Capítulo 4
La Biblioteca
La única clase que compartía el cuarteto aquel año, era Encantamientos. Los lunes a medio día, tenían dos horas programadas. Aquella mañana, el profesor Flitwick los había reunido en equipos de dos para practicar el encantamiento geminio. Hermione practicaba con Ginny, mientras que Luna lo hacía con Neville. El profesor Flitwick les había permitido el practicar con cualquier objeto que hubiese en la habitación, por lo que una hora y media después, en el aula había el doble de mesas y sillas, así como infinidad de libros, plumas y pergaminos.
Media hora antes de que la clase terminara, el profesor Flitwick les pidió desaparecer las copias de lo que habían aparecido, lo que supuso otro arduo trabajo, pues era prácticamente imposible el identificar el objeto original, de la réplica. Finalmente, cuando todo pareció volver a la normalidad, Flitwick les indicó que ya podían recoger sus cosas, con lo que tanto los Gryffindors como los Ravenclaws hicieron lo ordenado, y apenas cinco minutos después, salían del aula, conversando animadamente.
-¿Te encuentras bien? –preguntó Luna a Neville, al final de la clase, mientras caminaban por uno de los abarrotados pasillos.
-Eso creo–dijo Neville, revisando su mochila-. Creo que accidentalmente borré tanto la copia como mi libro original de Cuidado de Criaturas Mágicas.
-¿Estás seguro? –y Luna se apuró a asomarse del mismo modo dentro de la mochila del muchacho, con lo que sus cabezas quedaron muy juntas.
Ginny dio un ligero codazo a Hermione, con lo que la castaña dejó de leer su horario, y miró de reojo a sus compañeros. Sin poderse contener, ambas muchachas se sonrieron.
Un par de minutos después (efectivamente, sin encontrar el libro), Luna y Neville se retiraron a su clase de Adivinación, y Ginny dijo que tenía clase de Estudios Muggles, por lo que Hermione tuvo que dirigirse por su propio pie a la biblioteca, donde se dispondría a comenzar la tarea de Defensa Contra las Artes Oscuras que el profesor Karstoy les había dejado aquella mañana.
Cuando hubo llegado, se sentó en una de las mesas del rincón, sacó un trozo de pergamino de su mochila, así como su nueva pluma favorita, su tintero, y sin perder un instante, se inclinó sobre la mesa para escribir el título de su redacción.
-Ventajas del Buen Conocimiento de las Artes Oscuras –dijo mientras la pluma rasgaba el pergamino. Y entonces, se quedó en blanco.
No se le ocurría ninguna ventaja acerca del conocimiento de las Artes Oscuras. Después de todo lo ocurrido en años anteriores, le parecía imposible que hubiera algo bueno en ellas.
-No existe ninguna –dijo mientras fingía que lo escribía.
-Demostrando el cerrado cerebro de los muggles y de los sangre sucia –dijo una voz que arrastraba las palabras. Hermione se apuró a mirar quién le había hablado.
Draco Malfoy se encontraba de pie, con la mochila al hombro y un trozo de pergamino en la mano. Miraba a Hermione con una sonrisa burlona, por lo que la chica se apuró a ponerse a la defensiva.
-¿Qué quieres, Malfoy? –no pudo evitar espetar. Definitivamente no estaba dispuesta a aguantarle nada durante aquel curso.
-Parece ser que por primera vez en tu vida, no tienes ni la menor idea de qué hacer con esta tarea. Te han sacado del nivel, ¿no es cierto?
-Veo que tú tampoco lo llevas bien –respondió la chica. Podía ver que en el pergamino del muchacho sólo estaba escrito el título, aunque no podía ver bien lo que ponía.
Draco puso los ojos en blanco, y aventó su pergamino a la mesa, sobre el de la Gryffindor, con lo que Hermione leyó velozmente "La Importancia del Control de las Artes Oscuras".
-Bueno, si tan lista eres, ¿por qué no haces tú mi tarea y me dices las maravillas de pertenecer a los buenos?
Hermione bufó.
-No le hago la tarea a las serpientes.
Esta vez fue el turno de Draco de contener una risita.
-A menos que la serpiente te hiciera la tarea a ti –arremetió de vuelta, mientras fingía que su mano derecha era infinitamente interesante, e ignoraba a Hermione-. Tengo muchísimas ideas que me gustaría poder poner en ese pergamino tuyo. Ya sabes, la raza superior de los sangre pura y…
-¡Basta! –dijo Hermione firmemente-. No necesito escuchar esto. Es mí problema el saber qué poner en mi pergamino. Ahora, si me disculpas, tengo una tarea que hacer, y la molesta presencia de un Slytherin simplemente no está ayudando.
