Capítulo 4
A la mañana siguiente, Inuyasha seguía sin conseguir plantar el huerto. Stubborn continuaba alejándose de él cada vez que se acercaba a coger las semillas de sus alforjas.
Inuyasha: ¡Mira, Stubborn! ¡Me estoy cansando!
Kagome observaba la escena desde su ventana, partiéndose de risa. Su madre entró en la habitación al escuchar las carcajadas de la joven.
Sra. Higurashi: ¿De qué te ríes, hija?
Kagome: Mira.
La mujer se acercó a la ventana y vio como Inuyasha se caía de morros contra el suelo en el momento en el que Stubborn le esquivaba.
Sra. Higurashi: Je, je. Pobre chico, creo que deberías ir a ayudarle.
Kagome: Pero aún tengo que hacer las camas y…
Sra. Higurashi: Yo me ocuparé de la casa por hoy.
Kagome: Está bien.
La chica salió de la casa y se aproximó al peón, que se estaba quitando la tierra de la ropa.
Kagome: Inuyasha, así no conseguirás nada.
Kagome se acercó a Stubborn y le acarició el cuello. El viejo burro rebuznó contento y dejó que su dueña sacar unas cuantas semillas de las alforjas.
Kagome: ¿Ves qué fácil? Ahora inténtalo tú.
Cuando Inuyasha estuvo al lado del animal, le pasó la mano lentamente por sus cortas crines. Stubborn no le mordió, pero no dejó de tener las orejas agachadas. El chico consiguió sacar un puñado de granos de maíz y se apartó del burro de un salto, por si acaso le atacaba de repente.
Kagome: Bien hecho.
Inuyasha: Gracias.
Inuyasha decidió comenzar con el plan de cortejar a Kagome, no debía ser tan difícil, ya que él había logrado llevarse a un centenar de mujeres a la cama sin problemas. Le lanzó a la chica su mirada más seductora, a lo que ella respondió con un leve sonrojo en las mejillas.
Inuyasha: ¿Crees qué podrías enseñarme a plantar bien las semillas?
Kagome(colorada): Sí.
Ambos se dirigieron al huerto seguidos por Stubborn, que no se fiaba ni un pelo de los ojitos que le ponía el jornalero a su ama. Una vez allí, Kagome le explicó al joven las zonas donde debía enterrar las semillas. Aunque Inuyasha la obedecía en todo momento, no dejaba de mirarla con aire seductor cada vez que hablaban. El chico también observó el cuerpo bien formado de Kagome y pensó en lo bien que podría pasárselo con ella, pero sabía que aún no era el momento de pasar a palabras mayores o de lo contrario el plan se iría al garete. Por el momento, la chica parecía caer gracias a sus ojos ambarinos con los que había conquistado a cuantas mujeres quiso, así que decidió intentar comenzar a preguntarle cosas sobre su padre.
Inuyashas: Kagome.
Kagome: ¿Sí?
Inuyasha: ¿Desde cuándo vives aquí?
Kagome: Desde siempre.
Inuyasha: ¿Y tu padre?
Kagome: Él también se crió aquí, de hecho esta granja la construyó mi abuelo.
Inuyasha: ¿Y tu padre se dedicaba a algo más que a la granja?
Kagome: Fue policía durante cinco años, pero no hacía mucha cosa.
Inuyasha(pensando): ¿Policía?, Naraku dijo que hace diez años un policía le dejó aquella cicatriz que tiene en el hombro y que le robó el Shikon. Pero Kagome dice que su padre no hacía mucha cosa, mejor se lo preguntaré a mi jefe más tarde.
Kagome: ¿Y tus padres a qué se dedican, Inuyasha?
Inuyasha: Mi madre era jardinera y mi padre un empresario.
Kagome: ¿Y cómo aprendiste a trabajar de peón?
Inuyasha: Ehhhhh… pues… Me enseñó mi tío.
Kagome: Ah, vale.
Inuyasha se quedó pensativo durante unos minutos, hacía mucho tiempo que no hablaba de sus padres. Su padre, Inu Taisho, había sido un magnífico empresario con un gran porvenir; mientras que su madre, Izaioy, había llegado a convertirse en una de las mejores jardineras del país. Pero cuando Inuyasha apenas tenía catorce años, sus padres murieron asesinados y la policía lo envió a un orfanato. Pocos meses después, Naraku lo adoptó y lo educó en el arte de la mafia: Le enseñó a falsificar documentos, a negociar con traficantes y a matar sin dejar rastro a la policía. El joven juró que algún día encontraría al asesino de sus padres y que lo mataría con sus propias manos, pero la única pista que tenía era que el criminal tenía una cicatriz con forma de araña en la espalda, y eso era algo muy difícil de encontrar.
