Hello~!
Cuando vi la fecha de la última actualización de esta historia, casi tuve un paro cardíaco (?) Así que pasé mi tarde de domingo escribiendo y, para ser sincera, me gustó mucho el resultado, espero que a ustedes también ^^ Como siempre muchisimas gracias por sus comentarios y visitas, espero que disfruten su lectura! ^^
I almost had a heart attack when I saw when was the last time I updated this story, so I spent my sunday writing and to tell you the truth, I really liked this chapter, so I hope you like it too ^^ As always thank you so much for your reviews&views, enjoy your reading! ^^
Disclaimer: Inazuma Eleven GO no me pertenece.
Ni bien desperté, corrí a ducharme y bajé a desayunar tomando por sorpresa a mi madre, quien no esperaba verme tan temprano en la mañana. Como temía atrasarme, comencé a comer una tostada mientras le explicaba la razón de haberme levantado más temprano que de costumbre. Escuchó atentamente cada palabra mientras terminaba de colocar la mesa, no dejó de sonreír en ningún momento. Poco después tomó asiento junto a mí, para cuando lo hizo ya había devorado tres tostadas, pero aun así la acompañé a desayunar.
—Realmente estas entusiasmado por este proyecto, es una pena que los padres no podamos ir a ver la presentación.
—Es un tema que me gusta mucho, además el compañero que me tocó es muy divertido, aunque al principio no creí que fuéramos capaces de completar el proyecto.
—¿Por qué no?
—Nunca antes habíamos hablado, además es bastante reservado, no sabía mucho de él, por eso tuve algunas dudas
—Eso nos sucede a todos, lo bueno de trabajar con personas a las que no conoces es ir descubriendo, poco a poco, aspectos sobre ellos. —Sonrió dulcemente—. Mira el lado bueno, ahora tienes un nuevo amigo.
—¿Amigo? No somos amigos, solo compañeros.
—Pensé que se habían hecho amigos después de trabajar juntos.
—No sé si quiera ser mi amigo.
—¿Y tú? ¿Quieres ser su amigo?
No esperaba que me hiciera tal pregunta, así que cuando lo hizo me quedé sin palabras. Mamá, al notar cuan sorprendido estaba, dejó escapar una risa y cambió el tema de conversación, seguramente para ayudarme a dispersar esa incógnita que acababa de plantearme. Después de haber comenzado el día hablándole de mi proyecto, estaba seguro que lo que menos quería era causarme una distracción, ya que sabía cuan comprometido estaba en dar la mejor presentación de la clase. Mientras desayunábamos, mamá se aseguró de llenar mi plato cada vez que lo limpiaba, con la excusa de que no quería que me faltara energía cuando fuera nuestro turno de pasar al frente del salón. Una vez lleno, dejé mi lugar y recogí mis platos, caminé hacia la cocina, lavé la vajilla y regresé a la mesa para darle un beso de despedida antes de irme.
Repasé mentalmente mis diálogos de camino a clase, no por miedo a olvidarlos, al contrario, estaba seguro que podía decirlos al revés si me lo pidieran. Lo hice porque no podía contener mi ansiedad. Si pudiéramos elegir, me gustaría que nuestro dúo fuera el primero en presentarse, pero como nuestra profesora no nos había dicho nada sobre el orden, solo me restaba dejarlo a la suerte. Al pasar por el portón comencé a sentir como se me revolvía el estómago, ya faltaba menos. Comencé a caminar más rápido, no podía esperar a llegar a clase. Al escuchar que alguien me llamaba, me di vuelta y vi a Shindou corriendo hacia mí, así que me detuve para esperarlo. Cuando finalmente me alcanzó se tomó un tiempo para tomar aire, después retomó su postura y retomamos nuestro camino.
—¿Ansioso?
—Demasiado, casi no pude dormir, ¿y tú?
—No tanto como tú, pero ya quiero que sea nuestro turno.
