¡NO ME ODIEN!
Abajo les explico el porque de mi atraso… ¡qué disfruten el capítulo!
CAPITULO 4
Los niños corrían de un lado a otro en el campo verde frente a la pequeña casa en la colina.
Un auto muy lujoso de color negro se estacionó a las afueras del hogar de Pony, logrando las miradas curiosas de los niños quienes no acostumbraban ver ese tipo de vehículo con demasiada frecuencia. La verdad es que a los alrededores solo se lograban llegar a ver, carretas haladas por caballos y uno que otro auto ya muy deteriorado. Era todo un suceso.
Del lujoso vehículo, bajaron dos personas. Un hombre alto, de cabellos castaños y rizados; y piel tan blanca como la leche; acompañado de una mujer de estatura mediana, de cabellos rubios y unos ojos verdes como esmeraldas. Se notaba en su vestimenta, que provenían de una familia rica y poderosa. Y aunque su presencia intimidaba un tanto a los más pequeños, se notaba en su semblante que era gente buena.
Todos se apartaron para darles el paso a los visitantes. Los más grandes, sabían que la presencia de estas personas solo quería decir que estaban interesados en adoptar a algún niño o niña. Pero, desgraciadamente como sucedía en muchos casos, estaban seguros que se trataría de algún recién nacido o un niño no mayor de dos años. Así era casi todas las veces.
La hermana María se percató del momentáneo silencio en las afueras del hogar y decidió salir a ver que andaba mal, al abrir la puerta, se encontró con los visitantes y los saludó amablemente.
- Buenos días –sonrió
- Buenos días, hermana –habló el hombre alto de cabellos castaños- Quisiéramos hablar con usted, si es posible.
- Desde luego, pasen adelante. Podremos hablar más cómodos en el interior –se apartó de la puerta para dejarlos entrar
La hermana y los visitantes se dirigieron a la pequeña estancia que se encontraba en el interior de la acogedora casita. El olor a pan recién horneado era perceptible en cualquier punto de la casa, y eso aunado al olor a conserva de manzana, daban al lugar un ambiente a hogar.
- Siéntense por favor –los instó la hermana- ¿En qué les puedo servir? –preguntó cuando los señores estuvieron cómodos
- Verá hermana, nos ha costado mucho venir hasta aquí y la verdad en este momento no sé como empezar –dijo la mujer rubia
En ese momento, la señorita Pony se les unió y continuaron con su conversación
- Queremos adoptar
- Bien –la señorita Pony sonrió- ¿Les gustaría una niña o un niño?
- Niña –dijeron al unísono
- Perfecto, tenemos niñas de varias edades. ¿Han pensado en una edad en especial? –preguntó- Por el momento no tenemos recién nacidas, pero las niñas más grandes también se pueden acoplar a su estilo de vida.
- No queremos una recién nacida –señaló el hombre- De hecho ya tenemos una edad en específico que deseamos
- Bien, ustedes dirán –dijo la hermana María
- Queremos una adolescente, de quince años.
Era extraño. Por lo regular, las parejas buscaban niñas más pequeñas para que dado el caso, pudieran adaptarse al estilo de vida que tendrían con su nueva familia.
- Bueno, señores…
- Wilson –aclaró- Perdón por no habernos presentado al entrar. Mi nombre es Edward Wilson y ella es mi esposa Stephanie.
- Mucho gusto, señores Wilson. Como les quería comentar, por el momento no tenemos a ninguna niña de esa edad viviendo en el hogar. Pero…
- Es que –se atrevió a hablar Stephanie- nosotros no queremos a cualquier niña. Queremos, a la nuestra. Queremos a nuestra hija
- ¿Su hija?
- Si, hemos venido a llevarnos con nosotros a nuestra hija. –sentenció Edward
OoOoOoOoOoOoOoOoO
No era una pregunta fácil de responder.
"¿Me amas Candy?"
¿A qué venía todo esto ahora?
