All We Do

Por Berseker

CAPÍTULO IV

Cuando ambos llegaron a casa, Toriel no pudo más que echarse a llorar antes de poder llamarle la atención. Ya dos veces había perdido a un hijo e imaginar una tercera ocasión resultaría devastador, tanto para ella como para Asgore.

Pero ese día fue diferente para todos, incluso para Frisk y ahora Flowey.

La humana bajó del Monte Ebott en compañía de la flor. Antes de poder recibir un regaño, su acompañante se presentó como tal y excusó a la humana al decir que le había pedido ayuda ya que recién se había enterado que la barrera fue destruida y no sabía a dónde ir cuando salió del interior de la montaña. No fue difícil inventar una historia que creyeran sus torpes padres, no debía dejar que supieran de quien se trataba. No deseaba romperle el corazón a ninguno de ellos además que, por salud mental, deseaba no tener que soportar gestos que no entendía aun cuando lo deseara con todas sus fuerzas.

Se trataba de Flowey, la flor; no de Asriel Dreemurr, quien había muerto tras cumplir el último capricho de su mejor amigo.

Pero no necesitaba recordar más porque la humana le había llevado con ella. Las cosas iban a cambiar en su vida, para bien o para mal.

El día que volvieron, Frisk decidió que la pequeña flor viviría en su casa, en la escuela que sus dos padres atendían. Podría quedarse en su cuarto, sobre la mesa que estaba junto a la ventana para que el sol de la mañana la alimentara y pudiera encantarse con el mundo que ya una vez le había quitado lo último que le sobraba.

Flowey podría asistir al colegio de su madre si es que lo deseaba, también pasar tiempo con Asgore si así lo quería. La humana imaginaba tantas posibilidades con la flor dorada pero desde que ambos se encontraron en su habitación, justo después de hablar con sus padres, ninguno de los dos pareció saber qué decirse. Ella no resultaba agobiante en cuanto a palabras aunque ciertamente lo que decía era honesto, así que si cruzaría palabras con la flor sería porque necesitaba hablar o ayudarle.

Depositó a su amigo sobre la mesa, a un lado de su ordenador. Había vuelto un par de horas antes de la puesta del sol, así que teniendo la oportunidad, Asgore prepararía una maceta nueva para él aunque ciertamente la planta no parecía cómodo, en su totalidad, con esa idea. Frisk tomó asiento frente a Flowey, pero desde que habían cruzado la salida, él decidió no mirarle a la cara hasta ese momento que pudieron verse frente a frente.

Con una de sus hojas, la flor retiró los mechones sucios del rostro de Frisk y ella sonrió por el gesto. Ambos habían vuelto poco presentables sin mencionar las heridas que le provocó al reconocerla y posteriormente al convencerle, no podían ni imaginar cuan angustiada se encontraba la mujer cabra al verlos. Flowey delineó cada una de sus heridas, curiosa del modo en que los humanos cicatrizaban.

- Toriel preguntará por todo esto cuando tenga oportunidad. Dile que intenté terminar con tu vida, quiero ver la cara que pondrá cuando escuche eso.

- En ningún momento hiciste algo así.

- Entonces dile a Asgore que no quiero que ponga sus sucias y horribles garras sobre mis raíces.

- Flowey, las manos de papá no son así de malas. Él está contento de tenerte aquí, por supuesto que mamá también, y lo estarán aun más cuando sepan que su pequeño-

- ¡Cállate, prometiste no mencionar ese tema otra vez!

El rostro de la embajadora de los monstruos en el mundo humano se vio sujetado por ambas hojas de la flor. Frisk miró fijamente la mirada contraria hasta que fue soltada con un empujoncito que le hizo recargarse sobre el respaldo de la silla, manteniendo esa pequeña sonrisa en sus labios. Las cosas no pintaban a ser fáciles pero deseaba estar a su lado para superar lo que el futuro trajera, no solo para ella, sino para ambos.

- Tus ojos, Frisk, están hinchados.

- ¿Podrías mantenerlo en secreto?

- No puedo ocultar lo obvio. En cuanto tus tontos padres lo noten no pienso esconderte, estarás expuesta.

Acercó su meñique hasta la flor, quien le miró frunciendo el ceño. ¿Cuán descerebrada podía ser para pedirle eso pese a que lo iban a notar de todos modos? Seguro que ya lo habían hecho, pero su hoja decidió envolver ese dedo.

- Sal de aquí, quiero estar solo un momento. Ve al baño a ducharte y deshazte de esa ropa ridícula.

- Es tuya.

