Redención

La damajuana es mi fiel compañera,

ese sabor amargo y exquisito de la cepa

que consigo gracias a las albricias de mi egoísmo,

logra borrar mis días de cruel realidad.

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No me he esmerado por ser un buen prójimo,

aunque lleve a Dios en un lábaro de oro

olvidado en el ático de mi ebriedad;

cuyas enseñanzas dejé atrás sin vacilar.

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Mi ablución arribó de la joven manos de paloma,

con una rosa del perfume del edén.

Unas lágrimas desoladas las roció

en esta travesía de árido remordimiento.

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La ignoré por costumbre de este corazón,

que lleva tósigo en sensible sangre escarlata.

Soy longevo al cariño y la fina verborrea

y un crío ante su magnificencia etérea.

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Soy el artífice de una celada de maldad,

cruel exilio del afecto sincero que desconozco.

Soy un bribón que la lleva lejos de su orbe,

para ganarme unas monedas de papel.

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Una sonrisa de mariposas multicolor,

han moteado este paisaje de ocre color.

Ella ha vuelto en el rescate de mi alma,

armada con amor y con una frase de perdón.

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Las emociones oscilan mis palabras.

Esta noble chica de cabellos del oasis

y ojos de praderas en primavera,

son el óbolo de Dios a mi redención.

Señor García


Notas de autor: En esta ocasión era el turno del Señor García, el que se llevó a Candy a México para hacerla trabajar. Un hombre hosco, humilde, bueno para beber, egoísta, creyente sí; pero lo había olvidado o dejado de lado… Así es como me lo he imaginado, cuando se arrepintió de sus actos. Redención, es lo que consiguió al conocer a Candy.

Gracias por leer.

Ladyzafiro