CAPITULO 4
EL DEBER DEL JEFE
Dino se había imaginado la reacción que Reborn tendría en cuanto se enterara de la boda. Sabía que iba a armar un gran alboroto y que haría lo posible por detenerla. Sin embargo, su antiguo tutor se encontraba sentado a la gran mesa del comedor, rodeado de toda la familia de Tsuna, y completamente tranquilo.
Ese comportamiento le asustaba más que cualquier cosa, porque sus trampas y ataques podrían llegar del lugar menos esperado.
La cena transcurrió mucho más tranquila de lo que había imaginado, a pesar de las preguntas de mamá sobre su futura esposa. Y al terminar mandó llamar a un par de sirvientas para que les indicaran a los muchachos dónde dormirían.
Mientras la mayoría se dirigía a sus respectivas habitaciones para descansar después del largo viaje, Dino se encaminó hacia su oficina acompañado de Tsuna y Reborn.
Ninguno dijo nada hasta que Dino cerró la puerta con un suspiro.
-Dino-san... -comenzó Tsuna.
-Ya sé a lo que vienen, Tsuna -lo interrumpió Dino. Caminó hasta el escritorio y se sentó en la enorme silla, indicando a su hermanito que hiciera lo mismo-. Comprendo que estés molesto porque los Bersezio formarán parte de la alianza una vez que concluya la boda...
Tsuna miró sorprendido.
-Yo no...
-¿Por qué hiciste esa locura, Dino? ¿En qué estabas pensando? -habló Reborn con mucha seriedad.
-Escucha, Reborn...
Antes de que pudiera dar cualquier explicación, Tsuna se levantó de su asiento con brusquedad.
-No me importa si no es la familia adecuada -dijo con firmeza. Apretaba los puños y temblaba levemente-. No me importa que los Bersezio sean la peor familia de la historia... No estoy molesto porque hayas hecho esa alianza... Si es tu deseo casarte con ella, yo estoy de acuerdo... Porque... porque lo importante son tus sentimientos...
Dino miraba con sorpresa al menor mientras lo escuchaba hablar. En ese momento, todas las palabras que había preparado se perdieron. Sabía que Tsuna había reunido todo su valor para ir en contra de su tutor y no le apetecía decepcionarlo.
Reborn guardaba silencio desde su lugar, era imposible saber qué estaba pensando. Y Dino se debatía entre decir la verdad o dejar las cosas como estaban.
-Estoy esperando tu explicación, Dino -volvió a hablar Reborn.
-Reborn... -se quejó Tsuna.
-¿Por lo menos conoces a la chica? -preguntó el tutor sin inmutarse.
Dino estaba sin habla.
-Reborn... no es posible que Dino-san...
-Tsuna, aún te faltan muchas cosas por aprender.
-¿Qué? -Tsuna miró a Dino en busca de una explicación. Éste le regresó la mirada tratando de buscar la mejor manera de decírselo.
Había preparado una explicación del por qué había aceptado la alianza con los Bersezio y el discurso de cómo llevaría a cabo todos los negocios, pero no esperaba destruir la ingenuidad de Tsuna y empezar por la explicación de cómo funcionaban los matrimonios en la mafia.
Tsuna observaba ansioso.
Dino suspiró dos veces y se recargó en el escritorio antes de comenzar.
-Escucha, Tsuna... Lo primero que debes comprender sobre la mafia, son los tipos de alianza que forman las familias... Algunas de esas alianzas se sellan con un matrimonio.
Tsuna se sentó temblando.
-Entonces...
-Mi boda con Rachele Bersezio es sólo una alianza.
Tsuna agachó la cabeza con tristeza.
-Eso no tiene por qué pasarte a ti -habló Reborn-. Si aprendes a hacer las cosas correctamente, podrás casarte con la persona que tú quieras.
-Pero Dino-san...
-Eso es problema de Dino, no tuyo -dijo Reborn fríamente-. Tú sólo debes preocuparte por cómo afectará a Vongola esta alianza.
-Pero...
-Dino, sigues sin darme una explicación -Reborn volteó a ver al mencionado ignorando por completo a su estudiante.
Dino volvió a suspirar de resignación. Era hora de pronunciar todas las palabras que sí había preparado.
-Hace dos meses Massimo Bersezio organizó una fiesta de lujo a la que fui invitado –comenzó con su explicación. Era mejor decirlo todo para que Tsuna lo comprendiera y no cometiera los mismos errores en un futuro-. Rechazar una invitación como esa en la mafia, podría interpretarse como una ofensa, así que no tuve más opción que asistir, a pesar de mis responsabilidades de ese momento –aclaró para el menor-. Ahí, Massimo anunció el regreso de su hija, que había estado viviendo y estudiando en Francia… Cuando fui a despedirme él pidió hablar un momento conmigo… Comenzó con cosas simples, hablando de lo bonita y talentosa que era su hija, hasta que llegó a la parte de los negocios y sus fracasos…
-Y terminaste haciendo una alianza con él sin darte cuenta de que estaba hablando de matrimonio –concluyó Reborn. Dino asintió con la cabeza-. Sabía que ese sujeto te había engañado, pero no creí que con tanta facilidad.
