El Potterverso pertenece a J.K. Rowling, hago esto sin fines de lucro.


Rompecorazones

IV


―¿Lily, me estás escuchando? ―No realmente, pensó Lily mientras se rascaba la comisura de los ojos. Llevaban rato picándole, al igual que su nariz empezaba a congestionarse, sin mencionar el nudo en la garganta. Un virus seguramente. Un glorioso virus que la distraía de escuchar la "interesante" charla que Sarah buscaba tener con ella desde que salieron de la clase de Pociones.

Ugh, pociones. De inmediato, cuando los ojos volvieron a escocerle como si se los hubiera lavado con cebollas, no dudo ni un segundo en intentar sacarse la molestia con los nudillos. No sería mala idea ir a la enfermería con Madame Pomfrey, quizás ella, o su ruso asistente, tuvieran una solución más allá de intentar sacarse los ojos con los dedos. Una solución menos drástica.

―Eh…si, disculpa, Sarah, ¿qué me decías? ―¡Ah! Casi juraba que se pondría a llorar, pero… ¡Imposible! Lily Luna Potter no lloraba, Lily Luna Potter sólo estaba sufriendo una molesta alergia.

―¡Merlín, Lily! ―A Lily le pareció que el manotazo de Sarah era innecesario, pero para sus compañeros que las rodeaban fue un alivio. En plena cena, lo menos que querían presenciar era sus párpados levantados―. ¡Te vas a quedar ciega!

―No exageres…―bufó, dejándose de hurgar los ojos.

―¿Jujede balbo? ―preguntó Hugo con la boca llena, secundado por un Lorcan que luchaba por tragarse de un tirón una patata horneada, ambos a cada lado de una asqueada Sarah―. ¿Te sientes bien, Lily? ―dijo, para alegría de Sarah, tragando lo que fuera que ocupaba su boca―. Tienes los ojos un poco…rojos ―Pues, ¿quién sabe? Ella se sentía bien, sólo que algo muy raro le pasaba a sus ojos, eso no era grave, ¿o sí?―. Lily… ―Oh, aún cuando sus ojos ardieran como dos fogatas, Lily pudo ver "esa mirada" en Hugo.

―¡Estoy bien!

―¿Segura? ¿No quieres ir a la enfermería? ―preguntó Lorcan mientras deliberaba si coger más estofado o más pastel de pollo.

―Espero que no sea contagioso ―Oh, amaba lo buena amiga que era Sarah a veces.

―De verdad, chicos, estoy bien, sólo debe ser alergia. Una basura en el ojo o algo que pesqué en las mazmorras.

―¡Uhg, mazmorras! ¿Soy yo ó Brookwood estuvo hoy especialmente jodido? ―Un cambio de tema que de cierto modo le trajo paz a Lily. "De cierto modo". Hablar de la horrible clase de Pociones y tirano maestro, no era precisamente el mejor tema de conversación para Lily. Pero agradecía el intento de Lorcan por librarla del repentino escrutinio de todos. Ahora podía manosearse los ojos con tranquilidad.

―Siempre es así, Lor ―dijo Hugo engullendo vorazmente, para disgusto de Sarah y varias de las chicas presentes, el pastel de pollo.

―No es cierto, ustedes son los idiotas que aplazan las actividades del Profesor Brookwood ―Hugo fue el primero en ignorar, por el bien de la humanidad, las palabras sin fundamentos de Sarah; la menos apta para mencionar el tema desde que su desempeño académico daba mucho que desear. Por mucho que comiera como un salvaje caquéxico y tuviera los modales en las plantas de los pies, Hugo Weasley se esforzaba como nadie en ser el mejor de la clase. Ser igual de perfecto que su madre cuando era estudiante. Y le resultaba como un dolor en los huevos que la tonta amiga de Lily saliera con esa clase de comentarios. Ser perfecto era difícil. Punto. Y en esa clase precisamente, Hugo las estaba viendo negras desde que la impartía un viejete de muy mala leche. Sin mencionar la cantidad de materias que Hugo veía, más de las que un ser humano pudiera llevar sin morir en el intento.

