Bueno seguidores de mi fic, he aquí la continuación del capítulo anterior. Me gustaría decir que, bueno, los capítulos venideros no los tengo claros, pero una idea tengo. Me gusta mucho que os guste mi manera de escribir, lo hago para ocupar mi tiempo libre y bueno... que le vamos ha hacer. Aquí, posiblemente, se disuelvan las preguntas que os hayáis hecho. Así que... A LEER SE DIGA.

LA LUZ DE MI SALIDA

by ANDAIRA

CAPÍTULO 4

Después incierto

Quién iba a decirme que una persona podía cambiar tanto y quién iba a asegurarme que esa persona iba a ser yo. Nadie.

Aún recuerdo esa mañana en la que empezó mi amistad con Inuyasha. Salimos de el bar y, después de hablar en el rato libre con nuestros amigos, hicimos el examen de Economía. Aún recuerdo como, des de ese día, cambié tanto. Inuyasha nunca se alejaba de mi lado. Transmitía una alegría que aplacaba mis peores días. Me sorprendió como, en un día de esos de los míos, combatía con gracia mi pesimismo, y hacía que el día cambiara radicalmente a uno divertido. También me acuerdo de aquel día, una semana después de aquel examen, como vino corriendo a mi lado, alzándome como una y dándome besos con las gracias. Había sacado un ocho en aquel examen. Esa misma tarde me había invitado a comer a mi hermano y a mi a su casa.

También recuerdo con alegría cuando llegó a su casa su hermano. Sesshômaru era todo lo contrario a él. Orgulloso creído y un poco pedante exteriormente. Vino para quedarse una semana en su casa e Inuyasha se vino a mi casa a dormir esa semana. Le convencí al ver como en una hora, se habían intentado matar. Él no puso objeción, ya que le amenacé en no ayudarle a estudiar y alegando que mi hermano me lo había pedido. Su punto débil era que no le podía negar nada a mi hermano, aún ahora sigo sin saber por qué. Esa semana fue genial, salíamos aprovechando las vacaciones de Navidad, fuimos a Port Aventura los tres con Sango y Miroku. O cuando fuimos a Barcelona y nos subimos a las golondrinas

Sango y Miroku habían empezado a salir juntos. Como todos habíamos previsto que pasaría, no podían ni separarse. Mi amistad con Inuyasha les sorprendió, no queda decir, que ambos le hicieron jurar a Inuyasha que, si en cualquier momento me hacía daño, por muy amigos que fueran, le matarían. Se lo tomó en serio.

Ya llevábamos tres meses de Instituto. Se acercaban los finales y Selectividad. Mi vida, aunque cada vez sabía menos de mis padres, era feliz, genial y llena de maravillas.

No era la primer a vez que lo había pensado. La felicidad no es eterna, todo llega a su fin. Lo que no sabía y no reconocía, era que la mía no me iba a durar mas. Hay veces, que las coincidencias o la serie de catástrofes son casi imposibles. La pregunta es ¿Es posible que, en el mundo real, las cosas malas puedan venir todas seguidas y destruir tu mundo de una estocada? Una persona creyente me contestaría que las cosas suceden porque está predestinadas, yo le diría que el destino no existe, que todo lo que pasa es por que te lo has ganado. Mi pregunta era, ¿qué era lo que había hecho para que todo me fuera mal? Siempre hay algo que no se pierde nunca, lo único que quedó en la caja de Pandora, La esperanza. Esperaba que, después de todo lo que había, estaba y me estaría pasando, vinieran por fin las cosas buenas, sin preocuparme de que luego de estas, algo me volvería a desgraciar. Si el destino existiera, y estuviera impuesto por alguien llamado Dios, este me la tenía jurada.

Hacía unas semanas que habíamos celebrado mi cumpleaños. Fue un cena en casa con los amigos primordiales. Ya tenía 18 años. También había aprobado el examen de conducir, ahora estaba considerada una novata que solo podía conducir a 80 Km/h. Pero algo era algo.

Estaba trabajando, y el día no pronosticaba lo que me esperaba. Limpiando la barra del bar al ritmo de la música, pensaba en todo lo que había cambiado. Sin embargo, este razonamiento no me duró mucho, ya que una señora se sentó delante de mí, en la barra. En esto no había nada de anormal, otro cliente. Así que, como con todos los clientes, le pregunté si quería algo. Lo que me dejó helada fue lo que ella me contestó

-Eres Kagome?

