Hola mis queridos lectores, disculpen el retraso, pero por fin traigo nuevo capi n.n

Millonesimas de gracias a:

Rachel

Aydan Sebby-chan

Akashoujo948

Unmeysil 3

Annyelyca

Shadechu Nightray (senpai *o*)

ArYune Le CrOacK

The princess of the Butler (¬o¬)

Alexa Michaelis

Muchas gracias por sus hermosos y divertidos reviews, créanme que me hacen muy feliz :´)


DISCLAIMER: Kuroshitsuji y sus personajes pertenecen a Yana Toboso :)

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Capitulo 3: Ese Demonio un Mayordomo

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En ese momento lo único que ella quería creer, era que estuviera teniendo la misma pesadilla que tuvo por la mañana, pero como una bofetada a la realidad, su realidad, salió de aquel pensamiento al ver el estado en el que Sara se encontraba y sentir la sangre resbalar por una de sus manos. ¿Cómo había pasado esto? Si ella no se hubiese empeñado y aferrado a la idea de escapar para conocer aquella vida de la que fue alejada, Sara estaría bien. Era su culpa y nada más que su culpa, y ahora estaban las dos ahí en medio de aquel bosque, ella con el rostro lleno de dolor y entre lagrimas mientras Sara agonizaba. —Es mi culpa.

—N-no, no quiero que tú… Te culpes.

—Pero… — la niña negó con la cabeza y con la poca fuerza que le quedaba, tomó una de las manos de Maylene.

—Pase lo que pase… No t-te rindas y… Gracias Maylene… Gra-gracias por todo… —Sara hubiera querido decirle más cosas a la chica, pero el momento en que ella sentía que ya no podría más, solo pudo expresar aquellas palabras anhelando que la chica siempre las recordara. Maylene la observo aun más dolida mientras Sara dibujaba una débil sonrisa en sus labios. En ese momento la pequeña comenzaba a cerrar los ojos y la chica le rogó entre lagrimas que no lo hiciera e inútilmente pidió ayuda, pero ya nada se podía hacer y tras dejar caer su mano con la cual tenía sostenida la de la joven, la vida de la pequeña se apago. Maylene la tomó con más fuerza entre sus brazos mientras sus sollozos se intensificaban aun más y con desesperación la llamo una y otra vez.

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Él, seguía observando mientras sus ojos en la penumbra de la oscuridad destellaron de anhelante deseo. La magnífica y exquisita escena de aquella pobre alma mortal que se quebrantaba, era más que perfecta. Odio, desesperación, sufrimiento y culpa, todos aquellos sentimientos provocados al haber forjado un vinculo con aquella niña y luego este ser destruido al momento de que se la arrebataron. Sin duda los seres humanos eran débiles al ser poseedores se sentimientos inservibles que los hacían vulnerables, lo cual solo le daba ventajas a un ser como él para manejarlos y tentarlos.

¿Te han quitado al único ser que te hacía mantenerte en pie y lo único bueno que habías encontrado en este mundo?… ¿Qué estarías dispuesta hacer? —se pregunto así mismo aquel cuervo que irradiaba deseoso por aquella alma que estaba a punto de sucumbir a él. Extendió sus alas con elegancia y gracia para levantar el vuelo y descender hasta el suelo. Al estar de pie en el pasto, su forma animal había adoptado por la de un ser etéreo que poco podía distinguirse, pero que aparentaba una forma humanoide. Con cada paso que daba, el bosque se estremecía al sentir la imponencia de su presencia mientras el ambiente comenzaba a emanar su esencia.

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El cuerpo inerte y sin vida que ella aferraba y acunaba en sus brazos, lo miraba con esperanza inútil a que volviera a la vida, aunque sabía que esto era imposible. — ¿Por qué? Ella no lo merecía —si, era injusto y su llanto se intensifico aun más. ¿Cuándo fue la última vez que lloró y se prometió a sí misma no volver hacerlo? Fue cuando aquella mujer la castigo con crueldad; tenía más o menos la misma edad que Sara por ese entonces y ella había robado un poco de pan de la cocina para dárselo a un pequeño gato que tenía hambre, había sido descubierta por la misma Jane, quien la acuso y Madame Babette la encerró en el sótano tras haberle dado varios azotes. Aquel dolor que sintió, había sido tan solo físico y no era ni por asomo al dolor que sentía en esos momentos.

