Capítulo 4

Cegador

(Cuando los Demonios escapan)

Los demonios podían soportar una cantidad abismal de castigo antes de llegar a la muerte. Podrían estar desangrándose, sus trajes de carne luchando por repararse tan rápido como llegara el daño, con el cerebro volado a la mitad del cráneo antes incluso de que se sintieran débiles de dolor. Los que eran buenos. Los de la época de Azazel que habían sido viejos y perfectamente elaborados podrían recibir una gran paliza.

¿Los más jóvenes? Eran muy fáciles.

Parada frente al demonio que estaba atada a la silla, Meg se agachó fuera de la línea rota de la trampa del diablo y la miró fijamente. Ella sólo reconoció a ésta de unas cuantas veces anteriores. La verdadera cara era la misma, aunque el cuerpo era diferente. Una leal a Crowley y una traidora de Azazel.

Meg esperó la buena y anticuada ira amenazando con usurpar su sentido común obtenido con dificultad. Pero como siempre, no había nada.

"Entonces, ¿en qué anda Crowley?" preguntó Meg mientras colocaba una banqueta frente a la otra mujer y se sentaba en ella. Le gustaba esa chaqueta que la demonio estaba usando… quizás se lo sacara antes de comenzar.

"Tú…" el demonio se balanceó vacilante, escupiendo sangre y dientes. "Tú puta. Se suponía que estabas muerta".

"Si los deseos fueran caballos, estaría cabalgando unicornios, preciosa. Respóndeme".

El demonio se rio. "Mátame. Prefiero eso antes de ser torturada por Crowley".

Ese era el problema con los más jóvenes, pensó Meg. Nunca han sabido qué tan hondo es el Pozo. Nunca sintieron sus desesperos y agonías por el tiempo suficiente. Crowley no se arriesgaría a que ninguno de ellos se hiciera más fuerte de lo que era él y el Pozo hacía demonios increíblemente fuertes porque les arrancaba los miedos. Ella giró sus ojos hacia arriba y sacó un cuchillo de plata. Algunos arañazos en su empuñadura, pero parecía casi normal.

"¿Has visto esto? No te matará. Pero puede hacer un daño feo".

El demonio miró la forma en que la hoja brillaba mientras Meg la sostenía en su mano.

"Entonces, me vas a decir lo que sabes del bastardo y su último pequeño refugio. Tarde o temprano". Colocando la cuchilla justo sobre el pecho del demonio, Meg presionó. "Nunca llegaste a conocer a Alastair, ¿no es cierto?"

Ella negó con la cabeza y Meg sonrió con suficiencia.

"Es una pena. Podrías haber tenido algo de tiempo de preparación para saber lo que estoy por hacerte".

Antes del Leteo, la tortura le había dado una pizca de placer. Había algo completamente refinado en rebanar almas para mantener afuera su propio dolor. Había sido un acto de supervivencia en sí mismo. Ella recordó estar parada junto a Dean Winchester mientras él tallaba en una chica inocente que había estado en el lado equivocado, observando la manera en que Alastair la había instruido. Si alguno de ellos hubiera fallado, sería el siguiente en la silla de tortura. Así que ella siempre hizo un mejor trabajo torturando a otra persona para mantener alejada las cicatrices de su alma.

¿Pero ahora? Ahora nada. Ese dolor vacío con el que ella había estado viviendo las pasadas semanas se había ahondado a un latido dentro de ella, pulsando. El dolor había cambiado un poco, sin embargo, dándole cierta calidez, pero no la suficiente para arreglar lo que ella sabía que estaba mal. La tortura no le hacía nada y saber lo que Crowley sabía no le trajo placer.

Ella sólo… lo hizo.

Le dio un propósito.

Dejó al demonio herida dentro de la trampa todavía murmurando en latín y marcó el número de Sam Winchester al salir. En el instante en que él respondió, ella usó el poder que tenía para distorsionar su voz a masculina y le dijo la ubicación, tirando luego el teléfono fuera de la trampa del diablo para que él pudiera oír los lloriqueos del demonio. Se habría curado sola para cuando ellos llegaran, pero aún estaría atrapada.

El abandonado galpón de tren había sido el lugar perfecto para torturar fuera de la vista y Meg levantó el cuello de su nueva chaqueta de cuero mientras salía. El grueso jersey que llevaba debajo mantenía fuera la corriente fría y sus tacones hacían ruido cuando caminaba, pasando junto a la gente sin hogar quienes sólo le daban una mirada rápida. Con su cabeza rubia mirando hacia abajo, parecía que estar vagando por ahí, buscando algo como si hubiera sido alguien que había escapado en busca de casa. Los puentes bajos y los viejos edificios le dieron suficiente cobijo y se metió en uno de esos refugios abandonados.

"No podrás huir para siempre, Meg", una voz murmuró en su cabeza y Meg giró el rostro hacia las sombras, con la mano en el cuchillo oculto a un costado.

Escurriéndose desde las sombras, la elegante pelirroja vestida de blanco le sonrió con su dulce mirada insoportablemente amable. Su forma era translúcida, apenas más que una sombra a la luz de la luna, y dio algunos pasos delante de ella. Las ventanas rotas alrededor la reflejaban en multitudes y el demonio de repente sintió como si estuviera encerrada por esos reflejos.

Sin saber por qué su aliento tartamudeaba en el pecho al verla, Meg se apartó de la sombra y puso su cabeza entre sus manos, sacudiéndola. "No eres real". Clavó sus dedos en el pelo y tiró con fuerza. No había visto esta ilusión en días. Pensó que lo había superado exorcizándose a sí misma, capturando y liberando demonios en su ruta para destruir a Crowley. Huyendo de Castiel. "Estás en mi cabeza. Sólo estás en mi cabeza. ¡No eres real!"

Olvido sólo sonrió y dio un paso adelante.

"Soy real, Meg. Soy lo que tu ángel trajo de vuelta cuando te arrancó del…" Olvido se detuvo y miró fijamente a Meg.

"No necesité ningún recuerdo. Sólo eres una estúpida parte de mí que fue limpiada pero que no es real... ¡Estoy al borde de la locura total!".

El demonio estaba listo para darse la vuelta, pero de pie frente a ella estaba Olvido. Con sólo una mirada, la entidad la atrapó como lo haría una serpiente con su presa y Meg se quedó helada en su lugar. Una suave mano bajó por su cuerpo, provocándole oleadas de calor y entumecimiento al mismo tiempo a sus nervios. Sus ojos se cerraron, estremecidos, y se inclinó ante el toque familiar. Le trajo consigo una sensación de bienestar y protección, de igualdad y sostén, y casi gimió.

Olvido acarició la mejilla de ella con gentileza y luego le deslizó la mano por el cuello.

"... Hay algo diferente en ti. No me has sentido como yo te he estado sintiendo a ti". Curvó la palma de su mano por la chaqueta de Meg y empujó levemente sobre la parte alta de su pecho. "¿Qué has hecho? Huiste de los Winchester, de tu ángel. Deberías haberte quedado, entonces podríamos haber terminado esto de la manera que yo quiero. Sé que algo pasó ".

Meg abrió sus ojos lentamente y Olvido fijó la vista en ella.

Algo se endureció en sus ojos. Algo que hizo que el corazón de Meg se estremeciera de terror. "Oh, él no lo hizo... Tú no lo hiciste. ¿Por qué harías semejante movimiento, paloma mía?" Su cabeza inclinada hacia un lado, los ojos repentinamente negros. "Él no lo haría".

Su murmullo bajo hizo que retumbara toda el área y Olvido desapareció, llevándose con ella toda la sensación de calidez. De alguna manera fue casi más devastador de lo que debería haber sido y Meg tuvo que apoyarse contra la pared para fortalecerse contra esa profunda pérdida.

~~
"¿Dónde estás?" La voz gritó en su cabeza y Chuck se irguió de un salto, gimiendo al golpearse la frente contra la cabecera.

"¿Eh? ... ¿qué?"

"¡Has hecho algo! Cuando escribiste, afectaste algo mío. ¿Por qué?"

La voz resonó en su cabeza y él rodó de la cama. En vez de discutir con sus alucinaciones, había llegado a aceptarlas, así que se levantó y se estiró. "Necesitaba una nueva línea en la historia. Una que fuera... épica... diferente."

"Estás violando nuestros contratos". Un parpadeo de movimiento en su habitación y la mujer que lo había sostenido en sus brazos mientras escribía, de repente se levantó delante de él, tan translúcida y borrosa como antes.

