A la mañana siguiente Remus se despertó siendo un vestigio de persona. Le dolía la cabeza de tal manera que la ligera respiración de Sirius a su lado le parecía un huracán.
Se sentó contra el respaldo de la cama y se tomó un momento para recobrar fuerzas, cuando se sintió preparado descorrió la cortina de su lado de la cama para encontrarse con un sol radiante que entraba desde las ventanas y le encandilaba con violencia.
- ¡Buenos días bella durmiente! -Se rió James, quién leía en libro recostado en su cama.
- ¡No grites...! -Gimió de dolor el castaño, masajeando sus cienes con dos dedos- Mi cabeza me esta matando.
James sonrió negando con la cabeza y buscó algo en su cajón.
- Toma -Se rió James, entregándole una botellita no más grande que un pulgar y con contenido azul dentro- Te hará sentir mejor, pero trata de no respirar y tomártelo de un solo trago.
A Remus le pareció extraño pero no reprochó nada, la simple promesa de que aquel malestar desaparecería le hacía sentirse agradecido. Se llevo el contenido a la boca muy confiado y lo tomó de un solo trago. Al instante comenzó a hacer muecas y tener arcadas, la poción sabía sumamente desagradable y como era viscosa se deslizaba con parsimonia por su garganta.
Al no poder soportarlo Remus corrió hasta el baño y rodeó el grifo con su boca, tomando tanta agua sea necesaria para sacarse el agrió gusto de la boca.
- ¿Mejor? -Preguntó James cuando Remus volvió.
- Mejor- Asintió éste.
Remus se dio una ducha tibia para disipar la extraña pesadumbre que sentía y luego, mientras se vestía, se topó con una tiara de flores color escarlata y oro que brillaba con la misma intensidad que cuando fue coronada. El castaño sonrió dulcemente al reconocer su tiara y la dejó debajo de un toallón, ya que iluminabas todo el cuarto de baño de escarlata y oro.
- Supongo que ya lo sabía...- Se dijo así mismo, mirando el refulgor de las pequeñas flores escaparse por algunos pliegues.
Mientras tanto, en el cuarto, James seguía su lectura cuando un extraño brillo rojo en el suelo lo distrajo. Desvió su mirada hacia la larga franja roja y notó que también habían otras que eran color ocre brillante.
Aquellos colores se extendía desde debajo de la cama donde actualmente dormía Sirius. Se acercó a el brillo que emanaba desde debajo de la cama de Remus y notó que se trataba de una tiara. James sonrió con ternura y descorrió un poco la cortina de la cama para dejarla junto a la almohada de Sirius.
Al cabo de un rato el sueño Sirius se interrumpió y, pensando que se trataba del sol, se cubrió el rostro con la almohada para que no le despertara, pero no había caso, ahora que se había despertado no podía seguir durmiendo.
Abrió los ojos bajo al almohada y notó que los rayos que le daban de yano en los ojos no eran del sol, si no que eran de color escarlata. Cuando se sacó la almohada de encima notó que lo que le encandilaba no era otra cosa que su tiara. Sirius no pudó evitar alarmarse. ¿Cómo era posible que su tiara brillara tanto? ¿Cómo era posible que brillara incluso más que en el momento que fue coronada?. Paulatinamente Sirius podía notar que la tiara brillaba más y más, tanto que iluminaba por completo la oscuridad que aguardaba las cuatro cortinas cerradas de la cama. Sirius escondió la tiara debajo de las sabanas y descorrió las cortinas rápidamente. Para su suerte no había nadie en el cuarto, lo cual le dio tiempo para esconder su tiara en un lugar seguro, donde nadie podría encontrar. Luego hizo la cama, se cambio y salió a caminar para despejar su mente.
¿Que haría? No sabía como le miraría a la cara a Remus luego de lo sucedido en el armario...La manera en la que le había besado con descaro y en la que lo había deseado mientras lo desvestía...Se suponía que Remus era como su hermanito menor, que debía proteger a toda costa...no aprovecharse de él de la manera en la que lo hizo y descartaba con fiereza la idea de sentir cualquier tipo de atracción hacia el pequeño castaño. La culpa lo atacaba con violencia en forma de punzadas en el estomago, así que se hizo un discurso mental de lo que le diría luego de la cena de esa noche.
- ¡Sirius!
Una joven alta, rubia y con pecas en el rostro interrumpió todas sus cavilaciones.
