¡Holitas! Antes que nada: ¡GRACIAS! por su apoyo constante, ya que sin ustedes este fic no podría avanzar. Gracias por su paciencia en esta larga espera…Disculpen por la demora, es que los condenados exámenes y los trabajos son un verdadero martirio sobre todo cuando está el sol y una siente que se le quema el poco cerebro que tiene, eso y algunos problemitas más me hacían imposible actualizar.
ADVERTENCIA:
El guapísimo Naoki Irie y Cía., no me pertenecen. Son todos, obra de la inolvidable y querida Kaoru Tada – sensei que brindó a los fan del anime nuevos personajes con los cuales soñar.
FLORES EN PRIMAVERA
CAPITULO 4: I'm a Jealous Guy
Naoki iba a paso rápido por el camino que conducía a su casa. Tenía un extraño e inquietante presentimiento, una de esas infalibles corazonadas que se sienten cuando va a pasar algo o muy feliz o muy triste. Y no le faltaba razón: Al llegar al frente su casa, el joven vio parada en la puerta a una persona que reconoció rápidamente.
-Bienvenido a casa, Irie-kun. – le dijo ella, con una burlona sonrisa.
Naoki se quedó desconcertado por un momento. ¿Kotoko? ¿Cómo era que estaba allí? ¿En que momento había llegado del hospital?
- Creí que te habías olvidado de mí… – dijo ella, mirándolo casi con frialdad. Irie reprimió su primer impulso de ir con ella, para enfrentarla. Algo no andaba bien.
- ¿Qué estás…?
-Me he dado cuenta al fin – siguió la chica interrumpiéndolo impasible, mirando al vacío – que en realidad, tu jamás me amaste. Sólo te compadeciste de mí ¿verdad?
-Pero que…
-Ya no soy aquella chiquilla ingenua que se enamoró alguna vez de ti. ¿Sabes?
Naoki hizo el ademán de subir las escaleras. Tenía una expresión terrible de enfado.
-¡Oye…!
-¡IRIE-KUN! ¡ELLA NO SOY YO!
El joven giró su cabeza hacia donde salía aquella voz. Allí, al frente suyo, estaba su querida Kotoko. Lo miraba con cierta pena en los ojos, como reprochándole el no poder reconocerla. Irie-kun se dirigió hacia ella, extendiéndole los brazos, invitándola a ir con él. La castaña comenzó a correr para reunírsele, mientras unas lágrimas se escapaban de sus ojos.
-Irie kun…
-¡No permitiré que te quedes con él! - gritó del otro extremo la primera figura.
-¡No tienes derecho a decidir mi vida! – le respondió la verdadera Kotoko.
-Pero tengo derecho a acabarla. – finalizó. La figura se volteó contra el castaño y sonrió malignamente - Despídete de ella, "Irie-kun" – dijo desvaneciéndose.
Al mismo tiempo que desaparecía, un extraño temblor comenzó a remecer la tierra, siendo cada vez más intenso a cada segundo que pasaba. Naoki corrió hacia donde estaba su esposa para protegerla. Pero veía con desesperación que a medida que él se acercaba, ella se alejaba sin remedio.
-¡Irie-kun! – gritaba la chica, extendiéndole una mano.
-¡Kotoko, resiste!
Lo último que pudo ver el joven doctor, fue la mano de su esposa pidiéndole socorro, mientras la tierra se abría, como una tumba. Kotoko cayó por una de las grietas, perdiéndose de vista.
El terremoto paró.
Ella no estaba.
Y él no pudo hacer nada para salvarla. Cayó se rodillas y apoyó sus manos en la tierra, mientras se reprochaba silenciosamente.
"Yo tengo fe que tú me salvarás, Irie-kun"
Irie sintió como la mano cálida de Kotoko, se posaba sobre su hombro. Sonrió y abrió los ojos.
-Era un sueño. Todo fue una pesadilla. – se dijo al mirar a su alrededor y comprobar que estaba en su dormitorio.
- Gracias a Dios. No te he perdido aún. Tal vez este sueño, ha sido una advertencia.
Tres largos meses habían pasado desde que la pequeña hija de la familia Irie abrazó fuerte a su padre, intentando aplacar su dolor.
Una niña de casi siete años, bajaba rápidamente las escaleras para entregar a su padre el paraguas y la gabardina… Ah, era mucho más fácil ahora, porque no estaba mamá corriendo tras ella, tratando de alcanzarla.
Dejó de correr y sonrió con tristeza. Dos lagrimillas traviesas se enredaban en sus pestañas, mientras ella luchaba para que no rodeasen sus mejillas. Lo había prometido: Bajo ninguna circunstancia debía llorar o estar triste. Pero a veces esa carga impuesta se le hacía muy pesada.
