La mariposa que voló
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Nuestras madres dijeron que podríamos haber sido hermanos
Ellas pensaron que cuando fuéramos grandes nos casaríamos y nunca terminaríamos.
Aunque frecuentemente yo pensaba en ello…
Dije entre mí "vamos a encontrarnos dentro de unos años más" no será raro, siendo ya maduros.
Ya que cuando se es joven, a veces el amor podría resultar como una herida fatal. Así que, querido corazón te dejó volar hoy, junto a mi mariposa.
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Todas las chicas te amaron, pero yo era un desastre. Tuve que soportar como ellas trataban de desnudarte. Fuimos amigos pero sólo en el momento. Siempre estaba en tu casa pero eso tal vez nunca significó nada para ti.
Encontré tu carta muy tarde, quizá haberla hallado antes pudo haber marcado la diferencia.
Y mientras recuerdo como abandonaron Stanhope Road mi celular vibra, Itachi me ha enviado un mensaje después de dos años.
'¿Qué harás el domingo? ¿Te gustaría venir y encontrarnos, tal vez?', entonces respondo con un seco 'puede ser'.
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Me remoto al pasado, a esos dos años.
Después de repetir la misma rutina con tu hermano me sentí como una muñequita sin dueño ni hogar. ¿Acaso quería pertenecer a alguien? Era probable que fuera de ese modo.
Ocurrió un día, no recuerdo si fue lunes o jueves, o si acaso un martes.
Estábamos en la cama, cual cómplices. Itachi lo dijo una vez que terminamos la rutina, yo aún estaba jadeando y con las piernas abiertas, todavía no me acostumbraba a ese ritmo frenético en el que él iba. Siempre terminaba entumida, un poco adolorida. Pero esa vez fue diferente, no hubo sensualidad en su voz ni una pisca de tono divertido que siempre lo caracterizaba (aunado a su sarcasmo). No, esa vez él se puso serio y actuó como el gran y respetable hijo mayor de los Uchiha.
Miraba a la ventana —la cual no tenía nada de especial, de hecho estaba cerrada y no se veía al exterior por las cortinas—, después de un silencio incomodo me armé de valor y pregunté:
—¿Sucede algo?
Mi voz no era temblorosa, más bien era curiosa, escondía en esa pregunta miles de dudas e inseguridades. ¿Qué éramos Itachi y yo? ¿Sentía algo por mí? ¿Sentía yo algo por ti todavía?
—Sasuke habló contigo—dijo, con voz seca—, ¿qué dijo?
No tuve más remedio y confesé la verdad. Aunque me fue extraño, habían pasado semanas desde aquella conversación, ¿la recuerdas?
—Que todo lo que te pertenece, le pertenece a él. Fue lo único, después de eso… él ya no habló más conmigo.
—Ni te mira—dijo entre dientes—, Sasuke… estúpido hermano menor.
—Pero, ¿qué ocurre?
Su rostro cambió un poco y me sonrió, no era su típica sonrisa burlona ni esa sensual que siempre revoloteaba mi mariposa interior. No, a diferencia de esa sonrisa la que me mostró ese día parecía una del tipo 'tranquila, todo va estar bien'.
¿Lo estuvo? ¿Todo estuvo bien? ¿Todo está bien?
Los recuerdos se desvanecen de a poco y todo a mí alrededor parece consumirme un poco más, en mi calendario las fechas cambian y este mensaje de texto solo me hace recordar más. ¿Por qué en este día? ¿Por qué?
Ese día, me vestí frente a él y juntos bajamos las escaleras. Todo hubiera sido como un encuentro sexual normal de no haber sido por su última expresión.
—El mejor sexo Sakura.
—¿Qué?
—Fue el mejor sexo de mi vida contigo.
No respondí a eso. Debí haber intuido que las cosas ya no volverían a ser iguales.
¿Qué quiere decir cuando un hombre te dice eso? ¿Es bueno? Por supuesto que mi yo de hace dos años no lo sabía, ni tenía la menor idea de la importancia de esas palabras.
