Capítulo 4: Presto

a) La Guerra

Estaba todo oscuro, excepto la pared donde se proyectaba una gran imagen de una mariposa. De las tinieblas nacía una voz conocida. La voz de Grissom.

-La mariposa ha sido objeto de estudio y admiración en muchas culturas y épocas diversas. Por ejemplo, en el Japón del medioevo se utilizó como símbolo heráldico. Llamados Ka-mons, estos emblemas se enarbolaban en banderas durante batallas entre feudos. Los samurais asociados al clan Taira, estaban particularmente encariñados con esta figura. Representaba el esfuerzo que requiere convertirse en guerrero. Desde una oruga hasta una noble mariposa.

-La simetría de este animal ha inspirado también a hombres y mujeres en el arte. Cuadros impresionistas, esculturas, hasta en tatuajes es una figura muy recurrente.

Mientras hablaba iba cambiando de diapositivas. Era una de las tantas presentaciones que le había tocado exponer en las aulas de las universidades. Siempre le gustaba realizar un repaso cultural antes de irse de lleno al tema entomológico. Le agradaba y suponía que a sus oyentes también.

- En las religiones también ha resultado ser importante. En el caso del taoísmo hay una historia que muestra el paradigma de esta religión: que todas las cosas están unidas y "confundidas", que no se puede establecer una frontera entre la existencia y la no existencia, lo útil y lo inútil, la vida y la muerte. ¿Alguien en la audiencia conoce esta historia?

Las luces del auditorio se encendieron levemente. Había sólo una persona en el público. Era Sara. Se levantó de su asiento y con una sonrisa reprimida contestó:

- Yo.

Grissom le sonrió con una alegría que no era común en él.

- ¡Qué coincidencia, Srta. Sidle! Escuchémosla entonces.

- Chuang-Tsu soñaba ser una mariposa. Al despertar, se preguntó¿Soy Chuang-Tsu soñando ser una mariposa, o una mariposa que sueña ser Chuang-Tsu?

-¡Excelente! - le animó Grissom. - Esto merece a que le invite a un café. - se rió en voz alta. Le complacía tratarla de Ud. de vez en cuando -La verdad es que estoy un poco cansado y necesito mis fuerzas para la presentación de mañana - confesó.

-Sí, yo también estoy un poco cansada de representar a tu comodín - respondió Sara - Si nadie en tu ávido público - recalcó ese "ávido" con las cejas levantadas- conoce la historia y yo salgo al rescate¿no crees que será un poco sospechoso?

Grissom le puso una mano sobre el hombro y le miró divertido - Prefiero que sea sospechoso a un humillante silencio. - y le sonrió. - Espérame en la cafetería. Guardo el proyector y te alcanzo... yo invito - agregó cuando Sara ya estaba en el marco de la puerta. Ella le miró fugazmente con apenas una sonrisa tímida en los labios y se marchó.

Gil tomó el aparato en sus brazos y lo cargó hasta la pequeña bodega tras el aula. Entró y mientras lo depositaba con cuidado sobre una estantería, se apagó la luz y se cerró la puerta.

-¿Sara?- llamó. Nadie contestó. Sintió que alguien estaba muy cerca de él, pero no supo en qué dirección hasta que el desconocido habló.

- Yo conozco otra historia - dijo una voz rasposa casi en un susurro - La mariposa azul¿la conoces, Grissom?

Grissom no sabía si responder. Era una voz familiar, pero necesitaba escuchar más para poder reconocerle.

- No la conozco -confesó.

- Me sorprende, Sr. Grissom - ¿Sr. Grissom?... Sabía que conocía su voz... ¡Millander!

Paul prosiguió - Había una vez una madre y un padre que vivían con sus dos hijas curiosas e inteligentes. Las niñas siempre hacían muchas preguntas. A algunas de ellas, ellos sabían responder, a otras no, Como pretendían ofrecerles la mejor educación, mandaron a las niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina. El sabio siempre respondía a todas las preguntas sin siquiera dudar. Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una pregunta que él no sabría responder. Entonces, una de ellas apareció con una linda mariposa azul que usaría para engañar al sabio. "¿Qué vas a hacer?" – preguntó la hermana. "Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntarle al sabio si está viva o muerta. Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y la dejaré volar. Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré. Y así, cualquiera que sea su respuesta¡será una respuesta equivocada!". Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que estaba meditando. "Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, sabio¿está viva o muerta?". Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió: "Depende de ti, ella está en tus manos."

-¿Por qué me cuentas esta historia¿Qué pretendes? - Grissom se había hastiado, no tenía tiempo para juegos.