Quitó el pergamino de Draco, y estaba por tomar el suyo y retirarse de la Biblioteca, cuando vio, asombrada, como Malfoy se sentaba en su mesa, delante de ella.
-¿Así que tu no crees en toda esta cursilería de la unidad entre las casas? –le preguntó lentamente-. Dudo mucho que hayas solicitado la firma de algún profesor para poder revisar la sección prohibida, aunque ambos sabemos que allí encontrarás mucho material. Así que, por qué no aprovechar mis conocimientos, mientras yo aprovecho los tuyos…
-Ya dije que no pienso hacer tu tarea, y mucho menos dejaré que tú hagas la mía.
-No me has entendido –dijo Malfoy, conteniendo nuevamente una risita, que esta vez sonaba sarcástica y cruel-. Sería más bien como una especie de entrevista. Yo te puedo decir todo lo que necesites saber, empezando por acomodar esas ideas estúpidas que tienes en la cabeza.
-¿Qué…?
-¿No es lo que Karstoy dijo esta mañana? –le interrumpió Malfoy nuevamente, volviendo a mirar al techo-. Te puedes defender de algo que no te está atacando, pero cuando ataque, ¿sabrás como lo hace? Entonces, ¿no deberías saber primero a qué te enfrentas, de qué te estás defendiendo? ¿No sería entonces, conocer las Artes Oscuras, en modo de defensa?
Hermione estaba tan sorprendida, que se había quedado con la boca abierta. Malfoy continuó con su perorata, mientras miraba distraídamente por la ventana, apoyado perezosamente en la mesa.
-Todos en su vida tienen un acercamiento con las Artes Oscuras. Aunque es cierto que no todos las aceptan, y muchos les temen. Conocerlas no significa apoyarlas, y es obvio que existen diferentes niveles de dichas Artes.
-¿Y tú las aceptas? –preguntó entonces Hermione. Malfoy la miró de reojo, directamente a los ojos, con lo que la chica pudo sentir que el muchacho la evaluaba, como si estuviera midiendo si era digna de una sincera respuesta, o no.
Pero al final, Malfoy desvió la mirada de los ojos castaños de Hermione, y centró su vista en su pergamino.
-Vamos, Granger –dijo mientras tomaba la pluma de la chica y la mojaba en el tintero. Se posicionó sobre su propio pergamino, y volvió a mirar a la Gryffindor-. Dime porqué debería de despreciar las Artes Oscuras.
Hermione hubiera querido sacarle todas las respuestas a Malfoy en esa tarde, pero parecía que el chico solo quería que ella respondiera las suyas. Era una guerra de preguntas en la que los dos querían terminar el trabajo primero, para no tener que seguirse viendo y hablando. Pero al final de cuentas, se hizo de noche, y la señora Pince, la bibliotecaria, los terminó corriendo.
Hermione estaba por pedirle a Draco que volvieran a verse para poder terminar su escrito, pero el chico se había "despedido" diciendo que ya tenía todo lo que necesitaba saber, y se alejó de ahí, sin decir siquiera gracias.
La chica suspiró, contrariada. Le faltaban cinco centímetros de redacción. Así que se subió la mochila un poco más al hombro, y se fue directo a su sala común. Extrañamente, se le habían quitado las ganas de cenar.
A la mañana siguiente, Hermione fue la primera en levantarse. Se vistió a toda velocidad, y bajó al Gran Comedor sin esperar a nadie. Sin embargo, cuando llegó al salón, Luna ya se encontraba desayunando en la mesa de Ravenclaw, por lo que se apuró a llegar hasta ella y hacerle compañía.
-Buenos días, Luna –dijo cuándo se sentó a su lado.
-Buenos días, Hermione –respondió Luna, mientras acomodaba sus tostadas con cuidado en su plato-. ¿Has dormido bien?
-Pues no, la verdad no –fue la sincera respuesta de Hermione. Luna la miró abriendo sus grandes ojos, como si estuviera sorprendida-. Traigo una tarea que me ronda la cabeza –se apuró a aclarar Hermione.
-¿Es de la que me platicó Ginny? ¿De Defensa?
-Sí, esa exactamente.
-Estoy segura de que en la Sección Prohibida encontrarás algo de utilidad. Ginny dijo que hoy iría a pedirle una firma a Slughorn.