Al llegar a casa me quedé tumbada en mi cama, así como lo estoy ahora, peinándome mi cabello y pensando mucho, demasiado. Cada cosa me llevaba a la otra, y los recuerdos de lo vivido empezaban a hacerme delirar. Por una parte estaba el chico de ojos carbón y corazón de hielo, el inmutable que posiblemente me veía como un objeto, el chico al cual yo quería desde hacía mucho tiempo. Es difícil aceptar querer a alguien, aun cuando sabes que es un imposible.
Sasuke, chico de ojos carbón y corazón de hielo ¿por qué tenías que ser mi imposible?
Pero tu hermano… Itachi era un demonio que me incitaba a pecar, mi corazón no se rompía con él y se sentía más cálido a su lado, cada caricia, cada beso me enseñaba como podría ser un paraíso y en ocasiones, solo a veces cuando mi corazón estaba muy triste por tu frialdad solía fantasear que aquellos roces, que aquellos besos no eran de tu hermano, que eran tuyos, que Itachi no me hacía suya, sino que tú —chico de ojos carbón— era quien me hacía solo suya y me poseía.
Entonces, solo en este momento lo recuerdo con claridad. Estoy apagando mi cigarro y el olor a tabaco se está impregnando en mi ropa, abro la ventana.
Ahora lo entiendo mejor…
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Llegaba yo cada día a la misma hora, sin embargo Itachi ya no estaba en casa supuse que probablemente era cuestión de exámenes o cosas que los universitarios hacían. Y sobre ti, ¿qué debía sorprenderme? Por un momento tuve la esperanza de que las cosas entre nosotros fueran mejores sin embargo a partir de aquella ocasión algo me dijo que lo que había se rompió. Difícil de aceptar y difícil de dejar ir, cada día en la escuela verte se tornaba una tormenta, complicada de detener. Observar como las chicas te desnudaban con la mirada y como te pedían ayuda, el cómo asentías y jugabas con ellas. Escuché rumores de que tuviste muchos amores y muchos acostones fugaces, ¿y quién era yo para juzgar?
En tu casa me recostaba y veía la televisión, así como a los trece. La diferencia es que pasaba los canales uno a uno sin entretenerme realmente, empezaba a aburrirme la manera de ver la vida y comprendí que a la larga debía pararlo, que estaba jugando conmigo misma.
"Cuando te vi al día siguiente, no te lo podía decir porque igual se lo decías a tu madre. Pensé, mucho no podía durar. Volví a tu casa un día y todo lo de ustedes había desaparecido"
Llegué al punto de la tristeza, de sentirme una muñeca de trapo usada y desgastada sin un lugar al cual pertenecer. Mientras seguía en tu casa no encontré muchas respuestas, ¿debía alejarme?
Cerré la puerta y le dejé una nota a Mikoto, no recuerdo mucho que decía pero le contaba que tenía que prepararme para mis exámenes y que estaría en mi casa, que no habría que preocuparse. En mi casa hice de todo menos estudiar, me arrinconé y comencé a llorar. ¿Te había perdido? ¿Gané algo? ¿Por qué siempre que veía a tu hermano me lo quería coger? ¿Era una fácil?
—Hija, hija…
Mamá me tocaba el hombro con preocupación. En algún momento me quedé dormida.
—¿Qué pasa?
—Mikoto me dijo que viniste a la casa a estudiar, ¿todo bien?
—Sí, todo bien.
—¿Por qué no aprovechas y estudias con Sasuke?
Aquella pregunta me dolió, así que levanté los hombros y fingí tener demasiado sueño.
—Hasta mañana mamá.
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En la escuela en algunas ocasiones me topaba contigo, y cruzábamos nuestras miradas pero no decías nada, y con toda la dignidad del mundo tuve que abrazarme a mí misma y convencerme de que a pesar de quererte mucho nunca te tendría, no a ti.
Pero algo había cambiado, ese día Itachi estaba en la sala, cruzado de piernas, mirando el techo sin mucho que mostrar en su rostro. Cuando lo miré, sentí esa mariposa revolotear y mordí mi labio, tener sexo no era algo que quería en ese momento. Tímidamente dejé mi mochila en el suelo y me dirigí a la cocina, fue entonces que él me habló.
