Inglaterra oye el motor al prenderse, desde el cuarto y saca un poco la cabeza por la misma ventana donde hace dos noches la cita de Francia trató de mandarle a la mierda, levanta las cejas. Baja corriendo las escaleras en un impulso, controla a Canadá desde la rendija de la puerta, viéndole despedirse y en cuanto le ve cruzar el linde del jardín, antes de que el francés se haya podido volver a la puerta siquiera, la cierra de golpe, girando la llave.
Francia se gira al escuchar la puerta, sorprendido. Camina hasta ella y hace lo que todos suponemos... intentar abrirla. Frunce el ceño cuando ve que no puede, aunque sonríe un poco negando con la cabeza. Toca el timbre.
Inglaterra corre a comprobar todas las ventanas de la planta baja, oyendo el timbre de fondo y sin hacer caso.
—Angleterreeeeeeeeeee —vuelve a tocar el timbre.
Cuando el británico está seguro de que están todas cerradas, sube a la planta de arriba y abre la ventana. Francia sigue tocando el timbre y protestando un poco.
—Oh! mira, una frog atrapadaaaa —se burla desde la ventana—. ¿Qué ha pasado, frog?
El francés camina unos pasos hacia atrás y mira arriba al oír la voz.
—Un trozo de carne me ha dejado encerrado afuera —le sonríe.
—Oh... cuan malvado —se apoya tranquilamente en el marco.
—¿Cuál es el precio de entrada, monsieur? —levanta las cejas y se pone una mano sobre los ojos para taparse la luz.
—¿Qué está dispuesto a ofrecerme? —pregunta.
—Mmm... tengo varias ideas —toma el cinto de la bata y empieza a abrírsela.
—France! —grita sonrojándose de golpe y poniéndose nervioso, el galo se ríe—. Estas en mitad de la calle, ¿es que no tienes ni un poquito de pudor? —le riñe aun sonrojado.
—Más o menos el mismo que tú cuando lo hicimos sólo un poquito más allá —señala la zona, definitivamente más apartada y menos pública en donde lo hicieron sobre la moto.
—Has dejado que se la llevara —aprieta los ojos.
—¿Querías otra ronda? —pregunta soltándose el cinto de la bata y levantando los brazos.
—Bollocks! —protesta metiendo la cabeza para no verle.
—"¿Qué luz alumbra esa ventana? Es el oriente y Julieta, el sol. Sal, bello sol y mata a la luna envidiosa, que está enferma y pálida de pena porque tú, que la sirves, eres más hermoso..." —empieza Francia, citando Romeo y Julieta.
Inglaterra abre los ojos como platos en el suelo debajo de la ventana y se sonroja muchísimo más al reconocer los versos, sonriendo como idiota y tapándose la cara de vergüenza para no hacerlo
—"¡Ah, es mi dama, es mi amor! ¡Ojalá lo supiera! Mueve los labios, mas no habla. No importa: hablan sus ojos; voy a responderles." —sigue saltándose algunos trozos para que cuadre.
El británico carraspea sintiéndose DE VERDAD como si tuviera quince años y fuera absolutamente idiota... tremendamente avergonzado, se acerca a la cama, sacando la sábana y sin salir por la ventana ni una vez, la echa, empezando a anudar la otra sábana mientras, por supuesto, recita en un susurro la réplica de Julieta "¡Ah, Romeo, Romeo! ¿Por qué eres Romeo? Niega a tu padre y rechaza tu nombre, o, si no, júrame tu amor y ya nunca seré una Capuleto"
Francia levanta las cejas al ver la sábana salir, sonriendo también como idiota, por supuesto... así que empieza con la siguiente parte que le toca, aunque no escuche a Inglaterra.
—"Te tomo la palabra. Llámame amor y volveré a bautizarme: desde hoy nunca más seré Romeo."
Inglaterra las ata con fuerza no sea que se suelten mientras las sigue echando ventana abajo y por un momento, piensa en usar sus pantalones etc etc... Pero se sonroja aún más por la idea, además las sábanas ya llegan.
—"¿Quién eres tú, que te ocultas en la noche e irrumpes en mis pensamientos?" —da la réplica aun en voz baja, pero un poco más fuerte.
Francia, al oírle, sonríe más y toma la punta de la sábana que está ya bastante abajo, (Francia va a hacer un espectáculo de aquellos como sople un poquito el aire), confiando en que Inglaterra las ha amarrado bien, salta y empieza a escalar, pensando que no es tanta la altura.
—"Con un nombre no sé decirte quién soy. Mi nombre, santa mía, me es odioso porque es tu enemigo. Si estuviera escrito, rompería el papel" —recita sonriente al ver lo bien que les queda y un poco sorprendido el mismo al darse cuenta de lo fluidos que le salen esos versos y que no sabía que se supiera tan bien.
Inglaterra sujeta la sábana con fuerza al sentir el peso de Francia, pero aun sin salir por la ventana.
—"Mis oídos apenas han sorbido cien palabras de tu boca y ya te conozco por la voz. ¿No eres Romeo y además Montesco?" —replica porque, of course, Inglaterra no es que se sepa Romeo y Julieta de memoria, no, es que si no se la supiera podría estar improvisándola sobre la marcha y le saldría igual.
