Que emoción! :D Cuarto capítulo! Estoy planificando los próximos y tuve que agregar un capítulo más XD (para que no queden tan largos, por supuesto).
Como digo siempre, gracias por los comentarios! Me alegran y me alientan a seguir. :3
Ojalá lo disfruten tanto como yo!
4- No Es Fácil Ganarse Su Afecto
Este era el plan: primero esperaría a que la terrícola caiga dormida, se aseguraría que realmente lo esté, sigilosamente recorrería la habitación hasta llegar a la ventana y por último, gracias a que ésta permanecía ligeramente abierta, saldría por ella para iniciar la búsqueda. Ya fuera, confiaría en que sus instintos felino y saiyajin lo guiaran hasta alcanzar su objetivo. Era consciente que le llevaría tiempo así que su paciencia se vería puesta en juego.
Vegeta escuchó el sonido de la ducha interrumpirse y algunos otros ruidos que indicaban que Bulma ya había finalizado y estaba a punto de salir. Desde aquí él debería no llamar la atención de forma que la mujer se duerma de inmediato. Presintió los pasos sobre la alfombra de la habitación y tuvo que voltear a ver. La joven llevaba una toalla blanca envolviendo su cuerpo y anudada en el pecho, y otra más pequeña enrollando su cabello como un turbante. El vapor de agua emergiendo del baño jugaba a ser niebla en un bosque y ella a un espíritu perdido con un corto vestido blanco batido por el viento. El felino agitó su cabeza. Si algo le faltaba a su mala suerte era estar sufriendo alucinaciones.
Bulma recogió su pijama del armario, el cual estaba compuesto por un top blanco muy ajustado y escotado y un short haciendo juego, dejando mostrar parte de su ombligo. Tomó aquel nudo en su escote formado por la toalla y lo desató. De un arrebato, se soltó y cayó al alfombrado suelo. Quedó completamente desnuda. Vegeta abrió sus ojos de tal manera que le ocultaban el rostro y se dispuso en posición defensiva: sus patas estiradas hacia delante pero su cuerpo empujado hacia atrás, su cola erecta y el pelaje de su lomo erizado en su totalidad.
La joven tarareaba mientras se vestía tranquilamente. Se puso la parte inferior de su ropa interior, de color rosada. Su mundo fue suspendido cuando vio al felino por la comisura de sus ojos, en una pose extraña. Al mirarlo bien, lo notó terriblemente asustado como si hubiese visto un monstruo o algo peor. Detuvo lo que estaba haciendo y se acercó a él sólo un poco.
-Oye… ¿por qué estás asustado? ¿qué has visto?- preguntó escéptica.
Pero Bulma aún permanecía con sus pechos descubiertos y, lejos de calmarlo, lo único que logró fue empeorar su demostración.
El príncipe no sabía qué hacer: quería salir corriendo de la habitación pero sus patas parecían pesadas como rocas, quería evitar verla pero sus ojos permanecían clavados en su cuerpo como flechas. Sus bien formadas piernas, sus muslos, su cadera, su sexo apenas cubierto con ese pequeño trozo de tela, su marcada cintura y sus pechos… Qué podría decir de ellos. Sus pezones parecían apuntarlo. No podía mirarla al rostro, no debía. Sus ojos azules eran la parte que más lo intimidaba.
Bulma seguía sin entender. Por supuesto que la mirada del gato apuntaba hacia donde ella estaba pero no podía deducir la causa de su reacción. Volteó detrás de sus espaldas creyendo encontrar algo. A simple vista no había nada. Observó detenidamente la pared y allí fue que lo encontró: una araña descendía desde el techo a través de su tela. Cabe aclarar que el artrópodo tenía el tamaño de una palomita de maíz. La mujer se sostuvo para no caerse de espaldas ante el descubrimiento y una gota de sudor cayó por su frente. Velozmente la araña subió y se escondió en una pequeña grieta entre el techo y la pared.
Bulma se dio vuelta y continuó vistiéndose. Una de sus cejas temblaba.
-Eres el primer gato que conozco que le teme a una arañita…- le dijo decepcionada –Bueno, siempre hay una primera vez para todo…-
Al encontrarla vestida, Vegeta se relajó. Era preferible que crea que la razón era ésa.
-Bueno…- bostezó y estiró sus brazos -¡vamos a dormir!-
Se sentó en el borde observando a su nuevo compañero de cama. Si no fuera porque se trata nada más que de un gato, eso hubiese sonado algo mal. Estaba recostado como antes, con sus patas estiradas. Cualquiera diría que era imposible estar más cómodo. Recordó a su padre decir que quizás el animal había sido maltratado y por ese motivo presentaba reflejos extraños. Quiso verificarlo.