Al llegar al salón nos dirigimos a nuestros lugares. Los chicos no demoraron en llegar y, luego de dejar sus mochilas, se acercaron a nosotros. Hamano estaba extremadamente emocionado al respecto de su presentación, todo lo opuesto a Kurama, quien se veía más estresado que nunca, estaba seguro que si tuviera que soportar al capitán de basquetbol un día más, explotaría. Hayami se mantenía sereno, no nos había dicho de qué se trataba su proyecto, pero no dudé que su presentación sería una de las mejores. Me sobresalté al oír la campana, tanto que casi me caigo de la silla. Los chicos no dejaron pasar la oportunidad de reírse y bromear diciendo que no había razón para sentirme nervioso, luego cada uno regresó a su lugar. Nuestra profesora entró poco después, esperó a que hiciéramos una reverencia y nos informó que iríamos a la sala de proyecciones, así que recogimos nuestras cosas y la seguimos por el pasillo.
Una vez en el salón, tomamos asiento y esperamos a que nos dijera cuál sería el orden de las presentaciones. Dejó su maleta sobre la mesa y sacó una carpeta, la abrió y cambió un par de páginas hasta detenerse, acomodó sus lentes mientras analizaba la hoja y luego levantó la mirada hacia nosotros.
—El orden de las parejas ha sido elegido mediante un sorteo, pensaba hacerlo delante de ustedes, pero debido a la gran cantidad de pruebas que tuve que corregir, lo hice en el único momento libre que tuve. —Miró nuevamente su carpeta antes de volver a mirarnos–. Muy bien, comencemos, el primer dúo es el de Kurama y Takahashi.
Me sentí decepcionado al no ser el primero, pero al menos la tortura de Kurama terminaría antes. Realizaron una buena presentación, pese al clima tenso que había entre ellos. La segunda pareja pasó al frente poco después y así consecutivamente. A cada dúo que se presentaba mi ansiedad aumentaba. Cada vez que la profesora miraba su hoja para anunciar a los siguientes, mi estómago daba vueltas ante la posibilidad de que dijera nuestros nombres, pero cada vez que alguien más pasaba al frente, me hacía pensar que seríamos los últimos, hasta que finalmente escuché lo que más deseaba oír en toda la mañana.
—Kirino y Shindou, su turno.
Me levanté tan rápido que golpeé mi pierna contra la mesa, no pude contener un gemido de dolor, el cual hizo reír a mis compañeros. Shindou intentó contener su risa mientras se levantaba, pero aun así pude oírla. Caminé nervioso, no por la presentación, sino porque sabía que estaba sonrojado y no quería que me vieran así, pero sería inevitable. Shindou se acercó a la mesa para conectar su pendrive en el notebook, buscó entre sus archivos nuestra presentación y la seleccionó, haciendo doble click sobre ella, en cuestión de segundos una imagen del cielo repleto de estrellas cubrió la gran pantalla del salón.
—Como podrán ver, elegimos las estrellas como tema, pero no hablaremos de las constelaciones que todos han oído hablar, sino que de aquellas menos conocidas, pero que no dejan de ser interesantes.
Su voz se apoderó del salón y la mirada de nuestros compañeros. La manera en como explicaba cada parte de nuestro trabajo me recordó a cuando utilizó sus apuntes para mostrarme toda la información que había separado de los libros que habíamos elegido. En ningún momento utilizó palabras difíciles de comprender y cuando notaba que alguien no había podido escuchar bien lo que había dicho, lo volvía a repetir, utilizando un tono más alto, pero siempre sereno y seguro. Temía que tartamudeara o se equivocara, ya que en el poco tiempo que pasamos juntos descubrí que era bastante tímido, pero la seguridad en su postura y voz despejaron mi temor.
No logré escuchar ningún susurro durante su presentación, no estaba seguro si mis compañeros se habían interesado por nuestro tema o si la sorpresa de ver cuán bien Shindou lograba desenvolverse delante del público los había dejado atrapados, pero esperaba que su silencio se debiera a ambos. Su presentación, pese a que ya la hubiera oído varias veces, logró atraparme a tal punto que casi olvido dar inicio a mi parte. Al finalizar, tocó levemente una tecla y la imagen del cielo nocturno con sus ochenta y ocho constelaciones cubrió la pantalla, acompañada de varios gemidos de sorpresa de nuestros compañeros.
