Como habrán notado, en vez de ser cuatro capítulos serán cinco (porque el segundo se dividió). Ahora las respuestas :3

mila: no quise ser tan ilustrativa con la noche, pero igual hay algunas cositas con flashback. Espero que siga gustándote la historia… me reí bastante escribiendo algunas partes xD

Saldan: Ufff, espero y haya cumplido o superado tus expectativas… la verdad esta niña es muy traviesa (me recuerda a alguien que conozco… ¡oh! claro, a mi hermana [zaaaaaa!])

Bueno, disfruten de este penúltimo capítulo. Bleach es de tite-sama…


Capítulo 4: Tío Renji

Ichigo se despertó asustado, sentándose de golpe en su cama. Traspiraba luego de una curiosa pesadilla en que su hija bailaba tomada de las manos de los conejos de la tienda de mascotas mientras él era perseguido por Byakuya y Rukia, el primero sin motivo aparente y la última queriendo asesinarlo porque había leído su mente (la de Ichigo) y descubierto que las chicas de la tienda le habían coqueteado…

Sabiendo que era un sueño imposible (al menos la parte de que su hija bailara con conejos… del resto tenía sus dudas), se fregó los cabellos y volteó a ver en su cama. Al notar que Akemi no estaba, sintió lo que todo padre puede percibir en algunas ocasiones.

Un escalofrío recorrió su columna dorsal y se levantó como accionado por un resorte.

Malo… Akemi había hecho algo malo.

Trató de calmarse, después de todo era Akemi de quién estaba pensando, una niña sumamente tierna, alegre, inteligente, comprensiva… pero inevitablemente muy traviesa. Se dijo a sí mismo que no pensaría mal de sangre de su sangre, así que al salir de su cuarto se dirigió en primer lugar al cuarto de la niña.

Suspiró con tranquilidad al ver que estaba dormida bien tapada.

La sensación de su pecho sobre la travesura de su hija se apaciguó considerablemente. El joven padre se acercó a la niña con la intención de brindarle un beso, era algo irresistible de hacer al ver su hermosa carita durmiente. Sin embargo, al hacerlo descubrió que su mano apretaba fuertemente algo.

Se acercó más a ella y vio un marcador verde permanente…

¿Qué haría su pequeña con eso?, simple, una travesura muy, pero muy peligrosa.

Ichigo se asustó y salió rápidamente de la habitación para revisar el hogar.

Todo, absolutamente todo lo que estaba a la altura de Akemi había sido dibujado con diferentes colores de plumones permanentes, mostrando infinidades de conejos, algunos soles, bosquejos de figuras humanas en palitos que representaban su familia, flores, árboles… en fin, una gran "obra de arte" por todas las paredes y muebles de su casa… ¡ah!, y claro, el abecedario completo (al menos según cómo se lo sabía ella), junto con un sinfín de líneas continuas sin significado aparente.

-¡Rukia va a matarme! –exclamó demasiado asustado. Corrió al cuarto de baño por alcohol para al menos limpiar los muebles, sabía que la solución en las paredes era poner papel deco-mural o pintarlas… y aunque la última era más barata, era imposible de hacer si quería que Akemi no hiciera algo peor en lo que se secaba la pintura. Tendría que medir las paredes.

Abrió el closet del baño para retirar el líquido destinado a borrar las marcas de los muebles… pero al cerrarlo se vio en el espejo.

-¡Ahhhhhh!

Akemi dio un brinco en su cama, despertando. Sonrió, su papi había encontrado su regalo…

·

Ichigo hablaba por teléfono mientras no apartaba ojo de la niña. La veía con algunas ojeras, sin embargo, parecía que aún tenía mucha energía para hacer más travesuras.

-No te estoy preguntando tu opinión. –dijo por teléfono –solo te estoy cobrando un favor, así que más te vale estar ahí y punto. –cortó.

-Ven a desayunar papi… -la niña le sonrió dulcemente. Ichigo suspiró, ¿qué podía hacerle a su hija con tanta inocencia encima?

-Voy… -Ichigo se sentó en la silla frente a la niña.

-¿Verdad que te gustó mi sorpresa? –pestañó encantadoramente mientras mantenía su mirada inocente. Un silencio momentáneo inundó el comedor.

-Termina tu desayuno…

Ichigo tenía en su rostro un par de Chappys dibujados en sus mejillas con esos plumones permanentes en colores naranjas y violetas, sobre sus párpados ojos falsos, en su frente un sol y flores y para culminar barba falsa en su mentón.

