EL CASO DE LA UNICORNIO ROSA


3

La noche en Canterlot

Shining Armor se sorprende a sí mismo observando a Christine más veces de la que él quisiera. La bella unicornio parece notar que el Guardia Real le presta atención, pues a veces arregla su crin y le sonríe; cuando hace eso, él se sonroja como el ardiente atardecer. Hawkguard no para de reírse, pues verlo así es totalmente divertido para él. Cuando llegan al carro de patrulla, el pegaso llama aparte al unicornio.

—Chico, ¿Tú tienes novia? —pregunta rápidamente, haciendo que él se sonroje.

—P-pues no —responde el unicornio.

—¡Es perfecto, chico! —dice riendo—. Quédate con Christine en la Plaza de Rockhoof, mientras yo voy a dar el parte a la comisaría. Hazte su novio, es tremendamente hermosa. ¿Qué dices sobre tomar el turno nocturno?

—Espera, espera, espera —dice Shining, sorprendido y confundido— ¿Q-quieres que me haga..., n-novio de Christine?

—¿Por qué no? es hermosa, es joven, y tú eres un joven Guardia Real —dice riendo el pegaso—. Las chicas aman a los sementales en uniforme, ¿Cómo crees que conocí a mi esposa? Aprovecha ahora, chico, porque cuando te acerques a los treinta, las yeguas te irán perdiendo el guste. Por eso yo me apresuré a casarme con mi esposa en cuanto la conquisté. Haz lo mismo, chico, disfruta tu guardia.

—No creo que sea adecuado... —dice Shining, sonrojándose muchísimo.

—¡Bah, adecuado mis bigotes! —dice riendo Hawkguard—. Todos los Guardias Reales hacen lo mismo. Está más claro que el agua que tú le gustas, y bueno, creo que a ti también te gusta, o si no, no te pondrías tan rojo...

—V-veré qué pasa —dice totalmente rojo—. Dijiste algo sobre el turno nocturno.

—Ah, sí —dice el pegaso—. Pensaba que podríamos quedarnos toda la noche buscando a Beauty Dream. ¿Te animas?

—Claro, Hawkguard. De todas formas, esta noche no habría podido dormir.

El pegaso sonríe, y se aleja volando a una velocidad bastante elevada. Shining Armor se sorprende por esa velocidad, y camina hacia donde lo espera Christine, junto al carro de patrulla.

—¿Adónde fue tu compañero? —pregunta ella.

—Fue a la comisaría —informa él—. Debemos esperarlo en la Plaza de Rockhoof.

—Vamos, entonces —dice ella, sonriéndole—. No me has dicho tu nombre.

—Shining Armor —dice él, casi sintiendo que se desmaya al ver esa sonrisa.


—Debes dejar de investigar, Hawkguard.

El pegaso estaba redactando el informe de lo hecho durante el día, mientras esperaba que le autorizaran el turno nocturno. Quien le había hablado era uno de la generación de Shining, un joven unicornio llamado Relentless.

—¿Me estás hablando como a un igual? —pregunta de forma seca. El unicornio se acerca a él.

—Todos lo consideran el mejor, pero yo sé la verdad —dice el unicornio—. No eres más que un inútil, un vago y un tarado, un pésimo luchador y el peor Guardia Real de la historia.

—Insecto, necesitas como ochenta rangos más para hablarme en ese tono.

En cada generación había un imbécil como Relentless. Un novato con ansias de subir en el escalafón de la manera más rápida que pudiera, pero están tan escasos de virtudes, que intentan ascender acentuando los defectos de quienes los rodean, pues solo así destacan.

—No necesito un alto rango para hablarle, usted simplemente es un idiota.

Ese es el límite de su paciencia. De un movimiento que el unicornio no logra ver, el pegaso lo atrapa y lo arroja contra el muro, haciendo que Relentless sienta el dolor más grande que ha sentido.

—Escúchame, rata de alcantarilla, ¡Escúchame bien, maldito microbio! —grita levantándolo otra vez sin ningún esfuerzo—. No pasé diez años en la Guardia Real para que una florecita venga a tratarme como a una basura.

—S-señor, no puede golpearme, va contra las reglas...

—Yo invento mis propias reglas —dice Hawkguard levantándose.

Se marcha del lugar, pero antes, corre de regreso, levanta nuevamente a Relentless y lo arroja bastante lejos, contra un muro. Fallen Arrow, el Capitán General, abre una puerta y lo ve tirado en el piso. El rostro de ira que traía se relaja en un gesto de risa.

—C-Capitán, mire lo que hizo —dice adolorido el unicornio.