El no era impaciente, podía esperar el tiempo que fuese para que lo llamará, pero está vez el tiempo apremiaba y sus captores se aproximaban, y lo que era peor, se dio cuenta que la joven comenzaba a tener pensamientos suicidas al perder su mirada a la nada y perder toda esperanza de una posible salvación, podía notar cómo se rendía al ya no verle sentido a su vida... ¡Tonterías! El no iba a permitir que un alma que le prometía ser digna de alguien como él se desperdiciara de esa manera. Esa alma ya era suya sin que ella se la hubiera ofrecido, así que estaría dispuesto a tentarla e incitarla a tomar el camino hacia él, ciertamente el no recurría a esos métodos de llegar sin ser invitado, pero últimamente su existencia se tornaba monótona y aburrida, así que él quería cambiar eso, por lo cual, aquella humana le aseguraba eso.

Un acantilado estaba cerca y con ello el acto cobarde de arrojarse y terminar con su sufrimiento, porque ella no estaba dispuesta a regresar a la vida que por mucho tiempo llevó y perdía interés en saber que había tras esa vida desconocida que estaba ansiosa por conocer antes de que Sara muriera. Sus ojos parecían hipnotizados al tener la mirada puesta en el acantilado y tuvo la intención de levantarse para aquel cometido; a unos pocos metros de ella, él, con la intención de detenerla y a unos varios un poco más alejados las personas que la perseguían con la intención de llevarla de regreso a su infierno. De pronto, la joven sintió el roce de algo resbalar por su muñeca y su vista se clavo en la pulsera que le había obsequiado Sara, mientras en su cabeza fugaces recuerdos de lo que había vivido con ella y sus últimas palabras se formaban con insistencia como prohibiéndole llegar a esos extremos. ¿Sería así? ¿Realmente dejaría que todo se redimiera a eso? Decisiones y miles de pensamientos danzaron en su mente… No, así no terminarían las cosas y no lo haría solo por ella, lo haría aun más por Sara. Miro el rostro de la niña y acarició su mejilla, mientras sus ojos recobraron un poco su brillo y entonces deseo tener la fuerza para enfrentarlos, porque no huiría y daría lo que fuese sin importar que, con tal de que pagaran. Se sentía decidida, pero a la vez angustiada y un poco temerosa. —Cualquier cosa —se dijo a sí misma la chica.

Ahí estaba lo que él ansiosamente esperaba, no necesitaba más, así su figura altiva e imponente emergió de la oscuridad que rodeaba el bosque. Maylene miraba como algo se acercaba, ¿serían ellos? No, no eran ellos. Su mirada se centro en aquello que se aproximaba y sus ojos se abrieron por completo mientras un escalofrío y el inevitable miedo inundaba su cuerpo al tenerlo por completo frente a ella. Jamás en su corta vida había visto algo parecido y como si le hubieran arrebatado el oxigeno respiro con dificultad. Aquel ser la miro con sus ojos que destellaban un brillo rojizo y violeta, cuya mirada parecía traspasarla.

¿Cualquier cosa? ¿En verdad estarías dispuesta a dar cualquier cosa?

Su cuerpo tembló y se sintió tan pequeña e insignificante al lado de ese ser que parecía regocijarse del caos y miedo que provocaba en ella. — ¿Qui-en…? ¿Qué eres tú? —tomando fuerza de dios sabe dónde, se atrevió a preguntar aquello, a lo cual aquel demonio sonrió de una manera que ha Maylene le causo sensaciones escalofriantes.

No es cortes contestar con otra pregunta, pero si me contestas a lo que yo te pregunte, tal vez te lo haga saber, de cualquier forma me parece que si lo sabes.

Maylene se estremeció aun más y en verdad deseaba que sus pensamientos estuvieran errados a lo que estaba imaginando. ¿Realmente ese ser estaba frente a ella? Qué tal si estaba perdiendo el juicio al punto de volverse loca. El miedo no la dejaba pensar claro, pero si realmente era lo que estaba imaginando y la pregunta de ese ser evidenciaba lo que ambos buscaban y querían, entonces ella debía dar marcha a ello.