Si, estaba muy agradecido de la sorpresa de su hija, tanto como puede estarlo un estudiante cuando lo reciben de vacaciones con exámenes o cuando el profesor da una tarea enorme para las mismas…

Lo peor era que había tratado de quitarse los dibujos con alcohol, pero aparte de irritarse los ojos y escocerle la piel, no había logrado grandes resultados. Ahora tendría que salir así a la calle a arreglar todavía el problema de las paredes. Vaya, esos eran buenos plumones que cumplían con lo de "permanente".

Ambos Kurosaki al acabar su desayuno se alistaron para salir, Akemi muy emocionada e Ichigo algo molesto y pensativo.

-¿A dónde iremos hoy?

-A Chappylandia –respondió con tono monótono mientras adelantaba un vehículo.

-¡¿En serio?

-Si –no quitaba su tono monótono –Renji está esperando allá.

-¿Renji? –preguntó dudosa, perdiendo el ánimo que había ganado -¿no irás conmigo, papi?

-No, tengo que arreglar el desastre que dejaste anoche. Tu mamá va a matarme si no lo hago.

-¿Por qué?, si a ella le gusta Chappy no veo que se enoje.

-Oh, créeme que lo hará.

Luego de aparcar el auto, Ichigo se dirigió junto con Akemi a donde un pelirrojo altísimo los esperaba. Al llegar junto a él, Renji no pudo evitar reírse de lo lindo de su amigo de ceño fruncido.

-¿Q-qué te pasó? –preguntó algo más calmado y entre risas ahogadas. Ichigo solo roló la mirada.

-Hola Renji –dijo con fastidio en lo que el pelirrojo recuperaba su compostura, luego jaló un poco la mano de Akemi para que hiciera lo propio. La niña miró con molestia a Renji uno segundos antes de bostezar y cubrirse la boca educadamente.

-Vaya, mira nada más quién parece tener sueño –sonrió el de rojos cabellos y se agachó a la altura de la niña –Hola pequeña.

-No soy pequeña –se fregó los ojos un momento para luego darle una mirada penetrante. –Buenos días cabeza de piña –al acabar su oración le enseñó la lengua.

-Oye… para ti soy "tío Renji" –Ichigo soltó el aire de sus pulmones en un sonoro suspiro y soltó a Akemi para agacharse frente a ella.

-Volveré lo más pronto que pueda, por favor pórtate bien y haz caso de lo que Renji te diga –Akemi se aferró a él en un abrazo e Ichigo le correspondió y acarició los cabellos.

-Te quiero papi, cuídate mucho.

-Yo también Akemi… -le besó la frente y apartó algunos mechones de cabello del rostro –sé amable con Renji –la niña iba a protestar, pero Ichigo se adelantó –y prometo comprarte "Chappy dulces sueños" –era la versión de Chappy de peluche que incluía diversas nanas para antes de dormir.

-¡De acuerdo! –los ojos de la niña brillaron de emoción. –Chao papi… -dijo finalmente cuando Ichigo se iba yendo ya.

El hombre de naranjas cabellos volteó medio cuerpo y se despidió con un saludo de mano del par discordante que quedaba a las puertas del parque de diversiones antes de desaparecer.

-Bien… ¿qué hacemos primero? –preguntó con amabilidad. Akemi terminó de bajar la mano y de sonreír cuando su padre ya no estaba a la vista.

-Pagar las entradas, obvio –puso los ojos en blanco mientras avanzaba hacia la boletería. Renji la miró unos segundos y luego negó con la cabeza.

-Definitivamente es hija de Rukia.

Ingresaron luego de pagar y antes de dirigirse a alguna atracción, Renji guió a la niña a una pequeña cafetería-restaurant.

-No sé tú, pero es muy temprano para ser una de mis mañanas de domingo, así que voy por un café.

-Oh, tienes razón cabeza de piña… yo también necesito algo fuerte. –Renji arqueó una ceja.

-¿Tus padres te dejan tomar café?

-Claro que no… además, voy a pedir algo más fuerte.

Y así, cuando pidieron sus brebajes para llevar…

-Para mí un cappuccino, para ella… -miró a la niña. Akemi se alzó en la silla y dirigió su mirada más seria a la dependienta.

-Un chocolate caliente, bien cargado y muy dulce.