Tenía a Terry frente a ella, demasiado cerca para su gusto; viéndola con una mezcla de furia y agonía; la tomaba de los hombros y le susurraba palabras furiosas contra los labios, sin rozarlos plenamente, pero lo suficientemente cerca para percibir su aliento. Y aunque la voz de él era casi imperceptible, hacia ahínco en cada sílaba y ella comprendía exactamente lo que le decía. La situación era… abrumadora. Tenía miedo, pero no de él… sino de su respuesta.
¿Cómo responder a algo tan complicado?
Era verdad que lo que Terry le hacía sentir era nuevo y totalmente intenso, pero no tenía un nombre para este sentimiento. Nunca lo había sentido antes. No sabía como llamarlo ¿Amor? No estaba segura… alguna vez pensó estar enamorada.
Lo recordaba como si hubiese sido ayer. ¿Pero qué podía saber una niña de amor?
¡Anthony!
Con Anthony se sentía feliz y tranquila, era un cariño tierno y tan pacífico. Con él siempre se sintió protegida. Creyó que con él, lograría formar una amistad sólida que con el tiempo llegaría a ser algo más. No podía negar lo mucho que el rubio la atraía, nunca sintió nada como él antes de conocerlo. Archie y Stear también habían estado cerca de ella en esa época, pero Anthony era distinto. Había tenido contacto con jóvenes toda su vida, pero él siempre fue muy especial.
Después, vino el accidente y todas sus ilusiones juveniles murieron. Creyó nunca más sentir lo que sintió alguna vez por él… hasta…
- Respóndeme Candy –la presionó nuevamente
¡Por todos los cielos! ¡No era tan sencillo!
Sabía que cualquiera que fuese su respuesta, su vida cambiaría para siempre.
- No le des tantas vueltas al asunto, pecosa –habló tan quedo que apenas fue perceptible para sus oídos- ¿Qué sientes por mí?
Terry era muy importante para ella. Se mentiría a sí misma si dijera que no.
Pero ¿como ponerle nombre a lo que él le hacía sentir? Era tan distinto que con Anthony.
Con él siempre estaban discutiendo, pero eran riñas tan placenteras; le fascinaba enfrascarse en peleas verbales con Terry, siempre deseando ser la ganadora de cada pleito. Con él podía hablar horas y horas, sin dejar ningún instante de disfrutar de su compañía; los momentos que estaba con él siempre eran agradables y añoraba su presencia cuando estaban lejos durante las horas de clase. Él le había ayudado en más de una ocasión con sus escapadas y nunca le pidió nada a cambio de esa ayuda. Incluso la había ayudado con las provocaciones de Neil. Sin duda Terry era muy importante.
También, le había ayudado a superar el dolor de la muerte de Anthony. Cuando la obligó a subirse al caballo, allá en Escocia, sintió odiarlo; pero pronto la psicología envuelta en el acto, le hizo ver a un Terry distinto. Un Terry capaz de enfrentarla a su miedo y ayudarle a costa de lo que fuera. Incluso se arriesgó a que ella no perdiera el miedo y dejara de hablarle para siempre. Pudo haber entrado en shock o perder el conocimiento a causa del evento, o incluso morir... no bueno, no era para tanto. Pero sin duda Terry sería alguien que siempre la ayudaría a enfrentar los problemas en lugar de huir de ellos y temer. Con esto, la ayudó a ver hacia el futuro.
Además, con Terry había hecho cosas que con ningún otro hombre en la vida hubiese hecho. Por ejemplo, huir del colegio. Confiaba plenamente en él. Sabía que nunca le haría ningún tipo de daño, junto a él podía estar completamente segura. También estaba el hecho que había accedido a dormir en la misma cama la noche anterior. Eso no fue nada fácil de asimilar. Tardó un buen rato en quedarse dormida, fingió hacerlo por minutos para percatarse de la actitud de Terry cuando ella estuviera en el país de los sueños. Como era de esperarse, él era un caballero. Nunca trató de acercarse demasiado a ella, ni aprovecharse de la situación en la que se encontraban. Confiada que él no le faltaría al respeto, cayó en los brazos de Morfeo profundamente. Tenía que admitir que el rebelde arrogante que tenía frente a ella, había inundado sus sueños. Rememorando una y otra vez, el beso que le hubiese dado en el porche de la casa Martin por la tarde al llegar a Teversham.
