Capítulo 4: Noche Buena
Demelza esperaba que Ross regresara de Wheal Grace para ver a Jeremy como lo hacía todas las noches. Después de que se fue esa tarde sin ni siquiera mirarla un torbellino de emociones volvieron a ella, del tipo del que no se había permitido sentir desde el día que salió de Nampara. Ese mañana estaba resuelta, decidida a comenzar una nueva vida lejos del lugar que había sido su hogar desde que apenas era más que una niña, y ahora tenía la oportunidad de tener otra vida, una verdaderamente diferente a la que vivió hasta ahora. Una vida sin Ross. Si ella se iba con McNeil sabía que nunca volvería a verlo, y esa idea la llenaba de angustia. Tenía que hablar con él, decirle que no quería a McNeil, que lo que había sucedido aquella noche no era porque sentía algo por él sino porque estaba ciega de dolor y odio. Odio por él, Ross. Y que nada había ocurrido aquella tarde, es más, se alegraría si no volvía a verlo. Pero se estaba haciendo tarde, y Ross no fue a ver a su hijo.
Tal vez se demorase en la mina, o se habría ido al pueblo. No había faltado un solo día desde que ella se fue de la casa. Demelza le dio de cenar a Jeremy, era la hora del día en que Prudie estaba en Nampara, y regresaría en cualquier momento para pasar la noche con ellos. Llevó a su hijo a la cama y como era el trabajo que Ross solía hacer el niño no paró de preguntarle por su papá. Cuando Jeremy finalmente se quedó dormido y pudo volver a la sala, Prudie ya estaba allí, con una botella de ron en la mano.
'¿No lo viste a Ross mientras venías de regreso? No vino a decir buenas noches a Jeremy...'
'Está en Nampara. Ha esta'o allí durante horas, encerrado en la biblioteca, no quería que lo molesten.'
'Oh...'- fue todo lo que pudo decir.
'Yo se lo dije, no debe hacer lo mismo que el ganso. Nunca termina bien.'
Demelza le dirigió una mirada penetrante.
'Quédate con Jeremy.'
Y partió hacia Nampara.
Demelza no pensó que volvería allí de nuevo tan pronto. La puerta principal estaba entre abierta, no había fuego en el hogar de la sala, así que hacía mucho frío adentro y estaba oscuro, las cortinas de las ventanas estaban cerradas y no había ninguna vela encendida. Garrick la había seguido de regreso a su antiguo hogar y como era su costumbre abrió la puerta de la cocina, el resplandor de aquella habitación iluminó la oscuridad. El perro fue a sentarse junto al fuego, pero Ross no estaba allí. Una brillante línea de luz resplandecía bajo la puerta de la biblioteca, Demelza caminó lentamente hasta ella, golpeó dos veces y entró. Ross estaba de pie junto a su escritorio, había estado trabajando en los papeles de la mina y se levantó para ver quién llamaba, lo sorprendió ver que era su esposa.
'¿Qué haces aquí? ¿Está bien Jeremy?'-Sonaba exasperado, todavía enojado por los eventos de la tarde.
'Sí sí. Preguntó por ti, no quería irse a la cama sin verte, pero ahora está durmiendo.'
'Entonces ¿qué quieres?'
Demelza no esperaba oír ese resentimiento en su voz y no le gustaba, no era justo. Y ahora no estaba tan segura de por qué había ido.
'¿Cómo está tu mano?' - dijo ella.
'Está bien.'
Ambos permanecieron en silencio durante un rato, mirándose sin entender lo que sucedía en la mente del otro. Eventualmente Ross levantó ambas manos como preguntando y dijo:
'¿Eso es todo?'
'Sí... No... ¿Por qué estás tan enojado?'
'¿Por qué? ¿Me preguntas por qué? ¿Recuerdas lo que pasó hoy? ¿Recuerdas que te encontré con ese ridículo soldado?