—No, cher, si uno u otro te disgusta —sonríe al hacerle la adaptación, mientras escala lo más rápido que puede para llegar a la ventana.
Inglaterra aprieta los ojos pensando que en cuanto le vea se va a morir y empieza a tirar de la sábana con fuerza para levantarle y que tenga que escalar menos trozo.
—"Dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y por qué? Las tapias de este huerto son muy altas." —da la réplica saltándose un trozo porque... bueh, es bastante purista normalmente, pero ahora están jugando.
—"Con las alas del amor salté la tapia, pues para el amor no hay barrera de piedra y, como el amor lo que puede siempre intenta, los tuyos nada pueden contra mí" —responde Francia poniendo una mano en el alfeizar de la ventana (agradeciendo secretamente la ayuda de Inglaterra desde el cuarto, puesto que no es lo mismo los tres mosqueteros que unos años después... ejem...), apoyándose en el marco de la con un pie y alzándose hasta aparecer.
Inglaterra siente que el peso cede y se sonroja completamente en el suelo mirándose los pies al saber que ya está en la ventana, sin ser capaz de decir nada. El francés se mete en el cuarto y se pasa una mano por el pelo, resoplando un poquillo pero sonriendo
—¿Julieta? —susurra acercándose un pasito.
—"La noche me oculta con su velo; si no, el rubor teñiría mis mejillas por lo que antes me has oído decir. ¡Cuánto me gustaría seguir las reglas, negar lo dicho!" —confiesa con los ojos apretados. Francia se le acerca, abrazándole con su bata.
—No juraré por esa luna santa que platea las copas de estos árboles... para que me eches, mon amour... soy más listo que Romeo —susurra.
—Eres un idiota —se ríe un poco.
—¡Hey! Tú no pareces ser mejor que Julieta, cher... ella le dijo palabras bonitas —le besa detrás de la oreja.
—¡Oh! ¿Insinúas que yo no digo palabras bonitas? nadie las dice más que yo, monsieur —replica abrazándole un poco, porque está helado.
—Nadie —admite siguiéndole la mandíbula y acercándosele más al abrazo, siguiéndosela con la boca, claro está...
El británico sonríe dejándole, moviendo la cabeza hacia un lado para que lo haga mejor, suspirando completamente satisfecho con esto.
—Bloody William... —le imita el tono el francés, besándole la barbilla y mirándole a los ojos.
—Envidioso —sonríe picándole un poco, cerrando los ojos y bajando la cabeza para buscarle los labios. Francia se ríe un poco y le besa sin fastidiarle, porque ya han jugado bastante, relajado y completamente feliz.
Inglaterra le devuelve el beso porque, de hecho, aunque le ha encantado todo eso le ha costado un poquito y luego se mueve hasta que quedan tendidos en el suelo.
xoOXOox
Inglaterra suelta todo el aire sonoramente y leja caer los brazos a ambos lados de la cabeza contra el suelo. Francia le besa el cuello y un instante después se deja caer sobre él, sonriendo idiotamente como lleva haciéndolo desde hace un buen rato.
—Dieu... Juliette... —susurra con la respiración entrecortada, el inglés sigue sonriendo mientras respira agitadamente, seguramente levantando y bajando al francés solo con llenar y vaciar los pulmones.
—Ro...meo... —susurra entrecortadamente—. No —niega con la cabeza sin dejar de sonreír, dándose cuenta de pronto—. Love —rectifica. Los ojos azules buscan su mirada, no atreviéndose a... cierra los ojos.
—Love —repite en un susurro, aun suponiendo que ha malentendido.
El británico sonríe un poco más aun con los ojos cerrados. Francia sonríe también, dándole igual, abrazándolo más... relajándose, sin atreverse a abrir los ojos ni a decir nada más.
—¿No tienes hambre? —pregunta acordándose de pronto que él no ha desayunado, después de un ratito en silencio.
Inglaterra entreabre los ojos y le muerde un poco en lo primero que encuentra, que seguramente es su hombro. Francia sonríe, dejándose hacer.
—Mmmm... Cuisses de grenouilles aux l'Angleterre...
—Nah, las ancas son estás —lleva las manos a los muslos de Francia, sonriendo, él se ríe.
—No conozco ninguna receta para los brazos de rana.
—¡Entonces tendré que comerme las ancas! —exclama y le obliga a girar para quedar encima, poniéndose de rodillas entre sus piernas y mordiéndole el muslo derecho. Francia se muere de la risa.
—Noooon, noooooon... —protesta sin hacer ningún ademán de quitarle, desde luego. Inglaterra se ríe también y se da la vuelta sentándose sobre su tripa de espaldas, le muerde ahora el otro muslo, besándole un poco…
Francia sigue riendo, extendiendo un brazo y acariciándole la espalda cariñosamente, mientras cierra los ojos, completamente feliz y relajado, sintiendo una oleada enorme de afecto hacia Inglaterra. Un instante después siente una punzadilla de angustia en el estómago al saber que esto... como siempre... es humo. Se muerde el labio y niega con la cabeza alejando el pensamiento, abre los ojos y levanta a ambas manos, picándole al inglés las costillas para hacerle cosquillas.
