Los Personajes de este fic no me pertenecen. Los derechos correspondientes pertenecen a NINTENDO y a los creadores de THE LEGEND OF ZELDA.

Este fic no está hecho con fines de lucro solo es por entretenimiento y diversión.

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El Valle de los Lobos es propiedad de Laura Gallego.

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Los sueños aparecerán en cursiva precedidos y seguidos por dos puntitos.

"Pensamientos"

Recuerdos

[***] Cambio de escena.

»Continuación de un dialogo

... (entre párrafos) pequeños cambios de escenas


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Capítulo 4: El Espía

...

Balanceó de forma curiosa el líquido dentro de la taza, no podía dejar de pensar en lo ocurrido esa tarde, aun así, nadie estaba molesto con ella y no sabía si eso era lo que más le molestaba.

Cierta sensación, la sacó de sus cavilaciones, justo frente a sus ojos estaba Aragón, también bebía de manera calmada mientras leía una novela vieja, depositó el té justo sobre su regazo para poder cambiar de página y cuando volvió a retomar la taza soltó una pequeña risita.

—Hey… que curioso— musitó moviendo el líquido de modo oscilante.

Impa lo había visto hacer eso en muchas ocasiones, adivinaba los sucesos próximos en el futuro sólo con observar la distribución que tomaban las hojas de té sobre el líquido.

—El futuro está por dar una vuelta curiosa.

— ¿Qué clase de vuelta?, ¿es una de las malas?

—De hecho, no es buena ni mala, simplemente es curiosa— sus cejas se juntaron de forma graciosa, "Vaya" susurró, miró a Impa virar la vista hacia el techo de la sala de estar— ese curioso sentido sobreprotector me tiene fascinado— le dijo mientras la veía de manera atenta.

Ella despegó la vista del techo con un semblante confundido.

—Tengo el presentimiento de que algo pasa justo sobre mi cabeza

—Justo sobre tu cabeza…. — murmuró él mientras bebía el resto del líquido, justo sobre esa sala de estar, a varios metros por encima, se ubicaban las habitaciones reales. — La princesa Zelda debe estar haciendo travesuras.

— ¿Debería ir a ver?

—Sera mejor que no lo hagas, podría enfadarse muchísimo— comentó sin quitar los ojos de su novela— mejor sería que descanses Impa.

—Sí. Ha sido, un día extraño. Pero no sé si pueda dormir.

— ¿Quieres que te acompañe?— clamó con su sonrisita traviesa.

—Tsk, ¡Pervertido!, ¿Oye por qué hoy te has quedado?, es sumamente extraño tenerte en el castillo a estas horas.

—No pienses cosas raras, es mi deber estar atento, si Makivelo regresa es mejor que estar más cerca.

—Clarooo— gruñó de forma inquisitiva.

—No me digas que te pongo nervioso Impa.

Ella gruñó de manera graciosa y después sin dudarlo un instante se fue directo a su cama.

[***]

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EL sonido de una voz llamó desde las profundidades de su memoria, pero era una voz muy extraña, no parecía un lenguaje precisamente humano, sino más bien una canción cálida y acogedora.

Cuando sus ojos vagabundearon en busca de respuestas solamente vio un mar de nubes a todos lados, incluso bajo sus pies y también muy muy lejos a la distancia.

La canción la arrulló de forma acogedora, mientras una presencia la acariciaba de forma tierna por la cintura, entonces, poco a poco abrió los ojos.

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Y cuando volvió a abrirlos el escenario era contrastante, el cielo grisáceo se había vuelto incluso más oscuro y esas nubes no se parecían en nada a la de sus sueños, aquellas eran blancas y esponjosas. Una respiración chocó contra su cuello y entonces se percató de que de verdad alguien la tenía sujeta por la cintura.

El atolondrado de Aragón también se había quedado dormido, aunque no precisamente en una posición muy grata, Impa lo miró por el rabillo del ojo y no puedo evitar sonreír ante semejante acto de torpeza. Era tal y como se lo había dicho anoche, el insomnio se le había pegado al cuerpo y no había descansado nada, tal vez por eso se había dejado caer vencida en los jardines, aunque ella recordaba haberse quedado dormida justamente en donde estaba ahora Aragón. Daba por hecho que la había removido del sitio, no porque fuera cómodo, sino más bien porque quería que ella estuviera cómoda.

