una perfecta idiota.
[…]
Aquella tarde, acabadas las horas de clase plagadas del anuncio de Kotoko y con él concentrado después de cenar, en su libro de Contemporáneos en la Arquitectura, la pelirroja se apareció en el quicio de la puerta de su habitación; Yuuki no había cerrado cuando bajó al piso inferior para ver un programa de televisión y él no se molestó en hacerlo.
Ahora Kotoko lo tomaba como una invitación a hablar; con sinceridad, a él no le daban ganas de hacerlo, mucho menos después del día que había tenido, luego de darse cuenta de que se había vinculado a la mayor tonta de la escuela, que si bien en un momento creyó serviría para acomodarla a sus deseos, se pensaba si lo conseguiría, su inteligencia era mucho menor al promedio.
—¿Se te ofrece algo? —cuestionó sin apartar la vista de un boceto que un autor reconocido hizo para una cúpula en Berlín, cubierta de vidrio.
—Eh… estoy estudiando, y… me preguntaba… si…
—¿Quieres que te ayude? —La encaró con una ceja enarcada.
Ella asintió. —Quiero demostrarles a esas chicas que se equivocan —murmuró entre dientes.
—¿Por qué debería de ayudarte? Tú sola te has metido en ese problema —respondió incrédulo de su petición, en verdad tenía la esperanza de que perdería el tiempo con algo tan imposible.
—Sí… Lo sé.
La vio morderse el labio inferior.
—Pero no quiero dejarte en vergüenza si fallo.
—Haberlo pensado antes —comentó parcamente—. Aunque nadie pone en duda mi inteligencia, Kotoko. Es la tuya la que cuestionan —repuso retornando a su libro—, y solo con esa proclamación idiota te pusiste la soga al cuello.
No le importaba lo que pensaran de ella en la escuela, él conocía sus intenciones, además que era consciente de las pocas capacidades de aquella chica. Igual, no era su vergüenza porque podían cuestionar qué hacía con Kotoko, si era un idiota por tenerla de novia, pero seguía siendo más listo que ellos al final, tenía a quien manejar a su antojo y tener la libertad de actuar como deseara.
—Bueno… —habló Kotoko después de un rato. Creyó que ya se había ido.
—Cierra la puerta cuando salgas —pidió dando vuelta a la página.
Escuchó el clic de la puerta que acompañaba a cuando se cerraba y sonrió porque ella hizo lo que quería, tal como debería.
A partir de ese momento, estuvo absorto en su lectura, dudando de la supuesta maravilla de algunas de las obras allí mostradas, hasta que unos toques en la puerta interrumpieron la calma.
—Adelante —instruyó y retiró el libro de su visión, dirigiéndola a la puerta.
Kotoko, otra vez.
—¿Ahora qué? —preguntó con ojos entrecerrados observándola detenidamente. Lucía sospechosamente culpable, con las manos ocultas tras su espalda, estudiando su rostro como si fuera lo más interesante del mundo, soltando pequeñas risitas que le colmaron la paciencia. —¿Has terminado de verme? —Si sólo iba a eso, bien podía retirarse. Que ni creyera que observándole se podría contagiar de sus conocimientos.
—Eh, no —Kotoko dio un paso adelante—. Oba-sama me dijo que volviera a preguntarte si querrías ayudarme a estudiar.
¿Creía que el conocimiento de su madre serviría para convencerlo? Las amenazas de su progenitora caían en saco roto.
—Puedes decirle que tengo asuntos en los que ocuparme, así que puedes irte.
—Ella pensó que esa sería tu respuesta —replicó Kotoko llevando sus dedos de la mano derecha a su mentón—. Y me dijo que debía insistir.
Si lo llevaba al hartazgo, menos la ayudaría.
—Mi respuesta fue…
Kotoko trajo a la vista su brazo izquierdo y mostró el contenido de su mano.
No.
—Como último recurso me dio esto, dijo que ayudaría a decidirte.
Él sintió la sangre abandonar su rostro y de la impresión dejó caer el libro.
¿Cómo se atrevía su madre a darle una fotografía de él durante el periodo más bochornoso de su vida! Era una de las imágenes donde se encontraba vestido de niña, de las muchas que su madre, con su afición a la fotografía, había hecho.
