Como siempre, quiero agradecerles a todas las personas que siguen y apoyan esta historia, en especial a aquellas que capítulo a capítulo han dejado sus impresiones; Guest, Dagive, y Angie, que no tienen cuentas para responderles de manera más extensa. No saben lo feliz que me hacen cada uno de sus comentarios. Espero que disfruten la historia.


En el capítulo anterior...

Rápidamente vuelve de nuevo la cabeza y mira a Ron sin saber qué hacer o decir. Está atónita. Nunca pensó encontrarlos así, pero ahí están, tan ellos como siempre pero sin saber de su existencia. Son sus padres, son sus padres. Están ahí, están ahí. Tan cerca, pero tan lejos. Siente las manos de Ron sobre las suyas y logra frenar el angustioso impulso de abalanzarse sobre ellos y abrazarlos, llorar y contarles toda la verdad.


―4―

―Ron…―es lo único que dice Hermione, con una voz casi imperceptible, como si temiera que sus padres la oyeran y la reconocieran aunque sabe que eso está muy lejos de ocurrir.

Ron la mira y nota la ansiedad, angustia y la sorpresa en su rostro. Él también está muy sorprendido y hasta alegre por haberlos encontrado casi sin esfuerzo, pero sabe que tienen que manejar el asunto con cuidado, porque sabe que el haber dado con ellos es la parte más fácil, pues lo verdaderamente difícil será entrar en contacto con ellos y establecer un vínculo de confianza, pero mucho más difícil será lograr devolverles la memoria de manera impecable y sin contratiempos. Pensar en eso lo hace sentir un poco nervioso.

―Acaban de llegar―dice con calma, intentando ordenar sus ideas y proponer un plan de acción sensato―. Creo que no podemos quedarnos sentados esperando que terminan de cenar, porque nosotros ya estamos casi listos y no me parece oportuno salir detrás de ellos apenas se pongan de pie. Mejor que los esperemos afuera―dice con tono convencido.

Hermione se muerde el labio y asiente en silencio. Él juega con un servilletero y se esfuerza por que sus ojos no se claven en las dos personas que están sentadas justo en la mesa que está detrás, pero no puede evitarlo. Las mira una y otra vez. ¿De verdad son el señor y la señora Granger? Los observa por encima de los hombros de Hermione y llega a la conclusión de que sin dudas son ellos. Están igual como los recuerda desde la última vez que los vio hace poco menos de un año; el señor Granger con su bigote perfectamente afeitado y a la señora Granger con su cabello tan rebelde como el de Hermione.

―¿Cómo… se ven? ―pregunta Hermione de repente, mirándolo con ansiedad.

Él se sobresalta ligeramente. ―Igual que siempre―dice encogiéndose de hombros y sonriéndole de lado para infundirle tranquilidad. Ella asiente y clava la vista en su plato, incapaz de seguir comiendo, por lo que al final Ron termina con la comida que queda en los dos platos. Piden la cuenta y se dirigen hacia la salida.

Hermione siente el impulso de volverse para mirar a sus padres, pero lo contiene porque podría pasar que justo en el instante en que lo haga, ellos la miren también y sus miradas se encontrarían inevitablemente, pero al no reconocerla, pasarían de ella y ella solo vería en esos rostros familiares desconocimiento, lejanía y quizás hasta frialdad, y si eso pasa, está segura de que podría morirse de pena ahí mismo. De todos modos sabe que irremediablemente tendrá que enfrentarlos cara a cara, pero primero necesita hacerse la idea y prepararse para mantener a raya sus emociones. Solo así podrá actuar con calma.