Miró hacia ambos lados de los jardines y al no ver a nadie se recargó de forma placida sobre su compañero, era una sensación sumamente vergonzosa aunque no podía desaprovechar esa clase de oportunidades, ya después buscaría la manera de como golpearlo a modo de excusa, pero por el momento había otra cosa que la inquietaba.

Hacia horas que esperaban a la princesa y al joven héroe, y su ausencia sólo le indica que de seguro se habían quedado dormidos. Nuevamente miró el cielo grisáceo, la canción de su sueño se repetía en su memoria, a tal grado que por un momento de verdad creyó escucharla a sus espaldas, pero ahí no había absolutamente nada, solamente el joven adivino acurrucándose contra su cuello.

Una vez que Aragón despertó la encontró a unos cuantos metros, había bastantes guardias paseándose por rincones aledaños, lo cual lo dejó por un momento confundido. Se levantó de forma curiosa y fue a posarse junto a ella.

— ¿Y eso?

—El rey está enviando otra cuadrilla a la región de Farone, parece ser que los monstruos siguen causando revueltas.

—Me pregunto, ¿por qué estarán vagabundeando de ese lado?

—Quien sabe.

—El señor héroe me dijo algo que me dejo pensando "a lo largo de las eras ha habido pocos que esperan nuestra llegada", eso me da muchas cosas para reflexionar.

— ¿Qué clase de cosas?

—Bueno es probable que si el gran mal está enterado de que alguien puede detenerlo busque primero la forma de deshacerse de los obstáculos, tal vez ésta consiente de que el elegido puede aparecer en cualquier instante, y que mejor forma de asegurar sus planes que deshaciéndose de él antes de que despierte como héroe, aunque muchas cosas imprevistas han ocurrido, lo más probable es que lo busque sin resultados, porque él no renació en ésta época. Debemos poner más atención a la seguridad de la princesa, si mis sospechas son ciertas es posible que tarde o temprano venga a buscarla.

El rostro de Impa se volvió en una mueca de preocupación, es decir, tenía sentido, después de todo ellos también habían ido a buscar pistas de la anterior vida de Link a Farone.

Se quedaron ahí de manera pensativa, hasta que vieron a Zelda acercarse por uno de los costados.

—Alteza, es muy tarde— dijo Aragón en voz traviesa.

—Sí, lo siento. Me he quedado como piedra toda la mañana y Link…

Espabiló un poco antes de virarse a su retaguardia, Link había caminado justo detrás de ella en un silencio absoluto, parecía un poco petrificado, aunque de un momento a otro sólo dio la media vuelta para abanicarse.

—Esto… también se quedó dormido— dijo tratando de disimular sus nervios.

— ¿Ammm? No sabía que los espíritus dormían, hasta que vi al joven héroe— dijo Impa de forma inquisitiva— ¿hay algo que debamos saber al respecto?

— ¡Absolutamente nada!— reclamó él, ya no sabía ni que pensar de lo que había ocurrido anoche, pero estaba claro que sería difícil sacárselo de la cabeza durante el resto del día.

—Es un acto reflejo, — añadió Aragón— porque tampoco necesita respirar y aun así lo hace, supongo que es involuntario, yo si he visto a muchos espíritus y fantasmas hacer eso, especialmente a los que se quedan atrapados en la línea.

—Ajá— nuevamente su mirada se posó en Zelda y ella dio media vuelta en automático, las cosas no tenían por qué ser así de difíciles, pero la mirada de Impa era sumamente acusadora, como si su sexto sentido de la protección diera las cosas por sentado. Simplemente fue a refugiarse a los brazos de Link, aunque él la miró de esa misma manera nerviosa, era obvio que si su pequeña travesura llagaba a saberse ambos estarían en un verdadero apuro incluso cuando…

—Ya quita esa cara— musitó Zelda de manera tierna mientras le daba un beso.

—Te dije que no… que no funcionaría— incluso parecía sumamente desilusionado.