"No violando…". La voz de él cambió levemente y sus ojos se aclararon mientras miraba a su laptop. "…actualizando."

"Esto no te ayudará, al final. Todo viene de mí".

"No puedo continuar esta historia". Chuck abrió su laptop y se sentó. "He estado evitando limpiar este lío por mucho tiempo. Esta historia necesita una nueva dirección".

Unos brazos suaves y blancos rodearon sus hombros y se inclinó hacia atrás, de nuevo en el abrazo, sin reflexionar.

"¿Por qué siempre luchas para darle sentido a tanta pena?" murmuró ella en su oído y Chuck miró la página llena de escritura. "¿Todo esto, realmente vale la pena?".

Ese viejo nerviosismo de que lo que había escrito era basura estaba de vuelta e hizo clic en el archivo, listo para borrarlo. Pero algo lo detuvo al leer las palabras de Dean y Sam, el último párrafo de Castiel y Meg, y movió el cursor para empezar un nuevo párrafo. Con los ojos lanzados sobre la pantalla, él se tragó el miedo que siempre sentía cuando empezaba. Olvidó a la mujer en su espalda, ya que se perdió en una historia por primera vez en mucho tiempo.

~~
"Esto es raro, hombre. Quiero decir, este es el cuarto demonio en menos de una semana en un radio de cien millas", Dean miró fijamente a la cosa apenas coherente que tenían delante. Lo que quedaba dentro del demonio no estaba muy claro y evitó señalar que conocía íntimamente esas señales de tortura.

"¿Alguien está mandándonos un mensaje? ¿O sólo quiere que nos deshagamos de su lío?" propuso Sam. "Lo llamo a Cas por esto. Se está tornando raro".

"La puta…" el demonio en frente de ellos murmuró y Dean parpadeó.

"Repítelo".

"Esa puta traidora".

Dean miró hacia Sam, que estaba esperando pacientemente que Castiel respondiera el teléfono. Su hermano giró sus ojos ante algo que dijo Castiel al saludar. "Cas, necesitamos tu ayuda. Estamos a más o menos cinco millas afuera de Lebannon, cerca del bunker y… sí, sé que estás muy ocupado, pero necesitamos tu ayuda".

Dean decidió ir al grano y declaró en voz alta, "Sólo conozco unos pocos demonios hembra que sean llamados así. Creo que se refiere a Meg".

En un estrepitoso aleteo, Castiel apareció detrás del demonio. "¿Qué pasa con ella?"

"Jesús, Cas, eso fue rápido. Yo sólo …"

"Escuché a Dean cuando levanté el teléfono". Castiel rodeó al demonio y la miró fijamente. Dean miró a Sam engreído, pero el ángel ya estaba enfocado en el demonio. "¿Has visto a Meg?"

Con disgusto, ella escupió sangre y carne en los zapatos de él.

"Cas, ella sólo …"

"La vi", siseó el demonio y su cabeza se levantó, sus ojos negros a través de las cuencas sangrientas. "Y cuando termine de contarle a Crowley dónde está ella, él también lo sabrá y podrá tallar a esa puta como un par de zapatos nuevos…"

Castiel se alejó de ella. "Exorcícenla", ordenó a Sam. Estupefacto por la fuerza de su voz, Sam comenzó a murmurar el exorcismo una y otra vez, su voz ganando poder mientras todos miraban a la mujer retorcerse y gritar. Dean sostuvo el cuchillo de Ruby pero Castiel sólo esperó.

"De vuelta a la fosa, perra", murmuró Dean para sí mismo mientras el alma humeante se volcaba fuera del cuerpo y se evaporaba una vez que había golpeado la trampa.

El traje de carne que quedó estaba lloriqueando de agonía, sangre saliendo de su nariz y de su boca, y Castiel suspiró, extendiendo la mano. Él le tocó la mejilla, probando para asegurarse de que el demonio realmente se había ido, antes de que él le quitara el pelo de los ojos. Con una inflexión de poder, sanó a la mujer y la mandó a dormir. Mejor eso que hacerle darse cuenta de lo que había pasado con ella.

Él había olvidado qué tan brutal podía ser Meg con sus causas.

Pero ella había dejado al demonio aquí como un mensaje y él trató de no leer demasiado en ello.

"Deberemos encontrarle casa… o al menos un lugar seguro". Castiel se irguió y miró alrededor al piso manchado de sangre. "Esa cosa fue arrojada al fondo de la fosa por lo que Meg debería estar a salvo por algún tiempo".

Sam aclaró su garganta. "Sí, seguro, Cas. ¿Entonces, dónde has estado?"

El ángel ya estaba cercando la trampa. "Ella está por aquí. Lo sé".

"Cas", avanzó Dean, "necesitas descansar. Quizás Meg no nos necesite y quizás, por lo que sabemos, ella esté a dos pasos a la vista para volver…"

Él se había ido antes de que el mayor de los Winchester pudiera continuar. "Odio cuando se va en el medio de una oración".

"Es probable que lo haga por eso", dijo Sam con cansancio. "Vamos, informemos sobre la NN al hospital. Espero que tenga alguna familia".

Dormitando en su coche robado fuera de los límites de la ciudad, Meg escuchó la lluvia que golpeaba el techo y el capó. No podía llegar lejos en este diluvio, así que se detuvo a esperar. Hacía casi un mes que se había escapado de los Winchester, de Castiel, y recordó que estaba huyendo de Crowley. Sin embargo, ella se había quedado cerca de Lebannon; había algo de protección estando cerca del Bunker y ella sabía que ninguno de ellos esperaría que se quedara tan cerca. Castiel probablemente iría a todos los viejos lugares de caza de ella por todo el mundo y ella pensó que él podría darse por vencido con el tiempo.

Excepto que Castiel era mucho más implacable cuando se trataba de Meg. Ella casi había fallado una docena de veces, cuando sintió la presencia angelical justo antes de alcanzar a esconderse, y ya estaba exhausta por la constante caza y escondite. Lo peor era que había habido veces en las que casi se había equivocado deliberadamente.

Pero tarde o temprano ella iba a encontrar un demonio que supiera exactamente lo que estaba sucediendo y ella podría tener su propio plan en marcha.

Tamborileando sus dedos sobre el volante, Meg miró fijamente a su otra mano, que descansaba sobre su rodilla. Dolía mucho, no había dejado de doler en las últimas semanas, y ella podía ver la huella de las cicatrices en el lugar donde había clavado el cuchillo. Casi capaz de sentir los sigilos grabados en los huesos de sus dedos, los flexionó e hizo una mueca de dolor por el movimiento. Su mano se negaba a sanar y hubo momentos en los que casi brillaba. Pero mientras la mantuviera oculta, valía la pena el dolor.

Chuck golpeó la pila de papeles y miró fijamente a la primera línea de palabras. No había escrito sobre Meg desde hacía tanto tiempo que casi había olvidado lo que era encontrar un lugar para ella en su historia. Ni un villano, ni un héroe, ni siquiera un anti-héroe.

Pero esa mujer había querido que él la incluyera y él le había encontrado a Meg un lugar que le gustaba debido a ella.

Él había decidido que ella podía llamarse musa, esta extraña mujer que lo asustaba e intrigaba. Viciosa, hermosa... maravillosa en su pura complejidad. Muy parecida a su ideal de Meg. Chuck sonrió y se recostó en su asiento para leer.

"Los demonios no sueñan a menudo, pero, por la gracia con la que ella había sido tocada, Meg fue una excepción…"

~~
El demonio levantó su cabeza, insegura de por qué la voz la había despertado, pero sintiendo como si su cuerpo hubiera sido sacudido como una muñeca de trapo. Mirando por la ventana, escudriñó a través de la lluvia y casi esperó ver un hombre con gabardina cerca. Pero no había nada.

Cada instinto alertándola, ella miró por el espejo retrovisor y se encontró con unos ojos muy familiares en el asiento trasero.

Olvido movió su cabeza. "Hola, Meg".

El demonio rompió el espejo retrovisor y lo tiró al suelo, sus manos temblando. Esa sensación de entumecimiento se fue con el espejo, dejándola sola y mirando por la ventana, esperando ser dejada sola. La tormenta no había amainado, pero no había forma de que ella fuera a quedarse en compañía de su propia locura.

Hurgando en su mochila, sacó un iPod y unos auriculares robados, se los colocó, y se deslizó hacia abajo en el asiento delantero hasta quedar extendida entre puerta y puerta. Mientras descansaba sus manos sobre su estómago, sintió que la relajación lentamente comenzaba a fluir por su cuerpo. Ignorando ese tenue murmullo que podía oír una y otra vez, cerró los ojos y se obligó a dormitar de nuevo para esperar que pasara la tormenta.