Apenas cruzan la salida el aire helado le golpea la cara y se intenta meter debajo de su ropa. Se estremece y automáticamente se pega al cuerpo de Ron, que la rodea por los hombros con un brazo. Se deja conducir por el piso de madera y por las escaleras que bajan y crujen hasta dejarlos al borde de un camino de tierra, por donde mismo llegaron. Hermione alza la vista y observa el cielo totalmente eclipsado por la capa de nubes. No hay ningún rastro de la luz de la luna y menos de las estrellas. El silencio total, y si no fuera por la tenue luminosidad que proyectan los faroles que están colgados de los árboles, la oscuridad también sería total. El lugar fácilmente podría prestarse para una escena de terror, pero Hermione apenas se da cuenta de eso. Sus pensamientos en ese momento están concentrados en sus padres, y sus sentidos, generalmente alertas, se mantienen serenos gracias a la presencia de Ron.

―Ahí, mira, ven―dice él.

A un lado del camino, junto a un montón de árboles, hay como una especie de mirador que mira hacia el valle, que desde allí no es más que un boceto de sombras y relieves distorsionados por la oscuridad y la niebla. Y en algún punto, las lejanas luces del pueblo.

―¿Qué te parece si esperamos aquí? ―habla Ron de nuevo. Hermione asiente en silencio. Se siente ida, cansada y un poco triste. Se recarga en la empalizada y observa el paisaje, perdiéndose a ratos en él. Es como si se estuviera sumergiendo en esos territorios lúgubres y desconocidos, o como si estos se adentraran en ella intentando llevarse un pedazo suyo, aunque no es necesario porque ya lo tienen desde el primer día en el que sus padres se instalaron a vivir allí.

De pronto todo le parece irreal, y piensa que realmente no es posible que esté ahí. Es que en serio, ¿de verdad está ahí, a las faldas de un cerro que está en medio de otros cerros, mucho más prominentes e impenetrables, que a su vez yacen perdidos en medio de un pedazo de tierra que se llama Australia que está a miles de kilómetros de su hogar, con sus padres cenando tranquilamente a unos cuántos metros de distancia sin tener la menor idea de lo que de verdad pasa, pero actuando como si eso fuese lo más normal del mundo? Sí, de verdad está ahí, y de repente piensa que no debería estar ahí. Es que en ese momento le es casi imposible no pensarlo, porque en momentos como ese se detiene y mira hacia atrás en su historia y siente que las cosas han pasado demasiado rápido. El mundo mágico, Voldemort, la guerra, sus padres, ella misma. No es quién alguna vez pensó que sería. ¿Alguna vez, de niña, lo hubiera imaginado? ¿Podría haber imaginado hasta donde llegaría, las situaciones en las que se vería involucrada y que la terminarían alejando de todo lo que consideraba normal y correcto? Jamás se lo hubiera imaginado. Las cosas nunca suceden como uno espera que sucedan.

Suspira con cansancio. Realmente nada de lo que está pensando tiene sentido, todo adquiere tintes demasiado contradictorios. No quiere pensar más.

―Oye…―susurra Ron de pronto, con voz suave―. ¿En qué estás pensando? ―Siente sus manos rodear su cintura por detrás y luego su mentón acomodarse entre el hueco de su hombro y cuello. Cierra los ojos. Ron, Ron, Ron. Su presencia, su contacto es totalmente reconfortante.

―Uh… Estaba pensando en… en…

―No, mejor no me lo digas―susurra de nuevo él, muy cerca de su oído―. Ya sé en qué estabas pensando.

Hermione sonríe para sí misma. ―¿Ah, sí?

―Sí.

―Podrías decírmelo, como para que me vaya enterando.

Ron suelta una risita y antes de responder apoya ligeramente sus labios en su cuello.

―Estabas pensando en… todo, o sea, en esto. En tus padres, en que las cosas han pasado demasiado rápido.

―No sabía que era tan fácil leerme el pensamiento.

―No lo es, créeme. Recién estoy aprendiendo, pero lo bueno es que solo por ser yo ya tengo un plus.

Hermione ríe. ―Ya. Entonces tendré que tener más cuidado contigo.

―Si tú lo dices…

Ríen.

