Arriba el capítulo cuatro! Espero que lo disfruten!

Capítulo Cuatro:

Algún Lugar, Estados Unidos.

Jared despierta, tosiendo. Siente dentro de su nariz un fuerte olor a humo que lo calienta desde dentro, calmando el dolor y las molestias que lo llevaron a la inconsciencia. El calor viaja lentamente por su cuerpo y gimotea incómodo cuando el alivio llega a su garganta que picaba luego de tanto gritar y respira hondo cuando sus brazos dejan de doler, porque estaban totalmente acalambrados, sosteniéndolo al techo, apenas permitiendo que sus pies rocen el suelo.

Está solo, o por lo menos eso cree, y aún está oscuro y sus ojos siguen velados por una capa de lágrimas y sangre. Siente frío, pero no tanto como antes, y su ropa casi no existe, apenas quedan algunos trozos de lo que fue su camisa y sus pantalones están rajados de arriba abajo, su piel está empapada de sudor y sangre y se siente sucio y Jen, Jensen, ¿Dónde estás?

Y ruega desde el fondo de su alma que Jensen esté bien, que no le estén haciendo lo mismo a él, pero descarta ese pensamiento. Jensen DEBE estar bien, a Jensen no lo capturaron como a él, Jensen desapareció en un destello blanco un segundo antes de que todo fuese negro, así que debía estar bien, en un lugar seguro, un lugar blanco, no negro.

Jared se remueve, intentando una vez más soltarse de las amarras que lo tienen colgado, pero su intento queda en eso, un intento. Si fuese Sam Winchester, el verdadero, no sólo un actor medio guapo interpretándolo, ya estaría libre, le habría pateado el culo al que lo estaba torturando y estaría lejos de ahí, planeando alguna forma de desquitarse, y seguramente estaría con Dean, riñéndolo por tardarse demasiado en volver a él. Pero él no es Sam, es Jared, así que sigue amarrado.

Suspira y ríe nervioso y por lo menos no me están torturando, pero no duda que volverán a hacerlo, porque nunca les dio la respuesta que buscaban. Decían "¿Dónde está?" y él respondía "¿Qué cosa?", le decían "Sabes qué. El purgatorio." y el negaba con fuerza y "Eso es de una serie y sólo soy un actor ¡déjame ir!", pero no lo dejaban ir, lo seguían cortando, golpeando e interrogando, el lloriqueaba, se quejaba y respondía "¡No lo sé, no lo sé!", hasta que era curado una vez más y los golpes se recrudecían, pero ya ni los sentía, sólo se concentraba en el calorcito agradable que lo consolaba y así hasta que se desmayó por la falta de sangre y el dolor.

Y al despertar lo hace con un cálido humo entrando por su nariz.

Tira una vez más de las cuerdas y maldice al tipo obseso que lo torturó, a Dios, al Diablo y al Puto Universo, que se jodan los alces y Pearl Jam, no le importa nada, sólo quiere irse y ver a Jensen, que éste lo espere con sus cálidos brazos abiertos y Jay, tranquilo… ya estás aquí, estás conmigo y jura que se va largar a llorar otra vez si no es por ese pequeño destello que llama su atención. Es un destello minúsculo que distingue por el rabillo del ojo y que logra ver de pura casualidad, porque está moviéndose para todos lados en medio de su rabieta.

Un destello metálico, lo comprueba luego revolotear todo lo que las ajustadas cuerdas en sus muñecas se lo permiten y ríe, porque no está lejos, casi jura que puede alcanzarlo si se esfuerza y se las llega a ingeniar para tomarlo. Resopla y se enfurruña, porque él no es un genio como Sam Winchester, él es… un poco destacable, tal vez un "casi sobresaliente" si pone de su parte, pero no es un cerebrito come libros como Sam, así que se demora un rato en dar con la respuesta a su problema.

Sus pies.

Tendría que usar sus pies para alcanzar eso que brilla y que, si tiene suerte, sólo un poco, poquito, porque ¡Vamos! No ha hecho nada tan malo para merecer eso, le serviría para largarse de ese lugar.

Patalea desordenado para intentar quitarse por lo menos un zapato. Seguramente Sam lo haría de un solo movimiento, una patada ninja mortal súper Dragon Ball, y se vería genial, pero él no es Sam, es Jared, así que se ve torpe, como un pez fuera del agua que se retuerce colgado del anzuelo, y patalea y se queja porque se golpea contra una pared que no sabe de dónde sale, pero termina con un zapato menos y lo siguiente es hacer alguna maroma y quitarse el calcetín.

