CAPITULO 4

Tal y como lo había previsto había llegado tarde a la escuela, con 30 minutos de retraso.

Se suponía que me toca matemáticas, pero no me apetece en lo absoluto entrar a aquella aburrida clase, así que ignorando al maestro que cuando me vio caminar por el pasillo comenzó a gritarme que entrara, subí hasta la azotea, donde tire la mochila al piso y me recosté usándola como almohada.

Saque un par de lentes oscuros y me los puso para que los rayos del sol no me provocaran ceguera.

Miro el cielo azul tan hermoso, observo cómo este era opacado por las nubes.

Y si ¿eso era lo que me sucede?

Que tal que, ¿en verdad el sintiera algo por Dino? Pero Hibari siempre esta hay, cubriendo esos sentimientos, ocultándolos, provocando que los pase desapercibidos

No, yo amo a Hibari, a pesar de lo sádico y agresivo que este pueda ser lo amo en verdad.

Demasiadas cosas y a la vez nada, solo confusiones y dudas mías, mejor me hubiera quedado en casa.

Un par de brazos me toman y elevan, pero mis ojos pesan tanto como para poder abrirlos, la calidez de aquel cuerpo desconocido me resulta tan reconfortante que me invitan seguir durmiendo cómodamente.

Me deje vencer por sus encantos y acepte aquella invitación que me entregaba Morfeo.

Aquella loción invadió mis sentidos y la calidez de una mano sobre mi frente me izo despertar de mi profundo sueño

-valla que bueno que despiertas, pensé que estabas enfermo-

-idiota, ¿Dónde estoy?- me siento y me doy cuenta de cómo una sábana blanca me cubría

-en la enfermería-

-Cavallone idiota, para que me as traído aquí- interrogo a aquel rubio tratando de ocultar la vergüenza y nerviosismo que siento en este instante

-pensé que estarías enfermo cuándo te vi durmiendo en la azotea- ¿Cómo puede mantener esa estúpida sonrisa? Esa "sonrisa Colgate" que te caracteriza tanto

-¿estás bien?-

-cla-claro- maldición creo que me le e quedado mirando más tiempo de lo debido

-¿seguro? Por que llevas un largo tiempo mirándome, acaso..¿has caído en mis encantos Gokudera Hayato?- maldito desgraciado engreído ¿Quién se cree que es? ¿Mi príncipe?

-sueñas Dino Cavallone-

-¿enserio? Entonces, esto debe de ser un sueño, porque no has parado de mirarme en un largo rato-

Ese idiota sabe usar sus encantos de capo, se acerca a mi lentamente hasta subirse en la camilla que me encuentro recostado, trato de alejarme pero solo consigo que me acorrale contra la pared

-di-Dino…no…esto…no está bien- maldito pony, me tiene acorralado

-¿porque no? – posa cada uno de sus brazos a mis costados impidiéndome cualquier posible escape

-por…porque yo tengo novio- lo suelto tímidamente y sin pensar, aquella sonrisa de tus labios no se a borrado, al contrario creo que a aumentado, me temo que por alguna razón mi plan a fallado, un fracaso total.

-ya lo sabía-contestas sonriente

-.¿qué?-no sé qué tan estúpida se vea mi cara, pero al parecer es demasiado por la manera en que una leve risa escapa de tus labios

-Kyoya es posesivo y lo que es de él lo presume como si de un trofeo se tratase- siento mis mejillas arder, estúpido pollo ¿Por qué no me dijo?

-entonces detente, no sigas-

-no quiero- me dices acercando tu rostro al mío, siento tu aliento rozar mis labios, menta sin duda

-di-Dino- en ese momento unes nuestros bocas en un beso forzado, intento alejarte pero me tomas por las muñecas y las colocas sobre mi cabeza, e sido apresado por una sola de tus manos.

-mmm no- suelto un pequeño jadeo al sentir tu mano libre comenzar a recorrer mis piernas

-Kyoya sabe que estoy tras de ti, mi querido smoking boom Hayato, en la guerra y el amor todo se vale- ases que un sonrojo se apodere de mi rostro y un escalofrió recorra mi cuerpo entero

-de-tente- tus labios han bajado a mi cuello, por favor detente, si sigues así no sé cuánto tiempo más podre soportar antes de caer rendido a tus encantos Dino

Intentas acomodarte entre mis piernas pero te lo evito cerrándolas de inmediato, ¿acaso no lo entiendes? Pues entonces te lo explicaré

-no, yo no te quiero Dino… yo estoy con Hibari – te digo con determinación, esperando una respuesta la cual no llega, mi nerviosismo aumenta al ver como no te has movido ni un centímetro de tu posición.