Pensaba que su acuerdo incluía no mostrárselos a nadie, no sólo a Yuuki, pero se había equivocado. Ahora se lo había entregado a su nuera para usarlo como chantaje.
Tenía que reconocerle a su madre su ingenio. Era una competidora inmejorable.
Su padre y ella estaban hechos el uno para el otro.
—Comentó que yo podría tener personas que quisieran conocerla. —Observó a Kotoko contemplar la fotografía con una mirada embelesada—. Eras tan adorable, ¿serás mi tutor? —cuestionó con sagacidad, pestañeando con inocencia; durante un instante, la encontró fascinante, aunque el enfado por ser manipulado le dominó por completo ignorando aquella reacción.
—Ambos sabemos que es imposible, Kotoko —le dijo conteniendo su furia—. No te puedo prometer que estarás entre los cincuenta primeros, sólo una intervención divina lograría eso. Hoy te daré tregua, mañana comenzaremos. Ahora vete, que tengo que dormir.
Apretó los dientes esperando que se largara. Estaba irascible, nuevamente estaba siendo manipulado. No alcanzaba a entender cómo era que se repetía.
—¡Eres el mejor, Naoki-kun! —soltó ella con demasiada felicidad y creyó que se pensó dos veces si el acercarse o irse sin más, pero decidió retirarse con una sonrisa. —Espero que tengas una buena noche.
Imaginaba que la única en dos semanas.
[…]
Naoki deseó equivocarse por primera vez, Kotoko era peor de lo que había creído. Se había sentado durante tres horas a observar y rellenar su cuaderno con garabatos increíbles, supuestos a dar respuestas a las cuestiones que le granjearían, al menos, ochenta puntos en las pruebas.
No había conseguido ni hacer lo más sencillo. Admitía estar sorprendido de que al menos supiera las operaciones básicas y leer y escribir.
Era una pérdida total aquella tarea, ni un dios podría lograr que ella pasara aquellos exámenes con un aprobado, mucho menos que alcanzara alguna posición en la lista de los cincuenta mejores.
—Me gustaría ver qué tienes en la cabeza. ¿Qué escuchabas en clase? —masculló queriendo dar el libro contra la frente de Kotoko, a ver si mágicamente conseguía que le entrara la información.
La falta de sueño le estaba afectando.
Y era la primera noche.
—¡Iremos desde lo básico y presta atención! —exigió estampando el cuaderno a la mesilla llevada por su madre para que pudieran trabajar cómodamente.
Se pasó largo rato explicando lo que él consideraba ya debía saber —y que ni se molestaba en averiguar por qué desconocía, sería inservible ahora—, además de otro tiempo en el que a ella le llevó finalizar.
—Equis es igual a setenta y dos —dijo en voz alta Kotoko y él suspiró, una simple ecuación cuadrática que debería dominar para esa edad le tomó tanto.
—Correcto.
—¡Muy bien! —Celebró Kotoko abrazándolo emocionada; él, en su hastío, le dejó actuar.
—Todavía te faltan… —La habitación se iluminó interrumpiéndolo y ambos saltaron de la sorpresa.
Su madre.
—Quería tener una foto de ambos juntos. Se ven tan bien. Les he traído algo de comer. Los dejo solos.
Ni siquiera respiró, pero los abandonó para darles la intimidad que necesitaban para terminar eso.
—Continuemos —dijo llevándose las manos a la cabeza, sin querer caer en la desesperación.
Eso marcó la rutina de las siguientes dos semanas, en las que acababa tan agotado que dormitaba mientras esperaba que ella terminara.
Kotoko tenía muy pocos de los conocimientos deseados para su grado académico, pero vio bastantes progresos en ella, con los horarios de estudio que le hizo y las visitas en las que de lejos la vio en la biblioteca, a la que estaba seguro que no había pasado en su vida escolar.
En la escuela los rumores disminuyeron en la primera semana, y dos días antes de la prueba se reanudaron, con la inminente llegada de los exámenes que humillarían a Kotoko ante toda la escuela. Pero qué podía hacérsele, aunque era consciente de su mejora, no creía que realmente alcanzara un puesto en la lista.