Acaba cansado, despeinado y decidido a hacer una estricta dieta, porque no es posible que apenas pueda con el peso de su propio cuerpo y no más dulces entre escena y escena, Jared, no más pizza fría a media noche y definitivamente no más tardes enteras de jugar Resident Evil 4 medio desparramado en el sillón, con un tazón de papas fritas y Jensen clavado a su lado y ¡cuidado con ese zombi! y ¡mata al cabrón de la motosierra! ¡Rápido, Jay, corre!

Jared Padalecki hará una dieta muy estricta: No a los dulces, si al sexo salvaje.

Sonríe de sólo imaginar la posibilidad. Tener a Jensen esclavizado en la cama y no dejarlo ir hasta bajar por lo menos unos tres kilos, o tal vez seis, o diez… daba igual, Jensen más cama menos ropa era igual a sexo del bueno. Su ecuación perfecta.

Vuelve al mundo de los que si usan ropa, irónicamente, en cuanto su calcetín termina fuera de su pie y ahí es donde comienza el verdadero reto. Debe columpiarse con las cuerdas que sostienen sus brazos, adivinar la posición de la cosa metálica sólo por gracia divina y usar su pie desnudo para tomarlo en el momento preciso. No antes, porque podría empujarlo lejos de su alcance, no después, porque podría hacerlo caer al suelo y perderlo de vista. El momento justo, el momento que Sam Winchester adivinaría por intuición, pero que Jared Padalecki no tiene idea de cómo identificar.

Se da los primeros impulsos usando la punta de sus pies y a los pocos segundos se balancea cual mono colgado de una rama. Sus muñecas arden con cada bamboleo y sus brazos protestan El destello aparece y desaparece de su vista y odia no tener buena memoria visual con las cosas que son realmente importantes, porque recuerda claramente un montón de guarradas que implican a Jensen en posiciones extrañas, pero jura que se le olvida la posición del destello un segundo después de que lo ve.

Al final, Jared debe aceptar que ser Sam Winchester no es tan difícil después de todo, o sea, casi la jode de lo lindo al patear la cosa metálica y ésta se alejó de su pie y Jared se removió durante 5 minutos intentando alcanzarla, pero, tras decidir que fuese lo que fuese esa cosa metálica no podía estar así no más flotando, descubrió la respuesta a sus problemas. Bajo la cosa, por obvias razones que seguramente Sam Winchester explicaría con las leyes básicas de la física Newtoniana y bla-bla Einstein y porquerías de genios, debía haber algo que la sostuviera lejos del piso.

Para suerte de Jared era una mesita y para su regocijo no estaba pegada al suelo. Bingo.

Así que termina pataleando en el aire hasta que engancha uno de sus pies a la pata de la mesita y la jala hacia él, identificando por primera vez lo que produce el destello que le había devuelto la cordura.

Un cuchillo.

O muchos, en realidad. Sobre la mesita había todo un arsenal de tortura y estaba segurísimo de que no habían usado ni tres de los 10 cuchillos en él. Además, junto a los cuchillos había unas cuantas jeringas, martillos y algunos alicates, botellas con líquidos que prefería no saber que eran y un par de cachivaches sexuales como esos anillos que se usan en la base del pene para retrasar el orgasmo, todo tipo de mordazas como ring gags, látigos y fustas y otras cosas, muchas cosas que DIOS MÍO no quiere saber qué son ni cómo se usan, gracias.

Aparta la mayoría de las cosas usando el pie que aún tiene dentro de su zapato y, una vez despejada la mesa, se sube lentamente, haciendo maromas, porque esa mesita endeble en cualquier momento podría colapsar bajo su peso.

Una vez sobre la mesa suelta un gemidito de gusto, porque el alivio que siente en sus brazos le provoca un agradable hormigueo que le recorre completa la columna, pero trata de no distraerse, demasiado, con esa agradable sensación, si no que contorsionándose de forma rara, usando el pie que tiene descalzo, logra tomar el bendito cuchillo con una de sus manos. Y la verdad es que agradece estar solo, porque si alguien lo viese en semejante pose, así retorcido sobre una de sus piernas y con un pie casi sobre su cabeza, o se descojonaría de risa o lo violaría.

Ningún sonido le parece más hermoso, excepto por los soniditos que emite Jensen cuando lo hacen, que el de la cuerda al romperse. Y dios, DIOS jura que se va a poner a chillar de alegría cuando logra bajar sus brazos, porque los siente suyos otra vez. Se baja de la mesa, intentando no meter aún más ruido de que ya ha hecho y se limpia un poco la cara, que está cubierta por una pegajosa mezcla de sangre, sudor y lágrimas.

Listo, está libre, ahora… ¿Qué haría Sam en esta situación?

Nueva Orleans, Luisiana.

Castiel es un tipo raro, rarísimo. Dean jura que deberían inventar un nuevo adjetivo para describirlo o más bien, convertirlo en un adjetivo y si, Sammy, toda esta situación es muy Castiel, porque Castiel es equivalente a raro.

