CAPITULO 4
Hola de nuevo!! Perdón el retraso, pero he estado algo liadilla con exámenes y esas cosas. No os entretengo más y os dejo con el capi.
" Vaya, vaya, vaya, mi gran amigo y fiel compañero Marck… " Dijo la voz de Evangeline dentro de la cabeza de Marcus Flint. "Cuanto tiempo sin vernos, cualquiera diría que te has olvidado de mí,…" Sonrió con malicia antes de añadir " y todo lo que compartimos juntos"
" ¿Evangeline Wars?" Preguntó él con sarcasmo "¿No podías ser más irónica?"
" Ya me conoces" Contestó ella mientras se dejaba guiar por el celador hasta la banqueta y miraba alrededor "¿Dónde está la dulce y adorable Mandy?"
" Ni se te ocurra acercarte a ella" La amenazó Marcus mirándola con furia mientras escuchaba las carcajadas mentales de la chica "Te lo digo en serio"
" ¡Qué territorial y posesivo te has vuelto Marcus!" Se burló "Cualquiera diría que eres tú"
" Es que no lo soy" Contestó el Slytherin haciendo un esfuerzo por no gritarlo en voz alta. "Hace años que no lo soy"
" ¿Ah, no? " le increpó " ¿Y entonces cómo es que estamos manteniendo esta agradable y reveladora conversación?"
" ¿Cómo me has encontrado?"
"Buscando" respondió Lynne con indiferencia " Discúlpame un segundo Marcky, me tienen que poner que poner un gorrito horrible en la cabeza, ahora seguimos hablando. Slytherin, ¿no?"
"Vete al infierno" dijo Marcus.
"Por supuesto" dijo ella riendo mentalmente "Espero que me acompañes pronto".
El pequeño profesor Flitwitch, en función de subdirector y jefe de estudios, se acercó a colocar el Sombrero Seleccionador sobre la cabeza de Lynne. Ella se inclinó para hacerle la tarea posible al profesor, mientras se preguntaba qué pensaría el sombrero ante el reencuentro, al fin y al cabo, parte de ella estaba en él.
El viejo seleccionador la reconoció de inmediato.
- Tú - le dijo sorprendido a la chica - No es posible. No puedes estar viva.
- Sombrero, me subestimáis - le contestó ella fingiendo pena - La misma sangre de quien os creó corre por mis venas, figuradamente, ya me entendéis…
- Pero ¿cómo? … ¿Él también esta vivo? - preguntó el sombrero ilusionado, ignorando el calor que sentía que estaba a punto de achicharrarle.
- Ja, ja, ja. Por supuesto que no, ninguno de ellos. - contestó Evangeline advirtiendo las miradas de los profesores, ya que su conversación se estaba alargando más de la cuenta - Ahora, mándame a Slytherin.
- Pero…. - protestó el sombrero, quería, necesitaba entender.
- Ahora - ordeno ella sin admitir réplica. Escuchó el suspiro del sombrero antes de decir en voz alta:
- SLYTHERIN
La mesa de Salazar prorrumpió en aplausos para recibir a su nueva compañera. Esta se dirigió a su mesa y se las arregló para sentarse junto a Marcus Flint, pera disgusto del chico.
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En la mesa de Gryffindor, Harry intercambió una mirada con sus amigos. McGonagall había dicho que era inusual que entrasen alumnos que no fuesen de primero, y quería comentar el hecho de que ahora lo hiciesen con la persona que mejor conocía el colegio y sus normas, ya que se había leído La Historia de Hogwarts tantas veces que se lo sabía de memoria.
- Nunca lo han hecho - dijo Hermione entendiendo la pregunta muda de Harry - En toda su historia, además os habéis fijado en el comportamiento del sombrero, ni siquiera contigo tardó tanto Harry, y sé que no tiene cara o expresión o como queráis llamarlo, pero parecía sorprendido.
- Hermione, eso ya son imaginaciones tuyas - dijo Ron - Le resultará extraño seleccionar a alguien que ya posea conocimientos mágicos avanzados, habrá tardado más por eso.
- Sí, puede ser - admitió la chica.
