Cena para cuatro
Crónicas de un mal entendido
"Terminémoslo llamemos al sosiego, ¡ouuhhh! disimulemos y tan solo conversemos"
Cada uno es su espacio, Booth en aquella oficina del cuarto piso; Dana, en su mini laboratorio; Brennan en el limbo y Mulder en su oficina en aquel sócalo. Los cuatro tenían en mente la misma situación pero de distinta perspectiva.
Dana Scully
Tomó los últimos instrumentos de seguridad desde el anaquel, era de suma importancia todo lo que estaba realizando en aquellos momentos, en parte porque ayudaba a la investigación de toda su vida y en parte, porque era la única forma de sacarse de la cabeza el supuesto engaño de su pareja.
No había pasado tantos años a su lado en vano, ¿acaso no fue ella la que le salvó la vida cada vez que metía su nariz en alguna cosa rara?, ¿acaso no fue ella la que estuvo ahí cada vez que el gobierno quería eliminarlo?, ¿acaso no era ella su piedra angular?, ¿acaso no había sido ella la que huyó por medio país junto a él?, sinceramente no sabía que estaba haciendo.
Hace algunos años ella se lo había dicho y fue precisamente la situación por la cual terminaron distanciados por largo tiempo, antes de volver a ser el dúo dinámico de siempre, la oscuridad los estaba alcanzado de nuevo, talvez era hora de que esto se acabara y decir las cosas de frente.
Tocó con calma la pequeña medalla de su cuello, aquella que era de su madre y que Mulder había cargado durante todo el tiempo que estuvieron juntos.
Tomó sus cosas, iría al hogar que hoy compartían, prepararía una rica cena llena de carbohidratos como le gustaba a él, luego hablarían como los dos amigos que son y las cosas se solucionarían, ya no podía detener la cena, era estúpido que lo hiciera y un desaire a su amiga.
Temperance Brennan
Una vez más miraba los huesos, intentaba por sobre todo hacerlos hablar, miró el reloj, ya era hora de ir a casa, pero los ánimos no le acompañaban.
Por la veces que se dijo a si misma que ella no era culpable de lo que pasó, sentía en sus entrañas que le había sido infiel al hombre de sus sueños, al único que amó pese a todo, pese a Hannah y sus malditos resentimientos.
Llamaría Max, para que cuidara a ambos pequeñines, sus hijos no tenían por qué verse envueltos en los dilemas de los mayores, eso le había aprendido a duros golpes con sus padres… ¿Qué pasaría ahora si Booth se quería separar de ella?, ¿Qué pasaría si ella misma no lograba perdonar su desliz, no tan desliz?, ¡por todos los malditos infiernos!, necesitaba en esos momentos un abrazo fuerte y apretado de Booth, pero justamente no quería que él la mirara y pudiera leer la culpa que sentía, culpa que había logrado esconder la última semana, ¿Por qué todo se había tornado tan difícil?.
Volvió a mirar la hora, el tiempo se había estancado, aunque ello fuera irracional e ilógico. Llamaría a Max.
Era mejor no dilatar más la cosa.
Fox Mulder
Sentía los pasos por el pasillo principal, deseaba por todos los medios que su pequeña novia, ingresara por la puerta de la oficina y le digiera, ¡vamos Spooki, es hora de ir a casa!, pero nada de eso iba a ocurrir ese día. Simple y llanamente ese día no ocurría y siendo sinceros no deseaba volver a casa hoy, hubiera preferido tener una de esas llamadas de media noche, una de esas llamadas de locos diciendo que había un ovni y tomar un avión, para recorrer medio país y encontrarse que era una farsa.
¡Por un demonio!, golpeó fuerte el escritorio, hubiera preferido que el fumador se sentara delante del y le digiera por enésima vez… "Yo soy tu padre", si a sí mismo como Dark Wader le decía a Luke que era el suyo, pero no… Estaba como idiota, esperando algo que no llegaría.
Extrañó durante mucho tiempo en el pasado, no despertarla en la noche con una llamada, porque lo único que le ayudaba a dormir sin pesadillas era su dulce y tierna voz preguntando "¿pasa algo Mulder?"
Luego de sus años huyendo del mundo, se acostumbró a tenerla entre sus brazos, se acostumbró a mirarla mientras dormía, a apretarla fuerte contra su pecho y respirar ese suave aroma a limón que desprendía su cabello, pero cuando vino su quiebre, su irremediable quiebre, que lo llevó a hundirse en el océano más profundo de todos, aprender a mirar lo único que le quedaba para amar desde la distancia, aprender a vivir de sus recuerdos y de todo aquello que quería seguir viviendo, pero eso se había acabado, cuando se supo reintegrado al FBI y que para mayor sorpresa ella también estaba en la lista, se volvió un maniático obsesivo, comenzó a buscarla con toda la galantería que un día había negado a todas sus novias.
