Antes de empezar la lectura quiero hacer una pequeña aclaración. Estuve viendo en los reviews que algunos se preguntan qué mierda va a pasar jaja Solo para que sepan, tengo todo planeado (ahora es cuando respiran aliviadxs)

Ahora todo parece sin sentido, pero muy pronto lo va a tener. Soy consciente de las posibilidades y las consecuencias que va a tener que afrontar Max al haberse trasladado usando una fotografía en la que ella no se encontrara (es más, es parte de la trama esa problemática) El tema es que todo se va a ir revelando de a poco, porque si lo hiciera rápido no tendría sentido. Es decir, sería tipo: chau trama, chau suspenso! jaja así que no entren en panic que esta historia se va a tomar su tiempo para resolverse. Algunas cosas por ahí les parecen sin sentido ahora, pero prometo que todo va a encajar. Todo tiene su porqué, al menos en mi fic jajaj. Después de todo, sigue siendo ficción.

Aclarado eso, ¡gracias por leer y los dejo con la lectura!


Desaparecida

Me perdí en los transparentes ojos de aquel amigable espectro que me mantenía la mirada. Era la primera vez que me observaba tan fijamente.

Estiré el brazo hacia él, hipnotizada. El ciervo hizo un ademán hacia atrás, provocando que lo bajara.

—Tú...

Rachel, delante del místico animal, arqueó una curiosa ceja.

—¿Max? ¿Qué pasa?

—El ciervo...

—¿Ciervo? —Ladeó el rostro de izquierda a derecha— ¿Dónde?

—Detrás de ti. —contesté, pasando a su lado.

Quedé parada frente a ese extraño espíritu. Aprovechando su pasivo comportamiento, a comparación de otras veces en las que siempre salió corriendo, traté de tocarlo, pero el ciervo hacía lo imposible para evitar el contacto.

Rachel, en el mientras tanto, se dio vuelta y me miró cada vez más descolocada.

—Yo no veo nada.

—¡Está aquí! —Lo señalé— ¿No lo ves? —Volví la atención a él y levanté la mano, en esta ocasión más cautelosa, para acariciarle la cabeza.

—Max..., creo que esta vez de verdad tienes un mal viaje.

Ni siquiera la oí bien, poco me interesaban sus palabras. Estaba ensimismada en aquel espíritu como nunca. Y en un último y resignado tercer intento, acerqué la mano y rocé su cabeza. No sé porqué me petrificó tanto el hecho de traspasarlo. Era consciente hacía bastante de que ese animal no era como los demás. No estaba vivo. ¿Un fantasma? Quizás... El tema es que aún sabiendo eso no pude evitar sentir un helado escalofrío que me recorrió de pies a cabeza.

En medio de mi parálisis, él se fue hacia atrás y empezó a alejarse a los saltitos.

—¡Espera!—Comencé a perseguirlo— ¡Si estás aquí es porque quieres mostrarme algo! ¡Lo sé!

—¡Max! —Rachel me siguió y atajó mi brazo— ¡Hey, en serio! ¡No hay nada ahí, cálmate!

Le di un manotazo.

—¡Te estoy diciendo la verdad! —exclamé, para luego bajar la mirada un poco dolida por su desconfianza— ¿A esta altura no vas a creerme?

Ella acarició mi hombro gesticulando una penosa sonrisa.

—Entiendo tu punto. Pero esto es... algo difícil de creer.

Bufé. El ciervo ya no estaba, lo perdí de vista como siempre. Lo que sí se quedó fue mi curiosidad por su presencia. Estoy segura que por alguna razón apareció. Él siempre aparecía en los lugares más impensables pero que tenían que ver con la búsqueda que Chloe y yo comenzamos.

Levanté la visión y observé a la hermosa chica parada frente a mí. Ella amplió la sonrisa.

Sí, la búsqueda de Rachel Amber.

Acá hay una conexión que debo descifrar, tal vez es lo último que me queda por hacer para lograr irme del pasado. Quizás el ciervo es la clave de ello. Sé que quiere decirme algo, pero también sé que nada es certero. Además, parece ser que solo yo puedo verlo. Entonces, ¿es posible que sea una visión?, ¿que nunca estuvo aquí pero sí en mi mente? No sería la primera vez que lo veo en mis visiones. Hay una en la que siempre aparece: la tormenta. Sin embargo, estoy segura que en el presente no lo vi solo en visiones, sino también en la realidad. Cada vez que lo vi el encuentro se sintió diferente, justamente real. En cambio, ahora, si me lo pongo a pensar se sintió muy vago... Y me pareció en demasía extraño que se dejara acariciar.

¿Mezclé? ¿El ciervo nunca estuvo aquí?, ¿fue una visión?

—¿Max?

Regresé la mirada a Rachel, pensante. No estoy segura de nada, por ende, no debería obligarla a creerme. Y menos debería hacer un berrinche como el que acabo de hacer.

—Está bien, no hace falta que me creas. —dije. Rachel pestañeó.

—¿Y eso?

—Entiendo que es poco creíble. Y para serte sincera... —Me refregué el brazo, avergonzada—... es posible que lo haya alucinado.

Sus ojos se ablandaron. Me mantuvo la mirada sin decir nada. Parecía estar en una ardua batalla contra su mente debatiendo si creerme o no.

Cuando estaba por dar media vuelta para evitar esos penetrantes ojos que ya no podía sostener, Rachel llegó a una conclusión que me asombró.

—Max... No, tienes razón.

—¿Eh?

Adelantó un paso y rodeó mi cintura con los brazos.

—H-Hey...

Me abrazó fuertemente y, a mi parecer, sin razón alguna. No obstante, a esta altura ya no me sorprendía. Veo que era una persona bastante cariñosa, por no decir pegajosa.

—Perdóname. No voy a desconfiar de ti otra vez. —susurró en mi oído. Yo acomodé el mentón en su hombro, extrañada.

—¿Por qué ahora estás tan segura? —pregunté. Ella se tomó unos segundos para contestar.

—Porque salvaste mi vida. —Se reincorporó un poco para verme a los ojos—. Si hay algo en lo que pueda ayudar, solo dímelo.

Dibujé una tenue sonrisa. Este cambio de actitud era una rareza. Supongo que salvarle la vida realmente provocó un gran giro en su pensar.

—Sí, hay algo que puedes hacer por mí.

Rachel me sonrió de igual forma, aunque con un toque travieso, y se inclinó unos centímetros.

—¿Besarte?

Los colores treparon por mi piel hasta acalorarme la cara.

—Veo que recuperaste el sentido del humor...

—Veo que sí, gracias a ti. —Acarició mi mejilla tiernamente—. Pero no estaba bromeando.

—¿Huh?

Acortó más la distancia, tanto, que ahora podía sentir su cálido aliento sobre mis labios.

—Quiero besarte...

Puse las manos en su pecho, nerviosa.

—E-Espera, ¿por qué sigues con eso?

—¿No quieres? —Sujetó mi muñeca, obstinada—. Es por... ¿lo que pasó en el auto? Prometo ser más dulce esta vez.

Puta madre.

Solté un largo y exhaustivo suspiro.

—¿No piensas parar, no?

—Nop. —Sonrió, para luego inclinarse y besar mi mejilla—. Siempre consigo lo que quiero. Tú no serás la excepción.

—Hey, no soy un objeto.

—Claro que no lo eres. —Rachel reforzó el agarre en mi cintura, concibiéndome unos inevitables escalofríos. No sé si su mano era muy grande o qué, pero cuando me agarró y comenzó a desplazarla por la parte baja de mi espalda me sentí extremadamente pequeña comparada con ella—. Tú eres mucho más que eso, súper Max. —musitó, navegando los labios por mi mejilla hasta una de mis comisuras. La presionó suavemente, provocando frunciera los dedos contra su pecho.

—Rachel... —Corrí el rostro, sonrojada—. Deja de jugar, tenemos que ir a ver a Chloe.

Ella abrió los párpados, que se habían entrecerrado por el momento, y bufó sobre mi aire.

—Cierto —dijo, desganada. Se alejó unos pasos con las manos metidas en los bolsillos—. Qué mierda. —agregó mientras hacía círculos en el asfalto con la punta del pie.

Me crucé de brazos con una media sonrisa mientras la admiraba.

Ja, no podría estar más nerviosa por verla. Da algo de ternura...

—No seas cagona, es tiempo de enfrentarla.