- ¿Quieres morir?

La joven humana se echó a reír por lo que había escuchado y antes de separar su dedo de la hoja, se inclinó hacia el frente, envolviendo en un abrazo espontáneo que a la flor le pareció molesto pero no hizo nada por hacerse a un lado.

- Bienvenido a casa, Flowey.

En ese momento, la humana se sintió feliz por saber que Asriel se encontraba con ella.

Tocaron a la puerta un par de veces pero solo se necesitó de una para que la pequeña flor apartara a la jovencita de su regazo y le diera la espalda. Se trataba de Asgore quien pidió permiso para pasar.

- Claro, papá. Está abierto.

El hombre cabra pasó dentro de la habitación, inclinándose un poco para atravesar el marco de la puerta. Con una sonrisa miró a la humana y a su nuevo amigo, a quien no podía apartarle la vista de encima porque claro que a él le encantaban las flores, pero Flowey odiaba ser una de ellas.

- Frisk, mamá se siente mucho mejor. Tu amiguito y tú pueden bajar cuando gusten.

La castaña le miró con una sonrisa pequeña cuando su padre le dio ese importante aviso. Pese a ello, estaba consciente que debía informar a su madre sobre lo que había sucedido realmente, ya que poco o casi nada le dio el tiempo de hablar. Por supuesto que no pensaba revelar la identidad de su hijo por más deseos que tuviera.

- Nunca antes vi a una flor que hablara. ¿Puedo preguntar de qué sitio de nuestro mundo eres, pequeño?

La flor arrugó el entrecejo al saber que se dirigió hacia él. Asgore se acercó donde ambos, obligando al de pétalos a encorvar el tallo para no mirarle a la cara. Su amiga sabía cuánto se esforzaba el otro por sus padres y también por ella, así que le tocó, haciéndole saber que estaría con él incondicionalmente.

Flowey miró a Frisk en cuestión de segundos y después habló con el otro monstruo, sin mirarle pero mostrando el rostro.

- Amiguito, vengo de un lugar más lejano que las mismas ruinas y fue por ello que tardé tanto en salir.

- ¿Más lejano que las ruinas? Vaya, incluso yo desconozco el sitio del que me hablas, pequeña criatura. Pero tienes una suerte enorme de encontrarte con Frisk, no hay mejor humana que ella para guiarte y estar contigo.

- Sí, lo sé. No hay nadie mejor que ella.

La flor regresó a mirar a otro lado, perdiendo la oportunidad de incluso ver como el rostro de Frisk se iluminaba como hace tiempo no lo había hecho.

- Oh, por cierto, hija mía. Deberías llamar a tus amigos, ellos han estado muy preocupados por tí.

La chica bajó la mano del pétalo de la flor y este le miró tras haberla sentido. Ella no parecía del todo satisfecha con el desahogo que tuvo dentro de las ruinas, probablemente se sentía lo suficientemente herida y esto lo causaba algo, o mejor dicho alguien. Flowey aseguraba que no podía sentir preocupación ni mucho menos lástima por nadie, pero no era un tonto como para no darse cuenta que las cosas con ella no estaban del todo bien.

- Eh, gracias, papá. Les llamaré más más tarde, ¿está bien?

- Hazlo cuando hayas descansado un poco. ¡Y, oh, por cierto! No olvides hablar con Sans. Al parecer tú y él tienen mucho que hablar, ¿o no?

- Eso... Eso parece.

- Tori se molestó mucho con él y dudo que te deje verlo en un buen rato; probablemente deban arreglar sus citas en un horario más accesible.

Frisk se limitó a curvear los labios casi por obligación. Los oscuros ojos del ser que no era ni monstruo ni humano se fijaron en los del antiguo rey, arrugados con tremenda molestia y probablemente a nada de iniciar una riña en la que su teatro quedaría en el suelo.

Flowey debía tranquilizarse.

- ¡Rey tonto, Toriel debe estar buscándote para tomar el maldito té de la tarde!

Padre e hija miraron con sorpresa a la pequeña planta debido a su comportamiento tan abrupto en ese momento, aunque, por supuesto, no fue algo que le pareciera extraño. El hombre monstruo estaba acostumbrado a escuchar ese tipo de palabras por parte de su esposa y de algunos niños monstruo, como a Undyne, quien resultó ser una niña poco dulce. Eventualmente se ganó el corazón de ambas, así que no dudaría en desistir con el nuevo conocido que curiosamente dio en el punto de la hora mencionada.

- ¡Oh,Flowey, tienes razón! Eres muy amable.