¿Tu, estarías dispuesto ayudarme?

¿Y tu si… Estás dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias?

Pensé que habías dicho que no era cortes contestar con otra pregunta.

Hasta alguien como yo puede ser algunas veces benevolente, te estoy dando la oportunidad de pensarlo, pero date prisa porque se están acercando.

No había nada que pensar, él sabía lo que ella diría, ya que lo único que él quería, era poner bajo más presión a la joven; que en esos momentos ya no podía pensar en los pros y en los contras de lo que estaba a punto de decidir. Maylene miro con cierto recelo a aquel demonio y tras dar un hondo suspiro hablo con firmeza…

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— ¡Maldita sea! ¿Dónde rayos se metieron? —Edmond maldecía una y otra vez mientras buscaba con la poca luz que le brindaba la Luna, hasta que uno de sus hombres se acerco apresuradamente a él y le decía que habían encontrado sangre fresca por el lugar, así que guiándose por aquel liquido carmesí se fueron acercando más a Maylene y repentinamente escucharon un pequeño grito de dolor que los puso alertas y corrieron en dirección donde lo habían escuchado. La escena que presenciaron a continuación, fue más que desconcertante, pues ante ellos se encontraba Maylene con aun el cuerpo sin vida de Sara en uno de sus brazos, mientras que con la otra mano se tocaba la parte alta del pecho del lado izquierdo, respirando con dificultad y tras alguien que se encontraba frente a ella con una rodilla en el suelo, la cabeza inclinada en señal de respeto y la mano izquierda posada en el pecho. Ambos se dieron cuenta de la presencia de los recién llegados y aquel ser hizo una leve sonrisa.

— ¿Hay algo que usted desee? —pregunto aquel hombre frente a la chica mientras seguía en la misma posición.

—Sí, quiero que paguen por lo que le hicieron a Sara. ¡Mátalos! —aquellas palabras habían sido pronunciadas sin ninguna vacilación y con profundo odio, lo cual provoco una sonrisa más pronunciada en aquella "persona" frente a ella.

Yes, my mistress —aquella "persona" por fin se levanto aun dándole la espalda a los recién llegados y la Luna vislumbro a un hombre de cabellos negros y que vestía con un traje negro.

— ¿Qué diablos significa esto? ¿Quién eres tú? —pregunto Edmond y apuntando con el arma en sus manos a aquel hombre.

— ¿Yo? Yo solo soy… Un simple mayordomo —dijo viéndolo por encima de su hombro y sonriendo. Edmond frunció el seño y disparo contra él, pero repentinamente había desaparecido de su vista y encontrándose tras ellos se coloco un par de guantes blancos que saco de sus bolsillos. —Los seres humanos son tan predecibles —tanto Edmond como sus hombres se sobresaltaron y miraron impresionados al mayordomo tras ellos, a lo cual, él dejo relucir el destello demoniaco que lo caracterizaba en sus ojos mientras una sonrisa siniestra surcaba sus labios.

Maylene estaba desde su sitió observando aquel espectáculo que comenzaba a tornarse sanguinario, despiadado y violento. Aquel ser se tomaba las cosas con una diversión retorcida al escuchar los gritos de terror y suplica de sus enemigos, pues al ser los enemigos de su nueva contratista, eso los convertía en suyos también y por ende podía darse el lujo de manejar las cosas como mas le placieran mientras Maylene no le ordenara lo contrarió. La chica no aparto la mirada en ningún momento, miraba con algún extraño sentimiento de morbo como Edmond y sus enemigos eran destazados, aun así, no sentía algún tipo de satisfacción, pero tampoco culpa o arrepentimiento por ello. Miro como inútilmente luchaban con aquel demonio que sin ningún esfuerzo esquivaba desde golpes y los disparos que detonaban con sus armas, como uno de ellos intento huir aterrado y aquel ser le daba alcance para atravesarlo con la mano, como Edmond la miro estupefacto, preguntándole con esa misma mirada "¿qué había hecho?" y arrastrándose hacía ella por la falta de ambas piernas. Su mano se elevo un poco queriendo tocarla ante el deseo de cumplir la orden encomendada por Madame Babette, pero al momento de encontrarse a unos pocos centímetros de ella, aquel ser que había aniquilado ya a los otros, se aproximo a él, lo miro con seriedad y con el pie le aplasto la mano con tal fuerza que se la destrozo, a lo cual el hombre grito de dolor e impotencia por no haber sido capaz de cumplir y no poder hacerle frente a alguien que le quedaba claro no era humano. El demonio termino con su trabajo al darle muerte a Edmond tras haberlo torturado por un rato, luego volteó a mirar a la joven que al ver al sirviente más fiel de Madame Babette morir por fin, también dirigió su mirada al demonio mayordomo. Inmediatamente se acerco a ella mientras cambiaba los guantes que había ensuciado a causa de lo que había hecho. La joven se estremeció ante la mirada que él le brindo y desvió instintivamente sus ojos de los de él.