—Supongo que sí —respondió, cabizbaja—. Espero que estés preparada para escuchar una bueenas puteadas. Toma nota, quizás te sirvan en un futuro.

Me quedé observándola en silencio y muy entretenida con todos esos indecisos gestos que intentaba ocultar con su largo cabello. Bajé los ojos y reprimí una risita por ese inquieto pie que ahora bailaba de adelante hacia atrás. Y en ese silencio mi mente aprovechó para transformarse en un absoluto caos. Bastaba un solo disparador, cabe aclarar no solicitado, para ocasionarlo. Y ese era una pregunta: ¿qué demonios está sucediendo en el pasado?

Este viaje me estaba resultando en demasía extraño y diferente. Muy diferente. Por no decir que con cada minuto que pasaba me sentía más rara que antes. Era como si una fuerza externa me jalara el cuerpo para sacarme de aquí a las patadas. Me dolía la cabeza y mi estómago se encontraba revolucionado, tal como una maldita indigestión. Al menos agradecía que la nariz no me estuviera sangrando cual cascada.

—Me pregunto... —Elevé la mirada hacia el amanecer—... si Chloe me ha visto en esta época.

—No lo hizo.

Regresé los ojos a Rachel.

—¿Cómo lo sabes?

Sonriente, ella se acercó y pasó un brazo por detrás de mis hombros. Me incitó a caminar.

—Como te dije antes, la abandonaste. Chloe no ha sabido nada de ti desde hace años. —Puso un dedo en su mentón—. Al menos hasta donde yo sé. Pero ahora que lo pienso, hace días que no hablo con ella. Quizás se enteró de que estás aquí.

—... Siento algo extraño. Este viaje no es como los demás, no tiene sentido lo mal que me siento. —Pasé la visión al frente, apretando los puños—. Algo anda de verdad muy mal. El hecho de que yo siga en el pasado... —Me detuve en seco parpadeando varias veces. Ciertas palabras que dijo rebotaron tarde en mi atareada mente—. Espera, dijiste: ¿quizás se enteró de que estás aquí"?

Asintió, inexpresiva.

Mis ojos lentamente comenzaron a abrirse hasta quedar cual platos.

—No..., espera, espera, espera. No es así como funciona esto. —Negué con la mano, para luego sujetar mi cabeza como si no pudiese tolerar la impresionante cantidad de apocalípticas ideas que me invadieron en un segundo—. No se trata de si se entera o no. Se supone que yo ya formo parte del pasado desde que aparecí acá, pero... Oh, dios.

Rachel reforzó el agarre en mi hombro. Posiblemente porque notó como mi rostro se emblanqueció.

—¿Qué? ¿Qué pasa?

Gracias a la revelación que se dignó a aparecer en mi cerebro, mis latidos estaban aumentando el ritmo de una potente forma que hasta me dolía. Bombeaban tan fuerte que me quitaban el aire.

—Hay algo que pasé desapercibido. Yo... no estaba en la fotografía.

Rachel arqueó una confundida ceja.

—¿Qué fotografía?

—La foto que me trajo hasta ti. Yo utilizo las fotografías en las que estoy para trasladarme en el tiempo. —Posé los ojos en ella, endurecida—. Todas las veces anteriores que me trasladé siempre estuve en ellas, o en todo caso las saqué yo. Pero ahora, en esta última... Oh, no.

Negué con la cabeza en blanco. Absolutamente en blanco.

—¿Max?

—Oh no. —Me tapé la boca—. Oh no, no, no, no, no... ¡Mierda!

—Hey. —Me giró, quedando de frente— ¿Podrías hablar en mi idioma y explicarme qué carajo sucede?

—Ahora lo entiendo —continué, pasmada—. Ahora entiendo todo. Porque me siento tan extraña, porque sigo atascada aquí...

—De acuerdo, me estoy perdiendo. —dijo, poniendo una mano en su cadera y quedando en una pose que indicaba absoluta impaciencia.

Levanté mi decaído rostro y la observé.

—Yo... Es probable que otra Max exista aquí.

Rachel abrió los ojos de golpe.

—¿Otra Max?

—Sí..., porque yo no estaba en la fotografía cuando viajé.

El desconcierto atacaba el semblante de Rachel cada vez más.

—Sigo sin entender.

—Pero... si yo soy la otra Max, ¿qué pasó con ella? ¿Me dupliqué?

Mis rodillas estaban comenzando a traicionarme. El temblor en ellas era casi insostenible y el miedo por el porvenir más.

—Técnicamente... no pueden existir dos personas iguales en una sola realidad. Dos almas iguales... es imposible. Una de nosotras no debería estar aquí.

—Déjame ver si te entiendo... —Se frotó la sien, suspirando—. Estás diciendo que, en teoría, si ya existía una Max aquí, cuando tú llegaste al pasado...

—Fue reemplazada...

—Por ti. —Me señaló.

Ambas alzamos la cabeza al mismo tiempo y nos miramos, atónitas.

—Mierda, la cagué... ¡La cagué bien feo! —Me agarré la cabeza con ambas manos, desesperada— ¡He alterado el pasado de la peor forma!

—E-Espera. —Sujetó mis brazos para no pudiera exprimirme el cerebro, lo cual quería hacer—. Cálmate, primero tenemos que averiguar si esta teoría es cierta. Y de paso podrías contarme más de dónde vienes y todo ese asunto, ¿no crees? Estoy un poco perdida...

—Yo soy la perdida, Rachel —dije. No era capaz ni de pestañear de lo consternada que me encontraba. De todas las malas decisiones que pude tomar, esta definitivamente fue la peor. Haber distorsionado una línea de tiempo podría desencadenar un caos temporal—. Es probable que esta teoría sea cierta. Es ella o yo. Y si yo estoy aquí, significa que ella ya no... La maté.

—¿Ma-Matar? ¿No es eso un poco exagerado?

—¡No lo es! —Negué con el rostro, perdiendo los estribos— ¡Es lo que supuestamente pasaría! Eso o... que desaparezca de alguna manera, no sé. Es la primera vez que me pasa algo así. Todas las demás veces que terminé en otras dimensiones directamente me fusioné con mi yo de ese tiempo, su historia pasó a ser la mía.

—¿Su historia?

—Su vida. Y no estaría mal agregar que era muy diferente a la mía.

—¿Diferente cómo?

—Creo que con solo decir que en una realidad era la mejor amiga de Victoria, te digo todo.

Rachel se llevó la mano a la frente con los ojos bien abiertos.

—Oh, mierda.

Asentí, rígida.

—Sí, mierda.

—Es decir que... ¿en cada dimensión hay una persona igual que nosotras viviendo otro tipo de vida? —preguntó, ya no tan serena—. Y quizás... ¿una mejor vida?

Creo que no me equivoco al pensar en que ella inmediatamente asumió que otra Rachel estaba cumpliendo sus sueños y viviendo felizmente en California. Yo también lo pensaría.

—Sí, yo tampoco lo creía al principio. Pero cuando empecé a viajar por el tiempo lo comprobé. —Me refregué la nuca, preocupada—. Las dimensiones paralelas existen.

Rachel asintió lentamente y, algo alterada, volvió a buscar la caja de cigarrillos como si el tema le pesara.

—¿O sea que pudiste salvarme pero mataste a la otra Max en mi lugar, es decir, a ti misma? —preguntó, todavía buscando algo que no iba a encontrar.

—Rompiste el encendedor. —comenté aún con la mirada en blanco.

—Oh, verdad. —Chasqueó la lengua—. Carajo.

Bajé la cabeza, desconsolada. Muy desconsolada y desesperanzada. Ahora sí que no sabía dónde estaba parada ni lo que vendría a continuación. Alterar las leyes del universo no era broma, es más, diría que era una tragedia.

—Es muy posible que ella haya desparecido —continué—. En ese momento en que me estaba trasladando con tu foto... ni lo pensé. No se me pasó por la cabeza que yo no estaba en la fotografía. Lo único que pensé fue que era arriesgado volver tanto tiempo atrás cuando mi cuerpo últimamente no estaba reaccionando tan bien a los viajes.

La gran cuestión era en qué sentido desapareció la otra Max. ¿Tomé su lugar y ahora mi vida será la de ella? ¿Murió? Y en el milagroso caso, ¿aún estará aquí? Si distorsioné el pasado, lo cual significa que lo convertí en otra realidad, quizás todo es posible.