―Bah, me da igual. No necesito pociones de todos modos. Me da igual si le saco al imbécil de Brookwood una T en su TIMO ―saltó Lorcan, logrando que Lily sonriera. Le agradaba Lorcan. No era ni cercanamente parecido a su hermano mayor Lysander, quien vivía comúnmente en otra dimensión paralela y desconocida. Lorcan Scamander era más "realista", y por "realista", se quiere decir: apático―. Creo que trabajaré con mi abuelo Xeno en el Quisquilloso, y si no funciona, quizás me una al equipo de búsqueda de mis padres y sea el primero es sacarle una fotografía a un Snorlack de Cuerno Arrugado ―dijo levantando las cejas con cierta coquetería desvergonzada que unas chicas de sexto ignoraron―. Zorras, ustedes se lo pierden…

―No me extraña de ti, Scamander ―rezongó Sarah volteando los ojos―. Lo más seguro es que acabes viviendo en el desván de tu abuelo porque eres un idiota sin cerebro que de seguro va aplazar todos sus TIMOS.

―¿Y tú estarás ahí para hacerme compañía, Eltz? ―Sus cejas levantadas y coquetas esta vez se dirigieron a Sarah―. Sabes que los sin-cerebros somos un raro genotipo de la especie, y nuestro deber es darle trascendencia a la raza ―La provocación no pasó sin que fuera debidamente respondida por una colorada Sarah, pero Lily ni se inmutó por la típica dinámica de coge-y-dame de ellos. Hugo tampoco hizo mucho por aportar un comentario inteligente que hiciera alarde de las pocas luces de la chica, sólo siguió a lo suyo: a devorar como si no hubiera un mañana la tarta de melaza que apareció frente a él pensando en quizás arrastrar, luego de la cena, al vago de Lorcan en busca de un poco de estudio en la Sala Común.

Pero antes, devolvió a su cauce el tópico que inició Lorcan, pero que fue interrumpido por su "brillante discusión" con Sarah.

―¿Qué hay de ti, Lil? En el tablón de noticias se encuentra ya el aviso de la entrevista de Orientación Vocacional con Neville, ¿alguna idea de qué quieres hacer cuando salgas de aquí?

Dándole tregua a sus ojos, Lily notó que no tenía ni idea. A sus quince años no tenía del todo claro un "definido futuro laboral o algo parecido" como Hugo. Lo envidiaba por eso, él ya llevaba planeado con muchísima anterioridad su esquema de vida dónde sólo había dos renglones: comer como un infeliz y ser Ministro de Magia, o afines. Ella en cambio…no tenía nada. Eso te pasa por ser tan tonta y vaga, Lily Potter. Vale, demándela por querer disfrutar un poco de sus quince años. Ella no era Hugo, quien veía más materias de las que un mago podría ver sólo por el simple hecho de mantener su intachable reputación. Ni tampoco Lorcan con su actitud de me-pasa-por-los-cojones-el-futuro-caray, mucho menos Sarah por su afán de dejar que los demás le hagan los trabajos. No, Lily no era como ellos. Lily era diferente, y por ser diferente, no tenía del todo claro que hacer con su vida cuando saliera definitivo de Hogwarts.

Y odiaba un poquito que así fuera. Por ello, sus dedos volvieron a afanarse en sacarse esa "basurilla" en los ojos.

Sólo era buena en transfiguración. ¿En qué clase de profesión se puede vivir con sólo ser EXCELENTE en transfiguración?

…Los ojos le escocieron con mucha violencia. Enfermería, debía de ir a la enfermería.

Sin mencionar que su habilidad en Pociones apestaba frustrantemente. No como sus hermanos que eran perfectos en esa materia. O como Hugo, quien al menos se esforzaba por ser perfecto. O siquiera como Lorcan, que le resbalaba ser tan malo como era. Incluso como Sarah, que aprobaba porque engatusaba a sus compañeros. No, Lily no era así.