'¿Me encontraste? ¡¿Haciendo qué?! Estaba almorzando...'
'¡Con otro hombre!. Un hombre con el que si no recuerdo mal te has acostado'
'No me acosté con él Ross, te lo dije... y además no tienes derecho a... a'
Su enfado la ofendió, la desconcertaba, estaba segura de que él no sería tan cruel.
'¡Oh si! ¡Tengo todo el derecho! Tú eres mi esposa y debes respetarme y honrarme...'
'¿Como tú me honraste a mi?'- Demelza le dió la espalda para marcharse, pero Ross la agarró del brazo y la dio vuelta, llevándola unos pasos dentro de la habitación otra vez.
'No puedes hacer lo que tú quieras Demelza, tienes deberes para con tu hijo, tu casa y para conmigo. No puedes ir por el pueblo fingiendo ser algo para lo que no estás calificada, ni andar con la gente común, como si todavía fueras solo la hija de un minero. Y menos que nada, no puedes animar a ese estúpido soldado a venir aquí a tomar lo que no es suyo...'
'Suéltame. Yo no animé a nadie a Ross. ¿Es eso lo que hizo Elizabeth? ¿Te animó y te dio esperanzas hasta que sentiste que tenías derecho a tomarla?'- Él la soltó. El nombre de Elizabeth siempre creaba un vacío entre ellos. Todavía estaba muy cerca de ella y podía verlo luchando por mantener sus viejos demonios a raya. Pero ahora era ella quien estaba enojada otra vez, el sentimiento de preocupación y angustia olvidado.-'Vino a disculparse si debes saberlo.'
'¿A disculparse por qué?'
'Él... ya no importa Ross. Me tengo que ir.'
'¿Por qué Demelza?, dímelo.'
Ella suspiró antes de decirle: 'Por su comportamiento la noche de la fiesta de Hugh Bodrugan... él no actuó tan caballerosamente...'
'¿Qué quieres decir? ¿Creí que me dijiste que tu lo invitaste a tu habitación?'
'Sí, lo hice. Pero luego me arrepentí, y a el no le gustó cuando le dije que no quería estar con él después de todo y quizás se propaso un poco...'
Ross sintió que su ira aumentaba de nuevo.
'¡Oh, Dios mío, debería haberlo matado! ¿Dónde está ahora?'- y la agarró por el brazo nuevamente.
'¡No Ross!'
'¡¿No?! ¿Lo estás defendiendo? Dime dónde está...'
'Sí Ross, lo estoy defendiendo. Cometió un error, lo provoqué y cometió un error, pero no fue solo culpa suya.'
'¿Lo has perdonado? ¿A un extraño que intentó aprovecharse de ti y lo has perdonado? Mientras que yo... ¿Por qué Demelza?'
'Porque él dijo que lo sentía y se disculpó adecuadamente conmigo y puedo entender por qué lo hizo, por eso. Y porque no me importa nada de él, no está obligado para conmigo de ninguna manera, no le he llamado para que venga y no me importa adónde va. ¡Sólo estábamos almorzando!, sabes que en realidad era eso lo que había venido a decirte, antes de que comenzaras con tu pequeña escena.'
Su mente quedó en blanco.
'Demelza, yo no...'
'No digas nada Ross. Me temo que nada de lo que digas hará que esta situación mejore... ¿Qué es eso?'- Señaló un plato sobre el escritorio con algo que parecía comida. Ross siguió lentamente la dirección de su dedo.
'Esa... es mi cena, creo que Prudie está tratando de envenenarme poco a poco. Demelza yo no quise...'
'Claro.'
Demelza se dio la vuelta y lo dejó en mitad de la frase.
Ross no la siguió de inmediato, incluso cuando pensó que era demasiado tarde para que ella anduviera sola en la oscuridad, pero entonces oyó a Garrick ladrar en la cocina y se preguntó qué podría haberla demorado después de que estuviera tan decidida a regresar a su cabaña.