—¿Por qué no lo pensaste antes de trasladarte?—Me despertó Rachel de mis enredaderas mentales— ¿No sabías lo que tus poderes podían hacer?

Eso sí es un hecho. No sabía que podía viajar sin estar en la foto. Una vez lo intenté y no funcionó, pero ahora... ¿Será que el miedo del momento liberó mis poderes al máximo? Espera..., si pude hacer algo imposible, ¿qué más puedo hacer? La verdad, en mi estado imagino que no mucho. Tiene que haber una explicación lógica de porqué lo logré.

—Digamos que Jefferson y el cuarto oscuro tuvieron que ver con mi pánico y mi estúpida decisión. —Me limité a contestar, percibiendo como un frío escalofrío me recorría la columna vertebral—... Esto está mal, muy mal.

Rachel sostuvo mis hombros. Ya no sé si por compasión o porque mi cuerpo temblaba tanto que la probabilidad de terminar de frente contra el suelo era alta.

—Tranquila, te recuerdo que debemos confirmar esto. —Me sonrió, dándome unas palmaditas en la espalda para calmarme.

No estaba teniendo mucho éxito.

—Siempre es igual... —murmuré con la cabeza gacha—. Salvo a alguien, pero alguien más muere...

—Umm... pero en este caso serías solo tú. —Sonrió de soslayo, burlona.

Solté un bufido. Mal momento para hacer una broma, compañera.

—Sigue siendo una persona, es la misma mierda. —Me tapé la cara, ahogando un grito— Mierda... ¡Mierda!

—¡Max, tranquilízate! Solucionaremos esto —dijo, acariciando mis hombros—. Te dije que te ayudaría en lo que pudiera, y eso es lo que haré —agregó, para acto seguido rodearme otra vez en un cálido abrazo—. Todo va a estar bien.

Tengo que admitir que esa cariñosa forma de consolar sí estaba funcionando.

—Rachel... —Huyó de mis labios mientras ascendía las manos por su espalda y correspondía el abrazo—. Gracias.

Ella pestañeó sobre mi hombro, sorprendida.

—Vaya... Es la primera vez que soy correspondida por ti como se debe. Estoy algo conmocionada.

—No te ilusiones, tonta —bromeé, reforzando el aprecio. Su delicioso aroma me relajaba—. Solo... necesitaba un abrazo.

—Puedes abrazarme todo el tiempo que quieras, linda. —Besó mi mejilla. Yo me achiqué entre sus brazos, ruborizada.

Mis nervios solo atinaban a crecer, y ahora con dos razones: quizás haber asesinado a mi otro yo, y la hermosa y atrevida Rachel Amber ante mis narices.

—¿Te importa? —dijo de pronto.

—¿Qué?

—Estar así... un poco más.

Esbocé una resignada sonrisa al escucharla. ¿Quién estaba conteniendo a quién?

—Sí que eres cariñosa.

—En realidad no. —dijo, mientras una traviesa mano comenzaba a bajar por la curva de mi espalda y, en mi opinión, no tenía muchas ganas de detener su recorrido.

—Hey...

—Solo con la gente especial soy así. Tú eres una de ellas.

Finalmente decidió estacionar y, por supuesto, no pudo elegir un mejor lugar que mi trasero.

Arqueé una indignada ceja.

—¿Qué estás tocando?

—Mh... Tu colita. —Rachel frunció los dedos contra mi trasero, generando que pegase un saltito.

La miré de soslayo, incómoda, y suspiré sobre su hombro.

—¿No te das cuenta de la gravedad del asunto? No tienes caso... —dije.

—Estoy tratando de apaciguar un poco este terrible suceso —murmuró contra mi oído, y luego presionó los labios sobre la suave piel debajo de él— ¿Pero sabes...? Puedes detenerme si quieres.

El maldito calor que volvía a sentir por su culpa transformaba en una dificultosa situación la decisión de pararla o no.

—¿Me harás caso si te detengo?

Rachel rió por lo bajo y contestó:

—No.

Y con eso dicho, alejó el rostro y atrapó el mío con las manos, para luego acercarse rápidamente y robar mis labios.

—¡Mh! —Puse las manos en su pecho ante tal estampida, intentando apartarla. No funcionó. Estas me fueron arrebatadas y acomodadas detrás de mi espalda en un agarre diría que casi rudo.

—¡R-Rach-¡Mh!

Una húmeda y desesperada lengua me impidió continuar. Se enredaba fácilmente con la mía, me degustaba a su antojo, y aflojaba bastante mi convicción de quitármela de encima.

Mientras me revolvía entre su cuerpo, Rachel aferró con más fuerza mis muñecas, como si temiese que pudiera escapar en cualquier momento.

—Max... eres deliciosa.

Con el vértice de la lengua elevó mi labio superior y se despegó con lentitud. Una clara muestra de nuestra unión quedó sostenida entre ambas bocas, avergonzándome.

Agitada, giré el rostro. Ella sonrió complacidamente, como si mi rechazo en realidad encubriera una inevitable atracción.

—¡Deja de hacer estas cosas! —exclamé.

—¿Por? Será que... —Dibujó la forma de mis labios con el pulgar, limpiándome de su pasado acto— ¿Yo no te gusto?

No podía contestar eso. Al menos no con el primer pensamiento que me atacó. Era improbable que tal preciosidad no me gustase, ¿a quién no le gustaría? En todo caso era yo la que tenía que preguntar: ¿te gusto?, ¿es por eso que haces estas cosas conmigo? Y si es así, estamos hablando de algo físico ¿no? Solo quieres eso conmigo, ¿no?

Y yo... ¿Yo qué quiero de ti? Si es que quiero algo de ti, además de salvarte.

Esas palabras solo quedaron naufragando por mi mente. Para nada diría algo que la entusiasme. No cuando todavía seguía acorralada por sus peligrosos brazos.

La observé de reojo, tratando de recuperar el aliento perdido.

—Te quedaste muda —dijo, sonriendo con arrogancia— ¿Será por mi impresionante belleza? —Hizo un coqueto gesto que casi me hace soltar una risita nerviosa.

Nerviosa porque dio en el blanco.

—Idiota... —Desvié la mirada—. En serio, deja de molestarme así.

—Pero es divertido verte así. —Sonrió cual infante y agarró mis cachetes. Los estiró, dejándome una estirada cara de póker— ¡Eres tan linda cuando te sonrojas!

Confirmado, esta chica solo quiere jugar. Y no hay tiempo para eso.

Me aclaré la garganta, soltándome.

—Vayamos a ver a Chloe.

—Oh... —Se inclinó un poco hacia mi— ¿Quieres un trío con ella?

Me está jodiendo. Tiene que estarlo.

—¡¿Qué estás diciendo?!

Rachel arrugó la frente.

—Aunque no lo creas, no me gustan los tríos.

Gracias a dios...

—No me agrada la idea de compartirte. —Sujetó mi mentón sin borrar esa fastidiosa mueca—. Así que deberé estar en desacuerdo.

Mi mandíbula se desencajó entre sus dedos. ¿Estaba hablando en serio?

Rachel continuó observándome con una seria expresión que me engañó, para acto seguido inflar los cachetes y comenzar a emitir leves risitas.

Por supuesto, estalló en una carcajada.

—¡Tranqui! ¡Es una joda! —Me dio varias palmaditas en el hombro, ignorando mi pálido rostro— ¡Tus reacciones son lo más, súper Max!

Mi ceja derecha tiritó absolutamente irritada.

—Voy a matarte.

—¿Oh? ¿Y eso? —Puso la otra mano en su cintura con una altanera sonrisa—. Pero si acabas de salvarme.

—Me estoy arrepintiendo.

—Hm... interesante. —Enredó un juguetón dedo en mi cabello. Dedo que quité de inmediato—. Así que también puedes enojarte así.

—¡Ya basta! ¡Vamos a ver a Chloe! —Me di la vuelta, irascible—. Dios..., qué pesada.

Rachel pasó una no bienvenida mano por detrás de mi espalda, y sujetó el borde de mi cintura.

—Está bien. Como tú digas, Max. —Me sonrió; gesto que no devolví—. No te enoojes, ¿si? Estaba jodiendo.

La miré de reojo, desconfiada. Su sonrisa, algo forzada, me decía que parte era una broma y parte no. Cero intenciones tenía de averiguar la misteriosa parte. Sabía lo que conllevaba.

