CRUCE
¿Por qué?
- Me contrató para matarte.
Hanamichi miró a su antiguo compañero de equipo; le miró con los ojos abiertos, al igual que su boca, sin creerle del todo. Cuando su mente consiguió reunir las palabras apropiadas, preguntó:
- ¡¿Qué me estás contando, kitsune?!
Rukawa suspiró con cierto desespero. Ése idiota nunca cambiará. Metió una mano en el bolsillo derecho de sus vaqueros y sacó un pequeño estuche rectangular, plateado. Lo abrió y le mostró al pelirrojo un par de jeringuillas.
- Soy asesino a sueldo. ¿Rana punta de flecha o serpiente Taipán?
- No lo dirás en serio… ¿No? – preguntó Sakuragi levantándose del sillón.
El moreno guardó el estuche y se levantó, sin apartar su mirada cristalina de los ojos castaños e incrédulos.
- Do'aho. No voy a matarte – dijo Rukawa mientras sacaba unos papeles en el bolsillo delantero de su camisa veraniega.
- ¿Qué haces?
- Haz las maletas.
- ¿Qué?
- Estás muy preguntón hoy… - comentó mientras le tendía lo que parecía un billete de avión.
- ¿Los Ángeles? ¿Voy a ir a Los Ángeles? ¡Nunca he ido a América! ¡Voy a por mis cosas! – gritó emocionado y, olvidando todo lo referente a su asesinato, desapareció por el pasillo.
Rukawa suspiró –otra vez- y volvió a sentarse en el mullido sofá. Buscó su móvil y marcó unos dígitos.
- ¡Hola! ¿Qué tal todo con tu… amigo? ¿Bien? ¿Has dormido? Yo he llegado hace apenas una hora... ¿Nos quedaremos mucho tiempo? Me gustaría probar el sushi ya que estamos en Ja... – una voz femenina le llegó a los oídos.
- Sarah. Ven – y colgó.
Instantes después, una cabeza pelirroja se asomó por el marco de la puerta.
- ¿Quién es Sarah?
- Mi ayudante, te ayudará a salir vivo de esta.
Hanamichi observó al moreno, aún sentado en el sillón de su sala de estar. El zorro tenía la misma expresión seria y altiva que cuando iban al instituto. La maldita expresión que le había cautivado. Parecía pensativo. Realmente le había extrañado, había extrañado su voz –más bien sus insultos-, sus golpes, su olor a sudor mezclado con colonia, su contacto físico cuando jugaban, sus besos y sus manos la primera y única noche que durmieron juntos.
Y ahora estaba ahí, sentado en su salón, diciéndole que le habían contratado para matarle, que hiciera la maleta, que se iba a Estados Unidos con una tal Sarah... La cabeza le daba vueltas.
Al verse víctima de una detallada observación, Rukawa se dirigió de nuevo al pelirrojo:
- ¿Qué quieres, do'aho?
Sakuragi tragó saliva y de repente, aceptó que tenía problemas serios de verdad; el rostro antes sonriente se tornó serio de repente.
- Oye, kitsune… ¿En serio ibas a matarme?
- No – ojos azules sobre los suyos castaños.
- ¿Pero has matado a gente por dinero?
- Sí – la mirada zorruna pestañeó, pero se clavó de nuevo en él y Sakuragi sintió que le leían el alma. - ¿Has acabado?
- ¿Eh? – los ojos de hielo se dirigieron hacia algún punto de la estancia y el hechizo se rompió.
- La maleta, que si has acabado.
- Eh… sí, sí.
- Sarah llegará enseguida. Siéntate – dijo señalando la otra butaca.
El pelirrojo sentía sus latidos en la sien. Bum, bum. Se sentó y miró al antiguo jugador de baloncesto. ¿De veras era un asesino? Se lo imaginó empuñando un arma o clavando una de las jeringuillas que le había mostrado anteriormente en el brazo de alguien. No puede ser, pensó, si era la nueva estrella de la NBA. Pero la realidad era distinta, la verdad se palpaba en su salón y viejos recuerdos flotaban en el aire.
- ¿Por qué? – musitó Sakuragi, más para sí mismo que para el otro.
Mil gracias por los reviews y perdón por no actualizar antes. Ya sabéis cómo son las musas…
