- ¡Tenten!
La voz de Sadame sonaba rota, desesperada, en las profundidades del bosque por el que la kunoichi corría a toda velocidad. Los pies le ardían por culpa de aquellas estúpidas sandalias de señorita, apenas podía moverse en su remilgado kimono ceremonial y estaba hasta las narices de llevar el pelo lleno de flores, y horquillas, y adornos. No había quien corriese entre los árboles así. Esquivó todo tipo de arbustos, rocas, e incluso algún animal, todo para seguir en busca de la heredera de los Juunki, aquella que por su culpa se encontraba en peligro mortal.
A oscuras, recorrió el bosque con todo el sigilo del que fue capaz hasta llegar al acantilado. La voz de Sadame resonaba cada vez más cerca, y al fin la vio: uno de los hombres de su padre la agarraba, forcejeaban, y la muchacha no dejaba de chillar su nombre.
- ¡Tenten! ¡Tenten!
Y entonces el filo de una espada brilló a la luz de la noche, y el kimono blanco de Sadame se vio mancillado por manchas rojas de su propia sangre.
- XXX -
- ¡NO! ¡NO!
- ¡Tenten!
Su corazón desbocado se agitaba en el interior de su pecho. Hiperventilaba al tiempo que interminables gotas de sudor frío le empapaban la piel. En la penumbra de la madrugada, donde sólo la luz del exterior dibujaba formas, pudo adivinar que estaba en su habitación, en su cama, con el pecho subiendo y bajando por la respiración irregular, todo el cuerpo temblando. Una pesadilla. Sólo un sueño. Ella sabía que Sadame no estaba muerta, pero ojalá lo estuviese. Ojalá lo estuviesen las dos.
Sintió una mano en su espalda, e instintivamente golpeó con el brazo a quien fuese que estuviese allí. El miedo recorrió cada una de sus terminaciones nerviosas, especialmente cuando una mano firme sujetó sus brazos para que no pudiese atacar. Chilló, inevitablemente chilló.
- ¡Tenten, para! ¡Soy yo! ¡No pasa nada! - Un par de orbes de nácar impregnados en preocupación y seriedad se clavaron en los suyos, y más profundamente en su pecho. Le ardía la sangre, y se revolvió una vez más en sus brazos, tratando de librarse, en vano, de aquel individuo que con tanto mimo la estrechaba. Las lágrimas rodaron por sus mejillas y no tardó en echarse a llorar. Los profundos sollozos perforaron los tímpanos del Hyûga como cientos de agujas afiladas - Vamos... Cálmate... Estoy aquí...
- Ne... Neji... - Su rostro aterrorizado se rompe en una expresión de máximo dolor. Se abraza al chico, a su cuerpo, y hunde la cabeza entre las perfectas líneas de su pálida musculatura - Quiero morirme... Neji, quiero morirme...
- Deja de decir estupideces, por favor - Besó su coronilla, acariciando su espalda para tratar de calmarla. Nunca, jamás, ni una sola vez en los años que llevaban juntos la había visto tan frágil y vulnerable, y tan al límite de sus fuerzas -. No voy a dejar que sigas diciendo cosas que sé que no sientes.
- ¡No tienes ni idea de lo que siento! - Replicó a voz en grito, con una mirada dura e iracunda. Entonces Neji la tumbó sobre la cama de un empujón, se sobrepuso a ella y se apartó la larga melena oscura hacia un solo lado.
- Siempre lo he sabido muy bien - Atrapó su boca en un beso interminable, tan apasionado y cálido que las lágrimas se apagaron en sus ojos castaños. Neji era así. Frases concisas, sentimientos profundos, carácter frío, caricias calientes. Y Tenten no podía resistirlo, también era un genio en las artes amatorias. Con esto, por supuesto, no se refería únicamente a sexo, pues en aquel terreno ambos competían en categorías titánicas; lo que en realidad buscaba decir con aquella expresión que podría sonar hasta picante era que Neji amaba de todas las formas en que se podía amar. Amaba con la mente, como un estratega, como un líder, como un compañero. Amaba con el corazón, como un amigo, como un novio, como un amante, como un hermano, como un alma gemela. Sí, incluso de ese modo tan remilgado y estúpido. Almas gemelas. ¿De qué otro modo iban a entenderse sin hablar claro?
Recuperó el oxígeno en cuanto el joven de ojos perlados se apartó unos milímetros de ella.
- Lo siento, perdóname - Su voz fue un suave murmullo contra sus labios, un susurro tan lastimero que se ganó otro beso - Neji, quiero contártelo. Quiero contártelo todo.
- Por supuesto, te escucho - Una pizca de sorpresa amedrentada pinzó la voz del chico, que se acomodó para acogerla entre sus brazos y observarla fijamente, dispuesto a escuchar cada palabra.
Tenten se acomodó sobre su pecho desnudo, con su corazón latiendo justo bajo su oído. De algún modo, se sentía más calmada al escucharlo ahí, tan cerca, emitiendo sonidos de una vitalidad que ella ansiaba recuperar.
