De todas las ventajas de estar de vacaciones, una de las mejores es la de poder actualizar más seguido. Nuevo capítulo jóvenes. Enjoy It.

"Un hombre, enloquecido de ira, mató a su mujer, a su hijo y a su hermano, que se encontraba en aquel lugar en el momento del incidente. Los testigos dijeron que los gritos de las personas eran atroces. Primero mató a su hermano, luego a su mujer, acusándolos de haber cometido adulterio. Y por último, tomó el cuchillo de cocina y mató con diez puñaladas a su hijo, creyendo que era producto de ese supuesto amor infiel. El hombre luego se suicidó, con la misma arma que había matado a su familia…"

Ya era suficiente. L dejó el papel sobre la mesa, con un ligero pero imperceptible temblor en sus manos. Decidió que lo mejor era pasar con otro caso. Estaba demasiado conmocionado como para atender ese caso. Un momento, ¿En qué diablos estaba pensando? Por supuesto que iba a atender ese maldito caso, por Dios.

Tanteó en la mesa, en busca de un dulce que calmara su ansiedad. Una barra de chocolate se quedó atrapada entre sus esqueléticos y largos dedos. La llevó a su boca y la devoró con prisa. Se sintió un poco reconfortado por la combinación del dulce azúcar y el amargo sabor del cacao, que se derretía lentamente en su boca.

_Te noto algo extraño, Ryuzaki, ¿Pasó algo?_ una voz a su espalda hizo que recobrara su actitud usual: cara de zombie inexpresiva.

_Nada, Mr. Aizawa, no se preocupe usted._ Su mirada gris se dirigió de vuelta al papel. Su compañero, un japonés de carácter bastante amargado, murmuró por lo bajo una respuesta que L supuso inadecuada. _ Vuelva al trabajo, yo estoy bien.

_¿Seguro, Ryuzaki? Estás más perdido que de costumbre. _ Irritado, volvió a levantar la vista hacia arriba, hacia esa voz juvenil que lograba ponerlo de morros.

El idiota de Matsuda. Es novato que muchas veces no hacía más que estorbar. Ni un buen café sabía preparar._ Ah, Ya entiendo. ¡El gran detective está enamorado!_ L tuvo el impulso de rodar los ojos, su nivel de Pelotudez era más de nueve mil. Ojalá estuviera enamorado. Entonces se acordó de que una vez lo estuvo. Gracias, Matsuda, pensó molesto.

_No. Simplemente me desconcentré un minuto del trabajo. _ Se quitó un mechón negro que le tapaba la visión del ojo izquierdo, y continuó centrándose en el caso. Luego de unos segundos, y ante la mirada atenta del resto de su equipo, dijo con una frialdad fingida:

_ Este hombre asesinó a su familia en un acto de impulsividad, por lo que después de ver muerto hijo, comprendió que él era inocente, y fue consciente de lo que había hecho. Acto seguido acabó con su vida, en un arranque de depresión. Fin de la historia. Muestren el reporte a los superiores y listo. Si no hay otro asunto que resolver, tengo que marcharme._

_No, por hoy creo que eso es todo_ dijo Aizawa, rascándose la barba y mirando con una mezcla de desagrado y respeto hacia L. El susodicho no le devolvió la mirada. Sabía que no era del completo agrado de su compañero, sin embargo, no le interesaba en lo absoluto. Es más, no le caía mal.

_ Los credos no sirven, Aizawa. Necesito hechos verídicos. _ contestó el moreno, poniéndose la campera encima de su remera holgada, que según sus pares, era inapropiada para ir a las oficinas. No habían logrado convencerlo, era una persona muy testaruda. Desde el primer día se dieron cuenta. No había sido nada sutil al decir las cosas, ni al presentarse.

"Buenos días. Soy el detective L. vengo a colaborar con ustedes, pero no pienso seguir ninguna de sus órdenes. Fui y soy, una persona completamente independiente del juicio ajeno. "

_Sí, no te preocupes, no queda nada para hoy._ Le confirmó el sonriente joven. Matsuda podía ser un tarado, pero lo compensaba en algo con su entusiasmo infantil por trabajar y su carácter amable e inocente. Tal vez demasiado para ser parte del cuerpo policial. _ Una duda antes de que te vayas. ¿Es Naomi la que te gusta?_ Y ya había caído al pozo de la estupidez. Parece que el otro se dio cuenta del rumbo que estaba teniendo la charla, por lo que ignoró a ambos y se puso a acomodar unos papeles en su enorme escritorio de madera.

Se levantó de su posición característica, y se encaminó hacia la puerta de la sala. Sus zapatos resonaban en el piso, iba a con la espalda encorvada. No se despidió de nadie, no hacía falta.

Al tomar el pomo de bronce, sin darse la vuelta contestó:

_No. Naomi Misora no me atrae. Ninguna mujer, nunca más podrá atraerme. Ya tuve la oportunidad de estar con una, y creo que es suficiente._ Se retiró sin decir una palabra y tiró con fuerza del pomo, en consecuencia, la puerta dio un golpe seco contra la pared al cerrarse con su correspondiente ráfaga de aire.

