El nuevo, ¿voy atrasada?
¡Mucho!
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Contra la pared es más sencillo y acomoda su rodilla en el poco espacio que deja Pansy entre sus piernas y la siente llevar las manos abajo, sin recatos, primero saca apresurada la camisa de sus pantalones a tirones escasos de certeros, y mete por debajo las manos, acaricia aquel vientre que el ejercicio ha dejado definido y Potter muerde de nuevo la boca, lame los labios y se saborea el sabor aquel, por un instante se le ocurre que Pansy ha sido sólo de Draco y se sonríe triunfal… luego su memoria le trae a Theo, le trae a Blaise y más que triunfo es rabia y no le molesta ser rudo o ser tosco… el dolor es condimento y nada más, Pansy gime como si le doliera.
Pero sonríe, es un dolor familiar.
Si no hay teatro deja el drama
Enciéndeme la llama
Mientras la música en sus oídos le dice cómo sujetarla por el costado y deslizarle los dedos por la espalda, mientras la izquierda sujeta aquel muslo y lo levanta, lo guía hacia él como se abre la puerta de un recinto conocido, es un gesto que ha hecho muchas veces antes, pero por primera vez a ella; Pansy es fácil de invitar y su pierna cuenta secretos dulces a su pantorrilla en un sube y baja por sobre su pantalón que le insinúa cosas al que vive más arriba y está despierto, esperando.
—¿Qué… —Empezó Pansy a decir, pero no le dio tiempo, ha empezado a moverla rumbo al baño porque necesita dónde apoyarla y cuando ambos dan con la mano libre contra la puerta y la abren de un sopetón, parecen confirmar en la luz apagada y los restos de la que viene de afuera filtrándose bajo la puerta, que dejan cerrarse de golpe, que nadie más hay dentro. —… qué se necesita… —Pregunta mientras la sujeta por la cintura y de un impulso rudo y seco la sienta en el borde de uno de los lavamanos que ofrece un sonido extraño, como de metal que se desliza, y de pronto, a punta de varita da un tirón al pasador de la puerta y vuelve a besarla, mientras Pansy le tira de los hombros de la túnica y se la baja de un jalón.
Hoy hay toque de queda
Seré tuya
Sus uñas se concentran ahora en desabotonarle la camisa, pero la música está metida entre los dos y los obliga a mecerse, a acariciarse por sobre la ropa como una segunda piel que en sus pliegues, bordes y arrugas les causa dulces y candorosas cosquillas, se concentran en besarse y lamerse, a veces es más un soplido sobre la dermis, otras un pellizco agresivo, a veces ella sonríe con cosquilla, otras él berrea de dolor; Harry empieza a besarle el cuello y a llevar sus manos traviesas y ansiosas por el escote, y sin miramientos ni nada, la varita de la verde también sale al escenario y con un movimiento le ha dejado el torso desnudo, la camisa en el piso empapándose de quién sabe qué; ambos están perdidos en la bruma de lo que ocurre, es piel contra piel y de momento todo parece reconocimiento, labios húmedos que delinean clavículas y erizan piel, dientes que se concentran en lóbulos y líneas de mandíbula; hace mucho que los pezones de Pansy están erectos y resaltan bajo las solapas de la ropa maltrecha y Harry pasa unas manos toscas y ávidas sobre la tela que los cubre, para luego también por sobre ella morder el izquierdo y a Pansy se le sale un gritillo mitad sorpresa, mitad ambición, sujetándolo por entre el cabello azabache revolviéndolo, y hace poco que la pregunta de la verde contra el auror empieza a contestarse sola.
El baño está sofocante, impregnado de un perfumillo de cloro, alcohol, vómito escondido, cigarrillo de semanas y desodorante de lavanda, Harry lleva sus manos a los brazos de la morena y las desliza por ellos bajo la ropa, cede la blusa y cae dejando la espalda desnuda, no hay sujetador, no hay más prenda, y cuando se unen pecho con pecho, Pansy lleva sus manos hasta la cintura de los pantalones de Potter y los desabotona por fin; el aliento que contiene él cuando ella, su boca contra la suya, introduce su mano por el espacio que el botón dejó libre, se transforma en una nube transparente que siente perfecto deslizarse por su nariz hacia sus pestañas y los ojos cerrados de una igual parecen abiertos en el verdor de los de él. Sabe Pansy que al acariciarlo está encendiendo la mecha y no tiene premura en apagarla.
Ni él tampoco.