—Ya está hecho, mi joven dama —Maylene solo atino asentir con la cabeza y luego mirar a Sara. —Podemos sepultarla, yo mismo podría encargarme de eso si gusta —dijo inclinando la cabeza y posando su mano en su pecho, dispuesto a acatar la orden si la joven se la daba.

—S-si, por favor —el demonio mayordomo asintió y tras adentrarse más por el bosque, comenzó con su trabajo y unos cuantos minutos después, Sara ya reposaba en la tumba que había hecho para ella. Maylene se arrodillo frente a la tumba y él decidió darle espacio alejándose hasta quedar al lado de uno de los arboles que los rodeaban. —Tú me diste las gracias antes de morir pero… En realidad debo ser yo quien te las de. Gracias pequeña, gracias por haberle dado salvación y luz a mi existencia —Maylene sonrió con melancolía y ternura para luego derramar unas cuantas lagrimas. Se mantuvo allí por un rato hasta que se levanto y dirigió hasta donde se encontraba aquel demonio.

— ¿Qué es lo que prosigue, mi joven dama? Aunque, aun no tratamos ciertos puntos que me gustaría discutir con usted —Maylene miro el suelo dudosa. ¿Qué debería hacer ahora? No se sentía con ánimos para pensar en ello y mucho menos para tratar esos puntos, pero tampoco podían quedarse en aquel bosque y ella no podía ignorar que debían hablar.

—Yo… —pero antes de que pudiera continuar, su cuerpo se desvaneció y antes de llegar al suelo, aquel demonio la sostuvo con firmeza para luego cargarla completamente. Al parecer todo lo vivido anteriormente habían terminado por agotar a su nueva contratista. Suspiro con resignación, al parecer le tocaba a él pensar y decidir qué hacer, lo que sería en buscar un lugar donde su joven dama pudiera reposar y descansar, ya que el amanecer estaba por llegar.

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Maylene abrió los ojos al escuchar el ruido que emitían los grillos y su mirada se poso en una luz que titilaba a un lado de ella, la cual era una vela encendida que alumbraba una parte de la oscura habitación donde se encontraba. Había permanecido durante un día completo dormida después de que se desmayara. Tallo sus ojos y se pregunto dónde estaría y sobre todo, donde estaría él, pues recordaba perfectamente los sucesos ocurridos la noche anterior.

—Buenas noches, mi joven dama, me alegra que ya este despierta —en una esquina de la habitación, se encontraba aquel demonio, que inmediatamente se acerco hasta estar a un lado de la cama en la que reposaba Maylene.

— ¿Dónde estamos? —la chica trato de reincorporarse para sentarse en la cama, pero aún se encontraba débil, a lo cual aquel demonio la ayudo para que lo hiciera.

—Estamos en una vieja choza que encontré abandonada —la joven la inspecciono con la mirada, ¿vieja? Aunque no era mucho lo que podía apreciar en aquella habitación, se notaba que no tenía nada de vieja y la cama en la que se encontraba era bastante cómoda. —Por supuesto tuve que hacerle algunos arreglos para que tuviera una mejor estadía, mi joven dama —dijo al notar la reacción de Maylene que lo miro con cierta incredulidad.

