La resaca del día anterior todavía era horrible. Marina despertó en su cuarto, que ocupaba la mitad de la segunda planta de la casa, con la cabeza dándole vueltas y ganas de vomitar. Por su cabeza, desfilaban imágenes perturbadoras e inconexas de lo que había sucedido el día anterior. Después de revivir esas memorias, no estaba segura de querer salir de su casa nunca más. Probablemente optaría por un estilo de vida al más puro estilo hikikomori: encerrada en su habitación con una trampilla por donde le pasarían la comida, sin socializar, viendo anime y abrazada a cojines con sus waifus estampadas. Cosa que, pensada en frío, no sonaba para nada mal.

Un atronador ruido proveniente de la cocina le terminó de despejar las ideas y salió de su habitación al ritmo de un zombi con sobredosis de Xanax. Envuelta en sus sábanas, parecía que la momia de Tutankamon hubiera decidido escapar del féretro para una última noche loca antes de pasar al paraíso.

- Carlos, ¿qué coño estás haciendo?- preguntó con un hilillo de voz. Realmente, sonaba como alguien que llevaba muerto tres mil años.

- No sé qué pasó ayer pero me he levantado con la barriga muy vacía. Como si hubiera soltado todo lo que llevaba dentro a presión. Tenía hambre y me hecho un batido con todo lo que teníamos por casa

- La verdad es que yo tampoco recuerdo nada. -confesó Marina.- Quiero decir, he tenido flashes, pero parecían una sandez. Quiero decir, ¿yo haciendo Pole Dance? Eso no ha podido pasar en este universo.

- Quizá deberíamos consultar el capítulo anterior para ver si esto es cierto. -sugirió Carlos.- Quiero decir, no sería la primera vez que necesitamos hacerlo para ver que lo que sucedió es real. ¿Quieres un poco de batidito? Lleva de todo, literalmente. No nos quedaba azúcar así que he usado Dalsy para quitarle sabor a las anchoas.

- Oh dios santo. -Marina miró la masa que había en la batidora, parecía… un flash del día anterior. Carlos en una barra. Estucando el suelo. Marina se cubrió la boca con las manos, tratando de frenar las arcadas. Carlos leyó su expresión ( y la frase anterior) como si de un libro abierto se tratara.

- Con que sí que había vomitado… ¿Lo ves? Sabía que me notaba muy ligero- dijo, antes de echar un sorbo al batido.

- Si todo lo que he soñado es cierto, debemos prepararnos para lo peor. -miró dramáticamente a Carlos.- Carlos, cometimos el peor error que un estudiante de la FTI puede hacer, el tabú, lo prohibido.

- ¿Darle una cerilla a un militante del SEPC? -Marina negó, asustada.- No jodas que...¿NOS HICIMOS HETEROS?

- Joder, tampoco te pases tío. -Marina suspiró.- ¿Hacernos hetero? Por Dios, escalofríos me recorren solo de pensarlo.

- Perdón, perdón. Siempre me pongo en lo peor

- Creo que… bailamos Pole Dance… para una Tsundere… asesinamos a su sirviente… y luego… ¡UNA HORDA DE ENFERMEROS NOS DIERON SU TELÉFONO Y LOS PERDIMOS! ¿AHORA COMO VAMOS A ZORREAR EH? ¿QUÉ VAMOS A HACER? Ya no somos dignos estudiantes de la FTI… -Marina rompió a llorar.- Había una enfermera pelirroja preciosa, y he perdido su número…

- ¿Y esas marcas de aguja hipodérmica? 6-7-5…

- No jodas… -Marina empezó a revisar su piel como una loca, arrancándose la camiseta.- 671779858. Lo tengo, ¡Lo tengo!

- Sí, lo tienes. Ahora, ¿Podrías taparte, por favor? Me empiezan a arder los ojos. -Marina se apuró a envolverse con las sábanas.- Tia, ponte lo que sea y llámala. Seguro que podemos reclutarla y todo..

- No sé si quiero hacerlo, Carlos. ¿Crees que merece un lugar así? Parecía un ángel de otro mundo….