- Será mejor que salgas de aquí, Asgore.

El más alto de todos los presentes decidió salir sin más que mirar a su pequeña, quien le dedicó la misma mirada sorprendida que él llevaba. Una vez se encontraron solos los dos, la humana se giró en su propio tallo, dándole lo que suponía ser su espalda.

Era seguro que el monstruo al que pudo una vez llamarle padre le comentaría lo sucedido a la madre que echaba de menos. No solo eso, sino que también le llamarían la atención a ella, a Frisk y su modesta coartada quedaría arruinada pero él no necesitaba de motivos que le permitieran quedarse ahí, ¿para qué cuando no podía entenderlos? Familia, amigos, amor. Flowey no entendía lo que a Asriel le pudo importar tanto hace mucho tiempo.

Esto no iba a funcionar. Se lo había repetido a la castaña más que todas las veces que pudo resetear su vida como un ser sin sentimientos, tan solo iba a arruinarlo porque jamás comprendería por lo que debía estar luchando en ese mundo que no conocía pero que le había quitado todo lo que una vez le hizo sentir vivo. Él mejor que nadie debía de odiar a esa raza de seres egoístas pero no podía hacerlo, no cuando Frisk le amaba como si fuera lo más importante.

Salir del Monte Ebott se convertiría en el error más grande después de haber impedido su propia muerte.

- Flowey.

O tal vez no.

- Sal de aquí tú también, humana. Necesito estar solo.

La castaña de ojos cobrizos se acercó a él antes de salir de la habitación. Le sujetó de la maceta y sin importar su molestia, decidió rodearle, recargando su mejilla sobre él. La flor dorada le golpeó con su hoja pero únicamente pudo taparle la mitad del rostro, sacándole una risa por su actitud tan improvisada.

¿No entendía cuán frustrante era?

Flowey deseaba amar a Frisk.

- Regreso enseguida.

- No lo hagas.

- Es mi habitación, Flowey.

La embajadora de los monstruos salió de su cuarto, cerrando la puerta con suma delicadeza hasta escuchar el clac que indicaba que lo había hecho. Dio media vuelta por el pasillo y por inercia pasó la mano por el bolsillo de la falda para buscar el celular que no estaba. Antes de regresar a casa, cambió la ropa del difunto hijo por la que ese día llevaba vestida. La tierra seguía húmeda cuando bajaron pero las prendas y el calzado que la flor le prestó le fue muy útil para moverse.

Intentó recordar el momento en que su móvil dejó de estar con ella. Había intentado buscar a Sans ese día pero lo único que hizo fue correr sin dirección alguna hasta que la lluvia comenzó a caer en su cara. Cuando iba en el transporte, intentó revisar la hora pero en ese momento ya no contaba con el aparato, así que supuso que éste había volado en algún momento antes y no creía posible que alguien se lo devolviera.

Con lentitud bajó las escaleras hasta el pasillo que daba al teléfono. Podía escuchar el sonido de los instrumentos chocar los unos con los otros desde la cocina, haciéndole saber que su madre cocinaba algo, en parte para saciar la ansiedad guardada y otra porque sabía que tenía hambre, vaya que tenía razón. Desde ayer que no probaba bocado y aunque sus puntos de vida se encontraran estables, no estaban en su mejor estado. Había tratado de dormir en la antigua casa pero no pudo descansar en absoluto, sumado al previo ataque de las semillas de su amigo y ni mencionar los raspones y golpes sufridos por la caída.

Se recargó en la pared cuando tomó la bocina del teléfono, acercando la mano a los botones para presionar los correspondientes de su propia línea móvil. Esperaba tener suerte y que quien lo hubiera recogido deseara devolvérselo. No guardaba nada más importante que algunas conversaciones, pero tampoco deseaba que alguien quisiera gastarles bromas pesadas a sus amigos. Era suficiente con el recelo que algunos humanos les guardaban a los monstruos.

Tuvo suerte que la llamada entrara a su teléfono, eso significaba algo, así que después de tres pips alguien cogió la llamada y eso le hizo sonreír.

- ¿Hola? Eh, disculpe, extravié este teléfono y...

- ¡¿F-Frisk?! ¡¿Frisk, eres tú?!

- ¿Alphys?

La embajadora no recordó hasta ese momento que la científica se había encargado de la creación de su pequeño amigo y ella debía ser la primera con quien debían hablar para que la coartada de la pequeña flor no se viera manchada por nadie, aunque para ser cierto no era algo que preocupara a alguien, ¿o sí? Ninguno de sus amigos recordaba o tenía la menor idea de lo que pudo llegar a hacer.