La muchacha se sentía bastante extraña y no era para menos, pues perder a una persona preciada y luego que un demonio se le apareciera repentinamente para después hacer un contrato con él, no podía calificarse como algo normal, era totalmente de locos y lo que era peor es que no sabía de qué manera actuar con ese ser que parecía no sentirse como ella y actuaba de forma tan natural, como si nada hubiera pasado e incluso como si se conocieran desde siempre. —Supuse que en cuanto despertara tendría hambre, así que le he preparado la merienda —el mayordomo se alejo para traer una mesita plegable, en la cual reposaba una taza de té de jazmines y un trozo de pastel de chocolate. Poso la mesita sobre las piernas de la chica y permaneció a un lado de ella para lo que se le pudiera ofrecer. —Le pido una disculpa por la simpleza de la merienda, pero… — Maylene miro el platillo y por supuesto no le pareció simple e incluso aquella rebanada de pastel le recordaba a la de la tarta de chocolate que Sara había comprado para su cumpleaños.

—Está bien, muchas gracias… Amm… ¿Cómo me dijiste que te llamabas? —pregunto la chica al no recordar el nombre de aquel demonio.

—En realidad aun no se lo he dicho —la chica se sintió algo tonta ante su despiste, pues era verdad que desde que se conocieron, esté no le había dicho en ningún momento su nombre. Se rasco la nuca y con la boca formo una perfecta o mientras tomaba la taza de té y miraba de reojo al demonio.

—Bueno, ¿cuál es tu nombre? —aquel demonio la miro con seriedad y luego ladeo los ojos en dirección a la vela, haciendo que sus ojos carmesí resplandecieron aun más.

—Puede llamarme Sebastián, Sebastián Michaelis —Maylene que estaba a punto de llevarse la taza a los labios, lo miro curiosa ante la expresión tan extraña que había hecho el mayordomo al decirle su nombre.

—Bien, gracias Sebastián —dijo para luego darle por fin un sorbo al té. Sebastián, que aun seguía manteniendo la mirada en la luz de la vela, salió de su transe al escuchar el ruido que hacía la chica al beber, luego frunció el seño al ver la manera en que le metía el dedo a la rebanada de pastel y lo probaba, para después arquear una ceja cuando vio que Maylene se limpiaba con la manga del camisón la boca, siendo que él; había colocado perfectamente a su vista una servilleta para que se limpiara. Al parecer la joven carecía de ciertos modales que él estaría gustoso de enseñarle, pues ciertamente aquel demonio había notado que la chica se había criado en un ambiente seguramente lamentable y por consecuencia no habría tenido una buena educación, ya que los harapos que vestía le revelaban ese hecho. Por esa ocasión lo dejaría pasar, pero si de algo podía estar seguro, es que él se encargaría de pulirla a la altura de una dama, como él la llamaba.

Cuando la chica termino de merendar, Sebastián retiro la mesa plegable colocándola en la mesita de noche. —Estuvo delicioso, gracias.

—Me satisface saber que le ha gustado, mi joven dama, ahora me gustaría que habláramos. Usted sabe que el pago por servirle es su alma, pero hasta ahora yo desconozco sus metas a cumplir, para que una vez alcanzadas yo pueda cobrar y reclamar lo que me pertenece —Maylene se tensó un poco al ver la forma en que Sebastián la miraba, como si en ese momento quisiera saltar sobre ella para devorar su alma, pero trato de calmarse y su mirada se endureció.

—Lo sé, pero antes yo debo conocer esas metas —el demonio mayordomo arqueo una ceja algo incrédulo, en ese momento la chica se levantó de la cama y se acerco hasta la ventana. La oscuridad no le permitía ver ni distinguir lo que había afuera, pero se quedó observando sin importarle esto. —Para comenzar a conocerlas, debemos hacerle una visita a alguien, así que en este momento iremos a verla —la joven ensombreció su mirada al tener la imagen de una persona en su cabeza y luego volteó a mirar a Sebastián, esperando que esté le reclamase molesto por su respuesta, pero el solo sonrió e inclino la cabeza llevando la palma de la mano al pecho.

