Unos días más tarde del accidente con los caballos, Primrose paseaba a Idunn por los jardines del castillo en silla de ruedas, tal como le prometió hacerlo. La primavera hacía surgir la vida alrededor. Los árboles que en invierno habían estado desnudos comenzaban a mostrar tiernos brotes que pronto serían hojas. Las flores, de brillantes colores, perfumaban el aire sutilmente. Idunn extendía la mano de vez en cuando para coger alguna, con el objetivo de hacer una corona de flores más tarde. Como era habitual cada vez que estaban juntas, Primrose hablaba y su hermana pequeña escuchaba atentamente.

-Todavía no me explico cómo fuiste capaz de lanzarte así… Cómo es posible que me quieras cuando estos años te he dejado tanto tiempo sola… -Agachó la cabeza. Se sentía muy culpable por abandonar a su hermana cuando ella se lo pasaba tan bien en Corona.

Idunn no quería verla tan deprimida. Nunca la culpó por irse. Al contrario, sabía que era lo mejor para ella.

-Somos hermanas. Y eres mi mejor amiga. Te querría aunque me dejaras sola un año.

-Bueno… -Primrose rodó los ojos, intentando aparentar inocencia.- Ya que hablas de eso…

-¡Prim! –Interrumpió Idunn, perpleja. -¿Es que piensas irte un año entero? ¿Por qué?

-¡No, no! No voy a irme un año entero. Pero tengo que hablarte sobre un tema que podría… -En ese momento no tenía ni idea de cómo explicar la situación. No quería dar rodeos ni confundir más a su hermana, así que soltó bruscamente lo que le rondaba por la mente. –Estoy pensando en empezar una relación formal con el príncipe de Corona. Quería decírtelo antes, lo siento.

-Espera, ¿qué…? Para… ¡Para el carro! Explícame mejor eso.

Aunque era sólo una expresión, Primrose paró la silla de ruedas junto a una fuente. Se sentó en uno de los bancos de alrededor para que pudieran hablar cara a cara.

-Me ha pedido que comencemos una relación formal. Vamos, que seamos novios. Yo le quiero y siempre ha sido tan bueno conmigo…

Se notaba a la legua cómo su tono de voz y su expresión cambiaban al hablar de él. A Idunn no podía caberle ninguna duda: su hermana estaba perdidamente enamorada. Por eso le extrañó lo que la oyó decir a continuación.

-Pero tengo mis dudas. No sé…

-¿Dudas? –Idunn frunció el ceño. -¿Qué clase de dudas? ¿Crees que intenta aprovecharse de ti o algo así?

-No, no es eso. Estoy bastante segura de me quiere. Es que… -Miró hacia abajo, hacia sus manos que se entrelazaban, mostrando su nerviosismo. Podía sentir el peso de la decisión de dar un paso o no sobre sus hombros. Una carga que la atormentaba. –Si me casara con él, me iría a vivir a Corona.

Entonces Idunn entendió lo que le había estado intentando decir. Su hermana era capaz de renunciar a estar con el hombre al que amaba por ella. Para no dejarla sola. Y no podía permitirle hacer eso.

-Prim. –Levantó el rostro de su hermana, poniendo una mano bajo su barbilla. –Tú le quieres. Él te quiere. Tenéis que estar juntos. No vayas a renunciar a ese futuro. Y menos aún por mí.

Sus ojos verdes se iluminaron. Su hermana tenía razón, no podía renunciar a ser feliz. No de esa manera. Las dos sufrirían si lo hiciera. Cualquier duda que le hubiera nublado la mente había quedado despejada.

Poco antes de que empezara el otoño, el príncipe de Corona fue a visitar a Primrose a su reino, con el objetivo de hablar con su padre sobre su futura relación. Les dio el visto bueno sin problemas, ya que le conocía bien, tanto a él como a sus padres.

El príncipe estaba informado sobre lo relevante que había sido Idunn para que su hermana mayor finalmente aceptase empezar la relación. Por ello, no quería irse sin antes haber hablado largo y tendido con ella, a solas. La encontró sentada en un sillón enfrascada en un libro, junto a una chimenea. Apagada, obviamente. Aún no hacía frío como para tenerla encendida. Se acercó para sentarse en un sillón cercano sin molestar, pero Idunn no le había visto entrar y se sobresaltó.

-¡Alteza! No sabía que estabais aquí.

-Me gustaría que hubiera algo más de confianza entre nosotros, si es posible…

-Claro. ¿Por qué no? –Idunn cambió el trato de inmediato. Sabía cuándo tenía que adaptarse. –Entonces dime, ¿qué te trae por aquí?

El príncipe tomó asiento en el mullido sillón y carraspeó. Quería poder hacer las cosas tranquilamente y bien.

-Me gustaría darte las gracias por tu apoyo a la relación entre tu hermana y yo. Sé que sin tu colaboración no hubiera sido posible. Por ello me gustaría invitarte a pasar cuanto tiempo desees en Corona. Mi hogar tiene las puertas abiertas para ti.

Idunn declinó la oferta.

-Muchas gracias por tu ofrecimiento. Sin embargo, eso no es lo que deseo. Tú sólo… Cuida de mi hermana.