- Wowowowowow para el carro. Que esto es Pecalbes, no un fanfic cutre que un par de universitarios con mentalidad de adolescentes con severas dificultades cognitivas suben a Fanfiction. Net una vez a la semana (o eso dicen). Así que, por favor, baja tus niveles de azúcar y vuelve a nuestra acidez habitual, que por algo nos leen. Prueba el batido, seguro que te quita el almíbar de la sangre y te provoca ardor estomacal.

- Sant Hilari, Sant Hilari… -dijo Marina. Y cerrando los ojos y tapándose la nariz, se bebió aquella masa infecta, grumosa y espesa de lo que parecía ropa sudada triturada de un solo trago.

De manera inmediata, notó como le hervía la sangre y un eructo de humo con forma de calavera pirata salió de su ía a ser la de siempre.

- Gracias por devolverme mi personalidad. Las pelirrojas y yo…

- Bueno, llámala. ¿A qué esperas? Tanto ángel del cielo para que luego no le hagas ni caso. ¡Que te la roban si no…!

Marina hizo acopio de todo su valor y sacó su teléfono. Con los dedos temblando, marcó esos dígitos en la pantalla. Esperó tres segundos. Tres pitidos. Saltó el contestador.

- ¡Es una señal divina! -gritó ella, soltando el teléfono de golpe, como si ardiera.- El mundo no quiere que la encuentre. ¿Ves? Yo no estoy hecha para ligar.

- Marina.

-¿QUÉ?

- Eso no es un 8, es un 3. Te has confundido de número. Deja de poner excusas y llámala, por favor. Y no, no aceptaré ninguna excusa.

Marina suspiró, y volvió a marcar. Otra vez los pitidos y, entonces…

- ¿Nya? -una voz musical salió del teléfono. Marina estuvo a punto de colgar, pero Carlos la amenazó silenciosamente con el batido. Parecía que la chica estaba a punto de tener un ataque de pánico fruto de encontrarse con su Kryptonita social: ligar y conocer a gente nueva.

- Madre mía, qué personaje. Anda trae p'acá-. Carlos, desesperado ante la imposibilidad de Marina de hablar, le arrebató el teléfono de las manos-. Hola, mira, no sé si te acordarás de nosotros… Sí los del mar de vómito, sí. Resulta que le diste el número a mi amiga, y ella dice que le pareciste un ángel del cielo y yo qué sé qué movidas tiene montadas- al oír esto, Marina saltó hacia Carlos, rogándole que se callara-. Que si te apetece verla y tal, pues que la harás feliz y eso. Sí. ¿El lunes dices? Tiene que mirar su agenda…

- ¡Quita! -Marina le arrancó el teléfono de las manos.- Perdona a mi colega, es un idiota que habla antes de pensar. -fingió una risa mientras fulminaba a Carlos con la mirada.- El lunes estoy libre. -dijo Marina, con una sonrisa de idiota.- Sí, todo el día. Sí, ningún problema. ¿En la Vila Universitaria? Sí, claro que sé dónde está… -miró a Carlos, buscando auxilio desesperadamente.- Pues allí nos vemos. Sí, de acuerdo. De acuerdo. Gracias. Hasta el lunes.

Marina colgó la llamada y se volvió totalmente pálida, blanca como la cera. Dejó caer el teléfono.

- Dios mío, Carlos- dijo, con una expresión de horror.- ¿Qué he hecho?

- Se llama cita. Repite conmigo: CI-TA. No es para tanto, mujer. Solo tienes que asegurarte de ser divertida, pero no demasiado porque pensará que eres inmadura; seria, pero no demasiado para no parecer aburrida. Tienes que ser carismática y sobretodo NO PARECER DESESPERADA.

- ¡Pero si lo estoy! -trató de respirar.- Carlos, ¿Cómo funciona una cita? Quiero decir… ¿Puedo pausar en medio, hay faltas, cuántas partes tiene, ¿cuánto dura?