Antes de entrar en la cocina oyó ruidos familiares provenientes de allí, esperó un rato del otro lado de la puerta, espiando por la abertura entre la puerta y el marco como solía hacer hace muchos años, cuando acababan de casarse y el trataba de comprender quién era esa criatura con la que juró pasar el resto de sus días. La misma o quizás otra criatura salvaje estaba allí esa noche. Llevaba un delantal atado a la cintura y se había levantado el cabello con una vieja cinta que debió encontrar por ahí. Palabras que no llegaba a comprender llegaron a sus oídos, primero la creyó cantando, pero luego frases como "¿cómo cree él que..." y "para lo único que soy buena..." se le hicieron claras. Entró en la cocina con cautela, como si realmente fuera un animal enjaulado que huiría o lo atacaría si se sentía amenazado.
'Demelza, ¿qué estás haciendo ahora?' - dijo tan cautelosamente como pudo.
'¿Qué parece que hago? Te estoy haciendo la cena, porque al parecer eso es para lo único que soy buena para ti...'
'No dije eso, lo que...'
'No, no, claro que no. También puedo atender a tu hijo y a tu casa.'
'Nuestro hogar. No tienes que hacer esto.'
'Bien, por favor decídete, ¿no es esto lo que quieres?'
'No, no así. No, si tú no quieres.'
Las manos de Demelza dejaron de amasar la masa que estaba preparando para hacer un pastel y sus ojos se clavaron en los de su marido.
'No puedes comer eso en Nochebuena.'
Casi se parecía a la joven niña que hizo su primer pastel por su cuenta hace tantos años, y Ross la echaba mucho de menos, también había perdido a su amiga, la que se quedaba hasta bien entrada la noche esperando a que volviera desde donde quiera que la ocasión lo hubiera llevado.
'¿Te quedarás a cenar conmigo?'
Ross no notó el vaso y el decantador lleno de oporto que Demelza se había servido y que había empezado a beber antes de empezar a cocinar.
'Si tu quieres.'
'Deberías dejar de beber Demelza'-dijo Ross en medio de la cena. Mientras Demelza estaba cocinando el pastel él había encendido el fuego en el hogar perfectamente funcional de la sala y ahora estaban sentados a la mesa tan separados como ella había podido hacerlo, comiendo.
'¿Debería? ¿Por qué? ¿Te avergüenzo?'
'No, pero no te sentirás bien por la mañana.'
Demelza no se detuvo, bebió en un sorbo la copa del oporto que sostenía y, desafiante, cogió el decantador y se sirvió otra. Después de beber rápidamente esa también, le sonrió jovialmente. Y luego puso un rostro ceñudo como el que estaba haciendo Ross, burlándose de él.
'Detente.'
'Detente.' -repitió ella con un tono grave. Y se rió de nuevo, el alcohol la hizo sentir ligera y alegre de una manera que no había sentido en meses, años.
'¿Por qué? ¿Por qué debo hacer lo que dices?'
'Porque soy un hombre y todavía soy tu marido.' -Él afirmó.
'Un hombre... mmm... nunca fui muy buena en obedecer al hombre al que se suponía que debía hacerlo. Tal vez porque el hombre que debía cuidar de mí me lastimó en lugar de eso...'
'Demelza...'
'Estoy hablando de mi padre Ross, no te inquietes.'-Se quedó en silencio mientras se servía otro vaso.
'Pero supongo que tú también eres su víctima, si no hubiera hecho las cosas que hizo nunca habría venido aquí y tú te habrías casado con una rica heredera, que te obedecería y te esperaría pacientemente todas las noches mientras jugueteas con Elizabeth.'
'No digas eso, ya sabes...'
'Oh sí, lo sé, debo entender, sí, tú eres mi marido y yo soy parte de ti y no debo hacer nada que se refleje mal en ti.'
