Capitulo 3

Amaneció. El sol ya se había alzado. Era la hora de tomar la primera comida del día. Se podía tomar alguna fruta, o pasta en la base, y de bebida, café, el ayudante del despertar y de los nervios. Mientras de buena mañana se saciaban, una ausencia se hacia notar entre los comensales.

Era raro. Había dormido como una marmota desde que pisó pies en el interior del recinto. ¿Tan cansaba estaba? De todas formas, ya le había dejado tiempo suficiente para que durmiera. Las normas del recinto eran claras; todo el mundo tenía que levantarse a las ocho al no ser que el sujeto en cuestión haya sufrido algún tipo de shock emocional o padecía una enfermedad. Alejandro subió a ver si aún seguía en un apacible sueño reparador. Subió al piso y abrió la puerta. Se encontró con una escena digna de plasmarlo en un cuadro. Como los perros jugando a las cartas...

Plusle, Gionna y un Umbreon con mucho pelo debajo de las orejas, que se alargaba hasta sus rodillas, estaban centrados en el juego, sentados en el suelo de forma que hacían un triángulo. Había fichas de colores desperdigadas por el suelo en el centro de la formación. La entrenadora de pronto sonrió, confiada.

-Je, je, je...- Se reía Gionna con una ingenua picardía.- Prepárate, Kyu, esta baza va a ser muy dolorosa.
Plusle, que también sujetaba unos cuantos naipes, los dejó en el suelo. No tenía ni una carta buena.
-¿Ah, sí? Veamos...- Hablaba. No movía la boca, pero su voz resonaba en los oídos de todos, como si tan solo necesitara su mente para comunicarse con todos. Gionna tumbó los naipes al suelo.

-¡Ja! ¡Toma dos pares!- Gritó, orgullosamente. El umbreon mantenía su cara quieta. Sus pequeños rojos ojos redondos, inusuales para su especie, y su sonrisa gatuna, en forma de tres, no mostraban emoción alguna. Hizo lo mismo, mostrando su selección de cartas.
-Escalera de color. Buen intento, querida.
-Mecachis la mar, tú me siempre ganas.- Soplaba la humana hacia arriba, levantando parte de su largo flequillo. Con esa cara no había quien lo ganara. -¿Por qué no jugamos a otro juego de cartas?
-¿Al burro?- Sugería el umbreon mentalista.
-Odio el burro.- Reprochaba. En ese juego nunca ganaba, simplemente por su lentitud al picar la carta. En cambio, Plusle asentía con energía.
-El pueblo ha hablado.- Decía victorioso, aunque mantenía la neutralidad en su rostro. Gionna suspiró. Se iba a aburrir como una ostra.
A Alejandro le pareció divertido aquel pequeño momento. Tanto que interrumpió cualquier cambio de juego con su risa. El hijo de Anubis giró la cabeza para dirigir su penetrante mirada en él.
-¿Es este nuestro carcelero?- Preguntaba. Con un sí de su entrenadora le bastó para resolver la duda. -Ya veo... "Desconfía de quien te de protección gratuita", dijo alguien. ¡Y he aquí, el resultado de olvidarse de ese consejo!
-¿De dónde has salido tú?- Preguntó Alejandro sonriente. Su inteligencia le provocaba simpatía hacia ese extraño. Y era verdad. No sabía de dónde vino. No lo vio acompañando a Gionna cuando llegó. El refinado gato negro señaló la bola roja y blanca que estaba encima de la mesita de noche.
-¿Te mete en esa bola? ¿Pero cómo?- La conversación se transformó en un interrogatorio.
-Me encoje con un rayo y luego me absorbe. "Transfusión de moléculas", lo llaman aquellos humanos malnacidos que se hacen llamar científicos.
Le parecía horrible encerrar a un pokémon en una pequeña pelota. Era como una prisión, a su parecer. ¿Y luego los sacan para que hagan daño al prójimo? Terrible. Aunque el pokémon perdido no parecía importarle, pensó. Entonces siniestras ocurrencias le pasaron por debajo de su caballera verde. Ocurrencias relacionadas con lavados de cerebros y sumisión involuntaria. Algo parecido con lo que hacía los villanos de la región. Aunque ella no aparentaba que fuera el tipo de persona que maltrata a todo lo que no sea humano. Además, si la bola controlaba a los pokémon, ¿entonces por qué ese gato trataba a veces con desdén a su propia jefa? Pero paró de liarse con preguntas que no obtendría respuesta. Tenía que desviar esos pensamientos para ponerse manos a la obra. La orden del día era hacer que ejerciera como ranger. Y lo primero de todo era hacerle ponerse el uniforme.