- Te diría que te relajaras y fueras tú misma, pero no me parece muy buena idea en tu caso. En realidad, en ninguno, es un consejo de mierda. Sin embargo, hay otra forma de cita, diferente a la estándar…

- Ilumíname, Carlos-senpai. Enséñame con tu infinita sabiduría como funciona esto.

- La Zorri-cita. Quedar para chuscar. No hace falta ni tener buena conversación. Con depilarte vas sobrada.

- Eso también es un problema. Parezco el señor Tumnus después de no esquilarse durante años.

- Ya, ya he podido verlo, ya. Pero las fishnets con pelo, como que no lucen, así que...

- Seguro que podríamos crear tendencia.

- No. Bajo ningún concepto. -Marina suspiró, quería sus pelos, pero quería más a la pelirroja.

Carlos observó la situación detenidamente, desde el pelo de la espalda hasta el de los nudillos.

- Visto que con cera vamos a tardar hasta el jueves, vamos a probar métodos un poco menos ortodoxos

- ¡La brasileña no! -gritó ella, en actitud suplicante.- ¡Todo menos la brasileña! ¡Mi culo, mis normas!

- Eso no pareció importarle al último que te llevaste a la cama. -los ojos de Marina soltaban chispas asesinas.- Además, la brasileña está pasadísima de moda. Ahora se lleva la rusa.

- ¿Qué consiste en…?

No le hizo esperar mucho para averiguarlo. La rusa era muy parecida al laser… si el laser se hiciera empapándote en vodka y prendiéndote fuego.

- ¡Venga va que así se entra en calor en el gulag! -la animaba Carlos.- Además, las quemaduras de tercer grado te dan cierto puntito… éxotico. -soltó, incapaz de pensar algo más positivo.

- Parezco Deadpool. -comentó ella, llorando.

- Nada que un poco de base de maquillaje hipercubriente no pueda solucionar. Aunque...rompemos la cuarta pared, te pareces al prota… -observó Carlos.- ¿Tú estás segura que no estamos escribiendo una versión desmadrada y absurda de la historia?

- Shh, no lo digas muy alto que Disney aún vendrá a pedirnos derechos.

- Pero si Deadpool no es suyo…

- ¿Y crees que eso les detendrá? Por favor… ya oigo como se acerca el ejército de abogados.

- No, es mi barriga. El batido no me ha acabado de sentar precisamente bien. -la chica respiró con alivio.- Bueno, ¿Ahora qué toca?

- Ahora te tengo que buscar algo de lencería sexy. Unas fishnets con sus suspensorios, un corsé… -Marina creyó que esas palabras le sonaban más a chino que el propio chino-. Ya verás, vas a parecer un ángel de Victoria's… Bueno no, pero algo es algo.

Su móvil vibró en el suelo. Un whatsapp. Marina se apuró a cogerlo. "Nya! Qué tal? Te importa que se quede con nosotras mi compañera de piso?". Marina se rompió.
- Carlos, no le gusto. No quiere que estemos solas… Y si… ¿Y si lo estoy malinterpretando todo? ¿Y si solo pretende que tengamos una cena amistosa y cordial sin arcoíris de por medio?

- Cariño, nadie pone ese empeño en dejarte su número si no es porque quiere algo. No le recitas el número dos veces al pizzero si no es porque quieres desesperadamente comer pizza.

El móvil vibró de nuevo. "Podemos tener una cita triple". Seguido de esto, le envió el emoji de la carita con la lengua fuera y el del guiñito.

- ¡Madre mía Carlos! -dijo ella, sin poder creerse su suerte.- Vine buscando cobre y encontré oro. O mejor, me conformaba con una paja triste y esto se ha convertido en... ¡sexo sorpresa!

- Qué suerte tienen algunas… -dijo él, con cierta envidia.- en fin, ¿Estás lista?

- No.