-¿Eso es más fuerte según tú? –Renji arqueó una ceja cuando la chica que los atendía se marchó a realizar el pedido. Akemi roló los ojos y lo ignoró

·

Ya habían transcurrido unas horas desde que Ichigo había dejado a Akemi. Ahora se encontraba en una tienda de decoración del hogar. Había dado vueltas y vueltas dentro, perdido, mientras buscaba el papel tapiz para las paredes. Cuando ya no pudo seguir aguantando perder el tiempo, le preguntó a una de las chicas que acomodaban las nuevas mercancías en la sección de lámparas. La chica estaba entre reírse y asustarse del hombre que le hablaba, pero terminó por mantener el temple suficiente para indicarle el pasillo correcto para su compra.

Llegó a la caja luego de escoger el que consideró apropiado para su hogar, el hombre encargado de la sección le había entregado un papel con el costo asociado al material y mano de obra, esperó pacientemente su turno pese a que le fastidiaba unirse a la cola.

-¿Cómo desea pagar? –le preguntó la cajera. Ichigo dijo "efectivo" y cogió su billetera para pagar. Se toqueteó los bolsillos y la sacó confiado, luego la abrió para buscar su dinero… y encontró una nueva "sorpresa" de Akemi.

Todos sus billetes habían sido reemplazados por papeles de billetes ficticios del monopoli.

-Jum, jum… estos billetes están muy feos –decía Akemi cerca de las dos de la mañana mientras revisaba la billetera de su padre. –Ngh… -suspiró. -¡Ya sé!, me lo agradecerá por la mañana… -y dicho y hecho, la pequeña corrió con el botín a su habitación y procedió a cambiar los "feos papeles" por los de su juego favorito, cabe decir que los reemplazados acabaron en el basurero de su cuarto que casi nunca utilizaba.

-¿Señor? –apremió la joven. Ichigo asustado decidió decirle que mejor lo haría con tarjeta. Entonces encontró la segunda gracia en su billetera.

-Mmm… pero estos también están feos, ¡prefiero el violeta y naranjo a que el azul oscuro! –buscó en una pequeña tarjetera que ella tenía y procedió a sacar sus tarjetas vencidas de diversos locales de juegos de video y otros (*)

Las únicas cosas que quedaban en el lugar donde las había dejado originalmente en su billetera era su carné, que tenía dibujado orejas de Chappy, unas fotografías de Akemi y Rukia, algunos papeles de boletas y un papel grueso en que la caligrafía de Rukia se dejaba ver para anunciar los números de emergencia a los que debía consultar si algo pasaba.

Se revisó los bolsillos del pantalón por si tenía algún dinero, los de la chaqueta e incluso los de la camisa… nada.

Tuvo que salir de la fila y volver al auto mientras llamaba a Renji.

·

Vaya que había resultado el chocolate, habían pasado de juego en juego y Renji apenas podía seguirle el ritmo a Akemi.

Acababan de bajar de una mini extrem fall infantil, cuando la niña ya estaba pidiendo otro juego.

-¡Apúrate cabeza de piña! –el pelirrojo se sentía mareado, en menos de una hora ya habían subido a una montaña rusa para niños, las tazas locas, el mini extrem fall, el ridículo carrusel… y ya había perdido la cuenta de cuántas atracciones habían visitado. -¡vamos a pillar fila!

La niña jalaba del brazo a Renji para que le siguiera el ritmo, terminaron por entrar a la casa embrujada luego de muchos reclamos por parte de la niña para que la dejaran entrar. Ya medía pocos centímetros sobre el metro… ¿por qué no podría?

Renji recibió la llamada de Ichigo cuando estaban ya dentro del carro que les llevaría en el trayecto.

-Akemi, tu papá –le entregó el objeto a la niña. Luego de unos minutos de charla le devolvió el celular al pelirrojo habiéndole confesado donde ocultó las tarjetas. –Oye Ichigo –dijo cuando le devolvieron el objeto. –más te vale que vuelvas pronto… ¡¿Cómo que por lo menos otro par de horas?, ¿sabes lo hiperactiva que se vuelve tu hija cuando toma chocolate? –pasaron unos segundos -¡¿Por qué no me advertiste?... vale, vale –cortó.

Había estado tan distraído que cuando volteó a ver a la niña en la penumbra pegó un grito de susto al toparse de frente con un esqueleto falso.

-¡Jajajajaja, Renji idiota!

Así se la pasaron por poco más de una hora, cuando a Akemi le volvió a bajar el sueño y el mal humor.

-Quiero chocolate…

-Nada de chocolate para ti.

-¡Pero yo quiero chocolate! –le reclamó mientras ambos estaban sentados esperando una orden de churros.