—No importa Link, al menos no puedes negar que fue divertido.

—Fue una tontería.

—Sí, pero fue nuestra tontería.

La miró con esa expresión sonriente y el malestar que lo había estado acompañando desapareció de la boca de su estómago. Después de haberle preguntado miles de veces por la mañana si la había lastimado o algo por el estilo, terminó por asimilar que no había sido más que un simple jugueteo, un jugueteo que por mucho que le costara admitir de verdad le había gustado.

El pensamiento hizo que se pusiera aún más colorado, es decir, no era como si al final Zelda hubiera logrado obligarlo del todo, simplemente ambos había cedido a ese deseo anhelante que había estado retenido durante años y años, esperando una oportunidad a que algo le diera un empujoncito, y ese algo había sido de forma inevitable el contrato que a ambos los unía.

El arete de plata brilló bajo la poca luz del sol de un modo cómplice mientras Link posaba su vista en el cielo.

—Señora Impa, ha llegado su encargo. — anunció uno de los guardias que daban ronda.

—Gracias— la Sheikah extendió los brazos y tomó el paquete, lo miró curiosamente y después lo dejó caer sobre las manos de Aragón, para poder firmar la orden de entrega que más tarde se llevaría un mensajero.

—Ay, ¿Qué es esto?— había hecho fuerza creyendo que semejante caja pesaba muchísimo, aunque en realidad era muy liviana.

—Es el encargo del joven héroe, aunque lo pedí hace semanas y creo que ahora ya no es necesario— contestó ella mientras se llevaba una mano a la cabeza.

— ¿Oh y que cosa fue lo que pediste, Link?— preguntó Zelda

Él parpadeó de manera tierna tratando de hacer memoria.

— ¿Creo que ni yo me acuerdo?, ¡Vamos a abrirlo!— contestó entusiasmadamente, tomó el paquete de las manos de Aragón y se encaminó hasta el bosquecito de la parte trasera.

—Link espera, ¡podrían verte!— refunfuñó Zelda. Era cierto, si algún guardia se viraba en esa dirección sólo verían a la caja flotando.

Se sentaron en el césped y Link abrió la caja de forma entusiasta.

—Vaya— susurró con un brilló de felicidad en los ojos.

Zelda se asomó para ver el objeto y también se quedó maravillada.

— ¿Qué cosa encargaste, Impa?— Preguntó el joven adivino mientras miraba a ese par de tortolos sentados en el piso.

—El instrumento para la purificación.

— Oh… Claro.

En ese preciso instante Zelda metió las manos a la caja y sacó una lira, era la cosa más bonita que había visto en su vida y mientras la sostuvo en sus manos la invadió una alegría inmensa, no sabía por qué pero ese instrumento le traía sensaciones agradables.

— ¿Te gusta, mi niña?

—Sí. Es preciosa— le contestó a Impa mientras ojos seguían vagabundeando en aquella figura, estaba completamente hecha de madera y despedía un olor boscoso y agradable, justo en el arco había grabados numerosos filigranas con oro entre los cuales figuraba el símbolo de la realeza de Hyrule. En los bordes había pequeñas incrustaciones de Rupia y las cuerdas eran suaves y melodiosas, tal vez echas con algún material extraordinario.

—Es perfecta Impa, incluso se parece un poco a la que "Mi Sheik" llevaba— clamó Link tirándole miraditas traviesas a Zelda, tanto Impa como la princesa parpadearon de forma confundida, aunque prefirieron no preguntar nada en lo absoluto, a pesar de que la palabra "Sheik" dio un pequeño brinco en el subconsciente de Impa— ¿de dónde la sacaste?

—De los bocetos de un libro que estaba en la biblioteca subterránea y me pareció linda. Había buscado una en la ciudadela pero no había ninguna que realmente me agradara, ni tampoco que se asemejara a esa, así que la mande a hacer directamente con un viejo artesano. Aunque creo que ahora de verdad ya no es necesaria, después de todo el ritual de purificación ya no es un problema, y para lo que vale, si el viejo demonio no se ha paseado por el castillo en días.