- Pues tienes tiempo, que es el lunes la cita. Aunque…

UN CHASQUIDO DE DEDOS MÁGICO DESPUÉS (Porque el relleno se lo dejamos a Naruto, y no queremos ofender a los maestros…)

Una chica andaba sola bajo la luz de las estrellas en las calles desiertas de la Vila Universitaria. Lo único que llevaba era un abrigo de piel falsa, bajo el cual solo vestía un picardías. En su bolsa llevaba una silla plegable y una boa de plumas y en la oreja, un pinganillo.

- ¿Como lo ves, tía?

- Más jodido que aprobar catalán con Martí sin pisar una clase. Bueno, o pisándola.

- Venga, que lo harás muy bien. -trató de tranquilizarla.- Piensa que es como ir en bicicleta: al principio te la pegas, pero luego todo fluye perfectamente.

- ¡No se montar en bicicleta!

- Ya hay que ser inút… ¡No pasa nada! ¡Ya verás que bien te lo pasas al final! Y recuerda: la columna y la cadera están separados por algún motivo. Recuerda esto y conquistarás el corazón de cualquier fémina con ojos en la cara y gusto en el culo (y baja autoestima y problemas disociativos severos, pero eso ya es harina de otro costal).

Marina siguió andando por la vila hasta que llegó debajo del balcón de las chicas. Podría haber llamado al timbre como cualquier persona normal, pero optó por lanzar piedras a la ventana cual fan de Auronplay en la ventana de Dalas porque mira, ¿No es eso lo que debe hacerse en cualquier historia romántica cutre y de bajo presupuesto como esta? Exacto, no, pero Marina no entendía de esas cosas. Primero lanzó piedrecitas, pero al ver que sus citas tenían System of a Down a todo trapo y que la ignoraban, pasó de piedrecitas a piedras, y de piedras a rocas que lanzó con una pequeña catapulta casera que llevaba debajo del abrigo por… alguna razón. El cristal estalló en mil pedazos y un alarido de dolor emergió de la casa. En seguida salió una chica de apariencia incorpórea, como un ángel descendido del cielo con la cara ensangrentada.

- ¿Qué se supone que debo decirle, Carlos? -susurró al pinganillo, temblando de miedo.

- Creo que un "lo siento" estaría bien para empezar.

- Pero… si empiezo así no voy a dar la imagen de persona con seguridad y confianza en mí misma que quiero darles.

- Pues yo que sé, tía, dile que ha sido totalmente a posta y se lo merecía o algo.

- Euh…

- OH DIOS. -Carlos estaba ya más que harto.- Prueba con un poema, eso siempre funciona.

- ¿Qué poema?

- Tía, algo clásico, pero con un toque moderno. Romántico, pero con un toque picante. Sencillo, pero con un toque barroco. Harmonioso, pero con un toque caótico. Joder, ¡si es que está chupado!

- Vale… -Marina se giró hacia el ángel caído de la ventana del ático y se aclaró la garganta. Cinco veces. No sabía qué decir.- ¿No es verdad, Ángel de Horror…?

- DE AMOR, IMBÉCIL. -Gritó Carlos por el pinganillo

- ¿...D-d-de amor, que en esta atascada horquilla…?

- Mejor deja lo de la poesía, cariño. Cántale una serenata. Alguna canción que creas que defina tus sentimientos hacia ella. Un tema clásico, pero con un toque moderno. Romántico, pero con un toque picante. Sencillo, pero con un toque barroco y bla bla blá...

- Vale. -se enfrentó otra vez al ángel y cantó.- Deeeees-paaaa-cito… -el ángel la fulminó con la mirada. Ella respiró hondo y, inspirándose en la banda sonora que había escuchado salir de la ventana, tomó aire de nuevo y…

- WAKE UP! Sjdbnfjbsbkdjbgfsjdgkfjbsbosfjudbg MAKE UP! kjfnbvsjfd kjfdkjskjdbfsjbdfojubodj TABLE!

- Acabas de cometer sacrilegio contra uno de los teenage emo anthems de medio mundo, estarás contenta.

