Nota obligatoria: Los personajes de Saint Seiya son obra de Masami Kurumada, yo nada más me dedico a escribir sobre ellos sin obtener nada a cambio más que mucha satisfacción personal y entretenimiento saludable.


De asesinos a caballeros: historia de renacimiento y redención

El retorno a casa, segunda parte

En algún lugar de mi mente que no conozco...

Sensaciones...

Todo en este momento son sensaciones que recorren cada rincón de mi cuerpo... sensaciones que no tenía antes... como si mis sentidos hubieran estado atrofiados hasta ahora...

Me siento pleno, completo... se ha acortado la lejanía de mis pensamientos... mi mente, mi cuerpo y mi espíritu son uno con el cosmos... con el universo...

Siento como si comprendiera todos los misterios que me rodean, cobran relevancia las leyes de la física y ahora entiendo el cómo y el porqué... ¿será eso a lo que llaman felicidad?

Porque felicidad plena, creo que nunca he sentido... ni en mis pocas experiencias amorosas, ni con mis hermanos... tal vez ni siquiera con ella... con mi diosa, la única mujer que quizá he amado de verdad, en mi toda mi vida...

Es extraño, la primera vez que esto sucedió, sentí lo contrario... mi alma estaba prisionera y mi cuerpo a merced de su voluntad... sufrí cada gota de sangre que él derramó, cada lágrima que provocó cuando me controlaba... odié el beso que me dio Pandora... el beso con el que me robó mi inocencia, aquel beso infame con el que me mostró las peores depravaciones de las que son capaces los hombres y que debilitó mi espíritu de forma tal, que lo dejé tomarme y usarme como quiso, incluso, hasta el punto de querer asesinar a mi propio hermano... y a mi diosa...

Pero ahora... todas esas sensaciones me parecen lejanas... él no tiene el control... yo no tengo el control... ahora somos uno y yo sufro el dolor de sus heridas y él los torbellinos de mi mente... ahora todo está claro para mí... Hades tampoco tenía el control... lo usaron, como él, me usó a mi...

Pero... ¿quién tuvo la fuerza suficiente para doblegar la voluntad de uno de los dioses más poderosos del Olimpo?


Templo Principal, alcoba del Patriarca

Sahori, Seiya, Hyoga, Ikky y Jabu se encontraban en el balcón de la habitación patriarcal observando la transfiguración de Shun azorados, las dos princesas de Asgard, se les unieron a continuación, cuando sintieron la cosmoenergía del caballero de Andrómeda extenderse por el Santuario. Todos estaban tan concentrados en el muchacho, que no se percataron de lo que sucedía tras ellos, ni en el resto del complejo.

Justo en el momento en que el cosmo de Shun comenzaba a estabilizarse, algo empezó a ocurrir en el lecho patriarcal, cuando Hyoga se dio cuenta, corrió hasta allí, donde un pequeño torbellino de polvo de estrellas iba formando lentamente una figura humana.

-¡Jabu, ven acá por favor! -gritó el rubio al ver sobre el lecho un cuerpo convaleciente- ¡tráeme algo para cubrirlo!

Un hombre muy alto, con largo cabello y dos lunares púrpura en vez de cejas, señal inequívoca de su origen lemuriano, estaba ahora recostado sobre el lecho, tenía la piel empapada en sudor y jadeaba como si acabara de realizar un esfuerzo tremendo.

-Déjenlos... por... favor -balbuceaba en medio del delirio que lo atormentaba- ellos... no tuvieron la culpa... son... son mis niños...

-Caballero -susurró Jabu arropando al recién llegado- estás bien, tranquilo -y dirigiéndose a Hyoga preguntó- pato... ¿no es este el caballero guardián de la primera casa?

-No Jabu, este hombre es Shion de Aries, era el maestro de Mu de Aries... pero... si mal no recuerdo, debería ser un hombre mayor, casi tanto como Dhonko de Libra, sin embargo este que vemos aquí no tiene más de veinticinco años!

-¿Cómo diablos sabes que es Shion?

-Hay un óleo de él en una de las bodegas que me tocó revisar la semana pasada, es el retrato oficial de la toma del Trono, tiene una inscripción atrás, está fechado de mil setecientos y algo... se veía exactamente igual que en ese momento... esto... es increíble...

El hombre volvió a revolverse en la cama y comenzó a abrir los ojos lentamente tratando de acostumbrarse a la luz mortecina de las lámparas de aceite que iluminaban en ese momento la estancia.

-¿Dónde...? oh!... yo... ya veo -susurró Shion sabiamente intuyendo la respuesta que buscaba, al ver los curiosos ojos de los dos muchachos que acompañaron su despertar. Levantando una mano de forma temblorosa, tocó suavemente a Hyoga en la frente y luego a Jabu en el pecho -Cisne... Unicornio... mucho gusto... soy Shion, antiguo caballero de la estrella de Aries...

Ante el saludo del lemuriano, ambos caballeros de bronce hicieron una reverencia tan exagerada que estuvieron a punto de golpearse entre ellos. El antiguo primer guardián les dedicó una sonrisa llena de ternura y luego recostó la cabeza de nuevo en la almohada y cerró los ojos para acompasar su respiración.

Para los dos caballeros de bronce, el encuentro con aquellos ojos magenta, había sido indescriptible, en medio del rostro bellísimo de un veinteañero, aquel par de zafiros mostraban la sabiduría acumulada por decenas de años de vida, pero al mismo tiempo dejaban entrever el carácter paternal que le daba a su mirada un aire de dulzura y severidad a la vez.

En cuanto Sahori se percató de esa presencia tan poderosa, corrió a confirmar que el que estaba allí era el antiguo caballero de Aries, quien volvió en la batalla de Hades, con el fin de sacrificarse para entregarle su armadura divina.

-Shion -sonrió ella y se acercó al hombre para recibirlo. El hombre, quien se encontraba evidentemente agotado, trató de incorporarse al verla, pero ella se abrió paso entre Jabu y Hyoga para darle un pequeño empujón en el pecho, obligándolo a recostarse de nuevo- no te hace bien, el esfuerzo que significa volver a la vida es enorme para cualquiera, incluso para ti, así que tienes que descansar- Sahori se sentó en el borde de la cama de un acongojado Shion, quien sabía que estaba desnudo debajo de las sábanas y le tomó las manos -¿sabes quién soy? -dijo ella sonriéndole dulcemente, por alguna razón sentía que adoraba a aquel hombre a pesar de que no lo conocía.

-Sí, mi niña... es usted la reencarnación de la diosa de la guerra justa y la sapiencia -dijo él con los ojos exhudando emoción- es un honor... al fin conocerla... ¿acaso me recuerda, señora?

-Claro que te recuerdo mi amado Shion... tú eres mi Patriarca...