—De todas formas es preciosa— clamó Zelda mientras la colocaba en su regazo— aunque no tengo idea de cómo se usa. Allá arriba en la sala de música había un arpa, aunque creo que es una cosa completamente diferente.

Pasó la mano sobre las cuerdas produciendo una melodía interesante, entonces Link la abrazó por la espalda y la acurrucó contra su pecho.

—Cierra los ojos, Zel— ella obedeció al instante, Link colocó sus manos sobre las suyas y con delicadeza la animó a hacer unos cuantos movimientos, la sencilla melodía poco a poco se volvió más y más compleja, hasta el punto en el que Link soltó las manos de la princesa pero estas siguieron tocando como si lo hubieran hecho toda la vida.

El bosquecito se llenó de una armonía cálida, de una música acogedora que simple y sencillamente invitaba a sus oyentes a sentirse sumamente felices, algunos pequeños invitados se desliaron desde sus escondites y cuando la princesa dejó de tocar soltó una pequeña risita, el bosquecito se había llenado de hadas de colores.

— ¡Cielos!— Aragón extendió una mano con una sonrisa, las hadas se posaron justo sobre su brazo, e Impa simplemente siguió mirando con asombro.

—Qué curioso, creí que sólo venían con la luna llena.

—La luna llena. Es porque su luz se refleja en la inmensidad de la noche, es ese algo brillante que se extiende como esperanza, a las hadas les gustan esas cosas, por eso es que se la pasan revoloteando en los lugares sagrados y también son atraídas por fuertes energías mágicas, la música comunica sentimientos y hace que fluya la magia.

—Entonces, ¿por eso se pueden purificar las cosas, por qué actúa como un reflejo?

—Eso creo cielo. Aunque de ser así tendría sentido. Escucha y siente— añadió de manera curiosa mientras silbaba la melodía de purificación.

Entonces Zelda lo imitó con el sonido con la lira, el ambiente pareció clarear un poco e incluso los colores ambarinos de los arboles parecían un poco más alegres.

Durante algunos minutos se siguieron escuchando las tonadas curiosas. Aragón cerró un poco los ojos y se dejó caer un rato al césped, era una sensación tan relajante que incluso Impa terminó por recargarse en un árbol, algunos recuerdos fluyeron por su memoria, recuerdos que tenían que ver con su familia, aunque de manera extraña no entendía por qué de repente sentía esa nostalgia añeja, ni la música ni la lira tenían mucho que ver con los Sheikahs, por lo menos, no con los que ella había conocido, poco a poco su concentración fue menguando hasta que el sonido de unos pasos a la distancia se volvió tácitamente audible, su vista se viró en la dirección del nuevo sonido, hasta que se encontró con aquellos graciosos ojos verdes, los cuales se posaron con atención en la escena.

— ¡Majestad!— clamó un poquito desorientada cuando descubrió a la mujer en ese sitio, llevaba el cabello completamente suelto y un vestido blanco muy sencillo pero muy hermoso.

Entonces Aragón abrió los ojos de golpe y se paró casi de un salto, estaba completamente avergonzado porque la reina lo había visto ahí haraganeando. Pero la mujer sólo le dedicó una sonrisa efímera para después ir a donde estaba Zelda.

—Oh, cariño la encontraste, ¡Que gusto!

— ¿Eh?— la princesa parpadeó confundida al tiempo que su madre le retiraba la lira de su regazo.

—Oh, creo que no, — corrigió tristemente mientras inspeccionaba el instrumento— se ve un poco diferente.

— ¿Buscaba algo similar, alteza?— preguntó Impa mientras se acercaba a ella.

—Antes de que naciera Zelda, siempre había tenido una lira, pero poco después se me extravió y nunca pude encontrarla, era igualita a ésta, por un momento creí que la habían encontrado.

—Creo que no, ésta es nueva— dijo Zelda mientras le mostraba la caja de donde la había sacado.

Impa se rascó un poco la cabeza, era una coincidencia sumamente extraña, tan extraña que no pudo pasarla por alto, pero Aragón le hizo una curiosa seña y entonces se acercó para que le hablara al oído.

—Es por el boceto, lo sacaste de la biblioteca.

—Sí.