Se fijó en su ropa. Probablemente ya necesitaba un cambio, pues seguramente habría dormido con ella. No hacía tiempo para desprenderse del textil con el propósito de dormir. Además, su equipaje aún estaba de camino. ¿De dónde podría sacar una muda? Pero él tenía todo un almacén lleno de ropa, para recambiar los trajes rotos y para dar a los nuevos integrantes. Además, las cosas gratis siempre son aceptadas sin rechistar. Así que soltó la bomba:
-¿Quieres que te traiga ropa limpia?

-Pues... sí. Ya llevo cinco días con esto.

Tal como suponía. Accedió. Alejandro dejó de ser visible en el marco de la puerta para ir a por el uniforme. Algo olía a podrido para el oscuro felino. Su actitud era extraña para ser solo un celador. Actuaba con demasiada amabilidad para que solo la mantuviera como prisionera. El umbreon salió sin decir nada a su señora para ver lo que se traía entre manos. Fue a mirar las habitaciones para encontrarlo. Dio con él antes de que cogiera el conjunto. Una camiseta corta blanca y negra; pantalones muy cortos que no aparentaba lo que era; una torera roja con motivos amarillos; bambas rojas; guantes negros y un cinturón de poliuretano blanco con una ranura para colocar el capturador era lo que constituían aquel conjunto reglamentario. La parte inferior parecía demasiado pícaro como para ser de uso corriente. Mal asunto. Kyumbreon se vio con la obligación de seguir al jefe de Villavera sigilosamente cuando volvía a los aposentos de su señora para ver cómo actuaba. Si empezaba a hacer algo sospechoso, actuaría rápido. Se quedó al lado de la puerta atento a los acontecimientos.

Gionna miró la ropa recién dejada en la cama desecha. Tenía el entrecejo y la nariz arrugados al ver la ligereza de las prendas traídas. Cogió las medias de reojo y el mini-pantalón. Alejando se iba a retirar a esperar que se cambiara. No obstante, cuando vio que se iba, la joven chica le gritó:

-¡Eh, eh, eh, quieto parado! ¿¡Qué es esto!?

-Es... ropa nueva. ¿No lo ves? ¡Está limpia!- Le respondió. Bajo ningún concepto tenía que recordarle que era el uniforme oficial de la unión. Pero ella no se refería a lo que le había traído.

-¡Me refiero a ESTO!- Ella se plantó en frente y le mostró el mini-pantalón cerca de su cara. -¡¿Estamos en invierno y me das unos shorts que casi las confundo por ropa interior?! ¡¿Pero de qué vas?!

-¿¡Qué!? ¡NO! ¡No pensarás que-!

-¡SÍ, sí pienso!- Entonces le lanzó la pieza inferior en su cara. -¡Tráeme unos pantalones decentes, depravado!

Se quedó pasmado un momento. Cuando Selena vino con el uniforme no le había dado ni una queja. ¿Y ella por qué no le gustaba? Se vería bien con el traje, pensó. Mas tenía que complacerla si no quería que se marchara por el servicio pésimo que ofrecía. Kyumbreon soltó unas carcajadas flojas. Pobre desgraciado. Al menos tenía confirmado que no intentaba nada. Si no le habría obligado a ponerse todo el conjunto.

Después de que el jefe de Villavera le trajera los pantalones más largos que tenía y bajara de nuevo al piso inferior, Eustaquio subió a la planta por donde el gato se asentaba para coger su caja de cereales. El felino de enseguida se percató que el patrón cromático era el mismo que la indumentaria que le había dado. Entonces lo supo. Si se lo ponía, sería como si fuera uno de ellos. Tenía que impedirlo, evitar que diera su confirmación tras el acto de llevarlo. Fue raudo hacia la entrada para luego estrellar su hocico contra la recién cerrada puerta. Demasiado tarde. Ya cayó en la trampa.