Aizawa miró a Matsuda, furioso. Definitivamente, el muchacho era un estúpido total. Desde la coronilla hasta la punta de los pies.

_ ¿Qué le ocurrirá, problemas con Light?_ pensó en voz alta el joven. Su compañero, de una manera muy arisca le contestó:

_Si no fuera porque eres nuevo, te habría metido un puñetazo, Touta_ Matsuda se quedó anonadado, generalmente le gritaba, no obstante esta vez estaba muy tenso, más de lo común._ No le hables de esas cosas a Ryuzaki. Te lo hago simple: perdió a su mujer hace unos años. _

_Ah, que bobo soy._ se sonrojó, dándose cuenta del error cometido_ ¿De qué murió?...

La carretera estaba despejada. Afortunadamente, no había mucha gente a esa hora. Estaban a un par de cuadras de la casa. Había sido un día agotador para los dos, había muchos incidentes últimamente. La radio se había descompuesto, por lo que L se prometió que compraría un nuevo equipo la tarde siguiente. Frenó con cuidado cuando vio el semáforo rojo. Sus manos aferradas al volante estaban cubiertas por una fina capa de sudor pegajoso, a pesar de ser primavera. Y por cierto, la primavera en Londres no es precisamente cálida. Lo atribuyó a su estado emocional alterado.

Light estaba a un lado suyo, callado. Lo miró de reojo, tratando de averiguar en qué estaba pensando. Sí, debía ser en el incidente del día anterior. Se imaginaba que se cuestionaba sus motivos para haber tenido ese ataque de pánico. Sin embargo, no pensaba decírselo. Ni a él, ni mucho menos a Near.

Una punzada dolorosa hizo un hueco en su cerebro, de sólo considerar la variante remota en la que su hijo descubría la verdad. No, debía descartar esa idea, no quería siquiera tenerla en consideración. Su hijo no tenía por qué enterarse. Tampoco tenía cómo ni por quién. Su hermano menor no sabía nada del asunto. Se había encargado de mantenerlo bajo siete llaves y veinte compuertas. Nadie debía saber nada, así la cosas no se desequilibrarían. Todo iría bien. Todo estaría bien. El semáforo dio luz verde, y arrancó con brusquedad innecesaria. Siendo honestos, no le gustaba conducir, se veía obligado a sentarse de una manera que le resultaba tremendamente incómoda.

_L_ Light le habló, con suavidad. Ya se lo veía venir. Cuando el castaño hablaba con ese tono calmado y afable, era debido a que algo de su interés quería conseguir. No le iba a dar con el gusto a ese niño mimado._ Dime, ¿De verdad fue tan terrible?_

_ Si te refieres a la muerte de Amane, sí. Y no, no te pienso decir cómo murió. Eso lo dejo reservado para mí y para mi hijo. No es de tu incumbencia, Light _ Ni ebrio pensaba decirle sobre ese tema. Nada que estuviera relacionado con ella. _ No quiero hablar de eso con nadie, espero que sepas comprender.

_Ya lo sabía. No me refería a eso, L. _ respondió, observándolo con esos ojos castaños, que eran imanes para sus compañeras de oficio, e incluso, para un par de compañeros también. No podía mirarle directamente. Chocaría si lo hiciera. Se tomó unos segundos y volvió a hablar: _ Mi pregunta era, por lo de tu hermano.

Mierda. ¿De todas las horas, de los 365 días del año, justo tenía que invocar a esa figura en ése momento? Gracias por tanto, querido Yagami, acabas proporcionarme una patada en los huevos de proporciones bíblicas, pensó con rencor el moreno. Primero Mello, después Misa, y ahora su hermano.

_Mi pregunta es, ¿Por qué te interesa saberlo?_ La cereza sobre el pastel. El colmo. Ya está, su día estaba hecho. Apretó los dedos sobre el volante, haciendo que se pusieran blancos por la presión.

_Porque, bueno yo… Tenía curiosidad_ dijo el joven. Y es que era raro que no hubieran hablado antes de él.

Light y L se habían vuelto "hermanos" desde los nueve años de edad. Desde que el huérfano Yagami había sido adoptado por un hombre anciano de rostro muy amable. Su nombre era Watari.

Watari era el padre legal de Ryuzaki, y más tarde también el de Light. Esta historia no era en realidad lo que interesaba. Resulta que, L había perdido a su familia igual que él. Al parecer, sus progenitores le habían abandonado por causas que jamás dieron a conocer. Pero a diferencia de él, no lo habían dejado solo. Tenía un hermano menor. Beyond.

Lo descubrió cuando encontró una vieja fotografía en el fondo de un cajón cubierto de polvo. En ella había dos niños, de pelo negro, con facciones muy similares. Lo único que los distinguía era que uno tenía los ojos grises, y el otro, rojos. Estaban sonriendo, y un hermoso día de verano enmarcaba la tierna escena fraternal.