¡El beso! Otra cosa que nunca había hecho con nadie más. Nadie conocía el sabor de sus labios, más que Terry. No había discutido con él acerca de los besos robados que le diera el día anterior, porque tenía miedo de la respuesta de Terry a éstos.
- Me estoy cansando de tu silencio, Candy. –dijo exasperado
Miles de pensamientos rodeaban su mente.
- Lo sé. Pero no sé que responder… -volteó la mirada
- ¿Tan difícil te es expresar lo que sientes por mí? –preguntó molesto- Nunca te has callado lo que sientes por ese maldito jardinero.
- Es que… tu pregunta es muy difícil de contestar. ¿A qué viene ahora?
- A lo que escuché que le decías a la señora Martin. Se te miraba tan emocionada hablando de él. ¿Recuerdas que estamos juntos ahora? –preguntó sin soltarla- No quiero que hables, ni pienses en él en lo que te resta de vida ¿de acuerdo?
¿Juntos ahora?
- ¿Qué te pasa? –trató de soltarse. Terry lo impidió, no la estaba lastimando; pero no quería seguir teniéndolo tan cerca.
- Que me hierve la sangre oírte hablar de ese idiota –espetó- No soporto que recuerdes con tanto cariño los momentos que has estado a su lado. ¡No lo soporto!
- ¿Por qué? Él era especial para mí -¡error!
- Me importa muy poco lo que ese idiota sea para ti. Te hice una pregunta, ¿Qué sientes por mí? –sus ojos flameaban
Otra vez la pregunta.
- No veo a qué viene todo esto. Deberíamos continuar con nuestro camino antes que sea medio día; el sol se pondrá más fuerte.
- Maldita sea. Me importa un cacahuate si nos tostamos con el sol; de aquí no nos moveremos hasta que me respondas. Por Dios, ¿es tan difícil? –negó- ¿Me quieres o no? Fin de la historia…
Candy tragó seco.
- Podríamos…
- Ya te dije que no… ¡Responde! Es la última vez que te lo pregunto. ¿Qué sientes por mí?
- ¿Para qué quieres saberlo?
- Yo… yo sé mi historia. Ahora respóndeme, ¿qué sientes por mí? –repitió aunque dijo que no lo haría- Si no lo sabes a ciencia cierta, te ayudaré a descubrirlo. ¿Qué sientes?
- Tantas cosas –susurró
- Por ejemplo –sonrió
- Seguridad
- Ajá –la instó a continuar
- Alegría
- ¿Qué más? –sonreía sin soltarla
- Enojo –él frunció el ceño- ¿Qué? –Candy rió- a veces eres muy necio. Además que me enoja que me digas apodos.
- Es un poco contradictorio que sientas alegría y enojo por mí. –levantó una ceja dubitativo
- Lo sé, lo que me haces sentir es muy confuso. Nunca me había sentido igual.
- ¿Ni con el jardinero?
- No. Es distinto. –aseguró
- Entonces es algo más fuerte que lo que sentías por Anthony, y dado que a él lo querías… entonces, ¿me amas?
Nuevamente la pregunta.
Amor. Nunca le faltó amor en su niñez. Siempre se sintió rodeada de afecto. La señorita Pony y la hermana María siempre les prodigaron un afecto sincero y desinteresado a todos los habitantes del hogar, nunca se sintió triste o menospreciada en su estancia en ese lugar. También tenía el amor de los niños del hogar, quienes la querían como una hermana, al igual que ella los quería a ellos de la misma forma. Tenía el amor de Dios que siempre le fue inculcado. Incluso llegó a tener el amor de amigos nuevos, quienes la ayudaron sin conocerla y le brindaron la oportunidad de tener un hogar. Como el abuelo William, Archie y Stear.
Pero estos amores eran diferentes, estaba segura que Terry no le preguntaba por un cariño de ese calibre. Él le preguntaba por un amor de pareja, de esos que leía en los cuentos de hadas y en las novelas de Shakespeare. De esos amores que te roban el corazón. Pero, ¿Qué sabía ella de un amor así?
¿Cómo se sabe cuando uno ama así a una persona?