—¿Chloe sigue viviendo donde siempre? —pregunté.

—¿Qué sería donde siempre?

—Cuarenta y cuatro... Avenida Cedar. —dije su dirección de memoria.

—Ah... Sí. Pero es probable que no esté ahí.

Una idea sobre su posible ubicación apareció al instante en mi mente.

—¿El vertedero?

Rachel se sorprendió.

—Sí que la conoces...

—¿Ya fue expulsada de la academia? Supongo que sí. —Hice una pensante pausa—. Después de todo, este es el pasado.

—Sí, hace mucho. —contestó, descendiendo los ojos con cierta melancolía.

—Ja... —Sonreí de soslayo y pasé la visión a la calle. Los autos se estaban despertando—. Esa es mi Chloe.

—Que fuera expulsada fue mi culpa.

Regresé la vista a ella, asombrada. Rachel desvió la cara con un dejo de tristeza.

Oh…

Me mordí el labio ardiendo de curiosidad y meditando si preguntar la razón o no. Por su estado, que cada vez más se mostraba apagado, decidí que no. Una de las pocas cosas buenas que tengo es que aprendo bastante rápido cómo leer a las personas y el ambiente que las rodea. En este caso, comprendí en poco tiempo que esta chica es un poco bipolar, por ende, cuestionar algo que posiblemente despierte su otro lado no es mi intención.

—Vamos... —atiné a decir, comenzando a caminar. Ella me siguió a paso lento.

—¡Ah, espera! —Agarró mi hombro—. Tengo que volver a la academia.

—¿Huh? ¿Por?

Rachel alzó una ceja.

—¿No te diste cuenta? —dijo.

—¿De qué?

Señaló sus pies con el dedo índice. Los miré y una inmediata y corta carcajada se me escapó. En efecto, estaban solo sus pies al desnudo.

—Sep. Perdí mis zapatos.

—Los dejaste en la entrada del Club, ¿recuerdas? —respondí aún con entrecortadas risitas gracias a esos pies que se refregaban entre sí.

—¡Oh! —Chasqueó los dedos y me señaló— ¡Tienes razón!

—¿Lo olvidaste? No fue hace mucho...

Su memoria dejaba mucho que desear. Intuyo que las drogas que consumía tenían que ver con esa falencia, o quizás simplemente era muy distraída.

—¡Vamos a buscarlos y volvamos a la academia! Tengo que ir de todos modos. Ahí es donde vivo.

—¿Es absolutamente necesario? —pregunté, agotada. Quería encontrar a Chloe lo más rápido posible, pero esta chica seguía retrasando lo inevitable.

—Muy. Déjame cambiarme de ropa; esta da asco. —Estiró la playera en su pecho gesticulando una mueca inmersa de rechazo.

Y repito, esta chica no entiende la gravedad del asunto.

La gravedad de posiblemente haber distorsionado el pasado... De haber arruinado todo.

—¡Solo será un ratito! —Atajó mi mano, ignorando mi visible puchero—. Además, quizás en la academia podemos encontrar más información sobre ti y tu otro yo... o lo que mierda sea.

Hm... Tiene un punto, no lo voy a negar. Ugh, iría sola si no fuera porque ella es parte de todo esto.

—... Es verdad. —Pasé la atención a la calle. Un bus se estaba acercando—. Está bien, vamos. Pero tendrás que pagarme el boleto, no tengo plata.

Rachel me sonrió de oreja a oreja

—¡Con gusto!

-/-

Me gustaría decir que el ajetreado viaje, y digo ajetreado por la inquieta de Rachel que no paraba de juguetear conmigo, fue lo que dejó a mis pies tambaleantes y débiles. Pero no, no fue eso. La verdadera razón estaba frente a mí: la entrada de aquella escuela que conocía muy bien.

Mordiéndome el labio por no sé ya qué vez, atrapé la capucha del buzo y me la puse. Rachel me miró de reojo.

—¿Qué haces?

—Es poco probable... pero si esa Max sigue con vida tal vez esté aquí. Cruzarme con mi otro yo no es buena idea.

Rachel negó con la cabeza.

—Nunca te he visto. Aunque... —Ladeó el rostro, refregándose el mentón.

—¿Qué?

—Ahora que lo pienso, tu cara se me hace un poco familiar, pero apenas...

—¿Familiar?

—Hm... Nop, no puedo recordar.

—No estás ayudando mucho, ¿sabes?

—¡Hey, geek! —Puso un dedo en mi pecho— ¿Podrías apiadarte de una maldita drogadicta que no sabe ni dónde está parada?

Suspiré. Que usara como excusa ser una drogadicta fue un golpe bajo. Además, he conocido drogadictos gracias a Chloe, y comparados con ella eran un completo desastre. Rachel se mantenía bastante firme a pesar de no estar consumiendo ahora mismo. Es más, comenzaba a creer que su delirante personalidad no era gracias a las drogas, sino que era su pura esencia.

—Entremos y lo averiguaremos. —dije, subiendo las escaleras que llevaban a la puerta principal.

Asintió varias veces de un infantil modo.

—¡Así está mejor! —Sujetó mi mano y a paso rápido me incitó a entrar—. Hoy es sábado, así que solo deben estar los estudiantes que viven en el dormitorio.

Asentí también mientras ingresábamos. La nostalgia no tardó en invadirme al contemplar los pasillos y las puertas de las habitaciones. Restos de aroma de cervezas adornaban los pasillos, además de cigarrillos. Veo que la fiesta después del Vortex siguió aquí.

Giré el semblante de un lado a otro buscando mi habitación.

—Ah, ahí está.

—¿Mh? —Rachel, que iba adelante de mí, se volteó— ¿Qué cosa?

—La doscientos nueve. Ahí vivía yo.

—¡Oh! ¿Entonces venías a esta escuela? —preguntó con los ojos iluminados. Yo asentí sin comprender muy bien ese brillo—. Acá vive otro estudiante.

—Ya veo... —Desplacé la palma por la puerta—. Es decir que la otra Max de verdad ya no existe...

Rachel, en vez de preocuparse, esbozó una gran sonrisa.

—¡Mira que coincidencia! —Me jaló el brazo hasta dejarme asentada en la puerta de al lado—. Yo vivo aquí.

Oh...

—¿A-Al lado?

—Ajá.

Sacó una llave y la colocó en la cerradura. Hecho que me extrañó.

—¿Cierras con llaves? Eso es raro.

Ok, estoy exagerando. No es tan raro, pero me llamó la atención. Aquí nadie cerraba con llaves. Nadie guardaba sus objetos más preciados, dinero o lo que fuera en las habitaciones por el obvio miedo de que fueran robados. Estas quedaban en casa bien seguras.

Abrí los ojos de par en par.

¿Ella... no tiene una casa a la que volver?

—Me gusta tener privacidad. —dijo, abriendo la puerta y dándome el paso.

—Yo... nunca cerré con llaves.

—Deberías. En especial por todos los secretos que tienes, súper Max. —Me guiñó un ojo.

—Lo voy a tener en cuenta. —respondí tras oír como cerraba la puerta a sus espaldas.

Me detuve en seco al toparme con el interior de su cuarto. Era... mágico. Posters de famosos/as, muchas notas pegadas sobre el horóscopo en las paredes, cuadros de Hollywood, estrellas por todos lados, etc. Todo muy ella.

—Wowser... Tu habitación sí que refleja tus ambiciones.

—¿No debería ser así? —inquirió. Me giré hacia ella.

—Solo digo que... —Me mordí la lengua debido a la incitante imagen de sus manos desnudándola. Se levantó la playera de una lenta y tentadora forma, se la sacó por la cabeza y la revoleó a la cama. Tragué saliva con un importante esfuerzo al observar sus simétricos y grandes pechos que solo eran cubiertos por un rojizo sujetador.

Me di la vuelta con la cara roja como un tomate.

—E-Es linda. —musité.

Rachel rió en un murmullo.

—¿Qué cosa? —Sus pasos comenzaron a aproximarse, intensificando mi nerviosismo— ¿Mi habitación? —preguntó, rodeando con los brazos mi cintura por detrás— ¿O mis tetas?

Me estremecí al percibir sus aplastados pechos contra mi espalda.

—Dime... ¿Te gustan?

Cerré los ojos con fuerza mientras trataba de zafarme de esos poderosos brazos que no me dejaban en paz.

—V-Vístete. No tenemos mucho tiempo.