- Oh, gracias a dios te encuentras bien. Estabamos muy preocupados por tu paradero pero es una suerte que te encuentres en casa finalmente. ¡Asgore me pidió que rastreara tu celular! Unos humanos lo encontraron tirado en la calle bajo la lluvia pero f-fueron muy amables al devolverlo. Undyne lo recogió hoy por la mañana y justo término de repararlo. P-Pensamos en devolverselo a los reyes más tarde, cuando saliera de trabajar y...

- No era mi intención asustarlos, Al. Siento haberte preocupado, pero... ¿podría verte más tarde? Claro, si es que tienes tiempo.

- ¡P-Por supuesto, Frisk! ¡Justo acaba de llenar el volumen uno de la nueva temporada de Mew Mew Kissy Cut... ¿Pero la reina te dejará salir como si nada?

Tenía razón, quizás debía descartar ver a su amiga en un lapso considerable de tiempo, o al menos hasta que pudiera devolverle la seguridad a su madre.

- ¡N-No te preocupes, Frisk! Undyne y yo te llevaremos tu teléfono a casa más tarde.

- Siento las molestias, Alphys. Te estaré esperando entonces.

- P-Por supuesto, Frisk. ¡Nos vemos en un rato!

La monstruo de color amarillo colgó la bocina primero y en ese mismo momento escuchó que una de las puertas de arriba se cerró con fuerza. Frisk volteó escaleras arriba, segura que se había tratado de la que correspondía a su habitación, obligándole a creer que la flor le había espiado. ¿Acaso tomaría la iniciativa de visitar a la doctora antes que ella? Ni siquiera sabía en qué lugar de la tierra vivía pero siendo una flor y ella una especie de dinosaurio, no le resultaría difícil dar con ella.

Dio media vuelta en disposición de hablar con el otro pero con el temor de no querer que Alphys fuera amenazada por él, no se dio cuenta cuando su madre puso la mano sobre su hombro, sacándole un saltito imprudente.

- Oh, mi niña, ¿te he asustado? No era mi intención... Tampoco la de hacerte sentir mal cuando llegaste, es solo que...

Frisk giró con una sonrisa donde su madre, extendiendo los brazos para callarla con un abrazo. Ya había pensado en cuanta angustia le hizo pasar, así que necesitaba disculparse con ella en algún momento y que mejor que ahora. Toriel buscó una de sus manos y con gusto la joven se la concedió, intercambiando miradas que posteriormente se convirtieron en tirón de mejillas. Su madre no era un enorme peluche relleno de algodón de azúcar, a diferencia de su padre.

- Lo siento, mamá.

- No habrá pie de butterscotch en una semana, ¿entiendes?

- Pero mamá...

- Tampoco televisión.

- A Flowey le encantaría comerlo...

- También olvida salir con tus amigos.

- No es necesario que...

- Mucho menos con Sans.

- ¡Mamá!

La mujer cabra elevó ambas cejas mientras dejaba el rostro de su hija. La había atrapado completamente pero ella no quería hablar acerca del tema, no cuando había decidido que el esqueleto no sería su prioridad por ahora, pero la mirada de la otra le hizo agachar la cabeza ligeramente.

Estaba claro que Frisk no deseaba, ni mucho menos podía, abandonar tan fácilmente un deseo tan grande como el de estar con alguien a quien quería pero el saber que lo suyo con el otro se trataba de una batalla sin objetivo solo le traería frustración y tristeza. En ese momento tuvo la necesidad de externárselo a su madre adoptiva pero un nudo en la garganta le dio la oportunidad de detenerse y afrontar este reto por su cuenta. Aun así, la expresión en la cara de su madre le dijo que ella tenía la ligera impresión de lo que la otra se encontraba sufriendo.

Con un apretoncito en su mano, la antigua reina le soltó finalmente. Con un movimiento en la cabeza le pidió que le siguiera hasta la cocina, donde su esposo parecía escuchar todo con cierta necesidad por interrumpir, pero la taza de té que bebía intentaba tranquilizar sus ansias por hacerlo.

- Frisk, pequeña, toma asiento, por favor.

La humana hizo lo que la otra le ordenó e intercambió miradas con su padre, quien continuó bebiendo de la taza. Levantó la cabeza para observar a su madre, con las manos sobre las rodillas, apretándolas para atenuar los nervios que comenzaban a generarse desde su estómago. Esta se trataba de la peor pelea que pudo haber enfrentado, sin siquiera tratarse de una.