- Hola Anna- Sonrió con desgano Sirius.
Anna era una de las más destacadas integrantes de su club de fans. Ésta sonrió nerviosamente y sacó una libreta y una pluma que sostenía con mano temblorosa.
- ¿Te molestaría responder algunas preguntas?- Preguntó ésta.
- De hecho, en este momento yo...
-¿Es verdad que tu y Remus ahora son novios? -Interrumpió ésta.
Sirius se quedó un momento en silencio.
- No, no...-Negó con la cabeza éste- Remus es como mi hermanito menor, yo no podría...
- Pero dicen que los vieron besarse mientras jugaban un juego muggle...
- Fue un malentendido- Explicó éste un poco exasperado- Mira, no es buen momento, debo irme.
- ¡Sirius, espera!
La chica estiró de la sudadera de éste, sacandole de quicio.
- ¿Entonces por que se coronaron los unos a los otros en el baile?
Sirius se sentía un poco atacado por todas las preguntas y, ya que era la única manera que conocía para callar a una mujer eficientemente, le tomó de la cadera y la beso.
Sabía que no tenía escusa para comportarse como un imbécil, pero en ese momento estaba demasiado confundido para pensar en otra cosa y aquel beso, aunque le supo amargo, le dio (o eso sintió en el momento) la determinación para ir a hablar con Remus y aclarar todo de una buena vez.
- ¿Por que me besaste? -Preguntó ésta, con los ojos tan abiertos como una lechuza y las pupilas dilatadas.
- Lo siento...fue un impulso...
- No te disculpes- Sonrió ésta, un poco atontada por lo repentino del beso.
Sirius se despidió de la muchacha y se fue de nuevo a la torre gryffindor, donde esperaba encontrar a Remus. Pero no se encontró con él, tampoco con ninguno de los merodeadores.
- ¡Eh, Lily! ¿Has visto a Remus? -Preguntó Sirius cuando la vio pasar por el pasillo frente a la torre.
- Esta en la biblioteca, recién vengo de allá y se veía un poco extraño- Dijo la pelirroja, antes de darle la contraseña al cuadro de la dama gorda e ingresar en la torre.
Sirius corrió hasta la biblioteca y tragó pesadamente antes de sentarse en la mesa donde estaba Remus que, para su suerte, o desgracia, estaba bastante alejada del resto.
- Hola lunático -Sonrió Sirius.
Remus levantó la vista de un respingo y luego suspiro aliviado.
- Oh, Sirius...menos mal que eres tu...
- Escucha, creo que tenemos que hablar- Interrumpió el pelinegro, evitando que sus ojos conectaran con los de su amigo, mirando a través de la ventana y contemplando el atardecer.
El castaño se quedó un momento en silencio y luego asintió ligeramente.
- Te escuchó... -Dijo un poco desanimado.
- Sobre lo que paso la otra noche...Lo lamento- Comenzó.
Hubo un momento de silencio en el que Sirius sintió un gran nudo en la garganta, pero no un nudo que se le atoraba y no dejaba fluir las palabras, si no más bien un nudo que se le ataba como una horca y le dejaba sin aire.
- ¿Lo lamentas...? -Rompió el silencio Remus, quién miraba con los ojos muy abiertos sus puños apretados.
- Tú estabas ebrio y yo...no debería haberme aprovechado de esa manera- Continuó rápidamente- No quiero que nuestra amistad se arruine por un simple desliz...¿No?
- Cla...ro- Asintió Remus lentamente, sonriendo poco convencido- Por supuesto...todo ha sido un error, claro...
"Todo ha sido un error" por algún motivo que Sirius no supo identificar, aquellas palabras le habían llegado como flechas encendidas al pecho, hiriéndole más de lo previsto.
- ¿Entonces...todo esta bien? -Preguntó Sirius.
- Si, por supuesto- Sonrió Remus- Todo esta bien, perfecto...Más que perfecto -Se rió éste, hablado rápido- Pero me tengo que ir a...hablar con Dumbledore en este momento por que...ya sabes, mañana es luna llena.
Remus se levantó bruscamente, moviendo la silla y la mesa para poder salir casi trotando de ahí.
Sirius ya había solucionado todo el asunto con el beso en el armario pero no se sentía para nada aliviado, todo lo contrario, sentía que quizá había cometido un error al no pensar mejor en lo que le diría al castaño. Y que quizá, una respuesta más inteligente le hubiera dado otro final al asunto.