-Inocente...- Masculló para él solo.

Una vez vestida con el uniforme, Kyumbreon, Plusle y Gionna bajaron al piso de abajo. Se tuvo que poner las medias para cubrir lo que le quedaba de las piernas; dejó las dos camisetas de manga larga al descubierto, y pasó olímpicamente del cinturón. Eustaquio anunció su llegada, elogiando su aspecto con el nuevo traje. Helio no dijo nada. Ella misma suspiró, diciendo una vez más al chico entusiasta que no piensa hacer su mismo oficio.

-No digas tonterías, si te queda bien el uniforme. Y a parte, ya me has demostrado que eres capaz de ejercer como ranger con aquella captura.- Repitió de nuevo el jefe. Ella se golpeó la frente con la mano.
-Im... bécil. Solo lo hice por saber lo que hacía el dichoso aparato.- Concluyó al final.
Antes de que se iniciara una discusión sobre si ser ranger o no ser, la puerta se abrió. El botones con su equipaje llegó al fin.
-... Hum. Retiro lo de imbécil.

Con la aparición de Julio, supo que pensó en lo que se dejó. No pensó que tenía contactos por ahí fuera que le obedecieran. Antes de que agradeciera al mozo su acción, se horrorizó al ver su mano.
Pese al vendaje, podía ver algunas ampollas y el enrojecimiento de las quemaduras. Le preguntó lo sucedido, expresando su reacción, y le contó la travesía de la cueva. El encuentro con el recluta... Mas no mencionó lo de Lol. Se le olvidó. Igualmente, tenía que volver a Otonia, y solo peligraba con ese energúmeno rondando por la cueva. Tenía que pedir un escolta.
Helio se ofreció, pero Alejandro se lo impidió.
-No Helio, mejor dejémoslo a nuestra nueva compañera.
-¡Pero jefe! ¡Si ni siquiera ha hecho las pruebas de iniciación!
-Y además, la señorita no quiere servir a vuestros intereses.- Añadió su vasallo.
Antes de que la sorpresa de tener ante sus ojos un umbreon parlante abrumara al príncipe de la ciudad otoñal, Helio empezaba a tenerle manía. Le estaba impidiendo que hiciera su trabajo. El Minun que estaba a su lado lo notó. Su rostro se tensaba. Apretaba los dientes para de que alguna manera no sintiera los hijos del odio.
-Es mejor que vaya el pelozuli. Se supone que tiene más experiencia en esto de capturar.- Se negaba a realizar el trabajo que le encargaba mientras jugueteaba con su pelo castaño oscuro nerviosa. El odio que acrecentaba en Helio desapareció. Al menos era considerada, pero que le llamara pelozuli no le gustaba en absoluto. Su superior era testarudo. Quería mandar a ella, pero se negaba. Todo y que tenía el apoyo de Helio, al final tuvo que ceder. Fue a comprobar que tuviera la mochila, pero no la tenía.

-Espera... falta una cosa. ¿Y mi mochila?

-Tu mochila... oh... no lo sé. Creo que la llevaba ese lombre...

-¿Y mi lombre dónde está?

Genial. ¿Ahora cómo iba a decir que su compañera fue raptada por un bandido con capturador? Echó una mirada abajo. No podía haber caído más bajo. ¿Dónde estaba el legendario "jinete del dodrio" cuya técnica de captura era más que loable? Había que comunicárselo.

-Lo... lo he perdido...

-No fastidies. ¿Cómo?

-No sé si lo entenderías...

-Oh, no no no no no, me lo vas a contar. Ya solo me faltaría que hayáis raptado a mi querida lombre.

-Pues precisamente eso es lo que ha pasado. La han "secuestrado".

Se quedó de piedra. Estaba deseosa por estrangular a Alejandro por no decirle que se llevara el equipaje, y luego a aquel hombre rubio por dejar que se la llevaran otros. Lo habría hecho si no fuera porque contuvo su ira. Solo dijo dos palabras al respecto:

-Menudo día...