Y Castiel no raro simpático como Sam, no, es raro en proporciones bíblicas, es un diluvio de rareza, es el Monte de los Olivos y el mar Egeo además, y Dean pensó que esa rareza tendría un límite, que no podía ser más raro de lo que ha demostrado ser hasta el momento. O sea, es todo misterio, frases apocalípticas y muecas de nada, es esa cabeza ladeada hacia la izquierda y esos ojos tan azules que delatan su condición divina, es beberse una licorería completa y una resaca de tres días, ver una porno y pedir explicaciones, eso es Castiel, es raro, pero no tan recontraputamente raro como lo es en ese momento.

Y todo eso lo piensa Dean porque Cas sigue de rodillas en el suelo desde que el humo sobrenatural se posó sobre Sam y recita una plegaria, que Dean nunca ha oído, a esa nube de humo y luz que se materializa a los pies de la cama. La plegaria está llena de miedo, es una súplica de guía mitad en enoquian y mitad protégeme, ayúdame, no permitas que este juego me envilezcay la nube se va haciendo más sólida a medida que la plegaria de Cas continúa, cada vez más necesitada.

No dejes que una ambición desmesurada se apodere de mí.

La nube adquiere una forma más sólida, ya casi no se puede ver a través de ella y Dean jura, porque ha visto muchos, que ese cuerpo es femenino.

– Cuando comprenda, cuando sepa, cuando tu bello rostro oculto me sea revelado, mi amor, como una flecha, grande, inmenso, irá hacia ti… Elemiah.

Si Dean no estuviese tan ocupado maldiciendo todo lo existente en el universo conocido, además de medio abrazar a un asustadizo Jensen que se esconde en su pecho, habría pensado que Cas se le estaba declarando esa nube de humo, y lo se habría burlado de él hasta el cansancio, pero está ocupado, así que sólo gruñe unas cuantas groserías cuando esa nube toma solidez completa y color y tiene ropa y piel, tiene ojos grises fríos y cabello negro trenzado y ¿Miah? Pregunta Jensen, soltando sólo un poco a Dean, quien no le permite apartarse demasiado de su cuerpo, y mira a la persona que se ha materializado frente a ellos y la reconoce, reconoce la piel morena con ese brillo dorado, reconoce el cabello trenzado con cuentas y plantas, el vestido blanco con el corsé oscuro y el rostro bonito con los ojos demasiado grises y raros para ser humanos y comprende, todo tiene sentido.

– Hola, Jen. Dean.

– ¡Miah! ¡Eres un ángel!

La bruja le sonríe con cariño, mientras camina un par de pasos hasta quedar junto a Sam que duerme tranquilo en la cama y se le acerca, con ese movimiento de cabeza que es igual al de las serpientes y lo olfatea, arrugando la nariz al instante, y se aleja, girándose lo justo para hablarle a Dean.

– Tu hombre huele incluso peor que tú. Son tal para cual.

– ¿De qué…? Espera, él es mi hermano, no es "Mi hombre".

– No niego que sea tu hermano, pero es tu hombre también, o más bien será tu hombre. Es cuestión de tiempo… ven a verlo, ya está bien.

Dean queda de una pieza al oír eso, jodidas brujas, tan raras, y para colmo esta resulta ser un ángel o lo que sea y esas mierdas celestiales. Con el camino despejado Dean le indica a Jensen que se ponga de pie y juntos van a revisar el estado de Sam.

Dean es rápido con su revisión: una mirada general, una mano en la frente para comprobar la temperatura y una en el cuello para el pulso, fin. Sam está bien. Pero Jensen es marica, así que se le tira encima, pretendiendo abarcarlo por completo con sus brazos y lo acuna suavemente e intenta despertarlo con sus Sam, Sammy, Sam, despierta y besos de mariposa en la cara.

Dean no dice nada, porque jodido marica con sus cosas de marica no le molesta TANTO que Jensen trate así a su hermano. O sea, no le hace mucha gracia, si incluso debe admitir que quiere partirle la cara a Jensen cada vez que toca a Sam, pero lo acepta, incluso como que le agrada de cierta forma, sólo un poquito, porque Sam necesita abrazos, por muy putamente gay que eso suene, necesita abrazos y besos, necesita caricias y palabras de consuelo, palabras que Dean Winchester no sabe decir, cariños que no sabe cuando dar, pero son cosas en las que Jensen parece un experto y no se corta nada a la hora de compartir su afecto con su hermanito.

– Mmm… ¿De… Dean?