—No sé si puedes ser más bobo, Relentless —responde el Capitán General, riendo— ¿No sabes que Hawkguard está fuera de mi jurisdicción? Un Guardia Real como él puede hacer básicamente lo que quiera.

—P-pero me golpeó...

—Pues algo muy estúpido debiste decirle, pues jamás se enoja de verdad —dice riendo el Capitán Fallen Arrow.


Christine es una chica genial.

Al principio estaba muy nervioso, pues la intensa belleza de la unicornio lo dejaba sin hablar; además, no quería decir algo que ella pudiera tomar mal. Pero fue ella quien rompió rápidamente el hielo.

—Así que ¿Lees a McHooves? —preguntó ella, levitando con su magia un tomo que Hawkguard había dejado en el carro. De inmediato se sintió muy avergonzado.

—Ese libro es de mi sargento... —dijo rojo, pues temía que ella considerara ridículo que él leyera esos libros. Los reclutas de la Guardia Real solían burlarse mucho de aquellos que lo leían.

—A mi me gusta esta colección —dijo ella abriendo el libro—. Vaya, es la edición de esta semana.

—¿En serio te gusta McHooves? —preguntó sorprendido Shining. Nunca en su vida imaginó que una yegua así leyera libros de detectives violentos.

—Sí, aunque en realidad prefiero a los Pegasos del Espacio —dijo ella riendo—. Jamás en la vida hallaré sementales así.

Por alguna razón, su comentario hizo que se sonrojara, pero se relajó, y estuvieron hablando con mayor confianza, por mientras llegaba Hawkguard.

La Plaza de Rockhoof no es tan antigua ni tiene tanta historia como la Plaza de la Torre Roja. Fue hecha hace menos de cien años, en memoria a un poni llamado Rockhoof, aunque Shining Armor no conocía su historia. Se decía que los ponis normales se reunían en las plazas de Canterlot: la Plaza Central, la Plaza de los Caballeros, la Plaza del Sol, la Plaza de la Luna, las de Rockhoof, Mistmane, Meadowbrook, Sonámbula, Flash Magnus y Star Swirl; pero que la Plaza de la Torre Roja pertenecía a artistas, soñadores y nostálgicos.

Efectivamente, el lugar en donde están, pulcramente limpio, no tiene el oscuro encanto que la antiquísima Torre ejerce en su plaza. Yo soy el tiempo, parece decir con su color rojo, yo estuve aquí antes que tú, y aquí seguiré cuando te vayas. Eso le da un escalofrío a Shining.

Entonces, Christine le da un suave codazo.

—Shining, mira a ese pegaso —dice ella, señalando con su cuerno hacia una banca de la plaza.

Es un adolescente, cargado con morrales repletos de libros, y come papas fritas con la alegría de un bebé. Un pegaso gris, de crin negra. No parece amenazante, ni ve nada fuera de lo normal, hasta que recuerda la pista del grifo.

Una crin negra.

—Christine, ¿Ese pegaso estaba en la Plaza? —pregunta él.

—Sí, le compraba papas fritas a un lobo gris —informa ella.

Rápidamente, el unicornio se baja del carro y corre hacia allá. El pegaso levanta alarmado la cabeza, y sus ojos se cruzan con los ojos de Shining Armor. Sus ojos tienen el color de la miel quemada, y logra ver que su Cutie Mark son dos signos de interrogación negros bordeados en blanco. El adolescente suelta sus papas fritas, que caen pesadamente al suelo, y extiende sus alas. Shining hace brillar su cuerno.

—¡Alto en nombre de la Guardia Real! —grita el unicornio. Eso es suficiente para asustar al adolescente, quien repliega sus alas y levanta sus cascos.

—Okey, okey, no voy escapar, pero no me haga nada —dice él asustado. Shining Armor decide acercarse aún más.

Por un momento, se le pasa por la cabeza que la potra puede estar en uno de sus dos morrales, pero, aunque están llenos, no parecen ser capaces de almacenar a una potranca. Es más, los lleva semiabiertos y sólo tiene libros y cuadernos. Un estudiante.

Ve que el adolescente está aterrado, y aunque el procedimiento indica que debería esposarlo, duda seriamente en hacerlo. Un poco más y el joven podría desmayarse de pánico. Así que decide hablar con él.

—Le ruego guardar la calma —dice recordando algunas de las oraciones que Hawkguard le hizo memorizar—. Sólo quiero que aclare algunas dudas.

—B-bueno —susurra temeroso— ¿Puedo bajar los cascos?

—Sí —dice él dejando de concentrar magia en el cuerno—. Quiero saber si vio algo sobre el secuestro de una potranca en la Plaza de la Torre Roja.