Kyumbreon quiso reírse de su reacción y desgracia. También se reprimió las ganas. Eso era serio, y no le convenía burlarse de lo sucedido. Gionna estimaba mucho a Lol. Fue su primer pokémon, su más fiel amiga. Incluso era una amistad más cercana que con las que tenía con sus compañeras del colegio. No, ellas ni siquiera llegaban a eso. Un día la dejaron al margen de sus juegos; no la llamaron más para que vinieran a sus casas, ni ellas querían venir a la suya; siempre la evadían con excusas. Al siguiente, al no poder estar junto a nadie, tuvo que esconderse de dos abusones cerca del estanque que había más allá de la valla de alambre que delimitaba el patio. Ahí fue donde, presa del cansancio y del hambre, conoció a la compasiva lotad, que le trajo, nada más dejándose ver, una manzana en su nénufar. Desde aquel entonces le siguió... hasta ahora. Era el peor retiro de su vida. Ojalá nunca hubiera venido.

-Mira, lo siento... Pero no pasa nada. No creo que haya andado muy lejos. Parecía que sus compañeros estaban buscando algo en la cueva, así que-

-Y encima va acompañado...- Bufó. Ahora sabía qué se sentía al ser despojado de su pokémon. Sin embargo, al menos podía volver a encontrarse con ella. ¿Qué razón tenía para temer de una pandilla cuando aún tenía a Kyumbreon? Ya tenía una razón para ir.

-Bueno... está bien. Tendré que ir. Pero que conste que lo hago por mí, no por vuestra... organización de forestales-policías. ¿Queda claro?

Eso complacía a Alejandro.

-¡Muy bien! Pero no te olvides de tu capturador.

Lo único que no se dejó. El objeto que inició todo ese lío. Ahora pedía que lo llevara. Sin otro remedio, tendió la mano y cogió el aparato con desganas. Ahora estaba lustroso e inmaculado. El herido príncipe de la sede este de la unión de Floresta, la enfadada entrenadora de la región de Lyra y el oscuro pokémon Luz lunar partieron en dirección a Otonia. Plusle quería ir con ellos; sin embargo, no tenía el permiso de Alejandro. De todas formas se escaqueó y fue con ellos.

Cruzaron la llanura. Tenía aspecto diferente en el día. Se podía ver toda vida que rondaba por la zona verde y escasa de árboles. Había chikoritas pastando, zizagoons cazando mariposas, linoones bebiendo del del río... Un panorama lleno de vida. Hubiera sido el primer lugar que visitaría si no fuera porque le arruinaron las vacaciones. Siguieron el sendero de tierra que los condujeron hasta el portal sin puerta del túnel.

-Aquí es.- Dijo Julio. -A partir de aquí las cosas se van a volver... algo complicadas. Ya sabes. Por los secuestradores.

-Los secuestradores no representarán ningún peligro. No estando un servidor.

-¿Estás seguro, umbreon? Ellos también tienen capturadores. Podrían capturarte también a ti.

-No si yo les hago retorcer de dolor antes.

Ya empezaba a lucirse. Gionna suspiró al oírle jurar sufrimiento a quien se ponía en medio. Había muchas cosas que le gustaba de él; pero si había algo que impedía que fuera uno de sus favoritos, era el trato que tenía con sus contrincantes. Era sanguinario a más no poder, incluso a veces quién se ha enfrentado a este, se quedó varios días en un Centro Pokémon con lesiones graves. Temía que Julio le dijera algo respecto a ese comentario. Pero no dijo nada al respecto.

Sin más dilación, entraron. Avanzaron por un camino corto, rocoso, aunque alisado. El aire era húmedo, sin dejar de ser frío. Sería oscuro si no fuera por los fluorescentes instalados en el interior de aquella montaña. Nada más llegar a mitad del recorrido, se encontró a la pandilla que hirió la mano de Julio.

-Que pinta más... Extraña, por no decir ridícula.- Comentó Gionna al ver por primera vez a esos personajes. -No serán esos los que...
-Sí, son ellos. Son el equipo Go-Rock, una panda de bandidos que quieren sustituirnos causando problemas en Floresta, no sabemos aún por qué.

-¡Menudo propósito más estúpido!- Exclamó la entrenadora con desdén. -¿Quién querría ser ranger? ¡Ay, por favor, si es mucho trabajo! ¿Se puede saber lo que-? ¿Kyu, a dónde vas?