Inglaterra salta con las cosquillas y se incorpora aun sentado sobre él.
—¡Eh! ¡Traidor atacando por la espalda! —protesta riéndose y tratando de tomarle de las manos. Francia dobla las rodillas, dejando que le tome las manos y jalándolo hacia atrás para que le caiga encima de espaldas.
—Gracias por el elogio, mon amour...
—¿Cuál elogio? —se deja caer apoyando la cabeza en su hombro y levantando las caderas para ponerlas al lado de las de Francia, en el suelo.
—¿No has dicho, "hombre hermoso atacando por la espalda"? —le deja que se baje, girando un poco él, colocando una pierna sobre la cintura del británico y su brazo libre alrededor de su abdomen, casi como si lo estuviera protegiendo de algo.
—Dije traidor, rana sorda—vuelve la cabeza a él, poniendo una mano sobre la rodilla que le ha puesto encima, se sonroja un poco y le besa los labios.
La rana se deja besar, sonriendo, moviendo la mano de su pecho a su cabeza, tomándolo de la nuca y se deja y se lo devuelve con ternura.
La rana se deja besar, sonriendo, moviendo la mano de su pecho a su cabeza, tomándolo de la nuca y se deja y se lo devuelve con ternura.
El galo se separa unos segundos más tarde, mirándolo a los ojos y acariciándole la mejilla, sonriendo con el corazón desbocado, pensando lo que no puede decirle pero sí puede transmitirle... le besa de nuevo, un beso suave y casto en los labios.
El británico entreabre los ojos cuando acaba el último beso y sonríe con un suspirito "mmm" satisfecho.
Francia recarga su cabeza en la de Inglaterra, sonriendo también, como si el mundo estuviera perfectamente ordenado en este momento. Él le hace algunos cariñitos con la nariz, frente con frente, con los ojos cerrados y sonriendo hasta que unos segundos más tarde le suena el estomago con un rugido salido como de las entrañas del infierno y Francia se ríe.
—Lo sabíiiiia... —canturrea sin moverse.
—My god, me estoy comiendo a mí mismo —bromea Inglaterra.
—El rosbif es bueno... —valora Francia pasándole un dedo por el estómago, que hunde un poco porque tiene cosquillas y sonríe levantando las cejas sin poder creerlo—. Quoi? —le mira levantando la mirada.
—Has dicho que una comida mía es buena —sonríe.
—Es prácticamente carne asada —usa en su defensa, riendo.
—Jaaa! Nooo! ¡Pero has dicho que es buena aunque sea solo eso! ¡Te he oído! —le toca la nariz.
—Ehh... —se ríe un poco aunque frunce el ceño—. Yo lo decía por contraste... es decir, es mucho menos peor que tu asquerosa carne enlatada, avinagrada y llena de sal —le pica el estómago.
—Nooo! ¡No es eso lo que has dicho! ¡Has dicho que es bueno! ¡Por fin has admitido que hay algo que hago bueno! No trates de confundirme o excusarte ahora —se pasa la mano por el pelo con orgullo, teatralmente—. JA!
—¿Sabes? Nadie más ha oído... —le besa la mejilla—. Y yo voy a negarlo.
—¡No me importa! ¡Lo has confesado! —sigue tan contento, Francia se ríe.
—Por eso ahora tendré que matarte, entonces...
—¡Ja! me gustará ver como lo intentas —levanta los puños frente a su cara, sonriendo de lado con el ceño fruncido.
—Bien... el paso número uno es que hagas la poción y pueda escuchar lo que estás pensando... y lo que quieres exactamente. El siguiente paso es que vengamos aquí a tener sexo. Vamos a ver CUANTAS veces te mato —sonríe maligno.
—No vamos a tener sexo... ¡en esas! —protesta muy nervioso, sonrojándose con los ojos muy abiertos.
—Oh, claro que vamos a tener sexo en esas, cher.
—But... ¡No! ¡Eso no estaba en el trato! —muy muy nervioso—. A-Además... seguro prefieres otras cosas... puedo... yo puedo... que te parece desdoblarte, ¿no te gustaría más tener a un clon tuyo para mandarlo a trabajar en tu lugar?
—Llevo una vida entera escaqueándome del trabajo cada vez que quiero, sin tener realmente pérdidas... —le pasa el pulgar por el ceño fruncido.
—Pues... podrías... qué sé yo, tener sexo contigo mismo... o... q-quien sabe —se pone nervioso apartando la vista y sonrojándose más, no tan seguro de que le haga gracia esa idea ahora que la expuesto.
—Si tengo sexo conmigo mismo puede que me arruine el sexo para siempre —sonríe.
—¡Si serás presumido! —le da un empujón en un hombro.
—Estoy jugando... no quiero eso, quiero tener sexo contigo mientras me dices EXACTAMENTE lo que quieres que haga... es parfaite.
Inglaterra traga saliva, nervioso.
Y ahora ya sabes porqué se llama así esta historia.
