N/A: Se descompuso el cargador de mi laptop. Morí. Todos mis archivos atrapados, inactivos en la computadora inservible. No hubieran alcanzado a medir el nivel de mi frustración ni aún con tiempo de sobra. Pero ya está todo resuelto.

19. PORNO. "Sabes que estás jodido en el momento en que ambas conciencias están deseando exactamente lo mismo".

Wilson se aproximó tambaleándose. Se sujetó impetuosamente de su corbata con el único designio de no irse completamente de bruces sobre él.

Hace calor.

Ligeramente encorvado por el peso de su amigo, House lo miró bien. Estaba ebrio, indudablemente. Pero lo más importante de todo: no traía los pantalones.

Sedúcelo.

-Se me perdió Karamel.-se quejó atropelladamente antes de que House pudiera reparar en la última exigencia de Amber y se redujera a mirarlo sorprendido.
-¿Estás seguro de eso Wilson?-le expresó con curiosidad supuesta y deliberada inquisición despiadada. Porque esto me huele a otra cosa.

Wilson lo observó curiosamente sin enfocarlo, sus rostros demasiado cerca, como si no pudiera captar (y sí lo intentara) su mensaje oculto; sujetándose todavía de su corbata.

Puede ser, pensó House observándole atentamente, que se le haya perdido. Lo justificaba el excesivo grado de intoxicación en el que se hallaba, su oscilación, su inmiscuida debilidad. Pero tal vez era Ámber, parada, lívida junto ambos, la única que quería que así no fuese. Y House no. Y House torció la boca despótico porque le daba exactamente igual.

-Está mintiendo.-sin embargo el aliento (inegablemente) consolador de Ámber en su oído estaba temblorosamente caliente. Y Wilson cerca, fluctuante y suave, sus ojos y sus piernas desnudas debajo de los suyos. Más abajo.

-Te encamino.-repuso House, no obstante. Se la había prometido. El dulce. Karamel. Le arrancó la corbata de las manos, lo hizo girar, desglosándose de su mirada achocolatada vidriosa, nublada de rubor e ingenua y ¿ofrecida?, y le dio un empujón hacia el tumulto de gente.

Karamel estaba a unos cuantos pasos. Dispuesta. Semidesnuda. Lo aguardaba ya con el caballito de tequila entre los senos ajustados tras el sostén. Lo invitó retirándose el cabello de los hombros, una sonrisa y con los huesos suculentos de la cadera resaltados justo sobre el borde del calzón.

Avivado por la ovación, Wilson intentó andarse sobre ella, tembleque y estúpido. Cuando no pudo alcanzarla, House se dio cuenta que le estaba sujetando firmemente de la camisa con los puños. Tenía la incomprensible negación en la punta de la lengua. No. Pero se asfixió con su propio y dubitativo deseo. Aflojó los puños, lo dejó ir, muy confundido, y Wilson se entregó instantáneamente a la muchacha, ignorándolo espléndidamente.

-Está blufeando.-aseguró Ámber refiriéndose al desdén de Wilson, también a su entrega absoluta y deliberada y vedada e hiriente. Pero la rubia estaba titubeante, sujetándose del brazo de House furiosamente, débilmente, como se le sujeta a un bote salvavidas en medio del tifón (pero siempre de manera fantasmal.)-Esto es extrañamente molesto,-confiesa menuda.-¿no lo crees?

House estaba de acuerdo, pero fingió no prestarle atención. La lengua rosada de Wilson se contoneaba fuera de su boca sin gobierno. La piel de ambos y el trazo impecable de saliva estaban encendidos con las luces de colores, iridiscentes. La camisa rasa reposada en el sudor aromatizado se le pegaba al pecho y la corbata que se le resbalaba por el cuello como una serpiente impudora izaba la promiscuidad del cabello que se le adhería a la frente y sus labios hinchados tirando del limón.

House retrocedió, atontado. Sintiendo un indisposición helada y eléctrica.

Nadie le prestó atención. Ni siquiera Ámber, y es que ésta había desaparecido…

Se giró en redondo. Se le había estructurado un boscaje de fiebre en el cráneo; no, no se le había esfumado el ánimo festivo, pero ya no tenía ganas de estar ahí. Cogió de pasada una botella de Bourbon. Abrió de un empellón la puerta del baño y se recargó contra ella al cerrarla premiosamente a su espalda, abrazando la botella contra su pecho escarchado.

Lo primero que vio en la oscura habitación fue a Ámber, sentada y evidentemente triste. Estaba abierta de piernas, lo estaba disfrutando, dentro de la tina, masturbándose con los dedos.