—El Señor Héroe dijo que era una copia de la biblioteca que habían tenido en el castillo hace trecientos años.

— ¿¡Y la lira de la reina estaba hecha en base a ese boceto!?

—Es probable. — Carraspeó un poco y se dirigió a la madre de Zelda para preguntarle— Alteza, entonces, ¿quería mucho su lira?, puedo verlo por el brillo en sus ojos.

—Oh, sí. Pequeño Aragón era un tesoro de la familia, había sido tallada por un artesano en la época del ocaso y desde entonces había pasado de reina a reina como una herencia.

—Oh.— respondió con un poco de rubor en la cara, incluso después de tantos años ella seguía diciéndole "Pequeño Aragón" y eso era vergonzoso, es decir, nunca había sido tan pequeño, pero al igual que el rey algo debía tener para que sus altezas lo trataran como a un hijo.

Algo se estremeció dentro de la memoria del joven héroe y algunos de sus recuerdos volvieron al primer plano.

"Vaya, la Lira, ¿cuándo vas a cambiarla por algo más lindo?, algo como yo por ejemplo."

Se llevó una mano a la boca, ¡Era cierto!, pero ¿tan mal estaba?, ¿Cómo había podido pasar la semejanza por alto?, ¿Acaso su memoria había empeorado mucho más?

—"No… no es eso, es porque los filigranas adjuntos son diferentes y además siempre he sido distraído para percibir los detalles"— pensó tratando de convencerse a sí mismo, incluso cuando sabía que gracias al Kai su esencia permanecía a salvo no podía evitar sentir ciertos escalofríos. Abrazó a su Zelda y respiró un poco hondo, la sensación de tranquilidad volvió en ese mismo instante.

—La época del ocaso. ¿Usted sabe de esas cosas Alteza?

—Claro que sí, todas las reinas lo sabemos, pero…

— ¿Si?— preguntó Zelda, aún más curiosa por esa extraña revelación.

—No, es que… bueno creo que ya no importa, aunque sigo sin entenderlo. No es que sea muy importante, pero por alguna razón Daphnes se negó a que Zelda siguiera la educación tradicional que habíamos llevado hasta entonces todas las mujeres de la familia.

— ¿Había algo como eso?—Masculló Impa de manera sorpresiva.

—Siempre lo hubo, no sé qué mosquitos raros le habrán picado.

— ¡Y por qué yo no estaba enterada!

—Lady Kiide murió antes de que pudiera pasarte sus conocimientos como era debido y después cuando kanna intentó instruirte enfermó de aquella cosa terrible.

Impa se quedó pasmada por un rato, Lady kiide, o más bien dicho, su abuela kiidemónas quien desde hace mucho gozaba posición como alta sacerdotisa Sheikah, era la encargada de dar educación a todas sus descendientes, era mejor si las ancianas de la tribu Sheikah instruían mientras estuvieran con vida, cuando Impa tenía ocho años la abuela había muerto de una forma misteriosa, algunos Sheikahs comentaban que le habían echado una maldición poderosa, aunque era difícil de comprobarse y la mayoría de las personas en el reino terminaron por suponer que había sido más bien por causas naturales de su edad longeva. Impa era muy joven para entrar en artes avanzadas así que lamentablemente no había podido adquirir varios conocimientos elementales, cosas que fueran más allá de habilidad en batalla la cual evidentemente sólo se aprendía con los guerreros.

Y en cuanto a Kanna…

—"Vaya dilema"— suspiró Aragón al ver la carita triste de su compañera, incluso después de años el tema seguía siendo un tanto difícil, nadie excepto él podría haber detectado el semblante en rostro de la Sheikah, era sumamente sutil pero él sabía que detrás de esa pequeña facción florecía todavía un dolor inmenso.

Dos años después de que la princesa hubiera nacido, la otra sheikah había contraído una extraña enfermedad terminal, para cuando eso sucedió el resto de los Shiekahs también habían desaparecido por completo, por lo que Impa terminó quedándose completamente sola.