—Hm... No seas tan aburrida. —Reforzó el agarre en mi vientre, para luego voltearme y dejarme de frente con su impresionante delantera—. No siempre dejo pasar a chicas tan lindas como tú a mi humilde hogar. Deberías sentirte privilegiada.

Mis ojos, traicionándome, la escanearon de pies a cabeza.

Mierda.

Obviamente se percató de mi pequeño desliz.

—Así me gusta —dijo, burlona—. Pero... —Agarró con ambas manos la parte baja de mi playera y empezó a subirla, infartándome—. No es justo que solo tú me veas así.

—¡E-Espera! —Atajé sus muñecas—. No vine para esto.

Rachel ladeó la cara con un travieso gesto en los labios.

—¿Y para qué más? ¿Vas a decirme que entraste en la habitación de una chica que claramente quiere cogerte solo por curiosidad?

Entreabrí los labios para refutar, pero estos solo temblaron.

De alguna forma... ella da miedo.

—No me jodas. No a mí, Max —dijo, siguiendo su trayecto hasta dejar la playera sobre mi cabeza. No podía ver; quedó atascada en mis ojos—. Me gusta la gente directa. Las excusas no van conmigo.

Y tampoco podía moverme. No sé porqué estaba tan paralizada. Me agarró la misma sensación que cuando estaba en el auto con ella:

Confusión... Mucha confusión.

En medio de mi ceguera sentí como sus labios presionaron los míos en un corto encuentro. De pronto mis ojos quedaron libres. Listo, mi playera había desaparecido.

De inmediato me tapé los pechos, aunque estos ya estaban cubiertos por mi estúpido sujetador con dibujos de conejitos.

—¡Entonces no te fijes en mí! ¡No soy directa!

Eso dije. No obstante, parece que mis palabras quedaron rebotando en el aire porque que ni me contestó. Entreabrí un ojo, que se había cerrado debido a la vergüenza, y me topé con otros verdosos. Pero estos, a comparación de los míos, estaban perdidos. Lujuriosamente perdidos. Examinaban mi delantera sin pudor alguno, ignorando los infantiles dibujos en ella. No parecían molestarle.

—Bien..., quizás pueda hacer una excepción. —dijo con una grave tonalidad que agrandó mi confusión, sujetando mi cintura con ambas manos. Me movió lentamente de un lado a otro mientras seguía analizándome con una sugestiva sonrisa.

Di un paso atrás.

—¿Por qué la harías? —pregunté en un debilitado murmullo.

Una pequeña risita fue mi primera respuesta.

—Porque... —Acortó la distancia y me empujó con sutileza por los hombros. Sutileza que no impidió que cayera de espaldas sobre la cama—. Eres hermosa.

Se sentó en mi vientre y percibí como éste se revolucionó por dentro. Bajé los párpados y me encontré con su entrepierna presionando la mía en una clara invitación.

—Y además, me gustan tus conejitos.

—¡D-Deja de bromear!

—No estoy bromeando, Max. —Se inclinó y trazó la línea de mi mandíbula con los dedos—. Te dije que puedo ser romántica... Confía en mí.

Corrí el rostro, ya que sus labios querían terminar sobre los míos.

—¡No! ¡Rachel, en serio! ¡Tengo que ir a ver a Chloe!

Ella frunció el entrecejo, alarmándome.

Oh, oh.

—Me tienes harta con ella. —Atrapó mis manos y las estampó encima de mi cabeza—. Chloe esto, Chloe aquello... ¿Acaso te gusta?

Abrí los ojos de golpe.

—¿Gustar...? —Desvié la mirada, en demasía alterada. Su figura encima de mi cuerpo aportaba bastante a mi laberinto mental.

Yo... no sé. Solo sé que quiero verla bien y viva.

Rachel sonrió de lado debido a mi interminable silencio. Sin embargo, ese gesto escondía otra emoción que no era capaz de descifrar. Algo era seguro: esa sonrisa de alegre no tenía nada.

—Como sea... —Se fue hacia atrás y llevó las manos a su espalda—. Yo voy a hacer que la olvides. —Comenzó a desprenderse el sujetador con lentitud. Este se desplazó hacia abajo, revelando uno de sus rosados pezones.

Se me entrecortó la respiración al verlo. Y con el nerviosismo pendiendo de un hilo, me incorporé y agarré el sujetador antes de que cayera, para luego acomodarlo con torpeza sobre sus pechos.

Pensé que estaba a salvo, pero mi acto provocó que sintiera la suavidad y el calor de sus pechos a través de la tela. Sensación que me impactó, ya no sé si en el buen o mal sentido. Creo que la segunda opción ganó la batalla. Mis dedos querían fruncirse y percibirla más. Estaban a punto de traicionarme.

Drené a mi garganta de saliva. Tenía que despertar, urgente.

—R-Rachel... ¿también estás asustada, no? Igual que yo.

Ni sé cómo logré hablar. Pero calmarla era mi trabajo; ir a ver a Chloe mi deber.

Sus brazos se derrumbaron a los costados de su cintura al escucharme.

—¿Qué dices?

—Tú... solo tienes miedo, ¿no? —Apoyé la cabeza en su torso—. Por eso actúas así, por eso... prefieres olvidar todo haciendo esto. ¿Este es tu escape?

No la estaba viendo a la cara, pero por su respiración, que se agitó unos segundos, intuí que mis palabras estaban generando el efecto esperado.

—No entiendo nada de lo que dices. —susurró.

—Sí, lo entiendes —dije, abrazándola y plegando los dedos contra su espalda—. Yo... era igual. Antes trataba por todos los medios de evitar lo que me hacía daño.

—¿Cómo qué?

Su voz sonó firme, tajante. Pero detrás de esa frialdad sentí una mezcla de tristeza, curiosidad y melancolía.

Levanté la cabeza y unos profundos ojos me observaron atentamente.

—¿Qué trataste de evitar, Max?

Volví a declinarla con una molesta presión en el pecho.

—Yo... a Chloe...

De pronto tocaron la puerta histéricamente, sobresaltándonos.

—¿Rachel, estás ahí?

Miré la puerta en un completo estado de alerta, y por puro instinto sujeté sus hombros.

Esa voz... ¡No puede ser!

—¡Es Nathan! —mascullé entre dientes.

Rachel se cagó bastante en mi horrorizada actitud. Su seria expresión ni mutó.

—Ya sé, yo me encargo. —atinó a decir, levantándose.

La seguí con la mirada, perpleja, mientras ella se ponía una playera y como si nada se dirigía a la puerta. Giró el rostro hacia mí antes de abrirla e hizo un ademán con la mano.

—Escóndete abajo del acolchado.

—¡Espera! —Estiré el brazo, pero fue muy tarde.

Abrió la puerta por la mitad y asomó la cabeza.

—¿Qué quieres?

Oh, oh. Ya está enojada.

Guiada por la desesperación, me tapé hasta las orejas como bien ordenó, por ende, no pude observar la cara de ese asesino.

—¿Qué quiero? Ayer habíamos quedado en vernos, ¿recuerdas?

—Hm... No realmente.

—¿Dónde estuviste?

La voz de Nathan sonaba inquisitiva. Hecho que generaba que quisiera destaparme y abalanzarme hacia él. Obviamente no de una amigable manera.

—¿Qué te importa? Estuve por ahí.

Se silenciaron. En el mientras tanto, mi estómago se retorcía de la ansiedad que sentía. Me lo aferré tratando de no hacer ni un solo sonido.

—Eres tan perra cuando quieres... ¿Por qué me estás tratando así?

—Porque quiero. ¿Es todo? Estoy ocupada.

Sí que sabe como terminar una conversación. Merecidos aplausos para ella.

Nathan bufó.

—Estás de mal humor ¿eh? Como sea, tengo lo tuyo.

Parpadeé en medio de la oscuridad.

¿Lo suyo?

—... ¿Es buena? —preguntó Rachel.

—Muy buena, la probé ayer. Todo un viaje. Me hubiese gustado compartirte, pero decidiste desaparecer.

—No me jodas y dámela. —El ruido de una bolsita arrugada me sacudió—. Yo voy a confimar si es buena o no.

—Es mágica, amiga. —Nathan soltó una risita—. No te arrepentirás.

—Eso espero. Si es todo, vete a la mierda.

Escuché como relinchaba la puerta.

—¡Hey, espera! ¿Qué pasa con ese carácter de mierda? ¿Te pasó algo ayer?