A pesar de ese comentario de Carlos, el ángel sonrió encantado. Parecía que la había divertido Increíblemente la torpe demostración de labia de Marina, o del defecto de la misma, parecía haber surtido efecto en la angelical chica de la ventana, que llamó a alguien de dentro de la casa para que se asomara con ella. Otra chica, de pelo negro, la saludó con una sonrisa desde ahí, invitándola a subir.

- ¿Funciona? Es que el pinganillo tiene sólo audio, no imágenes.-Marina estaba demasiado absorta sonriendo como una tonta y saludando cual miembro de la familia real.- ¡Eh, ¿sigues viva?!

- Sí, si. -respondió.- Me están invitando a subir, ¿Qué hago?

- Coger los ferros y volver a casa, ¿no te jode? La pizza está delante de ti, ¿vas a comertela o vas a huir como la cobarde que eres?

- Esa metáfora ha sido un poco rara, Carlos. ¿Estás cenando pizza sin mi, verdad?

- Oye, tú no te quejes que vas a chuscar hoy y contesta.

- Carlos, no diguis blat fins que no sigui al sac…

- Hija mía, si hoy no chuscas aunque sea por pena después del lamentable espectáculo que les has dado, más te vale encerrarte en un convento y dejar que la entrepierna se te llene de telarañas, porque si hoy no chuscas va a ser porque no quieres.

- ¿Y qué se hace con dos mujeres?

- Pues lo mismo que con una pero dos veces, hija.

- ¿¡Y qué cojones se hace con una mujer!?

- Chica es que lo que yo podría hacer con una mujer pues como que tú no… Porque tú no…¿verdad?

- Eso es privado.

- Oh dios. Prefiero no imaginarte en modo futanari, si no te importa. Por cierto, una cosita así minúscula de nada…

- Dime.

- ¿VAS A SUBIR DE UNA PUTA VEZ? Lo digo porque nuestros lectores están thirsty por el smut, y si después de dos meses solo les damos esta bazofia romanticona nos quemarán en la pira y se subastarán nuestras cenizas para esnifarlas o algo por el estilo.

- Vale, voooy. -Marina puso los ojos en blanco y empezó a subir por las escaleras. Una vez en la puerta, las dos chicas le abrieron.

- ¡Nya! ¡Bienvenida! -la saludó la pelirroja.- Yo soy Nessa, y esta es mi compañera Clara. Encantada de conocerte en un estado normal - añadió mientras Marina rumiaba sobre cuál sería el concepto de "normalidad" para esa chica.

- Lo mismo digo. -Marina enrojeció violentamente.- Siento que tuviéramos que conocernos en unas circunstancias tan… inoportunas.

- Anda, si pareces agradable y todo -comentó Nessa con una carcajada.- Teniendo en cuenta que te pasaste todo el viaje en la ambulancia tirándome los tejos y alabando mi culo… -Marina palideció al momento. Desde luego, ella sabía como hacer una buena entrada y causar un buen impacto.

- Mis más sinceras disculpas aunque mantengo lo del culo. Sería un sacrilegio retirar esas palabras tan… Euh… Tan…

- ¿Inapropiadas? -soltó Carlos desde el pinganillo.

- ¿Ha dicho algo alguien? -preguntó Clara, mirando hacia todos lados.

- Tan ciertas, quería decir. -Comentó, cubriendo el pinganillo con su pelo.- Solo espero no haberte incomodado.

- La verdad… -carraspeó Clara.- Es que a mí sí que me incomoda. ¿Acaso no vas a apreciar mi culo también, y solo te vas a fijar en Nessa?

- Carlos, help me please -susurró Marina.- ¿Qué le digo?

Carlos tenía la convicción de que había apagado el pinganillo en cuanto Marina le cortó antes así que estaba disfrutando de su doble ración de pizza nueve quesos tamaño familiar para él solo. Hell's Pizza hacía unas delicias tales que harían que cualquiera quisiera pedir matrimonio a su masa crujiente rellena de queso y a los dorados quesos derretidos que tenía por encima. Además, esa noche era para él solo, él, la pizza y la casa vacía. Era una experiencia mística, purificadora, que incluso se parecía a...