―Pero ahora mismo no creo que tengas mucha ventaja―vuelve a murmurar Ron volviendo a besar su cuello. Hermione sonríe y se estremece. Se da vuelta entre sus brazos y se abraza fuertemente a él. A través de la gruesa tela de la chaqueta logra percibir los fuertes latidos de su corazón. Después alza la vista, lo mira a los ojos y siente todo lo que siente por él con una intensidad que no había sentido antes. Se pone de puntillas y lo besa. Sus labios atrapan los suyos con sosegada vehemencia y sus lenguas se encuentran y se acarician con viveza. Vibran, sienten escalofríos recorrerles todo el cuerpo.

―Wuau―jadea Ron apoyando su frente sobre la suya―Podrías besarme así más seguido…

Hermione ríe y lo atrae hacia ella para volver a besarlo de la misma manera.

―¿Así? ―pregunta sintiéndose de pronto muy acalorada a pesar del frío y un poco cohibida.

Ron sonríe embobado y la estrecha más contra su cuerpo. ―Sí, aunque en realidad cualquier beso tuyo bastaría dejarme medio loco…

Hermione oculta la cabeza en el hueco de su cuello. No puede parar de sonreír.

―Ya deja de decirme esas cosas.

―¿Por qué? ―Ron ríe―. Esta es la situación más romántica en la que alguna vez me he visto involucrado―dice de nuevo y vuelve a reírse, de sí mismo, de las cosas que está diciendo. De seguro que tiene las orejas del color de su cabello, pero no se siente avergonzado. Simplemente le da risa estar diciendo todas esas cosas (¿alguna vez creyó que iba a decirlas?) porque le salen espontáneas y porque en realidad, se siente realmente bien diciéndolas.

Hermione lo mira con los ojos entrecerrados y después lo abraza con fuerza. Sonríe a más no poder. Se siente feliz. Después de todo y a pesar de todo, tiene la certeza de que el único lugar en el que tiene que estar es ahí, en ese momento, junto a él.

.

.

.

El señor y la señora Granger acaban de salir del restaurante. Ron y Hermione esperan a que estén lo suficientemente lejos para comenzar a seguirlos. Caminan detrás de ellos por el camino de tierra y comienzan a sentirse incómodos, porque sienten que a pesar de que intentan ser discretos su intención es demasiado evidente. Se miran y eso les basta para ponerse de acuerdo. Se detienen y se ocultan tras un árbol. Hermione se asoma y observa con cautela a sus padres alejarse tranquilamente por el camino. Pronto podría perderlos de vista así que tiene que actuar rápido. Saca su varita, la sujeta con firmeza y apunta hacia sus espaldas. No puede fallar, solo tiene que pronunciar el hechizo, un simple e inofensivo hechizo, pero de pronto se acuerda del momento cuando les hizo casi exactamente lo mismo al lanzarles por la espalda un obliviate cuando ellos menos se lo esperaban. ¿Alguna vez lo esperaron? No, claro que no. Una punzada de dolor le golpea el pecho. Se siente un poco culpable porque les mintió; traicionó toda la confianza que habían puesto en ella. Siente la varita entre sus dedos. Duda. Medio nerviosa mira a Ron. Él frunce el ceño comprendiendo su vacilación y sin preguntarle, también saca su varita, apunta y murmura:

Síguelos.

No pasa nada a simple vista, pero Hermione sabe que el hechizo funciona porque de la punta de la varita de Ron salen levísimos destellos, casi imperceptibles, que se dirigen hacia sus padres. De esta manera podrán rastrearlos y saber hacia dónde se dirigen sin la necesidad de seguirles el paso desde cerca. Se quedan donde mismo a esperar.

―¿Qué te pasó? ―pregunta Ron mirando a Hermione con un poco de preocupación, pues la única vez que no ha podido hacer un hechizo fue cuando tuvieron que convocar un patronus en el Ministerio de magia.

Hermione suspira. ―No lo sé.

―¿No lo sabes?

―Me desconcentré.