~~
La playa tenía la misma arena cálida y brisa fresca que ella recordaba. Las aguas del Leteo lamían la orilla rítmicamente y Meg se reclinó, cavando con sus dedos y enterrando los pies en la arena. Arena caliente y maravillosa que le hizo sentir calidez. Ella sabía que estaba soñando, lo podía sentir porque todo esto estaba mal. Incluso estaba esa persistente sensación de estar siendo observada. Desde la arena demasiado suave hasta la forma en que se sentía fuera de lugar de nuevo, limpia a medias y sin lugar.

Todavía. Mejor un sueño que despertarse en ese auto frío de nuevo.

Mejor que ese entumecimiento superpuesto a la agonía de su propia existencia.

Estirándose, ella cerró sus ojos y trató de relajarse.

Pero incluso aquí, el agujero se estaba abriendo tanto como la herida que Crowley le había hecho. Sin la realidad del Leteo bañando sus recuerdos de tortura y sufrimiento, del bien y del mal, ella no tenía nada. Ningún propósito, ninguna causa. No había absolutamente ningún punto.

Ella no tenía causa real ni manera de luchar contra lo que Olvido le estaba pidiendo que hiciera. No cuando tenía tanto sentido.

El mundo sin fuego del infierno ni tortura, sin la lucha por sobrevivir. Felicidad.

La sensación de ser observada aumentó. Aumentó hasta que no pudo ignorar que el sol que había estado brillando sobre ella había sido ensombrecido sobre sus párpados cerrados. Ella conocía esa mirada. Era íntima, enojada y preocupada; todo al mismo tiempo. Además, había sólo unas pocas personas que pudieran invadir su mente con tanta facilidad por lo que era una suposición fácil.

"¿Qué estás haciendo aquí, Castiel?" murmuró Meg.

"Te he estado buscando". La voz rasposa estaba agitada, incluso furiosa, y ella entornó un ojo para mirarlo. Él se veía más rudo de lo usual, el cabello desordenado, la corbata y el cuello de la camisa abiertos. "¿Dónde te has estado escondiendo? ¿Cómo te has estado escondiendo?"

"Eso es asunto mío. Y este es mi sueño. Vete".

Por supuesto que no lo haría, eso hubiera sido muy fácil, pensó ella irritada mientras él se sentaba a su lado en la arena. Incluso con todo ese espacio abierto, él tomó demasiado de su espacio personal. Con resolución, ella cerró su ojo y trató de disfrutar su sueño. Pero lo podía sentir moverse a su lado; claramente, quedarse tanto tiempo le molestaba a él tanto como a ella.

"Te dije que cuidaría de ti, como te prometí, y tengo toda la intención de hacer verdad esa promesa".

"Sí, bueno. Me debías un favor una vez y aun así me mataste". Ella levantó una mano y acarició distraídamente su estómago. "Entonces quizás hacer favores es algo que deberías repensar, plumas".

Antes de que ella pudiera moverse, una mano tomó su brazo y él estaba inclinado sobre ella. Sus ojos se abrieron completamente y ella vio un ángel muy contrariado que la miraba. Por primera vez ella se dio cuenta de que él se veía exhausto; lo que fuera que lo estuviera molestando se manifestaba en forma evidente. Los dedos de él se flexionaron en su piel y ella sintió la marca que él había dejado incluso en su piel irreal. Luego él sostuvo su mano y pestañeó.

"Esto se siente diferente, incluso aquí. Tú te has hecho algo". Él giró la mano de ella, tocó su palma y sacudió la cabeza. "¿Qué hiciste?"

"No se puede pasar tanto tiempo con los emplumados sin aprender algunos trucos", murmuró ella, tratando de liberar su mano.

"Te he buscado por todos lados. Estaba preocupado por ti, especialmente luego del Leteo, luego de que nosotros…" él rompió ese tren de pensamiento y negó con la cabeza. "Quizás había esperado alguna apreciación de mi preocupación".

"Soy un demonio, ¿recuerdas?"

"A veces me pregunto si no eres algo más, Meg". Castiel la dejó ir y se irguió.

"¿Entonces recurriste al secuestro de lo que iba a ser un agradable sueño para mí? Te puedes ir".

"Quiero que me digas dónde estás. Tú no estás bien. Puedo darme cuenta incluso ahora".

Ella espió con un ojo. "¿Es esa tu manera dulce de decir que me veo para la mierda?"

El ángel realmente bufó. "No precisamente. Estoy preocupado".

"Estoy bien. Feliz y despreocupada, nacida para ser salvaje, toda esa estupidez. Mi yo real está disfrutando el descanso. Te puedes ir".

"No te voy a dejar aquí". Él realmente sacudió sus hombros como un pájaro esponjando sus plumas y consiguió irritar lo suficiente a Meg para que ella se levantara y lo mirara con enojo. Cuando él la miró, ella lo tomó por el cuello arrugado y lo atrajo hacia ella. Los ojos de él se agrandaron por la sorpresa y ella se concentró en mirarlo fijamente.

"No te quiero cerca mío. ¿Te queda claro? Puedes cuidar de tus mascotas humanas si quieres, de tu precioso muñeco de juguete "Dean" y su hermano marioneta "Sam", pero yo estoy mejor sola. Soy mucho más feliz así. Aquí, en un recuerdo, soy más feliz de lo que jamás fui tratando de unirme a tu pequeño y patético Equipo".

Castiel no se encogió ante la crueldad de sus palabras, sólo la miró de nuevo e inclinó su cabeza. "¿Lo eres? Más feliz aquí, quiero decir. ¿En este recuerdo al que te estás aferrando?"

Como si las ropas de él de pronto quemaran, ella lo soltó y se sentó de nuevo. Castiel la miró con una expresión impasible que ahora escondía todo.

"Meg, yo… quiero saber dónde estás. Te puedo ayudar. Por favor".

Meg tuvo que mirarlo fijamente, enfocarlo, porque de pronto él se estaba borrando ante sus ojos. Como si sintiera que él estaba cambiando, Castiel extendió sus manos y sus dedos rozaron la arena a los pies de ella. Luego, con un flash, él se había ido y ella estaba sola de nuevo en su recuerdo.

De alguna manera, el ardor de las palabras de él hizo que su estadía aquí no fuera más placentera.

~~
Castiel jadeó mientras volvía con cada fibra de su cuerpo doliendo y sus pulmones quemando. Él no sentía a menudo tanto dolor, pero ahora sí, y el resultado lo hizo consciente por completo. Caminar en sueños con Dean nunca le había dolido tanto. Era como si alguien se hubiera enojado con su invasión a los sueños de Meg y lo hubiera arrancado de ellos.

"¿Estás bien?" preguntó Sam desde la mesa donde había estado mirando. Castiel había aparecido de la nada diez minutos antes, con aspecto de estar perdido, pero algo en la forma en que se movía había hecho que Sam se diera cuenta de que donde estuviera no era exactamente en esta realidad. Lo había dejado como estaba. Era más fácil así y más entretenido para mirar. "Estuviste en un trance por un rato".

"Sí, estoy bien". Castiel pestañeó y giró. "¿Qué estabas diciendo?"

"Bueno, eh". Sam estaba bastante seguro de que no había estado diciendo nada. Cerró la laptop. "Algunas cosas bastante extrañas están pasando en el Medio Oeste".

"¿Por ejemplo?"

"Bueno, un pueblo entero desapareció. Yo siempre me mantengo al día con los lugares que visito, ¿sabes? Googlee para ver si el nido de vampiros en Mitchell tuvo alguna actividad".

"¿Y?" Dean apuntó mientras él volvía de la cocina y dejaba una botella de cerveza frente a Sam.

"Mitchell no existe más".

"¿Cómo? ¿Como si lo hubiera atravesado una tormenta?" Dean frunció el ceño ante la pantalla.

"No, como si… no hay registro de él. En ningún lado. Los datos históricos han desaparecido, y es casi como si fuéramos los únicos que hubiéramos sabido que alguna vez existió".

"Raro. Ese lugar tenía una tarta de nueces pecan bastante decente si mal no recuerdo". Tanto Sam como Castiel lo miraron y Dean devolvió la mirada. "¿Qué? Yo recuerdo lugares así algunas veces".

"¿No la muerte y la carnicería?" argumentó Sam secamente.

