Pareja: Bryan x Tala / Boris x Yuriy.
Género: Romance.
Advertencias: Yaoi - Quizá lemon más adelante - Algo de violencia.
Disclaimer: Tanto Beyblade como sus personajes pertenecen a Takao Aoki.
¿Por qué te amo si te odio?
Capítulo 4 — Rutina.
Con sueño y sin poder dormir yacía en su cama Yuriy. Los incesantes dolores que recorrían todo su cuerpo, le imposibilitaban la opción de acudir junto a Morfeo. Dio otra vuelta más en su lecho, recordando lo transcurrido durante la tarde. Agradeció mentalmente que cuando llegó a su domicilio, su madre no estaba todavía, lo que le dio tiempo a arreglarse e intentar inventarse una excusa lo suficientemente creíble. Una vez su progenitora regresó a casa, como toda buena madre, no podía faltar el interrogatorio del porqué de su estado, a lo que el pelirrojo le contó lo mejor que se le había ocurrido mientras se duchaba: "Me caí por la escaleras del parque y la compra acabó por el suelo también". Se disculpó seguidamente, mas no faltaron las reprimendas por su descuido. No le dieron mucha más importancia al asunto, y después de la cena (algo improvisada), el taheño se retiró a su habitación para descansar.
Y ahí estaba él, tras algunas horas en busca de su tan ansiado descanso, aún no conseguía encontrarlo. Inspiró profundamente y volvió a echar el aire de forma suave, intentando relajar su cuerpo y con ello calmar también esas punzadas en él. De nueva cuenta, volvió a voltear su cuerpo mirando ahora hacia la pared a la que estaba pegada su camastro, y, algo más aliviado, cerró los ojos intentando lo mismo que había estado haciendo desde hacía ya tres horas.
oOoOo
—¿De dónde vuelves a estas horas? —escuchó esa tan conocida voz nada más entrar en su casa.
—¿Desde cuándo te importa?
No le dio importancia a la pregunta y se fue a dirigir a su cuarto, mas un brazo se interpuso en su camino.
—Desde que me da la gana de interesarme dónde andas a la una de la madrugada —la masculina voz ahora provenía justo de enfrente suya, oyéndose más grave que en la primera pregunta.
—Por ahí… —sabía de sobra que sin una respuesta contundente no iba a dejarlo en paz, pero no tenía ganas de darle explicaciones.
—Bryan… No me hagas cabrearme.
La habitación a oscuras, no podía saber qué rostro tenía su padre en ese momento, pero por como le estaba hablando supuso que no debía jugar mucho con su paciencia.
—Solo estaba dando una vuelta… No fui a ningún sitio en especial —aclaró por fin, saltándose la parte de que no tenía ganas de verle la cara y por eso se tardó en regresar.
—A partir de mañana te quiero aquí a las diez como mucho, ¿te enteras? —esperó una respuesta que nunca llegó. Desesperado cogió de los pelos de la nuca al oji-verde, echándole la cabeza hacia atrás para que pudiera enfocar sus propios ojos con la poca luz que se filtraba por la ventana—. ¡He dicho que si te enteras!
—¡Sí, sí, me entero! —le gritó como respuesta.
El hombre soltó el agarre, lo miró airadamente y se fue a continuar con lo que hacía unos momentos estaba haciendo: ver la televisión. Por su parte, Bryan se dirigió a su cuarto. Se desnudó y se puso una camiseta de mangas largas para dormir, tampoco se molestó en buscar los pantalones pues le eran demasiado incómodos a la hora de acostarse. Echándose sobre su cama, enterró su cabeza en la almohada y se dedicó a no pensar en nada más en espera del nuevo día.
oOoOo
Despertó después de dormir durante dos horas, mas, al menos, se alegraba de haber dormido aunque fuera eso. Siguió la rutina diaria de un lunes por la mañana y, tras haberse arreglado, bajó para desayunar.
—Buenos días, cari… —su madre interrumpió el saludo al voltear a ver su hijo—. Vaya, parece que los moratones de la caída empiezan a ser más visibles.
Yuriy se sobresaltó un poco por lo escuchado. No había podido verse la cara después de lo transcurrido el día anterior, por lo que no sabía qué tanto habría empeorado. Encogiéndose de hombros se sentó a la mesa para tomar una tostada con un vaso de leche antes de despedirse de su madre y marchar a la escuela.
Sabía que tenía algo de tiempo hasta que tocara el timbre, por lo que se metió en el baño de una cafetería que le pillaba de camino para ir a ver cómo era que tenía las cicatrices.
—Joder… ¿Se creerán todos la excusa de las escaleras con semejante cara? —se rozó con la yema de los dedos las zonas amoratadas.
Tenía el labio y alrededores enrojecidos, con algo de sangre ya cicatrizada en la comisura, su ojo derecho algo hinchado y de un color morado azulado claro, y rasguños por el resto del rostro, más marcados en los pómulos.