Luego de un par de semanas, ella misma lo había besado y ahí supo que necesitaba despertar cada uno de los días que le quedaban junto a esa hermosa minions, si no, la vida no le volvería a saber con ese gusto de dulce y agras tan particular que tenían en su vida en común.
Seeley Booth
El reloj de su computadora marcaba las 20:50, la práctica de tiro le había ayudado con su stress, pero aun así no lograba calmarlo al cien por ciento.
Fue genial ver la cara de su amigo Jack, después de descargar el arma, frente a sus ojos, al final el chico bichos era un miedoso… Pero ahí estaba nuevamente la duda ¿pasó algo más en esa oficina?, ¿acaso Huesos ya se había aburrido del?, estaba claro que era posible, un hombre religioso y rígido en su formación, no se comparaba al estoico Fox Mulder, ateo, racionalista empirista y atractivo.
Hace mucho tiempo que no se sentía basura, al menos cuando Rebeca le rechazó le había explicado porque lo hizo, el peligro que representaba su carrera para el hijo que esperaban y como en cualquier momento una bala cruzada le podría arrebatar el padre a su hijo o a su esposa, si es que ella se casaba. Cuando Hannah se fue, le dejó bien en claro que ella no era mujer de matrimonios, que era mujer de mundo de viajes y aventura y ciertamente él mismo no se podía considerar como una aventura.
¿Pero Brennan era distinta?, le había costado abrir su caparazón, le costó años lograr entrar esa armadura de hierro medieval, que eran sus sentimientos y cuando lo logró, ¡Dios! Había sido una experiencia divina. Huesos era una mujer de otro mundo, pero sabía que bajo ciertas circunstancias las cosas podrían cambiar. Derechamente ¿Qué tenía Fox que no tuviera Seeley Booth?, por más que lo pensara, la única gran diferencia es que su amigo Mulder tenía dinero, era único heredero de varias propiedades familiares, y una cuantiosa herencia que jamás había sido tocada por él y eso lo sabía de buena fuente… Había algo más en su amigo que él carecía, era pura y nata inteligencia y contra eso, un solado bruto, adoctrinado y además con un problema con las apuestas… Mejor solicitaba el divorcio y se quedaba a ver como las cosas irían de mal en peor…
Sonrió para el mismo, ¿desde cuándo tan fatalista?, lo mejor era zanjar dudas, iría a ver si su "amigo", aún estaba por esos lares.
Se dirigió a las escaleras, no pretendía que nadie viera su indiscreción hasta las catacumbas del Hoover, entre dilema y dilema, una par de hombres cantaban en el piso uno, quiso escuchar…
Estoy entre la espada y la pared, entre el amor de amigo y el de mujer… Si ya no vuelvo a verla la perderé, si sigo junto a ella lo pierdo a él... Estoy entre la espada y la pared... - ¿acaso sus subalternos se habían puesto de acuerdo con las malditas canciones, para hacerlo sentir como un idiota?, Booth, ya comenzaba a tener un tic en su ceja.
Amigo mío, no quiero luchar contigo por ella, dejemos que el tiempo pase, que sea lo que Dios quiera, no hay quien pueda en el mundo callar a los sentimientos, el que prometa olvidarla, seguro está mintiendo... – Mulder subía las escaleras, iría por ella, si ella no venía a él, pero en el camino se quedó escuchando la mentada canción de Lance y Aubey.
Booth y Mulder se miraron, y ambos soltaron a carcajadas.
¿Te parece si vamos por unas copas? – Pregunto Mulder.
Nada me complacería más – dijo Booth, mientras pasaban por la entrada del Hoover, mientras todos aplaudían al par de intérpretes.
…
Booth, deseaba comenzar la conversación, preguntar qué pasaba o si algo le había dicho su esposa, pero no podía decir pues la cara de Mulder no era la que regularmente tenía, estaba decaído y con pocas ganas de hablar.
¿Qué te pasa Spooki? – preguntó Booth, el silencio lo estaba matando y pensaba que en cualquier momento le lanzaría una bomba de racimo.
Es… Es Dana… Creo que la estoy perdiendo – soltó de improvisto el agente de asuntos paranormales – Al parecer cree que tengo una aventura con tu esposa Seeley, ¿lo crees? – por fin el hombre reía, aunque fuera con poco ánimo.