-Si. ¿Perdone, como sabe mi nombre, no la conozco de nada?- la mujer en cuestión era morena, tenía el pelo corto y ondulado. Tenía unos ojos marrones chocolate y una piel blanca a pesar de ser verano. La mujer, a quien no había visto nunca, me sonreía como si supiera quién era yo.

-Claro que no lo sabes, pero yo si que te conozco.- la mujer me miraba como si tuviera algo que decirme, que yo no sabía, y no supiera la manera.- La verdad, venía con todo lo que te tenía que contar preparado pero, Buff, ahora no se como decirte esto sin que te duela o sin que sea duro.

-La verdad, no soporto las rodeos, si usted cree que lo que tiene que decirme es importante, dígamelo directamente.

-Vale.- respiró hondo y me miró de manera decidida- eres mi hija. Soy tu madre biológica, Kagome.

Me quedé helada. De pronto me eché a reír.

-Vaya, esto no me lo esperaba. Esa broma es poco realista, señora. No soy tan buena como para que alguien me quisiera de hija.

-bueno. Como veo que no te lo crees, te voy a contar las cosas tal cual pasaron, luego te expondré las pruebas.- me dejé de reír. Esto no me gustaba.

-"naciste hace 18 años, en febrero. Yo tenía 20 años, una chiquilla. Me había quedado embarazada de mi novio, no me lo esperaba. Cuando se lo dije, me dejó, ignorándome como si no me conociera. Mis padres se enfadaron, pero sus creencias me obligaron a tenerlo. Yo vivía en frente de donde vives ahora. Conocía a tu madre adoptiva. Ella buscaba la manera de atar a su marido, bueno, eso era lo que ella me había contado borracha. Entre bromas, ella me dijo que yo era muy joven para tenerte, me dejó entrever que ella quería adoptar al bebé, para así, atar a su marido. Cuando estuvo conciente, se lo propuse, ella aceptó. No me culpes, era una chavala, sola, sin sus padres y sin el novio que se hiciera cargo conmigo, tenía miedo. Cuando te tuve, ella se te llevó directamente, no te quise ver, pensé que, si lo hacía, me quedaría contigo. Luego me fui del pueblo. Siempre he pensado en lo que podría haber pasado si no te hubiera dado en adopción. Me hice la promesa que, indiferentemente de lo que tu madre opinara, sería yo la que te contaría esto, al menos cuando tuvieras 18 años. Se me retrasó el asunto, pero ahora estoy aquí".

No le dije nada. Sentí que me fallaban las piernas, se me nublaba la vista y me caía encima un cubo de agua fría. Por algún motivo, me la creí.

-Y para que has venido? Para recuperarme? Si es eso, llegas tarde.

-no. Tienes todo el derecho de que no quieras, no te obligo. Vengo a preguntarte algo. ¿has sido y eres feliz?

-la verdad?- ella asintió- me dejaste a cargo de una madre que me dejó a cargo de otras cuando pude dejar de alimentarme de leche materna. Me dejaste con un padre que es un borracho y no me ha mirado nunca a la cara. Nunca me han querido, ni lo harán. Pero estoy feliz. Tengo a un hermano que, aunque no sea biológico, lo quiero igual. Le cuido des de que era bebé. Tengo amigos inmejorables. Soy feliz siendo quien soy.

-Lo siento

-No lo sienta, déjelo tumbado. Ahora, si me permite, he de seguir trabajando. Me gustaría pedirle un favor, como muestra de que no ha de sentir culpabilidad.

-lo que sea.

-no la quiero ver mas. No quiero que se lo diga a mi madre ni ha nadie. Eso es lo único que quiero. Yo no soy su hija. Ahora, por favor, váyase.

No me dijo nada mas, ni puso cara de queja. Se fue del bar, dejándome aún con la cara blanca de la sorpresa. Dos veces me preguntaron en el trabajo si me encantaba bien, a todos, les decía que si. Cuando acabó mi jornada de trabajo, me fui a recoger a Souta del parque. Mas tarde llegamos a casa. Yo no paraba de pensar en lo que haría. Me puse a planchar la ropa que tenía pendiente. Mi hermano, que ya había cenado, se fue a dormir. Al cabo de un rato, la puerta de casa se abrió, dejando entrar a mi madre. Me sonrió y desapareció por la casa. Al cabo de un rato entró a la cocina. Se volvía a ir.