- ¿Me ha dado la razón sin poner objeciones o me lo ha parecido a mi? - Preguntó Ron haciendo sonreír a sus amigos.
- Pero hay algo raro en ella, lo tenéis que haber notado. - insistió Hermione.
Harry desvió la mirada, pues no quería admitir que la nueva alumna le inspiraba algo de temor. Ron, que nunca había sido muy observador, puso una mano sobre la pierna de su novia.
- No le des más vueltas Hermione, este es nuestro último curso, vas a tener que estudiar mucho para los EXTASIS. Además, no me importaría que me dejases copiar tus deberes, ahora que somos novios, tendré que tener algún privilegio, ¿no?
- Ya veremos - dijo Hermione sonriendo; Ron no cambiaría nunca, aunque ella tampoco quería que lo hiciese. - Mira, ya llegan los de primero.
- Por fin, porque tengo un hambre…
Harry, Ginny y Hermione soltaron una carcajada. No, definitivamente Ron no cambiaría.
*****
Evangeline, contestó educadamente a las preguntas que le formularon sus compañeros de casa y dejó tranquilo a Marcus durante la cena, si él iniciaba la conversación, la naturaleza del chico ganaría posición dentro de él, que Lynne notaba que se moría de impaciencia por hacerle preguntas y no apartaba la vista de ella con la esperanza de que la chica empezase la conversación para poder hacérselas. Pero no le iba a dar el gusto, le haría sufrir un poco más, hasta el día siguiente, ahora tenía que actuar como una humana cualquiera en su primer día de clase. Todos y todas tenían curiosidad por saber cosas de ella, para poder criticarla después supuso, excepto un chico rubio que estaba cenando en silencio junto a otro chico moreno que aunque no habló con ella, de dirigía miradas de reojo. El chico rubio llamó su atención, pues no se interesó por ella en absoluto, lo que hirió su gigantesco ego. Eso no lo podía permitir.
- Soy Pansy Parkinson, la prefecta de séptimo - una chica morena y presuntuosa (como se aventuró a suponer) interrumpió sus pensamientos. - Soy la encargada de enseñarte el camino a la Sala Común y a tu dormitorio. Así que acompáñame ahora, antes de que salgan los de 1º.
Lynne se levantó y siguió a Pansy hasta las puertas del Gran Comedor sintiendo las miradas en su espalda. Anduvieron en silencio mientras atravesaban el vestíbulo y bajaban unas escaleras en forma de espiral.
- Nuestra Sala Común está situada en las mazmorras, bajo el lago - explicó la Prefecta - Por eso la luz es escasa y hace algo de frío.
- ¿Dónde están las otras salas comunes? - preguntó.
- Eso solo lo saben los miembros de las correspondientes casas - contestó - Pero más o menos conocemos la ubicación aproximada. A la Sala Común únicamente puede accederse con una contraseña que puede cambiar a lo largo del curso. Aquí está nuestra entrada - dijo al llegar a unas puertas decoradas con una serpiente que hacía las veces de cerrojo - Nuestra contraseña es … - Pansy se interrumpió cuando la serpiente permitió la puerta abrirse - Vaya, tendré que hablar de esto con el profesor Slughorn, nuestro jefe de casa. La puerta no puede permitirle la entrada a cualquiera, por seguridad ya sabes.
- Por supuesto - corroboró Lynne.
- Bien, Evangeline, ¿no?
- Llámame Lynne.
- De acuerdo, Lynne. Los dormitorios son de cuatro, dormirás con Daphne Greengrass, Tracy Davis, y conmigo, antes teníamos otra compañera pero Millicente no… bueno ella no ha venido este curso - explicó Pansy - Se supone que los chicos no pueden acceder a nuestras habitaciones, pero…, lo hacen.
- ¿Y no hay medidas de seguridad para esas cosas? - preguntó interesada, Godric Gryffindor las hizo instaurar cuando construyeron el colegio, pero tenía constancia que en la casa de Salazar Slytherin se desactivaron hace muchos, muchos años, y quería saber si se habían dado cuenta.