El umbreon se acercaba curioso a uno de esos bandidos. Este estaba dirigiendo una peonza que liberaba un rastro lumínico del color del rubí con un aparato blanco y rojo que llevaba en la mano. Fue tranquilamente hacia él, sin saber qué estaba capturando al digglet para que lo sirviera. Una vez que estaba cerca y acabó de atrapar al pokémon tipo tierra, preguntó por lo que le hizo a ese topo que no dejaba salir sus pies a tierra. El extraño se giró hacia el. Lo miraba con ojos como platos tras sus gafas. Tenía que ser suyo.

Apuntó al chacal azabache con la máquina. Iba a capturarlo. Su entrenadora se puso alerta.
Gionna pensó gritarle a su negro felino que destrozara la línea con un ataque ofensivo, pero no le hizo falta. Kyumbreon no se dejaba dominar por un juguete. Saltó por encima como si fuera una cerca, aunque este siempre intentaba encerrarlo de nuevo. Finalmente, harto de escapar, pasó de evadir a atacar. Sus patas se cubrieron de una energía oscura que se elevaba como un gas, que pasó a cubrirle todo el cuerpo. Expandió esa energía al suelo, y después de que los ojos le brillaran más de rojo, nacieron de la onda umbría dragones alargados que mordieron la línea de captura. La línea se fragmentó en rayos que regresaron al aparato del pelele, reventándolo. El daño que le hizo en su mano fue menos severa que la de Julio. Mismos daños, menor cantidad. Suerte para él.

-Tch. Humanos... - Dijo con desprecio. -No sé lo que intentabais hacer, pero fuere lo que fuera, vuestra acción fue necia.- Se retiraba de la vista del incrédulo recluta, regresando a las cercanías de Gionna. Ese ataque de tipo siniestro, combinado con el poder mental resultó increíblemente dañino para su súper-capturador. Una vez que el falso ranger ya no era molestia, el grupo avanzó. No tardaron en encontrarse uno de sus iguales. Estaba enfadado. Había visto lo que Kyumbreon había hecho.
-¡Eh, rangers, de aquí no salís! Vuestro umbreon ha herido a uno de mis compañeros de trabajo.
-¡Pues mira cómo me ha dejado la mano uno de tus compiches!- Gritó también cabreado Julio, mostrando la vendada mano. Gionna puso la mano en la frente. Aquella escena parecía una pelea callejera entre bandas. ¿Así eran cuando se encontraba el uno al otro?
-¡A mí tu mano me importa un carajo! ¡Vamos, geodudos!

Tres piedras de musculosos brazos con rostro acudieron a su llamada. Vinieron por detrás impulsando su cuerpo pétreo contra el grupo, infructuosamente, pues los dos humanos esquivaron aquellos pesados y toscos cosos tirándose al suelo. Parecían idos. Las rocas se quedaron a pocos metros de ellos, detrás suyo. Antes de que los dos se levantaran, el gato miró al recluta.
-¿Mandas tres geodudes para hacernos daño? Patético.- Le dijo antes de disponerse a hendir las rocas mediante su psíquico. Ese ataque habría bastado para dejarles incapacitados por varios días, pero a pesar de ello, no estaban aún vencidos.

Luego Kyumbreon usó pulso umbrío. El golpe les había dejado atontados, pero no inconscientes. Harto de que no se rindieran, la faceta cruel de Kyumbreon se despertó al fin. Lanzó ataques siniestros sin pausa, ya no solo para dejarles inválidos temporalmente, si no para quitarles la vida directamente. Julio no soportaba verlos sufrir.
-Para, ¡para, para! ¡Ellos no pararán por mucho que los dañes!- Suplicó clemencia para las inocentes piedras en vano. Lo ignoraba por completo. -¡Ve a por su capturador, no a por ellos!