-¿ya te vuelves a ir?

-Sip. Te he dejado dinero en tu habitación. Ya me voy, me están esperando

-te he de decir algo- ella paró y me miró- mira, te lo diré tal cual. Hoy ha venido al bar una mujer que se me ha dicho unas cosas muy raras.

-es importante?

-me he dicho que es mi madre biológica- ella se quedó pálida- me lo ha contado todo.

-¿y qué vas ha hacer?

-nada- ella estuvo por hablar, pero no le dejé.- no quiero saber nada de ella, se ha ido. No temas, no me iré y dejaré a mi hermano solo.

-¿y por qué me lo dices?

-para que lo supieras. ¿algo que decir?

-no lo entenderías- dijo saliendo de la casa.

Claro que no. Recogí todo lo que había sacado para planchar. Me senté en el sofá a pensar. En las pelis, la prota, cuando se entera de algo así, se pone a llorar. Yo no lo hice. Para qué. Mi única madre había sido Kaede.

Yo ahora era feliz, no iba dejar que eso me desajustara.

Días mas tarde, cuando la temperatura pasó a ser mas primaveral, yo ya estaba muchísimo mejor. Lo de mi madre biológica no la sabía absolutamente nadie, para mi eso era mejor.

Estábamos en mi casa, al decir estábamos me refería a Souta Inuyasha y yo. Habíamos quedado para ver una peli, así que haciendo honor al sofá, nos desparramamos en él.

La peli era el exorcista, no nos daba miedo, solo nos causaba un ataque de risa y era muy entretenida. Ya habíamos acabado de verla cuando el teléfono de Inuyasha sonó. Yo, que tenía el mando cerca, puse la tele sin volumen.

-si?- dijo Inuyasha- a hola que tal?/ que estáis aquí?/vacaciones? Si mañana cogemos un puente/ ah, ya lo sabías/ vais a venir?/los tres solos?/estáis seguros?/bueno, no se si querrá, a vale yo te digo algo mas tarde/ vale OK/ dew

-quien era?-le pregunté

-mis padres

los padres de Inuyasha trabajaban mucho por toda España, por eso su hijo vivía solo.

-vendrán?

-si. Sabían que tenía tres días de vacaciones y vienen para irnos a una casa en la montaña. Me han preguntado si querrás venir.

-pero si no saben quién soy.

-se lo he dicho yo. Por supuesto que vendría Souta, Sango y Miroku. A mi madre en cuestión le haría ilusión. La verdad es que des de que le hablé de ti, anda loca por conocerte.

-no molestaremos?

-vaya pregunta mas inútil. Claro que no. Souta tu que dices?- el pequeño, que estaba tumbado entre Inuyasha y yo, había estado callado todo el rato.

-yo quiero ir. Va, tata- me suplicó.

Yo suspiré, supuse que no pasaría anda y a mi me irían bien unas vacaciones.

-vale. cuándo es?

-mañana por la tarde vienen a buscarnos. Ellos traerán su coche y nosotros iremos en el mío y en el de Miroku.

-vale.

La idea de unas vacaciones con mis amigos y mi hermano me ilusionaba tanto como a él. Por eso, ya por la noche, preparé todo lo que pudiéramos necesitar.

Ropa, tanto mía como la de Souta, cosas para el baño...

Al final acabé con dos maletas enormes en la entrada. Al días siguiente Souta se levantó y entró en al cocina. Yo estaba sentada en la mesa, con un delicioso café y unas tostadas con paté. Al entrar él le saludé y él vino a darme un sonoro beso en la mejilla. Se sentó a desayunar y cuando estuvo un poco más despierto me dijo.

-nos vamos de viaje tres días o nos mudamos para siempre?

-ja, ja. No, es lo que necesitamos para tres días.

-dios, para tres días dos maletas?

-no has oído que las chicas llevan siempre de todo?

-tu no eres como las demás.

-no lo soy, pero soy chica y tengo las mismas necesidades físicas que todas.

-como digas.

Sin mas preámbulos nos arreglamos para ir al último día de colegio antes del puente. Al llegar Sango me saltó encima comentándome lo contenta que estaba al irse de vacaciones con nosotros. La misma alegría la compartía Miroku y Inuyasha, que me dijo que iría a por mi después de comer.