…Maldita sea, sus ojos.

Y no había nadie que pudiera ayudarla.

Vale, una gran mentira. El otro día Lysander se había ofrecido a ayudarla a estudiar, pero Lily se vio a obligada a declinar su amable oferta cuando lo vio hacer malabares con sus libros en medio de la biblioteca. Nuevo hábitat natural de los pobres de séptimo año que veían más y más cerca la llegada de los temibles Extasis. Rose y Eva quisieron ayudarla también, pero Lily tuvo que decir que no de nuevo. Suspiró, luego de una larga y profunda bocanada de aire que le devolvió a la mente ciertos acontecimientos recientes…

―¡Hugo, haz el favor de masticar con la boca cerrada! ―El hilo de pensamiento que se tejía en su mente se cortó abruptamente con la inesperada llegada de Rose. Su voz mandona, único rasgo materno heredado, logró por un momento hacer obedecer a un pasmado Hugo, pero ya consciente de que había sido Rose y no su madre quien le gritó, cogió más papas asadas.

―No eres mi madre, Rose ―La interacción hostil entre ambos hermanos entretenía siempre a Lily. No esta vez, no cuando Hugo mostraba abiertamente lo que había en su boca sólo por molestar a su hermana. Afortunadamente Rose tenía cosas más importantes que hacer, no había tiempo para responder provocaciones.

―Lil, ¿no has visto a Eva?

―¿No estaba contigo? ―preguntó dándole tregua a sus ojos llorosos.

―Sí, pero… ¡Oh, aquí estás! ¿Dónde estabas? Te estuve buscando por todas partes. ¡Te desapareciste!

Evangeline Proust, para Lily, era de la clase de chicas que son preciosas y exóticas sin necesidad de hacer mucho por serlo. Y le daba algo de envidia a ratos. Su pelirrojo cabello y su traslúcida, paliducha, piel rayaban en lo común cuando el setenta por ciento de la población femenina de Hogwarts poseía dichos rasgos; pero Eva era colosalmente diferente a esa población mayoritaria...en todos los aspectos. No sólo por su larguísimo, oscuro, abundante y ondulado cabello, o por su perfecta piel morena o sus jodidos ojos color miel. Ni incluso por ser hija de muggles –muggles muy ricos e importantes, según Rose–. Sino por ser la única persona en el universo en tener la capacidad abismal de tolerar con monstruosa naturalidad las cosas más…extrañas. Sin mencionar su habilidad de hablar –y jamás callarse– más rápido que la velocidad de la luz, sin respirar.

Por ello a todos los presentes les costó acoplar la usualmente habladora Eva, con la silenciosa y seria chica que se detuvo junto a Rose. Callada como una tumba, pensaron. Además, notó Lily, usaba un preciosísimo broche de mariposa en el cabello, lo cual normalmente consistiría en un tema de conversación que Eva jamás llegaría a concluir.

―Lo siento, Rosie. Estaba en el baño.

Silencio.

―Eva, ¿te sientes bien?

―Sí, perfectamente ―sonrió, con la sonrisa más falsa del planeta y el universo―. ¿Qué hay de ti, Lily? ¿Pasó algo malo, estuviste llorando?

―¿Qué? ¡No! ―¡No estuvo llorando! ¡¿De dónde sacaba tan absurda idea?! ―Solo es aler…

Pero las palabras no terminaron de salir de su boca.

Al Gran Comedor entraron tres personas que detuvieron lo que fuera que quiso salir de sus labios. Un Lysander risueño que hablaba, aparentemente solo, con Albus a su lado izquierdo mirando el vacio sin escucharle y Scorpius del derecho, observando con fingido interés las puntas de sus zapatos. El trió más disparejo de la historia: el serio, el hablador…y el callado. O mejor dicho: el raro, el alegre y el tímido. Un trió que de la manera más drástica habida en el mundo, se descompuso cuando Scorpius tomó siento en el extremo más apartado y solitario de la mesa de Ravenclaw, como si hubiera sido pura coincidencia que sus pasos hubieran estado sincronizados con los de Lysander y Albus. Quienes, inmutables, siguieron su camino, hasta que Lysander –como siempre– se distrajo con unos chicos de su año que le saludaron y se sentó con ellos, dejando que Albus siguiera su camino hasta el otro extremo de la mesa.