"Entonces deberíamos viajar para allá", decidió Dean y Castiel los miró a los dos. Ya podía ver el esfuerzo en Sam, el cansancio que él estaba ocultando, y aclaró su garganta.

"Quizás debiera ir yo. Puedo llegar allí más rápido que ustedes dos después de todo".

Antes de que Dean pudiera contestar, el ángel se había ido y estaban solos de nuevo.

"Él se está agotando, Sam. Cuidándonos a nosotros, cuidando de la tabla que escondió Dios sabe dónde y ahora…" Él se encogió de hombros. "Se siente mal acerca de Meg".

"Bueno, puede ser. Hay una posibilidad de que ella esté muerta después de todo. Ella estaba enferma y yo nunca vi un demonio verse así antes. ¿Y si ella extraña esa vida en el más allá de donde Cas dijo que la había sacado y decidió volver a ella?" Sam tomó un largo trago de cerveza.

"¿Crees que pasaba algo entre ellos?" preguntó Dean, todavía mirando el lugar en el que Castiel había desaparecido. "Como si hubieran hecho algo sobre toda esa rareza que se veía en ellos …"

Antes de que pudiera terminar, Sam se ahogó con su cerveza y Dean se dio vuelta para mirarlo.

"Ah, uh", Sam se limpió la cerveza de la barbilla. "¿Por qué dices eso?"

"No estoy seguro, pero ahora estoy preocupado. Eso es lo último que necesitamos, que Cas se aferre a un demonio mientras nosotros estamos tratando de cerrar las Puertas del Infierno".

Castiel caminó sobre el terreno desierto, y con cada paso cuidadoso podía sentir que algo estaba totalmente mal en el lugar. Millas de praderas vacías en todas direcciones, un viento frío atravesándolas, y unas fauces jadeantes de realidad. Este lugar había estado vivo y como un fuego, había sido extinguido y algo más había sido extendido sobre él para tratar de ocultarlo.

"Me preguntaba cuándo aparecerías".

La voz conocida lo hizo darse vuelta, para ver a Crowley sentado en una silla plegable, con sus piernas cruzadas y mirando sólo un poco enojado. Castiel cerró el puño, pero se contuvo de hacer algo más.

"¿Qué pasó aquí?"

"Esperaba que tú pudieras decírmelo". Crowley se mofó de él. "Sólo soy un humilde rey demoníaco".

"¿Lo hiciste...?"

"Por favor. Incluso yo no puedo hacer todo esto y que ni un alma venga a mí. Lo cual, además, es una estupidez. Yo no puedo cumplir con mi cuota de almas si las ciudades solo VOILA… desaparecen". El demonio se volvió a sentar y tiró unas pocas semillas de girasol en su boca. Las masticó ruidosamente. "Estaba pensando en todos los angelitos y en todos los cielitos, sabes".

"Yo no". Castiel tuvo cuidado de mantenerlo a distancia. Había aprendido a no tomar a Crowley por sentado y había sido una dura lección para él. "¿Dónde está Kevin?"

Crowley parpadeó. "Pasas de preguntarte sobre la destrucción pura a un profeta. Ser concentrado no es lo mejor que se te da; pero mira, Kevin no está conmigo, Chispas. El pendejo se rajó gritando en la noche antes de que pudiera atraparlo, alguien lo alcanzó primero".

"Bien".

"Seguro…". Crowley lo miró. "¿Dónde nos equivocamos, Castiel? Teníamos un acuerdo tan bueno. Podríamos hacer un nuevo trato".

"Estoy harto de los tratos con tipos como tú".

"¿Es porque mate a tu juguete? Por favor, eso está en el pasado. La puta no hubiera sido de mucha utilidad para un ángel, sabes. Demasiado peleadora. Al final, ella no gritó tanto para que yo quisiera usarla mucho tiempo más".

La implicancia de lo que realmente le había hecho a Meg bajó la temperatura entre ellos unos diez grados. Apenas respirando por la pura rabia, Castiel se dio vuelta con sus ojos brillando.

"Oh, ¿entonces es esto?" La sonrisa aduladora de Crowley se tornó vil. "Tenías algo con la princesa consentida. Deberías avergonzarte. Seguro que tenías muchas expectativas acerca de cabalgar su pequeña y apretada concha…"

"En serio, Crowley", interrumpió otra voz. "Usas un lenguaje tan despreciable…".

El ángel y el demonio miraron y vieron a Muerte parado cerca de ellos, apoyado en su bastón con mango de plata. Castiel no se encogió, pero Crowley bramó por la presencia inesperada. Muerte no se movió ni cambió su pose aburrida.

"Estoy aquí para supervisar los detalles de lo que ha ocurrido. Con gentileza, les pido a ambos que se retiren". Su mirada sin emoción fija en Crowley. "De paso, tú y yo vamos a tener una larga conversación sobre tu uso de mis Segadores y tu intento de destruirlos. Ajay tiene que buscar un nuevo cuerpo para materializarse y yo estoy muy ocupado. Vamos a tener una larga, larga conversación".

Crowley se recuperó apenas. "Oh, o puedo esperar a eso".

Se fue antes de que la entidad o el ángel pudieran responder. Castiel también giró para irse, pero Muerte aclaró su garganta para pararlo.

"Castiel…" Sus ojos se encontraron. "¿Ya la has encontrado?" El aspecto vacío de la mirada que recibió había sido muy obvia "Ya veo. Se te dio la oportunidad de traerla de vuelta y la volviste a perder. El ejercicio de inutilidad será bueno para ti. Pero no la encontrarás".

"Sí, puedo".

"Sin embargo, cuando ella te encuentre a ti, será mejor que prestes atención a lo que realmente está mal en ella". Muerte golpeó su bastón en el piso. "Sabes, Castiel, lo que está por venir… bien podría estar muy por encima de tu imaginación. Me temo que tengo que ordenarte que te quedes muy cerca de tu demonio".

Él casi quiso negarlo, pero la mirada fija de Muerte era muy firme. "¿Por qué querría hacer eso?"

"Porque, Castiel, casi como lo que Sam Winchester tiene para Dean, ella tiene las llaves de tu destrucción y de tu salvación. Ella es la versión de Sam Winchester y las elecciones que ella haga terminarán cambiándote a ti también. De la manera en que las elecciones de Sam lo hacen con Dean". Muerte descruzó sus piernas y se levantó. "La interconexión es difícil de manipular, pero incluso el Destino puede ser cambiado a veces. Estudio fascinante, los ideales del destino y la búsqueda de pareja". Ahora, ¿sabes algo de cómo hacer que las cosas hiervan?"

El ángel lo miró con furia antes de retirarse agitado para tratar de descifrar esas palabras enigmáticas. Muerte sólo giró sus ojos al cielo.

"Tus hijos son exasperantes".

~~
Tres semanas después …

Estaba en el medio de la pelea de puños cuando Meg sintió la primera oleada de enfermedad apoderarse de ella y bajó la guardia por primera vez en días. El calor abrasó su piel y sus nervios, quemándola a través de ella con tanta fuerza que no pudo protegerse del golpe que venía a su brazo. El cuchillo se clavó profundo en su antebrazo, fijándola contra la pared y tirándola hacia atrás. Fuera de guardia, se maldijo a sí misma. No se había equivocado en años.

El viejo demonio fornido con el que había estado luchando se inclinó cerca de su cara.

"A Crowley le va a encantar destrozarte", le dijo él, sonriendo. "Quizás lo deje mirar esta vez".

"Sigue sonriendo, niño bonito", murmuró Meg con una sonrisa y sujetó su cuchillo con más fuerza. Él parpadeó y ella se empujó contra él, girando bajo su brazo para clavar su cuchillo parcialmente en la garganta de él. El golpe de dolor lo envió directo a la trampa de demonios que ella había preparado. Con un rugido inhumano, él saltó y se lanzó contra ella de nuevo, el cuchillo cayendo de su garganta seccionada mientras se topaba con la barrera invisible y se detenía.

El rostro de él se atravesó en su vista y ella siseó para respirar, casi incapaz de mantenerse erguida contra el calor que le atravesaba el cuerpo.

"¿Vale la pena? ¿Destruir a tu familia?" preguntó el viejo demonio mientras caminaba de en la línea de restricción entre ellos, y Meg sacudió cabeza.

"Oh, todos ustedes dejaron de serlo cuando me dejaron colgada en la silla de tortura de Crowley". A ella le dolía el cuerpo por la lucha y tenía que parpadear para mantenerlo enfocado. "Creo que ya dejamos establecido que tú no sabes lo que yo necesito. Entonces. Aquí es donde te digo adiós y te dejo para los Winchester".