Las clases pasaron lentas como las carreras de pulgas. Una cosa que me gustaba mas de mi clase a estas alturas, era que, por una vez, Kikyô estaba en un último plano en la clase. Tenía su grupo, pero el resto, parecía que iba viendo como estaban las cosas con ella. Nuestros planes, por eso, no cambiaron, ni tampoco el optimismo.

Me hacía ilusión al ver a mi hermano dando saltos de un lado a otro de la casa y preguntándome cuanto tardaba Inuyasha en venir.

La respuesta vino dos horas después con un sonido de claxon. Inuyasha, con su flamante Honda Civic negro, había aparcado en la puerta y venía con un Souta de la mano a ayudarme con las maletas. No hay que comentar que hizo la misma cara que Souta al ver las maletas, pero la mirada que le lancé antes de que me dijera algo le disuadió de hacerlo. Pusimos las maletas en la parte de atrás y nos subimos al coche.

Amaba su coche, era una pasada y olía a él. Él y yo íbamos delante, mientras que Souta ya estaba con el cinturón puesto en la parte posterior del coche. Inuyasha encendió el coche y se fue a casa de Sango, donde Miroku estaría con ella en el coche listos para seguirles.

Estaban los dos coches por la autopista, el destino era desconocido para ella, ya que Inuyasha solo le había dicho que le iba a gustar. Souta ya iba dormido en el coche, era normal era tarde y había madrugado mucho por la mañana.

Ellos se iban a encontrar con los padres de Inuyasha en una área de servicio, des de allí irían todos juntos hacía el destino.

Al cabo de unas dos horas, Inuyasha entró en una área de servicio y cogió el teléfono mientras yo llenaba el depósito de gasolina, al igual que Miroku. No pude escuchar la conversación por teléfono, ya que uno no podía hablar en una gasolinera por el móvil, así que se tuvo que contentar hablando con Sango y Miroku.

Cuando Inuyasha volvió de hablar y Miroku de pagar la gasolina conmigo nos dijo.

-he hablado con ellos y dicen que tardarán unos 15 minutos en llegar. Que os parece si de mientras nos tomamos algo? aún falta por llegar y a Souta le conviene tomar algo.

Todos estuvimos de acuerdo, yo fui al coche y desperté a Souta. El pobre estaba tan dormido que no podía ni andar, al final lo cargó Inuyasha y entramos a la cafetería. Le pedí un cacaolat a Souta mientras lo acurrucaba en mi regazo.

-y cuéntanos como es el sitio a donde vamos?

-está en la montaña, hay un lago, caballos. . . no se, ya lo veréis- contestó Inuyasha.

No pudo añadir nada mas ya que un "¡¡inu, cielo!!" se dejó oír en la cafetería medio llena debido al puente. Todos nos giramos y al menos yo me quedé parada y a cuadritos. Dos adultos se acercaban des de la entrada de la cafetería.

La mujer que había gritado era realmente hermosa. Con unas gafas (que se quitó mas tarde) que ocultaban unos ojos chocolate expresivos un pelo lacio negro y largo, que le caía por la cintura y un estilo al vestir que daba una impresión encantadora. Era mas joven que en mis pensamientos, con unos tejados y una camiseta ajustada de manga larga se acercaba dejando ver una sonrisa que eclipsaría al sol.

El hombre que venía detrás de ella era alto guapo, con unos ojos dorados como los de su hijo. Parecía joven también, vestía con unos tejanos y una sudadera y su cabello, largo y negro, con reflejos plateados, recogidos en una coleta. El hombre imponía no solo respeto si no también confianza. Este se acerba detrás de su mujer sonriendo como ella y mirándonos pero sin para de atender a su mujer, que parecía alocada al ver a su hijo. Esta simple acción, reflejaba que el hombre amaba a su mujer y la cuidaba en todo momento.

Rápido al mujer se lanzó sobre su hijo, que le pasaba en altura, y este le correspondió en el efusivo abrazo. Yo, que había sentado a Souta en su silla (hay que remarcar que, aunque es un crío, es pequeño) y se encontraba ahora mas despierto, me levanté, como sango y Miroku a recibir a los que nos habían invitado.

La primera en hablar fue la madre de Inuyasha que nos fue saludando y abrazándonos uno por uno.