―¿Eva, qué…?

Para Lily fue demasiado tarde predecir lo que ocurrió, estaba muy ocupada en observar a Scorpius servirse su cena con aire distraído, rodeado por "la nada". No fue la única, para todos igual fue una sorpresa. Nadie se esperó que la radiante, sonriente y habladora Evangelina Proust, se arrancara del cabello el hermoso broche de mariposa para utilizarlo como proyectil contra Albus Potter. Quien, pese al extraordinario acontecimiento, se mantuvo paralizado, con las manos en los bolsillos, mirando con expresión abstraída el broche que cayó al suelo luego de haberse estrellado con violencia en su pecho.

Y por si aún quedaban bocas sin abrirse hasta dislocarse las mandíbulas:

―Te odio.

Seguido de una dramática salida que vino acompañada de un inesperado empujón que llevó a Albus a moverse un par de centímetros del eje donde estaba estancado.

―¡Vale, vale, vale! ¡Meine Damen und Herren, el espectáculo se ha acabado! ¡Todo el mundo a su cena! Junge Albus, haga el favorr y tome asiento, sus compañerrros quierren seguirr cenando.

Resultaba irónico pensar que "por arte de magia" el profesor Schultz surgió de la nada bamboleando su bastón, mientras peinaba con los dedos el fino bigote gris que coronaba una sonrisa perruna. Pero así fue. Como por arte de magia, la presencia del excéntrico profesor abatió los ánimos de los pasmados observadores en seguir murmurando a costillas de Albus. Satisfecho por su poder en imponer la obediencia en los demás, Nemo Hainz Schultz, con bastón en mano, caminó sonriente hasta el casi vacío mesón de profesores donde le esperaba un imperturbable profesor Brookwood.

―¡Albus! ―Que Rose saltara como aceite hirviendo frente a su primo esta vez no causó sorpresa alguna. Normalmente, esa la manera que tenía la chica para expresarse: con gritos y a veces golpes. Iguales al empujón que le propinó al ensimismado muchacho que no paraba de observar el broche a sus pies―. ¡¿Se puede saber qué coño te pasa?!

―Rose, no creo que…

―¡Tú cállate Scamander! ―Lysander, el primero en intervenir antes de que la furia ciega de Rose provocara un fuego que nadie lograría apagar, decidió obedecer con mucha sabiduría viendo que la chica no seguiría hurgando en la llaga cuando se fue del Gran Comedor, seguramente para buscar a su amiga.

Lily se puso de pie, pero de inmediato cambió de idea y quiso volver a sentarse. Sin embargo, su casi involuntario movimiento sirvió para sacar a su hermano del trance donde estaba sumido.

Albus no era James, eso era algo que todo el mundo tenía claro. James era legible como un libro abierto… Albus no. Pero él la miró, y por primera vez Lily vio sentimientos, verdaderos sentimientos, en los ojos de su hermano mayor. Culpable, él se sentía culpable. Solo que había algo más allá de esa obvia mirada culpable…y ahí, justo en el instante que Lily casi devela el misterio: Albus parpadea y sus ojos vuelven a su estado natural.

―Bonita lección, Potter ―¿Qué demonios pasaba con las personas y esa fastidiosa habilidad en aparecerse como si nada? Ahora, de cuclillas entre Lysander y Albus, un chico de Hufflepuff que se le hizo vagamente familiar a Lily, tomó el broche de mariposa antes de ponerse de pie y extendérselo a Albus―. Lamento decirte que acabas de romperle el corazón a una chica linda. En mi país, eso es como romper un espejo, así que te esperan catorce años de mala suerte. Tú sabes: el doble de años. ¡Oh! ¡Y por si no fuera ya gracioso! ¡Me parece que tu fantástico plan no funcionó del todo bien, Potter!