Coliseo de las Amazonas

-Caballeros, amazonas, como ustedes se habrán dado cuenta, en los últimos minutos se encendieron los cosmos de catorce caballeros dorados -recitaba Misty de Lacerta caminando de un lado a otro, en uno de los escalones superiores del coliseo de las amazonas - divídanse en parejas, un bronce y un plateado, irán un equipo por casa y actuarán de acuerdo al protocolo de emergencia... compañeros, no sabemos a lo que nos enfrentamos, ni qué encontraremos, así que vallan con la diosa... caballeros, amazonas corran a sus posiciones! -gritaba Misty haciendo señales para indicar la formación adecuada.

Los caballeros de bronce y plata se formaron obedeciendo las órdenes de su mayor en jefe, retirándose de inmediato al momento en que escuchaban sus nombres junto con las indicaciones.

-Recuerden una cosa caballeros y esto es para todos en general... si los que están allí son los dorados y esperemos que así sea, ellos son más rápidos y hábiles que cualquiera de nosotros... así que roguemos porque estén de nuestro lado... -y dirigiéndose a Cerbero empezó a dictar instrucciones específicas- Dante, tú con Aracné, primera casa... Mu de Aries, telépata... puede confundir sus mentes y atacarlos desde cualquier flanco, Algor y Geki, segunda casa... Aldebarán de Tauro, dos metros diez de puro músculo...

-Vamos Geki, nos toca controlar al gigante... ¿listo? -le dijo Argol a su compañero al momento en que se dirigían escalinata arriba, mientras el otro asentía resignado.

-Kalia y Ban a la tercera casa, detecto dos cosmos dorados allí, tengan cuidado y no duden en pedir ayuda, Saga de Géminis posee una fuerza tremenda y su táctica es engañar a su oponente por medio de ilusiones... Geist y Ptólemy... Cáncer... el tipo es un psicópata -dijo Misty mirando burlonamente a Geist que le devolvió el gesto con una señal obsena- los puede mandar al infierno con un chasquido de sus dedos... no sigan los fuegos fatuos que controla... -terminó el francés deleitándose de haber molestado a la guerrera.

-Misty... ¿qué está sucediendo? -preguntó Shaina, quien acababa de llegar al coliseo, después de que fue informada por Argol del llamado del caballero Lacerta.

-Sucede, mi querida... Shaina -dijo el aludido con su marcado acento francés y característica forma de arrastrar las palabras, que inyectaban un dejo de impertinencia a todo lo que decía- que nuestra princesa Atena ha intercedido por el alma de los caballeros dorados, y se las ha arreglado para traerlos de vuelta y dados los antecedentes acerca del carácter de estos hombres, vamos a vigilar su llegada muy de cerca...-dándole la espalda a la recién llegada prosiguió- Jamián, Ichi, les toca controlar a Aioria de Leo, velocidad, fuerza y precisión fuera de todo lo que han conocido... Shaina, Nachi... Shaka de Virgo -Nachi no pudo ocultar un bufido debido a su mala suerte y Shaina respiró hondo tratando de serenarse- encomiéndense a la diosa si a este tipo se le ocurre abrir los ojos...

-Misty -dijo Shaina- vete al diablo... -el aludido le dedicó una sonrisas burlona y le guiñó un ojo.

-Sirius, Moses, ustedes se encargarán del antiguo maestro, demasiada fuerza y demasiado poder...es lo único que puedo decirles… Anaya y... -allí Misty se quedó en silencio al ver que no quedaban caballeros de bronce en el coliseo- los protegidos de la diosa si que hacen lo que se les viene en gana, solo ellos no responden a ningún llamado -pensó restando importancia al asunto- trés bien... continuemos... Anaya, Capella, octava casa... cuídense de las agujas de Milo...

Maldición -pensó la amazona- que mala suerte... -Anaya de Lépus, tuvo varios "desafortunados tropiezos" con el caballero de Escorpión hacía unos años y se había jurado a sí misma que esas historias no se repetirían, pero ahora Misty le ponía aquella tentación en bandeja de plata.

-Marín, Sirius... les toca la novena casa... sinceramente no sé que pueden encontrar allí... que la diosa los acompañe... Alguetti, Dhorte, décima casa, Shura de Capricornio, Escalibur mora en su brazo derecho, cualquier movimiento en falso y los decapita... no hay escudo que valga. Orpheo y Babel, Camus de Acuario, el señor de los hielos, los puede convertir en granizo en segundos, sin importar que lleven sus armaduras puestas. Asterión y yo nos vamos para la última casa... los demás sirvan de apoyo a sus compañeros...

-Qué coincidencia que escogieras precisamente ir a Piscis -le dijo Asterión a su compañero cuando se encontraban subiendo la escalinata.

Misty dejó salir una carcajada.

-Qué mal pensado eres, sé manejar a Afro mejor que nadie... aunque no lo creas... es solo eso...

-Si claro... manejarlo...


Casa de Cáncer

De camino a la cuarta casa, su corazón se aceleraba de la emoción, ya que si eran ciertos los rumores de que la diosa pensaba traer de vuelta a la Orden Dorada, su amado caballero estaría de vuelta también, así que a pesar de los gritos de su compañero Ptólemy, corrió lo más rápido que pudo por la escalinata hasta el cuarto templo.

-¡Geist!... no seas tonta -gritaba Ptólemy detrás de ella- no sabemos si fue él realmente el que regresó...

Pero Geist lo ignoró por completo... Angello ha vuelto... era lo único de lo que estaba segura en ese momento.

Buscó por toda la casa frenética, hasta que logró ver la silueta de su adorado caballero en medio del pasillo, estaba desnudo, inconsciente y boca abajo. Al volverlo se sonrojó, ya que no pudo evitar recordar los maravillosos momentos que había pasado abrazado a ese cuerpo de ensueño y al ver esos labios que aún consideraba suyos, no se contuvo y se acercó para rozarlos delicadamente con sus dedos, al tiempo que él abría los ojos. En ese momento Ptólemy, se colocó detrás de Geist, quien se encontraba acuclillada con Máscara Mortal en sus brazos, con el objetivo de asegurarse de que todo estaba bien.

-Willkommen, guapo... -dijo ella sin importarle la presencia de su compañero de plata.

El caballero de Cáncer estaba muy aturdido, se sentía algo nervioso porque no lograba enfocar la mirada, sin embargo aquella dulce bienvenida era mejor que cualquier cosa que hubiera deseado jamás, porque ella estaba allí con él, ella, a quien la parca se la había arrebatado hacía tanto tiempo.

Geist... ¿eres tu verdad? -logró susurrar mientras respiraba con dificultad- los espectros... dime... que... estamos en el cuarto templo... es que ¿estamos a salvo de ellos?

-SÍ amor mío, aquí no hay espectros, ni torturas, ni oscuridad... estás conmigo...

La amazona sonrió, mientras las lágrimas bañaban su rostro y cubrió a su Angello en una manta que llevaba, con el objetivo de encaminarlo hasta la habitación, ayudada por el caballero de plata, quien cargó al aturdido caballero Cáncer.

-Geist, creo que lo mejor es que lo llevemos al Sanatorio -decía el caballero de Sagitta a la amazona- está casi inconciente –ella asintió preocupada y entonces se dirigieron escalinata arriba.