Hermione se limitó a asentir, y se apresuró a tomar unas tostadas. Así, las dos chicas desayunaron en silencio. Al cabo de unos 5 minutos, Ginny y Neville se aparecieron en la puerta del Gran Comedor, y se apuraron a sentarse junto a sus amigas.
-A primera hora tenemos Herbología –dijo Neville a Hermione, mientras miraba el horario-. ¿Qué harán ustedes? –les preguntó a Ginny y Luna.
-Tengo dos horas libres, así que estaba pensando en ir a la biblioteca a ver qué puedo hacer por la redacción de Defensa –contestó Ginny, mientras picaba un tocino y se apuraba a metérselo a la boca.
-Yo también tengo dos horas libres –dijo Luna-. Pensaba en terminar los mapas de Urano para la profesora Trelawney.
-Vayamos juntas a la biblioteca, entonces –le propuso la pelirroja.
Mientras luna y Ginny trabajaban en la biblioteca, Hermione y Neville se encontraban trasplantando lazo del diablo en el invernadero 7. Dos horas después, y oliendo a estiércol de dragón (el abono favorito de la profesora Sprout), los dos Gryffindors se reunieron con Ginny y Luna, frente al aula del profesor Flitwick. Apenas y habían tenido tiempo para saludarse, cuando la puerta se abrió de repente, y por allí salieron varios alumnos de Hufflepuff y Slytherin. Hermione pudo distinguir entre aquellos forros verde esmeralda, una cabellera rubia platinada.
Malfoy se detuvo delante de los cuatro chicos, con sus dos guardaespaldas, uno a cada lado, obstruyendo el paso. Miró a los Gryffindors y a la Ravenclaw de pies a cabeza, y sonrió de manera despectiva.
Estaba por decir algo hiriente, cuando Ginny sacó la varita. Malfoy se apuró a sacar la suya también.
Entonces, se escuchó la voz de pito del profesor Flitwick desde dentro del salón.
-Pasen, pasen, la clase ya va a empezar.
Malfoy miró a Ginny, con suficiencia.
-Será mejor que guardes eso, Weasley. No creo que estés a la altura de un Señor Tenebroso.
-¿Qué quieres decir, Malfoy? –dijo Neville.
-Nada, nada. Solo que debería de guardar su palito de madera si no sabe cómo usarlo. ¿Progresando con la tarea? –agregó mientras pasaba su mirada de Ginny (quien apretó con fuerza la varita) hasta Hermione-. No aprenden de los niños buenos.
-¿Bueno, tú? –dijo la pelirroja, provocando que el rubio volviese a mirarla. El Slytherin no pudo evitar sonreír con suficiencia.
-Claro, yo ya tengo mi informe casi terminado.
La mirada de Draco se desvió una vez más hacia Hermione. Esta vez, su sonrisa se había curvado ligeramente hacia la derecha, dándole un aire de ser el único conocedor de un secreto sumamente importante. La chica lo miró sorprendida, pero el Slytherin se limitó a alzar una ceja, y tras dar media vuelta, se apuró a alejarse por el pasillo.
Zack y Nigel se apuraron a seguirlo.
No estaba seguro de si su indirecta había resultado lo suficientemente directa, más nada obvia. Después de haber dado una rápida vuelta al Gran Comedor, para comer junto con Nigel y Zack, Malfoy se despidió de sus compañeros (quienes tenían clase de Estudios Muggles) y se dirigió a la Biblioteca, donde se sentó en aquella mesa ubicada en el rincón, junto a la ventana. Sacó su pluma, su tintero, y con mucho cuidado, sacó el pergamino en el que tenía escrito solo 20 centímetros de la maldita redacción que Karstoy les había pedido la mañana anterior.
Así que tomó la pluma y la balanceó entre sus dedos. Si en verdad había sido obvio, ella vendría.
Pero, ¿en verdad quería que la Gryffindor hiciese aparición? Aún le parecía imposible que de cierto modo le hubiera ofrecido su ayuda, y no solo que ella la hubiese aceptado, sino que la Gryffindor hubiese hecho lo mismo.
Y esa misma tarde, ¿acaso no había sido él quien había pedido que se volvieran a reunir? Se regañó a sí mismo diciendo que había tomado la salida fácil. ¿Por qué depender de lo que Granger pudiese decirle, si todo lo que necesitaba saber podía investigarlo en alguno de los libros de la Biblioteca? Además, estaba el hecho de que si ella se dignaba a acudir a la biblioteca, ¿qué pasaría si alguien los viera? No quería reconocerlo (después de todo se suponía que en estos nuevos tiempos debía haber más unidad entre las casas), pero le preocupaba que algún alumno lo viese sentado haciendo los deberes en compañía de una Gryffindor. ¡A él, un Slytherin de sangre pura!