Estaba muy confundida. Necesitaba tiempo para pensar, tal vez mucho más del que Terry estaba dispuesto a darle.
- ¿Me amas? –susurró
Entonces, decidió que debía contestar a esa pregunta… sin pensarlo; cerrando los ojos y pensando solo con el corazón.
- Si –fue sencillo. Incluso liberador, nunca creyó que al decir una simple palabra de dos sílabas, se fuera a sentir tan liberada.
¡Vaya!
Finalmente pudo respirar tranquilo. Candy si que le quitaba el aliento, en el sentido más literal de la palabra. ¿Por qué le había costando tanto contestar una simple pregunta?
Nunca en su vida sintió tanto temor de la respuesta a una pregunta. Nunca antes las palabras de una mujer le habían robado el aliento con esa intensidad.
Aún la tenía apresada entre sus brazos, podía sentir el aliento de Candy sobre sus labios y como nunca antes deseó besarla. Ella lo amaba… ¡ella lo amaba! Y con eso era el hombre más feliz de la Tierra. Además de sus padres, nunca deseó el amor de nadie con tanta intensidad como lo deseó de Candy. Saber finalmente que ella lo amaba, le devolvía las esperanzas perdidas en la vida. Con ella, quería recuperar la confianza en la gente. Sentirse a gusto nuevamente con alguien, desacostumbrarse a la soledad en la que había vivido por muchos años.
Se juntó más a su cuerpo. Quería tenerla lo más junto a él que pudiera, si pudiera, podría fundirse y formar un solo ser.
Se animó y rozó ligeramente su labio inferior con sus labios. Candy se lo permitió. Eso le dio más confianza, aún. La vio cerrar los ojos y sonrió gustoso de la invitación silenciosa de la pecosa. Quería que la besara… pues la besaría.
Atrapó ligeramente el labio inferior y comenzó a moverse suavemente sobre la boca de Candy. El beso comenzó suave y lento. Muy lento. Permitiendo a ambos disfrutar del intercambio. Después de la respuesta afirmativa de Candy no habían intercambiado palabra alguna. Pero no hacía falta. Ahora, estaban entablando una conversación más placentera y directa. Se decían sin palabras, lo mucho que se querían.
Candy se sentía en el cielo. Este era su primer beso de amor. Los otros que le robara Terry habían sido gratificantes, no se podía engañar… pero este… este era especial. Después de abrirle su corazón y declararle su amor a él y a ella misma, se sentía segura de dejarlo besar sus labios. Amaba a Terry y estar junto a él era enloquecedor.
Aunque el beso comenzó lento, pronto se volvió más urgente. Terry la tenía tan pegada a su cuerpo que apenas tenía conciencia de que no eran uno solo. Se dejó llevar, enloquecida por los labios dulces que la atormentaban. Se sentía flotar.
Pero de pronto un pensamiento vino a su mente. Terry no le había dicho nada. No sabía si él sentía lo mismo por ella. Él la presionó una y otra vez hasta que ella cayó en la cuenta que en verdad se había enamorado de él, pero ¿y él? ¿Qué sentía por ella?
¡No! ¡No… no! Él le debía una confesión, y ella se encargaría… de que se la diera.
Aún cuando nuca se había sentido tan complacida y satisfecha en la vida, tuvo que pensar con la mente fría. Sin dejar de besarlo, abrió los ojos. ¡Demonios! No era una buena idea, él era muy guapo. Los cerró en el instante. Verlo solo le nublaría aún más los sentidos. Tenía que pensar. No podía volver a apartarse y golpearlo. No. Lo amaba y no podía hacerle eso a un ser tan importante para ella. Además no podría pegarle cuando se sentía tan satisfecha por la caricia. No era una buena idea.
"Piensa Candy"
¡Dios! Los labios de Terry si eran hipnotizantes. La tenían narcotizada. Se dejó llevar un poco más. Unos minutos más… unos minutos menos. Nadie lo notaría.
"Detente Candy"
Tenía que pararlo. Él le debía una confesión… o por lo menos una explicación.
Entonces lo supo.