Sam entreabre lentamente los ojos y observa a "Dean" casi sobre él, llenándolo de besos y acariciando su pelo ensangrentado y sonríe amplio y atontado porque Deeeaaan, me haces cosquillas, Deany Jensen ríe suavecito, así con la nariz como él lo hace y Sam se medio acurruca en ese abrazo, porque se siente bien ahí, cálido y protegido por su hermano y antes de que Dean atine a alguna cosa Jensen hace su jugada, se abalanza sobre el rostro de Sam y deposita sobre sus labios un suave beso, ligero, apenas un roce, pero que hace que Sam se retuerce con un escalofrío sobre la cama y a Dean le tiemblen las rodillas al punto de casi hacerlo caer al suelo.

– ¡No hagas eso!

Dean aparta a Jensen jalándolo por el hombro, descubriendo así su sonrisa deslumbrante y para nada arrepentida porque Oh Santa Madre de Dios acaba de besar a Sam Winchester en los labios, a SAM WINCHESTER, no a Jared jugando rol mientras están en la cama, no, a Sam, Sammy, imaginario, pero Sammy.

– ¿Dean?

Sam se incorpora, observando confundido lo que sucede, quedando sentado en mitad de la cama y siendo medio abrazado por Jensen. Su cerebro comienza a maquinar mil posibilidades en los dos segundos que tarda en darse cuenta de lo que sucede, todo es un caos en su cabeza, crackcrackcrack los engranajes trabajando a toda potencia y suenan las alarmas y ¡WIU, WIU, WIU! Alerta roja. Sistemas de sustento básicos fallandoy Sam deja de respirar porque ve a Jensen sonriendo muy cerca de él y a Dean enfurruñado y parado justo a su lado y su mente sigue en estado de alerta eInicien procedimientos de sonrojo, esto no es un simulacro, repito, no es un simulacro, porque Sam se da cuenta de lo que ha pasado y mira a Jensen y luego a Dean y Sam va a decir algo, pero ni eso puede. No logra abrir la boca para nada que no sea buscar algo de aire y su cerebro sólo le responde un robótico: Habilidad de habla parcialmente bloqueada, señor, así que cuando habla suena como si fuese la primera vez que lo hace.

– ¿Je… Jen qué… Dean?

– Te besó Jensen, cosa que NO volverá a hacer.

Dean es severo y está enojado, pero consigo mismo, porque no puede terminar de enojarse con el actor, menos cuando parece que éste va a hacer implosión por lo feliz que está y ¿Para qué joderle más la cabeza al pobre? Jensen es feliz y Dean siente el cosquilleo de euforia en lo profundo de su pecho y Jensen con esa sonrisita tonta y no te puedo prometer eso, Dean y Sam se remueve incómodo, intimidado por la mirada complacida de Jensen, y es cuando se da cuenta de que en la habitación hay una persona nueva y el cerebro de Sam restaura completamente su funcionamiento y con su carita de cuestionamiento ¿Quién es ella?

– Era una bruj…

– Wicca, Dean, una wicca.

– La mierda que sea, Jensen, la cosa es que ahora es… alguna cosa con alas. Cas la invocó.

Le explica Dean, ofreciéndole una mano para ayudarlo a incorporarse de la cama una vez que Jensen se digna a soltarlo. Sam acepta, sintiendo sus brazos a punto de caérsele, las muñecas le arden nuevamente y tiene algo de frío, pero se siente considerablemente mejor que un par de horas atrás. Sam respira hondo, sintiendo un fuerte olor a humo dentro de su nariz y se estremece al sentir cierto alivio acogedor expandiéndose desde el centro de su cuerpo.

– ¿Puedes sentir el humo en tu interior?

Le pregunta Miah a Sam, quien como única respuesta asiente y vuelve a respirar hondo y Miah le cuenta que ese conjuro lo mantendrá alejado del mal mientras la vela esté encendida, que protegerá a Jared y a ti, Sam porque Jared era la persona amada de Jensen, y por alcance Sam sale beneficiado también y Sam asiente, no sabiendo de qué vela le habla hasta que Jensen se la muestra.

Por su parte, Miah camina esta vez hacia Castiel, quien sigue de rodillas en el suelo, sólo que ahora tiene la frente totalmente pegada al piso, haciendo una perfecta reverencia japonesa tradicional, y no se mueve ni dice nada, sólo espera en esa posición.

– Castiel, no es necesaria tanta burocracia. Ponte de pié. – Cas no obedece, por lo menos no completamente, se incorpora lo suficiente para levantar una de sus piernas, dejando su rodilla derecha aún en el suelo y su torso apoyado, esta vez, en su muslo. – Castiel.

– No se me permite estar a su altura, Mi Señora.

– No seas idiota y ponte de pie. – Castiel duda, pero finalmente se incorpora, retrocediendo dos pasos para no invadir demasiado el espacio de la bruja, cosa que Dean observa y gruñe, porque con él nunca lo hizo, y Cas está de pié, rígido, observando las sandalias de Misha. – Castiel, mírame.