Al menos, había sido capaz de vislumbrar una tenacidad que no se imaginaba en Kotoko, a quien nada la detenía, se esforzaba tanto por un imposible, que la llegó a envidiar durante algunos momentos. Ponía todo su empeño y no se rendía, luchando por alcanzar su meta, sin importar que la balanza no estuviera a su favor. Tenía la firme creencia de que lo lograría, y él no sabía si se merecía su lástima o su admiración por ello. Aun con lo no tan inteligente que era, tenía unos ánimos y unas ganas que motivarían a un equipo de trabajo entero, porque a él le había transmitido lo que significaba la verdadera lucha por lo que creías. Y si tenías las posibilidades, alcanzar lo que ansiabas.
Un par de semanas habían permitido conocer un aspecto de Kotoko que no terminaba de encajar con la idea que tenía de ella. Tal vez, era más de lo que él creía.
Incluso si fallaba, Kotoko se había ganado el deseo de buena suerte que le dio el día del examen.
[…]
Una semana después de los exámenes, cuando los resultados eran entregados, la llegada silenciosa al instituto le hizo sospechar a Naoki que todos se encontraban reunidos frente al tablero, presenciando de primera mano el fallo de la pelirroja que caminaba a su lado, que no pudo contenerse y salió corriendo hacia donde la lista se hallaba.
Él, con más calma, anduvo hasta allí, movido por el interés de lo que harían las abusadoras de Kotoko en ese momento. No permitiría que la hicieran objeto de sus burlas crueles, cuando ella había tenido un desempeño mucho mejor que ellas en aquellas semanas.
Se encontró a Watanabe justo a la mitad del camino y los dos se dirigieron a su objetivo en silencio, mismo que les recibió en su destino, donde podía escucharse el sonido de una aguja al hacer contacto con el suelo.
Con sorpresa, observó que todas las miradas permanecían atentas a Kotoko, congelada en su sitio en medio de la congregación, sus orbes castaños centrados en el final del tablero. A él, todos le abrieron paso para que se pudiera acercar lo suficiente a donde ella se hallaba.
Por una práctica de vida su expresión no cambió delatando la impresión que lo dominó.
Kotoko estaba en la lista.
Su nombre ocupaba el último puesto, del que no podía apartar la mirada.
Era la primera de la Clase F que, en toda la historia, ocupaba una posición entre los cincuenta mejores.
Maldición, contra todo pronóstico, él se había equivocado.
La primera vez que lo hacía, era a causa de su imperfecta novia.
Ella lo había logrado y estaba haciéndole tragarse sus propias palabras; a él, junto a toda la escuela.
De repente, se sintió abrazado por los delgados brazos de una entusiasta Kotoko, que podía aprovecharse de su estupefacción. Sólo dos semanas de estudio y esmero la catapultaron a ese puesto, ¿qué habría sido de ella si durante años le hubiese dedicado el mismo interés?
—¡Lo hice, Naoki-kun! —exclamó pletórica Kotoko, mientras él pensaba para sí el gran potencial de la chica que, de él no saberlo manejar adecuadamente, le daría el tiro por la culata. Había mucho más de aquella chica que llamaba su novia.
Uno a uno los estudiantes reunidos, sin saber qué decir, se fueron alejando hasta que no quedaba nadie más que ellos dos. Kotoko seguía en su mundo; ni siquiera estuvo atenta a las miradas de incredulidad, odio, y hasta respeto, que cruzaron sus abusadoras antes de dejarles solos.
Era cierto, lo había hecho.
Y se reconocía como buen perdedor; por eso, de manera humilde, supo que ella se merecía el beso que le dio en aquel lugar, un premio por su triunfo, que tampoco le habría dado si en esos días no le hubiese mostrado a una Kotoko distinta y que iba a descubrir en el largo camino que les quedaba juntos, que seguro les traería sorpresas como esa.
Aunque, mezquinamente, también el beso que le dio tenía motivos más oscuros y despreciables.
El potencial de Kotoko podía ser enorme, y él necesitaba mantenerla a su favor.