Los segundos parecieron eternos cuando Toriel decidió sacar el pie de butterscotch que horneó minutos atrás y partía un pedazo que decidió entregarle, en un plato, a la chica humana mientras regresaba a cortar otro para su nuevo invitado. La embajadora se sintió más que reprendida en cada instante que el silencio continuaba reinando pero el más grande de su pequeña familia decidió hablar primero, dejando su taza de té sobre la mesa.

- Hija mía, entiendo que albergues duda y a la vez miedo de dar un paso o de retroceder otro. Has formado una familia con nosotros y sabes que nos encantaría apoyarte en todo lo que nos permitas.

-...

- Tú nos mostraste una inquebrantable determinación tiempo atrás, cuando tuvimos la oportunidad de conocernos. Nos regalaste esperanza, Frisk; nada nos haría más felices que devolver todo lo que has hecho por mi pueblo, pero entiendo que la situación en donde te encuentras en este momento solo tiene lugar para alguien en específico.

El rey acomodó su mano encima de la espalda de su hija, acariciándola ligeramente para hacerle saber que aquello trataba de ser más una plática amistosa en lugar de un regaño o incluso una advertencia.

- Mi pequeña Frisk, entiendo lo que significa ser no correspondido por el monstruo que amas. Aun hoy lamento haber alejado al amor de mi vida por tomar una decisión que no pensé en su momento, tú no tienes por qué cometer el mismo error que yo, todavía tienes la oportunidad de sincerarte.

Siendo atento, devolvió su blanca mano hasta la oreja de la taza, encima de la mesa. Ninguno de los dos decidió mirar a Toriel, cada uno con una razón diferente.

- No tomes una decisión cuando todavía no sabes lo que piensa ese monstruo.

Tal vez Asgore tenía razón.

- No seas dura contigo misma, Frisk.

Aun había tiempo.

- Sabes que mamá y papá pueden incendiar el hogar de ese monstruo si tú nos lo pides.

- ¡Asgore!

- Lo siento, Tori.

La suave risa de la joven humana se presentó de repente. Sus dos padres le miraron con gratitud al saber que se encontraba estable y es que dentro de sus preocupaciones era enterarse que ella se encontraba bastante triste. La castaña cogió el tenedor que estaba a un lado de su plato y con lentitud partió un pequeño pedazo para llevárselo a la boca, pero antes de eso un cristalino lagrimón corrió por su mejilla. Esta vez no se trató de Sans sino para sí misma. Estaba feliz de tenerlos como padres y por supuesto que se los externó con un abrazo, primero al mayor y posteriormente su madre se unió. Las cosas iban a tomar un camino distinto. Frisk lo había hecho con anterioridad y por supuesto que lo repetiría, no iba a equivocarse.

Y no lo hizo cuando imaginó que su viejo amigo visitaría a Alphys después de escuchar como azotaba la puerta. Flowey era una flor persistente que decidió salvar esa partida y emprender un rápido viaje en ese mundo que nada conocía. En poco tiempo se encontró en el patio de la casa donde la otra habitaba, un lugar modesto pero que reflejaba las importantes aportaciones que su inteligencia y conocimientos habían generado en el mundo humano. Siendo la más temerosa de todos, la doctora llevaba una buena vida fuera del mundo inferior.

Emergida en el jardín, frente a la casa ajena, Flowey lanzó una serie de semillas a la puerta, provocando que en cuestión de segundos la doctora apareciera, creyendo que se trataba de la mujer pez pero no fue así. La de lentes miró a todas partes creyendo que encontraría al responsable de jugarle esa broma pero no hubo señal de nadie, solo de esa pequeña flor que le hizo dar un paso hacia atrás debido a la sorpresa. Con ambas manos en boca, la sorpresa le invadió y la culpa se apoderó de ella una vez más. Justo lo que la flor esperaba.

- Oh, dios, ¿p-pero cómo...? Creí que no te volvería a ver después de que huiste del laboratorio.

- Frisk me encontró y vine para ordenarte lo único que te ayudará para conseguir mi perdón y limpies de una vez por todas las asquerosas manos que tienes.

- ¿C-Cómo dices?

- Mi nombre es Asriel Dreemurr y sé que eres una buena mentirosa, así que podrás guardar este secreto incluso de los oídos de la tonta humana. A causa de tu error renací en un ser incapaz de sentir nada en absoluto pero quiero cambiar eso, así que no necesito explicar lo que tienes que hacer, ¿cierto?

Ahora, más que nunca, deseaba sentir una vez más.