-Estarás bien...Angello... aunque el cielo se caiga, pero estarás bien...


Habitación de Shiryu

Tal como había sucedido en las últimas dos semanas, una agotada Shunrei se quedó dormida en el silloncito que estaba al lado de la cama del caballero dragón, estaba tan agotada, debido a la preocupación y el estrés acumulado, que no se percató de lo que estaba pasando afuera. De un momento a otro, la labor de tejido que estaba realizando para matar las horas mientras cuidaba a Shyriu, resbaló por sus piernas hacia el suelo, pero alguien con muy buenos reflejos lo tomó antes de que tocara el piso y acomodó su cabeza en una almohada con el objeto de que reposara tranquila, sin embargo el rápido movimiento la despertó de un sueño superficial.

-Yo... qué... pero -balbuceó atontada.

-Soy yo Shunrei -la china se topó de frente con un par de cristales azul-gris que añoraba tener cerca hace muchos días- lamento haberlos asustado... sobre todo lamento que pasaras trabajos por cuidarme- continuó el muchacho señalando el sillón donde estaba la muchacha.

-Pero... cómo sabes... tú estabas...

-Desde donde me encontraba podía ver lo que pasaba a mi alrededor y lo que pasaba en la dimensión, en la que estaban encerrados los caballeros dorados... estoy bien... me siento muy bien y... -dijo tomando de las manos a Shunrei- gracias por estar allí... porque si te necesito... muchísimo...

Shyriu...

-Por ahora descansa -el pelinegro cubrió a la china con una manta y la llevó a la cama- yo tengo que ir a ver qué está sucediendo afuera... -terminó él, permitiéndose un beso en la frente de ella- no quiero que te muevas de aquí... por si alcaso...

-Shyriu ¿qué está pasando?

-Volvieron Shunrei... y Dhonko con ellos


Casa de Tauro

Cuando Algor y Geki llegaron a la entrada de la segunda casa, tuvieron que hacer un esfuerzo tremendo para proteger a sus compañeros que subían al resto del complejo, de los enormes objetos que caían en la nave central del templo del Toro.

-Maldición... -gritó un asustado Geki, protegiendo con su cuerpo a Kalia de Corona que cruzaba en ese momento- el torito se despertó de malas... -terminó con una risilla tonta.

-Gracias... -dijo la chica acurrucada bajo la enorme mole del caballero del Oso- mejor nos apresuramos a llegar a géminis antes de que haya otro dorado con los ánimos descontrolados... -continuó ella, sintiendo algo de incomodidad por la cercanía del muchacho, quien se había quedado embobado viéndola.

-De nada -contestó Geki muy perturbado por la presencia cercana de la amazona- fue... un placer... -siguió mientras veía desaparecer la esbelta silueta de la peliceleste, en la penumbra de la segunda casa.

-¡GEKI... CUIDADO! -gritó Algor en el momento en que un sofá estuvo a punto de volverle la cabeza hacia el lado contrario- DEBES ESTAR ATENTO NIÑO... - y acercándose a la cara del asustado Oso terminó- no puedes distraerte por unas caderas bonitas... ¿entendido?

-Sí.. sí se... -el muchacho no pudo terminar la frase, debido a que en ese momento distinguió detrás de Algor, la enorme mole de Aldaberán, quien se sostenía la cabeza y tiraba todo lo que se le atravesaba al frente; muebles, trastos, escombro... personas...

-AHHHHHHHHH¡! -gritaba un histérico Alguetti, quien voló por los aires ante la desconcertada mirada de su compañera Dhorte de Columba, ambos guerreros se dirigían hacia la décima casa, cuando se toparon con la mala suerte de atravesarse en el camino del toro en medio de... un despertar confuso.

-CABALLEROS! -gritó la amazona- nosotros lo distraemos, Geki tómalo por la espalda... trata de inmovilizarle los brazos, yo lo mantendré quieto con mis anillos de energía y Algor lo golpea en la nuca, trata de no usar tu escudo de Perseo...

Los hombres obedecieron las órdenes de la corpulenta amazona, quien siempre se había distinguido por su ecuanimidad en situaciones extremas. Así que Geki trató de colocarse detrás del aturdido Aldaberán, quien gritaba de forma descontrolada y seguía lanzando todo a su paso.

-Demonios -pensó la mujer- a estos hombres les sucedió algo realmente malo en el otro lado...


Templo Principal

Shaka había llegado por sus propios medios al templo de la diosa, bajo un aguacero perenne que se había confoabulado con la oscuridad de la noche para dificultar la visibilidad en la escalinata. Notó mucho movimiento a su alrededor mientras subía, al parecer todos los caballeros de plata y bronce, habían sido echados de la cama y corrían de arriba a abajo como en estado de sitio. Estaban tan concentrados en su alocado vaivén, que ninguno se percató de su presencia, sin embargo a él poco le importaba, subía despacio por un lado de la escalinata, siguiendo el llamado que les hacía la diosa, anhelando sentir en todo su esplendor su cosmo divino.

Cuando llegó a la puerta del Salón del Trono, los temblorosos guardias lo reconocieron de inmediato y no sabían si atacarlo o salir corriendo.

-Buenas noches, caballeros -dijo el rubio con una delicada reverencia de cabeza- ¿será que me pueden dejar pasar?

Los aterrorizados hombres, difícilmente podían olvidar los oscuros días del reinado de Arles en los que Shaka era uno de los asesinos predilectos del Patriarca, además, el rubio se había caracterizado siempre por su actitud altanera y era extraño que pidiera permiso para hacer cualquier cosa.

Los asustados hombres, se volvieron a ver con duda sin saber qué hacer, pero al final decidieron dejarlo pasar, más por miedo que por cortesía.

El guardián de Virgo se encaminó entonces dentro del gran salón que consistía en una estructura rectangular dividida por columnas en tres naves, la más ancha en el centro, era la que terminaba en la silla patriarcal. La alfombra que señalaba el camino hasta el trono había desaparecido y el salón completo estaba abarrotado de toda clase de tiestos viejos y magníficos muebles empolvados o hechos una ruina, esparcidos por todo lo que en algún momento fue un majestuoso salón, donde el Patriarca recibía a sus guerreros más importantes e invitados personales, ahora poco quedaba del Salón del Trono.

Sus ojos no estaban acostumbrados a permanecer abiertos, así que al entrar a la habitación que estaba semi-oscura, le dolieron, pero definitivamente no quería perderse de nada... eso si que no. Con la delicadeza que caracterizaba su caminar, siguió la pista del cosmo de la diosa, quien sin duda estaba cerca de allí, así que terminó por adentrarse al edificio por la parte de atrás hasta que llegó a la habitación del Patriarca.

Sahori quien estaba al cuidado de Shion, no pudo evitar mostrar su alegría ante la llegada del caballero de Virgo y sin importarle lo empapado que estaba, corrió hacia él y lo abrazó cariñosamente –SHAKA!