O... al menos deja que tu compañera los capture. -Miraba a Gionna, que llevaba el capturador sujeto en su mano derecha. Ella lo había oído. La idea no le gustaba.
-Oh, venga ya, no querrás que utilice el cacharro que me dio... Buf, ¿cómo se llama el tipo del pelo verde que me ha dado el traje este...?
-¿Alejandro?
-¡Eso!
-Pues sí, sí quiero. ¡Captúralos antes de que tu acompañante mate a esos geodudes!- Ordenaba a Gionna, como si de su superior tratase. Ella intentaba encontrar un argumento para no hacerlo; sin embargo, había algo que los dos no querían: que el demente de Kyumbreon asesinara a las piedras. Tuvo que decirle a su pokémon que así ya morirían pronto. Cuando se dejó calmar, preparó el artilugio de captura y lo usó para trazar en el suelo una serie de círculos que que encerraba a aquellos malheridos pedruscos. Estos no pudieron oponerse mucho. Sus movimientos estaban limitados por el dolor. En cuanto la luz azulada se dirigió hacia ellos dominó los cuerpos duros de los geodudes, y las recientes heridas provocadas por la ira de su pokémon fueron sanadas. Recobraron el sentido para luego huir de aquel hombre. El cobarde recluta no tardó en hacer lo mismo, temiendo que lo detuvieran.

Entonces siguieron su camino. Estaban a punto de llegar a su destino. Mas justo cuando parecía que nadie más iba a estorbar, otro problema, otra vez en forma de rockero ochentero, les cortó el paso. Era el mismo del otro día, junto con sus tres dopados machops.
-Vaya, ¿otra vez tú? -Preguntó a Julio aquel desagradable sujeto. Miró seguidamente a Gionna, con una sonrisa burlona.-¿Esa es tu nueva novia? No me esperaba esto de ti.- Se reía con su propio chiste.
-Mira como ha degradado la inteligencia en este mundo... Si ya cuando vas acompañada de un chico ya dicen que es tu novio.- Criticaba ella al mundo con el que convivía diariamente.
-¡Oh, vamos, que era broma, ranger de pacotilla!
Gionna apretó los puños. Le estaba empezando a cansar de que la llamaran ranger. Ella no quería ser una maldita forestal-policía; ella quería descanso, vacaciones, tranquilidad, y, ¿a cambio, qué recibía tras múltiples mareos en un barco? ¡Trabajo! ¡Un señor de pelo verde que insistió que hiciera encargos! ¡Nuevos maleantes que ni si quiera aspiraban dominar el mundo! ¡Un idiota que se reía por tontunas! Aunque para ayudar todo ser vivo que sufría un problema era un deber, le crispaba que la obligaran a ella hacer trabajos y llevar ese traje rojo que le daba el nombre de ranger.

Ya estaba. Cuando llegara a Otonia, lo primero que hará será robar algún vestido de una tienda de ropa y luego devolver el uniforme a Alejandro. Pero antes de poder hacer estas cosas, tenía que apartar a ese cerebro de mosquito del medio. El recluta llamó a sus sicarios y les ordenó que atacaran a la entrenadora.
Kyumbreon fue rápido. Detuvo la carrera de los pequeños hombres gris-azulados elevándolos al aire con su mente. Después los hizo caer en picado contra el suelo. Como antes, no fue suficiente para dejarlos K.O, aunque el agotamiento no tardó en hacerse mostrar. Era tres pokémon tipo luchador potenciados por el súper-capturador contra uno siniestro que conocía un ataque demoledor para ellos. Si lograban golpearle, le partirían los huesos y sería humillado ante vista de su propio dios. Y tampoco sabía sin mucha certeza si ejecutar la misma técnica les agotaría del todo. Tuvo que mirar a su señora para saber qué hacer. A veces resultaban más eficaces sus decisiones precipitadas que su cálculo.
-Haz lo que tengas que hacer, Kyu.
Con eso le quedó muy claro lo que quería que hiciera. Volvió a la carga, pero esta vez no los levantó, si no hizo presión en la musculatura con fuerza para causarles un horrendo dolor. En cuanto les rompió algunos ligamentos, paró. Julio no podía creerse que ahora le hubiera dejado hacer lo que se le antojara.
-¿No podrías haber intentado capturarlos antes?- Preguntó Julio irritado.
Gionna mantenía la cabeza baja, aumentando su furia. Ella liquidaba pokémon para que parasen aunque no le gustara, no jugaba con una peonza para calmarlos. Estaba harta de ser llamada con lo que no era.
-¿¡Pero qué hacéis, inútiles!? ¡Levantaos!- Ladraba el recluta. Por mucho que intentaran complacer a su amo cumpliendo sus órdenes, sus hombrecillos volvían a caerse como un tablón de plomo. -Ah, ah, muy bien, no os levantéis entonces. ¡Sois escoria! ¡Tengo a otro mucho mejor! ¡Vamos, sal, cara de pato! ¡Tienes rangers que humillar!