- En las otras casas sí, o eso dicen, y aquí también debería de haberlas, por lo menos así lo creen los profesores, y nosotros no hemos creído necesario molestarles por esa tontería - dijo sonriendo.
- Estoy totalmente de acuerdo - apostilló. - Y los chicos, ¿hay alguno interesante?
- Aquí están Zabinni, a algunas les gusta Nott aunque a mí personalmente me parece demasiado frío, Flint, que a primera vista puede no parecer especialmente guapo, pero tiene algo… no sé explicártelo, y por supuesto Draco, aunque no parece ni su sombra… .
- ¿Por qué? - preguntó Lynne. Eso era lo que hacían los humanos, ¿no? Eran cotillas por naturaleza.
- Mm…… - Pansy dudó entornando los ojos y frunciendo los labios - No sé, supongo que al final de la guerra no lo pasó demasiado bien, además Crabbe, un amigo, murió en sus narices sin que él pudiese hacer nada para evitarlo.
- ¿Guerra? ¿Qué guerra? - preguntó Evangeline. Se arrepintió de no haber echado un ojo a los informes la cuarta jerarquía, no estaba enterada de las guerras de magos.
- ¿No estás al tanto de la guerra? - La prefecta la miro sorprendida, Lynne negó con la cabeza - ¿No has oído hablar del Señor Tenebroso?
- Hay muchos que se hacen llamar señores tenebrosos, Pansy - La chica intentó quitarle importancia. - Dame otra pista.
- El-que-no-debe-ser-nombrado - Lynne recordó a un individuo que se sorprendía porque sus encargados le llamasen por su nombre. Riddle o Voldemort o algo así.
- ¿Voldemort? - preguntó.
- Shssss - Pansy la hizo callar y miró a todos lados aterrada - No pronuncies su nombre.
- ¿Por qué? - preguntó Lynne extrañada. - Está muerto.
- Eso se creía tras la primera guerra, y volvió. No se sabe si ahora puede pasar lo mismo.
- Créeme, no va a volver esta vez - aseguró.
- Me alegro de que estés tan segura - dijo Pansy zanjando la conversación - Ya han subido tu equipaje.
- Perfecto.
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- Ey Draco - el aludido, de camino a la Sala Común, se giro para encararse con Zabinni. Alzó las cejas dando a entender que le prestaba atención - ¿Has visto a la nueva? - Malfoy asintió - ¿Y qué te parece?
- Es rara - contestó.
- Pero está buena - dijo con vehemencia. Draco simplemente encogió los hombros - Tío, ¿qué te pasa?
- Nada.
- Venga tronco, que no soy estúpido, llevas todo el verano sin hablar con nadie, has comprado una biblioteca nueva al colegio sin decir nada a nadie, y encima no has dicho nada del culo de la nueva.
- No creo que tenga que darte explicaciones Blaise, y mucho menos consultar contigo, ni con nadie a decir verdad, lo que hago o dejo de hacer con mi dinero; además tengo mejores cosas que hacer que ir mirando los culos de las chicas como si fuésemos crios. Ahora, si has terminado de decir tonterías me quiero ir a dormir. Buenas noches.
Draco entro en silencio en su dormitorio, se quitó la túnica y la tiró descuidadamente sobre la cama, se sentó sobre ella y se agachó para desabrocharse los zapatos. Tras quitárselos, se incorporó para despojarse también los pantalones. Mientras se desabrochaba el cinturón, su mirada se desvió hacia la cama situada a su derecha, la única cama vacía de la habitación y que no sería ocupada durante aquel año. Un nudo se le instaló en la garganta y evitó cerrar los ojos ya que si lo hacía, vería de nuevo el cuerpo de Crabbe entre aquel infierno de llamas. Faltó poco para que él corriera el mismo destino, reprimió un escalofrío pero no el gesto de disgusto de su cara al pensar que le debía la vida a San Potter… . Aunque a su modo de ver, esa deuda quedó saldada gracias a su madre, ya que si ella no hubiese mentido arriesgando su propia vida al hacerlo, el Elegido no estaría cursando este curso… Que aburrida sería la vida del Niño-que-vivió ahora que no tenía motivos para hacerse el héroe… .