-Ichigo dijo que el azúcar y el cacao no congenian juntos contigo.

-¡No tengo idea de qué estás diciendo!, ¡quiero chocolate! –dejó caer su cabeza sobre la mesa.

-Oye… si te portas bien, iremos a ese show de Chappy animados –había un cartel que anunciaba la presentación en unos momentos del show con artilugios mecánicos y robóticos para infantes. Akemi soltó un suspiro.

-¿No crees que estoy muy grandecita para esa cosa? –preguntó molesta. –Si papá no está, no tiene gracia andar siguiendo a un conejo deforme con canciones raras.

-¿No te gusta Chappy? –preguntó asombrado Renji.

-Es lindo y todo… pero es más divertido cuando papá pone esa cara rara y se niega a hacer todo lo que involucre conejos. –estaba frunciendo el ceño mientras miraba a la nada, sin prestarle mucha atención al chico.

-Vaya… y yo que pensaba regalarte un peluche del conejo ese.

-¡Los peluches me gustan! –dijo alegre. –lo que no me gusta es todo el resto de mercadería inútil que hacen del conejo… es muy lindo y todo, ¿pero para qué tanto? –comentó. La niña hablaba tan elocuentemente que Renji se asombró. –Ni siquiera mamá es tan fanática… me enseñó que era divertido hacerlo solo para molestar a papá –reveló el secreto de las mujeres de su familia… a parte de los conejos y los peluches de Chappy, todo el resto de mercadería o cosas relacionadas que hicieran eran únicamente para fastidiar a Ichigo.

-¿Entonces qué quieres hacer ahora?

-¡Tomar chocolate!, me voy a quedar dormidaaaa –dijo en un puchero. Renji ya sentía que estaba fuera de lugar con la niña.

Finalmente Akemi logró su cometido luego de que el pelirrojo se negara una última vez antes de que la niña se le subiera encima y se pusiera a jalarle el cabello mientras gritaba que quería chocolate.

-¡Cabeeeeeza de piñaaaa! –le gritó la niña cuando el adulto parecía no prestarle atención. A Renji se le habían ido los ojos viendo a un par de chicas caminando sonrientes, ambas le dedicaban una sonrisa coqueta. -¡Oye!, ¡ya me aburrí!

-Ya, ya, estate quieta… -tenía pensado acercarse a las mujeres, pero Akemi no le siguió y decidió seguir por su cuenta.

·

-Bien… -Ichigo había ya vuelto a su casa y limpiado la mayoría de los muebles. No había querido hacerlo mientras Akemi estuviera ahí para que no le molestara el olor a alcohol. Un par de hombres se encontraban preparando las paredes para tapizarlas y el dueño del hogar finalmente había logrado quitarse los restos de marcador de nueva cuenta con un poco más de alcohol.

-Así con los niños de hoy en día –comentó un trabajador mientras cubría una parte de la pared siendo ayudado por su compañero.

-Mi hijo dibujaba un montón de barcos por toda su pieza –dijo el otro –decidimos dejarlos hasta que se aburrió de ellos y ahora que ya está grande volvimos a pintar su habitación.

-¿Qué edad tiene su hija? –preguntó el primero acabando con un lado. Ichigo sonrió mientras terminaba de limpiar la puerta.

-Mañana cumple cuatro.

-¡Oh! –dijeron ambos sorprendidos -¿Y dónde está?, ¿con su madre? –Ichigo negó.

-Está con un amigo… su madre está haciendo unos trámites y llega hoy. –el par de trabajadores rió a todo pulmón

-¡Eso explica que nos haya llamado para poner deco-mural!

-Si supieran… mi esposa sería capaz de asesinarme –los hombres siguieron riendo mientras procedían con su trabajo.

Eran cerca de las cuatro cuando Ichigo acabó con todo y despidió a los hombres. Había comido previamente comida rápida cuando se devolvía de las compras y ahora planeaba ir por su hija. Tomó de nueva cuenta su celular y le marcó a su amigo.

-¡Hola Ichigo! –escuchó a Renji muy animado.

-¿Cómo están? –preguntó el chico.

-¡Pues muy bien!, unas pobres señoritas estaban algo perdidas, así que como buen caballero las he acompañado bastante bien. –Ichigo arqueó una ceja, dudoso.

-¿De qué estás hablando?

-Estoy hablando de una morenaza alta y una pelinegra de infarto…

-Oye idiota, pásame con Akemi.

-¿Akemi?