Él la maldijo con temor mientras ella sonreía y abría su teléfono. De nuevo la visión le falló y vio los números borrosos. Mareada, se tambaleó hasta la puerta abierta.
El conocido dolor punzante por haber estado afuera del Leteo no la había lastimado mucho en las últimas semanas. Perderse en el "trabajo", en la tarea de tomar todos los Generales de Crowley uno por uno, había evitado que eso la molestara. No más ventanas, no más visitas de espíritus misteriosos.

Aun así, ella se sentía, en general, entumecida.

Este dolor era diferente. Más fuerte pero no tan doloroso. La inundaba y hacía que su cabeza pesara más.

Sin pensar, ella discó un grupo de números y murmuró una dirección antes de tele transportarse fuera del área con mucha más facilidad de lo que lo había hecho antes. Su habilidad no era más fuerte pero si, ahora, era más fácil. El poder que emanaba dentro de ella la hacía sentir cálida y sonrió cuando llegó a su auto.

Se desmayó en el segundo en que tuvo la puerta asegurada detrás de ella.
~~~

Dean miró a Castiel apoyado sobre sus libros, viendo la rara inclinación de sus hombros. Le habían pedido su ayuda y él había venido dispuesto a preparar a Sam para el resto de las pruebas. Tecnicismos, tecnicismos sin final, y Dean había empezado a odiar las ideas de Dios y su show, pero no había otra elección.

"¿Estás bien?" preguntó mientras descansaba sus codos en la mesa al lado de él. Castiel murmuró. "Pareces un poco… con menos energía de Conejo de Energizer que lo normal".

Una pequeña mirada de confusión y luego quedó claro que había entendido la referencia. "He estado ocupado".

"Estoy preocupado por ti, Cas. Entiendo que pensaras que estabas a cargo de Meg, pero ella es un demonio".

"¿Y cuál sería tu punto?"

"Que… que eso no cuenta entre las razones de por las cuales haces todo esto para encontrarla, es un poco confuso", señaló Dean. "Todo lo que ha hecho no borra nuestra historia con ella".

Castiel no le respondió inmediatamente. "Tú eres mi amigo, Dean. Y también ella. Se lo debo, le he fallado".

"La trajiste de vuelta del umbral de la muerte, Cas, eso debería ponerte un poco a mano, ¿no? ¿No debería ser suficiente?."

El ángel se encogió de hombros, como para redistribuir el peso de su propia culpa, y lo miró fijamente. "¿Sería suficiente para ti si fuera yo?"

Dean sólo miró la parte de atrás de la cabeza oscura de él y se preguntó si Castiel no estaría ocultando algo. De nuevo.

La calefacción estaba rota en la habitación del motel en Kansas, pero, a pesar de los cuatro cubrecamas apilados arriba, ella no podía calentarse. Nada funcionaba. Ella había salido para tratar de atrapar a otro de los demonios de Crowley cuando se había sentido tan abrumada por el frío que no podía parar de tiritar los dientes y se había dado por vencida en la mitad de la cacería. El dolor que le causaba impedía sus intenciones y la forzaba a esconderse de nuevo. Gruñendo, con su pequeño cuerpo retorcido, ella enterró la cabeza bajo la almohada.

Lo extraño era que el dolor no era desagradable. Resonaba y pulsaba casi tanto como lo había hecho su desesperación y su apatía acerca del Leteo, pero también relajaba su mente. La hacía sentir calmada. Lo suficiente para escuchar voces que reclamaban su atención.

El murmullo rasposo de Castiel, el arrastre seductor de las palabras de Olvido y una multitud de otras que sonaban como olas rompiendo dentro de su cráneo.

"Detente, detente, detente", gimió ella enojada al murmullo de su cabeza, pero no hubo silencio. El suave brillo dentro de ella se intensificó, dejándole de nuevo una sensación de calidez y, casi satisfecha, y en lugar de luchar, ella se enterró más profundo en las frazadas. Cayó en un adormecimiento y trató de parar de temblar.

Meg desabotonó la camisa de él, con los dedos cavando en la piel y el músculo para tratar de agarrarse fuerte mientras Castiel mantenía su boca presionada a la de ella, moviéndola para ayudarla. Tirando las ropas por todo el piso, ella tocó enseguida la piel sudorosa de él y se aferró cuando él trató de moverse un poco más dentro de ella. Cada movimiento gritaba desesperación y ansia y ella hizo un sonido leve cuando él apretó sus muñecas y las colocó de vuelta sobre el estante para evitar que ella lo arañara. Él rompió el beso y movió sus labios sobre el cuello de ella, y ella dejando caer su cabeza hacia atrás para revelar la piel suave y vulnerable.

El primer empujón que él dio finalmente dentro de ella los hizo jadear. En el segundo él ya había cerrado los ojos.

Ella gimoteó mientras Castiel la observaba, con los ojos muy abiertos y un poco de asombro. La mirada delineada por un ansia curiosa que casi llegaba a calentarla.

"Pensé que habías dicho que el sexo era aburrido. Repetitivo, ya sabes", murmuró Meg, mordisqueando su mandíbula desaliñada, y él parpadeó.

"Mentí". Los dedos de él asieron sus muñecas con más fuerza y él inclinó su cabeza, arrebatándole un beso en su boca y sus muslos levantándola un poco. Ella siguió el beso lo mejor que pudo, moviendo sus caderas con el balanceo de él.

"¿No es eso pecado?", murmuró ella en otro gemido, tomando sus labios entre los dientes y mordisqueando. Él tembló y la tomó con más fuerza.

"Esto también lo es … pero lo disfruto más. Quizás tenga menos consecuencias".

El recuerdo le subió la temperatura y fue consciente del sudor deslizándose por su espalda, el deseo acumulándose entre sus piernas y en su estómago. Pero con él vino demasiada realidad. Los ojos de Meg se abrieron y miró fijo a las sábanas blancas. Su cabeza comenzó a rumiar acerca de las posibilidades y por supuesto, las más ridículas fueron eliminadas. Luego, casi con la misma rapidez, los pensamientos ridículos volvieron y se abrieron camino.

"Las cosas eran más simples años atrás", se quejó a sí misma mientras salía de la cama, tomaba sus llaves y su cuchillo de abajo de la almohada.

~~
Chuck se sentó en su sillón favorito y revolvió entre los papeles, buscando su última parte. La escritura estaba marcada con notas, algunas de su nuevo editor, algunas de él mismo, siendo la más resonante la de su editor.

"¿Qué estás haciendo? ¿Por qué?" Esas palabras lo hicieron sonreír y pensar en cómo podría hacerlo peor. "Ya sabes, haciendo cosas en forma deliberada como estas por pura diversión es un signo de ser algo sádico".

Dando un salto en su asiento y desparramando las páginas en todas direcciones, Chuck miró al hombre que había aparecido, sentado en su sillón.

Con aire de pájaro, el hombre giró la cabeza hacia él y lo miró fijo. "Hola, Chuck".

Chuck miró su puerta cerrada. "¿Quién eres tú?"

"Las conversaciones como estas pueden ser mejores en un lugar en el que pueda tomar algo sustancial mientras espero a que te pongas al día. Luego podemos ir al asunto de lo que has hecho para causar un completo caos".

Con un chasquido de sus largos y desgarbados dedos, desaparecieron del living.

~~
Castiel exhaló mientras trataba de seguir los movimientos de los demonios. Había un grupo de ellos cazando algo en un pequeño pueblo, y él había sido capaz de mantenerse fuera de la vista por un tiempo. Dean y Sam le habían pedido que descansara, pero él no pudo. Estaba inquieto e impaciente, esperando por otra señal. En su lugar, había ido con Garth y con cualquier cazador que pudiera hablar con él, para ver si alguien había escuchado algo de un demonio rubio vagando por ahí.

Él no estaba seguro de por qué necesitaba encontrarla, pero era como un sentimiento persistente en el fondo de su mente. Dean había estado alertándolo, pero era más que eso. Necesitaba ver como ella estaba. Todo ese tiempo tratando de traerla de vuelta no podía ser un fracaso ahora.

Él debería volver a Dean y reportar lo que había visto.

Pero sólo bastó que uno de los demonios murmurara el nombre de Meg, diciendo que Crowley quería una prueba al cien por ciento de que la puta estaba muerta, para que Castiel decida quemar el edificio hasta las cenizas cuando terminó con ellos.