Un eco lejano se escuchó fuera de la habitación oscura - Depende de ti, ella está en tus manos.


De improviso, resonó un chasquido, luego un zumbido y se encendieron las luces fluorescentes del techo. Grissom se sobresaltó. De inmediato cayó en la cuenta de que todo el tiempo había permanecido con los ojos cerrados. Otro sueño¡Por Dios, me van a volver loco! Parpadeó levemente, tratando de adaptar la vista a la nueva iluminación. Consiguió ver el esbozo de los barrotes que le mantenían aprisionado. Mi celda. Lo había olvidado. Un guardia comenzó a golpear ruidosamente el metal de su jaula.

- ¡Tienes visita¿eh? - le espetó en un tono extraño. Lascivo se atrevería a decir. - Andando. - le escoltó con una sonrisa un poco lujuriosa.

Grissom no entendía nada. ¿No se suponía que le estaban prohibidas? De pronto le asaltó un miedo. No, no puede ser. Miró al guardia con angustia. Él dejó de sonreír.

- ¡Hey, no me mires así! - le empujó. Grissom tropezó y casi cae - ¡No soy de ésos! - el carcelero escupió a un lado. - Tienes una visita... ¡mujer¡TU mujer! Demandó privilegios conyugales. A los condenados a muerte no se les niega... eso. - si el guardia no hubiese estado de mal humor, le habría guiñado un ojo. Le condujo a un sitio baldío tras el patio de la prisión. Allí había dos remolques. - Tienes media hora. Agradécele al juez, ya que por regla general son sólo quince minutos.

Entró a uno de los remolques. No había nadie. Decidió realizar una pequeña inspección. El lugar contaba con una cocina y baño diminutos, una sala de estar que, a la vez, funcionaba como dormitorio y un par de ventanas con cortinas. Decidió cerrarlas ya que el guardia estaba cerca, seguramente tratando de captar un poco de acción. Resulta que ahora tengo una esposa.

Alguien llamó a la puerta. Cariño, ya estoy en casa... ¡Ja!. Abrió la puerta y no se sorprendió para nada.

- Ni siquiera tengo que voltearme, Sara Sidle.

- Pero... si estás frente a mí¿para qué te voltearías? - le dijo Sara casi riendo. Ambos sabían perfectamente a qué se refería.

- Adelante, por favor... querida - agregó esto último mirando al guardia que los observaba rigurosamente.

- Vaya, la última vez que me dijiste así me había cortado la mano. - le recordó Sara una vez que hubo cerrado la puerta. - Supongo que, dado que casi muero, merezco algún adjetivo más elocuente. - le dedicó una sonrisa sincera y sin dejarle tiempo para defenderse, continuó - ¿Cómo estás¿Cómo te sientes? - su expresión cambió a una de extrema preocupación.

Grissom vaciló ante aquellas preguntas. Se sentía pésimo. Por todo. Por todo lo que Sara había pasado. Por su culpa. Por todo lo que él había pasado. Decidió ahorrar un poco de tiempo para pensar en una respuesta coherente. Abrió el refrigerador.

- ¿Quieres algo? - le dijo a Sara amablemente.

- Por supuesto. Una explicación. - respondió ella tajante.

Touché. - ¿Qué quieres saber?

Sara sabía que Gil había evadido su primera pregunta deliberadamente. Creyó que lo más prudente sería empezar por preguntas más circunstanciales, por lo menos en lo que concerniera a los sentimientos. Conocía a Grissom y comprendía que el terreno de las emociones no era el que más dominaba. Se sentaron el uno frente al otro.

- ¿Fuiste tú¿Fuiste tú quien me colgó? - preguntó Sara con una voz casi inaudible.

- Eso ya no importa. Mira donde estoy. Está demás...

- Respóndeme, por favor. - le interrumpió bruscamente

- No. No fui yo, Sara. - le miró a los ojos. Aquellos ojos pardos que tantas veces había mirado, sintiendo tanto temor de perderla, o tanta vergüenza de no poder abrazarla con vehemencia, como siempre deseaba cuando le miraba a los ojos. Terminó él apartando la vista, como era lo usual. Se hizo una pausa incómoda. Sara rompió el silencio.

- ¡¿Entonces quién¿Por qué continúas aquí¿Por qué no dices quién fue? - la desesperación la embargaba de pies a cabeza. Grissom lo notó en sus ojos que comenzaban a brillar más de lo debido.

- ¡Es demasiado tarde, Sara! - le tomó los hombros para tranquilizarla, pero fue peor. Ella se levantó deshaciéndose de él violentamente con un manotazo.

