–¿Dónde estamos? –fue lo primero que pude preguntar una vez que recuperé el aliento.
–En la nave de los contrabandistas... Sí, aquí está todo... –respondió, mientras volvía a accionar el destornillador, levantando el brazo–. Material explosivo, tejido zygon, Kantrofarri... ¿En verdad están contrabandeando Kantrofarri? Son muy valientes o muy idiotas. Y por supuesto, encontré la señal que proviene de Clara.
–¿Exactamente en dónde estamos? –volví a preguntar. Por alguna razón, quería saber qué tan lejos de casa me encontraba.
–No tengo idea. Sólo sé que el portal nos trajo a esta nave. Si llegamos al puente de mando podremos saberlo. No sé de dónde salieron estos contrabandistas, pero tengo una idea de a dónde se dirigen. Sígueme.
Caminamos por el pasillo en completo silencio. Al llegar a una intersección, Smith volvió a utilizar su destornillador, como si de una brújula se tratara.
–Por aquí.
Caminamos en silencio por un tiempo hasta que una pregunta surgió en mi mente.
–Dijo que el vigilante... El señor Brown estaba bajo control mental, o algo así. ¿Cómo es eso? Digo... Definitivamente no tiene que ver con el MK-ULTRA.
–Estoy adivinando solamente, pero creo que los contrabandistas, poco después de instalar su salida en la puerta de aquél edificio, le hicieron creer que trabajaba para ellos. Cuando le dije que quería hablar con sus jefes, nos llevó directamente a esa puerta, ¿recuerdas? Significa que ya había estado antes aquí. Si fue hipnosis o alguna otra cosa, no lo sé. Sólo espero que el efecto no sea de larga duración y que pase pronto. Ahora, lo importante es: ¿Porqué establecieron el portal aquí? En el planeta. En la Tierra, quiero decir. Esto tiene que ser cosa de Clara. Tenemos que llegar hasta ella, de inmediato.
Y así, sin más, echó a correr. De nuevo. Y yo tras él, observándolo blandir el destornillador, buscando el camino hacia su amiga. Dimos vuelta tres veces por los pasillos y bajamos escaleras, hasta llegar a una especie de bodega.
–Aquí almacenan su cargamento –me dijo, en voz baja. Se acercó a una puerta y miró por la ventanilla–. Sí. Aquí están los Kantrofarri. Los Cangrejos del Sueño. Clara y yo tuvimos una mala experiencia con ellos no hace mucho. Y en esta puerta –añadió, llegando de un salto a la puerta ubicada al otro lado del pasillo–, debe estar su cargamento de tejido zygon. Es muy útil y muy valiosa dada su capacidad de adaptación... Imitación.
Se acercó para mirar por la ventanilla de la puerta y se alejó inmediatamente, cubriendo su boca con ambas manos.
–Pensé que transportaban piezas de tejido... No cadáveres completos.
No quise asomarme a esa ventanilla. Pero cuando pasé al lado de ella, por el rabillo del ojo percibí algo descomunal, de color rojizo y que me hizo pensar en los tentáculos de un pulpo.
–Fantástico –dijo de repente–. Una terminal. Aquí podremos ver en dónde estamos.
Se acercó a la pantalla que brillaba en color rojo y tecleó un par de cosas. Repitió dos veces "Mostrar planos de la nave" y dos veces "Mostrar ubicación actual" antes de inclinarse para arrancar un panel al costado de la pantalla. Comenzó a hacer alguna cosa con los cables y su destornillador. La pantalla cambió de color a un azul eléctrico, con diseños circulares en ella.
–Así está mejor –dijo–. Como pensé, la nave se encuentra aparcada muy cerca del Maldovarium. Arriba de nosotros se encuentran las habitaciones de la tripulación. Pero sólo detecto dos formas de vida, y una de ellas es Clara. Vamos.
Atravesamos la bodega. Smith iba diciendo qué era cada cosa que había en el lugar. Eran tantas cosas extrañas, con nombres extraños, que apenas y las puedo recordar. Al otro lado de la bodega encontramos otras escaleras, por las cuales subimos para salir a otro pasillo. Inmediatamente a nuestra izquierda, otro corredor se intersectaba con él. Smith me detuvo con un gesto de la mano.
–Ahí está. Un guardia. ¿Por qué hay un sólo guardia en toda la nave? Y la señal de Clara viene justamente de la habitación que está cuidando. De acuerdo... Vamos a hacer esto rápido. Sígueme y no digas nada.
Respiré hondo y asentí rápidamente.
–¡Alto ahí! –dijo el tipo en el pasillo cuando nos vio acercar. Se veía extrañamente... Humano–. ¿Quiénes son y qué hacen aquí?
–Somos seguridad provista por su anfitrión, Dorium Maldovar –respondió Smith, sacando de su abrigo su identificación. Volví a echarle un ojo, pero lo que ví me desconcertó.
Aún conservaba el nombre "John Smith", pero la identificación rezaba "Agente internacional". A veces el nombre de la Universidad que había visto horas atrás se dejaba ver por detrás de todo ello. Y el texto... Saltaba. Se movía por todas partes. Aparecía y desaparecía.
–Nadie nos avisó de esto –replicó el guardia, extendiendo la mano.
–Servicio secreto –contestó Smith, tendiendo su identificación. No podía explicarme cómo era que él no viera el texto cambiante en ella–. No saben de nosotros sino hasta que llegamos.
