De nuevo.
Alphys se había reunido con su "familia". Pero sin Undyne.
La tristeza decidió acompañarla aquel día, combinado con la muerte del quinto humano.
¿Por qué estaba triste, si su alma serviría para liberar a los monstruos?
Casi perdía a su mejor amiga.
El perseverante humano logró engañar a la científica para que le llevara a su laboratorio.
Todos los que habían caído antes eran niños.
¿Por qué es importante?
Este no lo era, y tenía planes oscuros para Undyne.
Casi los cumple.
La guerrera había ido al laboratorio de la chica pez, para mostrarle un anime que le había regalado su "familia".
La puerta estaba cerrada. Undyne tenía cámaras en la entrada, y siempre tenía las puertas abiertas para Alphys. "Qué extraño..." pensó la reptil.
Por suerte, la científica le había dado a la guerrera una llave de emergencia.
Y, esta, la usó.
Al entrar, vio que todas las cosas estaban en el piso. Raro de Undyne, ella era amante de la limpieza y simetría.
Allí fue cuando escuchó un grito de dolor, proveniente de su amiga.
-¡Undyne!-. La reptil abrió la puerta del almacén, pero no había nadie allí. -¡U-Undyne! ¿Dónde estás? -. Otro grito. Venía de la habitación de la chica pez.
Abrió la puerta de un empujón, y sus escamas pasaron de amarillo profundo a casi blanco.
El quinto humano, el cual había entablado una amistad con la guerrera, estaba sobre Undyne. Ambos sin ropa.
Pero la científica tenía lágrimas y algo de sangre, cosa que enfureció a la reptil.
Ella empujó al más alto, acorralándolo en la pared más cercana.
Su cara era de terror. La de ella era de furia.
Sin advertencia, le clavó un hacha en medio del pecho.
Dos veces.
Las necesarias para que un alma morada se hiciera ver.
Undyne lloró sin poder controlarse. Y cuando Alphys le fue a dar un abrazo, ella le apartó. Tenía los ojos cerrados, y temblaba.
-U-Undyne-. Al escuchar la voz de la guerrera, la mencionada le dio un fuerte abrazo.
-A-Alphys... s-soy una idiota- logró decir luego de un largo rato.
-No, no lo eres, él te engañó. Tranquila... de menor estatura comenzó a acariciar el cabello de su amiga, cómo siempre hacia al verla triste.
-S-soy una idiota, p-por d-dejarme engañar.
-No, la idiota soy yo. Él me ligó como diez veces cada cinco minutos, y no me dijo cosas que entendería Sans... D-debí haber evitado que llegara a Coldsea.
Cuando Undyne se durmió, Alphys le llevó el alma a Toriel y visitó a su "familia''.
Pero antes de que diera su último paso, recordó algo.
Una mirada de preocupación.
Y, de nuevo, un ángel azul evitó que cayera en la cascada.