-Él estaba llorando…
-¿Cómo es posible que le hayas creído?
- Habló de cómo su hija tendría que vivir en la ruina…
-Tienes un corazón muy débil… ¿Cómo vas a responder por Vongola?
-Al parecer, él sólo quiere asegurar el futuro de su hija.
-¿Eso qué significa?
-Me aseguré que el contrato estableciera que todo lo relacionado a Bersezio pasara a formar parte de los Cavallone. En otras palabras, ellos serán absorbidos por nosotros y…
Dino se interrumpió cuando Tsuna volvió a levantarse.
-Dino-san… si no quieres casarte…
Esta vez, Dino también se levantó con firmeza.
-He formado una alianza con la familia Bersezio… Si ahora la rompiera, Cavallone se vendría a la ruina. Eso afectaría a toda la alianza Vongola…
-No lo entiendo –negó Tsuna.
-Romper un contrato así en la mafia implica una compensación a la familia afectada si queremos evitar una guerra –explicó Reborn-. Dino podría perder su posición como jefe de los Cavallone, la alianza Vongola se desestabilizaría y muchas familias saldrían afectadas. Ese es el objetivo de Massimo Bersezio, quiere apoderarse de Vongola y ha apostado en un juego de todo o nada.
-No me importa qué pase con Vongola –alegó Tsuna-. Esto no es justo para Dino-san.
-Es suficiente, Tsuna –dijo Dino-. Entiendo que a ti no te interese Vongola, pero a mí me interesan los Cavallone. Voy a asumir las consecuencias de este error a pesar de lo que digas, así que es mejor que no intervengas.
Tsuna miró a Dino antes de salir cerrando la puerta con fuerza.
-Cometiste un error muy grave, Dino –comentó Reborn antes de seguir a su estudiante.
Dino se sentó derrotado y recargó la cabeza sobre el escritorio. Deseaba poder hacerle caso a Tsuna, cancelar el contrato y desaparecer. Pero si lo hacía, mucha gente saldría afectada, empezando por todos los hombres que lo seguían, a los cuales apreciaba y quería porque siempre estaban a su lado sin importar las consecuencias.
Reborn tenía razón, había cometido un error muy grave y ahora tenía que pagarlo con su vida entera.
Unas horas más tarde, se levantó y salió de la oficina para ir a su habitación. Pero al llegar, no le dieron ganas de abrir la puerta. Se dio la vuelta y fue hasta el jardín. Se sentó en las escaleras y observó a su alrededor.
Faltaban tres meses para la boda, la cual celebrarían en la mansión, así que todos los preparativos ya habían comenzado a moverse. El hermoso jardín estaba lleno de sillas esparcidas sin ningún orden, y una carpa cubriéndolo todo se levantaría el día de mañana.
Dino trató de imaginarse cómo sería ese día. Todo rodeado de flores blancas y moños dorados, tal como había pedido Rachele. Habría un coro en una esquina cantando canciones de amor. Los invitados tendrían diferentes expresiones: algunos estarían contentos, otros molestos y unos cuantos confundidos. Tsuna seguiría estando en desacuerdo y Reborn impasible. Rachele caminaría por el centro del pasillo del brazo de su padre vistiendo un largo vestido blanco y él la estaría esperando en el altar, donde se intercambiarían votos de amor y sellarían su promesa con un beso…
Después de la boda, ellos irían de luna de miel. Un viaje por el norte de Europa donde probablemente tendrían que entregarse el uno al otro.
Finalmente, después de un largo viaje, los dos regresarían a esa misma mansión, donde, a partir de entonces, lo compartirían todo por el resto de sus vidas.
Compartir su vida con una chica con la que había hablado en sólo tres ocasiones aterraba a Dino. Lo único que sabía de ella era su nombre.
Dino pensó en ese futuro conquistado por Byakuran. ¿En él se había casado? ¿Con quién? ¿Con Rachele? ¿Con alguna otra chica? ¿Por obligación? ¿Por amor?
Mientras la noche pasaba y el frío aumentaba, todos sus miedos se hacían más presentes. Ahora no sólo se preguntaba si sería capaz de compartir su vida con Rachele, se preguntaba si en algún momento él se enamoraría de ella.
Y entonces se dio cuenta de que Rachele podría estar preguntándose si algún día se enamoraría de él.
