Capítulo 3

Loki siempre fue diferente al resto; más inteligente, extraordinariamente capaz en lo que se le presentara, cordial pero pragmático, sin vida social e interés en algo en particular, pasaba sus horas huyendo del bullicio de sus compañeros de clase con un libro en la mano. Su único interés era tan secreto incluso para él mismo que nadie lo habría podido notar. Y aquel particular interés tenía un nombre. Thor Odinson, su hermano un año mayor. Podía pasárselo todo el día pensando en él y sus posibles idioteces que la vida se le antojaba llena de alegría mientras Thor existiera en su vida. Para aquellos años no se trataba de un amor de parejas ni uno fraternal, era uno más bien íntimo almizclado por la admiración. Y sí. Loki admiraba a su hermano, aunque la mayoría del tiempo lo tratara como alguien desagradable perfecto para sus bromas y fechorías. A muy temprana edad supo que era adoptado pero no por ello dejaba de ser menos querido aunque Loki así lo sentía muchas veces. De todas formas no podía quejarse, Thor llenaba con su cariño los espacios que no encajaban dentro de sí.

Thor era su hermano y mejor amigo, su confidente y oponente, un chivo expiatoria a sus travesuras y un compañero fiel incluso cuando él mismo lo traicionaba. Por eso el golpe que sufrió aquella tarde teniendo apenas quince años cambió su vida por completo.

Había oído a sus estúpidas compañeras de clase debatir el tema habitual: chicos. Mientras él dormitaba sobre su pupitre cubierto hasta las orejas.

-¿Y tú como sabes que es amor?- Había dicho la voz más chillona de todas

-Eso es obvio, tonta. Cuando no dejas de pensar en él, cada vez que lo miras lo demás desaparece, deseas estar con él siempre y no te importan sus defectos sino que los encuentras adorables- Lo último recalcado como si no fuera lo suficiente claro -Sientes celos de quienes se le acercan y para cuando ya te das cuenta piensas que podrías estar con esa persona el resto de tu vida-

A Loki, las palabras lo atravesaron como puñales hiperventilando varias veces antes de comprenderlo todo.

Entonces como si eso no esclareciera sus sentimientos escuchó.

-¿Y bien quien te gusta?-

A lo que la otra respondió -¿Qué no es obvio? Thor Odinson por supuesto, si está buenísimo-y ahí lo supo, aquella horrible sensación de malestar se debía a los celos. Celos producto de su amor por Thor.


Se despertó atontado por aquel repentino recuerdo.

Fijando la vista en su acompañante suspiró con cierto pesar, Thor estaba mejor pero por otro lado seguía empeorando. No importaba que tantos años no se vieran, Loki lo conocía demasiado bien como para no saber que su hermano sufriría un ataque de pánico en cualquier momento. Hasta él mismo sentía que convulsionaria uno de estos días.

Y es que el terror no lo había dejado dormir hasta entrada la madrugada.

Sif había cumplido con su promesa y aunque no pudo averiguar cómo ocurrieron las cosas sabía algo que Thor no. Jane en su nuevo estado de divorciada se había trasladado a un aislado pueblo en Canadá para continuar con sus investigaciones junto a la ayuda de Daniel ¿y los niños? Pues, los cuatro viviendo como la gran familia feliz que eran y que Thor se revolcara en su propia mierda.

Si no hubiera sido porque el rubio estaba demasiado cerca habría lanzado un grito de indignación que todo China lo habría oído. ¿Qué pasaba por la cabeza de Jane? ¿Qué pasó por su cabeza al entregarle a su hermano en bandeja de plata? Tantos años carcomiéndose en sufrimiento pensando en que todo lo hacía por la felicidad de Thor y ahora ¿Qué le quedaba? Tantos años desperdiciados.

¿Cómo podría volver a la vida a su hermano mayor?


-Háblame de ti– le había dicho aquella mañana estirándose perezosamente contra las sabanas -¿me has extrañado en estos años?– Loki quiso con todas sus fuerzas poner su mejor sonrisa y contestarle con un sarcasmo o algo brillante pero la voz se le fue a medio camino y antes de que lo descubriera estaba diciendo la verdad.

-Por cada minuto durante estos siete largos años– susurró contra sus mejillas, la distancia entre ellos rayaba en lo íntimo pero poco le importaba, necesitaba sincerarse al menos en eso para no gritarle lo que Jane había hecho. Thor sonrió casi como antes excepto que la sonrisa no llegaba hasta sus ojos, seguía vacío y destrozado por dentro por lo que cuando bromeó con un Eso suena a confesión, Loki no pudo evitar abrazarlo con todas sus fuerzas desesperado porque Thor volviera a ser el mismo –A ver qué te cuento– susurró en su cuello –Me compré un piano Bösendorfer hace unos años y me gusta tocar las melodías que mamá nos enseñó, sobre todo acompañado de un buen vino– entonces sonrió –Olvida el piano, me gusta el vino– y sintió como Thor reía ligeramente –me siento más cerca de ustedes cuando toco, también cuando escribo –a lo que agregó –sobre todo cuando escribo– Thor lo rodeó con los brazos –mi editora es peor que el infierno y varias veces terminamos gritando tan fuerte que tienen que separarnos, pero es muy amable y hace un excelente trabajo-

-¿Y amigos?- preguntó con la voz apagada pero con verdadera curiosidad.

-Dos o tres aunque yo los catalogaría como conocidos– Thor bufó y Loki disfrutó de aquel leve movimiento que los unió aún más.