Seeley se sintió pésimo, creía que el hombre delante suyo era el culpable de la brecha que estaba sintiendo con Brennan, pero al parecer el pobre andaba por las mismas que él.
Si es una estupidez pensarlo ¿no? – respondió Booth un poco nervioso, a sabiendas que él mismo deseaba hace solo un par de horas que el hombre en cuestión, pasara por los 10 infiernos de Dante. Se dio el trago al seco - ¿Qué pasa con la enana?.
¡hey, no le digas así!, es enana pelirroja – Respondió Mulder, tomando el trago al seco, hizo señas al barman, de otros dos tragos.
¿Y has hablado con ella? - ¡Pero que parejitas del FBI eran, dos pelirrojas, por agentes problema, dos encargados de áreas!, celosos y pasa películas.
La verdad no me atrevo, cuando ella levanta la ceja izquierda… No hay nada que pueda hacer – dijo recordando el fallido beso de esa mañana, antes de que salieran de la que por ahora, aún era su casa.
Bueno, la verdad es que Huesos… Prefirió mandar las evidencias con el hombre bichos, que venir ella misma – expresó Booth, con voz cancina, el alejamiento no le dolía tanto, como la indiferencia que comenzaba a sentir de parte de su esposa.
Estuvo hoy en el Hoover – Mulder no supo si fue buena o mala respuesta, ya que Booth dejó de beber y lo miró con cara de "Dana será viuda sin casarse" - ¡Hey! No pienses mal, me fue a preguntar ¿Qué diablos había hecho, para que Dana los invitara a cenar? – pasó saliva, cuando vio que Booth volvió a su puesto y su respiración se tranquilizaba.
Bueno, supongo que le eres más entretenido que yo – El hombre rudo y tremendamente temido en el Hoover, no podía ser el que ahora estaba sentado a su lado. Al parecer era verdad, el amor te emblandece, el amor te cambia… Y ellas pues tenían ese ¿Qué sé yo?, que todo hombre busca.
¡Por Dana y Temperance!, esos hermosos ejemplares nos mataran Seeley – Dijo Mulder, pidiéndole al Barman que dejara una botella.
¡Y si no nos matan, nos dejaran inservibles Fox! – respondió el agente de la unidad de crimines mayores.
…
Una, dos, tres vueltas… La cena servida, un trago en su mano y un nudo en el estómago… ¿Podría Mulder entender su ataque de celos?, esperaba que sí, al final ya ambos eran adultos, ni en comparación cuando lo encontró en la oficina del piso menos cuatro del Hoover.
¡Llega Luego! – se tiró sobre el sofá, esperaba no tener que esperar tanto.
…
¡Seeley! ¿Estás? – preguntó en voz alta Temperance, mientras ingresaba a su casa… A última hora prefirió llamar a Max y que se llevara a los chicos, para ella poder hablar largo y tendido con su esposo, era lo que pretendía esa mañana, pero luego de haber hablado con el loco de Mulder, fue bombardeada por su editor, el nuevo libro tendría que adelantar su salida al mercado, pues las ventas de su libro anterior habían caído como edificio en derrumbe por la nueva critico de literatura de misterio Nomba Bates.
Se acercó a la contestadora, activo la escucha de mensajes.
Mensaje n° 1 a las 14:04 – Temperance, la maldita Bruja esa sacó una crítica negativa de tu libro y se desplomó la venta… ¡Hay que hacer algo!, vente ahora a la editorial.
Mensaje n° 2 a las 15:36 - ¡Vamos, por ultimo llámame si estás por ahí!
Mensaje n°3 a las 17:01- ¡Tempe, es como quinceavo mensaje… Por favor, me jefe me va a matar!
Mensaje n° 4 a las 18: 45 – Esta es una encuesta de Telemercado, cuando esté por favor llamar al 5 555 555 555 9, gracias.
Mensaje n° 5 a las 20:03 – Huesos… llegaré tarde, no me esperes, te amo.
Ese mensaje había calado aún más en su pequeña alma destrozada, la brecha comenzaba a abrirse más entre ambos, se fue a dormir con la culpa en el alma.
…
Mientras que dos agentes, que ahora se encontraban con la corbata abierta en el cuello y el otro en la cabeza, cantaban a coro en un karaoke de la ciudad.
¡Vamos a bailar toda la noche!... – Dijo Mulder, muy bien entonado y con cara de no querer parar.
¡Al ritmo de la Banda! – Gritó Sell por el micrófono.
¡Hasta que explote! – Gritaron a la par, mientras caigan en el sofá de local, convulsionando de la risa.