Por supuesto que el rubio no supo qué hacer en el momento, pero después de unos segundos, sonrió y rodeó con sus brazos el pequeño torso de la muchacha, cerró los ojos solo un momento para disfrutar de la sensación y al abrirlos se topó de frente con una mirada de esmeralda que hacía mucho que no veía.

Mu… estás aquí…


Habitación del Patriarca

Shun había cambiado... de eso no cabía la menor duda... su apariencia era distinta, a pesar de que sus aniñados rasgos se mantenían, parecía que había crecido, ahora se veía fuerte y decidido, ya no era aquel chiquillo frágil que lloraba por todo.

Poco a poco, el cosmo que rodeaba al caballero de Andrómeda fue contrayéndose hasta desaparecer dentro del cuerpo del muchacho, quien comenzó a tambalearse y hubiera terminado tendido en el suelo de no ser por la oportuna intervención de Ikki.

-Hermanito... Shun... contéstame algo dime que estás bien...

Hilda de Asgard, quien había estado muy pendiente de los acontecimientos, se acercó a verficar los signos del muchacho, quien realmente parecía que estaba durmiendo de forma plácida.

-Ikki -dijo tomándole un brazo delicadamente al fénix- él está bien... solo duerme, no te preocupes, debe estar agotado… -terminó dedicándole una hermosa sonrisa al acongojado muchacho, quien asintió sin ganas.

Mientras tanto, dentro de la habitación del Patriarca, Sahori se mantenía velando el sueño de Shion

-Sahori -interrumpió Seiya- si ellos están de vuelta y al parecer, no todos pueden moverse por sus propios medios -hizo una señal con la cabeza hacia Shion- lo mejor es que movilicemos a los sanadores y vallamos a ayudar a los templos

-Estoy de acuerdo contigo, Jabu, tu ve a la Fuente y diles que estén preparados para recibir a los caballeros dorados... Hyoga y Seiya bajen a la escalinata y asistan a los que necesiten, Shaka tú te quedas aquí y buscaremos algo para que te cambies -el aludido intentó contradecir, pero la niña no lo dejó, negando con la cabeza- Mu, tú también vas a descansar y no me veas con esa cara. Tatsumi, encárgate de que la servidumbre nos ayude a preparar rápidamente algunas habitaciones y ropa limpia y seca para que ellos se vistan decentemente y se vallan a descansar...

-Sahori, nosotras podemos ayudar también y nos encantaría que nos permitieras hacerlo -intervino Flare de Asgard, refiriéndose también a su hermana.

-Ellos están heridos -dijo la muchacha señalando a los tres dorados que se encontraban en la habitación- si no es mucho abuso, tal vez nos puedan ayudar a curarlos... creo que la fuente no va a dar abasto, tenemos solamente a tres sanadores y cinco cuidadoras y me preocupa que muchos de ellos estén más delicados.

-Será un placer min vein -terminó Hilda- caballeros pasen por aquí- dijo ella con tanta autoridad que Shaka y Mu se volvieron a ver y no se atrevieron a replicar. Flare de inmediato corrió a buscar lo necesario para limpiar y desinfectar las heridas y los muchachos se sentaron en un sofá cercano a la cama de Shion, al que Mu no dejaba de contemplar con los ojos llenos de lágrimas.

Padre... -pensó en voz alta.

-¿Él es tu padre? -preguntó Hilda sorprendida, mientras recogía el cabello del pelilila por enfrente del hombro para descubrirle la espalda.

-Si, señorita, murió cuando yo tenía siete años y tenerlo aquí de nuevo... -Mu no pudo terminar porque la voz se le atoró en la garganta. Hilda respetuosa de los sentimientos del lemuriano continuó delicadamente y con esmero su labor, la verdad era sorprendente lo que estaba pasando y admiraba muchísimo a esos hombres que habían transgredido el límite entre la tierra de los dioses y la de los muertos en varias ocasiones, con el fin de salvar a la humanidad.

En cuanto a Sahori, aún se resistía a dejar de velar al hermoso lemuriano, que dormía en la cama patriarcal, agradecida con Hades por haberle dado la oportunidad de tenerlo con ella en esta vida. Con gran delicadeza acariciaba suavemente la mano izquierda del hombre, quien hacía tan solo unos momentos cayó rendido por el cansancio, producto de su regreso a la vida.


Casa de Géminis

Kalia y Ban llegaron lo más rápido que pudieron a la tercera casa, después del encontronazo con el guardián del segundo templo. Misty les había advertido que se sentían claramente dos cosmos allí y efectivamente así era, desde que entraron pudieron percibirlos fácilmente.

La amazona de plata, era sumamente disciplinada y su mayor virtud en el campo de batalla era la agilidad con la que podía moverse, Shaina siempre comentaba que parecía estar danzando. Sigilosamente, le hizo una seña a su compañero de bronce para que caminara detrás de ella por en medio de la nave central del templo, sin embargo la energía emitida de los cosmos, venía, al parecer, de los aposentos privados. El león menor, era un caballero en todo el sentido de la palabra, así que en cuanto estuvieron frente a la puerta que daba a los dormitorios, se adelantó y la abrió despacio, mientras Kalia cruzaba por el umbral detrás de él.

-Hola -dijo Ban con una voz temblorosa que dejaba entrever que estaba nervioso- ¿hay alguien en casa?

-Caballero, no seas tan evidente con tus emociones -dijo la experimentada muchacha- eso será tu pase al otro mundo en una batalla- el muchacho asintió con las mejillas coloradas por la vergüenza, Kalia solo movió la cabeza en gesto negativo reafirmando lo que acababa de decirle.

-Por... favor... ayuda -escucharon apenas los dos guerreros, quienes apresuraron el paso hacia donde venía aquella débil voz- mi hermano... mi hermano... no sé si está... muerto -dijo un hombre peliazul, en el momento en que la amazona se acuclillaba al lado del cuerpo que se encontraba apenas cubierto en el suelo, y que parecía una copia del que les estaba hablando. La mujer no pudo evitar enrojecer detrás de la máscara al levantar el rostro y toparse con las maravillosas facciones de uno de los caballeros de la tercera casa, quien estaba totalmente desnudo, sentado en el piso delante de ella.

-¿Está vivo? -preguntó el peliazul a la aturdida muchacha- es que me dejó de hablar y por más que lo intento no abre los ojos...

-Si, caballero de géminis -respondió Ban en lugar de la mujer, ofreciéndole de paso una sábana para que se cubriera y tocó en el hombro a su compañera para que volviera en si de su estupor para susurrarle- Kalia, recuerda lo de las emociones...

Dejando de lado la vergüenza que sentía por la observación de su compañero, preguntó al peliazul- ¿cuál de los dos es usted, señor?

-Soy Kanon – respondió el hombre cubriéndose tranquilamente sus partes íntimas, sin preocuparse por la presencia femenina- dime... mi hermano... ¿cómo está?

-Pues... pues -balbuceó la muchacha haciendo un esfuerzo tremendo por quitarle los ojos de encima a Kanon- está inconsciente y parece que tiene algo de fiebre- terminó acariciando suavemente la frente de Saga y dirigiéndose tímidamente a Kanon preguntó- ¿usted cómo se siente, señor?