–El capitán no está. Sólo estoy yo, me dejó a cargo de su prometida.
–¿Su prometida?
–La obtuvo en una singular batalla. La mujer vio la destreza de nuestro capitán y ella misma pidió ser su esposa.
Tal vez lo imaginé, pero podría jurar que debajo de la expresión serena, vi a Smith apretar las mandíbulas brevemente.
–Descuida, soldado. Quedas relevado. Mi compañero y yo nos ocuparemos de esto. Ve a disfrutar de un trago, cortesía del señor Maldovar –dijo finalmente, sonriendo ampliamente y colocando una mano sobre el hombro del guardia, casi paternalmente.
–Pero... El capitán me ordenó que no me moviera de aquí.
–Chico... En este lugar preparan las mejores bebidas en pársecs a la redonda. ¿Te vas a perder eso? Te ves cansado, además. Deberías descansar.
El guardia devolvió la identificación y se hizo a un lado.
–Nadie puede pasar por aquí.
–Descuida.
Smith y yo observamos al guardia recorrer el corredor hasta que dio la vuelta y desapareció. Todavía esperamos un par de minutos por si volvía.
–"Singular batalla" –repitió Smith finalmente–. La secuestraron en el mercado de Tiaanamat. Un momento estabamos comprando frutas y bebidas para el picnic y al siguiente ella ya no estaba. Cuando la escuché gritar, ellos la llevaban cargando. Corren como demonios, y créeme que sé de ello. Corrí detrás de ellos sólo para ver cómo esta misma nave despegaba. Di media vuelta y seguí corriendo, hacia mi nave, para rastrearlos. Y hénos aquí. ¿Y qué diantre es eso de "su prometida"?
Dio media vuelta para abrir la puerta. En ese momento consideré oportuno intervenir para hacer una pregunta más.
–¿Qué pasa con su identificación?
–¿A qué te refieres?
–Hace un momento era un doctor en Psiquiatría, y ahora es agente especial o algo así. Y las letras se mueven.
–Ah –dijo, abriendo los ojos mientras volvía a sacar su identificación–. Esto es papel psíquico. Básicamente, muestra lo que el observador quiere ver. El señor Brown, por ejemplo, debió haber visto la identificación de un inspector de seguridad o algo así. El guardia vio la identificación de un miembro de alguna organización de seguridad privada. Tú viste a un psiquiatra, lo cual hace que la manera en que te encontré tenga un poco de sentido, y eso me preocupa un poco –pude sentir cómo me ruborizaba de golpe–. Después, cuando empezaste a cambiar de idea, todo se agitó. Pero mira. Esto es lo que en realidad dice –añadió, mostrándome de nuevo el interior de la pieza de cuero que albergaba un pedazo de papel viejo y amarillento que...
–Está en blanco –respondí.
–Es porque dejaste de ver el engaño –respondió, antes de dar la vuelta para ocuparse de la puerta–. Hmmm... Cerradura de verificación múltiple. Código alfanumérico, escáner de iris ocular, reconocimiento facial, de voz. Puede parecer anticuado, pero además está protegido de manera soberbia. No hay manera de hackear esto. Sin duda es la habitación del capitán. Y Clara está ahí dentro... Su... Prometida.
–¿No puede utilizar su destornillador? –pregunté, en parte como una sugerencia, y en parte para romper el silencio incómodo–. Le he visto usarlo para toda clase de cosas.
–No esta vez. Dudo que siquiera traspase la primera capa de seguridad. Y si lo hago, seguramente volaría todo este aparato, lo cual no nos conviene en absoluto. Pero por suerte, hay otra opción.
–¿Ah sí?
–Esta vez, podemos tocar la puerta.
Comenzó a golpear la puerta. Primero con suavidad, al tiempo que susurraba "¿Clara?", pero incrementó de poco en poco la intensidad hasta el punto en que sus nudillos golpeaban rápidamente y con fuerza en la puerta y él gritaba el mismo nombre, una y otra vez.
Eventualmente se detuvo, visiblemente cansado y quizás desesperado, preocupado. Me miró de reojo y me encogí de hombros. Por un segundo creí que se arrojaría sobre mí, pero entonces hubo ruido detrás de la puerta, hubo una especie de sonido de despresurización, un par de pitidos provenientes de la cerradura, y finalmente la manija de la puerta giró.
Smith y yo retrocedimos instintivamente. La puerta abrió hacia adentro de la habitación.
Por alguna razón había imaginado a aquella mujer, a Clara, de una manera muy distinta.
No era muy alta. Aún con tacones, apenas y llegaba llegaba a la altura de la barbilla de Smith. Y era joven. No debía tener más de treinta. Si acaso, veintiséis o veintisiete. Su cabello castaño era lacio y estaba recortado a la altura del hombro. Su piel era morena y sus ojos... Dios, sus ojos... Eran enormes y llenos de vida. Brillaban más que cualquier cosa que Smith pudiera haber visto en su vida.
Clara le sonrió a Smith.
–¿Dónde demonios estabas?
–Buscándote. Después te explico. Ahora necesito que corras.
–¿Quién es él? –preguntó ella.
–Dije que después te explico. Tenemos que irnos de aquí, y rápido.
Ella me miró por un instante, antes de que él la tomara de la mano y tirara de ella, echando a correr. Yo corrí detrás de ellos.