―Ah…―. Ron se pregunta qué puede significar eso exactamente. Hermione niega con la cabeza y se muerde el labio. Él sonríe y le acaricia la mejilla con el pulgar. Quiere que se sienta tranquila, quiere transmitirle confianza y compañía. Quiere protegerla. Para eso está ahí, lo asumió como su misión personal. Los destellos que salen de su varita se intensifican por lo que tienen que reanudar la marcha y evitar perder el rastro del matrimonio Granger.

―Vamos.

―Sí.

Se toman de la mano y caminan. Las sombras de los árboles los siguen desde cerca. Cada vez hace más frío. Hermione tirita y se aferra al calor que le transmite la mano de Ron alrededor de la suya. Él está concentrado en seguir la dirección que le indica la varita.

Unas cuadras más allá la tierra del camino se convierte en pavimento y los árboles son remplazados por postes de alumbrado público y casas. Aun así todo sigue teniendo un aspecto demasiado rupestre como para pensar que están en el pueblo. Más bien se encuentran a la entrada de un vecindario a las afueras del pueblo.

―Es esa casa―dice Ron deteniéndose e indicando una casa de segundo piso rodeada de arbustos. ―¿Estás preparada? ―pregunta volviéndose a Hermione. Ella asiente en silencio, sintiéndose cada vez más ansiosa.

―Bien―dice Ron con seguridad y mira a su alrededor para asegurarse de que no hay nadie que los esté viendo. Después saca del bolsito de cuentas las maletas con sus pertenencias y las deja sobre el suelo para arrastrarlas como equipaje. Vuelve a tomarle la mano y caminan lentamente hasta la casa.

Hermione observa la fachada y nota de inmediato el gusto de su madre en la decoración del antejardín. Sonríe. Ron se aproxima a la reja y antes de tocar el timbre busca su mirada de aprobación. Ella repasa mentalmente todas las cosas en las que se pusieron de acuerdo que harían una vez que estuvieran en contacto directo con sus padres y luego vuelve a asentir en silencio. Está nerviosa. Desde ahora nada puede salir mal. Están a punto de comenzar con el verdadero plan y ese primer paso es fundamental, porque desde el primer momento tienen que dejar muy en claro sus identidades falsas para evitar sembrar cualquier vestigio de duda o, en el peor de los casos, que una chispa de vagos recuerdos nazcan en la mente de sus padres.

Ron toca el timbre. A Hermione le parecen que pasan años antes de que la puerta se abra y aparezca su padre, que de inmediato clava sus ojos en ellos.

―¿Sí? ―pregunta con atención, mirándolos alternativamente. Hermione siente que se le hiela el corazón cuando sus ojos se encuentran y pasa de ella. Definitivamente no la reconoce, no nada.

Ron se aclara la garganta y toma el control de la situación.

―Buenas noches. ¿Esta es la residencia de los Wilkins?

―Sí, sí, sí. Esta es. ¿Con quienes tengo el gusto…?

Ron traga saliva antes de contestar. ―Mi nombre es Brandon Looper y ella es mi compañera April Anderson… Nosotros somos los… estudiantes de intercambio―dice y cierra los ojos por un segundo. Ese momento es decisivo, pues comprobarán si efectivamente los movimientos que hizo Percy para ayudarlos con los trámites, sus identidades falsas y por sobre todo, la alteración de los papeles para el intercambio, efectivamente funcionaron.

El señor Granger se irgue en toda su altura y los mira con mucha más atención.

―¿Lo son, de verdad lo son? ―pregunta aturdido―. ¿No que llegaban la próxima semana? ―Se aproxima hacia ellos y los observa fijamente. Hermione siente que si la sigue mirando así no lo va a poder soportar. ¿Qué pasa si reconoce en ella rasgos suyos o de su mujer y…? No. Eso no puede pasar. Cuando los hechizó se encargó de asegurarse de que se vean impedidos de poder reconocerse a ellos mismos o a sus rasgos más distintivos en otras personas.