—Tsk, cabrón… Seguro que hasta pone cara de felicidad al verme llegar así —fue a hacer una mueca con la boca mas la herida de ésta se resintió antes de intentarlo.
Miró el reloj de su muñeca y se puso en camino de nuevo, llegando al recinto escolar apenas con un par de minutos para que tocara el timbre de inicio. Entró en el aula y, sin hacer caso a las descaradas miradas de algunos de los presentes, se fue directo a su pupitre. Apenas ni se fijó en si en algunos de esos ojos que lo observaban, estaban los verde agua cuyo dueño le había hecho aquello, no tenía la más mínima gana de seguir perdiendo su orgullo.
La profesora llegó al poco de sonar la sirena, y, saludando a toda la clase, empezó a pasar lista.
—Veamos… Arita, Eguchi, Fukuyama, Genda, Ivanov, Kuznetsov… —echaba vistazos rápidos al aula localizando a los propietarios los apellidos, deteniéndose en el último—. ¿Ha faltado? Bueno, Matsumoto… —apuntó la falta en el parte y continuó diciendo nombres para poder empezar ya la clase.
Yuriy, por su parte, se sorprendió por la ausencia de su compañero. "Pero si ayer mientras me apaleaba estaba perfectamente…" pensó con algo de ironía y rabia al mismo tiempo.
El horario escolar finalizó con una tortuosa clase de Historia de Japón. ¡Pero si él era ruso! ¿Qué le importaban los pleitos e invenciones que hubiesen podido tener los japoneses? Con su nivel de aburrimiento en un setenta por ciento, se colocó la maleta a la espalda y salió del edificio a paso lento y monótono.
Decidió dar una vuelta para despejarse la cabeza de tantos números y letras que durante seis horas había soportado, y cogió el camino largo a su casa. Caminaba fijándose en ningún lugar y oyendo ningún sonido en específico. Su estado de mutismo duró hasta que alguien se cruzó en su camino; alguien que no había podido alcanzar a ver por estar mirando al suelo y con el que acabó dándose de bruces.
—¡Agh! —fue el quejido que salió de su boca—. Lo sien…
La frase murió en sus labios cuando al mirar hacia arriba se topó con los ojos esmeralda del chico con el que la noche anterior tuvo tan desafortunado encuentro. El contacto visual de ambos duró apenas milésimas de segundos pues el más alto le pasó por el lado, perdiéndose tras de sí.
Esfumándose la parálisis momentánea que recorrió su cuerpo instantes atrás, se encogió de hombros para volver a ponerse a andar, mas su mente estaba perdida en el rostro de aquel joven que tan cerca había tenido.
—"Tampoco es que logre recordar mucho pero, ¿en alguno de los golpes le di en el ojo?"
Con esa pregunta rondándole en la cabeza, regresaba a su casa para seguir con la rutina diaria. Si lo miraba por un lado positivo, lo acontecido el día anterior lo despejaba un poco de su aburrimiento de todos los días, aunque sí bien conocía mejores formas de entretener a la gente, pero el punto no era ese.
Adentrándose en la oscuridad de su hogar se fue flechado a su cuarto, estaba cansado y comenzaba a pensar que tenía cierta tendencia masoquista o sino no le encontraba sentido de verle algo bueno a que lo machacasen.
oOoOo
La noche avecinaba y no tenía intención de levantarse de allí. Agazapado en su tálamo, justo pegado a la pared. Queriendo dormir y no despertar, porque temía el porqué de que lo sacaran de su sueño.
Cerró los ojos como en ocasiones anteriores, no siendo éste más que un nuevo intento frustrado por quedarse dormido. Metió sus manos entre sus piernas, las cuales mantenía encogidas y pegadas a su vientre.
Decidido a olvidarse de todo lo que no le permitía conciliar el sueño en paz, repitió la misma acción que minutos antes. No quería pensar. Si entraba gritando, que entrase. Si le pegaba, que le pegase. Con suerte y a lo mejor no volvía en toda la noche, pero de eso ahora no quería preocuparse. Limitándose a dejar su mente en blanco, se rindió a la oscuridad que sus párpados cerrados le ofrecían y que pasase lo que tuviese que pasar…
Continuará…
Notas: Jojojo... ¿A que creían que ya no actualizaría? Bueno, yo era la que creía eso más que nada… A veces me dan bajones y se me quitan todas las ganas de escribir UU. Lo peor es cuando duran meses y meses; pues claro, así ya me ven, nuevamente, subiendo nuevo capítulo tras más de cinco meses de silencio…
Anyway, muchas gracias por sus reviews a:
Alexa Hiwatari
valentine1viko
Zhena HiK
NeKoT
Nyu Leonhart
Jane Star Kage