—No.

—Tomemos juntos y hablemos, Rach. No deberías guardarte todo.

Choqué los dientes a punto de revolear el colchón y salir despedida.

¡Hijo de puta! ¿Ahora se hace el preocupado?

-No. Vete de una vez, Nathan. No estoy de humor.

—Eso veo... —Nathan volvió a bufar, esta vez más fastidioso—. Lo que sea que te metiste no te pega bien, Rach.

—Agh... Chúpamela y vete.

—Con gusto.

—¡Vete a la mierda!

Un portazo fue lo último que oí. Asomé los ojos por encima del acolchado y me encontré con una cabizbaja Rachel apoyada de espaldas sobre la puerta.

—¿Todo bien? —pregunté. Ella levantó la cara con una indiferente expresión.

—Todo en orden.

Fruncí el entrecejo, destapándome.

¿Todo en orden? No me jodas.

Bajé la visión y miré su mano. Sostenía una pequeña bolsa. Dentro había un polvo blanco que se me hacía muy conocido.

—¿Y eso? —Señalé la bolsa con el mentón.

Rachel llevó la bolsita hasta su rostro y la detalló con los ojos apagados.

—No es nada.

—Rachel... no tomes nada de él. ¡Ya te lo dije! ¡No le hables ni te acerques!

Ella sonrió despectivamente.

—¿Tú también vas a joderme, Max? No tienes que cuidarme todo el tiempo, en especial cuando acabas de rechazarme.

Con una frustrante energía trepando por mi cuerpo, apoyé los pies en el suelo y me puse de pie.

—¿Rechazarte?

Pasando de mí, se dirigió hacia un escritorio que estaba adornado por un redondo espejo, y abrió la bolsa.

—Sí, rechazarme. —Esparció un poco de ese mágico polvo en el escritorio y empezó a alinearlo, para luego agarrar un sorbete del cajón y colocarlo cerca de su nariz—. No te metas en mi vida si no quieres coger conmigo.

Mi mandíbula se desencajó.

—¡¿Huh?!

Es todo, me sacó de quicio. ¡Me cago en ella!

Comenzó a inclinarse al polvo mientras tapaba una de sus fosas nasales. Mis muelas se encontraron, furibundas.

—¡¿Qué mierda te pasa?! ¡Para de una maldita vez! —Me acerqué y tiré el polvo al suelo. Sus ojos poseyeron los míos de una iracunda forma.

—¿Qué crees que estás haciendo? ¡Pagué por esta mierda!

—¡Y yo pagué con mi vida para salvarte! —grité, paralizándola— ¡¿Podrías pensar en alguien que no seas tú al menos una puta vez en tu vida?!

Su mirada quedó en blanco, desquiciándome.

—¡Estoy harta de tu actitud egoísta!

Oh, no. Estoy por perder la cordura, y mi habla ya es el fiel reflejo de ello.

—¡No sé qué mierda está pasando! ¡Pude haber alterado todo! —Golpeé la mesa con el puño— ¡Puede que Chloe no pueda salvarse! ¡Y aún así tú te cagas en todo!

Rachel declinó los párpados.

—Max, escucha...

—¡Lamento no querer coger! —exclamé mientras unas traicioneras lágrimas se resbalaban por mis mejillas— ¡Lamento no querer dejar que te mates sola!

—Max...

Unas arrepentidas manos sostuvieron mis hombros, pero sollozando las quité de su lugar.

—¡No me toques! ¡Eres una puta retorcida!

Sus brazos cayeron a los costados de su cuerpo, desarmados. Rachel delineó una lamentable sonrisa.

—Sí..., lo soy.

Clavé las uñas en mis palmas con la furia acrecentando. Que lo admitiera era peor.

—No tienes idea... No sabes nada.

—¿Qué es lo que no sé? —Me observó, indiferente.

—No sabes por todo lo que tuve que pasar. Por todo lo que Chloe y yo pasamos para encontrarte. Ella ahora está... Ella está...

—¿Qué? —Sujetó mis mejillas, que temblaban por la impotencia. Yo cerré los ojos y estallé.

—¡Ella está muerta!

Sus dedos se deslizaron débilmente por mis cachetes hasta abandonarme.

—No..., eso no es cierto.

—¡Sí, lo está! ¡Al menos en mi presente! ¡Y lo seguirá estando a menos que cambie el pasado! ¡Tengo que atrapar a los malditos de Jefferson y Nathan! ¡Y tú...! —Me cubrí el rostro. No quería que me viera llorar, pero no podía parar de hacerlo—. Tú... por qué... ¿Por qué no estás asustada?

—¿Por qué... debería estarlo?

—Hablaste con Nathan como si nada. Y él... te asesinó.

Rachel se refregó la frente y suspiró.

—Pero tú ya me salvaste, ¿por qué debería tenerle miedo?

—No estoy segura de eso. Esta realidad no es para nada segura. ¡Entiéndelo de una buena vez!

Rachel entreabrió los labios, pero se arrepintió y no dijo nada. Yo le mantuve la mirada casi en un ruego y, bufando, me fui hacia atrás y caí sentada en la cama con la cabeza gacha. Trataba de entenderla, de verdad trataba. Sin embargo, mientras más lo hacía más me exasperaba y enredaba. No hallaba una sola respuesta cuerda para su autodestructivo comportamiento. Podía comprender su triste historial, pero lo que no podía aceptar era que pusiera a Chloe en peligro por sus estúpidas actitudes. Se lo estaba diciendo, le estaba dejando muy claro que su mejor amiga estaba en peligro, y aún así... ella continuaba cagándose en todo.

Si lo seguía haciendo...

Levanté el rostro con una furibunda expresión.

Estoy dispuesta a abandonarla. Chloe es mi única prioridad.

—Dime algo que no me haga dejarte aquí y ahora —dije. Ella comenzó a ensanchar los ojos hasta dejarlos absolutamente abiertos—. Dime algo que me haga entenderte, Rachel. —Bajé el rostro, secándome las lágrimas con el borde de la mano—. Por qué... no puedo entenderte. ¿Acaso...?

Empezó a acercarse hasta quedar frente a mi decaída persona. De repente, unos brazos rodearon mi cuello y me impulsaron hacia su cálido pecho, debilitando notablemente mi idea de abandonarla.

Cuando me abrazó me di cuenta de que nunca tuvo fuerza esa idea. Fue una maldita mentira. Solo ese tacto bastó para que desechara mi decisión.

Pestañeé sobre su pecho, sorprendida por mi propia debilidad, y apagué los párpados conteniendo un agudo sollozo.

No puedo dejarla.

—Acaso... ¿qué? —preguntó.

Su embriagador aroma a jazmines me estaba adormeciendo, calmándome.

—¿No tienes miedo de morir? —musité con la voz entrecortada.

Esa duda me venía carcomiendo desde hacía horas. Desde que ella se enteró de la verdad. ¿Por qué está tan tranquila? ¿Por qué... actúa como si yo fuera un mero objeto?

¿Por qué?

—Max.

Se sentó a mi lado y pasó un brazo por detrás de mi espalda. Se aferró a mi cintura y escondió el rostro en la curva de mi cuello. La miré desde lo alto, aspirando el llanto por la nariz.

—¿Qué...?

—Si te cuento un secreto, ¿no le dirás a nadie?

Entrecerré los ojos, detallando como los suyos se tornaban rojizos. ¿Estaba a punto de llorar?

—Jamás. —respondí.

—¿Incluso aunque me dejes?

Desvié la mirada, avergonzada por tirar abajo mi discurso tan rápido.

—No voy a dejarte. —contesté en un murmullo.

—Pero dijiste que...

—Estaba enojada.

—¿Ya no lo estás?

—... Un poco.

Rachel esbozó una triste sonrisa y se refregó contra mi cuello cual felino.

—Qué linda eres... La verdad es una sabia decisión irte, no voy a juzgarte si lo haces. Meterte con alguien como yo... es una mierda. Soy consciente.

—¿Quieres que me vaya? —La miré. Ella negó apaciblemente con la cabeza.

—No, ya te lo dije. —Llevó la mano a mi mejilla y limpió mis lágrimas con el pulgar—. Quiero estar contigo. Por eso... confiaré en ti. Te diré todo lo que siento.

—¿Por qué confiarías tanto en mí?

En serio quería saberlo.