―¡De verdad son ustedes! ―Exclama el señor Granger sacándola de sus cavilaciones―¡Creía que llegaban la próxima semana! ¡Mónica, ven! ¡Brandon y April están aquí! ¡No puedo creerlo! ¿Cómo lograron dar con la dirección? ¿Por qué no nos avisaron que llegaron para haberlos ido a buscar al aeropuerto? ¡Mónica, Mónica! ¡Pasen, pasen! ―Abre la reja y le estrecha firmemente la mano a Ron y después a Hermione, que evita mirarlo a los ojos.

―¡Llegábamos hoy! ―responde ella enérgicamente―Sí que debimos haber llegado más temprano, pero el vuelo se atrasó y…―No es capaz de terminar la frase porque justo en ese momento su mirada se encuentra con la de su madre. No distingue en ella ningún atisbo del cariño incondicional que siempre le entregó. Nunca pensó que aquello le iba a doler tanto.

Ron la observa y comprende su vacilación. Tiene el impulso de tomarla de la mano, pero lo contiene. Acordaron que no se comportarían como novios frente a los padres de Hermione, porque aparte de ser incómodo, averiguaron que según las normas de intercambios estudiantiles muggles, está prohibido que dos estudiantes que tengan vínculos sentimentales se alojen en una misma casa.

―¿Llegaron solos? ¿Ningún taxi los trajo hasta aquí? ―pregunta la señora Granger, más por preocupación que por desconfianza.

―Sí, pero se equivocó y nos dejó en la otra cuadra―dice él rápidamente.

―¡Ah! Eso siempre les pasa a los taxistas que vienen de la ciudad―comenta la mujer―Los nombres de estas calles se parecen mucho y siempre se confunden… Bueno, ¡entren, entren! El aire está heladísimo y no quiero que su primera noche aquí cojan un resfriado. No tendría ninguna gracia.

―Muchas gracias, señora Wilkins―dicen los dos al mismo tiempo entrando a la casa. De inmediato una agradable y cálida atmósfera los rodea. Hermione suspira. Es casi como si acabara de entrar a su casa en Londres.

La mujer sonríe y los hace pasar al vestíbulo.

―Sus habitaciones se encuentran en el segundo piso―indica―. Pero antes de conducirlos y dejarlos descansar, estoy segura que les vendrá bien un poco de sopa caliente. ¿Les gusta la sopa?

―Me encanta―responde Ron con entusiasmo.

―Sí, mucho.

―¡Genial!

Los conduce hacia el comedor y les indica que se sienten a la mesa, se dirige a la cocina y en un par de minutos regresa con dos platos humeantes de sopa. Después de servírselos se sienta frente a ellos, cruza las manos sobre la mesa y los observa. Ron no puede evitar sentirse un poco intimidado por esos ojos marrones iguales a los de Hermione, pero mucho más perspicaces y expertos. Tiene la impresión de que están siendo sometidos a una evaluación que significa mucho y eso lo pone un poco nervioso. Se pregunta si cuando les devuelvan la memoria y sepa que ya no es el amigo pelirrojo de su hija sino que su novio, lo mirará de la misma manera. Lo mismo se pregunta para con el señor Granger, aunque con el padre es otro asunto que por ahora prefiere no pensar. Al cabo de un par de segundos que le parecen eternos, la mujer sonríe con satisfacción.

―Esta será su casa dentro de los próximos dos meses. Espero que se sientan a gusto y que disfruten de su estadía aquí. ¿Cierto, Wendell?

―Cierto, Mónica―responde su marido sentándose a su lado.

Ron sonríe aliviado. ―Nosotros también esperamos lo mismo―dice buscando la mirada de Hermione. Ella asiente en silencio.

La señora Granger sonríe y mira a Ron encantada.

―Qué atento, qué atento. Hace tiempo que no conocía a un chico tan atento como tú, Brandon. Brandon, Brandon―repite―. Me gusta mucho tu nombre. ¿Es de origen irlandés?

