El día paso, ya en la noche Sebastian volvió a la biblioteca de la mansión, y estuvo ahí hasta la una de la madrugada cuando encontró lo que buscaba en ese libro rojo, necesitaba tila, opio, alcohol, pentobarbital y curare, una muerte inducida y sabia a quien debía encontrar, a cierto ex-noble chino.
El viento combinado con la brisa del Támesis se sentía, bien era fresca, Sebastian llego raudo a las bodegas del puente y se detuvo en una en particular, los rumores habían dicho que había cannabis y adormidera dentro de ella y que sería exportada a China por vía marítima dentro de 6 días, como siempre ese diestro mayordomo se las arreglaba para conseguir lo que sea que el necesitara o quisiera, en este caso las llaves de la bodega, abrió el pesado portón de madera de roble y camino unos pasos hasta que oyó una pegajosa risa y el ambiente se lleno de un fuerte olor a opio y el sonido meloso de un guzheng amenizó la tensa situación.
-Que intuitivo mayordomo Phantomhive.-una voz dijo resonante y unas luces se encendían, Lau se encontraba a lo lejos, junto a Ran-mao.-no esperaba menos de usted.-dijo la resonante voz.
Lau, vaya, nos encontramos de nuevo, y dime ¿Cómo se siente caer en uno de los ríos mas fríos de todo este ancho mundo?-Sebastian dijo burlón.
-excitante.-menciono Lau.
El semblante de Sebastian cambio.
Sé que tu contrabando se extendió a Perú y Bolivia, necesito que me traigas Curare, la raíz de los muertos.-exclamo Sebastian.
Y porque lo haría.-replico Lau.
Por dos simples razones, una puedo destruir tu contrabando y hacerte sufrir los tormentos de infierno y dos considéralo el pago de lo que me debes, simple o puedo lanzarte al Támesis yo mismo, te habías arrepentido y te salve de morir ahogado cuando te quisiste suicidar con Ran-mao, me la debes.-sentencio Sebastian.
Lau intento por todos los medios alejar al mayordomo pero al ver que era imposible se resigno a cumplir su petición, Sebastian por otra parte, salió de la bodega y se apresuro a llegar a la mansión, cuando a medio camino escucho unos pasos y una chillante voz.
Sebas-chan.- dijo un idiota de cabellos rojos.
Lo siento Grell, me voy tengo apuro.- dijo Sebastian dispuesto a seguir su camino.
¡Sebas-chan no te vayas!- dijo Grell haciendo un puchero, hasta que vio que Sebastian se detuvo.
Pensándolo bien, ¿podrías hacerme un pequeño favor grell?- dijo Sebastian en un tono un tanto lujurioso.