—Ja... —Reposó de nuevo la mejilla en mi hombro— ¿Me creerías si te dijera que no lo sé con exactitud? Por una parte eres totalmente diferente a las personas que conocí en mi vida. En el buen sentido, claro. Y por la otra... Bueno, este es el momento en el que me pongo mística y vuelvo a decirte que siento una conexión contigo.

No pude evitar delinear una tenue sonrisa.

—¿A mí me hablas de delirios místicos?

—Sí, eres la persona adecuada. —Soltó una risita mientras yo me perdía en cada uno de sus gestos, que me informaban que lo que estaba por contarme no era nada agradable.

—Dime... —dije, sujetando su cabello y sumiéndola más en mi cuello. Rachel se refregó de nuevo contra mi piel, ensimismada. Mi corazón se aceleró por ello. ¿Por qué estaba tan... entregada a mí? No tenía sentido, incluso aunque yo fuera su salvadora.

—Max, creo que... hace un tiempo vengo sintiendo que no quiero vivir.

Abrí los ojos de golpe.

—Pero... no es realmente lo que quiero.

Bien, si su intención era marearme lo consiguió.

—Solo son pensamientos pesimistas, a veces los tengo. Me juegan muy en contra cuando no puedo conseguir lo que quiero.

—Rachel..., no debes tenerlos.

Elevó los ojos y me sonrió. La amargura no desaparecía de esa falsa sonrisa.

—Pareces sorprendida, ¿por qué? ¿Qué piensas que es ser una drogadicta?

—Yo... no sé. Como ves, no lo soy.

—Ja, tienes razón. —Se acomodó un largo cabello detrás de su oreja—. Puedes pensar que uno lo hace por diversión; es cierto. Es parte.

—¿Y la otra parte? —pregunté, reposando el mentón en su cabeza. Esta conversación se estaba tornando muy parecida a la charla que tuvimos antes de que retrocediera en el tiempo.

—Mi papá me dijo una vez que mi mamá era insaciable. Que nada le alcanzaba. —Hizo una vacilante pausa. Yo no dije nada. Era obvio que le costaba continuar, y no veía correcto interrumpir—. Yo... creo que en realidad ella estaba vacía. Hoy en día puedo entenderlo.

—¿Hoy en día? —repetí. Rachel asintió.

—Sí..., porque creo que soy igual. Ella siempre quiso más, nunca le alcanzó nada. Esa necesidad insaciable... Esa carencia de poder valorar el presente es algo que heredé.

Hipnotizada por sus palabras, comencé a acariciar su suave cabello, enredándome en él. Sonrió al percibirme, y me gustaría decir que con sinceridad. Pero la verdad... no sabía cuándo estaba mintiendo, fingiendo o siendo honesta, así que no podía asegurarlo.

De verdad... no lo sé. Y me gustaría saberlo.

—Cuando la vida no te llena —continuó, cada vez más con la voz opacada—... buscas algo más, algo que pueda rellenarla o incluso reemplazarla. Algo que no te haga pensar en lo que te falta. Eso le pasó a mi madre, y ahora me está pasando a mí.

—Pero tus razones...

—Son otras, además de esa. Sí, es verdad. —Levantó la cabeza y apegó su mejilla a la mía, juguetona— ¿Quieres saberlas?

—¿Tus razones? O mejor dicho, ¿tus excusas? —Arqueé una desafiante ceja.

Rachel abrió los ojos falsamente sorprendida, como si yo fuese un ser superior.

—Crees que sabes de lo que hablas ¿eh? Entonces... ¿Quieres saberla? La verdadera razón.

La contemplé unos segundos, pensativa.

No hace falta porque ya la sé.

—No. —respondí. Ella pestañeó con un visible asombro.

—Vaya... No solo me rechazas, sino que mi trágica historia, digna de una telenovela, no te atrae. —Sonrió de soslayo—. Me pregunto qué tengo que hacer para conquistarte.

—¿Nada parece funcionar, eh? —bromeé.

—No contigo, querida. Eres especial. Me estoy empezando a deprimir. —Llevó los dedos a su pluma y la acarició—. Es la primera vez que me rechazan con tanto ímpetu.

Planté la vista al frente sin deshacer mi leve sonrisa.

—No hace falta deprimirse. Lo que me atrae de la gente son justamente sus historias. Lo que puedo ver a través del lente de mi cámara.

—¿A través del lente?

—Sí. —Regresé la visión a ella extrañamente tranquila—. Tu alma.

—¿Mi... alma?

Me incliné hacia adelante entrelazando mis dedos entre sí. Rachel buscó con sus ojos los míos pero no los encontró. Estaban perdidos en el suelo.

—Tu historia me atrae, pero también me entristece. Tal como todo lo que vengo viendo hace una semana. —dije.

—¿Qué viste?

—Es muy largo de contar.

—Tengo tiempo.

—Eso... no lo sé.

Rachel desvió la visión, y juré notar un pequeño destello de miedo en sus ojos. Uno que trató de ocultar pero que bien supe ver. Ya no era tan difícil. Ayer esa tarea se me dificultó bastante, pero hoy... Hoy me resultaba en demasía fácil adivinar lo que yacía detrás de su fría mirada. Desconozco si la razón era que ella estaba aflojando o yo aprendiendo. Tal vez eran ambas.

Le mantuve la mirada, impasible.

—No permitiré que mueras.

Regresó los ojos a mí. Ahora otro tipo de brillo la caracterizaba: uno entusiasmado, y me animaría a decir que agradecido.

—Ni tú, ni Chloe volverán a morir.

—¿Volverán? ¿Ella de verdad...?

Bajé la cabeza, entristecida.

—Chloe ha muerto más de una vez frente a mí. No puedo tolerarlo más. Es como si su destino fuera... —Me mordí el borde del labio, rogando porque las lágrimas no emergieran otra vez—. No..., no lo permitiré.

—¿Max? —Acarició mi espalda—. Cuéntame, ¿qué pasa con Chloe?

Negué con la cabeza.

—Ibas a decirme algo. —dije.

—¿Huh?

—Tu verdadera razón.

—¿Ja? ¿No era que no la querías saber?

—Me picó el bichito de la curiosidad. —contesté, tratando de sonreír.

La realidad es que no tenía ganas de contar por todo lo que pasé, no en este momento. En especial cuando no sabía ni dónde estaba parada. Es posible que haya alterado totalmente el pasado, por no decir que lo distorsioné. Mi historia carecía de importancia ahora mismo.

Rachel llevó la mano hasta mi rostro y deslizó los dedos lentamente por él, girándolo hacia ella.

—Mi verdadera razón es que... pasé por mucha mierda, simple. Solo quiero olvidarla y seguir adelante con mis sueños.

—Eso solo es una excusa. Puedes seguir adelante sin consumir tanto. —dije. Rachel arrugó el entrecejo.

—Tú... Agh... —Se la cubrió, como si en ese agarre pudiese contener todos los insultos que deseaba dedicarme—. Eres tan directa, creo que más que Chloe.

—Eso sí que es una novedad. —respondí, burlona.

Ella soltó un pesado suspiro y apoyó las manos en la cama.

—Sé que tienes razón. Tengo que parar.

—¿Tienes o quieres?

Rachel meditó la respuesta con la mirada perdida en el techo.

—Tengo.

Dios...

Me refregué el cabello, ya sin saber que pensar.

—Supongo que es un avance.

—Hey. —Me miró de soslayo con una seria expresión—. No soy un puto paciente en tratamiento, Max.

—No te veo así...

—Entonces no hables como si lo fuera.

¿Está enojada de nuevo? ¿Alguien puede ayudarme a entenderla? En serio, necesito ayuda. Su bipolaridad me está descarrilando.

Rodé los ojos y me puse de pie. Si ella no iba a activar, lo haría yo.

—Es todo, vamos a ver a Chloe.

—No me contaste tu parte.

—¿Mi parte? —repetí. Rachel también se levantó.

—¿Cuál es tu historia? ¿Por qué tienes poderes? —empezó a decir— ¿De qué realidad vienes? ¿Qué pasa con Chloe?

Fruncí los labios, nerviosa.

—Supongo que deberías saberlo.

—En efecto. —Puso ambas manos en su cintura—. Creo que merezco saber todo. Yo abrí mi corazón a ti, así que...

—¿Tu... corazón?

—Sí, está totalmente abierto, Max. —Acarició mi mejilla, todavía conservando esa desafiante mirada que deseaba conocer mis más profundos secretos—. Dímelo todo.