-Yo... pues... sobreviviré... pero por favor, ayuden a mi hermano... yo no necesito nada... de verdad, díganme que lo van a curar...

Kalia asintió y le hizo una seña a Ban para que llevara de inmediato a Saga al Sanatorio y mientras tanto ella ayudó a Kanon a incorporarse y lo recostó en la cama, donde le llevó ropa y se dispuso a revisarlo para atender sus heridas.

-Valla, señor -dijo ella cuando le revisaba la espalda- ... está lleno de moretones y de... estas pequeñas heridas... no sangran, pero tampoco están sanas, creo que lo mejor es llevarlo a la Fuente...

-No es necesario, te aseguro que hay otros de nosotros que lo necesitan más que yo...

-Pero ¿qué fue lo que les sucedió? -continuó ella limpiando cuidadosamente los cortes del cuerpo del gemelo.

-Fueron los espectros... sin embargo yo estoy bien, los malditos se ensañaron con mi hermano y con el caballero de Piscis... -Kalia dejó de limpiar las heridas como si la hubieran paralizado- ellos les decían que era el castigo justo porque ambos se habían puesto de acuerdo para asesinar a Ares cuando aún habitaba el cuerpo de mi hermano... así que eso, aunado a su participación en la última batalla contra Hades, los puso en una posición muy comprometedora delante de los dioses... además en el lugar donde estábamos, nuestros cosmos estaban bloqueados y no podíamos defendernos... al menos no de la misma forma...

-¿Y cómo está el otro caballero? -preguntó la mujer con un hilo de voz, refiriéndose a Aphrodite.

-No lo sé... antes de que el cosmo de Hades nos guiara a la salida, los habían trasladado fuera de sus encierros para otra sesión de tortura... por la forma en que se reían los espectros... pensé que habían logrado destruir sus almas, pero gracias a la diosa desperté con Saga a mi lado... espero que el Piscis también haya vuelto... -y dirigiéndose hacia la amazona le dijo casi dormido- estás empapada... cuidado y te enfermas...

-Usted no se preocupe por mi, señor... estoy bien... descanse por favor... -terminó ella recostando la cabeza del hombre en la almohada. Kanon se veía evidentemente agotado y soltaba las palabras haciendo una gran esfuerzo por no quedarse dormido, Kalia al verlo, decidió no provocarle más cansancio con una charla desagradable acerca de la amarga experiencia que acababan de vivir, así que continuó con su labor, hasta que lo dejó debidamente vendado y arropado descansando en su lecho, sin embargo se dirigió de inmediato al Templo Principal para dar su parte de la situación y averiguar un poco más del estado de salud de los demás caballeros dorados.

Pero sobre todo quería conocer la suerte del doceavo caballero.


Casa de Tauro

-ALGOR... CUIDADO!

La situación con Aldebarán se había vuelto insostenible, aparentemente tenía problemas para ver y había caído presa de una terrible crisis de pánico, sí, volver a la vida después de pasar varios meses en un limbo en el reino de los muertos era terrible. El recuento de los daños era cuantioso, un caballero de bronce inconciente, dos plateados heridos y una amazona a punto de perder su ecuanimidad en cualquier momento, eso sin contar los daños a la estructura del templo y los muebles destrozados.

La amazona de Columbo, se mantenía atrincherada detrás de lo que quedaba de una columna caída cuando sintió a su compañera de Ofiuco.

Dhorte -era Shaina comunicándose con la amazona vía cosmo- veo que tienen problemas y buda no está en casa, así que nos encargaremos nosotros de Capricornio... controlen ustedes al toro...

No sabes cuánto te lo agradezco Shaina... esto está que arde literalmente... vallan con la diosa...

Un golpe repentino a una velocidad impresionante, dirigido directamente a la quijada de Aldaberán, tiró noqueado al gigantesco hombre al suelo, esto ante la mirada atónita de los caballeros que trataban inútilmente de controlarlo.

-¿Se salió de control la mole? - Milo de escorpión lucía magnífico, enfundado en su bella armadura dorada, con una sonrisa de lado, mientras revisaba los ojos del aturdido caballero de Tauro.

-Señor Milo -suspiró la amazona de Columba- es... es maravilloso tenerlo de vuelta...

-Cuando llegamos, estaba a punto de bajar la escalinata enfundado en su armadura -renegó Anaya, quien llegó corriendo detrás del octavo caballero- valla que tuvieron verdaderos problemas aquí... esto es un desastre -terminó la amazona haciendo un rápido inventario visual a su alrededor.

-Alde... grandote... despierta... vamos -dijo Milo dándole cachetadas a su compañero- estás desnudo y hay dos hermosas chicas presentes... ¿no te da verguenza?... porque la verdad a mi si…

Anaya rodeó los ojos detrás de la máscara …típico de Milo… pero la verdad en el fondo estaba feliz de tenerlo de nuevo allí…


Casa de Capricornio

Al igual que otros de sus compañeros, Shura de Capricornio sentía que le había caído parte del inframundo sobre la cabeza; para ese momento en que despertó, debido al alboroto general perpretado por amazonas y guerreros corriendo por doquier, su cuerpo estaba entumido y el frío le calaba los huesos desde dentro, sus ojos no lograban acostumbrarse a la poca claridad y podía sentir todas y cada una de las heridas que había recibido en el otro lado.

Haciendo uso de las pocas fuerzas que tenía, llamó a su armadura y se cubrió con ella para soportar un poco el frío, el trauma de volver a la vida era tan fuerte, que cualquiera se hubiera vuelto loco, sin embargo su poderoso autocontrol, desarrollado a travez de los años de entrenamiento, no lo dejó caer en la desesperación.

Cuando Shaina y Nachi llegaron, él deseaba con todas sus pocas fuerzas que lo ayudaran a recostarse en un lugar más cómodo que el suelo, para dormir a pierna suelta hasta la próxima guerra de Titanes contra Olímpicos.

-Shura… Shura de Carpricornio –su nombre lo escuchaba en labios de una mujer, quien seguramente lo sacudía de los hombros, hablaba en griego, pero él solo le entendió su nombre, la verdad el único idioma que reconocía en ese momento era el español.

La voz de ella se le hacía cada vez más lejana, tenía tanto sueño y frío que no le importaba que Hades le cayera encima… solo quería dormir…

-Shura de Capriconio –insitió Shaina, pero él la escuchaba en la lejanía y sólo pudo responderle una sarta de incoherencias en español.

-¿¡Shulana!?... y ¿a este qué le pasa? –dijo Shaina furiosa, ante la risa del caballero de bronce que la asistía- Nachi, si lo puedes cargar con todo y armadura, es mejor que lo llevemos al sanatorio, éste tipo definitivamente está delirando…

Shura, mientras tanto se dejó llevar por el delicioso divagar de la inconciencia, como si su alma libre, estuviera fuera de ese cuerpo que le escocía… y en ese momento sus bellos ojos de esmeralda, no vieron más que oscuridad…


Casa de Acuario

-Maestro… maestro Camus…

Hyoga entró como esperpento buscando por toda la onceava casa a su amado maestro de Acuario, mientras por el frente entraban Orpheo y Babel de forma sigilosa, temiendo encontrarse en cualquier momento con una ráfaga que los convirtiera en una maqueta de hielo.