—En el año de mil novecientos treinta, la Unión Astronómica Internacional reconoció la existencia de ochenta y ocho constelaciones, las cuales pueden apreciar en esta carta. —Giré en dirección a la pantalla para poder interactuar con la imagen mientras hacía mi explicación—. Sin embargo no todas ellas son estudiadas a fondo en nuestro actual currículum. —Shindou cambió la imagen.
—¿Alguien sabe decirme el nombre de esta constelación? —Esperé a que todos analizaran la imagen del hombre de espaldas, vestido con una túnica griega. Al no recibir respuestas, proseguí—. Este es Cefeo, rey de Etiopía, esposo de Casiopea y padre de Andrómeda. A diferencia de su esposa e hija, él no es tan conocido.
Luego de mi pequeña introducción, las palabras comenzaron a fluir. Shindou se ocupaba de cambiar las imágenes ya que era quien estaba cerca del computador, además yo estaba tan compenetrado que si me tocara hacerlo, estaba seguro que lo olvidaría. Me sentía extremamente feliz por estar hablando de algo que me gustaba tanto y ver como mis compañeros no me quitaban la mirada de encima mientras escuchaban atentamente, hizo con que me sintiera más cómodo. Hablé sobre diversas constelaciones, me sorprendió que la mayoría no supiera que Orión tenía dos canes de caza, el "Can Mayor" y el "Can Menor". Algunas constelaciones les parecieron desnecesarias, como por ejemplo "La vela", "El reloj", "El tucán" y "El pez volador". Expliqué también el origen de las constelaciones, las cuales se deben a varios astrólogos como Lacaille, Bayer, Plancius, Hevelius y, al que se le atribuye la mayoría, Ptolomeo.
A medida que comencé a acercarme al final de mi presentación, comencé a sentir un poco de tristeza, realmente no quería que terminara, pero no pude evitarlo. Sin embargo, los aplausos de mis compañeros apenas finalizamos nuestra presentación hicieron que volviera a mí la alegría que había sentido antes y durante la presentación. Nuestra profesora nos aplaudió con una gran sonrisa y luego nos hizo una señal, indicando que podíamos regresar a nuestros lugares. Ni bien tomamos asiento, quise voltearme para hablar con Shindou, pero por respeto al siguiente dúo, simplemente intercambiamos miradas y sonreímos satisfechos.
Luego de que el último dúo se presentara, nuestra profesora abrió las cortinas, dejando entrar luz a la sala, caminó unos pasos hacia el frente y recorrió el salón con la mirada.
—Quiero felicitar a todos, me enorgullece ver cuánto han crecido y lo capaces que son de realizar trabajos de semejante excelencia. Demás está decir que todos aprobaron, no les diré sus calificaciones, ya que el propósito de este trabajo era algo más personal que una simple calificación, sin embargo será tomado en cuenta para su calificación final. —La seriedad en su rostro dejó lugar a una hermosa sonrisa.
—Me alegra y al mismo tiempo entristece informarle que con este trabajo, concluimos el año escolar. Son libres de asistir o no a clase los últimos dos días de la semana que viene, pueden retirarse.
Nos levantamos e hicimos una reverencia, luego poco a poco todos comenzaron a dejar el salón. Me giré en dirección a Shindou y chocamos los cinco.
—¡Fue la mejor presentación de todas! —No podía contener mi euforia. Shindou rio.
—Estoy de acuerdo, todas fueron buenas, pero la nuestra fue la que más me gustó.
—¡Estuviste excelente! No podían dejar de mirarte, los tenías hipnotizados, incluso a mí. —Sonrió apenado. Intenté decir algo más, pero sentí como algo pesado chocaba contra mi espalda, haciéndome perder el equilibro y caer al suelo sobre Shindou. Supe de quien se trataba mucho antes de oír su voz.
—¡Finalmente somos libres! —Hice un esfuerzo para enderezarme un poco, pero no pude quitármelo de encima.
—Hamano no me molesta que me sorprendas así, pero antes de saltarme encima, fíjate si no hay alguien cerca que pueda salir herido.