—Sakura, tenemos que hablar.
Aquello sonó tétrico. ¿Qué había hecho yo?
Me moví inquieta, titubeante y con una gran expectativa.
—¿Qué pasa?
Itachi comenzó a hablar, acerca de lo que significaba ser de la familia Uchiha. Después apretó los puños y dijo:
—Sasuke y yo nos vamos.
No hubo respuesta de mi parte, nada tenía sentido.
—Está bien, entiendo que no quieras hablar Sakura, sólo… era importante decírtelo.
—Hemos vivido por dieciocho años juntos, bueno, como vecinos. Los conozco desde que somos niños, ¿y se van?
—No son cosas que dependan de nuestra voluntad, sino de nuestros padres.
—¿Cuándo?
—Una semana.
—¿Por qué me lo dijiste hasta ahora?
—No encontré un momento Sakura, sólo no sabía cómo decir esto.
—Bien…
Apreté mis puños y salí de ahí a paso apresurado, ya nada tenía sentido para mí. Los hermanos Uchiha se iban, y con ello mi corazón y mi mariposa volarían.
Sentí traición, ni mi madre, ni la señora Mikoto, absolutamente nadie me había dicho que se irían. Parecía que era la única que no conocía ese suceso. Y decidí que era mejor escapar, no volver a esa casa.
Es contradictorio, pero una parte de mí anhelaba que Itachi corriera hacía mí y me dijera que todo era una mentira, o que lo esperara, o algo. Sin embargo ese 'algo' nunca llegó, y en cambio las cosas pasaron de forma contraria a un clásico cliché; Itachi no me alcanzó, no fue como las películas románticas ni los libros que solía leer. No, él no me dijo que me extrañaría ni me abrazó. Mi mariposa no dijo nada y dejó que yo volara, yo ya no era importante él ya había tomado mi néctar, ¿qué más importaba? En ese momento todas las palabras eróticas que me susurraba al oído se vieron empañadas por su actitud, yo no fui el mejor sexo de su vida, no.
Yo fui una más en su vida.
No dolía tanto, mi corazón no ardía, más bien era decepcionante no ser importante, que nadie viera en mí un universo. ¿Por qué tenía pensamientos de chica enamorada? ¿Esperaba realmente algo? Ese fue mi error.
Pero a final de cuentas yo era Sakura, una chica que estaba predestinada a creer en cosas color rosa, cuyo cabello es ridículamente rosa y que desde niña fantaseaba con encontrar a un príncipe que fuera azul. El azul y el rosa deberían de verse bien ¿no? Pero la realidad era diferente incluso dos años antes. Entre mí me dije que no me importaba si ellos se alejaban, pero mi maldito interior pedía —exigía— que se quedaran.
Sí, solamente el amor puede herir de esta manera.
La semana transcurrió tan rápido, y preferí guardar mi distancia. Todos ya sabían que los hermanos Uchiha se irían, ¿A dónde? No lo sé y ciertamente no se lo pregunté a mamá. Guardé mi propio dolor en el lugar más oscuro de mi corazón y seguí con mi vida, con lo que quedaba de ella. Porque a pesar de todo, esos hermanos los consideraba parte fundamental y vital de mi vida, ellos habían estado en cada momento. Desde el divorcio de mis padres, cada cumpleaños, cada inicio de clase. Ellos estaban ahí, y era inevitable borrarlos con un dedo, no podía tapar las cosas tan fácil.
Un día antes de que llegara el famoso día de marcharse, salí al jardín y me recosté en el pasto. Sentí el sol en mi cara y traté de relajarme, evité a toda costa mirar su casa porque eso solo me traería mucho dolor.
Entonces, te sentí cerca. Mi corazón tenía un tipo de radar especial para detectar tu presencia, traté de guardar la compostura, pero mis mejillas me delataron.
—No te has parado en casa.
Pasaron interminables segundos, pero la respuesta no te llegó.
—Sé menos obvia molestia, estás roja.
Y con ello te fuiste. No dijiste más pero me dejaste con el corazón acelerado y con muchas ganas de decirte tantas cosas, mis ojos al instante se llenaron de lágrimas y supe que mi corazón definitivamente se había ido.