Beyond había muerto dos años antes de que él llegara a la casa, y por lo que había podido escuchar, L lo había visto morir.

No se había atrevido a preguntarle, su relación no era de tanta confianza como para poder contarse semejantes cosas. No obstante, ahora que había saltado el asunto de Misa, recordó que no había sido la única persona que L había visto morir. La sangre de Beyond también había empapado su cara alargada y ojerosa. Una curiosidad lo asaltó.

_ Sí, fue muy horrible. Y antes de que sigas preguntando, no quiero contarte sobre eso tampoco_ dijo escuetamente. Esa pose de misterio y de nunca revelar nada hizo que la vena de su frente palpitara.

_ Vamos, no puedes escabullirte de ello para siempre. _le reprochó Light, con el mismo tono con el que retaba a Near cuando le sacaba de sus casillas.

_No es que me escabulla, simplemente no quiero recordarlo. Por favor, entiende eso y ocúpate de tus asuntos.

_ No, a mí sí me concierne esto. Quiero saberlo. Durante todos estos años no has dicho una palabra, a nadie. Te conozco desde hace bastante ¿Acaso no confías en mí?

_ Sí, sí lo hago_ Mentira._ Sin embargo, es un aporte que no me parece vital que tengas que saber sobre mí._ Un auto le tocó la bocina desde atrás. Lo estaba distrayendo, y eso podía tener resultados fatales.

_Bueno, creo que sí es importante.

_Light, por última vez, no me sigas distrayen…

_ ¡No puedes huir para siempre! ¡Tarde o temprano esa verdad saldrá a la luz, es mejor que me lo digas!_ ¿Se puede saber por qué estaba tan molesto? ¿Tanto quería saber ese dato? ¿O se sentía ofendido por su negación? Dios, era peor que hablar con una puberta con menstruación. Estaban a apenas una cuadra de la casa, sería muy desafortunado tener un accidente por andar discutiendo. Ya hubo una vez en que por pelear, casi lastiman a Near.

No pudo evitar mirarlo al rostro enrojecido de rabia, dejando de observar la carretera por un segundo. Intercambiaron miradas, como si de una película de luchas se tratase, los dos boxeadores a punto de darse de ostias.

Entonces, el castaño reaccionó ante el hecho de que ninguno de los dos estaba atento a la calle. Se dio cuenta justo a tiempo y gritó:

_ ¡Ryuzaki, cuidado!_

Un niño estaba agachado a mitad de la carretera recogiendo el zapato que se le había caído. Sus cabellos rojizos le tapaban la visión, por ende, no había visto venir al carro.

El moreno dio un giro muy brusco, y logró evadir al chico, quien comenzó llorar, asustado. Frenó como si su vida dependiera de ello, y respiró con dificultad. Las ruedas había chirriado, y el olor de los frenos quemados le llegó hasta sus fosas nasales. Por unos escasos metros no lo mataban. El otro también lo hizo, llevándose una mano al pecho.

L tenía el estómago revuelto. El chocolate, las fresas y las galletas con forma de osito bailaban en su interior, amenazando con salir en una explosión multicolor. Por otro lado, unas lágrimas nacieron, y lucharon por salir y rodar por la cara del pobre conductor.

_Light_ lo llamó, con la respiración agitada como la de un corredor de en una carrera. Éste había abierto la puerta del acompañante. Estaban enfrente de la casa. Near, estaba en la entrada, mirando intrigado hacia afuera. El sonido de los frenos lo había preocupado.

_ ¿Sí?_ atinó a decir, con el corazón saliendo de su boca. El pelirrojo ya no estaba allí. Había salido despavorido.

_ Así fue como murió Beyond. _ dijo tratando de que ese líquido salino no huyera de sus ojos. No lo logró, y notó cómo resbalaba por su cara, llegando hasta su mentón.

Embriagado de tristeza, Ryuzaki apoyó la cabeza sobre el volante. Los fantasmas que lo atosigaban nunca se irían. Por más que tratara, no podría borrar a Beyond de su memoria. Estaría allí, para recordarle que era un homicida. Para decirle que había sido su culpa. De la misma manera que Misa o Mello.

Él era el asesino de los tres. Había matado a Beyond, Misa y a Mello.

Notas: No tomen esa frase en sentido literal. Ya se van a dar cuenta de por qué piensa esto.

Pobre L, le estoy arruinando la vida (? No profundizaré mucho en la historia de Yagami porque estoy segura de que me quedaría muy dramática la situación. Bueno más dramática de lo que ya está. En la historia original, Liria no tiene un pasado trágico. No he querido darle un pasado doloroso. Es un hijo de puta por naturaleza jajaja. Por cierto, ¿A quién les recuerda el niño casi atropellado?

Voy actualizar pronto, espero que les guste, gracias por su apoyo.