– Está prohibido, Mi Señora.

– ¿Por quién? No estamos en el cielo. Ahora mírame o le contaré a tus amigos lo desastroso que eras cuando correteabas por el cielo siendo poco más que un soplo de vida… y sobre esa vez cuando le vaciaste encima las jarras de ambrosia a Achaiah.

Castiel se remueve incómodo, sobre todo cuando los Winchester y Jensen ríen, muy atentos a su conversación, y termina por obedecer la orden que le dan, levantando la mirada lentamente, sonrojado y tímido, expresión que Dean recuerda muy bien de esa vez que quiso meterlo al prostíbulo.

– Mucho mejor. Tu contenedor tiene bonitos ojos, Castiel, parecidos a los que posees en tu verdadera forma. Deberías lucirlos con más soltura.

Gracias, sé que soy un encanto, pero tú también estás muy bue… – La mano de Castiel tapando su boca no se hace esperar, para terminar con una expresión arrepentida y la mirada baja otra vez. – Lo siento.

Elemiah, como la había llamado Castiel, sonríe y se le acerca unos pasos y Castiel intenta retroceder, pero la bruja lo detiene con una mano al sostenerlo del brazo, provocando que el ángel pegue un respingo y se aparte asustado del toque, porque él no es digno, está corrompido por la humanidad, está sucio, manchado con la sangre de sus hermanos y hermanas, es Comandante General en una guerra de autodestrucción.

La bruja lo mira interrogante y se acerca un poco más, porque conoce a Castiel, lo conoce desde el mismo instante en el que fue creado, lo conoce porque se ocupó personalmente de nutrir su gracia, lo conoce y sabe que algo está muy, MUY, mal con él.

Se acerca con su cabeza serpenteando y lo olfatea. Castiel se remueve nervioso y ella arruga el ceño, porque no está bien, Castiel no debe oler así, Castiel debe oler como el amanecer y la brisa de verano, no como una matanza en la noche más fría del invierno, y no es el aroma del alma que lo acompaña la que huele de esa forma, por el contrario, el aroma y esencia de esa alma lo purifican, es Castiel el que huele distinto. Huele sucio, lo han manchado. Su antes perfecta gracia totalmente pura está manchada con sangre y pincelada con soberbia.

Y la soberbia es el peor aroma que existe.

– ¿Castiel? ¿Qué has hecho?

En tanto Misha no para de hablar y Cas¿estás bien? ¡Cas! Porque siente que Castiel se hace pequeñito dentro de su cuerpo y se encoje de miedo y con vergüenza se cubre con sus brillantes y suaves plumas, ocultándose y Misha no para con su interrogatorio y Oye, ¿Qué sucede? ¿Quién es ella? Pero Castiel no contesta nada, sólo se cubre con sus largas alas y se acurruca en lo más hondo de su ser. Desconectándose de las sensaciones externas y quedándose ahí contraído en un rinconcito oscuro.

Cas se escondió. – Dice Misha a la bruja, tomando el control de su cuerpo por obligación, ya que Castiel no hace ningún ademán de salir de su escondite. – Oye ¿eres su novia? Cas no deja de balbucear cosas de que ya no lo vas a amar.

– Si quieres ponerlo en términos humanos… soy algo así como su madre, pero ya les explicaré eso con calma.

Miah sonríe con cariño y camina hacia la mesa en la que están todos los ingredientes. Con un movimiento de su cabeza les indica a los humanos que pueden acercarse y los cuatro caminan hacia Miah, quien los invita mirar cómo termina el conjuro.

– Mi nombre es Elemiah, pueden decirme Miah.

Habla la bruja, dándoles la espalda en lo que va metiendo más de los extraños ingredientes en la olla.

– Soy un serafín, la cuarta en orden de creación… y necesito el anillo, Jen. – Voltea a ver a Jensen y le toma la mano, quitándole el anillo sin decirle nada al respecto para seguir tranquilamente con su explicación. – Dios creó a los primeros 72 de nosotros, los ángeles de la Kábala. – Luego toma la mano de Sam, quien curioso se deja hacer. – Sólo un cortesito, tranquilo.

Con una de sus largas uñas corta la piel de la palma de Sam, apretando la herida para hacerla sangrar y untar el anillo de Jensen en ella.