- Todo empezó cuando mi padre desveló mi identidad ante el resto de sacerdotes... Estos esperaron una señal, y en seguida se marcharon, corriendo. Fueron a por Sadame Juunki. Y entre tanto, mi padre y yo tuvimos un enfrentamiento que me había imaginado muchas veces.
- ¿Tú...? - Su voz había sonado seca y arisca, perfectamente combinada con un rostro estoico y unos ojos entrecerrados, bañados en ardiente ira. Sin embargo, sentía que alguien le había tirado un cubo de agua helada por la espalda. El hombre se acercó a ella, con una cruel sonrisa de desaprobación en los labios. Se parecían dolorosamente, sus ojos eran los mismos, su piel tenía el mismo color canela, y el fuego ardía en su pecho con la misma intensidad.
- Ha pasado mucho tiempo, Tenten - Sus palabras duelen, duelen como dagas lacerando la piel. Se mantiene impertérrita.
- ¿Qué es todo esto? - Las demás muchachas observaban la escena estupefactas, tratando de sacar algo en claro.
- Es una lucha por el futuro, Tenten, es una lucha por tener algo mejor. Y tú tienes la oportunidad de ayudarme.
- Jamás ayudaría a alguien que secuestra chicas - Obviamente se guardó lo que sabia sobre los niños, no sería tan estúpida como para confesar cuanto le había contado el líder de los Juunki.
- Será eso o morir.
Sus miradas se encontraron en un férreo combate. Él sonreía, ella apretaba la mandíbula. Aquel hombre había sido parte de su corazón una vez, una parte importante que no podría arreglar o volver a cerrar por muy fuerte que Neji la abrazase. Tsk, él otra vez. Lo hiciese como lo hiciese, sus pensamientos siempre la redirigían a su compañero de equipo, a su mejor amigo, al amor de su vida. De algún modo, le gustaba fantasear con que Neji y ella algún día podrían estar juntos, pero sabía que acabaría sola. Como su madre. Como Tsunade-sama. Como todas las mujeres a las que admiraba realmente.
Los sacerdotes regresaron al templo con Sadame Juunki entre sus manos. Tenten aguantó la respiración, la chica estaba despeinada, con las mejillas empapadas por las lágrimas y el labio inferior temblando de puro pánico. Le dedicó una solemne mirada de disculpa. Los hombres empujaron a las muchachas entre gritos y gruñidos hasta una puerta trasera que conducía al exterior, desde donde la kunoichi pudo ver varios carruajes con grandes jaulas de hierro. Negando con la cabeza, retrocedió, haciendo que el grupo se detuviese, y en cuanto el primero de aquellos hombres se acercó a ella para obligarla a seguir el camino, lo dejó inconsciente de un puñetazo.
- ¡Atadla! - Gritó alguno de ellos. Sin embargo, ella no estaba por la labor. Rompió el kimono y se descalzó para propinar golpes a todos ellos, eliminando a los sacerdotes uno a uno. Resultaba evidente que ninguno de ellos tenía preparación física o experiencia en el combate, sólo eran una panda de villanos de mediana edad a los que podía partir el pescuezo pestañeando. En su fuero interno agradeció las insistencias de Gai sensei en mejorar su taijutsu, pues con golpes muy simples estaba asesinando a aquellos hombres. Al fin, sólo quedó uno.
- Sabía que reaccionarías así al ver las celdas.
Tenten hizo una señal a las asustadas muchachas, que habían retrocedido algunos pasos.
- ¡Marchaos! - Les ordenó, y no se plantearon desobedecerla. Todas, salvo Sadame, se marcharon de allí. El padre de Tenten sonrió, voraz, y sus nervios se crisparon.
- Sadame, vuelve a casa.
- No sin ti.
- ¡Sadame!
- ¡No volveré a casa sin la persona que está dando su vida por mí!
- Muy... conmovedor - Pausadamente, su padre se acercó a ambas, que se cogieron de la mano y retrocedieron. Tenten tenía dos opciones claras: matar a su padre, acabar con todo su sufrimiento y trabajar sin ninguna pista sobre los niños; o seguirle el juego y aguantar lo que le tuviese preparado.
- Si sabías que mataría a estos hombres, ¿por qué no te has buscado una escolta?
- Porque mi objetivo no eran esas ridículas chicas. Mi objetivo era Sadame Juunki. Mi objetivo, hija mía, eras tú.
Tragó saliva, helada de los pies a la cabeza. ¿Qué demonios estaba pasando allí? En ese instante, él hizo un gesto, señalando uno de los carruajes con celdas. Tenten entendió, observó los ojos de Sadame y lo siguieron hasta acomodarse dentro de la jaula. Una sábana oscura cayó sobre la misma, no verían a dónde iban ni cómo regresar, pero desde luego nada bueno les esperaba.
¡Hola, hola! ¿Qué os ha parecido? Lamento que haya sido tan breve, he estado algo ocupada, pero al fin he podido terminarlo y subirlo. Espero que os haya gustado y que esperéis el siguiente con impaciencia. ¡Un besín!
CR
