Oía la explicación de Kenren y me aseguraba de empaparme de todas sus palabras, de llegar al fondo de ese maldito asunto que me había tenido en vilo tantos días y resolver las incógnitas. Apagué en el cenicero el segundo cigarro y encendí el tercero, quizás lograba relajarme así.
-No hay de qué preocuparse, bueno, sí…- Kenren hizo una pausa pensativo y luego sonrió.- No me gustaría que me acusaran de algo que no he estado haciendo, que mira que hago de vez en cuando alguna que otra burrada, pero bajar al mundo inferior para ligarme a una humana, eso no.
Kenren rió de buena gana aunque yo no le acompañé, nada de eso me resultaba divertido.
-¿Y bien…?
-¿Y bien qué? ¿Que quién es Lysa?
Asentí guardando silencio pues no quería interrumpirlo en medio de la explicación y me acomodé en el sofá intentando relajarme. Kenren sonrió frente a mí desde el sillón que ocupaba, estaba disfrutando la expectación que se concentraba en su persona.
-Es un tanto complicado, ¿recuerdas al oficial Taki?
-Ajá, -respondí sin saber muy bien dónde quería llegar con la pregunta.- Hace ya casi diez años que murió, ¿cierto? En una misión contra una plaga de demonios.
-Fue algo así, sí. Lo que pasa es que esa misión era un suicidio y los altos mandos lo sabían desde el principio, mandaron a Taki a morir.- La mirada de Kenren se ensombreció.- No digo que todos fueran conscientes de lo que le estaban haciendo, pero sin duda unos cuantos cabrones no tuvieron escrúpulos en quitarlo de en medio, ¿y sabes por qué? Por Lysa. Le prometí que no diría nada, pero a estas alturas no tiene sentido ocultarte esto.
Algo empezaba a encajar, así que me aventuré a lanzar mis propias conclusiones.
-Déjame que adivine,- me alcé las gafas con el índice.- Taki era tu amigo y estaba enamorado de Lysa, evidentemente era un amor prohibido. En un momento determinado lo descubrieron, y él lo sabía, no tardarían en quitarlo de en medio, ¿qué hacer? Debía de ser amor verdadero para confiártelo a ti y pedirte que velaras por ella cuando él no estuviera… quién sabe si también podrían tomar represalias contra ella.
-Eres un cerebrito… pero te has equivocado.- Kenren sacudió la cabeza en gesto negativo con una risita.- No del todo, pero eso no es lo que pasó. Lysa no es el amorcito de Taki, es su hija.
Me incliné hacia delante por el asombro, si eso era cierto, Lysa era hija de un dios y una humana. Un ser que estaba prohibido.
-No puedo dejarla desamparada… Taki era mi colega, no puedo dejar que hagan daño a su hija. Su madre murió hace tiempo y la llevan buscando con no muy buenas intenciones desde que nació, si la localizan…- No quiso terminar la frase.- Y ahora, por mi metedura de pata sin duda saben dónde está y además te he metido en un lío.
-Sí, eres bastante problemático.- dije expulsando una hilera de humo.- Qué relajado podría estar yo ahora mismo y aquí estoy, quebrándome la cabeza gracias a ti.
-Admítelo, sin mí te aburrirías.
-Mucho.- añadí, y sacudí la ceniza en el cenicero con forma de rana.
Kenren se rascó la cabeza con aire distraído y me miró esperando la respuesta a la pregunta que estaba a punto de formular.
-¿Qué hacemos ahora?
. . .
El siguiente paso era hablar con Goujun, él debería saber qué hacer en estos casos puesto que fue él mismo quien habló conmigo en primer lugar. Kenren insistió en acompañarme ya que él era el principal implicado así que le hicimos una visita juntos. Después de una larga espera en la sala de reuniones en la que me citó la otra vez, apareció. Su semblante era más que serio.
-¿Se perdió la muchacha de recepción? Porque te fue a buscar hace un buen rato y mira qué horas son.
-¡Kenren…!-le reprendí.
Kenren se removió en la silla y se encogió de hombros, no veía nada de malo en lo que acababa de decir. Entonces el dios dragón le dedicó una hastía mirada que no pretendía disimular, tras lo cual fue al grano.
-Aquí el motivo de tantos problemas, y él tan tranquilo.-Espetó tomando asiento, por fin Kenren pareció arrepentido y bajó un poco la mirada.- Tienes mucho tiempo para hacer chistes, y mucho tiempo para causarnos molestias, supongo que vuestra visita es porque hay buenas noticias…
-Buenas, lo que se dice buenas, no.- contesté recogiéndome un mechón detrás de la oreja.- Vamos a ir por partes, aquí mi amigo Kenren no se ha visto implicado de manera directa con el mundo inferior, hasta ahí todo bien.
Y cómo no, mi compañero volvió a alzar la mirada de buen humor, como un niño pequeño al que le levantan un castigo.
-Entiendo que ahora vienen las malas noticias.
-Sí, -continuó Kenren.- Lysa no es nada mío, amante, novia ni nada; Pero si es cierto que la he estado… cuidando. He hecho alguna que otra escapada para ocuparme de ella, pero prometo que no hay nada entre nosotros. Nada me ata a Lysa, ni ella está atada a mí.
-¿Y esa preocupación hacia ella se debe a…?-inquirió Goujun, cada vez más impaciente.