Con un tono cantarín, dio vida a los arbustos que estaban cerca de él. Unos pocos movimientos y una figura corta de brazos largos salió de un salto y aterrizó enfrente de la vista de los rangers. La mochila que llevaba a sus espaldas delataba su identidad. Gionna miraba incrédula a aquel ser.

-No-no puede ser... No...
Su lombre miraba intimidante a su entrenadora. No la reconocía. Pensó que Lol estaría encerrada esperando a que fuera vendida, pero en ningún momento se le ocurrió la posibilidad de que llegaría a acabar como los pokémon que se enfrentó antes. Kyumbreon se quedó impasible ante su magistral presentación. La entrenadora se la tomó con Julio. Ahora sí que odiaba a la unión.
-¡ME HABÍAS DICHO QUE SOLO LA HABÍAN SECUESTRADO, JODER!- Le espetó.
-¡Pensé que no me entenderías! ¡También quería decir que la habían capturado!

-¿¡Y POR QUÉ NO HICISTE NADA PARA IMPEDIR QUE ME LA "ROBARAN", SI SE PUEDE SABER, ¡EH!?
-¡Lo he intentado, pero él mismo usó a sus machops para romperme el capturador!

-¡MALDITO INÚTIL...!

Su furia impedía que fuera comprensiva. No podía perdonar que no hubiera podido hacer nada. Quería romperle la nariz por perder, alzar el puño para sacarle un diente de un tirón, algo que ni siquiera llegó a hacer. Sentía que su mejilla estaba siendo rasgada por las uñas de su mejor amiga. Perdió el equilibrio, y Gionna cayó al suelo. Ella, con la mano temblorosa, se tocó la herida con los dedos. En cuanto los vio, estaban teñidos de rojo. No era una herida muy profunda, por fortuna, pero saber que estaba sangrando en la cara la aterrorizaba. Esperaba que no fuera ella la primera que se atrevería a herir. Ni ella ni ningún otro.

Kyumbreon reaccionó nada más que su señora cayera víctima del golpe furia. Se puso delante y creó un muro verde translúcido para que el único daño fuera aquel arañazo. Lol dejó de atacar, pero aún pensaba herirla.

-¡Detente! ¿¡A caso no recordáis a quién estáis dirigiendo vuestra fuerza!?- Le gritó, intentando que entrara en razón, mas parecía que la palabra era inútil. Lol soltó un gritó amenazante, como si quisiera que Kyumbreon se apartara. El felino también tuvo que adoptar una postura agresiva. Ya no era ella. Tenía que sacrificarla.

-K-k-kyu... no-no pensarás...- Preguntó con los labios temblorosos y ojos humedecidos.

-Lo siento, mi señora. Tendrá que ser llevada a Lunetah por traición.

Así era su forma de decir que ya no era ella, y que no tenía salvación. Ella no podía aceptarlo. ¿Tan de repente tenía que despedirse de Lol? Había que hacer algo. ¿Pero qué? Todo parecía perdido. O tal vez... podía vislumbrar la luz de una idea entre esas sombras de desesperanza. ¿Pero qué era? Sus emociones la ofuscaban. Tenía que dejar de lado lo que pasó en el presente para ver fríamente el pasado, encontrar en los hechos lo que tenía que hacer.

Se acordó de la reacción de los geodudes tras la captura. Antes eran unos pedruscos que hacían lo que uno cualquiera dijera. Y luego, cuando los pudo atrapar, huyeron de ese... antes de aquel, estaba el necio que trataba de que intentaba hurtarle a Kyumbreon. Tenía el mismo objeto que ella estaba sujetando con la mano, con diferente diseño, pero de todas formas, apenas notaba alguna diferencia.

¿Podría haber alguna relación entre esos elementos?