Esta chica no me deja respirar en paz.

—Bien... —Atrapé su brazo—. Te contaré en el camino hacia el vertedero.

Rachel se encogió de hombros. Acción demasiado contradictoria a la poderosa chica de hace unos instantes atrás.

—Te odio...

Reí en un murmullo por su transparente terror. Casi que estaba deseando ver cómo finalmente confrontaba a Chloe. Me imaginaba ahí, en el vertedero, comiendo unas palomitas de maíz y disfrutando de la cómica película. Pero esa idea desapareció así de rápido como llegó cuando caí en la cuenta de que yo también tendría que enfrentarla... y excusarme. Sí, otra vez. Chloe todavía no escuchó mis disculpas en éste tiempo.

—Todo estará bien, te perdonará. Ya lo ha hecho. —dije.

—¿Cuándo? —preguntó en un hilito de voz.

—En mi presente, aunque no pudo llegar a decírtelo —respondí, y con valentía pasé una mano por detrás de su espalda y sujeté su hombro— Vamos. —La incité a caminar. Ella estampó el brazo en mi pecho, deteniéndome.

—¿Piensas salir así?

—¿Así? —La miré, curiosa.

Me señaló con el dedo delineando una sensual sonrisa.

—Por mi está bien. Podré disfrutar más del deslumbrante panorama.

—¿Huh?

—Estás solo con el sujetador de conejitos, linda.

—¡Ah! —Me tapé, ruborizada, y a la velocidad de la luz agarré mi playera que estaba sobre la cama. Me la puse histéricamente. Había olvidado por completo ese pequeño detalle—. Ya estoy.

Retomé los pasos, solo para que su mano me parara en seco de nuevo.

—¿Y ahora qué?

—Espera —dijo, abriendo los ojos de una cómica forma—. Me meo.

Suspiré y abrí la puerta.

—Ve a mear.

—Toma. —Me dio sus llaves—. Cierra bien mientras voy al baño.

¿Confía en una desconocida a pesar de ser tan desconfiada como para poner el cerrojo? Ja, esta chica es un misterio.

Asentí, observando cómo sus pasos salían despedidos hacia el baño. No encuentro razón coherente para que una risita se me escapara debido a ese acto.

Luego de cerrar, me apoyé sobre la puerta en la espera. Una idea se me ocurrió en el transcurso. Busqué en mi bolso la cámara y la saqué. Enfoqué la puerta.

—Nunca se sabe cuándo podré necesitar esta foto...

El flash rebotó en la madera. La cámara, antigua e instantánea, liberó la fotografía a los escasos segundos de sacarla. La agarré y la sacudí un poco, revelando la imagen en ella.

—Doscientos veinte ¿eh? —Miré el número con atención.

Ella volvió unos minutos después; maquillada y todo.

—¡Listo!

La miré, pero no dije nada. Por las dudas me puse otra vez la capucha. No sabía qué demonios podía esperarme, tenía que ser precavida. Rachel soltó una pequeña risa por eso.

Empezamos a caminar por el largo pasillo rodeado de habitaciones para llegar a la puerta principal. No obstante, un cartel pegado en la pared que noté de reojo detuvo mis pasos bruscamente. En extremo brusco. Tanto, que la capucha se desplazó hacia atrás.

—¿Max? —Se giró hacia mí, retrocediendo unos pasos.

Con los ojos cual platos y tiritando, despegué el papel y lo llevé hasta mi pálido rostro, como si analizarlo de cerca pudiera cambiar mágicamente la información en él.

Rachel se asomó por encima de mi hombro.

—¿Qué es eso? ¿De dónde lo...? —Se silenció de golpe.

La foto impresa en el papel; los datos escritos a mano, los detalles plasmados en él... que me pertenecían, generaron que nuestras quijadas decayeran.

Me miró de soslayo igual de aturdida que yo.

—Max, eso es...

Entreabrí los labios intentando recuperar la voz que se perdió gracias al impacto.

—Soy... yo.

Mis ojos, absolutamente pasmados, se intercalaron entre las letras, palabras, datos. Todo.

Max Caulfield

Desaparecida en: Arcadia Bay

Fecha de desaparición: 22 de abril.

Otros datos:

Edad: 18

Cabello: castaño y corto.

Ojos: azules

Altura: 1,65.

Temblante, di vuelta la hoja. Lo que encontré del otro lado me dejó aún más aterrorizada.

Estudiante trasladada hace una semana a la Academia Blackwell desaparece misteriosamente. Por favor, ante cualquier información comunicarse con urgencia a este número:

No pude seguir leyendo. Quedé estancada en el número de teléfono que detallaba.

—El número de mi casa en Seattle...

¿Qué mierda está pasando? ¿No reemplacé a la otra Max al aparecer aquí? ¿Se esfumó o todavía está perdida en este lugar? ¿Qué... está pasando? No podemos estar las dos al mismo tiempo. Es imposible.

—Max, te juro que ese cartel no estaba ayer. —Una comprensiva mano sujetó mi hombro—. Nadie con tu nombre se anotó en la escuela. No que yo recuerde.

—Tus recuerdos no son de fiar, Rachel. —dije con la visión plasmada en el papel.

Por suerte se apiadó de mi estupefacto estado y no se enojó por mi sarcástico insulto. Al contrario, acarició mi hombro en un dulce consuelo.

—Tranquila, encontraremos las respuestas.

—Alteré todo... de la peor forma. —Arrugué los bordes del cartel—. Nada tiene sentido. Es como si fuera... un mundo desequilibrado.

Rachel me robó la hoja de la mano y la observó, para luego mirarme a mí.

—No hay tiempo para quedarte en blanco, amiga. Tú lo dijiste.

Volteé lentamente el rostro hacia ella. Rachel me regaló una confiada sonrisa que me dio un poco de esperanza.

—Resolveremos esto.

—Yo... ¡Agh! —Atajé mi cabeza de golpe debido a un punzante dolor que la asaltó. Un agudo e insoportable pitido comenzó a resonar en mis orejas, desquiciándome.

—¡Max! —Atrapó mis brazos. Si no fuera por ella hubiese terminado en el piso— ¿Estás bien?

Entreabrí un ojo con un notable esfuerzo.

—T-Tengo que arreglar esto.

Asintió, ayudándome a mantener el equilibrio.

—Lo haremos. Iremos a ver a Chloe.

Me sorprendió que esta vez aquella petición viniera de sus labios. ¿Estaba preocupada por mí?

Agradecida, asentí también.

—Sí..., vamos.

"Desaparecida" Esa palabra no se esfumaba de mi mente, seguía rebotando sin darme descanso alguno. Sin embargo, lo que más transitaba por ella era una curiosidad en demasía peligrosa. Ese cartel... en el presente pertenecía a Rachel Amber.

Sí, a la chica parada frente a mí.


¡Capítulo entregado! ¡Gracias por leer! Y prometo que todo se va a resolver en algún momento jaja

txukyahm: ¡Mil gracias por leer, y me alegro que la historia te esté interesando! Ya me puse las pilas con el capítulo siguiente de Alive también, prontito lo subo. ¡Te leo en el próximo, besos!

kotorii202: ¡Mil gracias por leer! ¡Qué bueno que te guste la historia! Jamás la voy a dejar abandonada, ¡Jamás! jaja ¡Te leo en el próximo, besos!

Scarlet: ¡Mil gracias por leer! Genial que te siga gustando la historia! :) Y respecto a lo que decís, como aclaré al principio, sí; tengo todo pensado. Justamente es una problemática que Max va a tener que enfrentar. Es decir, el hecho de haberse trasladado sin usar una foto suya, y las consecuencias que provocó. Diría que me estoy orientando bastante a lo que fue el episodio 5, cuando Max en un momento se traslada a una realidad sin sentido, ¿Te acordás? jaja esto sería algo parecido, por ahora, pero obvio que todo puede cambiar. En fin, ¡Te leo en el próximo, besos!

Toffee: ¡Mil gracias por leer! Qué bueno que te guste la historia! Respecto a lo que decís, sí, tengo todo planeado y pensado. Ahora parece no tener sentido todo lo que está pasando (la trama es así, digamos que sería el suspenso (?) pero pronto va a tener sentido. Y sí, a Max le duele la cabeza y se siente para la mierda desde el primer capítulo, por todo lo que está pasando xD ¡Espero leerte en el próximo, besos!