-Ella es hija de un dios, uno que bajó a hacer de las suyas, tú ya me entiendes.-Explicó haciendo un gesto con la mano como quitándole importancia.- No puedo decir más porque prometí que no lo delataría, -intercambió una mirada conmigo, buscando aprobación y yo asentí indicándole continuar.- Lysa necesita protección, nada más. Yo se la he dado durante varios años. Eso es todo.
Durante unos instantes Goujun pareció sopesar cuanto de cierto había en la historia que acababa de escuchar, para luego romper el silencio de nuevo.
-Te creo, si algo he podido observar de ti durante largo tiempo es que nunca traicionarías a un amigo, eres alguien en quien se puede confiar así que… con razón te has visto envuelto en todo esto.-A continuación se dirigió a mí.- Y siento haberte implicado a ti también.
-Estoy acostumbrado a que me meta en líos.
-No lo dudo.- Una sonrisa asomó en sus labios.- Yo me ocuparé de Lysa, no le pasará nada. Es una promesa. Y cuando llegue el momento oportuno incluso le ayudaremos a elegir cómo seguir viviendo, si como humana o como un dios, ya que en parte es lo que es.
Nos invadió un repentino alivio, por fin veíamos la luz al final del túnel.
. . .
Con los ánimos renovados, Kenren y yo decidimos salir a celebrar el final de toda la historia con una copiosa cena a la que también invitamos a venir a Konzen y Goku. El restaurante al que fuimos presentaba una decoración hindú y la carta era un variado repertorio de platos tradicionales de la India.
-¡Esto pica que no veas!- se quejó Kenren con la boca llena de pollo tandori.
-A mí me parece que no pica tanto, Ken-chan, -añadió el pequeño Goku, que había pedido lo mismo.- está delicioso.
Konzen intercambió una mirada de resignación con Tenpou y luego se dirigió a Kenren, que bebía con ansia el tercer vaso de agua en diez minutos.
-¿Porqué pides un plato picante si no lo soportas? –preguntó.
-Me gustan las cosas picantes.
El rubio resopló con resignación y volvió a centrarse en el manjar que tenía delante: rajma, un plato vegetariano que resultaba una delicia tanto en su aroma como en su gusto. Kenren tosió antes de volver a la faena.
-Hacía mucho que no tomábamos algo todos juntos, deberíamos hacerlo más a menudo.- comenté llenando mi cuchara de rasam, una sopa típica del sur de la India.- Una vez al mes, como mínimo.
-¿Como mínimo? Por mi bien, así Goku también se distrae. Hay días en los que parece que se vaya a subir por las paredes y no para de preguntar por vosotros, le vendrá bien.
El niño no contestó pero mostró a todos una sonrisa triunfal, se aseguraría de que esas ricas cenas se celebraran más a menudo de lo que los cuatro adultos preveían. La cena terminó entre bromas y tonterías varias, las cuales nos divertían a todos, inclusive a Konzen aunque no lo admitiera.
Ya anochecido, nos despedimos los cuatro ante la puerta del restaurante. Konzen y Goku tomaron su camino y Kenren y yo tomamos otro que nos era más corto para llegar a nuestros respectivos destinos.
-¿Contento?
-Claro que sí.- respondí.
-Se te nota, - me sonrió caminando a mi lado.- parecías ensimismado, ¿en qué has estado pensando toda la cena? Sonreías como un bobo.
-Me lo estaba pasando bien, eso es todo.
-Hay algo más…-insistió.
-Bueno, que si pudiéramos estar así los cuatro juntos y pasarlo tan bien siempre, sería fantástico, ¿no? Quiero decir, que la vida de un dios es muy larga y aburrida si no tienes a tu lado amigos como vosotros.
-Pesados como nosotros.- añadió Kenren.
-Habla por ti, eres el que más pesado y molesto.
Los dos caminamos juntos dejando que paso al silencio, no había nada más que decir. Kenren me pasó el brazo por encima de los hombros y así juntos caminamos por las calles nocturnas.
No pasó mucho tiempo desde entonces hasta que apareció Nataku, se desencadenaron los acontecimientos que volvieron a Li Touten contra nosotros y nos vimos obligados a luchar. En ese momento no nos sentimos dioses, ni siquiera héroes, tan solo camaradas que se apoyaban entre ellos para llegar a… ¿dónde queríamos llegar exactamente? Queríamos llegar a lo que era justo, queríamos que Goku fuera libre y continuara siendo tan inocente como había sido, que no sufriera unos daños injustos por aquellos que abusaban del poder.
Por eso llegó el final, Kenren murió el primero. Cuando lo dejamos atrás para cubrirnos supe que hacíamos lo correcto pero aún así sentí una punzada de tristeza dejándolo allí solo combatiendo contra aquellas bestias. No obstante, sabía que pronto me reuniría con él. Y así fue. Tendido en el suelo, abandonándome los sentidos, oí su vos. Después, me embargó el aroma de Kenren, ese aroma a cigarrillos que siempre le acompañaba, y oí su voz acompañándome en esos últimos momentos. Volvíamos a estar juntos, sabiendo que cumpliríamos la promesa y nos volveríamos a reencontrar de nuevo, no ahora, sino en una vida futura. Los cuatro, Konzen, Goku, Kenren y yo.
¿Podía llamarse a eso destino?