Sin embargo, lo hecho hecho estaba, y aunque aún confiaba en que esa tal Granger no se apareciera, no podía evitar pensar que su conocimiento (basado en la experiencia) era justo lo que necesitaba para terminar aquella estúpida redacción, y de paso, obtener un Sobresaliente.
Después de todo, le faltaban solo diez centímetros, y no tenía ni la menor idea de que escribir.
Pasó cerca de cinco minutos en esa posición, mirando a su pluma en equilibrio sobre su dedo índice, cuando un golpe en la mesa lo sobresaltó, e hizo que la pluma se le cayera.
Y ahora se encontraba mirando a Hermione Granger a la cara.
-¿Qué haces aquí? –preguntó ella.
Draco se tragó un "esperándote" y dijo:
-Terminando mi redacción.
-Pues no veo que hayas adelantado mucho –respondió Hermione, mientras veía el pergamino que seguía sobre la mesa. Draco intentó esconderlo, pero fue innecesario, pues la Gryffindor se limitó a desviar la mirada, e ignorándolo momentáneamente, se sentó delante de él.
-No se me ocurre nada que escribir, señorita repipi –intentó defenderse Malfoy.
Hermione le dirigió una mirada dura y reprobatoria. Se inclinó a un lado para bajar su mochila de la mesa, no sin antes sacar su pergamino, una pluma y el tintero.
-Te ayudo si me ayudas –dijo ella.
-Pero si solo te faltan cinco centímetros –calculó él. Hermione se movió de manera incómoda en su silla, igualmente intentando ocultar su tarea.
-Y a ti diez. Así que creo que sería mejor si aceptaras mi ayuda.
Malfoy bufó, y miró por la ventana. Pero un par de segundos después, miró a Hermione de reojo, y le dijo:
-De acuerdo, pero tú hablas y yo escribo. Y después yo te digo todo lo que quieras saber.
Hermione no pudo evitar sonreír orgullosamente.
Si por Malfoy hubiera sido, habría salido de la biblioteca una hora después. Sin embargo, parecía que Hermione quería sacarle todos los detalles que pudiese, y cuando ella dijo "está listo" y puso el punto final, el pergamino de la chica tenía 45 centímetros escritos, y el reloj que Draco llevaba en la muñeca indicaba que eran las 6. El chico se estiró en el asiento, y posteriormente, se apuró a guardar su redacción en la mochila.
-Muchas gracias –dijo Hermione, mientras guardaba igualmente su pluma y el tintero. Malfoy se limitó a encogerse de hombros, y continuó guardando sus cosas-. ¿Irás a cenar? –le preguntó la chica.
Malfoy simplemente asintió. Se levantó de la mesa, y se colgó la mochila al hombro.
-Te acompaño –dijo Hermione imitándolo. Pero Malfoy la miró de manera desaprobatoria.
-Claro que no –respondió secamente-. Estuvimos juntos solo por hacer esa ridícula tarea. No creas que tú y yo somos amigos.
Y se alejó dejando a Hermione mitad sorprendida, mitad enojada.
¿Pero qué se había creído? Se preguntaba a sí misma mientras caminaba directamente a su sala común. Se suponía que fuesen enemigos. Ella lo odiaba, ¿no era así? Y era más que obvio que él la odiaba a ella. Independientemente de los intentos de todo el profesorado en Hogwarts, era más que obvio que no existiría una unión entre las casas. Al menos, no entre los Slytherins y el resto del castillo. Por más que los adultos quisiesen ignorarlo, lo ocurrido en la Batalla de Hogwarts, el año pasado, dejaría cicatrices que nunca se borrarían.
Hermione bufó, y sin darse cuenta, se acarició el interior de su brazo derecho. No veía por donde caminaba, pero no era necesario que lo pensase demasiado. Sus pies se habían ya acostumbrado a caminar aquella ruta, y dejándose guiar, la Gryffindor finalmente llegó frente al retrato de la Dama Gorda, donde se plantó y dijo la contraseña, con lo que el cuadro se separó de la pared, dándole acceso a la Sala Común de Gryffindor.
