Cuando todo termine
Capítulo 4. La ilusión del espejo
Empezaba a oscurecer y Kagome se encontraba ya en su casa. El resto del día la había pasado bien, en la escuela, con su vida normal, como si nunca hubiera ido al Sengoku Jidai. Pero ya en su habitación, la amargura la embargaba y caía en cuenta que haber conocido a Inuyasha no había sido un sueño. Era en esos momentos cuando más falta le hacía sus ojos, su voz, su sola presencia. Extrañaba caminar días enteros buscando la perla, echaba de menos las risas de Shippo, las incoherencias del monje Miroku y la fortaleza de su amiga Sango. Pero sobre todas las cosas, añoraba al hanyou, con todo y su orgullo, su inseguridad, su nostalgia, su terquedad. Las peleas con el chico eran ya parte de su rutina. Si bien siempre salía lastimada por una u otra razón, prefería mil veces estar con él.
Se sentó en su escritorio con ojos llorosos, intentando apartar sus pensamientos de Inuyasha, pero todo le recordaba a él. Y ahí estaban los fragmentos de la perla, aquellos que en algún momento le permitieron viajar al pasado para conocerlo. Los tomó con sus frágiles manos y los observó detenidamente. Nunca se había percatado de lo hermosa que era esa perla, del brillo que irradiaba.
Su cabeza empezó a dar vueltas de nuevo a la situación. ¿Qué había pasado? ¿Por qué no podía regresar?
Acaso… ¿fui yo quien provocó esto? ¿Habrá sido mi deseo de volver a casa? No… nunca he hablado en serio cuando digo que no quiero regresar. Tal vez… no, mi misión de los fragmentos tampoco ha terminado. ¿Y qué tal si… si él… por fin se marchó con Kikyo? ¿Será él quien… quien deseó que yo ya no regresara?- La voz de la chica era apenas un murmullo, y las lágrimas corrieron a mares por sus mejillas.
Entonces, los fragmentos de la perla perdieron su brillo y comenzaron a oscurecerse. Su color pasó a ser prácticamente negro y Kagome se sentía cada vez más llena de dolor, angustia, coraje, rabia. Ella no se merecía esto, ella llevaba perfectamente su vida normal antes de conocerlo. Estaba segura que él era el culpable de todo su sufrimiento. Su corazón palpitaba exaltado, no podía pensar bien. Si vista se nubló de la nada y se desvaneció ahí, sentada en su habitación.
En la época antigua, Inuyasha gastaba las últimas energías que le quedaban para lanzar un último ataque a Naraku. Éste, siendo protegido por sus extensiones, se reía malévolamente mientras veía al medio demonio debilitarse cada vez más.
- Esa chica era un estorbo para mí Inuyasha. Sus poderes espirituales solamente interfieren en mi misión de acabar contigo y recuperar la perla.
- Mhm… ahora entiendo… hiciste que volviera a su época porque le tienes miedo maldito. Sabes que ella es muy fuerte y que un ataque suyo podría acabar contigo y purificar por completo la perla, ¿verdad? Es por eso que la obligaste a marcharse.
- No Inuyasha… tú fuiste quien hizo que se marchara, ¿recuerdas? Tú fuiste quien la lastimó y quien provocó que su alma se volviera oscura, igual que como hiciste con la tonta de Kikyo. Te aprovechaste de su amor por ti, tú sólo las utilizas para conseguir la perla porque para eso nacieron.
- Eso… eso es una mentira. ¡Tú qué sabes de lo que quiero! Además, ella no es como Kikyo. Ella cree en mí como nadie lo ha hecho, y yo… ¡yo jamás querría que se marchara! ¡Ella nació para estar conmigo!
Y con esto, el chico de ojos ámbar lanzó un último ataque con todas sus fuerzas, destruyendo todo lo que se encontraba a su paso. La niña del espejo se interpuso entre el demonio y el ataque para que Naraku escapara con Kagura. El espejo comenzó a partirse, pero logró devolver una parte de las lanzas y lastimando nuevamente a Inuyasha, quien cayó desmayado en el palacio.
Continuará...
Ya tengo lista la siguiente parte pero quiero revisarla primero, prometo no tardar tanto. :) Gracias por sus reviews!