-hola, soy Izayo, la madre de Inu. Tu debes de ser Miroku. Mi niño me habla mucho de ti, gracias por ayudarle en la mudanza y en la adaptación al pueblo, eres un amor.- dijo abrazando y besando a Miroku en las mejillas, dejando a este sonrojado como el solo.-tu debes de ser Sango, la novia de Miroku. Si inu también me ha hablado de ti y en como pones en su sitio a este jovencito- le dijo a Sango, dándole un beso y señaló a Miroku en su último comentario.- y tu debes de ser Kagome.- me miró y evaluó mi persona con ojos de madre, al final sonrió y me abrazó como a las demás.- inu me ha hablado especialmente de ti. Me ha contado que eres su mejor amiga, que no os llevabais bien al principio pero que ahora sois como inseparables. Me ha dicho que le controlas y no lo dejas a sus anchas. Ya era hora que alguna mujer no le dejara hacer lo que quisiera, es un caprichoso y la mujer que necesita es una que le ponga a raya.

-mamá, sin pasarse.- dijo Inuyasha.

-bueno, puesto que mi mujer ya os ha dicho lo que iba a deciros yo, no añado nada mas. Soy el padre de inu, me llamo Inu No Taisho.- todos le devolvimos el saludo.

-gracias por habernos invitado de vacaciones, no tenían el por que.

-cariño, para nosotros ha sido un honor- dijo la mujer acercándose a Souta- quién es este pequeño?

-es mi hermano, señora, no le importa que me lo lleve, verdad?

-claro que no cielo, y no nos trates de usted, nos hace sentir mayores. Encantado pequeño- dijo dirigiéndose a Souta.

-gracias, por habernos invitado, es verdad que hay caballos?- contestó el niño. Todos reímos y el niño se puso detrás mío y de Inuyasha, cogiéndonos la mano a ambos.

-claro que si, si quieres los podrás montar, pero vamos tirando, que se hace tarde.

Hechas ya las presentaciones, todos no fuimos hacia nuestro coche, Souta, que aún nos cogía de la mano a Inuyasha y a mi, se había puesto muy contento con la noticia de los caballos. Nos metimos en el coche y comenzamos a tirar hacia nuestro destino.

-así que le has hablado de mi?

-pues si, mi madre es capaz de sacar información de una manera muy profesional. El hecho de no estar conmigo no le gusta, por eso me llama siempre para que le cuente todo lo que pasa.

No hablamos mas. Yo no recuerdo mucho mas del viaje, ya que me dormí en cuanto pusimos Debussy. Era un CD de música clásica que nos gustaba a los dos y que yo le había regalo hace poco.

Cuando desperté, ya era de noche y aún conducíamos por la carretera, pero esta vez por una solitaria.

-cuanto falta?- le pregunté mirando el rostro dormido de mi hermano.

-no mucho mas de cinco minutos.

-me tendrías que haber despertado, luces cansado de conducir, te recuerdo que yo ya tengo carné de conducir

-feh, tu también estabas cansada, además no falta mucho, así que olvídalo.

Cansada como para replicar, puse una mano en el cambio de marchas, y él al cambiar de marchas, me dio un apretón cariñoso y no quitó la mano de allí hasta que apareció lo que era una entrada.

Estábamos en medio de un campo. Una puerta, nos permitía la entrada hacía el recinto, pero no divisé ninguna casa. El coche siguió al cabeza de ruta hasta que al cabo de unos dos minutos, apareció una explanada verde. Un caserón rural se alzaba entre la explanada. A su lado, había un establo con lo que serían caballos en su interior. La explanada tenía varios árboles, entre ellos un cerezo que estaba florido, dado que era primavera. Aparcamos debajo de un porche, que supuse que era para los coches y nos bajamos. El clima, pese ha ser de noche, era agradable, ni muy cálido ni muy frío.

Lo desagradable fue que, el cambio de temperatura del coche al exterior me erizó el vello del cuerpo y me estremecí. Inuyasha pareció notarlo, dado que me pasó un brazo por los hombros.

-qué te parece?

-bueno no se ve mucho, pero es precioso- le dije maravillada. Pese a la noche, se podía divisar cada cosa.

-el lago está al otro lago de la casa, ahora es muy tarde, pero mañana por la noche verás la luna reflejada en él, es muy bonito.

-que tal chicos?- preguntó Izayo a nuestro lado.