-Déjame verte, ¿sí? No te haré daño, sólo quiero comprobar algo…- avisó con voz suave y calma.
Tomó una de sus patas delanteras generando una sacudida como respuesta.
-Tranquilo… tranquilo… Confía en mí- sonrió.
No presentaba inflamaciones. Tampoco había zonas sin pelo como a veces suele suceder cuando pelean con otros gatos. Sí pudo notar algunas molestias mientras lo tocaba pero nada grave… Se detuvo en observar las almohadillas de su pata derecha y encontró una cicatriz en forma de cruz atravesando en su totalidad.
-Esta cicatriz… me resulta familiar…-
Bulma no podía recordar dónde había divisado esa marca antes, sin embargo Vegeta sabía que ella la había visto aquella vez que lo vendó. Soltó la extremidad y giró su vista hacia la ventana. No podría explicar el por qué pero la memoria del saiyajin había vuelto a su mente, y con ella la preocupación del dónde estará y por qué no regresa.
-Vegeta…- susurró.
Las orejas del felino giraron hacia atrás. Bulma sonrió intentando cubrir su sentimiento de tristeza.
-Cuando Vegeta comenzó a vivir en la casa, no podía evitar estar atenta a lo que hacía. Mi madre bromeaba todo el tiempo con la situación, y yo por supuesto se lo negaba…- respiró hondo –Al poco tiempo, me di cuenta que cada cosa que había hecho desde entonces habían sido adrede: desde invitarlo a casa hasta convencerlo de que aquí obtendría el máximo de su entrenamiento. Lo conocí más. No por parte de él, claro, puesto que apenas me dirigía la palabra, y cuando lo hacía emitía un insulto o un comentario agresivo de por medio. Simplemente lo deduje. Entendí que su actitud era proporcional a su educación, a su infancia, a las costumbres de su planeta, a todo aquello que sus ojos vieron mientras vivió. Un comprobante de ello es Goku: el cual fue criado por su abuelo, un terrícola corriente pero amoroso. No tuvo la carga de su raza sobre sus espaldas, ni la forma de vida ni la necesidad de matar. Y míralo. Míralos. Ambos son saiyajines puros, pero el ambiente determinó su personalidad. Yo no creo que Vegeta sea un mal hombre…-
Hasta hacía unos minutos atrás, Vegeta había etiquetado a Bulma como una ignorante, como una mujer ciega a la realidad, como una persona que subestimaba al gran príncipe. Pero ahora había comprendido la razón de su ser. Su justificación. Y no era descabellada.
-Vivo molesta…- continuó –pero al fin y al cabo cambio de parecer. Más de uno afirmaría que estoy loca… pero hay algo de él que me atrae…-
Vegeta tuvo una sensación de escalofrío recorrer su espina.
-Bueno, después de todo… ¡siempre fui amante de la aventura!- su amplia y leal sonrisa.
Si existía una palabra para definir a Bulma, por sobre todas las otras, era AVENTURERA. Sin miedo, curiosa, investigadora, valiente. Y Vegeta era un representante digno de ella.
La mujer abrió sus ojos y llevó su mano a su mejilla izquierda.
-Pero… ¿qué hago hablando con un gato?- suspiró –Estoy delirando de nuevo. Mejor vamos a dormir.-
Retiró las sábanas y se recostó del lado izquierdo puesto que el otro lado ya había sido escogido por el minino. Se tapó hasta la cintura y apagó la lámpara.
En la mente de Vegeta seguían retumbando las palabras de la mujer.
-No podía evitar estar atenta a lo que hacía.-
-Al poco tiempo, me di cuenta que cada cosa que había hecho desde entonces habían sido adrede: desde invitarlo a casa hasta convencerlo de que aquí obtendría el máximo de su entrenamiento.-
-Yo no creo que Vegeta sea un mal hombre…-
-Más de uno afirmaría que estoy loca… pero hay algo de él que me atrae…-
"ESTÁS loca…" pensó.
-Hay algo de él que me atrae…-
Algo. Algo era seguro: después de lo vivido esta noche, el secreto jamás debería ser revelado. La vio llorar, supo sus movimientos ocultos, le contó la verdad sobre Yamcha, pudo mirar su cuerpo desnudo… pero más allá de todo, conocía sus verdaderos sentimientos.