– Dios Padre entregó personalmente a cada uno de los nosotros habilidades y responsabilidades distintas. Yo soy Elemiah, mi nombre significa Oculta y debo obrar desde las sombras, mi deber es para con los que necesitan ser resguardados de los males externos, sortear obstáculos y consolar corazones desolados. Por eso tomé esta forma. – Al instante cerró la herida de Sam, dispuesta a seguir con el conjuro. – Tras crearnos, Dios Padre dio vida a los demás, a muchos más. A los ángeles que ustedes conocen. Eran tantos los nuevos nacidos que nos asignó a los 24 ángeles de la primera Esfera, los más cercanos a él, la tarea de nutrir y moldear a las nuevas generaciones. – Dejó caer el anillo ensangrentado dentro de la oscura y pestilente mezcla, la cual comenzó a burbujear y agitarse, asustando a los humanos. – Castiel me fue asignado, junto con otros pequeños ángeles, pero Castiel era el más especial.

Un revoltoso, decía Miah, observando como la mezcla oscura se evaporaba y disminuía, burbujeando y soltando ese olor horrendo que le daba la sangre y la combinación de plantas y partes de animales, y Miah seguía contando que Castiel se metía en problemas con facilidad y que era muy curioso e inquieto, que pintaba las alas de sus hermanos con pétalos de flores y moldeaba las nubes con formas de animales. La mezcla desaparecía, dejando la olla totalmente limpia y Miah parecía estar en otro lugar, porque no hacía nada más que hablar de Castiel en épocas ancestrales y su esencia era tan pura que el brillo de su gracia competía con la del sol, sólo Luzbel era más puro y más bello, pero se ensució con soberbia.

– Y ahora Castiel está sucio también. – Concluyó, sacando el anillo de la olla vacía. – Y ustedes lo van a limpiar.

– ¿Cómo? – Se aventura a preguntar Dean, ya que ninguno de los 4 humanos atina a hacerlo.

– Primero recuperen al hombre de Jen, ya solucionaremos el problema de Castiel.

Los humanos se quedan mirando sin saber que decir, hasta que Miah avanza un paso y le entrega el anillo a Jensen. El actor analiza la joya en sus manos y se sorprende al descubrir que los pequeños diamantes que adornan todo el perímetro cambian de color cada vez que lo gira.

– ¿Qué… que le hiciste a mi anillo?

Miah va a responderle, pero se ve interrumpida por el familiar sonido de un aleteo y de repente Balthazar vuelve a aparecer en la habitación. No pasa ni un segundo en lo que Balthazar observa a la mujer y ya está de rodillas en el suelo, con la frente pegada al piso, igual que Castiel rato atrás.

– Mi Señora, Elemiah.

Dice con reverencia y respeto, cosa que sobresalta a los humanos en la habitación, o sea… ¿Balthazar hablando sin denigrar a nadie? Raro. Eso confirma que Miah es un ángel lo bastante importante para tener a Castiel y, especialmente, a Balthazar tan sobrecogidos.

– Balthazar, que sorpresa más grata… y no hagas eso, ponte de pie, ya no estamos en el cielo. – Balthazar obedece, pero en ningún momento la mira a la cara. – ¿A qué se debe tu visita? ¿Aún cuidas a Castiel?

– Sabe usted que Castiel es un experto en meterse en problemas, Mi Señora.

– Lo sé… ¿Qué traes en las manos? Huele a… Castiel y sangre. No me gusta.

Balthazar extiende sus manos, mostrando lo que, para Castiel, significan pésimas noticias. Miah hace una mueca triste a la vez que toma lo que Balthazar le ofrece. Jensen chilla desde su posición cuando identifica de qué se trata y al instante se aferra tanto de Sam como de Dean.

– ¡¿Un ojo?

Y es justo lo que Jensen cree que es. Es un globo ocular, ensangrentado, gelatinoso y con un iris azul opaco. Miah acuna el ojo con cuidado entre sus manos y haciendo ese extraño movimiento de cabeza que siempre hace lo olfatea, frunciendo la nariz y el ceño unos segundos luego.

– Pobre alma atormentada…. – Con ceremoniosa lentitud alza sus manos, elevando el ojo por sobre su cabeza. – Has servido bien, descansa en los campos del señor por toda la eternidad, James Novak.

Espera ¿¡Eso es de Jimmy!

Todos voltean a ver a Misha, quien ya lleva un rato muy callado y concentrado hablando con Castiel y si no sales te violaré con una zanahoria, Cas, pero se exalta al darse cuenta de lo que significan las palabras del serafín y no, se joden todos, yo no voy a terminar así, me niego y hace una mueca extraña y se agarra el pelo y que quiero irme a casa y quiero a Castiel fuera de mi cuerpo. AHORA.

– Si echas a Castiel en este momento terminarás como James Novak. – Le explica Miah, leyendo en su expresión su miedo y confusión.

Pero… yo no quiero ser carne molida ¡Soy muy guapo para morir así!

