Título: Besar.
Claim: Seiya/Serena.
Palabras: 1056 palabras.
Summary: Hay diferentes formas de besar, todas aunque algunas no lo parezcan.
Disclaimer: Si fuese Naoko Takenouchi el Seiya/Serena sería canon, obviamente Sailor Moon y todos sus personajes no son míos. Este fic no tiene ánimos de lucro, pero no está permitida su copia parcial o total para ponerla bajo otra autoría que no sea la mía; gracias.
Notas: Serie de drabbles sin conexión entre sí para el foro Retos Ilustrados. (link en mi profile)
Capítulo 4: Del adiós.
Las gotas de lluvia golpeaban silenciosamente el vidrio empañado que él palpaba. Sumergió nuevamente su oscura mirada en las difusas figuras que caminaban por la mojada cuadra.
Ignoraba olímpicamente el frío en su nariz por el contacto con la fría ventana, mas realmente no era nada en comparación a lo frío que estaba su corazón. No encontraba razón por la que aún estuviera latiendo, había perdido la capacidad de sentir luego de largas y exhaustivas horas de llanto silencioso, estando encerrado en su dormitorio.
Había llegado el peor día de su vida, luego de muchas vueltas, idas y venidas, intentos de impedirlo y horas de súplica, pidiéndole a Serena que lo reconsiderara; pero nada le había hecho cambiar de opinión. Ya no sabía qué le dolía más, el que Serena se casara con Darien y no con él, o no saber qué rayos tenía él que era capaz de retenerle a pesar de ella no amaba.
Es que ya no podía conformarse con creerle cada vez que le decía que lo amaba, si tanto lo hacía, ¿por qué no dejaba a su novio? Seiya le daría lo que ella pidiese, lo que fuera, no importaba qué fuera.
Entonces, escuchó un ruido casi inaudible del toque en su puerta. Sin esperar respuesta, el intruso entro a su dormitorio. Si fuera que era la misma Serena quien estaba de pie en el umbral de su cuarto, hubiera echado a patadas al cualquier otro.
Un leve atisbo de ilusión se mostró en su rostro; pero éste fue desterrado en el momento en que observó más detenidamente el rostro de la hermosa rubia que tenía en frente. Sus ojos estaban rojos e hinchados, muestra de que ella también había llorado tanto o más que él, y se sintió miserable. Jamás podría con el peso de ver a Serena llorar, era demasiado para su lastimado corazón que aún persistía en amarla. Pero no podía continuar de esa manera, él era simplemente un juguete para ella, sino desde hace tiempo habría dejado a Darien por él. Seiya se merecía algo mejor ¿no?
No podía creer lo que iba a hacer, por lo que no pudo sostenerle la mirada y se dio vuelta.
—¿Qué haces aquí?— se sorprendió por el tono cortante que había sido capaz de utilizar, jamás se habría imaginado que sería tan maleducado con una dama y mucho menos con ella. Serena tardó unos segundos en responder, segundos que habían formado una tensa atmósfera en el aire helado de la habitación.
—Seiya, yo… lo siento; pero… no puedo no hacerlo…— apenas pudo escuchar un par de balbuceos por parte de ella. Estaba cansado y harto de siempre lo mismo.
—¡¿Por qué no?! ¿Es porque él es un príncipe, mientras que yo un simple vasallo? ¿Él es mejor en la cama? ¿Es más lindo? ¿Con más dinero?— casi escupió lo que dijo. Suspiró cansado—. No quise decir eso. Es que aún no entiendo qué tiene él o qué te puede dar él que yo no.
Y lo volvió a ver con esa mirada que tanto odiaba: de confusión y duda. ¿Qué podía ser tan malo? ¿Por qué no se lo contaba?
—No te puedo hacerlo, por favor, compréndeme— aquella súplica derribó toda fortaleza en su interior. Pero lo peor es que lo intentaba, intentaba comprenderla; pero no era capaz, no encontraba razón por la que lo prefiriese a Darien antes que a él—. Confía en mí—. Cuando le decía eso se sentía la peor escoria sobre la faz de la tierra; pero ya había confiado en ella y al final seguían igual ¿Qué debía hacer?
—Bombón, es que no lo entiendo. Intento comprenderte; pero me es imposible cómo…— no pudo continuar hablando, no podía lastimarla aun cuando ella le hiciese aquello—. Lo siento, bombón— susurró —. Creo que ya deberías irte, dentro de unas horas te… casas—. Era difícil tan sólo hacer referencia, era dolor interminable e insoportable. Bajó la cabeza sin poder mirarla a los ojos en los últimos momentos juntos, cuando ella dijese "Sí, quiero", todo acabaría.
La escuchó dar unos pasos y pensó que se encaminaba a la salida, por lo que la abrió sin dirigirle la mirada y con un movimiento que no esperaba, le tomó el rostro, de modo que ya no la pudo evitar. Esos ojos azules que tanto amaba lo miraban con pena, no quería eso.
No le dijo nada, una simple mirada bastó para comprender lo que quería; pero él se quedó inmóvil. Ella acercó su rostro al suyo y con hasta casi inocencia y ternura besó lentamente el labio superior de su amante. Él la tomó por la cintura y concentró toda su mente y cuerpo en aquel último momento.
De manera casi brusca, Serena pasó de la inocencia a la fogosidad, parecía querer decirle algo a través de sus besos; pero que jamás mencionaría en voz alta. Seiya trataba de omitir eso y se masacraba la cabeza en no responder a su erección que gritaba por que la tirase al colchó y la hiciera suya.
Ambos daban todo de sí en aquel beso como si estuvieran a punto de morir y no pudiesen verse más, y la verdad era que su realidad no era demasiado lejana a ello. La vida ya no sería vida, ya que en verdad sus encuentros ya no serían posibles, ya no podría sentir esa emoción característica de cada noche de pasión. Su vida acababa en un par de horas y no podían detener el tiempo. El momento de la verdad estaba a punto de llegar.
Una llamada en el celular de Serena alertó a ambos, se habían dejado llevar fácilmente. Ella parecía no dispuesta a contestar; pero Seiya bien sabía que debía hacerlo aunque le doliese el alma.
—Tienes que irte, en unas te casas— repitió lo anteriormente dicho; mas esta vez sí la miró. Ella se mordía el labio inferior de manera inconscientemente seductora —cosa que no ayudaba a su fuerza de voluntad—, en ese momento con indecisión. Pero ahora, sin palabras él entendía, aunque le doliese. Serena por fin se decidió a salir y sin fuerzas la despidió.
No hubieron besos, no hubieron abrazos, ni promesas estúpidas que jamás se cumplirían, solamente podría consolarlos el recuerdo de todas las noches de amor juntos, para poder soportar el adiós.