Cuando entró a la redonda habitación (pues se encontraba en una de las torres), se alegró de que Ginny y Neville siguieran cenando en el Gran Comedor. Ignorando el fuego que crepitaba en la chimenea, y a los alumnos de cuarto y quinto que conversaban animadamente, sentados en los mullidos sillones, la castaña pasó de largo, y se dirigió a su dormitorio, donde aventó su mochila a los pies de su cama, y se apresuró a dejarse caer en ésta.
Las cosas se suponían que debían ser muy sencillas: Ella odiaba a Draco, y él también a ella. Y ningún nuevo reglamento escolar haría que aquello cambiase. Eso era todo.
Pero, entonces, ¿por qué habían pasado ya dos tardes muy amenas en la Biblioteca? Aunque Hermione no quería admitirlo, durante esas horas de trabajo, Malfoy había sido menos pesado y grosero que de costumbre.
Mientras el Slytherin escribía atropelladamente lo que Hermione iba diciendo, la Gryffindor había tenido tiempo de sobra para verlo detenidamente. Draco seguía teniendo aquel cabello rubio platinado, aquellos ojos de un intenso azul, y aquella piel pálida que se veía tan fría. Sin embargo, había algo en su rostro que lo hacía verse más maduro. Quizá fuese solo su expresión de concentración mientras escribía. Quizá fuese el cansancio después de lo que había ocurrido el año anterior.
Sea como fuese, había algo en este nuevo Malfoy, que se notaba más humano.
Y entonces ella lo había arruinado diciéndole que si quería acompañarlo a cenar.
¡A él, a un Slytherin!
Tapó su rostro con la almohada, y dejó que ésta ahogase su grito. Cuando sintió que sus niveles de frustración habían disminuido lo suficiente (y sintiendo como Crookshanks se acostaba junto a su cabeza), Hermione se retiró la almohada de la cara, y contempló el techo, mientras aquel silencio le hacía compañía.
Y entonces, sin saber por qué, se arremangó la túnica para ver aquellas letras, ya cicatrizadas.
Sangre sucia
Eso era lo que era. Eso era lo que toda la familia de él la consideraba. Aquel grupo que consideraba que la pureza de sangre era motivo de orgullo, la seguirían viendo como un ser inferior. Por más equivocadas que estuvieran sus ideas y razones, por más cerrados que fuesen sus argumentos, sería imposible hacerles cambiar de opinión.
Se toqueteó aquellas palabras grabadas con plata hirviendo, las cuales brillaron en la oscuridad. Sangre sucia.
Ella, Hermione Granger, era una sangre sucia, y él, Draco Malfoy, un sangre limpia. Tendrían que pasar muchos años antes de que aquellas ideas fuesen delegadas y olvidadas. Aunque, honestamente, la joven dudaba que aquello llegase a pasar algún día. Por más que el mundo mágico quisiese redimir aquellos errores, siempre habría alguien, como los Malfoy, que no permitirían que sus ideales fuesen perdidos en el olvido.
-Soy una tonta –se dijo a sí misma, mientras se giraba para tomar a Crookshanks y abrazarse de él. El gato ronroneó cálidamente-. ¡Y yo que creía que podríamos ser amigos!
¿Amigos? ¿Un Slytherin y una Gryffindor? ¡Eso solo ocurriría el día que un Weasley no fuese sorteado en la casa de los leones!
En definitiva, aquello era algo que no podía siquiera imaginarse, por lo que acurrucándose, la castaña se abrazó con mayor firmeza del gato, y aun pensando en todo aquello, procedió a dormirse.
¡Bonito fin de semana a todos y todas!
Espero y el capi de hoy haya sido de su agrado. Sigo aún insistiendo en hacer notar todos los prejuicios y problemas con la pureza de sangre, que hay entre Hermione y Draco, porque verdaderamente el fic gira en torno a ello. Es por eso que el Dramione avanza a paso lento. Una disculpa por ello, pero soy fiel a la idea de que debe haber un buen plot para que estos dos empiecen a amarse locamente (ehehehe).
Así que mientras les prometo (ahora sí) que en el siguiente capi daremos un gran paso hacia el inicio de esta historia de amor (?), les agradezco de nueva cuenta sus likes y follows, y les pido nuevamente que me dejen un review, aunque sea chiquito y simple. Uno vive por saber lo que piensan, tanto como si les gusta como si no, pues de qué otra forma se puede mejorar.
Deseándoles un buen fin de semana (yo me curaré la cruda de ayer u.u), les mando un abrazo y un beso. ¡Sigan bellos!