Terry estaba tan encantado de tener a Candy tan rendido a sus avances. La besaba como si el mundo se fuera a acabar al minuto siguiente. No era propio que la besara de esa forma en plena calle, a la vista de alguna mirada curiosa. Pero… ¿cómo podía resistirse a sus labios? ¡De ninguna manera! Menos después de saber que lo amaba.
¡Dios! ¡Lo amaba!
Tenía que seguir besándola. Apenas si tenía aire. Pero en este momento, Terry creía que el oxígeno estaba muy sobrevalorado. No lo necesitaba tanto como los labios de Candy que se le ofrecían libremente.
A punto estaba de volver el beso aún más urgente, cuando… ¡un dolor!
- ¡Auch! –se alejó quejándose. Candy solo rió- ¿Qué te sucede Candy? –preguntó sorprendido- ¿Por qué me mordiste?
- Porque me besaste
- ¿Y? –se sobaba el labio inferior con su dedo pulgar- Dijiste que me amabas
- Si, lo hice.
-¿Entonces? –no entendía nada
- Que aunque te ame, no tienes ningún derecho a besarme.
- ¿No? –una chispa de humor cubrió sus ojos- Te equivocas. Tengo derecho. Tengo todo el derecho del mundo –se acercó a ella con una mirada pícara
- ¿Por… qué? –tartamudeó al sentirlo cerca
- Porque te amo.
Un hueco se formó en el estómago de Candy. ¿La amaba?
- Te amo mucho. Y ese sentimiento, me da el derecho de besarte.
- ¿Si? –preguntó sonriente.
- Si, es más. Creo que continuaré haciendo uso de ese derecho.
Y sin dejarla replicar, la volvió a besar. Pero Candy ya no pudo decir nada más. Había conseguido lo que necesitaba. Terry también la amaba, y sabiendo eso… lo más sensato era, dejarse llevar.
OoOoOoOoOoOoOoOoO
Habían pasado ya varios días y no tenía ninguna noticia de que fueran a cancelar la adopción de Candy. Por lo menos a estas alturas, esperaba que la tía abuela los hubiese llamado para informarles de la expulsión de Candy de los Andley y el repudio por parte del abuelo William.
Pero nada de eso había ocurrido. Se sentía nerviosa. ¿Y si los Andley no se habían enterado de nada? Tal vez la tía abuela no tenía conocimiento de lo que Candy hizo…
La duda la carcomía. Es verdad que dadas las bochornosas circunstancias en las que Candy huyó con Terry, los Andley no tenían porque hacer de conocimiento público de la expulsión de la huérfana de Pony; pero mínimo a ellos si tenían que decírselos ¿no?
Tenía que pensar en algo…
El quinto domingo aún estaba lejano. Si quería salir con el consentimiento de las monjas, tenía que esperar dos domingos más; y no podía esperar tanto.
Sopesó sus posibilidades.
Iría a hablar con la madre superiora, y le plantearía la posibilidad de visitar a la tía abuela; que se encontraba en las afueras de Londres para hacerle compañía. Le haría creer que la anciana matriarca no tenía quien viera por ella y que, ella la quería demasiado para saberla sola y enferma. No creía tener éxito, pero era peor no hacer nada. Alguien tenía que sembrar en la anciana el repudio por Candy.
Las clases habían terminado hace horas, el sol se ponía en el horizonte. A esta hora, no les era permitido salir de sus habitaciones pero debía hablar con la hermana Grey sin ninguna interrupción. Esperaba encontrarla de buen humor y poder convencerla de dejarla salir unos días del colegio. Su idea era descabellada, pero necesitaba probar suerte. Caminó en dirección a la oficina de la rectora, pero tratando que las guardias no notaran su presencia. No quería que la regresaran a su habitación antes que intentara hablar con la superiora. Cuando estuvo junto al edificio principal, notó que unas monjas salían de la oficina en dirección al comedor. Se escondió tras una columna y esperó a que desaparecieran de su vista, cuando estuvieron lo suficientemente lejanas; retomó su camino. Al estar a la vuelta de la puerta de la dirección, escuchó unas voces. Eran las voces de la hermana Margareth y de un hombre, asomó la cabeza para ver de quien se trababa..