Dando la espalda a la cama vacía de su difunto amigo terminó de desnudarse, se puso un pantalón a modo de pijama y se metió en la cama antes de cerrar sus doseles para que el resto de sus compañeros no le despertasen.
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Aquella mañana Hermione Granger se despertó contenta, la verdad, no tenía motivos para no estarlo. El sol brillaba en el cielo azul, era su primer día de clases, estaba en su último curso de educación mágica y lo pasaría en total libertad con sus amigos y su novio Ron. Todavía le costaba unir la palabra "novio" y el nombre de Ron en la misma frase. Sonrió feliz, después de tantos años por fin había logrado que se fijase en ella como una chica; claro que para ello había sido necesaria una guerra y toda una batalla en Hogwarts. Sacudió la cabeza, ahora eso no importaba, todo el temor, la incertidumbre de saber si sobrevivirían otro día más, todo el desasosiego de la estúpida guerra había quedado atrás y lo único que importaba ya eran ellos dos y el brillante futuro que les aguardaba.
Se empezó a desnudar en la habitación hasta que quedó sólo con la ropa interior, y se dirigió al cuarto de baño para darse una ducha. Cuando el agua comenzó a empapar su cabello, un relámpago de excitación la asaltó al pensar en la nueva biblioteca, si se daba prisa podría ir a darle un vistazo antes del desayuno. Sí, eso sería genial, este era su ultimo año en el colegio por lo que tenía que aprovechar todo el tiempo posible ya que le había llevado tres años leerse la antigua… . Cuando se enteró de que su adorada biblioteca había quedado destrozada se llevó un disgusto terrible, aunque McGonagall le había asegurado que lo reformarían y que además se habían descubierto textos que estaban ocultos tras una falsa pared… Intentaría convencer a la directora para que le dejase echarles un vistazo.
Se apresuró a salir de la ducha y con un hechizo se secó el pelo, mientras se ponía el uniforme, pensó en arreglarse el cabello, al fin y al cabo era una chica que quería gustar a su novio… Con la camisa perfectamente abrochada y metida por dentro de la falda, y esta con la longitud apropiada, volvió ante el espejo y con otro hechizo se alisó la enmarañada melena. Sonrió satisfecha con el resultado y recogió su bolso con los libros antes de salir corriendo a la biblioteca.
¡Uou! Fue todo lo que pudo decir al entrar. Los estantes totalmente nuevos, de madera brillante, mesas limpias, sin rayados ni pintadas, el olor a libros nuevos… Ella, generalmente prefería los libros antiguos pero tampoco iba a despreciar a los otros. Echó un vistazo alrededor y vio la mesa vacía de la señora Pince, se acercó a ella para observar el cartel que había sobre ella. "Vuelvo en 20 minutos". Hermione se encogió de hombros, no le importaba; comenzó a andar a través de los pasillos de libros más entusiasmada a medida que iba avanzando y descubriendo nuevos documentos. Se detuvo a examinar una encuadernación de piel, acarició el lomo con el dedo índice antes de coger el libro. Un mundo más allá de la magia. Volvió a dejarlo en su sitio, seguramente trataría de muggles y ella ya lo sabía todo sobre ellos, no en vano sus padres lo eran y Hermione lo fue hasta los once años.
- No sé por qué no me sorprende encontrarte aquí Granger - la chica se sobresaltó antes de ponerse en guardia al escuchar esa voz que arrastraba las palabras - ¿Vas a desayunar o los muggles os alimentáis de libros?
- No creo que sean de tu incumbencia mis hábitos alimenticios, Malfoy - contestó la chica alzando la barbilla.
- Cierto, y no me importan lo más mínimo, sólo quería asegurarme que mis libros estuvieran a salvo.
- ¿Tus libros? - preguntó con sorna - No son tus libros Malfoy, son del colegio.
- Yo se los doné al colegio, deberías darme las gracias sangre sucia.
- Si no llega a ser por gente como tú, no tendrías que haber reemplazado la antigua biblioteca, así que no te des aires por restaurar lo que se destruyó por tu culpa.