~~~
Chuck aceptó que el hombre que lo había llevado a cenar era Muerte con mucha menos preocupación de la que había sentido cuando conoció a los Winchester o a Castiel. Las cosas no podían ponerse más raras de lo que era estar comiendo pizza con Muerte, por lo que quizás su subconsciente estaba tratando de decirle algo.

"Entonces, ¿nos conocemos o esta resaca es peor de lo que pensaba?"

Muerte se limpió la grasa de sus dedos. "¿Entonces, realmente no lo sabes? Ella pensaba que tú podrías estar mintiendo sobre eso".

"Estoy en el medio de mi tercer sueño loco de la semana y yo sólo… No quiero más". Chuck gesticuló con sus manos en el aire, con su bata andrajosa moviéndose.

Muerte giró sus ojos. "Oh, es suficiente. Puedes tenerlos a todos engañados. Puedes tener la simpatía de ella, pero todos somos muy viejos para tal excusa. Es momento de que dejes de esconder lo que eres".

Casi instantáneamente, un cambio sobrevino a Chuck. Perdió un poco de esa expresión nublada, sus ojos se aclararon, y miró con agudeza a Muerte. Cualquier decisión interna que hubiera tomado, lo hizo mirar a Muerte como a un igual.

"¿Por qué estoy aquí?"

"Ella te hizo comenzar otra historia, ¿no?" Muerte sacó una porción de pizza de la fuente y se la pasó a él. Chuck la miró como si esperara que el queso lo mordiera.

"Sí, lo hizo".

"¿Con un… final más abrupto? Sé que tenías un maravilloso plan B creado, pero, para decirte la verdad, cuanto más lo sigo, menos me interesa".

"Algo así, pero no entiendo por qué". Chuck rascó su cara antes de tomar su tenedor. "A veces cuando escribo sé exactamente cómo debe terminar, pero esta vez ha sido difícil. Podía hacer mucho, pero nada funcionaba. Todos los arcos estaban secos y viejos. La historia era un desastre y había prometido un nuevo libro cuando me ofrecieron el contrato. Luego ella empezó a hablarme, entonces lo cambié".

"Sin duda". Muerte dejó su tenedor y cuchillo. "Entonces, dime. ¿Por qué el argumento del demonio y el ángel? ¿Redención?"

Chuck se encogió de hombros, pero era difícil no contener su ímpetu. La posibilidad de hablar realmente de sus historias, no con sus incansables fans obsesionados con los subtextos eróticos, quién debería dormir con quién, o qué fue lo que hizo mal, sino con alguien con interés real en su metodología, era una novedad y él dejó su tenedor de nuevo. ¿A quién le importaba si esta entidad "Muerte" era sólo un producto de su imaginación?

"Sólo esta idea, ¿sabes? Es algo como para llamar la atención. Algo diferente, aunque no estoy realmente seguro de adónde voy con ella todavía. De todas maneras, estas historias ya no afectan de verdad el mundo real. No lo han hecho desde que las dejé algunos años atrás, entonces, ¿cuál es el daño? Pero ahora esta nueva idea… la idea de que tú puedas tener dos personajes, como Dean y Sam, y crear sus perfectos paralelos en personajes laterales. Pero tenía que…"

Muerte agitó su mano. "Evítame los argumentos y sub-argumentos de tus fantasías".

"Parecía un buen plan en su momento".

"Entonces de alguna manera, combinando un ángel como Castiel con un demonio como…" la Muerte tuvo que pensar para encontrar el nombre adecuado que Chuck pudiera conocer de manera improvisada, "…Meg, parecía una buena idea".

Chuck sonrió y tomó su pizza de nuevo para dar un mordisco lujurioso. "Vamos. ¿Una escena de sexo en el medio de una nueva novela de Supernatural cuando no la están esperando? Los fans van a enloquecer. Mails de odio y de alegría a montones. Cualquier publicidad es buena publicidad".

"¿Y las consecuencias?"

"Lo hacen interesante a veces".

Muerte parpadeó. "Seguro que tu propio sentido del auto-rigor tendría un problema con las consecuencias que este "momento" podrían causar. Un demonio preñado por un ángel".

Chuck lo miró mientras mascaba un trozo de costra de la pizza.

"Lo haces sonar estéril y frío", murmuró finalmente.

"Pensaba que tú habías convertido esas cosas en blasfemias".

"Las reglas están siempre para ser dobladas y quebradas. ¿Por qué no? Meg será parte ahora de algo que no será menos que divino". Chuck intentó no sonar a la defensiva, pero ya estaba orgulloso de la idea. Ya fuera que entendiera la ironía de sus palabras o no, Muerte no estaba seguro.

"Es muy inusual. Tal cosa no ha existido desde… nunca. Un alma torturada, dando nacimiento a otra que ya habrá sido tocada por el Fuego del Infierno y a su vez aliviada por la Gracia".

"¿Demasiado cliché?" preguntó Chuck con formalidad.

"Un poco, pero ciertamente irregular. ¿Sabe Sheol lo que has hecho?"

"¿Sheol?" Le tomó algún tiempo darse cuenta de a quién se refería Muerte, pero esa chispa de recuerdo volvió como una mujer murmurándole en el oído que escribiera. Chuck se movió. "Ella me pidió que creara una historia. No tiene nada que decir respecto de cómo la creo o cómo avanza". Él golpeó sus dedos en la mesa. "Entonces, digamos que tú eres Muerte. ¿Por qué estás interesado? Yo pensaba que tú estarías por encima de esto. Siempre eres tan… mundano cuando te retrato".

"Tengo intereses aquí. Siempre estoy esperando algo que me sorprenda". Muerte fijó los ojos en él, viendo que Chuck estaba empezando a retomar parte de su viejo ser. Casi lo hizo sonreír. "Aunque esto… es una sorpresa".

Chuck resplandeció. "Me alegra haber podido ayudar".

~~
Una pequeña sección del Wal-Mart más cercano se incineró en menos de diez minutos. Sin víctimas, excepto por el centro del jardín y nada realmente sospechoso sobre esto. Los bomberos corrieron, entrando y saliendo, tratando de asegurarse de que nadie resultara herido y todo el mundo fue alejado, en caso de que el fuego alcanzara el fertilizante y el gas. No se sabía la causa, pero nadie estaba tomando riesgos.

La fuente del fuego, que buscaba un poco de distracción y un poco de destrucción por el infierno en sí, se escondía en el baño de mujeres. Ignorando el olor del humo y del plástico ardiente, Meg se sentó en la mesada y miró su mano. Su chaqueta de repente se sintió muy apretada sobre sus pechos y ella luchó por respirar. Sus ojos estaban negros mientras miraba la tira plástica en su mano, una que estaba por quemar.

"Debes estar bromeando".

El letrero sobre la pileta del baño "En caso de emergencia, llame al 911" casi parecía reírse de ella, pero Meg no pudo hacer más que sentarse y mirar fijo.

"Esto está tan mal".

Castiel caminó al costado del Wal-Mart que se quemaba, con el abrigo flameando a su alrededor y abriendo las multitudes a su paso, y aun así fue capaz de ser casi invisible para cada ser humano que miraba en su dirección. Miró la multitud y vio algunas personas sufriendo por inhalación de humo y con máscaras de oxígeno. No estaban sufriendo mucho, pero era claro que necesitaban ayuda. Ello lo distrajo de su intención de volver lentamente hacia Dean y Sam y comenzó a acercarse a cada persona, sanándolos sólo con un pensamiento. Ello le dio un propósito de nuevo y con gentileza palmeó la cabeza de un niño cuando este le agradeció, uno de los pocos que realmente lo vieron.

Cuando levantó la vista, pensó que veía a una mujer rubia a través de las llamas del otro lado del edificio. En lugar de dejarse llevar, la miró fijamente mientras ella caminaba hacia su auto y entraba en él. Esa necesidad de ver si era Meg, la misma ansia que lo había hecho vagar tan lejos, lo hizo decidir que quizás Dean tuviera razón.

Quizás necesitaba tratar de encontrar algo de paz.

Quizás se estaba cansando tanto por nada más que un remanente.

Por alguna razón, mientras miraba el viejo sedan salir del estacionamiento, supo que no podía dejarlo ir. No todavía.

Testaruda. Eso era lo que era Meg. Orgullosa y testaruda y la cosa más exasperante que había entrado en su vida desde Dean Winchester.