El orgullo me pesaba, el orgullo pesa tanto y la sensación de haber querido decir tanto. Sin embargo mi interior, esa parte 'cuerda' que mantenía su postura me gritaba con todas sus fuerzas que hasta aquí había llego la mariposa y el corazón.
Al día siguiente, no hubo una despedida de película, con declaraciones amorosas ni verdades dichas. De hecho, se marcharon muy de mañana, tan de mañana que yo estaba dormida en mi recámara y cuando desperté mi madre me recibió con esa noticia.
—Se fueron ya, Mikoto estaba muy ansiosa…
No sé qué más dijo y no presté mayor atención. Algo en mí se había roto, los había perdido, tanto a mi mariposa como a mi corazón, y me di cuenta que no fui importante para ninguno de los dos, que yo era sólo una más de su colección.
Si el corazón fuera un componente electrónico, estoy segura que se habría desconectado. Literalmente, ya no lo sentí más.
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Por dos años me repetí a mí misma que tanto Itachi como tú ya no significaban nada. Que la mariposa que un día existió en mi adolescencia se echó a volar y que quizá en algún punto del camino murió aplastada por algún ser vivo. Y que mi corazón, ya estaba demasiado desconectado del amor infantil y cliché que llegué a sentir.
Sí, me repetí a mí misma por tantos días y semanas, y eventualmente meses que tú ya no significabas nada. Intenté repetirme que no me importas —mucho— pero me siento a morir de la angustia, porque la verdad es que me da curiosidad a donde fue a volar la mariposa y a donde paró el corazón.
Soy como Penélope esperando a su Ulises…
Y definitivamente, tu amor es el único que pudo haberme lastimado de esta manera, debieron ser tus miradas mortales que se clavaron en mi corazón.
Y entonces, me decido a afrontar las cosas, y estoy frente a tu hermano.
Itachi luce como siempre, el tiempo no ha pasado en él, pero en mí parecieran que han pasado cien años.
Me equivoqué, ya que la mariposa sigue latente y es que estuvo apagada durante tantos meses que ahora duele de tanto haberse calmado. En cuanto lo veo, el mundo conspira, y desearía tenerlo. Pero mi mente es tan contradictoria.
¿Soy la Penélope que quiere a su amado Ulises, o soy la Penélope que ama a otro griego?
Itachi no dice mucho, se limita a hablar sobre que tan bien le fue y pregunta por mí.
Pero no estoy segura de que este sea el Itachi que un día conocí, no es el Itachi que me encendía, que encendía cada parte de mi cuerpo hasta arder con su tacto. Él se metía en mi piel, debajo de mi piel y me hacía sentir lo dulce que podía ser la pasión.
Él se acerca, lento pero seguro —con ese clásico porte que siempre lo distinguió—, acaricia mi mejilla, me enciende de una manera diferente a mi adolescencia. No, esta vez que no está la canción de 'Babies' de Pulp, ya no hay un coro de fondo diciendo 'Quiero llevarte a casa, quiero dejarte hijos'. No, en esta ocasión él es diferente con su tacto, y finalmente el beso llega.
Y es dulce, no es pasión. Me confunde y me aparto como si se tratara de un impulso frenético, quiero seguir por supuesto, quiero saber que ha pasado con este hombre exactamente, sin embargo y antes de que formule mi lista de preguntas él niega con la cabeza y se aleja de mí. Me doy cuenta hasta este punto que somos como dos polos positivos, destinados a nunca congeniar, podremos llevarnos bien, incluso en el sexo pero estamos lejos de tener un vínculo fuerte.
Todo se disuelve en un parpadeo, en un aleteo de mariposa las cosas vuelven a cambiar. Y ante tal escenario sólo queda la resignación y la liberación final de esta mariposa, ya que ha vuelto a volar en cuanto él me dice con pena y un deje de tristeza que está comprometido.
La mariposa se va, sin dolor y sin ser lastimada. Mi corazón no se sintió desgarrado, no dolió. Solo que entendí que nuestra mariposa nunca regresaría, y que esas tardes de pasión quedarían en mis más profundas fantasías, donde él me mojaba como todos esos sueños adolescentes que tuve.