Miah sonríe contenta, porque Castiel no está ocultándose en su miedo y vergüenza solo, sino que está siendo constantemente sometido a la brillante compañía de Misha Collins y no puede evitar el comenzar a querer a ese humano y no tarda en calmarlo, porque puedo restaurar el antiguo contenedor de Castiel, pero me tardaré y tendré que buscar ayuda, le dice, hablando con voz calmada y monocorde y les explica que quien lo destruyó lo hizo con la intención de que nadie volviese a usar este contenedor y acaricia con la yema de los dedos el globo ocular, limpiando la superficie de la tierra y restos de sangre y carne que tiene adheridos.

– Mientras, tendrás que compartir tu cuerpo con Castiel, él evita que vueles en pedazos y termines así.

Le muestra a Misha el ojo limpio y ahora brillante, con el iris clara y perfectamente azul. Se forma un silencio sepulcral, hasta que Balthazar se mueve al otro lado de la habitación, recordándoles a todos su presencia. Balthazar carraspea con fuerza y se acomoda el saco y el cabello y si no me necesitan, yo me voy a un Luau y lo dice con ese tono suyo de "Yo-soy-un-Ángel-y-ustedes-son-monos" y luego se inclina frente a Miah, todo buenos modales y tono cortes.

– Espero verla más seguido ahora… y espero que no se desaparezca por otro milenio, Mi Señora. – Finalmente se aproxima a Misha, quien le sonríe coqueto. – Y tú…

Balthazar escabulle uno de sus brazos por la cintura de Misha y con su mano lo toma por el mentón y Misha es nuevamente el sexo mismo personificado, con sus ojitos azules brillantes y esos labios rosados y húmedos y ese pedacito que se muerde y Balthy… no enfrente de la mami de Cas y Balthazar sonríe amplio y lo besa en la frente.

– Cuida a mi hermanito.

Y plaf, plaf, plaf Balthazar se desvanece.

– Ok. Eso fue muy maricamente incómodo.

Dean decide que ya ha estado mucho tiempo sin hacer ningún chiste y que todo ya está siendo muy Castiel. Jajá, si soy un genio. Y obvio, si él decide que ya es suficiente de distracciones todos deben moverse. Por algo es el hermano mayor y todo eso y Sam, ve a bañarte y Dean, no tenemos tiempo para…

– Hueles como ese bar de mierda de la ruta 93.

– No huelo tan mal, Dean.

– Eso es porque no te hueles desde aquí, sasquatch. Sólo te falta el olor a semen y orina y serías el mismísimo baño de ese bar.

Sam va a reclamar, si incluso abre la boca para hacerlo, pero decide no contradecir a Dean, total, tiene razón, así que camina directo al baño y no Jensen, no lo puedes acompañar.

– Eres un aguafiestas.

Jensen se cruza de brazos y sigue a Sam con la mirada, delinea su espalda musculosa con sus ojos y cree que va a tener una erección ahí mismo cuando ve las cicatrices y las marcas de pelea que tiene Sam y ¡Dios! Lucha contra el impulso de seguirlo al baño y acorralarlo contra la pared y lamer cada una de esas cicatrices y ¡Jensen! Chilla Dean y claro, cierto. Primero tiene que hacer algo con Dean, porque él no va a permitir así nada más que un marica llegado de otra disensión se folle a su hermano en un baño. No, claro que no y quita esa cara, Jensen, no te vas a follar a mi hermano y Jensen resopla y se resigna, temporalmente, pero se resigna.

Lo siguiente en la lista mental de Dean es el anillo. Miah les explica que sólo Jensen puede usarlo, pero que necesitarán a Castiel para hacerlo funcionar, porque el conjuro necesita un pulso de gracia para indicarles el camino a Jared. Misha niega, porque Cas no quiere salir de su escondite y que, por el contrario, está acampando bajo sus plumas, Deannie y Dean se desespera y bufa, porque no cree que sea una buena idea lo que está a punto de decir.

– No me digas "Deannie", MISHA, mejor intenta sacar a Cas de su depresión.

Dean ordena y Misha sonríe con perversión, todo malas intenciones y con esa carita pícara y su tono sugerente y ¿Puedo toquetearlo, DEANNIE? Y Dean frunce el ceño, porque lo sigue llamando de esa forma tan… marica y porque la obsesión de Misha con el sexo es equivalente a lo raro que es Castiel y al final sonríe y asiente, porque no parece ser tan mala idea, y tienes mi permiso para abusar de Cas de todas las formas que sean necesarias para sacarlo de su esconditey Miah carraspea y mira severa a Dean y claro, Dean, claro. Ha olvidado por completo que la "Mami" de Castiel está ahí también y Dean se rasca la nuca con la cara compungida y ¿nada muy sucio?