- No tienes ni puta idea de lo que estas hablando Granger - Draco se acercó a Hermione y la agarró con fuerza del brazo mirándola con una furia y un dolor que la chica nunca había visto en los fríos ojos grises del chico, y no podía negar que aquello le asustaba - De hecho, no tienes ni idea de nada, estúpida sangre sucia.
- Señor Malfoy, no consentiré este tipo de comportamiento en mi biblioteca - la señora Pince interrumpió aquel intercambio de miradas - Haga el favor de salir de aquí si no quiere que llame a su jefe de casa.
Draco miró una última vez a Hermione con desprecio antes de soltarla y hacer una mueca de asco al darse cuenta de que la había estado tocando. Se dio la vuelta y salió de la sala caminando furioso, aunque realmente no sabía por qué. Llevaba en ese estado todo el verano y vio la oportunidad perfecta para descargar su ira con la Gryffindor pero no había contado con salir más furioso. Ni siquiera había podido meterse con su pelo.
- ¿Se encuentra bien, señorita Granger? - le preguntó la bibliotecaria con preocupación. Hermione, que seguía mirando el lugar por donde había desaparecido el Slytherin, asintió con la cabeza.
- Si, si, no se preocupe - dijo sacudiendo la cabeza antes de mirar a la mujer.
- El desayuno ya ha comenzado - informó.
- Ya voy, quiero echar un último vistazo - la señora Pince asintió antes de dar media vuelta y dirigirse a su mesa.
Hermione respiró hondo y decidió que ya seguiría su inspección esa tarde, quería disfrutar del desayuno con Ron. Se colocó bien las asas de su bolsa sobre el hombro y comenzó a andar de nuevo hacia la salida, pero antes de abandonar la fila de estanterías, un pequeño libro llamó su atención. A simple vista no tenía nada de especial, no debía de tener más de cien páginas, la encuadernación era de piel muy vieja y el pergamino sin duda era muy, muy antiguo. La chica podía asegurar que tenía más de 500 años. No tenía título por lo que abrió la cubierta y leyó la primera página.
Diario de Eve Gryffindor. 12 Agosto de 990
Vaya, era un diario de hace 1000 años, lo que no sabía era quién era Eve Gryffindor. Intentó hacer memoria de la Historia de Hogwarts, pero no conseguía recordar aquel nombre, de hecho estaba prácticamente segura de que nunca lo había escuchado. Miró alrededor comprobando que seguía sola, tenía la corazonada de que Pince no iba a acceder a que sacara ese libro de la biblioteca, en realidad tenía el presentimiento de que ni ella ni McGonagall tenían constancia de la existencia de aquel diario. Tras echar un último vistazo, se metió el libro en el bolso y salió a toda prisa de la biblioteca en dirección al Gran Comedor.
- ¿Dónde te habías metido? - le preguntó Ron al llega a la mesa de Gryffindor - Ya casi ha acabado la hora del desayuno.
- Estaba en la biblioteca - contestó ella sonrojándose antes de darle un sutil beso en los labios.
- Me debes cinco sickles, Harry - dijo el pelirrojo sonriendo. El aludido rió mientras Hermione les miraba confundida.
- ¿De qué estáis hablando? - preguntó - ¿Por qué te debe Harry cinco sickles?
- Por nada - contestó Ron - Estás muy guapa esta mañana, ¿qué te has hecho?
- ¿De veras que no se lo notas Ron? - preguntó Ginny exasperada, los chicos en general podían ser de lo más obtusos, pero su hermano en particular se llevaba el primer premio - Se ha alisado el pelo.
Harry se rió.
- Es cierto, te sienta bien, Hermione - dijo el moreno.
- ¿Por qué le debes dinero a Ron? - le preguntó la chica cambiando de tema y sonrojándose de nuevo.
- Hicieron una apuesta - contestó Ginny.
- ¿Qué apuesta?
- Ron apostó cinco knuts a que estabas en la biblioteca - dijo su amiga mientras le limpiaba la comisura de la boca a su novio - Y Harry subió la apuesta a cinco sickles a que te habías quedado dormida.
