¡No pude evitarlo! Sempais, no me odien porque no puedo parar de escribir sobre estos dos (._.)
¡Advertencias! Lo de siempre: Yaoi, AU, cursilerías, recuerden que no hay una cronología definida, un tremendo OoC (y ¿fluff, se dice?).
Naruto es creación de Kishimoto. Sólo he tomado prestados a Itachi y Sasori porque son mi OTP crack y no puedo parar de amarlos.
((*~* [L' obscurité de la terre] *~*))
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OLVIDO
« Dios, ¿a dónde has ido? No hay respuesta, así ha sido siempre ». Egoist, All alone with you.
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La nieve caía en fuertes ventiscas y parecía golpear el cristal con la misma intensidad que gruesas gotas de lluvia. Sin embargo, la atención de Sasori no estaba en la tormenta que se desataba en el exterior, sino en las danzantes llamas de la chimenea, a las que miraba con creciente fascinación. A su lado estaba Itachi con los brazos extendidos hacia el fuego, intentando recuperar el calor después de perseguir demonios durante todo el día. En esta ocasión, Sarutobi los había asignado a una misión en pareja, lo cual agradecía el taheño, pues ya no se imaginaba pasar otra semana más sin tener noticias del Uchiha.
Frunció el ceño y se acurrucó más entre las capas de Akatsuki, apretando entre sus dedos la que pertenecía a Itachi. El moreno se la había cedido porque no conseguía entrar en calor. Por más que Sasori intentó desdeñarla, su amigo insistió hasta el cansancio, diciendo que su temperatura estaba subiendo y que, si no tenían cuidado, podría atrapar un catarro. Los yokai no solían enfermarse con frecuencia y el Akasuna era especialmente resistente, por lo que su fatiga y las sombras bajo los ojos, tenían al otro muy preocupado.
—Lamento retrasar la misión —murmuró repentinamente Sasori, notando la vergüenza haciendo estragos en el color de su rostro. Itachi se giró a verlo, las orejas tensas como si fuera un gato oyendo el rumor de pasos en la oscuridad; la inquietud del joven no estaba fuera del lugar del todo, considerando que esta era la primera misión que realizaba Sasuke fuera de Konoha—. ¿Crees que tu hermano y Gaara hayan encontrado refugio para esta noche?
Itachi asintió.
—Ambos son inteligentes y trabajan muy bien juntos. Seguro se las pueden apañar solos.
—Sé que estabas ansioso por encontrarlo en el punto de encuentro —añadió, sintiéndose culpable al ver que éste le respondía con una simple sonrisa.
—No te preocupes —le dijo en tono conciliador y luego riendo—. Oh, Sasori. Tú también sufres de una especie de complejo de hermano mayor, ¿lo sabías?
Respingó la nariz y gruñó al mismo tiempo, enseñando los dientes. El moreno juntó las piernas hacia sí y cerró los ojos, dejando el tema por la paz. Transcurrieron algunos segundos en silencio, hasta que el pelirrojo se hizo bolita en su lugar, todavía sentado.
—Jamás me ha gustado el frío —prorrumpió, haciendo que su compañero lo mirase—. Jamás he visto la nieve, pero en el desierto, las noches son tan gélidas como un cubo de hielo contra la piel.
—El fuego no tardara en hacer lo suyo —le prometió Itachi con una sonrisa, pero el taheño no hizo más que observarlo fijamente—. ¿Qué sucede?
—¿De verdad no tienes frío?
—Estoy bien.
Sasori decidió, luego de mirarlo atentamente, que decía la verdad. Itachi era muy fuerte y no flaqueaba ante el clima; además, tenía razón: La pequeña cabaña ya estaba adquiriendo una mejor temperatura y el sueño que el pelirrojo no había podido conciliar, estaba volviendo a sí. A pesar de lo solitario del pueblo y que Itachi estaba más callado de lo usual, su cercanía le ahuyentaba la memoria de Deidara. El dolor de esa traición menguaba cuando el Uchiha estaba a su lado y Sasori descubrió que estaba agradecido porque el moreno estuviera soportando las circunstancias en silencio. Aunque ninguno lo mencionara, tenían muy presente aquella escena en el techo del palacio, momentos antes de que Deidara hubiera herido —casi— fatalmente al yokai de Suna.
—Itachi —llamó suavemente—, ¿te molestaría hacer la primera guardia y despertarme cuando haya dormido un poco?
El Uchiha se enderezó y asintió con firmeza.
—Te prepararé la cama —dijo solícito, haciendo amago por levantarse. No obstante, Sasori sacó la mano entre las capas y lo cogió de la muñeca. Itachi lo miró con los ojos expandidos.
—No quiero estar lejos del fuego. Aquí se siente bien —hizo una pausa—. Aquí, contigo.
Itachi tragó saliva mientras veía al pelirrojo cabizbajo.
—Puedes usar mis piernas como almohada, entonces —sugirió el moreno y se volvió a acomodar, regalándole otra de sus sonrisas—. ¿Está bien?
Sasori abrió la boca para preguntar lo mismo, pero se limitó a asentir. Sentía el cansancio pesándole como yunques sobre los hombros y quería, sólo por un momento, recostarse al amor de la lumbre y en el regazo de Itachi, quien desvanecía sus pesadillas cuando lo despertaban a medianoche. Sin decir palabra, el taheño se dejó caer suavemente, acomodándose para que su cabeza quedara en las piernas de Itachi; se hizo bolita, igual que un minino y siguió observando las llamas.
De pronto, la cálida mano del Uchiha se puso sobre su cabeza y empezó a acariciarle, enredando los dedos entre los rizos y haciéndole cosquillas en las orejas, que se agitaban en un tic de placer. Sasori pensó en el beso que ya habían compartido ambos y cómo era extraño que este momento se sintiera mucho más íntimo que aquel entonces.
—Duerme, Sasori —murmuró Itachi con suavidad y gravedad al mismo tiempo—. Olvídate de todo.
Y Sasori quería decirle que el dolor, el odio y la incertidumbre no tenían cabida en su mente justo ahora: Sólo pensaba en la mano que acariciaba su cabeza, con tanta delicadeza y calidez que lo hacía sentirse tranquilo y adormecido, hasta con ganas de sonreír.
Pero en vez de eso, sólo murmuró el nombre de Itachi y se dejó llevar por los brazos de Morfeo.
FIN
A quien corresponda: ¡Gracias por leer!