-Señor Camus –decía Orpheo caminando con todos sus sentidos alerta, esperando una mala reacción al regreso, como el que tuvo el guardián de Tauro, sin embargo al final del pasillo, se encontraron al francés recostado a una columna, mientras era auxiliado por Hyoga.

-Quédense a cuidarlo, yo buscaré algo que ponerle –los plateados arquearon las cejas, por la prepotencia del cisne al darles una orden, lo cual captó de inmediato Hyoga- … por favor señores- terminó con un gesto de respeto con la cabeza.

Orpheo entonces se acuclilló al lado del señor de Acuario, quien estaba casi inconciente, sin embargo lograba decir algunas palabras sueltas… en francés! Cuando Hyoga volvió con unos pantalones y camisa de dormir, lo cubrieron bien para llevarlo lo antes posible al sanatorio. Como Babel era el más corpulento de los tres, cargó con cuidado al dorado y salieron por la escalinata en medio del aguacero, el cual se hacía más copioso conforme corría la madrugada.

En medio de la escalinata hacia el templo principal, Camus balbuceó algo en su lengua natal que paralizó a Hyoga instantáneamente.

-Hyoga… dime que los vinos… están bien…


Casa de Libra

El color y la textura de su piel eran distintos, ahora era suave, sin manchas, sin arrugas. También su rostro había perdido los signos de tantos años vividos, ya no tenía la barba cana que lo caracterizaba.

Pero sus ojos eran los mismos, ellos sí habían envejecido, toda la experiencia acumulada estaba evidente en su mirar, la diosa le había permitido su cuerpo de joven otra vez para que tuviera las fuerzas suficientes para enfrentar lo que al parecer podría ser otra batalla divina.

Esta generación de caballeros dorados era muy particular, ya que aunque Arles les hubiera obligado a ordenarse siendo aún muy pequeños, la mayoría tenía el poder necesario para portar una armadura dorada a muy temprana edad. Además en este momento, habían cinco caballeros vistiendo armaduras divinas y eso nunca había pasado, todo lo anterior aunado al hecho de que un dios del Olimpo utilizó a un miembro de la orden como avatar.

En sus casi trecientos años de vida, nunca había visto tantas coincidencias juntas y eso solo significaba que algo grande estaba a punto de suceder.


Sanatorio

-Pasen por acá, por favor –dirigía una preocupada Marin a Aioria, quien venía cargando junto con Dhonko a su hermano mayor, el cual, prácticamente se dejaba arrastrar por los dos hombres. Aiorios estaba pálido y sudoroso, también temblaba constantemente, víctima de los escalofríos y parecía estar a punto de caer en cualquier momento.

-Acuéstenlo aquí –señaló la cuidadora, disponiendo la almohada de una cama para recibir al joven sagitario. Aioria acostó cuidadosamente a su hermano y obedeciendo a regañadientes la señal de la mujer, se retiró cuando el sanador llegó corriendo para atender a Aiorios. Marín tomó al león del brazo y junto con Dhonko, se sentaron en una salita contigua al cuarto donde minutos antes dejaron a Aiorios bajo el cuidado del personal de la Fuente.

-Aioria, sé que no hay palabras para consolarte en este momento, pero aquí estamos para apoyarte… si está de vuelta, es porque un destino maravilloso está escrito para él…

-No quiero… no quiero perderlo otra vez, maestro Dhonko –Aioria no pudo evitar el llanto y Marín lo rodeó con un abrazo fuerte, para que al menos se sintiera acompañado y ese simple gesto, el caballero del león lo agradeció desde lo más profundo de su ser, ya que en ese momento lo que temía era volver a la soledad.

Un tumulto se escuchó entrando por la misma puerta que hace un momento usaron para llevar a Aiorios. Misty traía en brazos el cuerpo de uno de ellos, envuelto en unas sábanas ensangrentadas. Fue realmente alarmante cuando uno de los sanadores salió corriendo a recibirlos para hacer una ligera revisión al caballero y su semblante se ensombreció por completo, de inmediato, dos cuidadoras, junto al mayor se dirigieron a una de las salas del fondo corriendo a toda prisa, detrás de Lacerta.

-¿Pudo ver cuál era señor Dhonko? –inquirió Marín

-No lo vi bien… ¿Asterión a cuál traían?

El caballero de plata intentó empezar a hablar en medio del caos, cuando en eso llegó Ban cargando con dificultad a Saga de Géminis y de inmediato Dhonko se puso en pie para ayudarle.

-Señor... –dijo el de bronce jadeando- lo veo mal, casi no se siente cuando respira… ¿dónde lo llevo?

Dhonko, entonces, tomó al muchacho del brazo y lo ayudó a cargar a Saga hasta el fondo, donde atendían al otro caballero que no habían identificado.

Poco después entró Babel con Camus en brazos y detrás de ellos Milo, con Aldaberán apoyado en los hombros, todos empapados por el aguacero.

-Siéntate grandote… aquí está bien –y volviendo a ver a Aioria se dirigió a ál con una gran sonrisa- GATO… ¡volviste también!... ¿cómo está Olos?

-¿Olos? –preguntó Marín

-Así le decía Mu a Aiorios, cuando era bebé –contestó el escorpión- y pues a nosotros se nos pegó… bueno a mí…

-Pues -contestó Aioria apenas audible- está...

Dhonko volvía con el semblante muy decaído en ese momento y se sentó al lado de los otros interrumpiendo al león.

-¿Qué sucede maestro? –preguntó Milo, borrando su sonrisa de la cara al ver la cara del caballero de Libra.

-Aphrodite y Saga están agonizando…


Despacho del Patriarca, unas horas después

-Entonces por lo que usted me dice, al parecer algunos de ellos están delicados…

-Si señora, los caballeros de Capricornio, Cáncer, Sagitario y Acuario deben recluirse en el sanatorio un tiempo, porque no pueden moverse por sus propios medios, a pesar de eso se encuentran estables y sobrevivirán sin duda, pero uno de los gemelos y Piscis están muy graves… no sé… qué será de ellos…

Sahori bajó la mirada llena de tristeza.

-En cuanto a los demás, con todo respeto señora, a mi parecer el señor Shion debería internarse también…

-Lo sé, pero no lo aceptará… preferiría ceder su cama a alguno de los chicos y dormir en el piso… conozco su corazón y ama a esos muchachos como si fueran hijos suyos…

-Sí, mi señora, aún recuerdo la forma en que los trataba cuando estaban pequeños… eran su adoración…

Sahori suspiraba cada vez que oía algo que tuviera que ver con el pasado de Shion, cuando estuvo a la cabeza de la Orden antes que Saga, esas remembranzas lograban sacarle más de una sonrisa.

-¿Qué hay de los demás?