Thor traía puesta la parte de abajo del pijama de Loki quedándole corto de piernas –Loki había hecho acopio de sus mejores fuerzas para no reírse al verle con la prenda al borde de romperse. Fue inútil convencerlo de comprar otro, Thor se negaba a salir y tampoco a quedarse solo. El resultado era patético pero gracioso. Por el momento el hermano menor usaba la parte de arriba que le cubría hasta poco más de los muslos y la ropa interior. Cualquiera que entrara a la habitación los habría catalogado como pareja. El abrazo aumentaba las posibilidades.

Pero un autocontrol que superaba sus expectativas lo mantenía sereno y a sabiendas que todas aquellas muestras de amor, eran nada más que una intensa señal de que Thor necesitaba de su protección. Loki no podía defraudarlo –y de paso- a sí mismo. Incluso si su hermano le pidiera azotarse para sentirse mejor lo habría hecho.

-Estaba pensando en lo que dijiste– susurró Thor buscando la mirada del moreno –sobre eso de sentirte más cerca de nosotros cuando escribes- Loki parecía aturdido pero prefirió esperar a que continuara –fue lo mismo para nosotros- el menor arqueó elegantemente las cejas sin entender a lo que iba –Te mentí cuando dije que a Sif le gustaban tus libros. Soy yo a quien le gustan– La sorpresa era respirable –Como te dije la vez pasada, papá tiene todas tus publicaciones, y es como una tradición los fines de semana después de cenar que nos leyera uno de tus libros- a Loki no se le pasó desapercibido ese nos leyera ni su mueca de dolor pero la confesión deslizó sus sentimientos en un placer indescriptible –Cómo sabes siempre me duermo con los libros, pero los tuyos son tan diferentes al resto, cuando papá los lee es como si tú estuvieras a mi lado contándome la historia- tales palabras lo cohibieron y conmovían a partes iguales –Te sentía tan cerca como estamos ahora y eso era muy reconfortante– Loki no tenía palabras, estaba atónito, demasiado emocionado como para sacar alguna frase ingeniosa –Di algo quieres, siento que he confesado algo muy vergonzoso-

-uhm… pues… Ya imaginaba que era mentira que Sif leyera mis libros, si tú te dormías ella ni siquiera hacía el esfuerzo por tomar el maldito libro- Thor sonrió –es más, incluso si hiciera el esfuerzo seguro que sería para arrojarlo al fuego y decir ARDE LOKI ARDE- inevitablemente Thor lanzó una carcajada, la escena la tenía en la cabeza.

-Pues tus libros arden muy bien sabes, la última fogata que hizo fue- Y como si algo en lo profundo en la cabeza del mayor se conectara palideció de repente –No he llamado a los chicos del trabajo y tenía turno, Sif se hará un collar con mis entrañas– mascullaba Thor saltando de la cama.

Loki quiso advertirle que estaba todo más que arreglado en la estación y que si se atrevía a llamarla se encontraría con una furiosa Sif deseosa de sangre pero su Loki Americano interior tomaba el control en cuanto Thor sufría. Necesitaba de hacerle una travesura. ¿Cómo dejar a su cliente preferencial así como si nada? Se regodeó en la cama en cuanto Thor entró con teléfono en mano.

-Sif, soy yo- por la mueca de sorpresa y los pequeños lloriqueos que daba el aparato supo que Thor se llevaría el regaño de su vida.

-¡Maldito cretino! ¡Pedazo de mierda! ¡Infeliz arrogante! Después de seis días pretendes llamarme ¡después de lo aterrados que estábamos con Volstagg, Hogun y Fandral! ¡¿Sabes cómo enloquecimos cuando ni tus padres sabían dónde estabas?! ¡Para irte con Loki! ¡CON EL IMBÉCIL DE LOKI! DIMOS VUELTA NUEVA YORK BUSCANDOTE ¡Te llamamos como mil veces! Fandral estuvo a punto de iniciar una búsqueda policial con tu nombre– Loki no se lo discutía, pero por el tono sabía que el regaño era más una larga muestra de desesperación y alivio. De todas formas por la cara de sufrimiento de su hermano, el moreno se daba más que satisfecho, alguien tenía que gritarle y por mucho que lo deseara esa persona no podía ser él –Dime que Loki te ha amarrado a la cama y dado de latigazos por asustar a todo el mundo– Thor lanzó un largo resoplido como si recién cayera en la cuenta de lo que hizo, sintiendo el peso de las consecuencias en los hombros.

El moreno se preguntaba si Thor estaba tan desesperado que no pudo pensar en otra cosa que huir, algo en su interior se removió al caer en cuenta que de todos sus cercanos Thor lo eligió a él para confiarle su tormento, alguien a kilómetros de distancia que no veía desde hacía años. Thor lo necesitaba tanto que no le importó dejarlo todo. Se avergonzó de sentirse tan dichoso.

-No me ha dado latigazos pero sí unas nalgadas, tengo su mano escrita en mi trasero ¿sirve?- de la otra línea se escuchó un firme gemido seguido de llanto.

-Si… es más que… suficiente- decía Sif con la voz entrecortada sin dejar de llorar, y como era de esperar le cortó.

Todos en aquella habitación estaban más que sorprendidos, Sif llorando era tan improbable como… Thor llorando. Maldita Jane. Loki no sabía ni la mitad de la historia y ya la había tachado como su enemiga número uno. Destruir la felicidad de los demás por la suya, ni el viejo Loki lo habría hecho, no a costa de Thor. Nunca a costa de Thor.

-¿A que no se lo ha tomado a las mil maravillas?- murmuró Loki de forma sarcástica más para él mismo que para molestar a Thor.

El rubio se dejó caer en la cama como un saco de papas.