Ok, aquí vamos con el cuarto capítulo, espero que les vaya gustando este fic. Lo siento por la tardanza, esta vida ocupada no me deja tiempo para nada, así que les agradezco que no se tomen a mal la tardanza.

Ahora sí, el capítulo:


Familia


Después de un rato de alegrías y juegos -sobre todo entre padre e hija- la pequeña Minerva cayó presa del cansancio y le llego la hora del sueño -como si no hubiera tenido que ver todas los panecitos suaves dulces que Kensou le dio, a pesar de las advertencias de Athena en cuanto a la hiperactividad por el azúcar-. Una vez que la dejo dormir en su cuarto, regreso para ver todo lo que el pequeño tornado purpura dejo a su paso, y de paso sentía la mirada de su amada que claramente le decía "te lo dije". El castaño solo se encogió de hombros: el había llegado a hacer mucho mas desastre. Esto no era nada en comparación.

Mientras recogían las sillas y los cojines de la sala -para su edad, Minny es muy, pero muy rápida- a Athena una idea le rondaba su mente:

-¿Kensou puedes hacerme un favor?-

Le preguntó mirándolo con una mezcla de dulzura y amor casi idéntica a la de Minerva, solo que sin ese muy sutil toque de la niña.

-Si, dime.

¿Podrías cuidar mañana a Minerva? Tengo que ir buscar un departamento.

En ese momento el mundo de él se detuvo. No, no otra vez:

-¿Qué? No...

-Pero Kensou, yo...

-No Athena, por favor no. No voy a dejar que vivan en algún departamento sucio e inservible. No. Minerva y tú van a vivir aquí... conmigo...

-Pero no puedo llegar aquí así como así...

En un intento de desesperación, Kensou sostiene el rostro de Athena con ambas manos para que lo mirara a los ojos, lo cual le permitió a la mujer verlo a esos iris donde le mostraba esa alma rota que tenía antes de su regreso:

-Mira... mírame a los ojos ¿Ves... lo que soy sin ti? Observa...- señaló hacia el bote de basura lleno de botellas de licor vacías: -Eso es lo que soy sin ti- dijo derramando un par de lágrimas.

Athena se conmueve por la imagen de el quebrándose por segunda vez en el día, después de años de no haberlo visto así.

-Siempre he soñado con formar una familia contigo-, dijo pasando de tomar el rostro de Athena a sus suaves manos: -Esto no es una imposición. Minerva es mi hija también. Voy a cuidar de ella y asegurarme de que tengan todo lo jamás podrían desear.

Athena sonríe ante esta última frase, enternecida al ver de vuelta al chico que conoció:

-¿Y entonces... te quedas?

Se miran directo a los ojos antes de que ella diera su respuesta:

-No me iré más... al menos no por voluntad propia.

Se abrazaron fuertemente sintiendo el calor de ese ser amado que tanta falta les hacía.

-¿Tienes... algo de Minny cuando era una bebé?

-¿Que pregunta es esa? Claro. Le saque muchas fotografías, pero las deje en el maletín que tenía en la entrada.

-Entonces...- el castaño extiende su brazo, -¿vamos por sus cosas, bella dama?

-Me seria de gran ayuda, amable caballero- responde aceptando el gesto y saliendo de la sala como esa pareja que habían sido a escondidas... pero ya no más.


-Athena, dime ¿que clase de padre soy?

-Uno que hace un par de horas se entero de que lo era y al que no culpo por dejar dormida a su hija mientras fuimos por las cosas a la entrada del dojo.

Ambos sonríen por esos comentarios: si bien Kensou se siente un poco culpable con esto, ella sabe mejor del tema. No hay de que preocuparse.

-¡Espera! Se me acaba de ocurrir algo: ¿Por qué no adaptamos tu antiguo cuarto para que sea el cuarto de Minny, junto con un área de juegos?

-Hmm... Me suena interesante eso... ¿Pero donde dormiría yo?

-Bueno, estaba pensando en... tu sabes...

Kensou no podía expresar lo que trataba de decir, a pesar de haber ya compartido intimidad con Athena en ese momento se sentía como el mismo puberto que no se le podía declarar. Ella, no obstante, entendió el mensaje, por lo que -fuera de lo que ella acostumbra- pone las manos en su cuello para que queden a una altura similar:

-Me encanta su propuesta. Creo que me gustaría tomarle la palabra...- le susurro al oído.

Al pobre se le subió el sonrojo de manera rápida, tanto así que solo pudo salir de su trance con un beso de la mujer que ama.

-Bien, creo que esa respuesta la puedo tomar como un si-, dijo aun sonrojado. -Pero en serio, ¿que le podría poner a Minny para decorar su cuarto y su área de juegos?