'¿Podrías dejar de verter esa jarra en tu vaso?!'
Ella le sonrió de nuevo y él se sorprendió por la forma en que lo miraba, estaba claramente enojada, pero había algo más en sus ojos.
'No creo que sea justo que una mujer se deba al marido de tal manera. ¿Por qué no puede una mujer ser libre incluso si está casada? ¿Por qué no puede decir su opinión y hacer lo que quiere? El mundo sería un lugar mejor si estuviera gobernado por mujeres.'
La frustración de Ross fue reemplazada lentamente por diversión debido las divagaciones de su esposa. Incluso después de seis años, nueve desde que él la conocía, ella todavía podía sorprenderlo. ¿A quién no le gustaría vivir en un mundo gobernado por ella?
Demelza notó la media sonrisa en su rostro, y de repente se levantó todavía sosteniendo el vaso de oporto en su mano.
'¿Me encuentras divertida?' -le preguntó.- 'Porque hablo en serio.'
'Sé que lo haces.' -Dijo tratando de no reír.
'Si las mujeres estuvieran a cargo, no habría guerras, ni asesinatos en nombre de la justicia... habría honestidad y amor... ¿Sabes quién sería un buen político?'
'¿Quien?' -preguntó todavía divertido.
'Margaret Vosper.'
El rostro de Ross se convirtió en piedra en menos de un segundo.
'¿Qué pasa Ross? ¿La conoces? Por supuesto que sí... Conversó conmigo en la fiesta. ¿Lo ves? Ella tomó lo que quería de ti y no se arrepiente, y tú, ¿qué sientes por ella Ross? ¿Vergüenza? ¿Arrepentimiento?... Ojalá pudiera ser como ella...'
'Ojalá que no.'
'...Decir lo que pienso...'
'Creo que ya lo estás haciendo.'
'...hacer lo que yo quiera...'
'¿Y qué es lo que quieres?' -Dijo bruscamente, volviéndose hacia ella pero sin ponerse de pie.
Demelza se quedó en medio de la sala mirándolo. Este hombre al que ella debía obedecer y que la había traicionado, que la hirió de tal forma que no sabía si alguna vez podría recuperarse, pero aún así... ¿qué es lo que quería?
Demelza dejó la copa sobre la mesa y caminó hasta que estuvo frente a él, se agachó para levantar su falda por encima de sus rodillas y luego se sentó en el regazo de Ross, una pierna a cada lado de las suyas y antes de que él pudiera incluso darse cuenta de lo que estaba sucediendo que ella lo besó apasionada y desenfrenadamente en la boca.
Ross trató de hablar entre sus labios.
'Deme...'- pero ella no se lo permitió. Aferró su chaleco para acercarlo hacia ella y luego pasó sus manos por su pecho, su largo cuello hasta que llegó a sus negros e indomables rizos.
Él estaba jadeando, sorprendido e invadido por el sentir de su esposa, después de tantos meses, pero ella estaba...
Le soltó las manos de su cabeza y las sostuvo en las suyas. Luego se echó hacia atrás, apartándose de ella pero sin dejar de mirarla.
'Demelza' -dijo-'¿qué estás haciendo?'
'¿Qué? ¿Ya no me deseas?'
Fue la mirada de desesperación lo que lo desconcertó. No era el oporto que había estado bebiendo los destellos en sus ojos que se convirtieron en lágrimas en su silencio.
'¡Lo sabía, lo sabía!' -Y empezó a intentar liberar sus manos de las suyas.
'Ya no me quieres, no después de ella.'
Estaba tratando de levantarse, empujando su pecho, pero él no la dejó. Sus brazos la rodearon, manteniéndola en su lugar. Sabía que había bebido demasiado, tenía el rostro rosado y podía sentir el latido de su corazón en su pecho y el olor a alcohol en su aliento.
'Tú no...'