—Como usted ordené, mi joven dama —tal vez si él fuera otra clase de demonio hubiera reaccionado de una mala manera contra la joven, pero el no conocer lo que le deparaba en el futuro al lado de esa chica le resultaba interesante y entretenido. Aun no conocía mucho de ella ya que las cosas se precipitaron al momento de hacer el contrato, así que no le importaba ir descubriendo de que estaba hecha la nueva alma que había escogido para devorar después.

—Antes de irnos, quiero que hagas algo…

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Maylene se encontraba cambiándose el camisón que traía puesto para ponerse el viejo vestido gris y con remiendos que solía traer, al principio se alarmo por no haberse dado cuenta de llevar puesta otra prenda y hacerlo cuando Sebastián se marcho por lo que le había pedido. ¿Acaso el la cambió de ropa? Sus mejillas se sonrojaron por este hecho, pero decidió restarle importancia en ese momento, ya que tenía que pensar en cosas más importantes. Al momento que subía el vestido por sus pechos recordó la marca del contrato que reposaba a la altura del lado izquierdo, lo observo y lo rozo con sus dedos, mientras a ella venía el recuerdo cuando Sebastián se lo colocó.

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(+ + +)

Dime, ¿qué es lo que quieres a cambio de tu ayuda?

Tu alma.

¿Mi alma?

Por eso te pregunte si estabas dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias. Ese es el preció por ponerme a tu disposición en todo lo que desees hasta que esto sea cumplido y yo pueda tomar tu alma.

Maylene escucho las voces de sus captores, estaban cerca y ella ya no podía demorarse en pensar que hacer, pero antes debía asegurarse que no corría peligro con aquel demonio.

¿Cómo sé que puedo confiar en ti?

¿Qué hago para demostrártelo?

Quiero un pacto de juramento por tu parte.

Aquel demonio la observo con una ceja arqueada. Parecía que aquella humana podía ser muy astuta y suspicaz, pero lejos de sorprenderse solo sonrió mostrando un par de colmillos afilados y acepto.

Quiero que jures que tu fidelidad, verdad y entrega serán solamente a mí.

La firmeza de aquellas palabras ensancharon aun más su sonrisa y no pudo evitar sentir cierto despreció por hacer ese juramento, era como si le colocara una cadena al cuello como a un perro y el sentía bastante despreció por esas criaturas como para sentirse como una de ellas, a pesar de que alguna vez ya lo habían tratado como uno.

Puedes contar con eso desde este momento, soy un demonio que sabe cumplir y nunca miente. ¿Te parece bien si ahora hacemos mi pacto?

Sí, adelante.

¿Cuál es tu nombre?

Maylene

¿Solo Maylene?

Por el momento si

Aquel ser comenzó a reír un poco ante aquella respuesta y se acerco a la joven con el fin de marcarla con el contrato que los uniría hasta que el pudiera tomar su alma.

Bien, ¿dónde quieres la marca del contrato?

¿Marca?

Es importante que la lleves, te explicare después porque, además de que hay otras cosas que aclarar. Ya no hay tiempo que perder ¿dónde la quieres?

Maylene escucho a los hombres de Edmond cada vez más cerca y se tocó el lado izquierdo del pecho, sentía un inmenso dolor en esa zona y se pregunto si la marca que le pondría aquel ser le causaría el dolor necesario para remplazar aquella.

Aquí…

(+ + +)

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La joven salió de sus recuerdos al momento que escucho el relinchido de unos caballos y de un carruaje afuera, inmediatamente termino de vestirse y ponerse los zapatos para después salir al encuentro con Sebastián y pudieran partir.

— ¿Está lista? —la chica asintió y con ayuda del mayordomo subió al carruaje seguida por él, a lo que el cochero inmediatamente puso los caballos andar.

