Capítulo 4 – Problemas de terciopelo rojo.

-¿Cómo puedes estar tan tranquilo? Esa mujer te hizo mucho daño y es una descarada en aparecerse aquí. Justo en Cullen's Hotels.- Añadió Rosalie algo inquieta también.

-Está todo superado. Estoy con Bella. Ah, ella no puede enterarse de esto ¿ok?- No. Eso sí que no.

-¿Enterarme de qué y por qué no puedo saber?

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La luna brillaba con intensidad y el helado viento que soplaba me recordó mi precaria vestimenta para una noche que auguraba tormenta. Me abracé y suspiré. No entendía porque Edward tenía secretos conmigo, no entendía como las cosas habían cambiado en un instante y ahora me encontraba aquí, sentada en la terraza viendo hacia la nada, y ojalá la nada fuera nada pues en realidad es todo.

Decidida, me vestí con algo cómodo pero lindo para ir a tomar una copa en el bar del Hotel. Cogí lo indispensable IPhone, llave de la suite, cartera con dinero, lo metí en mi bolsa y salí.

Sentada en la barra y con una copa de Martini en la mano rememoré lo sucedido hace unas horas en la suite.

Un silencio insoportable llenó el recibidor de mi suite. Inquieta, miré de hito en hito a Rosalie y a Alice mientras un Edward notablemente incomodo se giraba para encararme. Obligué mis pies a moverse y me dirigí a la terraza, de inmediato sentí los pasos de mis acompañantes. El repiqueo del tacón puntilla de mis cuñadas no ayudaba en nada a mis nervios. Me senté y esperé.

Y esperé.

Y esperé.

Y continúe esperando por lo que me pareció una eternidad entonces la Isabella que hasta ahora había demostrado calma desapareció para dar paso a la histérica y mal geniada.

-¡Hablen de una buena vez, carajo! ¿Qué me ocultas, Edward? No, ¿Qué me ocultan ustedes tres?- Lance mi mirada acusadora sobre ellos. Alice retorcía sus dedos en un claro indicio de nerviosismo, Rosalie y Edward revolvían su cabello, sin embargo, éste último no me miraba en ningún momento.

-Muy bien, no deseo cruzar palabra con ninguno a no ser que sea para que sean sinceros y me digan la verdad sobre lo que está pasando. No quiero verlos, váyanse- El nudo en mi garganta empezó a crecer sin siquiera darme cuenta, cabizbajas, mis amigas salieron directo a la puerta. Con Edward fue distinto.

-Cariño- Intentó tomar mi mano y con rabia la aparté. –No imagines cosas, por favor. –Suspiró triste. –Es pasado.

Lo miré.

-¿Me lo contarás?-

-No…Por ahora.

-Entonces nada tienes que hacer aquí.

Sin más, dejó un profundo beso en mi frente y se fue.

Suspirando negué. Pensé en llamar a mis padres pero de inmediato deseché la idea, no quería agobiarlos por algo que, tal vez, termine siendo una tontería. O al menos eso quiero pensar. Mi otra opción eran mis hermanos, pero no quería hacer esto más grande inmiscuyéndolos a ellos sin saber de qué iba todo este asunto. Así que con mis nulas opciones agotadas no me quedo más remedio que regresar y descansar. Además, con 4 Martini en la cabeza ya todo empezaba a darme vuelta. Llamé al bartman para cancelar la cuenta y me encontré con una sorpresa.

-Señorita Swan sus bebidas fueron canceladas conforme las fue tomando.

Me removí inquieta en el taburete y con toda la discreción registré el salón sin encontrar ninguna cara familiar. Extrañada pregunté:

-¿Quién ha tenido tal atención?

-La señorita de la zona V.I.P.- Levantó su mano y señaló. –Mire, se está acerando. Con permiso.

Antes de que pudiese reaccionar, una chica de flameante cabello rojo y piel casi tan pálida como la mía se sentó muy cerca de mí.

-¿Te conozco? –Pregunté inquieta.

-No. Pero yo a ti sí. –Sonrió como el gato que comió al ratón y, de manera inmediata aquella sonrisa provocó pesadez en todo mi cuerpo.

De repente, sin poder preverlo el salón comenzó a dar vueltas y en mi campo de visión todo se tornó borroso, la chica del flameante cabello se agitó y alguien me tomó del brazo cuando, en un instante todo se oscureció.

-¡Isabella!

Los Ángeles, Estados Unidos

2 meses y medio antes

People, InTouch, Paper eran algunos ejemplares de revistas que se encontraban esparcidas de forma desordenada sobre el buró de aquella habitación. Revistas diferentes con algo en común: Isabella Swan y Edward Cullen juntos. Muy juntos. En un café, yendo al Big Ben, de compras por Picadilly Circus y las imágenes seguían y seguían.

¿Romance en Londres? Al parecer así es. Y Giuliana nos cuenta los detalles.
Por supuesto Ryan, las imágenes son claras. Un parque, más Isabella Swan, más Edward Cullen es igual a explosión de ternura.