Era un beso con la pura intención de encandilarla.
NA: ¡Saludos!
Ya ven, es junio, y aquí estoy.
Este capítulo pensaba subirlo anoche, pero decidí dejarlo para hoy, con mi mente más despejada (la verdad era que necesitaba releer para saber si era un buen capítulo).
Utilicé una perspectiva que nuestra querida Behla me compartió, y que imagino alguien más tendrá, de que Kotoko en los 50 marca un punto álgido en la visión que tiene Irie de la pelirroja, yo pensaba que influyó, pero me gustó mucho como lo planteó ella je,je. Así pues, aquí volvió a pasar eso de la historia original (que no todo ocurrirá, ni será igual, para que les quede claro desde ya), con la complicación que es ponerlo desde la visión de Naoki; ustedes me dirán qué piensan de lo que planteé con él.
En efecto, esas dos semanas se fueron como rayo, pero ya era un reto mucho mayor hacer demasiados días, que en sí eran rutinarios, aunque le sirvieran para darse de cuenta que no todo será fácil con su novia imperfecta. Lo importante lo dejé aquí marcado, y espero no haber caído en el OOC. Se me pasó poner más sobre la vida de Naoki con la novia estando en casa, pero eso vendrá más adelante.
Ahora, ¿a alguien más le dio la sensación que todo esto tiene un tinte sarcástico al por mayor? No lo sé, o es que en mi cabeza todo lo visualicé así y leyéndolo nuevamente no me saco esa perspectiva (después de todas las borraduras que hice).
Bien, aquí mi entrega, espero que sea de su agrado. Nos vemos para la próxima.
Besos y abrazos, Karo.
meli 98: ¡hola! Jaja, concuerdo en que él me parece cínico en muchas ocasiones, aunque más bien no comprenda mucho cómo las emociones juegan una parte importante en las relaciones, no todo siendo dependiente de la inteligencia. ¿Podría decirse que es cinismo racional? Ja,ja. Ya pues. Me da gusto leer que retrato al personaje similar a lo que conocemos. Por el beso, ni lo digas, ¿de dónde piensa Irie que vienen los bebés? Okay, me estoy yendo muy lejos, pero es cierto, en un futuro no se quejará de los besos... uummmm buena pregunta. - Y bien pobre Kin-chan, no le tocará ser algo más (¿o sí?). Gracias a ti por seguirme y comentar, nunca tengo problema en responder :)
Raqs: Hola a ti, ¿qué tal? Uy uy uy, qué dicha que te provoque tales sensaciones el fic, eso significa que está siendo bueno :3. Me encanta leer que te guste y que esperes con ansias lo que viene, así como yo (aunque en mucho tengo ventaja je,je). Ese capítulo que dices de Kotoko enterándose de la verdad... te confieso que tengo algo pensado, como tú me fui hasta el extremo. Lo malo es que tengo en consideración la personalidad de esa chica y me sujetaré a ello, aunque cuando toque cada quien se dará una idea de todo. Te envío saludos también, y gracias por comentar.
Ary-chan: ¡Hola! Ey, eso es genial, que estés cautivada es música para mis oídos, para mi mentecita es reto de mantenerte así hasta el final je,je. Este pequeño bebé tiene que ser grandioso, pongo mucho de mí en él. ¿Tienes simpatía hacia ellos? Está bien, hay personas muy empáticas y yo no soy quién para decir nada (vamos, que si muchas veces tengo en consideración los sentimientos de Naoki, pues me puedo incluir entre esas personas). ¿Irie es impredecible? Que guay ja,ja. Y yo que pensaba que iba en una línea su comportamiento; creo, que mucha influencia tiene el papel de Kotoko y los demás en su antes apacible vida. Bueno, aquí tienes el siguiente capítulo, espero no tardar mucho para el siguiente. Gracias por comentar.
adriana bulla: Hola, bueno, no puedo decir que no te preocupes, pero trataré no tardar tanto, linda, jeje. La historia, eso sí, de que se acaba, se acabará. Deberá de tener un fin, que ojalá sigas allí cuando venga. Gracias por leer y por tu comentario :)
