Dulce locura

Capitulo 4: ¡No estoy loca!

Aquella princesa sigue apareciendo en mis sueños, lo sé, no se su nombre, su edad, su voz, no conozco nada de ella, sin embargo se una cosa:

Estoy completamente enamorada de ella.

Cada vez que sueño con mi preciosa peli azul no quiero despertar, no quiero abrir los ojos y encontrarme con la realidad, solo quiero quedarme mirándole durante horas y horas, admirarla, observarla, rozar mi mano con su pálida piel, me eh enamorado de una ilusión, de un sueño, de una chica, de esa hermosísima peli azul que me quitaba el aliento en cada sueño, por desgracia eso es, un sueño, nada más que un sueño, un sueño hermoso del cual no quiero salir, quiero vivir dentro de mis fantasías, eh intentado dormir mas para encontrarme con ella más seguido, pero Mako-chan me despierta temprano.

La última vez que la vi en mi sueño me hablo, tenía la voz de un Ángel, no sé si soñaba, no sé si dormía, pero un Ángel peli azul me dijo dos palabras, dos palabras que son suficientes para mi, dos palabras que significan más que mil palabras.

-Te buscare- Me dijo aquella Ángel, aquella muchacha, aquella princesa, aquella persona que tanto amaba. Princesa, búscame, búscame, que hare todo lo posible porque me encuentres, are trampa en este juego de escondidas, are trampa para estar contigo.

-¿Demostrarlo?

Todo resonaba en mi cabeza, hace ya no se cuanto tiempo que Ame No Murakomo me había dicho que tenía que demostrar mi amor por Himeko, de todas las veces que la vi en sus sueños, en vez de decirle Te amo le dije Te buscare, no la quiero atormentar, todo a su tiempo, todavía no le puedo decir Te amo, la confundiría, incluso seré paciente, seré paciente y esperare el día de mi reencarnación para decirte lo que siento te tengo que buscar, por eso Himeko, Te buscare para poder decirte Te amo.

El infinito silencio perturba mis oídos, no tengo ganas de hablar con ANM, ya sé lo que me va a decir, que lo tengo que demostrar. A veces pienso que los dioses no saben lo que sufrimos, que no saben todo lo que hice por querer estar junto a Himeko, no saben nada, los malditos dioses no tienen idea de lo que sufro, de lo que Sufrimos.

-¡Malditos dioses!-Le grito a la nada- ¡No les importamos!, solo somos dos marionetas que crearon para controlar en mal, ¡no les importa nuestro sentimientos!

-¿Segura sacerdosista Lunar?-Habla por fin Ame No Murakomo con un tono entre enojado y superior- ¿Enserio crees eso?

-Son unos egoístas-Susurre con rabia contenida.

-Sacerdosista, se ve que no has aprendido nada, tal vez debamos darte una LECCION.

Antes de que pudiera hablar las puertas del templo se abrieron con una enorme luz blanca que me obligo taparme los ojos, una mujer, alta, rubia, túnica blanca con lazos dorados y ojos azules entro- supuse que era una diosa- Me miro con tristeza, se agacho y me acaricio la cabeza dulcemente.

-Una lástima sacerdosista, una lástima, tú siempre me caíste bien. –Rayos de luz salieron disparados de ella, apunto a una pared con un gran bastón que tenia diseñado en los bordes una luna y un sol combinados. Donde se apunto también se ilumino, pero esa imagen me mostro a Himeko, dormida, hablando dormida. Susurraba mejor dicho, susurraba unas palabras que sacaron una sonrisa de mi rostro.

-Princesa lunar, te quiero, te quiero princesa-murmuraba mi Himeko.

La diosa hizo un movimiento con la mano y al mismo instante se despertó Makoto, la amiga de Himeko.

La despertó sonriente, y Himeko se tapo los ojos.

-Mako-chan, cinco minutos más, quiero ver a mi princesa.

-¿Qué princesa Himeko?-Pregunta Mako-chan con curiosidad.

-La princesa peli azul, la de voz de Ángel, la chica que amo.

Vi la cara asombrada de Makoto que se acercaba a tocarle la cabeza- Himeko, ¿te sientes bien?, NO hay princesas, no existen.

Mas rabia se me acumulo, no le creía, no le creía a su mejor amiga que yo existía.

-¡Si existen!, ella es la princesa de la Luna, vive en un templo en la Luna, allá arriba en el cielo-Señalo hacia al techo con cara de "Créeme ¡por favor!"

-Himeko, mejor te llevamos a un psicólogo-Le dijo la castaña mirando a Himeko como si estuviera loca.

-¡No necesito un psicólogo, necesito a mi princesa!

La imagen de la pared se cerró y la diosa me apunto con su bastón.

-Te reencarnaremos, solo que esta vez no estarás cerca de la sacerdosista del sol, te colocaremos lo más lejos posible, del otro lado del mundo si es necesario.

No pude articular palabra, pues cuando me quise dar cuenta me encontraba acostada en una gran cama.

-Himeko, mejor te llevamos a un psicólogo-Me dijo la castaña mirándome como si estuviera loca.

-¡No necesito un psicólogo, necesito a mi princesa!-Grite ya con lagrimas en los ojos.

Makoto me ayudo a levantarme y a vestirme como si fuera una niña de cinco años.

-Puedo sola-Le dije mientras me ponía el uniforme.

Salimos de la habitación tensas, Mako-chan no dejaba de mirarme como examinándome.

Nos encontrábamos en un pasillo, a la izquierda eran las aulas y a la derecha la parte médica, extrañamente Mako-chan doblo a la derecha.

-Mako-chan, ¿adónde vamos?-le pregunte alcanzándola.

-Ya te dije, a un psicólogo- Me respondió muy fría y seria.

Se paro frente a una gran puerta con un cartel escrito en japonés, "Psicología"

-No estoy loca Mako-chan-Le dije cabizbaja entrando a la habitación.