—¡Ah! ¡Pobrecita! —dice el joven—. Yo estaba comiendo papas fritas, son mi cena pues me resultan baratas de comprar, pero entonces comenzó un tremendo escándalo y me botaron varias veces. Incluso me rompieron unos cuadernos, mire. Voy a tener que recuperar todo.

—¿Pudo ver quién se la llevó? —preguntó Shining Armor, intentando hallar algo útil en todo lo que le comentaba.

—¡Bigotes! Quisiera poder decirle, pero no vi mucho. Todos salieron corriendo, vi las páginas de un diario salir volando, y me entró pánico. Estoy esperando a mi novia aquí, no me robé a la potranca, si quiere puedo ayudarlos a buscar...

—No es necesario, ciudadano —contesta Shining, algo apenado por el pánico del adolescente— ¿Aceptaría presentarse como testigo en un juicio?

—¡Bigotes! ¡Por Celestia que sí! —responde él, tranquilizándose un poco—. Soy Wandering Wing, vivo en la Calle Peddler, en el número 57.

—Para ser testigo basta con presentarse en el juicio —dice sorprendido Shining Armor, haciendo que el pegaso se avergüence por haber dado sus datos.

Va a decir eso, cuando una pegaso de la misma edad que Wandering desciende entre ambos, haciendo que el unicornio retroceda por la impresión. Es una pegaso de color mostaza, con hermosos ojos rosas y una crin desordenada que se colora en varios tonos desde el gris al negro, y su Cutie Mark es una Rosa de los Vientos. Ella lo está mirando furiosa, haciendo que Shining retroceda un paso más, y hasta el propio Wandering Wing está sorprendido y aletea para elevarse, aunque rápidamente desciende.

—¡Aléjate de mi novio! —grita la pegaso mostaza— ¡Él es inocente de lo que sea que lo acusa! ¡Cualquier detención sin sospecha es ilegal! ¡No me asusta su armadura!

—D-Daring, por favor, cálmate... —intenta decirle Wandering.

—¡Intento defenderte, cabeza de chorlito! —le grita Daring Do a Wandering Wing, y luego se gira a Shining Armor— ¡¿Va a detenerlo basándose únicamente en su aspecto?! ¡¿Sospecha de él porque no es unicornio?! ¡Eso es discriminación! ¡Si lo va a arrestar, tendrá que llevarme a mí también! ¡Oigan todos, vengan a ver cómo nos reprimen!

—D-Daring, todo está bien... —vuelve a susurrar Wandering, pero ella vuelve a estallar de ira.

—¡No, Wandering! ¡Nada está bien! ¡Tienes derecho a pasear con tranquilidad sin que te juzguen por tu procedencia étnica! —vuelve a encarar a Shining Armor, quien, asustado, retrocede varios pasos— ¡Debería sentirse avergonzado! ¡A ver, arréstenos a ambos!

—P-pueden retirarse —dice impresionado Shining Armor. La pegaso inmediatamente se relaja.

—Más le vale —dice volteándose, y con una inmensa dulzura abraza a Wandering Wing— ¿Estabas muy asustado?

—Me asustaste más tú —admite el pegaso caminando con ella.

—Tranquilo, nadie en esta ciudad te hará nada porque yo voy a cuidarte —dice ella riendo, y Shining Armor piensa que el pegaso está sintiendo la misma vergüenza que siente él.

Cuando camina de regreso al carro de patrulla, se da cuenta que Hawkguard lo está esperando. Tanto él como Christine sonríe, y él teme que estén riéndose de él. Pero al llegar, sorpresivamente Hawkguard golpea su hombro; sólo hace eso cuando ha hecho algo bien.

—¡Perfecto, chico! ¡Controlaste muy bien la situación! —lo felicita el pegaso.

—P-pero esa pegaso...

—Hasta yo le tuve miedo —dice riendo Hawkguard—. Y no creo que te mienta, un poni con una novia así jamás cometería un crimen, pero por temor a su novia y no a la ley.

—¿De verdad crees que lo hice bien? —pregunta Shining sonriendo.

—¡Claro que sí! —dice alegre Hawkguard— ¿Te dijo algo importante?

—Que las páginas que encubrieron al secuestrador eran de diario —contesta Shining, pues es lo que consideró relevante. El pegaso sonríe.

—¡Eres muy listo! —dice subiendo al carro—. Christine, si quieres puedes irte a casa...

—No temo a quedarme despierta toda la noche —se ríe la hermosa unicornio, y le guiña un ojo a Shining, haciendo que se sonroje.

—Perfecto —dice Hawkguard, frotando sus cascos, y contempla cómo el Sol se va ocultando—. Prepárense para ver la noche en Canterlot. Se los advierto: no vamos a divertirnos.