- De verdad, Harry, parece mentira que no la conozcas… - dijo Ron negando con la cabeza.
- A ver si maduráis de una vez - dijo Hermione.
- ¿Madurar? - preguntó Ron con cara de no saber de lo que estaba hablando, arrancando una sonrisa en su chica - La vida es más divertida sin eso.
- Divertida o no, es hora de ir a clase.
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- Marcky, ¿te sentarás conmigo en clase? - le preguntó Evangeline. - Es el primer día y no conozco a nadie más que a ti. Me siento intimidada entre tanto mago.
- ¿Intimidada? ¿Tú? - se burlo Marcus alzando una ceja - Esa excusa es pésima, pero ahórrate el inventarte otra, no me pienso sentar contigo.
- No seas tan duro conmigo - dijo Lynne agarrándose del brazo del chico mientras salían del Gran Comedor - Intento adaptarme, te prometo no molestarte con lo que tú sabes.
- No me trago tus promesas, y por supuesto que me vas a molestar, con eso o con cualquier otra cosa.
- Marcus - la chica detuvo al Slytherin e hizo que la mirase a los ojos - Dame una oportunidad, lo pasábamos bien juntos, ¿ya lo has olvidado?
El chico se quedó mirándola, parecía sincera, pero bien sabía él cómo se las gastaba la chica, no se podía confiar. Aunque tenía razón en aquello de que lo pasaban bien, pese a todo Evangeline era divertida, y tenían clase con Bins… podría aceptar, con condiciones por supuesto.
Mandy Brocklehurst salió del Gran Comedor acompañada por Michel Corner cuando vio a la nueva colgarse del brazo de su novio sin que este hiciese nada por soltarse, no es que no confiase en él, los dos habían renunciado a mucho y pasado por más como para no hacerlo. Sin embargo, era humana y como tal tenía todo el derecho del mundo al sentir celos cuando veía a su novio mirando a una chica como lo estaba haciendo en ese momento, más aun si la susodicha era atractiva, que lo era, aunque inspirara algo de temor, era guapa. Y Mandy no podía dejar de sospechar de ella, y por tanto de Marcus, al fin y al cabo cuando se conocieron el chico no era lo era ahora, pero la Ravenclaw tampoco. Tras suspirar, se despidió de su compañero y se dirigió a los dos Slytherin.
- Marcus - dijo. El aludido apartó la mirada de Lynne y miró a su novia sonriendo, aunque su sonrisa se congeló al ver la expresión alegre de su nueva compañera de casa.
- Cariño - contesto inclinándose a besar a la chica en la mejilla, aunque no podía disimular del todo su nerviosismo - Tengo que ir a clase, ¿nos vemos en el almuerzo?
- Pero Marcus - intervino Lynne - Si ahora tenemos clase con Ravenclaw - mirando a Mandy agregó: - Tu eres de Ravenclaw, ¿no? - la chica asintió algo turbada - Además, ¿dónde has dejado tus modales Flint? No nos has presentado.
- Por lo visto te sirves tu sola para hacerlo - musitó el chico, Lynne le sonrió burlona - Mandy, esta es Evangeline. Wars, esta es Mandy.
- Encantada Mandy - dijo Lynne alargando la mano, Mandy se la estrechó reprimiendo un escalofrío - ¿Es tu novia? - le preguntó a Marcus.
- Si - contestó él molesto, detalle que no le pasó por alto a la Ravenclaw. - ¿Nos vamos, Mandy?
- Déjalo - contestó ella enfadada - Iré con mis compañeros. Un placer Wars,
La joven se dio la vuelta alejándose de él, que la miraba extrañado, no solía comportarse así, y menos con él.
- Vaya, parece que la has cabreado. - observó Lynne divertida - La verdad es que tienes muy poco tacto con las mujeres Marcky.
- Cierra el pico.
Marcus se giró para dirigirse al aula de Historia de la Magia. Evangeline soltó una carcajada antes de seguirle.
- Marck, espérame.
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Bueno, ¿Qué os ha parecido? ¿Qué pensáis de Lynne?
Hasta la próxima y espero vuestras opiniones.
Xoxo. Eli