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La hora que indicaba el reloj de bolsillo de Sebastián, marcaba exactamente las tres de la mañana cuando hecho un vistazo a este, ya habían salido de la villa y se encontraban por las calles de Londres. Maylene tenía la vista clavada en la ventanilla mientras él se mantenía estoico y mirándola. El silencio era sepulcral y bastante incomodo, para la joven aun le resultaba imposible que ese ser estuviera frente a ella, aun no terminaba por creérselo y no entendía porque de todas las personas del mundo, la vida la escogía a ella para vivir toda esa serie de eventos desafortunados. Giro su cabeza para mirarlo y se topo con ese par de ojos color carmesí que lucían realmente hermosos, no podía negar que el "hombre" frente a ella era sumamente atractivo, como si su rostro hubiera sido tallado por los mismos ángeles y su cuerpo esculpido por los dioses. Recordó como después de haberle puesto la marca del contrato, aquel demonio tomó aquella forma mientras se hincaba ante ella y la llamaba -Mi joven dama- Maylene no pudo evitar sonreír de forma boba y enrojecer al recordar salir aquellas palabras de aquellos finos y elegantes labios.

— ¿Se siente bien? —la muchacha sacudió la cabeza y balbuceo algunas palabras tratando de no delatarse a lo que estaba pensando, a lo que Sebastián sonrió de forma ladina y se cruzo de brazos. —Sí habla de esa manera no puedo entenderla, mi joven dama —Maylene enrojeció aun más, ese demonio había enfatizado de una manera tan elegante las últimas palabras a propósito con el fin de causarle un caos mental a la chica.

—E-estoy bi-en — inquirió de forma molesta y avergonzada, para luego llevar un mechón de su cabello tras la oreja y ocultando con su fleco el rubor que aun no desaparecía y maldecía internamente. Sebastián simplemente sonrió satisfecho a lo que le había causado a la joven, parecía que había hecho bien en adoptar aquella forma, eso le daba muchas ventajas para poder divertirse de vez en cuando con Maylene.

Al sentirse más tranquila, la chica paseo la mirada por el interior del carruaje, jamás imagino que algún día se encontrara en uno, lo que ocasiono cierta emoción en ella, pero esta desapareció instantáneamente al pensar en Sara. Ojala la niña estuviera con ella en esos momentos; realmente no quería recordarla con tristeza y con esa culpabilidad que aun la atormentaban, porque sabía que esto no le gustaría a ella, pero le era aun inevitable. De pronto su mirada se poso en una caja metálica que reposaba en medió de ella y Sebastián, la observo con un extraño brillo de satisfacción y sintiéndose un poco inquieta.

— ¿Se arrepiente de que llevemos esto con nosotros? —la mirada del mayordomo inspecciono la de la joven, tratando de escudriñar si había signos de arrepentimiento, pero la chica lo miro con firmeza y negó con la cabeza.

—No, quiero que sienta lo que yo sentí —Sebastián sonrió, desconocía las intenciones de la chica, pero era bastante obvio que la persona a la irían a ver era otro enemigo de ella y la joven quería causarle daño. El carruaje se detuvo y el cochero anunció que ya habían llegado a su destino. Sebastián fue el primero en salir para ayudar después a la chica a bajar, después tomo aquella caja metálica para ser él quien la llevara.

—Lamento mucho que no pueda adentrarme más, pero como ustedes comprenderán, ese sitió al que van es peligroso para mí —dijo el cochero desde su asiento y mirando unas calles más adelante.

—No se preocupe, entiendo su situación, le agradezco sus servicios —Sebastián pago al cochero y este agradeció de igual manera, para inmediatamente poner en marcha a sus caballos. Sentía curiosidad por aquellos dos, pues ver a un hombre que se notaba distinguido, educado y refinado, al lado de una chica que se mostraba todo lo contrario e ir a aventurarse por aquellos rumbos de los barrios bajos de Londres, era para mal pensarse y luego estaba aquella caja que llevaban. El hombre se estremeció y ante esto, prefería quedarse con la curiosidad a tratar de averiguarlo.

Maylene y Sebastián caminaron hasta adentrarse por los callejones. El aire de ese ambiente que la joven ya conocía, la envolvió al sentirse familiarizada con ella. La misma miseria de siempre se respiraba en ese lugar y la chica no pude evitar sentirse deprimida por volver respirar ese ambiente que reavivaba malos recuerdos y que estos se intensificaron más al estar frente a las puertas del que fue su "hogar". Sebastián ya iba entendiendo un poco la historia de la joven al ver sus reacciones cuando se adentraron por los callejones y al estar frente a ese lugar que era la raíz de todos sus males.