"Dame más fuerza", murmuró Castiel mientras miraba hacia el cielo y se preguntaba si Dios se estaría burlando de él.
~~

Cuanto más tiempo se quedaba acurrucada en el sofá, menos podía resistir la idea de partir. De encontrar una manera de volver.

Pero mientras su mano descansaba en su estómago, esa suave paz que la había estado atravesando también la paralizaba. La dejaba quieta. Los demonios son en sí mismos inquietos; así era su naturaleza. Entonces lo que fuera que la estuviera afectando la estaba haciendo sentir nerviosa pero no asustada. Ella no estaba segura de lo que había dentro suyo o de si sólo estaba imaginando cosas.

Positivo o no, lo que el test había dicho era una imposibilidad y ella se estaba aferrando a ese ideal.

"Mejor que no sea posible".

¡Por Lucifer!... no podía dejar de mirar al teléfono.

"No seas estúpida", se dijo a sí misma. "Si fuera posible, eres un blanco fácil y vas a conseguir que te maten".

De todas maneras, se sentía raro.

Como si algo empujara dentro de su cerebro y le diera una sensación de dirección que no había tenido antes. Esas ansias de ayudar a los Winchester a cerrar las Puertas se habían ido, reemplazadas por una necesidad innata de proteger. Nunca había sentido esa urgencia antes, ni siquiera alrededor de Castiel, nunca a ese nivel. Era autoprotección e instinto.

Pero ¿qué significaba esto? Ella no era estúpida. Los ángeles y demonios ya habían bailado ese tango blasfemo antes, ella lo sabía, (ningún demonio viejo vivo no había escuchado los rumores sobre cosas que habían ocurrido durante las Cruzadas), pero cosas como estas no habían pasado. No eran compatibles. Nunca lo habían sido, razón por la cual su hora con Castiel era todo lo que podía ser.

Una hora, luego estaba todo terminado. Nada más.

Quizás era un asunto de su traje de carne.

Por el rabillo del ojo, pudo ver el reflejo de Olvido en el antiguo botiquín.

"Esto podría ser mucho más simple, Meg, si simplemente te atuvieras a nuestro plan. Dentro de algunos meses, no tendrás que preocuparte por esto".

"¿Sí?", Meg gruñó y subió el volumen de la radio para tratar de ahogar esa voz. "Algo me dice que me estás mintiendo. Sólo quería que me dejaran sola este tiempo".

Ella miró al teléfono de nuevo y tuvo un escalofrío mientras el agotamiento empezaba a calar profundo en ella. Estaba cansada, dolorida por la última pelea. Su mano en el teléfono y discando los números antes de que pudiera detenerse.

Ella sólo necesitaba ver si esto era real.

Le tomó cuatro intentos diferentes obtener el número correcto. Los Winchester son bastante predecibles. Ellos sólo cambiaban el último dígito de sus números.

"¿Sí?" respondió Dean y Meg giró sus ojos por la forma en que el sonaba su voz.

"Bien, pregunta rápida: ¿está el ángel contigo?"

Dean se atragantó. "¿Meg?"

Se oyó un crujido, como si todos estuvieran peleando por el teléfono de pronto. Ella escuchó a Dean decirle a Sam que mantuviera a Castiel aparte y luego hubo más altercados y luego tomó de nuevo el teléfono.

"¿Meg?"

"No, es Sasha Grey, de tus fantasías. ¿Qué otra chica te llama?" arrastró Meg. "¿Te han gustado los regalos que te he estado dejando?"

"Un montón de demonios muertos. Si, acabamos de encontrar tu último en el parque. Me imaginaba que tenías algo que ver con eso. Tenía escrito perra en todos lados junto con el cartel de "¿Qué? No puedes hacer tu propio trabajo" escrito en el juego del parque".

"Oh ¡Que listo eres!... ¿Está él ahí?"

Más peleas, pero Dean todavía mantenía el control. "¿Quién?"

"No seas una perra. Dame con él". Otra larga pausa y luego escuchó a Dean gritarle algo a Sam en la distancia. El teléfono había sido pasado y ella esperó unos minutos antes de girar los ojos. "¿Castiel?"

"¿Meg? Meg, ¿dónde estás? ¿Estás bien? ¿Estás herida? Dime dónde estás".

Ella hizo una mueca de satisfacción. "Muchas preguntas ahí, plumas. ¿Pudiste respirar entre ellas?"

"¿Dónde estás?"

"Todavía no estoy lista para eso, sólo –"Oh, esto iba a sonar estúpido, pero ese leve empuje en ella la llevó a soltar. "Quería escuchar tu voz".

Castiel hizo una pausa antes de preguntar con una voz baja y preocupada, "¿Por qué?"

"Porque entonces algo sigue siendo igual, supongo".

"Meg, necesito saber dónde estás. Yo- quiero saber".

"Entiendo. Pero estoy bien sola, como siempre".

La radio comenzó a atronar sobre algún concurso especial y ella hizo una mueca de dolor mientras vibraba a través de la cabeza que ya le dolía.

"Te dije que te ayudaría".

"No necesito protección, no necesito que me cuiden". Casi se le eriza la piel ante el pensamiento de ser tan… débil.

"¿Todavía estás soñando?"

"No".

"Me estás mintiendo. Me doy cuenta de eso cuando me das una respuesta muy directa y no me insultas". Él se estaba moviendo, ella lo podía escuchar. "Quiero verte".

"¿Por qué?" Sonaba estúpido seguir posponiéndolo.Cuelga se dijo a sí misma. Él no tendrá respuestas. Diablos, ella ni siquiera sabía la pregunta correcta.

"Porque sí".

Meg se rio siniestramente y se movió para ponerse cómoda en el sofá sucio. "Entonces estarás esperando por mucho..." Un sonido suave y familiar y los arbustos de afuera se movieron ruidosamente. Mirando por encima de su hombro, Meg casi dejó caer el teléfono. La visión del ángel justo afuera de la ventana de la habitación de su motel la hizo fijar la mirada. "…tiempo".

Él no colgó el teléfono, sólo la miró con sus estrechos ojos azules y la mandíbula se contrajo mientras farfullaba, "Eso lo dudo mucho".

El demonio dejó el teléfono y ella lo miró mientras abría la puerta y entraba, casi encubierto, como si quisiera sentirse seguro. "Tu acoso está mejorando".

"Escuché la radio". Metió el teléfono de Dean en el bolsillo y giró sus ojos. "Era sólo una cuestión de localizar qué estación era por la frecuencia".

Se miraron entre sí por un minuto antes de que Meg pudiera soportarlo más. Castiel sólo continuó observándola.

"¿Algo raro con mi cara?"

"Te ves muy cansada". Él atravesó los pocos pasos hasta ella y se sentó. Meg miró la forma en que sus manos se torcían y los ojos de él se clavaron en la habitación. "Pensaba que quizás te estarías sintiendo mejor, pero te ves igual".

Meg frunció la nariz. "Preocupación… Cute. Tú también te ves como el infierno".

Castiel se pasó la mano por la mejilla sin afeitar. "He estado ocupado. Tratando de alcanzarte". Sus ojos azules le recorrieron el rostro, mirando de cerca la forma en que ella se mantenía en el sofá y escondía su mano sigilosamente de él. "¿Cómo te has estado escondiendo?"

"Tengo trucos, ¿recuerdas?" Meg se tiró el cabello rubio detrás de su hombro y se congeló cuando Castiel estiró la mano. Ignorando la forma en que ella lo miraba, él tomó su mano entre las suyas y la dio vuelta. Sus dedos trazaron las líneas de su palma con cuidado.

"El daño que hiciste a tu recipiente está siendo reparado". Él estaba mirando los dedos de ella con dureza, como si pudiera ver los huesos y las guardas que ella había tallado. "Puedo sentirte ahora y las guardas se están esfumando. ¿Cómo es eso posible?"

Ella liberó su mano cosquilleante. "Me tienes. Yo pensé que estas eran para la eternidad y más allá". Nerviosamente, ella se levantó y caminó hasta el otro lado de la habitación, tan lejos como pudo llegar. "Tú – ¿tú no ves nada más que sea diferente?"

Cuando ella giró, él estaba justo detrás y a dos pulgadas de ella.

"Diablos, ¡para de hacer eso!"

Ignorándola, él pasó sus ojos por su pequeño cuerpo y su mirada se posó en ciertas áreas. "Nada fuera de lo normal. Quizás tu zona superior está más grande de lo que recuerdo".

Meg estiró la mano y forzó su mentón hacia arriba, apenas ocultando su sonrisa suficiente. "Hey, plumas. Mis ojos están aquí, deja de verificar mis pechos".

