Zoro cerró la puerta de un portazo. Se miró en el espejo que tenía en frente, y no era capaz de decidir que era más vergonzoso. Si su pelo hecho un desastre, su cara roja, o el gesto de imbécil que era incapaz de borrar. O bueno, quizás el hecho de haberle enseñado el pene, sin querer, a una mujer 9 años mayor que él, podría ser lo peor de todo. Instintivamente miró debajo de la toalla. A él le parecía normal, aunque quizás era por que estaba acostumbrado a verse a si mismo... pero ella seguro que las habría visto más grandes. Repentinamente se miró a los ojos a si mismo en el espejo, con la mirada perdida.

- ¿Qué cojones estas pensando, imbécil?- se preguntó a si mismo. Se precipitó hacia el armario poniéndose sin pensar lo primero que encontró. - maldita mujer... juro por Dios que le devolveré todas y cada una de las que me está haciendo pasar.

Unos pocos segundos después volvió renovado a la habitación donde aún seguía Robin. Su actitud era fría, segura y muchísimo más tranquila. Estaba convencido de que esa mujer no iba a poder con él, en ningún sentido.

- Muy bien. Veamos cuánto has mejorado- le dijo con firmeza, tendiéndole una Katana a Robin. Esta era diferente, se percató ella de que era una katana real. Dejó caer las espadas que estaba utilizando, por mera sorpresa.

- ¿Es enserio, Zoro?- preguntó ella visiblemente nerviosa. Eso eran palabras mayores. Pero en cierto modo, no sentía miedo. Más excitación y curiosidad. Aceptó el arma, y se retiró con el antebrazo unas gotas de sudor que le caían por la barbilla. Zoro retiró la mirada de los ojos de Robin. Nada le iba a hacer débil de nuevo.

- ¿Acaso me ves bromeando?- respondió Zoro desenvainando su katana y adoptando una postura defensiva- con el ittoryu será suficiente.

Ella le imitó, y pronto notó el peso de una katana real. Su bíceps tembló sólo, por culpa de la tensión a la que llevaba unas horas siendo sometido. Eso y el peso de la espada, hacían de aquello un movimiento muy doloroso, aún siendo tan básico. Tragó saliva, y retomó la posición perfecta, prohibiendo a su cerebro sentir dolor. Estaba ahí para aprender, y no era un lugar para los débiles de voluntad.

Zoro sonrió como solía hacerlo cuando se trataba de tener una espada entre sus manos. Y repitió el primer ataque de la tarde anterior. Robin lo vió venir, e hizo lo que él le enseñó, escuchar a su oponente, a su katana. La recibió con un golpe seco, para inmediatamente después rechazarla, arrastrando su filo por el de su oponente. Un siseo muy sutil resultó de ese movimiento. El pulso de Robin, en ese momento se aceleró incontrolablemente. Qué era esa sensación. De pronto se vio a si misma, observando a los ojos de Zoro. Y él observando los de ella. El silencio solo era roto por lo siseos de sus katanas golpeándose. Sabía lo que iba a hacer el espadachín, sabía por donde iba a atacar, era como ver una puesta de sol magnífica, sabes que el sol seguirá bajando por el horizonte, y que oscurecerá, pero aun así es hipnótico y un espectáculo delicioso. Sabía que él estaba haciendo los movimientos más lentos de lo normal, para que ella pudiera bailar con él con comodidad. De pronto en un embiste de Zoro, ella perdió la fuerza en el brazo derecho, dejando expuesta inmediatamente su cara. Zoro detuvo la espada a un solo milímetro de la mejilla de Robin. Está instintivamente dio un paso hacia atrás, topándose con la pared. En qué momento le había acorralado? Sus rodillas fallaro a la vez, por culpa del cansancio muscular, pero antes de caer al suelo, Zoro la agarró del brazo.

- No vuelvas a humillarme, jamás... mujer – dijo Zoro aún poseído por el espíritu de la batalla. Robin se mordió el labio inferior, en un gesto de frustración. Le dolían las piernas, y el brazo que Zoro estaba presionando, era el que segundos antes le había fallado, también, por el esfuerzo. Sin querer una lágrima brotó de su ojo izquierdo, y rápidamente de la secó con el reverso de la mano que le quedaba libre. Hasta ese simple gesto le resultaba muy duro.- qué te pasa?- preguntó Zoro cambiando inmediatamente su mirada, de altiva, a preocupada. Soltó su Katana, que cayó al suelo, y dejó de presionar el brazo de Robin, sujetándola con ambas manos de los hombros, notando el peso muerto de esta, que no podía sostenerse de pie.

- Nunca te humillaría- dijo ella, con un hilo de voz.- eres mi sensei, ¿no? Si no te respeto, no me respetaría a mi misma.

Acto seguido, los ojos de Robin se cerraron, y esta se desmayó. Una sensación de terrible culpa invadió a Zoro, que cogió a la morena en brazos y se precipitó alas escaleras en busca de Chopper. Era sorprendente lo poco que pesaba, y lo pequeña que parecía entre sus brazos. Notó que estaba literalmente empapada en sudor, con la piel muy fría.

- Ha colapsado- decía Chopper mientras le suministraba suero a Robin- se ha esforzado demasiado, y ha perdido mucha agua. Aún así, todas las horas de entrenamiento entre ayer y hoy... su cuerpo debe de doler demasiado.- terminó pensativo, mirando sus medicamentos, eligiendo cuál de ellos sería el apropiado en este caso.