-Todos tienen golpes varios, pero manejables, las asistentes se han encargado de suturar, limpiar y curar y en este momento trabajan afanosamente en dejar las heridas bien tratadas para que puedan echarse a dormir tranquilos… señora, no debe permitirles que se levanten de sus camas, al menos en una semana…

-Eso… si va a estar difícil… -dijo ella suspirando de forma dramática, lo que la hacía ver muy graciosa- muchas gracias por su informe Eneas… ahora… ¿le puedo pedir algo?

-Por supuesto… señora –dijo el hombre inclinándose.

-Trate de que se pongan bien por favor… haré lo que me pida…

El sanador, un hombre mayor de pelo entrecano, se inclinó delante de la diosa para retirarse, dejándola a ella sumida en sus pensamientos, mientras se abrazaba a sí misma mirando la oscuridad de la noche por la ventana.

Algo le decía a Sahori que los problemas no habían terminado, sino que apenas estaban por comenzar…


Sanatorio, tres días después del renacimiento

-Pero que alegría verte con tan buen semblante, Camus -observó Mu al visitar a su compañero en la habitación que les habían reservado a algunos de los caballeros dorados, quienes aún no se recuperaban de las consecuencias físicas de su estancia en el otro mundo, en donde estuvieron condenados por algún tiempo.

-Gracias... ¿Mu de Aries, verdad? -contestó Camus amablemente, quien permanecía con el torso y el brazo izquierdo vendados- es que realmente después de que nos fuimos a entrenar fuera del Santuario, nos vimos poco... pero si te recuerdo de cuando niños... muy gratos recuerdos por cierto…

-Pero no es tarde para conocernos mejor, caballero de Acuario... me encantaría que conversemos acerca de algunos libros que no he podido comentar con nadie y que me encantaría analizar algún día, sé que te gustan los libros

-Claro que sí, será un placer -terminó Camus con una reverencia de cabeza, que era lo único que realmente podía mover sin que le doliera.

Mu después de despedirse, dejó a Camus continuar con la lectura de "La dama de las Camelias" que tenía en las manos y dirigió una mirada rápida a la habitación, con el objetivo de encontrar al caballero de Géminis, quien también estaba delicado.

El salón era lo suficientemente amplio como para albergar a todos los miembros convalecientes de la Orden Dorada. Camus era quien se encontraba más cerca de la puerta y después de permanecer dos días en estado de semi-inconciencia, se había comenzado a recuperar con buen ritmo de sus heridas; tres costillas y una pierna rotas y un brazo dislocado. En la cama contigua se encontraba Shura, un poco más delicado que Camus, tenía contusiones en todo el cuerpo y permanecía con sedantes para mantenerlo tranquilo, al lado de este (y de forma muy irónica, pensó Mu) estaba Aiorios durmiendo. Al fondo, habían colocado a Saga a la derecha y a Aphrodite a la izquierda, éste último grave e inconsciente desde que volvieron a la vida. El caballero de Aries, se dirigió entonces al final del salón acercándose a cada cama para revisar el estado de sus compañeros.

Aiorios se veía durmiendo muy tranquilo, mientras que Aphrodite si tenía señales evidentes de sufrimiento, la piel bañada en sudor y constantes temblores en el cuerpo. Para Mu, Aphrodite era prácticamente alguien desconocido, sin embargo consideraba a todos y cada uno de los caballeros dorados como hermanos, así que ver al peliceleste en tan mal estado, le llenaba de profunda tristeza, por eso, buscó en el armario de la habitación un par de mantas y arropó al muchacho tratando de brindarle algo de calor, antes de ir a visitar a Saga.

-Que la diosa te brinde su fortaleza caballero de Piscis, debes salir adelante, no te conozco, pero si he escuchado de ti y sé lo poderoso que puedes ser, por eso no debes dejarte vencer por lo que te hicieron en el otro lado, no le des gusto a ellos... -Aphrodite se revolvió en sueños como única respuesta a las palabras de Mu, quien de inmediato se dirigió a la cama de Saga.

Saga se encontraba dormido, se le veía tranquilo y su respiración era acompasada, lo que significaba un gran avance con respecto al día en que volvieron y habían llevado al geminiano muy mal herido, el poder de recuperación de su hermano mayor era asombroso, igual que todo él. Con cuidado se acercó al peliazul y lo observó largo rato, tratando de recordar el rostro del adolescente de hacía quince años atrás. Y como si Saga supiera que lo estaban observando, abrió los ojos lentamente para encontrarse con las bellas esmeraldas de Mu.

-Hola -dijo el lemuriano algo serio.

-Hola... - Saga había soñado tanto tiempo con tener a Mu al frente para decirle tantas cosas, que en ese momento simplemente se quedó mudo, tener al frente a su hermano pequeño convertido en un hombre tan parecido a su padre, con un cosmo tan desarrollado, era sorprendente.

El lemuriano suspiró y volvió a ver a la cama del lado, justo donde yacía Aiorios.

-Padre... está vivo ¿lo sabías?

Saga no pudo evitar que un camino de lágrimas comenzara a brotar de sus ojos y el temblor en su pecho desnudo provocado por los sollozos, dejó ver al menor, el dolor que su hermano sentía por todo lo que había pasado. Mu tenía rabia por el asesinato de Shion, en el fondo de su corazón sabía que Saga no tenía la culpa y por eso no pudo evitar enternecerse con la reacción que éste tuvo con la noticia que acababa de darle acerca de su padre.

Por la forma en que se acercó a él, Saga pensó que Mu no iba a perdonarlo, pero el lemuriano reaccionó como no se lo esperaba y lo abrazó como lo hacía cuando eran niños y tenía sueño, ocultando la cara en su abundante cabello azul, a la espera de que el gemelo lo paseara hasta que caía dormido en sus brazos.

-Saga... hermano… te he extrañado tantísimo


Sanatorio, una semana después del renacimiento

Para ese momento, todos los dorados que habían sido recluídos en el sanatorio, se encontraban fuera, hospedados en el Templo Principal, terminando de recuperarse de sus heridas*. Todos a excepción de Saga y Aphrodite.

Después de la visita de Mu, Saga había mejorado notablemente, debido a que la motivación para continuar luchando, era aprovechar la oportunidad que se le brindaba para recuperar el tiempo perdido al lado de su amada familia y aunque no le permitían salir del sanatorio, se sentía feliz de recibir a su padre y hermanos todos los días en su habitación, es cierto, aún era difícil que todos se sintieran cómodos en una conversación, pero el solo hecho de estar cerca, había alivianado poco a poco el ambiente familiar.

Para esos días el único que se mantenía sin cambios, era el caballero de Piscis, quien aún permanecía inconciente, sin embargo ese día su salud comenzó a irse de pique.

Los sanadores decían que la causa del desmejoramiento en la salud de Afro era que su sangre se había vuelto tan tóxica que su cuerpo buscaba expulsarla, por supuesto que tampoco sabían cómo curarlo. Esa tarde mandaron a llamar a Máscara de urgencia, debido a que el muchacho empeoró notoriamente en las últimas horas. Con premura y tan rápido como sus lesiones le permitían, recorrió los pasillos que formaban el laberinto de habitaciones del sanatorio, al final del último pasillo, donde habían trasladado a Aphrodite, debido a la caída de su condición.