Una leve sonrisa se dibujó en sus labios. "Me preguntaste si había algo diferente en ti. Y no estaba verificando nada más que tu salud". Él la miró fijo y lentamente todo el humor se le fue. "¿Por qué te escapaste?"

"Todos los pájaros pequeños tienen que volar, Castiel".

"Te asusté", dijo él. "Puedo darme cuenta".

"No, no lo hiciste. Yo sólo… estoy mejor sola".

"Entonces, ¿por qué llamaste a Dean? Sabiendo que yo estaría allí y que te encontraría. A menos que quisieras que te encontrara". Castiel mantuvo su posición.

"No todo es sobre ti".

"Entonces hay algo más".

Meg lo miró nerviosamente. Si él no se daba cuenta entonces era posible que ella estuviera imaginando cosas.

Lo cual, considerando las semanas pasadas, era malditamente posible.

Castiel esperó con paciencia y ella pasó sus ojos sobre él.

Diablos. Él no iba a irse y ahora, teniéndolo parado aquí, ella ya no estaba segura de por qué lo había llamado.

Pero antes de que ella pudiera pensar en algo lo suficientemente inteligente para asustarlo, ella sintió que el aire se hacía más cálido y pegajoso, con olor a azufre de repente abrumador. Las luces parpadearon y Meg se dio vuelta, com sus ojos instintivamente negros, tratando de ver lo que estaba sucediendo. "Cas… algo está viniendo".

Ella caminó firme de vuelta hacia él hasta que estuvieron tocándose, la espalda de él contra la de ella y la mano de él asiendo fuerte sus muñecas. Castiel la sostuvo, para que no escapara, y su mano le impidió caerse cuando una súbita corriente de aire atravesó la habitación del motel. La respiración de Castiel se hizo más superficial y ella sintió su Gracia apoderándose de ellos. Él estaba enojado con ella, ella lo sabía, pero al menos esto podría distraerlo.

La puerta de la habitación del hotel se abrió de par en par y seis demonios altos y musculosos entraron. Todos apestaban a poder prestado y ello hizo que la protección interna de Meg estallara. Ella quería despedazarlos a todos porque los había reconocido.

La mano de Castiel apretó su brazo para mantenerla quieta.

"Oh, esto es casi tan rico que engorda", la voz de Crowley era ofensivamente fuerte cuando entró en la habitación del motel. Castiel giró sobre sus talones y lo enfrentó, pero Meg sólo cerró sus ojos.

"Pensé que tenías la guardia alta", le murmuró el ángel a Meg.

Los ojos de Meg permanecieron cerrados. "He estado muy cansada, para empezar…".

Ella no vio la mirada preocupada de él, sus ojos muy abiertos mientras la miraba.

"Tengo el ángel que quiero torturar y el demonio que… debería estar muerto. Vamos, esta es realmente una reunión no santa que me hace cosquillas en todas las partes equivocadas". Crowley se apoyó contra el sillón. "Sabes, si juegas bien tus cartas podríamos tener un buen trío".

"Gordo marica", murmuró Meg, abriendo los ojos mientras daba un paso Adelante. Castiel tomó su brazo y lentamente la corrió atrás de él, con los ojos fijos en Crowley. El Rey del Infierno sólo los miró.

Crowley sonrió a Meg, pero había un dejo de algo cercano al miedo en sus ojos. "Escuché que estabas viva. ¿Cómo es eso posible?"

El ángel se quedó delante de ella y Meg sintió su frustración hervir dentro suyo al ver que él todavía estaba tratando de protegerla. "Yo lo hice", gruñó Castiel y Crowley lo miró impresionado.

"Interesante. Nunca hubo un demonio que retornara. Apuesto a que tu pequeño cráneo está lleno de bondades ahora, ¿no, Meg?"

Quitando el cabello de sus ojos, Meg mantuvo un ojo en los demonios que estaban a su lado.

"Sólo volví para matarte".

"¿En serio?" Crowley los rodeó lentamente, su hombre siguiéndolo como una sombra. "Interesante. Sólo por morbosa curiosidad, ¿por qué? ..."

Meg salió de atrás de Castiel, pero Crowley adelantó su mano para pararla.

"Quiero decir, ¿desde cuándo algo de lo que has hecho ha tenido algún éxito? ¿Algún plan? Eres un fracaso, Meg", Crowley dejó de dar vueltas, "una excusa miserable para un demonio de los viejos. Los de tu tipo solían tener dignidad, pero tú la arrastraste por el barro en tu rebelión. No eres nada".

Su púa la golpeó a través de su armadura, penetrando esa parte de ella que en general escondía bien. Se puso rígida mientras él sacaba la espada del ángel. "¿Reconoces esto? Voy a devolverla adonde pertenece. Bien adentro tuyo".

Meg giró y vio que Castiel había sacado su propia espada. "Hora de irse".

Él la miró. Cada intensa necesidad de venganza estaba marcada en su rostro. Él estaba enojado con ella, pero también estaba listo para salvarla. Los números no estaban a su favor en este espacio.

"Este es el momento en que nos escapamos. Él quiere que peleemos. No le demos eso".

"Oh, yo creo que lo harán".

Castiel estaba tan concentrado en los ojos de ella que había perdido de vista a Crowley. Con un susurro de movimiento, el Rey del Infierno giró y tiró la espada. Se clavó hasta la empuñadura en el hombro de Meg, y ella jadeó, cayendo contra Castiel. Él la tomó, pasando su mano por la espada mientras ella tomaba sus hombros.

"Está bien, está bien…", murmuró, con la cabeza apoyada en el cuello de él. "Fue un tiro de mierda".

Castiel miró la profundidad de la herida antes de mirar la cara de ella. Esto la debería haber matado, pero él pudo sentir el latido de su corazón y su alma espinosa todavía pulsando tan fuerte y claro como siempre.

Tomándola por la cintura, él trató de mantenerla cerca para protegerla mientras los demonios daban vueltas, acercándose.

Crowley se erizó. "Creo que ustedes se dan cuenta de que necesitamos una buena pelea para que…"

El ángel y el demonio desaparecieron en un latido de corazón y él se quedó mirando la habitación vacía del motel.

"Oh, por el amor de…" Giró hacia sus secuaces "¿Bien? Encuentren algo de ella. ¡La perra debe haber dejado algo atrás! ¡Cualquier cosa que nos permita saber qué ha estado haciendo!"

Mientras todos se escabullían para hacer su encargo, Crowley se sentó en el diván y tomó la revista de chimentos que ella había dejado.

"¡Hijo de puta!" gritó Dean mientras Castiel reaparecía en el estacionamiento de la cantina. Los había dejado justo cuando entraban y había recogido a Meg a su retorno.

Sam dio un salto, despertándose de su siesta en el capó del Impala cuando Dean golpeó con el puño el techo. "Levántate, Sammy, tenemos compañía".

Castiel levantó el peso leve de Meg en sus brazos. "Está herida".

"Estoy perfectamente bien, alas calientes. Sólo déjame ir". Ella trató de alejarlo. "Es una herida en la carne".

"¡Soy invencible!", la imitó Dean por lo bajo y Meg lo miró con ira, entendiendo el chiste. "Quiero decir, qué bueno verte, Meg".

"Si seguro, idiota". Ella se movió hasta que Castiel la bajó. Sam bostezó y rodeó el Impala.

"¿Qué pasó?"

"Crowley." Castiel estaba tratando de revisar la herida del demonio, pero ella continuaba alejándolo, esquivando las manos de él. El ángel la miró y luego miró hacia la espada ángel que había sacado del hombro de ella.

"¿Quién más?" Meg apuntó mientras trataba de acomodar su camisa con la mano sana. Ella miró alrededor y vio el letrero de la cantina de 24 horas. La sangre que goteaba de su mano comenzó a manchar el piso. "Diablos, estoy tan… cansada de esto".

Ella ya estaba alejándose antes de que Castiel pudiera pararla.

"Bueno, deben admirar su lapso de recuperación", comentó Dean mientras se acercaba a Castiel y le pasaba el brazo por los hombros. El ángel tenía un aire tan inmensamente perplejo que casi valía la pena la espera. "Mujeres, ¿eh? Incluso mujeres demonio".

Castiel miró a Meg caminar adelante de él, vio la manera en que ella los miraba por encima de su hombro y sacudió su cabeza cuando sus ojos se encontraron. "Dudo que esa declaración alcance a cubrir mi problema".