Ron duda. ―Eh, no… De hecho, es de origen… uhm…

―Anglosajón―tercia Hermione mirándolo de reojo.

―¡Ah, me debí haber confundido!

―Sí, sí. Mi… nombre es… de origen anglosajón. Brandon, Brandon. Sí, Brandon―repite Ron pensando que tiene que acostumbrarse cuanto antes a responder a ese horrible nombre.

―Sí―dice Hermione pisándole sin mucha delicadeza el pie por debajo de la mesa. Ron se sobresalta―Brandon―le dice poniendo suficiente énfasis en el nombre para que él entienda el mensaje: "Brandon, Ron, ahora te llamas Brandon, ni se te ocurra equivocarte".

―Sí, sí, pero no tienes para qué… ―comienza él, pero Hermione roda los ojos y sabe que es mejor quedarse callado. La señora Granger los mira divertida.

―¿Ya se conocían de antes? ―pregunta observándolos alternadamente. Los dos se miran y niegan con la cabeza al mismo tiempo.

―No.

―No.

―Nos conocimos un par de días antes de viajar hasta aquí. ¿Por qué?

La señora Granger sonríe.

―Porque pareciera que se conocen desde hace años―responde con simpleza y Hermione clava la vista en su plato. Había olvidado lo asertiva que suele ser su madre. Ya no se siente capaz de seguir manteniendo un diálogo tan natural con ella. Es que es tan ella que realmente es anómalo que no la esté mirando con la atención que siempre le ha dedicado.

―¿Eso parece? ―pregunta casi en un murmullo.

―Sí, casi puedo palpar la complicidad que tiene el uno con el otro―La señora Granger sonríe encantada.

―Ah, mujer, tú siempre con esas cosas―la interrumpe su marido―No le hagan caso―dice guiñándoles un ojo. Hermione sonríe. Hace mucho tiempo que no veía a su padre tan relajado. Estaba acostumbrada a verlo ajetreado por sus pacientes o constantemente preocupado porque nada le faltase a ella durante su estadía en Hogwarts.

―Bah―. La señora Granger hace un gesto con la mano. ―De todas formas es muy bueno que a pesar de conocerse hace tan poco hayan podido congeniar. Una vez recibimos a dos chicos que simplemente no se soportaban y el ambiente se tornó muy desagradable. Tuvimos que pedir que se vayan dos semanas antes de lo acordado.

―¿De verdad parece que congeniamos? ―pregunta Ron sonriendo entre divertido y curioso, sorprendiéndose a sí mismo de haber formulado la pregunta. Extrañamente comienza a sentirse bastante cómodo.

―¿Hace mucho tiempo que reciben estudiantes de intercambio? ―pregunta Hermione intentando cambiar de tema. Ron tose para fingir una risita.

―¡Muchos años! ―exclama el señor Granger―. Pero si no fuera por la ayuda de un muy buen amigo mío, jamás hubiésemos logrado convertirnos en anfitriones de intercambio. Deben saber que en estas cosas las familias, como lo dice el programa, intercambian a sus hijos, pero como nosotros no tenemos hijos, solo recibimos a los de otras familias…―explica y su voz se torna algo melancólica al mencionar que no tienen hijos. La señora Granger baja la vista, cabizbaja, y a Hermione la atacan unas terribles ganas de llorar y de gritarles que ella es su hija y que siente tanto todo lo que tuvo que hacer para salvarlos de una guerra que no les correspondía.

Ron siente la tensión del momento y piensa desesperadamente en algo que decir, pero su mente de un momento a otro se quedó en blanco.

El señor Granger carraspea y se acomoda en el asiento.

―De verdad creíamos que llegarían la próxima semana―habla de nuevo―Es una suerte que hayan llegado hoy y no mañana o cualquier otro día, porque si no, no nos hubieran encontrado.