Cuando llegó a la habitación del caballero de Piscis se sorprendió de la palidez tan marcada de su rostro, porque ni siquiera cuando se le había ido la mano sometiéndose a los efectos de algún veneno, se le vio tan decaído... y eso no era lo peor, su cabello perdió el hermoso color de cielo, tornándose casi blanco, pero lo que hizo a Angello estar a punto de gritar fue ver el delgado camino que delineaban las gotas carmesí que salían de los ojos, y oídos del muchacho.

Cuidadoras y sanadores, corrían por ayudar al caballero piscis para que no se desangrara, mientras las cuidadoras aplicaban paños de hierbabuena en la frente, los sanadores sometían el cuerpo a la energía de sus cosmos curadores, pero el muchacho no respondía a ninguno de los tratamientos.

-¿Por qué no hacen algo más efectivo?... un aguijonazo en el pecho, eso puede funcionar... -dijo desesperado Máscara.

Eneas, el sanador más viejo y por lo tanto el de más experiencia, se sentó agotado en el silloncito de la habitación tratando de recuperar fuerzas para continuar aplicando la energía al caballero.

-Señor, para nosotros también es un riesgo atenderlo, cualquier tacto con su piel o su sangre es mortal, necesito que lo comprenda... hacemos todo lo posible...

Qué impotente se sintió entonces el caballero de Cáncer.


-¿Dices que tiene que ver con el estado del árbol Angello? –Shion había llegado a la habitación de Piscis en cuanto se enteró de que el muchacho estaba mal.

-Estoy casi seguro, maestro. Parece que el destino del caballero Piscis está ligado a ese abedul, y el árbol está muerto… ahora...

La mirada de Shion se llenó de evidente tristeza, sabía que el muchacho estaba sufriendo, se veía en la forma en que se revolvía en la cama, y en los débiles gemidos que emitía.

-Hablaré con Atena... –fue lo más que pudo decir y acercándose al oído del enfermo le susurró- Kris… sé mejor que nadie que para ti no ha sido fácil, pero…-Shion suspiró afligido- aunque no me creas, te quiero como a un hijo… no te vallas, por favor… te lo suplico… te necesitamos aquí, antes que cualquier cosa, eres un caballero Dorado y no debes rendirte- diciendo esto, salió de la habitación muy preocupado por el estado del chico con el objetivo de dirigirse en busca de la diosa, para encontrar alguna solución en conjunto, si es que la había.

Al salir del sanatorio, tuvo frente a él la vista completa de lo que fuera el hermoso jardín exterior de la doceava casa, por lo que el Patriarca se percató de la gravedad de la situación: las rosas, cuya vida dependía del cosmo del doceavo guardián, estaban muertas y el lugar continuaba siendo tierra árida, señal inequívoca de que el guardián de la doceava casa estaba realmente mal, ¿cómo no lo había visto?...el caballero de piscis se estaba muriendo y no lo había visto…¿que clase de Patriarca era?


Tres horas después

Aphrodite no mejoraba, a pesar de que el personal del sanatorio hacía lo que podía. Shaina y Dhonko se le habían unido más tarde a MM, para ayudar a hacer guardia. Mu llegó después de un rato con un frasco de extracto de belladona para calmar un poco la ansiedad del enfermo, porque para entonces los sanadores no habían podido hacer nada por tranquilizarlo.

Conforme pasaba la noche, otros miembros de la orden llegaron al sanatorio, ya sea para ayudar o simplemente para dar su apoyo, Shaka, por ejemplo se apostó al lado del muchacho con toda la intención de ayudarle a controlar su respiración y tranquilizarlo un poco.

Cerca de la media noche, Atena apareció en el umbral de la habitación. Despacio se fue acercando al enfermo y con su mano brillante de cosmo lo revisó despacio, cuando llegó al pecho del muchacho le colocó la mano y lo apretó fuerte, mientras hacía brillar su cosmo intensamente, lo que hizo que él gimiera un poco. Una vez terminó aquel ritual, bajó la cabeza y se dirigió al grupo.

-No puedo hacer más…él no quiere seguir…lo siento –la diosa tenía los ojos llenos de lágrimas.


Casa de Piscis, un rato después…

MALDITO ÁRBOL! –Máscara apoyaba sus gritos con un par de patadas al tronco seco del abedul- ESTA ES TU VENGANZA…LO DEJASTE QUE SE MURIERA! –luego cayó rendido, sollozando a los pies del gigante- …le dolía mucho lo que te pasó... le dolía todo lo que hizo, lo que él lo hizo hacer y tú no lo escuchaste... ESPÍRITU DE MIERDA… ahora no hay nada que pueda salvarlo… ¡nada!... oiste… qué te costaba perdonarlo... hablarle siquiera... recordarle su nombre...

Sentía tantas cosas en ese momento, que la mejor forma de desquitarse con el universo era culpando al abedul sagrado de la desgracia de perder a una de las únicas dos personas que había amado en toda su miserable existencia. Se sentía frustrado porque todo lo que habían intentado falló, impotencia porque había perdido su cosmo y parecía que no lo iba a recuperar nunca, ansiedad porque los acontecimientos se mantenían igual y no había un giro inesperado que arreglara todo y miedo, porque su amigo se moría y no sabía qué pasaría con él cuando sucediera...

Mientras el caballero de cáncer se desquitaba con el abedul, una mariposa noctámbula revoloteaba buscando algo de néctar para alimentarse esa noche y lo encontró, en unos capullos de rosa aquamarina que habían brotado en un rincón del jardín de piscis.


Continuará...

Bueno, se me hizo un poquitín largo, pero había muchas situaciones de por medio que no quería dejar sueltas para el próximo y otras que si necesitaba comenzar, gracias por sus comentarios y me gustaría saber qué les ha parecido hasta ahora.

*Me tienen paciencia, próximamente van a desarrollarse más las relaciones entre la gente de la Orden, pero por ahora, los doraditos tienen que recuperarse.

En uno de los reviews me preguntan si la historia es yaoi, bueno pues, sinceramente en este momento no lo tengo claro ni yo, lo que sucede es que este relato no es romántico, creo que eso del romance no se me da muy bien. Realmente la historia trata de la vuelta a la vida de los caballeros dorados y pues, el amor vendrá, pero como les dije, no es mi motivo central. No tengo nada en contra del yaoi, de hecho he leído fics maravillosos en ese género y no lo descarto para este fic, pero como les cuento, no es el centro de la historia, por eso no he puesto una advertencia. Eso sí, les garantizo que por una cuestión de respeto hacia mis propias convicciones, nunca relataré acerca de relaciones incestuosas u hombres embarazados, lo siento, nada en contra de quien lo escribe o lo disfruta, pero yo no lo comparto y por lo tanto tampoco lo leo o lo escribo.

Un abrazo como siempre, Shakary