-te are cambiar de opinión – dijiste con determinación, con una seriedad que jamás había visto en tu rostro, al menos de que fuera acompañada por una sonrisa.

Me quitas la corbata y amarras mis manos a la cabecera de la camilla

-de-detente..- sentí tus labios recorrer mi cuello y tus manos viajar por mi cuerpo entero

Pero de una manera tan distinta, tú lo haces lentamente, con delicadeza sin apuraciones, como si tuviéramos todo el tiempo del mundo entero.

-di-Dino- te veo sonreír cuando pronuncio tu nombre, lo has notado, me estás haciendo caer en tus encantos, en tu hechizo poco a poco.

Tus manos se cuelan debajo de mi camisa acariciando mi torso desnudo, desvió la vista.

-detente…- pero continuas sin la intención de parar

Empiezo a moverme, a tratar de quitarte de en sima pero tu continuas sobre mi cuerpo.

La desesperación me invade cuando me bajas los pantalones junto con mi bóxer

Lo único que me cubre es la camisa de mi uniforme

-detente Dino- te pido por centésima ves pero no parces escucharme

-tranquilo….seré delicado- me susurras contra mi oído mientras siento una de tus manos descender por mi espalda y buscar mi entrada

Un golpe se escucha y después siento tu cuerpo inconsciente caer sobre mi.

Alguien tumba tu cuerpo al piso y veo a Hibari, sus ojos azules llenos de odio, rencor y celos.

-Hibari…-susurro tratando de asimilar lo ocurrido y conservar la calma

No sé si me encuentro asustado y temblando por el hecho de lo que pudiera haber pasado si no hubieras llegado, o acaso debería preocuparme por tu mirada y lo que pudieras hacer al encontrarme así con Dino, la última vez nos viste besándome y ahora lo has descubierto entre mis piernas.

No dices nada, todo es un silencio absoluto, me desatas y antes de que pueda comenzar a explicarme tomas mis pantalones que yacían en el piso

-cámbiate- me ordenas, como robot o mascota domesticada acato tu orden

me cargas entre tus brazos y decido no hacer preguntas.

Sales de la enfermería dejando a Dino inconsciente en el frio suelo, por un segundo pienso en decirte que volvamos y asegurarnos de que está bien, pero temo que eso te haga explotar y le termines asiendo más daño.

Me dejas caer sobre tu cama, comienzas a caminar por la habitación como si estuvieras pensando, me siento y me doy ánimos para hablar

-Hibari, yo…-

-cállate- me gritas volteando a mirarme, me has dejado sin aliento – se que no has tenido la culpa…-

-….- no sé qué decir, esperaba que explotaras como la última vez pero no esta reacción de tu parte

-yo sabía que el andaba tras de ti, sabía que se encontraba en la ciudad- comienzas a disculparte

Me levanto y camino hasta ti, me das la espalda, te brazo…

No haces nada, tomas mis manos y haces que te suelte, te das la vuelta hasta que quedamos frente a frente.

Comienzas a besarme con desesperación, queriéndome a marcar como tuyo y borrar toda marca o rastro de Cavallone que haya podido dejar en mi persona.

Comenzamos a caminar rumbo a tu cama, me tumbas en esta, tan suave y con tu aroma impregnada en ella, hace tanto tiempo que no venía a tu casa.

Te posicionas sobre mi cuerpo pero tus besos se detienen, me miras fijamente con tus orbes azules. me he quedado de piedra.

Retiras unos cuantos mechones de cabellos plateados de mi rostro y veo esa mirada tuya llena de ternura, esa mirada con la que me has logrado conquistarme.

Me besas lentamente y con ternura, como extrañaba estos besos…

Te levantas

-ven sígueme- extiendes tu mano asía mi y sin dudarlo la tomo y te sigo

Llegamos hasta la sala me invitas a tomar asiento.

Me acomodo en el cómodo sofá y tú te recuestas con tu cabeza sobre mis piernas.

Comienzo a acariciar tus cabellos, la casa está en un profundo silencio, pero este me resulta bastante cómodo y agradable…

-no quiero volver a verlo cerca de ti – me dices mientras te sientas y tu rostro queda a escasos centímetros del mío -¿entendido?-

-hai…- respondo mientras me acerco a ti buscando unir nuestros labios, lo cual logro con facilidad.

Tus manos se sitúan sobre mis caderas y tu cuerpo se pega al mío, la pasión comienza a aparecer acompañada del deseo.