Por la tarde después de comer, los amigos de Kagome, Sango y Miroku, fueron a visitarla.
Sango: Hola, Kagome. ¿Te vienes a la ciudad con nosotros?
Kagome: Los siento, no puedo. Tengo que trabajar.
Miroku: Siempre estás trabajando, ¿es que no sabes hacer otra cosa?
Kagome: Sí, sé estudiar y no acosar a todas las chicas que me pasan por delante. ¬¬
Miroku: ¡Oye! Yo no voy detrás de cualquier mujer.
Sango: No, sólo vas detrás de las más guapas. ¬¬
Miroku: ¡Eso no es cierto! Es verdad que soy un magnífico Casanova, pero no acoso a las chicas.
Kagome y Sango: Sí, claro. ¬¬
Sango se fijó en Inuyasha, que estaba cepillando a una de las vacas.
Sango: Oye, Kagome. ¿Quién es ese bombón de ahí? ¬¬
Kagome: Es Inuyasha, mi nuevo jornalero.
Miroku: Vaya, así que ya conseguiste ayuda para las tareas.
Kagome: Sí.
Sango: ¿Y besa bien?
Kagome(colorada): ¿Y…? ¡¿Y yo qué sé…?! ¡Es mi ayudante, no un hombre de compañía!
Miroku: ¿Y cuándo viene tu primo, Kagome?
Kagome: Pasado mañana, espero que esta vez se porte bien.
Sango: Ya, ¿os acordáis de la última vez que vino?
Miroku: Aún tengo el trasero quemado. ¬¬
Sango: Mañana vamos a ir a la discoteca, Kagome. Si quieres, puedes pedirle a Inuyasha que venga y nos lo presentas.
Kagome: Veré que puedo hacer.
Esa noche, Kagome le preguntó a su madre si podría ir con sus amigos a la discoteca.
Sra. Higurashi: ¡Pues claro, hija! Ya era hora de que te relajaras un poco de tanto trabajo.
Kagome: ¿Puede venir Inuyasha también?
Sra. Higurashi: Sí.
Kagome: gracias, mamá.
Mientras, Inuyasha hablaba con Naraku en su habitación.
Naraku: ¿qué sabes del virus?
Inuyasha: De momento nada, pero dígame una cosa, ¿quién era ese policía que le dejó la cicatriz del hombro.
Naraku: ¿Necesitas saberlo?
Inuyasha: Sí.
Naraku: Está bien, era Higurashi.
Inuyasha: ¿El padre de Kagome?
Naraku: Sí, de hecho era mi peor enemigo.
Inuyasha: Pero Kagome me dijo que su padre no tenía un cargo importante.
Naraku: Eso no es verdad. Lo que pasa es que Higurashi no quería meter a su familia en peligro, así que les ocultó su cargo.
Inuyasha: ¿Entonces fue él el que robó el Shikon?
Naraku: ¿Y te das cuenta ahora? ¿Por qué crees que te mandé a esa inmunda granja a buscar el virus?
Inuyasha: ¿Y qué hago? ¿Le cuento a la familia lo de su cargo policial?
Naraku: ¡Ni se te ocurra! ¡Podrías mandar el plan a la mierda, estúpido!
Inuyasha: Lo siento.
Naraku: Tú sigue ligándote a Kagome y sacando información que nos pueda ayudar. Haz lo que quieras con esa niñata, incluso tíratela si te apetece, pero no te vayas de la lengua con ella, ¿de acuerdo? Recuerda que las mujeres son muy astutas.
Inuyasha: Sí, jefe.
El joven colgó el móvil y se metió en cama. Ese día había descubierto algunas cosas, aunque no le ayudarían mucho en la búsqueda, pero eran algo. También se dio cuenta de que Kagome era bastante fácil de cortejar, ya que nada más mirarla por primera vez con su mirada seductora, la chica se sonrojó y le contó varias cosas. Si seguía así, Inuyasha pronto lograría descubrir donde se hallaba oculto el Shikon y de paso, se llevaría una mujer más a la cama.