- ¡Cómo puedes decir eso¿Acaso no sabes por lo que he pasado¿Ignoras por lo que tú has pasado también¿Vas a dejar ir a un hombre culpable en la completa impunidad? - Sara estaba llorando de rabia. Era un volcán en erupción. Grissom estaba desconcertado. Cómo decirle. Cómo. Tenía miedo de comunicarle la verdad. Sabía muy bien que si Sara se enteraba de quien estaba detrás de todo esto, iría en su búsqueda, con o sin el apoyo del laboratorio, terminando muerta. Paul Millander era un hombre demasiado peligroso. Bastaba con ver su propia situación: encerrado esperando morir.

Levantó la mirada desde su asiento. Un deje de tristeza pasó fugaz por sus ojos.

- Sara, siéntate por favor. - ella no pudo evitarlo. Sus palabras siempre eran como órdenes que había que obedecer sin objetar. Se sentó frente a él. Grissom continuó - Voy a ser sincero contigo. Te lo debo, ya que puede que sea ésta la última vez que nos veamos. - Sara desvió la mirada al suelo. Grissom le tomó ambas manos con una confianza nueva. Infundida por la desesperación. Ella levantó la vista y él prosiguió.

- No deseo que nada malo te suceda. Te conozco y sé que eres un poco terca - levantó una comisura y le dedicó una mirada de cansancio - porque eres como yo. Y sé que si te digo la verdad, no descansarás hasta encontrar al culpable. Sin embargo, lo más probable es que no cuentes con nadie del equipo dado que la sentencia ya fue dictada. Como no sabes cuando detenerte - Sara hizo un amago de protestar, pero Grissom continuó - seguirás sola y no puedo permitir eso. Es muy peligroso.

Sara le miró con firmeza, apretándole suavemente las manos - Pero Gil¿Qué harías tú en mi lugar?

- Probablemente lo mismo que tú estás haciendo ahora. - los ojos de él se humedecieron. Le hizo unir ambas manos de manera que ella quedó con las palmas juntas y los dedos extendidos, como en un rezo. Él las sostuvo fuertemente entre sus dedos y le pidió con voz ronca - Prométemelo.

- ¿Prometerte qué? - Sara estaba más extrañada por la actitud de él que por sus palabras.

- Prométeme que no intervendrás.

- Sabes que no puedo prometerte eso.

- Prométemelo - le imploró Grissom al borde de las lágrimas, pero a su vez, manteniendo la seriedad en su rostro. No puedo... - No quiero perderte - soltó. A Sara le dio un vuelco el corazón, pero le respondió con más frialdad de la que quiso.

- Me perderás de todas maneras si mueres.

- No, tú no entiendes...

- ¡No, no entiendo nada¿Estás dispuesto a morir por un criminal?

- No. Estoy dispuesto a morir por ti.

La respuesta frustró a Sara en lo profundo. ¿Por qué tiene que ser todo tan complicado con él? Sin mirarle a los ojos, ella le respondió.

- No, no lo harás- y se marchó. Grissom hubiera dado lo que fuera por poder patear algo, echar abajo el remolque, pero sabía que le costaría el acoso del guardia y los otros prisioneros. Se contuvo con mucho esfuerzo.


Sara se sentía un poco más aliviada. Por lo menos ya sabía que no había sido él. El problema ahora era encontrar al culpable. ¿Cómo supo Grissom quién fue¿Habrá tenido algún contacto con él? Sara preguntó en prisión si Grissom había recibido correspondencia. Le dijeron que no, pero podrían estar mintiendo. No tenían porqué decirle la verdad, después de todo, ni siquiera contaba con una orden. Consiguió -con métodos menos que ortodoxos- las cintas de vigilancia de Gil. Se las llevó a casa para estudiarlas.

Puso la primera película en el reproductor VHS y -con un café en una mano y el control remoto en la otra- examinó minuto a minuto exhaustivamente, adelantando y retrocediendo. Nada extraño sucedió durante las 3 horas de grabación. Puso la segunda cinta... lo mismo. Iba en la quinta, casi durmiéndose, cuando algo le llamó la atención. No sabía qué era exactamente lo que había sucedido, por lo que bajó la velocidad y retrocedió unos segundos. Apretó "play". Acercó sus ojos a la pantalla. Un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Era Paul Millander, saludando a la cámara y gesticulando la frase: "Hola, Sara" con una sonrisa. Ahora entendía a qué se refería Grissom con "peligroso".


Ésta es la cuarta parte y final. Decidí hacerla en dos partes (a y b), porque sino, era imposible terminar la historia. Ya subiré el final, no se preocupen. Cheers .