¡El Duque de Grandchester!
Ambos se encontraban junto a la puerta de la dirección. La hermana Margareth le impedía cruzar la puerta. Parecía que no tenía ninguna intención de dejarlo pasar a la oficina.
Agudizó su oído. Necesitaba escuchar lo que decía. Saber si el padre de Terruce tenía conocimiento de su huída. Se quedó muy quieta, sin hacer ningún ruido para oír todo lo que decían.
- Me es preciso hablar con la hermana Grey –la potente voz del Duque se escuchó.
- Lo siento, Duque de Grandchester. La hermana superiora está indispuesta en este momento y no la puedo molestar. Me ha pedido que la disculpe
"Así que la hermana Grey estaba indispuesta" pensó Elisa
- Otro día me es imposible venir a hablar con ella. El tema que me trae aquí es muy urgente –sonaba muy serio
- Lo siento mucho, Duque. La hermana no está recibiendo visitas. ¿Hay algo en lo que le pueda servir? –trató de sonar amable la hermana Margareth, aunque por el tono en su voz era obvio que estaba muy nerviosa.
- No lo creo –sonó molesto- Esto solo lo puedo tratar con ella. Es un asunto muy privado. –enfatizó
- Entiendo. –bajó la cabeza en un asentimiento
- Pues no me quedará más remedio que regresar en otra ocasión. –negó- Buenas tardes, hermana.
- Que tenga buen viaje, Duque –agachó la cabeza
El Duque se encaminó a la salida, pero pronto tuvo otra idea; detuvo su andar y regresó a donde se encontraba la hermana.
- ¿Podría ver a Terruce antes de retirarme? –preguntó
La hermana Margareth palideció. Entonces Elisa lo comprendió. La hermana Grey no se encontraba indispuesta, solo estaba evitando hablar con el Duque de Grandchester. No quería comunicarle la huída de su hijo. Sonrió con malicia. Era todo lo que necesitaba.
- Eh… ya es muy tarde. Está prohibido que cualquier alumno reciba visitas después de las seis de la tarde –ya era más tarde que esto
- ¿No podría hacer una excepción?
- Me temo que no, Duque.
El Duque pareció molestarse aún más.
- Está bien, regresaré mañana. Espero que esta vez si pueda hablar con la hermana Grey y ver a mi hijo –gruñó molesto
- Sin duda lo hará, Duque de Grandchester. –mintió la hermana Margareth.
Elisa sabía que si bien, si podría llegar a hablar con la superiora, le sería imposible entablar cualquier conversación con su hijo. Permaneció oculta, hasta que notó que la hermana Margareth desparecía de su campo de visión, y entraba a la oficina de la directora. Entonces se encaminó presurosa a la dirección. Pegó la oreja en la puerta, necesitaba saber si, en efecto, la superiora estaba ahí dentro.
- Se ha ido, hermana Grey –dijo la hermana- pero prometió volver mañana.
- ¡Dios! Esto será un dolor de cabeza –exclamó la anciana directora- No sé que haré cuando tenga que enfrentar los reproches del Duque de Grandchester.
- ¿Aún no se sabe nada de ellos? –preguntó cautelosa
- Hemos buscado por toda la ciudad a esos chiquillos rebeldes y no hemos dado con su paradero. Los Andley tampoco lo saben. Hemos contado con el apoyo del señor Johnson, pero éste no le ha comunicado nada a la familia de lo ocurrido. Será un escándalo cuando todo salga a la luz. ¡Un día de estos me dará un paro cardíaco! –dramatizó-
- Tranquilícese, madre. No le hace bien que esté así de tensa.
Elisa no necesitaba escuchar más. Todo se le había revelado de un solo golpe. Ninguna familia tenía aún conocimiento de lo ocurrido. Bien, pues ella… se los comunicaría.
Corrió presurosa hacia la salida del colegio, necesitaba alcanzar al duque antes que se retirara de las instalaciones.