―¿Algo más que decir, Záitsev? ―Albus tomó el broche y lo guardó en el bolsillo sin echarle ni una mísera mirada. El chico de Hufflepuff se encogió de hombros sin borrar su sonrisa ladina. Una sonrisa que tomó dimensiones desconocidas cuando este, sin moverse de su lugar entre ambos Revenclaws, volteó su mirada hasta posarla sobre Lily.

―Tengo curiosidad, ¿qué le hiciste a Evangeline Proust?

Albus también posó sus ojos sobre ella, haciéndola sentir como una hormiga que empezaba a enojarse por tener que ser observada por dos sádicos niñitos con lupas. Sin decir más, Albus se desancló del suelo, pasando de largo la pregunta del chico, y caminó con su ritmo suave hasta el extremo de la mesa de su casa. Tomó asiento, entre un grupo de chicos que lo miraron nerviosos, y se sirvió su cena.

―Un día de estos no se contendrá, y tu hermano tendrá que ingeniárselas para devolver todos tus dientes luego de que Albus se encargue de sacártelos de un solo puñetazo, Mijaíl ―soltó Lysander luego de chasquear la lengua y realizar en su rostro su acostumbrada expresión risueña.

―Sí, es una posibilidad con la que debo vivir. Pero tienes que admitir que es divertido provocarlo.

Lysander decidió no comentar, sólo rió antes de volver a su lugar en la mesa de su casa. Mijaíl Záitsev, en cambio, no se movió ni un centímetro de donde estaba. Ni siquiera dejó de mirarla a ella. A Lily, quien acaba de notar que seguía de pie ante las miradas expectantes de Hugo, Lorcan y Sarah.

―Hola.

―…ho-hola…

―¿Lily, no?

―…s-si, ¿qué…?

―Causas muchos problemas, ¿lo sabías?

―¿Perdón? ―dijo, dudando si ofenderse…o cualquier otra cosa parecida. ¿Alguien que le explicara de qué diablos estaba hablando?

Mijaíl Záitsev estalló de risa y tomo rumbo a la mesa de Hufflepuff donde un muy nervioso Gary Pyle lo miraba con absoluto terror. Lily pudo verlo desde esa distancia, pudo ver como la cara de Pyle se adornaba por un feo ojo negro, acompañado por una leve hinchazón que rodeaba el feo hematoma que se acrecentaba con la mueca aterrada que hacía cuando Záitsev tomó asiento frente a él.

Eso no fue lo único que Lily notó antes de abandonar el Gran Comedor. No, Lily también pudo ver como en el extremo opuesto de donde Albus comía en silencio, había sido abandonado un plato con pastel de pollo a medio comer. Scorpius ya no estaba, se había ido. Se había ido de la misma forma que lo hizo cuando se lo encontró al salir de Pociones esa tarde: como si Lily Potter no existiera.

Sus ojos no aguantaron sus penosos intentos por evitar la verdad, por mentirse a sí misma, y soltaron las primeras lágrimas cuando Lily pisó el corredor fuera del Gran Comedor.

…jamás se habría imaginado que los corazones rotos dolieran tanto, ¡joder!


OH, si. Lo sé. Confuso, dije el 5 de julio, pero afortunadamente tuve un rato libre.

La cosa es: Sé que deben estar WTF, además de que deben tener un millon de preguntas. Pero la buena noticia es que los misterios están muy pronto a revelarse porque el próximo capítulo es especial...en todos los sentidos. ¿Por qué es especial? Pues, les diré que Scorpius tendrá al fin sus quince minutos de fama.

No sé cuando vaya a actualizar, O.o Pero será pronto! Un día de la próxima semana se los aseguro :D

pd. Rompecorazones... ¿se entendió porque el título del fic? xD

Reviews :D