Maylene sintió un ligero temblor en la mano al querer llamar a la puerta e inmediatamente su cuerpo comenzó hacer lo miso. ¿Qué tal si Sebastián no estaba a su lado? Volteó a mirarlo pero su mirada se tornaba borrosa. ¿Qué tal si todo era producto de su imaginación y el no estaba allí? Sintió una inmensa angustia y desesperación. ¿Qué tal si estaba yendo a la boca del lobo y ella jamás hizo un contrato con él? La chica comenzó a retroceder al mismo tiempo que comenzaba a querer arrancarse el vestido para ver la marca de su contrato. Sebastián inmediatamente se acerco a ella y la tomó por los hombros para tranquilizarla.

—Mi joven dama, no hay nada que temer, estoy aquí con usted —Maylene sintió el agarre del demonio y se sintió realmente protegida y la seguridad que él estaba allí, así que se tranquilizo y con dificultad respiro con normalidad. Sebastián la observo detenidamente, al parecer su mente y sus miedos le había hecho pasar una mala jugada. —Era de esperarse… Al fin y al cabo eres solo una humana…

—… Lo siento… No volverá a pasar —tras decir eso, la chica se alejo de él y con decisión toco la puerta. Se sentía estúpida con la actitud que había tomado, pero al escuchar las palabras de aquel demonio recobro su compostura y Sebastián no pudo evitar reprimir una sonrisa.

La puerta se abrió y Jane asomo la cabeza, una sonrisa socarrona se dibujo en sus gruesos labios al ver a Maylene, pero esta se desvaneció al ver a su acompañante. ¿Quién era ese hombre? ¿Dónde estaba Edmond? Maylene entro seguida por Sebastián, Jane salió de su desconcierto e intento tomar el hombro de la joven, pero su acompañante se lo impidió tomándola repentinamente de la mano y mirándola de forma amenazante. La mujer estaba a punto de reclamarle pero esa mirada le helo la sangre y retrocedió asustada.

— ¿Dónde está ella? —preguntó la muchacha al momento de girarse a ver a la cocinera.

Jane giro su mirada mientras temblaba y tartamudeaba. —E-en su cu-cuarto —Maylene le indico a Sebastián que la siguiera y al momento que se perdían por el corredor, Jane se dejo caer en el suelo sentada y sudando frío, esa mirada la había aterrado por completo.

Los golpes en su puerta la despertaron súbitamente y preguntándose quién podría molestarla a esas horas se levanto de la cama furiosa, pero pensando que podría ser Jane anunciando la llegada de Edmond con buenas noticias de que había encontrado a Maylene se tranquilizó. Abrió la puerta con rapidez y desconcertada miro a la chica acompañada de aquel hombre vestido de negro, ese hombre que no era su sirviente más fiel.

— ¿Cómo está, Madame Babette? O mejor dicho Adelaida….


(…) (…) (…) (…) (…) (…)

Hasta aquí este capítulo. Bueno, espero que les haya gustado mis queridos lectores y lamento haber tardado a pesar de que había dicho que no lo haría, pero estuve muy ocupada y ni tiempo me daba de pasarme aquí u.u

Yes, my mistress… ¿Están de acuerdo que Sebastián llame así a Maylene cada que cumpla sus ordenes? Realmente me estrelle la cabeza en el teclado pensando en un Yes my _ y mi cabeza fue iluminada con esta, que se traduce como: Si, mi ama XD para ser sincera a mi si me gusta, pero que opinan ustedes?

Mi joven dama… Bueno, está me costó menos trabajo y tal vez les parezca simple, pero no quise usar Mi lady porque cuando Sebastián se dirija a otras mujeres será en este término y yo quería uno y exclusivo cuando se dirija a Maylene y este fue el primero que se me ocurrió XD

Espero que este capítulo merezca un review, realmente use (según yo) toda mi imaginación en cómo se darían las cosas y bueno, por ahora me despido, deseándoles un feliz fin de semana y… ¡Ah! Una pregunta: ¿Cuál es la verdura que más odian?

Nos leemos a la próxima ;)