-¿Qué me cocinaras hoy herbívoro? Tengo hambre- me dices mientras nos separamos en busca de un poco de oxigeno para abastecer nuestros cuerpos

-mmm no se….deja ver que hay en la cocina- te respondo poniéndome de pie y camino rumbo a la cocina para preparar algo

Después de algún par de minutos la comida estaba lista y ambos chicos se encontraban disfrutando del menú cómodamente sentados en el sofá de la sala.

De vez en cuando aparecía un cariño o sus miradas se topaban, parecían un par de chiquillos de 10 años que apenas comienzan a entender el amor.

-¿dormiremos aquí o en tu casa? Pregunto el azabache rompiendo el silencio

-mmm… ya es tarde, ¿puedo quedarme aquí?- a pesar de que ya habían pasado por demasiadas cosas juntos, eran contadas las veces que había dormido en casa del japonés

El mayor sonrió y beso los labios del italiano

-claro herbívoro –

Se encontraba en el baño dándose una ducha, Hibari estaba arreglando algunos asuntos sobre sus faltas, seguramente estaba falsificando algún justificante.

Dejo que agua caliente tocara su cabello, el italiano se sumergió en la bañera relajándose y olvidándose de todo por unos momentos

Salió de la tina y se cubrió con una toalla que Hibari le había prestado para ducharse

Abrió la puerta y observo al mayor leyendo un libro recostado en la cama

Hibari volteo y lo recorrió con la mirada, lo examino de pies a cabeza, pudo notar la palidez de sus piernas, sus pies tan chicos y bellos como los de la misma cenicienta.

Sus cabellos, largos comparados con los de un chico, pero bastante cortó para una joven, pero sin duda tan bella y envidiada como la melena de Rapunzel.

-¿Hibari?- su vos, tan linda y afinada como la de una sirena

Sin duda alguna las princesas tenían una gran competencia, era hora de que comenzaran a preocuparse ya que podrían ser desbancadas de su puesto por Gokudera Hayato

-¿Qué sucede herbívoro?-

-…¿me prestarías algo para dormir?- pregunto apenado, después de todo continuaba envuelto en la toalla y debido a que esta no era su casa no tenía nada que ponerse

-espera aquí- indico el japonés mientras se levantaba y tomaba una la parte de arriba de una de sus pijamas.

Gokudera se la puso, le quedaba enorme, de las mangas y de lo largo, pero era bastante cómoda, la tela era muy suave y floja permitiendo una buena movilidad, además de que estaba el olor de mayor impregnada en ella.

Camino hasta la cama y se metió bajo las colchas acurrucándose al lado de su amado

-Tsunayoshi te llamó-

-¿Qué? ¿Contestaste?-

-no…colgué-

-debe estar preocupado, pásame mi celular-

-toma-

Tomo su celular y efectivamente, 5 llamadas perdidas de su juudaime, sin dudarlo le devolvió la llamada

-bueno Gokudera-kun?

-hola juudaime, perdón por no contestar sus llamadas, me quede dormido ¿Qué ocupaba?-

-es que vamos a comenzar nuevos entrenamientos, Reborn nos ha asignado un tutor nos acomodo por parejas para entrenar más un tutor-

-¿parejas? ¿Tutor? ¿Con quienes me a tocado?-

-bueno te toco hacer pareja con Hibari-san, pero aun no lo e podido contactar-

-no se preocupe yo me comunicare con ese sádico prefecto-

-ah, y su tutor será Dino-san-

Por un momento no supo que decir, le agradaba la idea de hacer pareja con Hibari, pero estar con Dino… no sé, después de lo ocurrido el día de hoy no sabía si podría entrenar con él.

-bueno el entrenamiento comienza mañana, nos iremos a la montaña los justificantes ya están listos, nos vemos en el templo a las 6 am adiós-

Y sin decir más el pequeño capo colgó

-¿y bien? ¿Para que necesitas comunicarte conmigo Hayato?-

-mañana nos iremos todos los guardianes a las montañas a entrenar, nos organizaron por pareja, nos a tocado juntos-

-mm eso me agrada-

-pero…nuestro tutor será Dino-san-

-….¿que? ese idiota-

-si-

-…bueno al menos lo podre morder hasta la muerte por lo de hoy, hablando de eso Hayato…. Me dije que te mordería hasta la muerte por estar con él- dijo sensualmente el japonés mientras se posicionaba arriba del italiano.

- ¿así? ¿Qué esperas? – pregunto con picardía mientras enredaba sus piernas en las caderas del japonés.

-nada…- respondió comenzando a besar aquellos dulces labios, acariciando los glúteos del menor debido a su escasez de ropa, disfrutando de aquella noche porque, mañana seria un largo, largo día…