Una voz amable y paternal la sacó de sus pensamientos:
-¡Kotomi!
-¡Ya voy papá!
Bajó dos escalones más, tomó el paraguas que estaba en el perchero y se lo entregó a su papá, el cual sonrió agradecido.
-Gracias, Kotomi. ¿Nos vamos?
-Onii-chan, espera, que te olvidas tu almuerzo.
-Ah, gracias madre. –respondió Naoki, tomando el obento y colocándolo en su maleta.
-Nos vamos – dijeron padre e hija al salir de casa.
-Buen viaje, tengan cuidado. – se despidió 'obaa-chan', como cariñosamente le llamaba Kotomi a Noriko, desde el recibidor.
La escena parecía mucho más alegre ahora. Kotomi y su padre caminaban ahora por la calle sonriendo, tomados de la mano. Kotomi le estaba contando animadamente a su padre sobre un niño de su clase que le gustaba y le estaba describiendo detalladamente su "plan de batalla". Era bastante lista, demasiado para su edad, tal vez. Ya había sacado las probabilidades de éxito, con fórmulas estadísticas avanzadísimas. Sus abuelos solían decir que había sacado la genialidad del padre.
Y la constancia de la madre.
-Gracias por traerme papá. Nos vemos más tarde.
-Cuídate mucho, Kotomi.
-¡Estaré bien!
En la entrada del colegio de Kotomi estaba lleno de mamás que iban a dejar a sus hijos, y de paso a admirar al simpatiquísimo aunque triste padre de la alumna con el mejor promedio del año.
Naoki sin hacer ningún caso a ninguna de las madres, se dirigió al hospital. Ya era hora de empezar a trabajar.
-Muy bien. Primero un paso, y luego el otro… Así es… lo estás haciendo muy bien.
Un joven terapeuta, estaba al lado de una chica de largos cabellos castaños, que avanzaba dificultosamente en medio de dos barras, con las cuales se apoyaba para caminar. La muchacha parecía muy concentrada en lo que estaba haciendo y apretaba fuertemente los labios por el esfuerzo que hacía. El especialista, al ver que la joven llegaba ya al final de la barra, y al dar un vistazo al temblor de sus piernas, decidió terminar con la sesión.
-Es todo, Kotoko-san. Debes descansar. Podemos repetir la rutina diariamente hasta que gradualmente recuperes la soltura en el movimiento. Es sólo cuestión de tiempo.
Kotoko sonrió tiernamente al joven. Él también la miró por un momento algo turbado, mas se compuso rápidamente. A una señal de éste, una enfermera se acercó presta con una silla de ruedas y acomodó en esta a la paciente y se la llevó a su cuarto. Kotoko no llegó a percibir como los ojos del enfermero la miraban cuando ella abandonaba la sala.
En la pieza, ya llevaba esperándola una señorita muy guapa. Estaba sacando de una caja algunas piezas geométricas de colores vivos.
-Bienvenida Kotoko-san –saludó la joven mujer con una sonrisa - ¿estás lista o prefieres que continuemos mas tarde?
Por toda respuesta, la paciente se limitó a sonreír alegremente, como dando su aprobación.
-Ya veo. Entonces, empezamos la lección recordando lo que hicimos en la sesión anterior. ¿Podrás acordarte del nombre de los colores?... ¿Si?... ¡vamos!
La enfermera ordenó las figuritas en frente de la muchacha y comenzó a decir el nombre de un color. Kotoko con el semblante bastante serio, miraba con el ceño fruncido una y otra vez las figuras, hasta que movió su mano para cubrir una de ellas.
-¡Eso es, Kotoko-san! Aprendes bastante rápido… realmente eres bastante inteligente.
Y Kotoko, sonreía feliz por su victoria.
-Buenos días, Irie-sensei
-Bienvenido, Irie-sensei
Las enfermeras del hospital, daban la bienvenida al joven galeno. No obstante, a pesar que aún era objeto de admiración, ya no despertaba el amor que antaño era común. Ahora, las mujeres del hospital, veían en él un hombre guapo, joven y brillante, pero nada más. Era como si parte del encanto de Naoki hubiera desaparecido…como si su juventud se hubiera esfumado.
Y eso es lo que sentía realmente el joven galeno. Como si hubiera perdido algo importante de si, como si la enfermedad de su esposa, le hubiera quitado energías y parte de su vida.
-¡Irie-sensei! ¡Una emergencia! – decía la voz apurada de la enfermera llevando en la camilla a una niña que respiraba dificultosamente.
-Muy bien, vamos.