- ¿Cuándo se pondrá bien?- preguntó Zoro sin apartar la mirada de aquella mujer. Hacia falta ser tan cabezota? Porqué entrenar tan duro? Ignorar el dolor, y seguir... quizás el no era el más indicado para pensar así, se dijo a si mismo, ya que él había sido siempre exactamente así, un orgulloso. - creo que querrá entrenar cuanto antes.- dijo poniendo su mano caliente sobre el antebrazo de Robin.- esta mujer no sabe cuándo parar.

- Es posible que necesite uno o dos días de reposo. NO SE PUEDE ESFORZAR!- le gritó para que se le gravase en la cabeza a Zoro, sabía que si hacía falta ignoraría sus recomendaciones, pero su trabajo era asegurar el bienestar a todos sus nakamas.

- No me grites a mi, Chopper- le respondió Zoro- va a ser ella quien quiera seguir... además, por mi parte, si volviera a desmayarse, me sentiría demasiado culpable.

- Bueno, como responsable directo depende de ti que ella se cuide estos días. Así que en cuanto despierte dímelo, y sobre todo, dile que esta medicación- le alcanzó un bote con unas píldoras de color ámbar- tiene que tomarla una vez cada 4 horas.- miró a Zoro con una ceja levantada- Te acordarás?

- Ya, lárgate- le respondió, cruzándose de brazos y sentándose en una silla contigua a la cama donde Robin dormía.

Cuando la habitación se quedó en silencio, y los pasos de Chopper dejaron de oírse por el pasillo, Zoro miró de nuevo a Robin. Esa mujer era un enigma. Nunca terminaba de conocerla, y tenía la sensación de que caminaba siempre dos pasos por delante de él. Era en apariencia una mujer inteligente y segura, pero desde hacía poco él empezaba a ver en ella una niña con ilusión y encerrada en un mundo muy oscuro, donde sólo estaba ella, y tenía ganas de salir.

"Siempre ha tenido las pestañas tan largas? Qué tan largas tiene las pestañas una mujer?", se decía a si mismo perdido en sus pensamientos," parece que no lleva maquillaje, no, seguro que no lleva... con el sudor estaría todo corrido por su cara." bajó la mirada por sus pómulos, hasta su boca, ligeramente abierta, y relajada, " tiene los labios gruesos... creo que es la primera vez que veo a una mujer tan de cerca, tanto tiempo... tendrán todas los labios así?" inconscientemente se había ido acercando al rostro de su compañera, hasta que unos pocos centímetros les separaban. Bajó la mirada rapidamente por el cuerpo, aún brillante, de Robin. Sus pechos eran enormes, pero él evitaba fijarse normalmente demasiado. Sabía que era algo molesto para las mujeres, pero eso no significaba que fuera ciego. " tiene un cuerpo bastante atlético... y está muy delgada... con lo alta que es", seguía pensando, volviendo de nuevo a mirar su rostro.

Casi involuntariamente acercó sus dedos a los labios de ella. Y gentilmente rozó con la llema de su dedo índice su labio inferior. " qué suave", pensó, mordiendose el lateral de su propio labio. Su pulso se empezó a acelerar, y levemente abrió la boca de robin, dejando un poco al descubierto su lengua. Zoro empezó a respirar por la boca, más rápido que antes. "Qué demonios me pasa?... es sólo una boca... unos labios, una lengua... parece tan suave... me encantaría tocarla"... lentamente acercó su dedo indice, que antes acariciaba los labios de Robin, hacia dentro de su boca, quería tocar su lengua, aunque fuera un segundo. De pronto un estruendo le sacó de su trance. Un trueno retumbó en la habitación. Afuera estaba acercandose una tormenta tropical.

Zoro carraspeó, como solía hacer para intentar relajarse. Se acomodó, como si alguien estuviera mirandole, con mucho disimulo los pantalones. Tenía una erección, inexplicable, a su juicio, desde hacía algunos minutos.

- ¿Qué... que ha pasado?- susurró Robin recobrando la conciencia. Zoro se alegró infinitamente de que existieran las tormentas. Un segundo antes, y habría sido la escena más humillante desde "hombre tendido en el suelo sin toalla".

– - Que tienes que descansar, y tomar esto- le respondió Zoro, rudamente, tendiéndole la medicación que Chopper le había dado.

Ella guardó silencio, sintiendo vergüenza. No le gustaba depender de los demás, y menos aún estar tan debil delante de alguien que adoraba la fuerza. No quería que su "profesor" la viese en una posición como aquella.

- No te fuerces, Robin- siguió, ahora más gentil.- tienes que descansar. Yo seguiré aquí para seguir enseñándote... ya sabes...te lo he prometido.

- En realidad- contestó ella- no me has prometido nada, Zoro.

- En ese caso... te lo prometo ahora...- buscó los ojos de ella, con mucha determinación- siempre voy a estar aquí...

Se miraron un segundo, algo sonrojados, hasta que Zoro comprendió bien sus propias palabras, y abrió los ojos como quien ha visto un fantasma.- para enseñarte, y esas cosas...ya sabes, como profesor... y eso...

Ella se rió en silencio. Por un segundo aquellas palabras le hicieron sentir tan especial, que algo dentro de ella quería gritar de alegría. Pero no podía dejarse llevar por esas palabras mal interpretadas. Ella no podía ser tan importante para nadie... no podía depender de nadie más.

- Prometo aprender todo lo que quieras enseñarme- sonrió ella incorporándose en la cama, tendiéndole el meñique a Zoro.- es una promesa.