Antes que se retirara del lugar, logró darle alcance. Se encontraba muy agitada a causa de la carrera, pero no le importó demasiado mantener la postura de dama en este momento. Necesitaba hablar con él, de alguna forma las cosas se le habían dado y quería seguir corriendo con la misma suerte. Con la ayuda del Duque de Grandchester, encontrarían muy pronto a Terry y Candy. Mientras más pronto los encontraran, más rápido Candy desaparecería de sus vidas. Estaba segura que el padre de Terruce no le permitiría permanecer junto a esa maldita huérfana y lo obligaría a regresar al colegio. Entonces, ella tendría su oportunidad con él. Su padre, estaría muy agradecida con ella por el favor de comunicarle lo sucedido, y quien sabe… tal vez orillara a Terry a estar con ella.
A penas podía esperar.
- Duque de Grandchester –lo llamó
El hombre volteó a verla sorprendido. No esperaba que una joven alumna del colegio quisiera hablar con él. Al tenerla más de cerca la recordó. Era la misma joven que días antes lo abordara en los pasillos del colegio y le comunicara que ella y su hijo eran amigos. No comprendía el apuro de la joven por hablarle.
- Buenas tardes señorita.
- Buenas tardes, Duque. Perdón por llamarlo de esa forma pero necesitaba hablar con usted. –dijo agitada
- ¿Si? –preguntó extrañado- Usted dirá
- Bueno –pues no sabía como empezar- es algo referente a Terruce.
- ¿Terruce? –la vio extrañado- ¿De qué se trata? –preguntó impaciente.
Elisa sonrió, había atraído la atención del Duque de Grandchester. Sus planes iban viento en popa.
Continuará...
Hola!
Antes que nada perdón por el atraso, pero tengo justificación… ¡lo prometo! Jeje…
La razón… ¡tuve un accidente!. Nada demasiado grave, pero si me dejó consecuencias; unos cuantos moretones, pero lo principal… mi muñeca de la mano derecha ¡quebrada!
No saben lo mucho que he sufrido últimamente con todo esto. Me siento una inútil. Soy diestra y no puedo hacer prácticamente nada con la mano izquierda. Como comprenderán me es muy difícil publicar los capítulos como quisiera, tengo que recurrir al uso de un "ayudante" y pues baste decir que… no puedo disponer de ella todo el tiempo. Ella tiene una vida y entre su trabajo y los estudios, pues no dispongo de todo su tiempo. Tengo que esperar a que tenga un chance los fines de semana, para que me transcriba lo que garabateo con la mano izquierda. Es tan frustrante…
Por eso, les ruego me tengan paciencia. Sé que no es sencillo, hasta yo misma me desespero… pero espero que dentro de mes y medio, vuelva más o menos todo a la normalidad.
Sé que algunas ya lo sabían, pero quise ponerlo otra vez; porque muchas de ustedes no leen mis otras historias o no me tienen de amiga en el FB, entonces se sentían frustradas por mi falta de palabra. Trataré de subir otro capítulo el domingo, pero si no puedo… tengan por seguro que no pasa otra semana completa sin el capítulo 5, haré todo lo que esté en mis manos (¡que ironía!)
Sin otro asutno más, me despido… no sin antes agradecer a las niñas hermosas que comentaron el capítulo anterior: MIL GRACIAS
Yut Grandchester, WISAL, Blanca Andrew, Gema Grandchester, Alejandra, Mia Londoo, Carla Grandchester, CC, lucero, LettyG, LUISA1113, Patty Reyna, rgrandchester, Hellen Franco, Wendy, Brenda TG, Candice 1981, Ammiy Rosse, Giomar, eli, vallerk, Sharon de Cullen, saraoli, Lorenza, Kirry White, Aswang, LUZ RICO, luzclarita38, kyus, ange h, bluemoonblue, Rakel, Olicandita, irismine, bermone, Verenice Canedo, fatygl19, Lady KenoChi, gabyselenator, flor, guest1
Espero sus impresiones, cuando finalmente me quiten el yeso; regresaré con las pilas recargadas. Tengo muchos planes para este fic y quiero que sea largo y lleno de Candy y Terry…
SALUDITOS
P.D. por cierto, mi cuenta de facebook es Lily Grand... (tengo como foto de perfil un lirio) ahí les mantendré informadas los días que publicaré. Mil gracias por su comprensión!