'Sí, sí, Demelza. Te quiero'
Le pasó los dedos por la nuca para mantenerla quieta y la miró fijamente. Restricción al demonio. Se inclinó y besó sus labios con fuerza, sus mejillas, su cuello, su rostro y por todas partes donde podía alcanzar.
'Demelza... te amo' -murmuró contra su boca.
De repente se levantó atrayéndola hacia él, con todo su cuerpo contra el suyo, y sin soltarla ni dejar de besarla, Ross empezó a mover sus cuerpos hacia las escaleras.
'A la habi...tación' -dijo cuando pudo respirar.
Sus brazos le sostenían los hombros y las manos recorrían su pelo. Y ella rió en sus labios cuando casi cayeron en el primer escalón, ninguno de los dos mirando hacia donde iban. Finalmente el la levantó en sus brazos y Demelza gritó sorprendida, pero luego siguió besándolo y empezó a desabotonarle el chaleco.
Cuando llegaron al dormitorio, el pelo de Ross era un desastre y los labios de Demelza estaban ya hinchados por sus besos. Sabía que estaba siendo rudo pero algo se había encendido dentro de él, un fuego le corría por las venas de una manera que nunca había sucedido antes. Él la quería, sí, la deseaba más que nunca y si había vacilado hacía un momento, ahora no podía detenerse. Después de tanto tiempo…
'No tienes idea de cuánto te deseo Demelza. ¿Me deseas?'
'Sí'-dijo ella suavemente y empezó a trabajar en sus pantalones.
Se movieron hacia la cama, ambos trabajando urgentemente en la ropa del otro. En el piso acabaron su vestido y su camisa, y volvieron a reír cuando Demelza trataba de acariciarle el pecho mientras el desataba los lazos de su corset. Una vez que ambos estuvieron desnudos, Ross tuvo que alejarse y mirarla, contemplarla. Una parte de él todavía no podía creer que estuviera allí, la otra parte se sentía como en casa con su familiaridad. Una parte de él, ella era siempre una parte de él. Ansiaba estar dentro de ella.
Ross se acercó a su esposa una vez más y pasó la yema de sus dedos por su mejilla hasta su cuello. Y la besó una y otra vez, abrazándola fuertemente, exigiéndole todo lo que le había negado en los últimos meses. Ambos estaban gimiendo cuando la parte de atrás de sus rodillas tocaron el borde la cama... pero Demelza no se acostó sobre ella, sino que rodeo a su esposo por la cintura y los dió vuelta, empujando a Ross para que se tendiera sobre las mantas.
'¿Qué...?'
Pero Ross no tuvo tiempo de decir nada. Demelza estaba trepándose sobre él, con una rodilla a cada lado de su cuerpo, besando su vientre, su lengua se sumergió en su ombligo, acariciando su torso con sus labios. Su piel ardía, su Demelza... ¿Cómo pudo haber hecho semejante cosa? Pero su razonamiento fue interrumpido por sus labios en los suyos, su lengua clamando atención.
De repente Demelza se sentó y se movió hacia atrás por encima de su erección, y lentamente, tan celestialmente despacio se hundió en él. Sus manos la tomaron por la cintura, sus caderas y luego acariciaron sus pechos mientras ella se movía arriba y abajo en él, lentamente al principio, sus caderas moviéndose para igualar su ritmo cada vez más rápido. La observó cerrar los ojos y gemir, y ya no pudo aguantar más y se sentó cerrando sus labios alrededor de su pezón, gimiendo su nombre cuando acabó.
Demelza despertó a la mañana siguiente con dolor de cabeza y con mucho calor. La mitad del cuerpo de Ross estaba encima de ella, una de sus piernas entre las suyas, su brazo la cubría como una manta. No recordaba lo que había ocurrido la noche anterior, pero su desnudez y la virilidad de marido en su cadera no dejaban lugar a especulaciones.
Próximo Capítulo: ¿Cómo la conociste?