-es genial.

-lo se, creo que deberíamos ir entrando. Les he comentado a los vecinos que veníamos y se han ofrecido ha arreglarnos la casa para que al llegar, no tuviéramos que preparar nada.

Entramos detrás de ella a la casa. No me di cuenta hasta entonces que Sango y Miroku venían detrás con las maletas. Yo llevaba a Souta medio dormido de la mano e Inuyasha había ido a por nuestras maletas después de ordenarme que entrara.

La casa era una maravilla.

Nada mas entrar, una enorme escalera hacía posible el acceso a la planta superior.

La planta baja constaba de un amplio salón con una chimenea y unos sofás en negro. La cocina era agrande, de esas que tienen la encimera apartada del mármol principal y con una mesa para seis personas a unos dos metros.

Pronto Izayo nos guió a lo que serían nuestras habitaciones. El pasillo que se divisaba des de abajo era largo, y conducía unas diez puertas, todas separadas entre si.

La primera habitación, cerca de la escalera, fue para sango, que entró con sus maletas haciendo caso a los padres de Inuyasha de que se fuera a dormir ya. La habitación contigua fue para Miroku, contento de estar cerca de su novia, que también entró con sus respectivas maletas. La siguiente, era ya mas entrado el pasillo y era mía, yo me giré y cogí las maletas que me extendía Inuyasha, pero me esperé para saber cual era la habitación de Souta y así, acostarlo y ponerle su ropa en los armarios para mañana. Su habitación fue la contigua a la mía, cogí su maleta y entramos los dos, cerrando la puerta detrás nuestro.

Me quedé impresionada. Su habitación era color salmón, baño incluido y un balcón, que daba al lago. Tenía una cama grande en el centro y un armario enorme a un rincón. La alfombra y el cubre camas era negro. conduje a mi hermano hacia la cama y él solo se acostó hasta que le diera el pijama.

Abrí su maleta y le coloqué la ropa en el armario en un momento, así como las cosas para el baño. Le ayudé a ponerse el pijama y le acosté. El no reparó en mi y se quedó dormido en cuanto se acorrucó en su cama. Le di un beso de buenas noches, como siempre y me fui a mi habitación.

Al entrar en mi habitación ya no me sorprendí. Era igual a la de mi hermano salvo que el cubre camas era de color rojo sangre, a juego con la alfombra de color negro. El balcón también daba al lago y tenía un armario muy grande, como el de mi hermano.

Deshice la maleta y lo guardé todo. Me puse el camisón, que me llegaba a los muslos y me aseé para irme a dormir. Antes de poder meterme en la cama sonó mi móvil, que yacía encima de la cama.

Era mi madre.

-si?- le contesté, saliendo por el balcón y apoyándome en la baranda.

-Kagome? Donde estás? llevo una hora esperándote y no vienes. Y tu hermano?

-te he dejado una nota en la cocina. Estoy de vacaciones con unos amigos y sus padres. Mi hermano también está aquí.

-quién te ha dado permiso?

-soy adulta mamá. Si puedo estar semanas sin veros a ti y a papá, me puedo ir de vacaciones. Te recuerdo que me cuido sola des de pequeña.

-pero... ¿cuando vuelves?

-dentro de tres días. ¿qué tanta urgencia?

-tu padre necesita tu ayuda. Has de declarar a su favor en un tribunal

-por qué?

-le acusan de fraude en su empresa, nuestro abogado dice que quizás tu favorable declaración le ayudará. ¿lo harás?

-por qué no me lo pide él?

-no está

-pues es lo mínimo que me puede pedir.

-¿lo harás?

-no lo se.

-es la semana que viene, Kagome. El viernes es el juicio y te recogeremos en casa, ya nos dirás algo, pero espero que la respuesta sea afirmativa. Adiós.

Por eso me llamaba. Ahora necesitaban mi ayuda y yo no sabía que hacer. ¿sería egoísta que, después de todo, me negara? Dejé que el suave viento removiera mi cabello y mi camisón. No supe cuanto tiempo estuve en ese balcón, la vista, la calma, me ayudaba a pensar. Al final desistí, pensando que al día siguiente sería mejor que hoy. Sonreí al recordar que estaba de vacaciones, y feliz. Ya tendría tiempo para pensar. Me encaminé a la cama y me adentré en ella. Me acorruqué y apagué la luz, esperando que el sueño me hiciera olvidar lo que sería una decisión muy importante. Pero me prometí que, al menos esos tres días, no pesaría en el futuro, si no en el presente. Pero hasta yo sabía que me sería imposible.