Se fijó en ese molestamente risueño energúmeno. También sujetaba un capturador.

Ya está. Ya lo tenía.

-Kyu. Aparta. Yo me ocuparé de ella.- Dijo más sosegada, sin dejar de ser imperativa.

-Es peligroso, mi señora. No volverá en sí por mucho que diga que es vos.

-No pienso usar la lengua, tontín.- Kyumbreon se giró para ver a su entrenadora preparó su aparato curativo. Julio sonrió un poco. Ya no fue necesario decirle que tenía que capturarla si quería que volviera con ella.

-¡No! ¡No iréis a volver a usar ese aparato! ¡Vuestro cometido es enfrentar las adversidades usándonos, no curar al contrario!

-Y sin embargo, una de mi equipo se ha convertido en una adversidad. Ahora que sé que podemos resolver esta crisis sin implicar a la violencia... ¿Por qué no?

-¡Os estáis contradiciendo a vos misma!

-Será la última vez.

Él se quedó un rato breve en silencio. Al fin, se apartó del medio para no interferir en la captura.

-Que sea su voluntad, pues, la que le haga recobrar el sentido.

Cuando apuntó a Lol con la antena, esta dio un respingo, como si en un tiempo breve hubiera recobrara la conciencia. No quería que utilizara el capturador. No quería que se hiciera daño. Pero no tenía control de su cuerpo. Le dañaría con todo su potencial.

La captura de Lol dio comienzo. La peonza fue disparada con el propósito de que volviera a tener dominio sobre su motricidad; sin embargo, no iba a ser tan fácil como antes. Los anteriores fueron agotados previamente, pero ella no. Atacaba cada rato con sus chorros, sus zarpas y sus semillas, y la línea regresaba para electrocutar a su actual propietaria. Solo llegaba a hacer dos círculos cada diecisiete segundos; insuficientes para que pudiera capturarla. Los espasmos que le daban después de recibir la electricidad empeoraba todavía más sus movimientos. Lo intentaba una y otra vez, hasta que el capturador avisaba de que sus energías estaban llegando al límite. Empezaba a salir humo y a pitar. Un golpe más y explotaría. Estaba a punto de rendirse. Resultaba difícil devolverla a la cordura. Aquellos intentos inútiles están llevándola a la derrota.

Aquella escena estaba conmocionando a Plusle. Intentaba recuperar a su compañera vigorosamente. Por un momento pensaba que era una humana desalmada, que dejaba a los dementes hacer lo que les plazca. Pero verla padecer así... justo por ese cachivache del demonio. Se lanzó a ayudar. Corrió rauda hacia la lombre, pasando al lado de Kyumbreon, mostrándose al fin. El conejo impulsó su pequeño cuerpo para situarse a escasos centímetros de Lol. Sus mejillas iban soltando chispas. Chispas que posteriormente se convirtieron en rayos paralizantes que azotaron a Lol, atrofiiando sus músculos. No podía mover ni la boca para lanzar agua. Era su oportunidad. Reanudó el proceso y volvió a hacer círculos al aire que sintonizaban con la perinola luminosa. Cuando la luz cobró fuerzas, era hora de retirar el disco, finalizando así su captura. Su parálisis fue sanada, y al fin volvió en sí. No acababa de creerlo. Lo había conseguido. La había recuperado.

Lol fue corriendo hacia Gionna para darle un abrazo, al igual que ella. Ambas se agarraron con fuerza y lloraron de alegría. Pensaba su entrenadora que la había perdido para siempre. Sin embargo, Lol se fijó en la herida de su mejilla. Reconoció que la había causado ella. Pero no importaba. Ahora estaban las dos juntas. Aquel Plusle le acababa de hacer un favor. Quería soltarla un momento para agradecerle. No pudo. Lol estaba pegajosa. Y mientras, Kyumbreon intentaba no ver para morirse de asco.

El recluta, en cambio, estaba disgustado con aquella derrota. Iba a dejar que se reconcilien, decepcionado por su mala suerte. Por si no fuera poco, Julio se dio cuenta de que iba a escapar. Tenía que detenerle e interrogarle.

Ya no estaban bajo la tutela del jefe de Otonia. Llegó la hora.