Por aquellos días el joven adivino había estado muy unido a ella, hasta que la presencia de Makivelo terminó por darle al traste, el que él se fuera a vivir a una pequeña carpa al sur de la ciudadela le había afectado a ella más de lo que jamás aceptaría, gran parte de su resentimiento también tenía su origen en eso, así que cada vez que lo veía simple y sencillamente terminaba golpeándolo para disfrazar sus propios sentimientos.

—Bueno tal vez es tiempo de ponerle fin a esa tontería. Después de todo es tan extraño que Daphnes lo hubiera dicho, y aun más que me lo hubiera prohibido, antes siempre había seguido al pie de la letra las tradiciones del reino.

—Si… ahora que lo pienso, no sé nada sobre hyrule— dijo Zelda casi en un susurró. Gran parte de la historia que conocía había estado en su memoria sólo en los recientes dos años, básicamente desde que Link le había abierto la biblioteca, pero ahí no había nada que reflejara lo acontecido después de la época del ocaso por razones más que obvias.

—Entonces querrás que te muestre algo lindo— clamó ella con una sonrisa, la tomó de un brazo y la paró de un sólo brinco. Se colocó la lira y comenzó a tocar una melodía agradable. — Ésta es la canción de la familia real, tocada desde tiempos de antaño, tan antigua que nadie conoce sus verdaderos orígenes.

—Es fascinante— susurró la princesa sintiendo que se perdía con cada una de las notas.

—Esa melodía… hacia tantos siglos que no la escuchaba— Link cerró los ojos, incluso cuando él mismo podía tocarla por alguna razón no lo había hecho, tal vez sólo era que añoraba escucharla de la propia familia real a la que siempre había servido con cariño, pero ese pequeño instante memorable se vio interrumpido, bajo la oscuridad de sus parpados sintió cierto escalofrió, una sensación de peligro añeja. Abrió los ojos y buscó con recelo, alguien los había estado observando, ahí justo sobre una de las cornisas del castillo colgaba una creatura negra de ojos rojos.

—Keese.

— ¿Qué?— masculló Zelda perdiendo toda la concentración que había adquirido hasta entonces, la voz de Link había sonado con tanto desprecio que no había podido ignorarla.

Entonces el pequeño chillido de la creatura fue audible, vio como la princesa le clavaba la mirada y emprendió el vuelo para dar escape, había visto suficiente y batió las alas con pereza sabiéndose fuera de peligro, pero entonces un terrible dolor le cruzó el pecho de la creatura como si las garras de una fiera lo hubieran desgarrado, cayó desangrado hacia el piso y se retorció de dolor hasta quedar inerte.

No había visto venir el ataque del joven héroe que custodiaba a la princesa, así de fácil y así de rápido, incluso siendo un espíritu había acabado con un ser mortal.

Zelda simplemente se había quedado un tanto anonadada, apenas si había parpadeado y al segundo siguiente su vista ya seguía los movimientos del lobo pardo saltando de cornisa en cornisa. Y al final simplemente volvió a cerrar los ojos cuando Link encerró al pequeño bicho entre en sus fauces.

— ¿Qué eso?— Aragón se acercó a la creatura, removió el cadáver con su bota y dio un pequeño brinquito hacia atrás al descubrir su naturaleza— un ser de la oscuridad.

—Es un espía— bramó Link, el joven héroe había vuelto a su forma hylian y con cierta vergüenza desvió su mirada de la de la princesa— aunque me temo que ya sea tarde, ha visto a mi princesa.

—Pero no ha ido a ningún lado.

—Y espero que esa información tampoco, espero que de verdad haya usado métodos tradicionales de espía.

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Continuara...

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Comentarios del Capitulo:

Bueno antes que nada... jeje n.ñU no me maten, se que muchos querían ver con detalle que fue lo que paso la noche pasada, pero bueno a varias personas les comente que ese tipo de escenitas las iba a añadir en un extra de éste fic.

como ya se dieron cuenta, Impa se esta ablandando un poquito jajaja. bueno, solamente un poquito.

¿A donde van a parar todos los recuerdos que Link pierde?, es decir, algunos van y vuelven pero otros simplemente se desaparecen de su memoria, ¿Qué clase de misterio rodea a nuestro protagonista?, es pronto para saberlo, pero no pierdan detalle ya que será importante en el ultimo tramo de esta travesía ;)