—¿Hm? —Abrió los ojos y dirigió su mirada debajo de mí—. Oh Shindou, no sabía que estabas ahí. —Rio—. Ah sí, felicitaciones por la presentación. —Enojado y presintiendo que si no hacía algo se quedaría encima de mí el resto del día, lo empujé hacia un lado, librándome de su peso, luego miré a Shindou.
—¿Estás bien? ¿Te golpeaste? —Me levanté y le extendí la mano para ayudarlo a ponerse de pie.
—Estoy bien, no te preocupes.
—Ya lo he dicho un millón de veces, pero si sigues así, un día matarás a alguien —Hayami le reprochó mientras lo jalaba de la oreja.
—¡Lo siento, fue sin querer! — Hayami lo jaló un poco más, asegurándose que aprendiera la lección y luego lo soltó. Hamano se frotó la oreja para aliviar el dolor. En cuestión de segundos había vuelto a ser el chico alegre y sonriente de siempre—. ¿Qué les parece si vamos a festejar el final de las clases?
—Aún faltan cuatro días para la ceremonia. —Kurama, que había estado callado todo este tiempo, se acercó a Shindou para ayudarlo a acomodar su camisa.
—Lo sé, pero las clases terminaron con la presentación de hoy, no estamos obligados a venir el lunes y el martes, y aunque lo hagamos, no vamos a estudiar, es por eso que digo que tenemos que ir a festejar.
—Estoy de acuerdo, vayamos a comer algo y después podemos ir por helado, ¿qué les parece?
Todos estuvieron de acuerdo así que recogimos nuestras mochilas y dejamos el salón. De camino al portón cada uno dio su opinión sobre donde deberíamos a ir a comer, nos costó ponernos de acuerdo ya que teníamos cinco opciones diferentes, pero al final todos estuvimos de acuerdo en ir a comer hamburguesas. Pasamos el resto de la tarde contando historias de cuando éramos pequeños, la mayoría relacionadas a Hamano, ser tan inquieto le había dado muchas anécdotas. Como Shindou era nuevo en nuestro grupo, le contamos con detalles como nos habíamos conocido Hayami, Hamano, Kurama y yo. Lo noté mucho más relajado que la primera vez que almorzamos juntos, incluso se animó a compartir un par de anécdotas graciosas sobre su infancia, lo cual me dejó extremadamente feliz.
Para cuando nos dimos cuenta ya se había hecho de noche y era hora de ir a casa. Shindou recibió una llama de sus padres, los cuales le dijeron que mandarían al chofer a recogerlo. Los chicos quisieron quedarse a acompañarnos hasta que lo fueran a buscar, pero los convencí de que volvieran a casa ya que vivían un poco lejos y no quería que llegaran muy tarde. Una vez solos, esperamos en silencio la llegada de su chofer. Levanté la mirada al cielo, las estrellas me hicieron recordar nuestra presentación y salida en grupo, una sonrisa se dibujó en mi rostro, pero al mismo tiempo sentí un poco de tristeza, lo habíamos pasado tan bien que no quería que el día terminara.
—Después de haberlas estudiando, siento que las veo de una forma diferente. —Su voz llamó mi atención, al girar hacia él vi que tenía la mirada perdida en el cielo, igual a mí. No supe que responder, simplemente seguí su mirada. Nos quedamos así por un tiempo, hasta que volvió a llamar mi atención.
—Me gustó trabajar contigo y aunque fue por un corto tiempo, me divertí mucho, principalmente hoy. —Me sentí confundido al ver su sonrisa, parecía triste—. Quisiera haberte conocido antes. —Mi corazón dio un salto. Escuché a lo lejos el sonido de un auto y antes de que pudiera decir algo, Shindou miró en dirección a la calle y luego hacia mí—. Gracias por todo, nos vemos en la ceremonia de graduación.
No pude decir nada, mucho menos despedirme, lo seguí con la mirada hasta que entró al auto y los vidrios oscuros ocultaron su rostro, segundos después el auto comenzó a alejarse. Lo seguí hasta perderlo de vista y aunque supiera que debía hacer lo mismo e irme, no pude moverme, sus palabras habían hecho con que me sintiera aún más triste. Recordé las palabras de mamá.
—«¿Y tú? ¿Quieres ser su amigo?».
—Eso ya no importa, es demasiado tarde.