- Madre mía que suculenta estás…

- ¿CARLOS? ¿En serio quieres que le diga eso?

- Oh sí, te voy a comer entera. No sólo a ti, a las dos… -Marina lo repitió palabra por palabra, y pareció surtir efecto, porque enseguida sus rostros se tiñeron de picardía.

- Voy a acabar con todo el queso que tenéis.

- El… ¿queso? -preguntó Nessa, extrañada por la curiosa expresión.

- Con todo eso que tenéis. -se corrigió Marina a toda prisa. Estaba tan nerviosa que debía haber oído mal a Carlos.

- Voy a disfrutar de vosotras hasta que no pueda más. Tan calientes, tan deliciosas, se me hace la boca agua solo con pensar en notar cómo os derretís en mi boca. -Aunque Marina dudaba que esa fuera forma de entrar a dos mujeres, hizo caso a Carlos y siguió hablando.- Vamos a abriros, que quiero oleros. Oh… qué pinta madre mía… desearía poder teneros cada día, obras de los dioses, maravillas del mundo contemporáneo, bendito el italiano que os inventó…

- Bueno, somos de Mallorca pero…

- ¡A comer! -Marina oyó como de repente Carlos empezaba a hacer unos ruidos desagradables, como si mascara algo… algo crujiente y a la vez viscoso, como si fuera pan con queso derretido por encima. ¡Oh, mierda, mierda, MIERDA! Se puso blanca cuando, de golpe, comprendió lo del queso y lo del italiano, y entendió que Carlos se estaba poniendo las botas de pizza a sus espaldas. Miró a las dos chicas nerviosamente, tratando de arreglar como podía esa cagada.

- A comer he dicho, ¿no? Me habíais preparado la cena y todo eso..

- De hecho… -comentó Clara, acercándose a nuestra pobre cortejadora ilusa.- Ya no me apetece comer lo que habíamos preparado. Tengo más curiosidad para descubrir qué hay debajo de esa gabardina…

A medida que Clara se deshacia de los botones y el cinturón, un conjunto rojo y negro, de ligas, encaje y fishnets, apareció debajo del abrigo, un conjunto digno de los mejores tiempos del Moulin Rouge. Nessa, por su parte, se había acercado al portátil para reproducir Express para que Marina se marcara un striptease. Marina, en estado de pánico, llamó a Carlos por el pinganillo discretamente, pero la única respuesta que obtuvo fue un eructo del mismo, que se estaba poniendo morado a nerviosa como para desnudarse, se dedicó a bailar para las chicas con su mejor estilo, que dejaba mucho que desear. Pero mucho, mucho. Después de la agonía del primer baile, empezó a sonar Rich Girl, y con todas las veces que la había bailado en el Just Dance, fue capaz de hacer un lapdance a cada una de las chicas que las dejó sin palabras. Mientras estaban en la silla, Marina hizo ademán de volverse a poner la gabardina para marchar. Las dos se levantaron para retenerla.

- ¿Adónde te piensas que vas?

- Vamos… vamos a mi cuarto mejor, ¿no? Vivo en un chalé en Pecalbes con piscina, jacuzzi, una de esas camas redondas con el espejo encima para verte mientras… Bueno ya me entendéis.

Las dos chicas sonrieron con picardía. Entre risas y comentarios subidos de tono, Marina las llevó a su casa. Cuando entraron, encontraron a Carlos tirado en el sofá, bajo una montaña de cajas de pizza y una botella de ginebra en la mano, durmiendo a pierna suelta y con una barriga tan hinchada que podría haber formado parte de un fanfic de Mpreg de Wattpad escrito por una quinceañera con mala ortografía. Viendo que ni usando la Pokéflauta le iban a despertar para despejar el sofá, decidieron subir a la habitación directamente. Cuando la puerta se cerró, solo ellas saben lo que pasó allí. Cuando Carlos se levantó la mañana siguiente, tenía otro mensaje de Satán:

RECUENTO DE ALMAS: 2 PARA SALDAR LA DEUDA

CONTINUARÁ...