—¿Estás bien?
—Lo estoy Itachi. Lo estoy
—Siento que se hayan dado las cosas de este modo.
—Está bien, yo…
Pero entonces confiesa sus más profundos sentimientos, de un Itachi que ocultaba todo, de un Itachi de varios años atrás.
—Tú me gustaste.
Abro mis ojos cual platos y me resigné a la conjugación del verbo pasado. Todo estaba bien ahora…
Sonrío de forma cálida y le doy un fuerte abrazo.
Y entonces nos despedimos como dos buenos amigos, y ya no sentí más esa mariposa. La dejé morir. No podía seguir manteniéndola con vida sin ese combustible vital que era él, Itachi.
Me dispuse a no saber más de ustedes y seguí mi vida, pasaron varios años más.
No volví a saber de la mariposa, por que ciertamente había muerto. Y el sexo con los hombres se había vuelto una ruleta, de la que no podía parar y de la cual ya no podía sentir nada. Solo eran cuerpos sobre mí, ya no había electricidad, y me puse a pensar si el rumbo de mi vida iba bien llegado hasta ese punto.
Mi deseo sexual era alto, pero inversamente proporcional al placer que sentía. No, no sentía ya, porque tal vez era la consecuencia de la muerte de mi mariposa.
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"Es un día cualquiera, me levanto y me aseguro de haber cerrado mi departamento con llave. Salgo y los rostros de la gente son de mera monotonía, me aburre todo esto. Pero está bien, me recuerdo mentalmente que debo llamar a mamá, y quizá después de eso vaya al centro a pasear un rato.
Son las once cuarenta y tres, miro el reloj digital en la calle y suspiro. Es sólo otro día más, un día en el que tengo ganas de haberme quedado en casa. Pero sé que si llego a las doce con cinco mi jefe me matara.
Estoy caminando a paso apresurado, y sin querer las cosas pasan, no hay marcha atrás. Es tal vez el destino, o tal vez una mera coincidencia. No creo ya en esas cosas del hilo rojo del destino, ni tampoco en las películas románticas, pero entonces ¿a qué se debe esto?"
Todo se detiene, y esto se vuelve un cliché. Te veo cruzar la calle en dirección opuesta a mí. Mis piernas se congelan y entro en shock. No puedo gritar, no puedo caminar, escucho el pitido de un carro y como algo me empuja.
—Fíjate por donde caminas.
Es lo que dices y me sueltas. Niegas con la cabeza en señal de reprobación.
—Sigues siendo una tonta al cruzar la calle, Sakura.
Bueno, tal vez después de todo mi vida no es un cliché.
Te miro, me miras.
Sólo el amor puede doler de esta manera, y por más que quise convencerme de que tú no me importabas no tuvo sentido. Porque cuando estás alrededor mío solo tiemblo.
Sí, solo tu amor puede doler de este modo.
—Sakura...
La mariposa la había dejado volar, se había marchado al son de un vals adolescente, de un deseo sexual fuerte. Itachi había sido mi sostén, mi fantasía y mi modelo, porque con él imaginaba que tan bien podría haber sido tenerte.
Fue cuando tú pronunciaste mi nombre que las cosas volvieron a tener sentido.
Y sólo el amor pudo haber dolido de este modo, y sólo la mariposa pudo haberme satisfecho de este modo.
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N/A Muchas gracias a todas las personas que han dejado reviews, ¡gracias! Bien empezaré, este es el final. Sí, esta vez dije que serían cinco capítulos, no más no menos. Quizá muchos se estarán preguntando ¿dónde carajo está el quinto capítulo? Bueno, ese lo subiré en el transcurso de la semana, esperenlo ya que estoy segura de que les va a gustar.
Y bueno, la parte de Penelope y Ulises es parte de una leyenda de la mitología griega, por eso la alusión.
Sin más por el momento me retiro, y espero sus comentarios si les gustó o no les gustó.
/ Este OS, estuvo basado en las canciones:
—Disco 2000 de PULP.
—Only love can hurt like this de PALOMA FAITH.