Y Miah sonríe con esa soltura y tranquilidad que siempre transmite y agradece que Castiel tenga a su lado humanos dispuestos a ayudarlo, de formas extrañas, pero la intención es lo que vale y sólo no lo metan en una orgía con animales, ni lo vendan a una productora de pornografía.

– Lo demás será una experiencia humana muy fructífera para él.

Misha ríe divertido con esa despreocupación tan característica de él y comienza a hacer estiramientos bajo la atenta mira de la serafín y con su humor retorcido y sin censura y Miah, tú eres la suegra perfecta y Miah sólo alza su mano y la lleva a la cara de Misha, regalándole una caricia que deja al actor tieso en su lugar.

– Y tú no me pareces un mal yerno. Cuida a Castiel.

Una sonrisa misteriosa y su aleteo no es igual al de los otros ángeles, suena casi a coro y es más como un pluf-plaf-plof, pluf-plaf-plof, pluf-plaf-plof y Miah ya no está en la habitación.

Diez minutos después de que Miah se ha ido las cosas siguen más o menos igual, sólo con algunos pequeños detalles, como el que Jensen tenga los ojos vendados con la funda de una de las cabeceras, cortesía de Dean, porque el actor se convirtió en toda una revolución hormonal cuando Sam salió del baño con una corta toalla amarrada a la cadera y con su pelo mojado y sus músculos y su piel morena marcada con cicatrices y OHDIOSMÍO a Jensen le faltaron ojos cuando comenzó su minucioso escrutinio.

Al final Dean decidió que por el bien físico de su hermano, y el mental propio -porque sentía ese golpe de excitación recorrerlo por completo con sólo ver a Sam-, Jensen debía llevar una venda mientras Sam se vestía. Por su lado Sam alegó que podía vestirse en el baño, pero este fue tomado por Misha, quien, con esa sonrisa suya que no auguraba nada más que un orgasmo, se encerró en el baño diciendo:

– Si escuchan sonidos raros no se alteren. Sacaré a Cas de su depresión en un santiamén.

Y en eso están, con Jensen alegando que llevar una venda es estúpido ahora que Sam ya está vestido, con Dean ignorando a Jensen porque sólo escucha "" y a Sam que se toca el pecho y respira hondo, porque siente su corazón a mil y Dean, no me siento bien y Dean le dice que se tranquilice y respire hondo, porque seguramente Jared está alterado y que si él se tranquiliza Jared también lo hará, así como lo ha hecho él con Jensen, pero Sam resopla y vuelve a respirar hondo, porque el olor a humo es muy fuerte en su nariz y la corta explicación que le dio Miah sobre eso, que es un conjuro de protección no le basta, pero se resigna, ya que se siente mejor y la vela sigue prendida sobre el buró.

Un grito ronco los hace a todos voltear en dirección a la puerta del baño. Llevan un rato oyendo todo tipo de cosas, desde reclamos y negaciones a jadeos y gemidos y ahora ese grito fuerte y luego silencio. Jensen se quita la venda de los ojos, importándole muy poco que Dean lo hubiese amenazado y si te quitas esa venda y miras de nuevo a Sam, te castro, Florecita, ya basta con eso de acosar a mi hermano, pero Jensen no puede perderse lo que saldrá por esa puerta por culpa de una amenaza echa de su alter ego.

Porque por nada del mundo quiere perderse ese momento.

La puerta del baño se abre tras unos minutos de expectación y por ella se asoma Castiel o Misha, o ambos, con el cabello más revuelto de lo normal, los ojos brillando a un nuevo nivel de azul, casi eléctrico, su pecho moviéndose agitado y una fina capa de sudor cubriendo su torso totalmente descubierto, lampiño y suavemente formado, los pantalones abiertos y dejando ver la ropa interior mal puesta junto con ese caminito de cortos y finos vellos que suben desde la base de su aún medio abultada entrepierna hasta perderse a medio camino a su ombligo. Una expresión seria, sonrojada y algo agitada y finalmente su voz, monocorde e intentando sonar… no tan excitada. Totalmente Castiel.

– Vamos por Jared.

Y si Dean, Sam o Jensen tuvieron la más mínima intención de decir algo, se vieron cortados cuando la expresión de Cas cambió a una de total alegría y con esa mueca pícara se acomodo el pantalón.

Debieron verlo. El orgasmo de un ángel es como una explosión nuclear, fue simplemente alucinante.

Y claro, los comentarios obscenos de Misha no podían hacerse esperar. Nadie dice nada, no porque no quisieran, sobre todo Jensen, pero no es momento de juegos, así que Misha se viste con su ropa perdida en el baño y Castiel recupera el control apenas está vestido.

Un pulso de su gracia después, un grito impresionado de Jensen y el asombro impreso en los rostros de los Winchester y los 4 son transportados por Castiel siguiendo la dirección indicada por las luces del anillo.