-Akemi, mi hija… -escuchó como de pronto algo golpearse.

-¡Mierda!... –sin más, Renji le cortó.

-¡Oye!, ¡Renji!... ¿aló?, ¡Renji! –trató de volver a marcarle, pero el celular del pelirrojo estaba apagado -¡Mierda!

·

Akemi vagaba tranquilamente por el parque de atracciones. Se topó con un montón de gente que le preguntaba si estaba perdida y ella les dedicaba su mejor sonrisa para decirles que no, si algo le habían enseñado era a nunca confiar en un extraño… aunque quisiera ayudarla, el mundo estaba muy malo hoy en día.

-¡Hola pequeña! –escuchó que le decía un tipo disfrazado de Chappy, la voz era masculina y graciosa, muy fingida para su gusto -¿quieres un globo? –le ofreció uno con el rostro de Chappy el conejo.

-¿Qué quieres a cambio? –le miró desconfiada. El tipo se rió y se lo volvió a ofrecer.

-¡Son gratis!, para una niña tan linda como tú son gratis. –Akemi frunció el ceño y le dirigió una mirada marca Ichigo Kurosaki.

-Pedófilo… -y salió corriendo del lugar, dejando al pobre empleado completamente descolocado.

·

-¡Rayos, rayos! –corría Renji por el lugar buscando a la niña. -¡Akemi! –gritaba de vez en cuando al toparse con alguna niña o al avanzar algunos metros. Ni siquiera podía recordar la ropa que llevaba la niña.

En determinado momento llegó al puesto de informaciones y avisos del lugar. Había una larga fila de personas buscando niños y otros recuperándolos.

-"Estos padres despreocupados de hoy en día… todos unos irresponsables… mira que perder un niño"se dijo mentalmente mientras aguardaba su turno.

-¿Cómo es el niño? –fue lo primero que le preguntaron al llegar al mostrador.

-Pues… -se rascó la cabeza –es niña… mide como esto –hizo un gesto con la mano para señalizar entre 90 a 100 cms. –el cabello es… negro creo y sus ojos son, ehh, este… grandes. –no recordaba el color. La mujer que atendía en informaciones le miró soltando un suspiro, ahora los padres ni siquiera recordaban los rostros de sus hijos…

-¿Ropa?

-No lo recuerdo

-¿Nombre?

-Akemi, se llama Akemi Kuorsaki. –la mujer dio el aviso y Renji esperó y esperó, pero la niña no aparecía. -¿Puedo dejarle mi número para que me avise?, yo la seguiré buscando. –la mujer asintió y lo cogió.

·

Ichigo volvió a marcar a Renji, algo más feliz de que le contestara ahora el celular.

-¡Pedazo de imbécil!, ¡¿por qué rayos colgaste antes?

-¡Ichigo! –gritó el pelirrojo por el celular, dejando casi sordo al hombre que conducía con manos libres en dirección al parque, muy pronto a llegar. -¡Akemi se escapó y ahora no sé donde está!, ¡la he buscado por todo el parque y no aparece!

-¡Serás idiota!, ¡te juro que si algo le pasa a mi hija te voy a destripar! –soltó furioso y cortó.

Bajó del vehículo una vez estacionó y se dirigió hacia la entrada del parque. A punto estuvo de exigir que le dejaran entrar para ir a buscar a su hija cuando de entre las personas que salían Akemi salió disparada hacia sus brazos.

-¡Papi! –lloriqueaba la niña. -¡Te tardaste mucho y te echaba de menos! –A Ichigo le volvió el alma al cuerpo y solo logró aferrarse a ella mientras la levantaba del piso.

-¡No sabes cuánto me preocupaste Akemi! –la mimaba como todo padre preocupado y agradecido de encontrar a su hija sana y salva.

Ambos Kurosaki se fueron entre risas de vuelta al hogar, comieron, vieron películas y finalmente se quedaron dormidos en el cuarto de Ichigo.

Mientras tanto, Renji seguía buscando por el parque de atracciones a la pequeña.

-Señor, ya debe irse… vamos a cerrar –dijo un hombre de bigote encargado del aseo. Renji abatido se puso a rondar el parque y terminó por dormir fuera, aguardando a que lo volvieran a abrir para buscar a la niña.

Pobre, pobre Renji…


(*) tipo las tarjetas que se compran en Happyland, Chee… chee algo y esos lugares para jugar.

Gracias a todos por comentar, sus reviews me hacen feliz :3… así que no sean apretados y denme más xD