Eran las ocho de la mañana cuando abrí los ojos. Una tenue luz entraba por la ventana de la habitación, siendo ella, junto con mi despertador biológico, los responsables de despertarme. Estaba atravesada y de espaldas en la cama con la manta casi por la cintura. Me incorporé y pensé en lo que haría. No podía bajar a las ocho de la mañana, todos estarían durmiendo y sería muy grosero de su parte.

me levanté y me metí en el baño. Me preparé la ducha y me duché. Al salir, estaba notablemente mas relajada. me peiné y entonces me di cuenta de que el cabello me había crecido mucho des de la última vez. Lo tenía casi tres dedos mas debajo de la cintura y, como era normal, rizado en las puntas, que, al tenerlo escalado, las primeras puntas eran casi por la nuca. Eso hacía que tuviera el cabello, que caía por la espalda casi totalmente rizado, bueno, ondulado raro. Decidí cortármelo flequillo, ya que también me había crecido. Una vez hecho esto salí a vestirme. Me puse unos pantalones, mas bien mallas, que eran de esos caídos y que acababan un poco mas debajo de la rodilla. Me puse una chaqueta de tirantes y una chaqueta fina encima del chándal con capucha.

Salí de la habitación y me dirigí hacia la cocina. Como había previsto, no había nadie, pero necesitaba mi famoso café. Miré en los armarios de la cocina hasta dar con una cafetera parecida a la que tenía en casa.

La cafetera era de esas que les pones agua y café molido (que había en la nevera) y la cafetera encima para que, cuando el café subiera, no cayera fuera. Sabía preparar el café des de pequeña, ya que se lo hacía a Kaede. Cuando se lo prohibieron los médicos, yo ya me había aficionado a él sin remedio. Estaba yo tan ensimismada en la preparación de mi café cuando una voz me hizo dar un salto.

-buenos días- me giré asustada y allí estaba Izayo, apoyada en el mármol mirándome.

-buenos días. Lo siento, es que me levanto pronto y estoy acostumbrada a el café y tenía hambre y no he podido evitarlo y...- mis excusas eran balbuceada por culpa de la vergüenza, pero ella no me dejó acabar de excusarse.

-no te encojas ante mi, cielo. No me has de pedir perdón. ¿sabes hacer café de cafetera?

-si, me gusta con estas cafeteras y no con las otras, el café sabe mejor.

-yo con esas no me llevo, se me quema el café. Pero ya me dijo Inu que te encantaba el café. Yo también tiendo a levantarme pronto, al contrario de mi marido, que le gusta dormir. Va que te ayudo al hacer el desayuno.

Así las dos pusimos las tazas con la leche y nos hicimos las tostadas con manquilla y mermelada, asombrosamente había paté y pude comérmelas con su exquisito sabor. Cuando el café se hizo, nos lo repartimos, dejándoles café a Miroku (que le encantaba mi café) a Sango, Inuyasha y a su padre. Hablamos de las historias de la casa y de los alrededores, una historia no fuera de lo común. Al acabar, me ayudó a recogerlo y me propuso dar una vuelta por el lago.

El lago era enorme. El agua, cristalina y calmada, reflejaba el cielo como si fuera el suelo en vez de cielo. Durante el paseo me preguntó cosas de mi. Se las contesté todos, como la relación entre Inuyasha y yo, cómo nos conocimos, mi relación con Miroku y sango y por último mi hermano.

-inu no me dijo mucho, pero no me dejó llamar a tus padres para proponerles el que vinieras. Me dijo solamente que no teníais la relación normal entre padres e hijos. Me dijo que solo vendrías si venía tu hermano, que no podías separarte de él. ¿cómo es eso?

-la verdad es que no hay mucho que contar. Mis padres no están nunca en casa y cuido a mi hermano des de que es un bebé. Es como mi hijo, pero nada que merezca la explicación o la curiosidad- le dije en indirecta.

-lo siento.

-no, es normal que preguntes. Pero no soy la típica chica común, soy una con manías responsabilidades y, según Inuyasha, un humor de perros.