Pensó a tal punto que notó mucho después que Bulma se había dormido. La científica le daba la espalda pero pudo oír un suave ronquido que escapó de su boca. Este era el momento clave. Previó los movimientos que debería realizar. Pero repentinamente Bulma se dio la vuelta, quedando cara a cara con ella. Se inmovilizó al ver su rostro sin defensas, sin gestos, sin posibles pensamientos para adivinar. Su piel, sus ojos cerrados, su boca apenas abierta, sus labios, su cuello… Su escote asomado por el top, deseoso. Si los gatos pudiesen ruborizarse, éste tendría la cabeza roja… y no porque le estuviese apretando algo en el cuello.
Estaban tan cerca que los bigotes doblados por la almohada rozaron la nariz de Bulma, provocando su fruncido. El felino esperó lo temido: que se despierte. Pero no, fregó su mano contra su rostro y continuó su dulce sueño. Vegeta suspiró. "Debo salir pronto." advirtió. Y sin embargo, apenas intentó levantarse vio los brazos de la joven aterrizar sobre él y aprisionarlo. Bueno, lo abrazó, pero para el tamaño del pequeño significaba que un edificio se le cayese encima.
-MIIIAAAAUUUUU!- maulló de susto.
Si no fuese por los brazos que lo detenían, ya estaría colgado de sus garras al techo. Intentó calmarse. Ahora tendría que ser más sigiloso de lo que que había premeditado.
-Vegeta…- oyó de la mujer.
Se mantuvo expectante.
-Aaahh… ¡Vegeta!- gimió.
"Pero, ¿qué-qué?".
-Vegeta… Hmmm… ¡Se siente tan bien!- su sonrojado rostro demostrando goce y comprimiendo aún más al minino con sus brazos.
"¡PERO ¿QUÉ DIABLOS ESTÁ SOÑANDO?!" se enfureció avergonzado.
Finalmente, se relajó y el felino pudo zafarse del encierro. Caminó a través de la habitación, saltó a la ventana y encorvando su cuerpo salió al exterior. Hacia abajo pudo divisar un árbol por el cual podría aterrizar al suelo. Ya se encontraba a mitad de camino de su meta.
Inesperadamente algo estorbó su plan: sintió a alguien subir con gran velocidad a través de una escalera dirigida a la misma abertura por la que él habría logrado escapar. Quién sería tan tonto de querer robar en la Corporación Cápsula, cuyo nombre detonaba el riesgo que eso podría significar. La tecnología, el cargo social, el dinero, la fama; todo le jugaría en contra. Y cuando pudo reconocer el rostro del intruso, no sólo comprendió lo que estaba aconteciendo sino que además lo denominó como el idiota del año… o del día. Yamcha. El insecto tenía intenciones de entrar en la habitación de Bulma sin que nadie se enterase. Pero él no discernía lo que el destino le deparaba.
El muchacho alzó la cabeza y se encontró con un escenario que no creyó posible, que jamás pronosticó. Vio al gato a pocos metros de él, gruñendo y siseando. Yamcha se paralizó y su rostro se tornó oscuro. Sabía que estaba en problemas.
-Aaay… Gatito, gatito… ¡Que lindo gatito!- le dijo en voz baja suponiendo que con esto lograría amansarlo.
Vegeta se le abalanzó sobre el rostro, mordiéndolo y rasguñándolo. Maullidos y gritos. Yamcha esforzándose por quitarse al animal de la cara como si se tratase de un chupasangre.
El escándalo logró despertar a Bulma quien inmediatamente se asomó por la ventana, encontrándose con un paisaje insospechado: el nuevo inquilino atacando a Yamcha, Yamcha subiendo por una escalera que él mismo había dispuesto y la misma sacudiéndose hasta que finalmente ambos cayeron de lleno al suelo. El objeto aplastó al joven, a quien parecía le sobrevolaban aves y estrellas.
-¡Yamcha!- exclamó Bulma alarmada.
Y el minino, que obviamente bajó de pie, huyó hasta esconderse tras unos arbustos.
La peliazul bajó de inmediato al rescate de Yamcha, quien permanecía ligeramente desvanecido. Apuntó su mirada hacia los arbustos: la oscuridad misma.
-¿Hacia donde tendrá pensado ir…?- se preguntó desesperanzada.
En el próximo capítulo, Vegeta encuentra finalmente a la anciana hechicera. Mientras que en casa de Bulma, cuando el gato no está ¿algún ratón se divierte? En el episodio denominado "No Son Egoístas, Sólo Son Muy Listos".