Estas fotos nos confirman las especulaciones que se habían formado hace un par de meses con el sorpresivo viaje de los Hermanos Swan a Europa y, donde curiosamente su primera parada fue Londres, ciudad en la que desde hace un tiempo residen los Hermanos Cullen.

Fuentes cercanas a los Hermanos Swan, nos habían informado semanas atrás que su hospedaje sería en la cadena de hoteles más importante a nivel internacional, Cullen's Hotels. Debido a que el parque donde fueron vistos Edward e Isabella se encuentra a escasas manzanas del Hotel, nos queda claro que así es.

Y ahora las tendencias de Ferrag..

¡CRACK!

El mando del televisor hizo añicos la pantalla debido a la fuerza con la que fue lanzado. El cigarrillo fue arrojado al cenicero, tomo su teléfono y marco el número de quien sin duda siempre le cumplía sus caprichos. Calmando su histeria que rayaba en locura, habló con dulzura y en forma dócil.

-Papi, lo encontré. Debo ir a Londres cuanto antes.

-Por supuesto cariño, prepara tus maletas. Papi enviara el avión por ti en unas horas.

Sin más colgó.

-Prepárate Cullen. Esta vez nada me fallará.

Besó la imagen pegada en su espejo y se fue.

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Susurros.

-¡Está loca!

-Edward, debes calmarte.

¿Alice? ¿Qué sucede? No veo a Edward. Prendan las luces.

Susurros.

-Se acercó a Isabella, prácticamente en mis narices. ¿Cómo deje que esto ocurriera? -Su voz torturada me angustió, deseaba abrazarlo. ¿Qué sucedía?

-No te culpes. ¿Cómo podríamos prevenirlo? Era un tema zanjado. ¡Por Dios! No puedes cometer de nuevo los mismos errores que con Anne. Entonces eras solo un adolescente. Isabella es tu destino hermanito.

Susurros.

-¿Por qué no despierta? Extraño sus ojos, extraño mi nombre en sus labios. ¿Por qué no despierta Alice? – Mi pobre Ojitos. Así que, estoy… ¿dormida?

-Shh, ya lo hará. Recuerda que tu princesa se toma siempre su tiempo.

Siento un pequeño choque en mi mano izquierda y después el sonido de la puerta. Luego nada.

Susurros.

-…Fue despedido. Si, si, por supuesto Charlie. Los esperamos.

Todo era muy confuso. ¡Odio la oscuridad!

-Oh querida, es lamentable la circunstancia en la que vuelvo a verte. –Una mano acaricia mis cabellos. ¿De quién es aquella voz? –Reacciona pronto, por favor. Hay alguien que te necesita mucho.

-¿Mamá, dónde está Edward? –Rosalie, al fin una voz conocida.

Un segundo, ¿mamá? ¡Mamá! ¡Esme! Pero…

Susurros.

-Fue a darse un baño, cariño.

-Bella debe abrir los ojos, o él se pondrá peor.

Eso intento, pero no sé cómo lograrlo. Odio esto.

Caigo de nuevo.

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Una fuerte presión sobre mi estómago me hace abrir los ojos. Recorro el lugar con mi vista intentando reconocer el lugar y descubro que me encuentro en un hospital. Suspiro. A la derecha se encuentra un gran ventanal con las cortinas cerradas por las cuales una débil luz se cuela dándome indicio que está anocheciendo. Nuevamente siento presión y esta vez algo más fuerte, inquieta bajo la vista hasta allí al mismo tiempo que intento poner mis manos y me encuentro con un precioso cabello color cobre algo desordenado.

Sonrío. Mi amor.

Se encuentra dormido y en un débil intento por no despertarlo intento remover su cabeza para liberar un poco la presión. Grave error. Se despierta alerta, sus ojos fuera de órbita tratando de encontrar qué va mal. Sonrío cuando se percata de que lo estoy observando. Incrédulo, parpadea en repetidas ocasiones.

-Bésame tonto.

Rozar sus labios es la gloria.

Unos golpes en la puerta interrumpe nuestro pequeño acto íntimo y como si de un martillazo en mi cabeza se tratase me golpean los recuerdos causándome una agónica migraña.

Grito.

-Señor Cullen, retírese.

-¡Es mi novia! ¿Qué sucede Doctor?

-¡Enfermera sáquelo de aquí!

Mi Edward, mi ojitos.

No.

No deseo más oscuridad.

De repente siento entrar en mi sistema un líquido desconocido. El dolor se reduce y el repentino sueño aumenta.

Mi nueva mejor amiga me recibe pero es diferente esta vez. Como si de sueños se tratase, recreo lo sucedido.

Alice, Rosalie y Edward con un secreto.

Yo, sola en el salón del Hotel donde se encuentra el bar.

Martini, la chica del cabello fuego.

Oscuridad.

Conversaciones susurradas.

Ahora, solo quiero saber. ¿Cuánto llevo aquí?