-yo no creo que seas tan mala- dijo y yo paré de andar sorprendida.- mi hijo no ha tenido muchos amigos. Antes de que cumpliera los 18 siempre iba con nosotros de un lugar a otro, eso se lo impedía. No se hace amigo de todo el mundo, o si no, no como lo es de ti o de tus amigos. Cuando me contó sobre ti, me di cuenta de que tu, a diferencia de otras novias o amigos que había tenido des de pequeños, tu eras diferente, y ya se porque.

-por qué?

-eres lo que le complementa. La única que se atreve a contradecirle, a prohibirle, eres lo que necesita y eso se le nota al hablarme de ti. Y lo entiendo, lo que te diferencia de los demás es lo que a él le gusta de ti, la diferencia dentro de lo habitual. A mi me encanta como eres, cielo, soy como él en cierto modo, me alegro de que seas su amiga.

-pero, a veces, cero que le ato mucho a mis responsabilidades, Souta por ejemplo. Me siento mal en atar a mis amigos a esto, tengo suficiente con soportarlo yo.

-eres la clase de persona responsable, solitaria que prefiere ayudar a los demás aunque el hacerlo no te beneficie, al contrario. Sobre lo que he visto, te escondes dentro de ti misma para no sufrir, o haces como que no sufres para que ellos y él en especial no lo hagan y se preocupen.

-cómo...?

-tus ojos, cariño, tus ojos. Son como espejos. Se iluminan cuando ves a tu hermano, a tus amigos y a mi inu, pero se apagan cuando te sumes en tu silencio y piensas. Sufres y él lo sabe, como lo saben tus amigos, sufres en silencio por ellos, y tus ojos lo reflejan para los que lo sabemos mirar, cielo. Pero sabes que si pasa algo, me tienes a mi y a tus amigos. Me has caído bien, tienes mi confianza. No lo olvides.

Yo me giré llorando a mirar el lago. Lo que me había dicho me reflejaba, y que me lo hubiera dicho ella me desmoronaba. La conversación con mi madre la noche pasada, las peleas con mi padre, las preguntas de mi hermano, los días que pasaba sola en casa de pequeña me llegaron a la mente. Sentí el abrazó de Izayo detrás mío que me consolaba, y por una vez, no me oculté ante nadie. Me giré y lloré en su pecho mientras ella me consolaba.

-sabes?- le dije cuando después de haber llorado nos sentamos en el suelo a la orilla del lago- no pareces una madre. Inuyasha se parece a ti.

-bueno, en lo bueno se parece a mi, pero en lo malo, como la arrogancia y la seguridad es de su padre. Pero bueno, es lo que hay.

-¡¡MAMÁ!! ¡¡KAG!!!- era Inuyasha que me llamaba des de la cocina. Izayo se rió y, poniéndose en pié le gritó que ya íbamos.

Sonriendo como hace mucho que no lo hacía, me adentré en la cocina con ella, para esperar a el resto de lo que era mi familia, mis amigos, mi apoyo.

Vaya la vida de Kagome ¿eh? Ahora la pobre es adoptada

¿qué mona la madre de Inuyasha, verdad?

Bueno ella la verdad no tiene un papal muy importante, pero bueno, en algo tiene que brillar.

Se que se ha notado el cambio que han hecho Inuyasha y Kagome, pero dos personas con un carácter tan compatible no puede evolucionar de otra manera.

Así que en el siguiente capítulo, sabremos como siguen las vacaciones.

Bueno pues espero que hayáis disfrutado mucho.

Saludos a que han leído my fic y a cada uno de los que me han agregado a favoritos. Me hace mucha ilusión.

DEJEN REVIEWS por favor, me gustaría que, todo aquel que se lea mi fic, me deje un review con críticas, opiniones u opciones para capítulos posteriores.

Para mi son importantes.

Bueno dicho lo importante

saludos a:

kagomekatheryne: garcias por tu review y claro que seguiré con mi fic (eso espero)

Sawitoop: me alegra que tu visa sea de color de rosa, pero la de kag puede cambiar...

angie1791: Saludos des de España y gracias por leer mi fic.

Klau Kaulitz: sis-cuñi, espero que lleges a este cap y que te haya gustado

Ankin: mi hija-sobrina!!! besos y por tu vis espero que actualices pronto bonita (posibles instintos asesinos)

besos a los que no he mencionado

Hasta la próxima

Andaira