El doctor siguió rápidamente a la enfermera que le avisó. Después de todo, mientras se está vivo, se tenía que vivir.
-¿Doctor, ella…ella estará bien, verdad? – preguntó acercándose agitado, un angustiado señor. Irie miró a la pequeña y torció el gesto con preocupación al ver la infantil boquita manchada de sangre.
-¡Preparen todo para cirugía! – ordenó a las enfermeras.
-¡Entendido, Irie-sensei!
-No se preocupe, –dijo al padre – aún esta respirando. Haremos todo lo posible por salvarla. Ella es joven…tenga fe.
-Sí… sí, doctor.
Un vistazo le bastó al doctor para determinar lo que tenía. A pesar que era necesario hacer los análisis, estaba más que seguro que los síntomas que presentaba la niña eran síntomas de úlcera. La misma enfermedad que sufrió su amiga, Matsumoto, hace ya mucho tiempo.
-Acabamos por hoy, Kotoko-san. En verdad, me sorprende lo mucho que has progresado, es increíble.
La joven castaña miró a la simpática enfermera que guardaba los curiosos objetos chillones en su caja. Su manita se levantó temblorosamente para ser vuelta a bajar casi de inmediato. Al final, el rostro de la joven adquirió una expresión de resolución. Tomó la figurita más cercana y lo colocó ordenadamente en la cajita.
La enfermera la observó un rato, y suspiró.
-Vale, puedes ayudarme a ordenarlos.
Y así ambas guardaron las piezas del puzzle. Kotoko reía como una niña que recogía sus juguetes después de haber hecho una travesura.
-Ella es feliz – se dijo para sí Naoki que acababa de entrar al cuarto de Kotoko. Caminó hacia donde estaba ella y le besó los cabellos. La muchacha se sorprendió un poco, pero al reconocer al joven, se tranquilizó.
-¿Cómo estás? – le preguntó él, sentándose a su costado.
Kotoko le mostró la caja abierta del puzzle con todas las piezas ya ordenadas por colores. Señaló su chaqueta y acto seguido, señaló un rectángulo del mismo color.
Naoki la miró con ternura.
-Vaya… así que has aprendido a reconocer los colores, ¿verdad? Me alegro mucho.
Kotoko lo observó seriamente, como queriéndole decir algo. Cuando Naoki le devolvió la mirada, ella bajó rápidamente los ojos, moviendo negativamente la cabeza.
-¿Qué te pasa? ¿Algo te molesta?
Pero no tuvo otra señal más de ella. Sin embargo para estar más seguro, decidió quedarse a vigilarla en secreto, a fin de descubrir aquello que la estaba preocupando.
-¿Aló, buenas tardes?
-Abuelo. Soy Naoki.
-Ya sé que eres tú –dijo un señor anciano, completamente calvo, cuyo rostro no era el más amigable. – Ni siquiera te tomas la molestia de saludar a tu viejo abuelo, que tanto te quiere…
-Lo siento mucho, abuelo. Pero te quería pedir un favor…
-Para favores estoy bueno… Anda, dime que es.
-Hoy no regresaré a casa. Avísale a mamá, por favor. Y cuida a Kotomi mientras no estoy…
-No te preocupes. Mi adorada nietecita, que no es tan ingrata como tú y me guarda mucho cariño, estará feliz que su abuelo se encargue de ella. Quédate tranquilo, la cuidaré bien.
-Muchas gracias, nos vemos.
-Nos vemos.
El abuelo colgó el aparato, suspirando. Definitivamente aquella Kotoko debía ser una persona muy importante para su mimado nieto. Ahora él, como su abuelo, debía apoyarlo a superar aquel delicado trance. Por ello había llegado hace un mes a la casa de su hija. Está de más decir que lo habían recibido con alegría y hasta con alivio, puesto que así el problema de quien cuidaría a la hiperactiva hija de Naoki, estaría resuelto.
Naoki colgó el teléfono. Agradecía de todo corazón la ayuda de su abuelo… Aunque al principio le fue un poco complicado acoplarse a la familia, no tardó en acostumbrarse a todos los miembros. En verdad que su querido abuelo era una gran persona.
Pero ahora lo que más le importaba era saber el problema que tenia su esposa. Tenía que averiguarlo sin demora. ¿Pero... como hacerlo?
En ese estado, lo encontraron Jinko y Satomi, que venían a visitar a su amiga. Al toparse con Naoki, ellas le saludaron alegremente, pero al no recibir respuesta, ambas se quedaron un poco descolocadas. No sabían si molestarse o acercársele para preguntar el por qué de su abstracción. Decidieron hacer lo último.
- Irie-san, buenas tardes.