―No sé si lamentarme por eso o no―bromea Ron y por un instante se arrepiente, pero para su sorpresa el señor Granger se ríe. Se pregunta si supiera que es el novio de su única hija se reiría… Claro que no, aunque también si él supiera que él sabe quién es él, ni muerto tendría la confianza para bromear con él. La situación es casi cómica.

―¿Puedo preguntar por qué no los hubiéramos encontrado? ―pregunta Hermione con interés.

―Esa es la idea, April, que preguntes todo lo que te genere inquietud―sonríe el señor Granger y Ron piensa fugazmente que en esa afirmación yace la respuesta a la pregunta de por qué Hermione suele ser tan preguntona y quisquillosa. Su padre le debió inculcárselo desde niña. Se pregunta cuántas cosas más podría descubrir sobre ella si presta la debida atención―. Con Mónica estamos de vacaciones y llevamos varios días encerrados en la casa, por lo que habíamos decidido irnos por un par de días de paseo, y como ustedes están aquí, nos parece excelente la idea de que nos acompañen. ¿Qué les parece?

Ron y Hermione se miran y discuten en silencio la propuesta. Aquello está en sus planes, pero está lejos de alterarlos, pues solo los retrasa un poco. Al final deciden aceptar la propuesta. No pierden nada, incluso podrán relajarse un poco y prepararse mejor para el momento en el que tengan que tumbarlos y revertir el obliviate.

Más tarde, después de una amena charla en donde sus padres se dedicaron a conocerlos mejor, la señora Granger los conduce al segundo piso para enseñarles sus respectivas habitaciones. Ron entra a su nueva habitación y antes de cerrar la puerta mira a Hermione. Ella alza las cejas a modo de despedida y él se ríe por lo bajo, pero lamenta no poder darle un beso de buenas noches.

Una vez sola en su nueva habitación, Hermione se recuesta sobre la cama y cierra los ojos. Su corazón late con fuerza. Tiene un montón de emociones acumuladas y cuál de todas es más contradictoria. Por un lado está acongojada por la lejanía entre ella y sus padres al no saber ellos quién es ella, pero por el otro lado está feliz y emocionada por haberlos encontrado y por haber podido compartir un momento tan agradable con ellos junto a Ron. Por un momento había temido que entrar en contacto con ellos sería difícil, pero todo resultó tan espontáneo que apenas se dio cuenta cuando ya estaban hablando y riendo con soltura, aunque está segura de que el mérito por aquello se lo tiene que llevar Ron por haberse comportado tan… tan él. En serio, Ron puede ser muy agradable (o desagradable) cuando se lo propone, y claramente está dispuesto a dar lo mejor de él para cooperar con la situación. Suspira. Ron simplemente es… maravilloso. Sonríe bobamente y evoca su imagen, su voz y sus besos. Oh, sus besos. El simple hecho de recordarlos la hace estremecer. Recuerda cada imagen, cada sensación, cada pensamiento y anhelo que le provocan.

Los recuerdos que comparte junto a Ron forman parte de ella, están entretejidos con su alma, hilan los latidos de su corazón. Están tan dentro de ella que nada podría conseguir apartarlos de su mente, de su ser… Pero eso es solo lo que ella cree.


Notas de la autora:

Cambié el apellido 'falso' de los padres de Hermione por el mencionado originalmente en los libros. Los había llamado 'Morrison', pero ahora son 'Wilkins'. Gracias kar weasley por el detalle.

¡Siento mucho la tardanza! :( de verdad creí que no me iba a tardar tanto, pero la universidad está pudiendo conmigo. Las semanas anteriores estuve llena de pruebas terribles y tengo un ramo en particular que me está trayendo muchos dolores de cabeza. Ojalá que la espera les haya valido la pena. ¡La historia ya está tomando forma! De verdad, muchas gracias por su apoyo, espero que todavía no se hayan olvidado de mí, porque yo de ustedes, no.

Gracias :)