-Bueno, le gusta todo lo relacionado a la cocina, especialmente devorar la comida y no dejar nada de alimento para los demás... tenía que ser hija tuya, querido.

El solo se encoge de hombros.

-Pero... creo que desde ahora la tenemos que entrenar.

-¿Debido a la mezcla de tu ascendencia y la mía?

La pelipurpura asiente:

-No sé si Minny sea capaz de soportar tanto...- responde Athena un tanto cabizbaja, a lo que su amado se acerca a ella:

-Sabes, por eso es que nosotros, como sus padres, estaremos allí para ella. Se lo que la gente es capaz de hacer, y créeme que la voy a defender a toda costa. Lo que decida hacer cuando crezca, aquí tendrá a su padre, para apoyarla.

Después se sucede un intervalo de tiempo en el cual compartieron un silencio hasta que fue roto por Kensou:

-¿Que es esto? Dijo señalando al interior del maletín una cajita que decía 'Minny'.

-Son todo lo que tengo de Minerva desde que nació. ¿Quieres verlo?

Kensou asiente, y se acomodan en las sillas frente a la mesa de la cocina para ver las diversas cosas.


-Todo lo que me perdí... habría dado lo que sea para acompañarte...

-Pero de ser así... tal vez no seguiríamos... con vida... A veces lamento haberlos dañado tanto... a ti y a Minny...- dijo entre sollozos al final.

-Ya... tranquila... eso ya paso. El punto es, que ya estamos juntos: tu, yo, y...

En ese momento se oyen los gritos de...

-...Minerva.

-Um, ¿por qué vas por ella?

Athena había sido madre desde hace un tiempo y Kensou se acaba de convertir en padre -con conocimiento de causa-. Ella pensó que deben acomodarse gradualmente en el trabajo con algunas tareas sencillas a la vez.

-¿Yo? ¿Cómo?

-Por favor, se que puedes. Si pudiste sacar el dojo adelante con el maestro enfermo y unos Bao y Momoko aun muy jóvenes, puedes con una pequeña niña.

Y tras la frase, lo fue empujando poco a poco -tampoco es como si este opusiera mucha resistencia- hasta que lo hizo entrar en el cuarto en el que estaba su hija.

Kensou entró en su habitación en la que Minerva estaba llorando. Sus ojitos color café brillaban mientras ella lloraba y sus mejillas manchadas de lágrimas rompieron su corazón.

Minny dejó de llorar y miró al hombre por unos momentos.

Por un instante se había olvidado quién era y dónde estaba. La tarde recién pasada volvió a ella y sonrió al recordar quién era:

-¡Papi!- Ella levantó los brazos, a la espera de ser levantada.

Kensou se la llevó a la sala de estar cuando Athena había iniciado a buscar algo para cocinar.

-¡Hambee!- la pequeña se quejó.

-Estoy en eso cariño, ¿porque no mientras dibujas algo?

Minny asiente mientras agarra sus colores y empieza a colorear.

-¿Perdone, pero quien le dio permiso para usar cosas de la cocina?- Pregunta Kensou en tono de juego.

-La misma persona que me dijo que viviría aquí desde hoy y que dormiría con el-, responde Athena con el mismo tono.

Ambos sonríen y proceden a preparar un aperitivo.


-Me hubiera gustado estar allí-, dijo el castaño con tristeza al ver una selfie de Athena, con el rostro de cansancio debido al parto, pero a la vez con una ligera sonrisa, cargando a una recién nacida Minerva. Sólo podía imaginarse a sí mismo en esa habitación de hospital, radiante de felicidad.

Él hubiera deseado que la primera vez que llegó a cargar su hija hubiera sido justo después de nacer y no tiempo más tarde.

-Papi, mami.

Una pequeña voz atrae la atención de los adultos.

-Miren-, dijo señalando un dibujo con una capucha roja: -Esta soy yo-, dijo señalando un monito con una canasta y una capucha roja, para posteriormente señalar a los dos más grandes que estaban a los lados -y estos son ustedes- señalando a un espantapájaros y una chica granjera.

El padre de la niña le dedicó una mirada de duda a su mujer:

-¿Mago de Oz?

-Fan del cuento.

-Al menos no dibujó dragones o mitología griega, lo cual me alivia.

-Aun le falta crecer... Quisiera que se quedara así...

-Ya somos dos...

Tras esta plática entre adultos, voltean a ver a su hija, sin saber exactamente que decir en cuanto a su obra:

-¿Les gusto?

Sin embargo, al ver la carita de ilusión de Minny, decidieron dejarlo así, abrazarla, y poner el dibujo en el refrigerador, como un recuerdo de la familia... su familia.


Continuara...