-…
-¡Irie-san!
Naoki pareció como salido de un sueño. Al ver a las dos amigas de su Kotoko, frente a sí, sonrió amablemente.
-Satomi-san, Jinko-san. Les agradezco en nombre de mi esposa que hayan venido a visitarla.
- Irie-san ¿Estas bien? – preguntó Satomi.
-Si, sólo un poco agotado, es todo. Debo irme ahora, con su permiso – terminó el joven haciendo una reverencia y retirándose.
Las dos amigas se quedaron un poco intrigadas con aquella actitud, pero atribuyéndole su estado al cansancio, dejaron a Irie en paz.
En tanto Naoki ya había previsto como saber lo que le pasaba a Kotoko. Esa noche se quedaría.
El reloj del hospital marcaba las siete y media. Las luces de los cuartos de las personas en convalecencia, estaban apagadas. Algunas enfermeras se habían retirado a sus puestos de guardia, y otras se habían retirado a sus casas a descansar.
Irie acababa de salir del baño. Había estado un buen rato esperando pacientemente que se vayan todas. Como iba a espiar a Kotoko, era mejor que todo se hiciera lo más discretamente posible.
Caminando silenciosamente, llegó hasta la habitación de la chica. Una vez que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, buscó con la mirada, la figura de Kotoko.
Allí estaban sus cosas; el oso de peluche que él le había regalado, sus ropas de muda ordenadas sobre la cama. Pero de ella ni rastro. Ante aquella situación, el genio y ex - mejor estudiante del Japón, decidió usar su destacada inteligencia, para inducir a donde habría ido.
Después de pensarlo tras un breve momento, salió del cuarto con paso resuelto.
-Ya sé donde estás.
Pero hubiera sido mejor para Naoki el no ser uno de los cerebros más reconocidos de su país.
Tal como él había pensado, su esposa estaba en el salón de recuperación del hospital.
Y junto a ella, un joven enfermero que en ese momento estaba ayudándole a caminar por una especie de baranda.
Lo siguiente que vio el doctor, no le gustó para nada.
Kotoko caminaba pesadamente, dando cada paso muy lentamente. Con mucho esfuerzo, llegó al final de las barandas y en ese momento, quizá por fatiga o por alivio de terminar el ejercicio; ella vaciló y hubiera caído si no hubiera acudido presto el enfermero a sostenerla. Ella cayó en sus brazos y ambos se miraron mutuamente. Kotoko bajó rápidamente los ojos ruborizada y el joven dirigió su vista a otro lado bastante confuso.
Y Naoki, desde el otro lado de la puerta, sentía en su interior como la amargura y los celos empezaban lentamente ocupar su alma.
Era ella nuevamente lo hacía caer del mundo de la perfección al mundo de los humanos.
CONTINUARÁ…
Agradecimientos especiales a:
pichicoy: Muchas gracias por seguir tan atentamente el fic! Me alegra mucho recibir tus comentarios n_n
Sephielen: Gracias por tus palabras son muy alentadoras... No puedo escribir en portugués porque temo escribir cualquier cosa, menos lo que quiero decir, pero igualmente, ¡ghracias!
leilani-z : Jeje, que bueno que te guste el enfoque de la historia, temí ser un poco cursi al principio...
Kokoro Cullen: Gracias, espero no haberte defraudado, por favor, sigue leyendo.
zuoteyu: Yo no he visto aun los lives! Espero hacerlo tan pronto como pueda, ¡gracias por leer!
Les agradezco de todo corazón el haberse dado un tiempito para dejarme un comentario. Siento mucho la demora, pero los exámenes y los trabajos hacían difícil que continuara. Además tenia este archivo en diversos documentos, así que al fin he tenido que pegarlos todos y arreglar unas cuantas cosillas… En fin, es pleno verano aquí en Lima, como casi 30º… lo cual no es muy usual por aquí, ya que la temperatura no pasa de 23º a 25º… Así que siento que me estoy asando como un pollo. Sinceramente me dan ganas de salir a la calle en ropa de baño, porque el calor es realmente espantoso. Este mes empecé inglés también… ¡es un paso más para poder estudiar japonés! Mamá me ha prometido que una vez que termine el inglés puedo estudiar el idioma que yo quiera…. El único problemilla es que me tengo que levantar a las 6:00 AM, (y yo que me había acostumbrado a levantarme a las 7:30 -_-) además del bendito curso de verano para adelantar clases en el instituto…Ojalá que dé resultados… Bueno, no las quiero aburrir más, nuevamente muchas gracias por apoyar mi fic. Nos veremos en el siguiente cap.
¡Hasta la próxima!
hIT-CHAN
